El escritor Umberto Eco pertenece a esa reducida clase de eruditos que son enciclopédicos, perspicaces y amenos. Posee una extensa biblioteca personal (con más de treinta mil libros), y divide a los visitantes en dos categorías: aquellos que reaccionan con un "¡Oh! Signore professore dottore
Eco, ¡vaya biblioteca tiene usted! ¿Cuántos libros de éstos ha leído?", y los demás -una minoría muy reducida-, que saben que una biblioteca privada no es un apéndice para estimular el ego, sino una herramienta útil para la investigación. Los libros leídos tienen mucho menos valor que los no leídos Nuestra biblioteca debería contener tanto de lo que no sabemos
como nuestros medios económicos, la hipoteca y el actual mercado activo, competitivo y con escasa variación de precios de la propiedad inmobiliaria nos permitieran colocar. Acumularemos más conocimientos y más libros a medida que nos hagamos mayores, y el número creciente de libros no leídos sobre los estantes nos mirará con gesto amenazador. En efecto, cuánto más sabemos, más largas son las hileras de ibros no leídos. A esta serie de lbros no leídos la vamos a llamar antibiblioteca.
[Nassim Nicholas Taleb, El cisne negro, Paidós 2008]
Esta reflexión va especialmente dedicada a Txetxu. A propósito de la muy respetable aunque para mí incomprensible práctica de "tirar libros". Porque lo del voto ya lo tenemos, creo, más que reflexionado.