lunes, 29 de junio de 2026

Al norte

Unai Sordo
Al norte
Hoja de lata, 2026

"«En el bote salvavidas».
Esta es la idea. Esta es la metáfora. Tenemos que gestionar el espacio público lo suficientemente mal como para que nadie pueda sentirse muy concernido, muy protegido o muy vinculado por ese espacio público, por lo común. La sensación tiene que ser la de peregrinar en un bote salvavidas. Si hacemos esto bien, lejos de ser sancionados por la ciudadanía, conseguimos que no esperen demasiado de nosotros y eso nos deja las manos libres para hacer y deshacer en lo que algunos llaman políticas materiales. […] Porque el pasajero de un bote salvavidas ya no se mueve en la lógica de salvar el barco que se fue a pique y con él el concepto de sociedad, sino que se siente apelado por la lógica de la supervivencia. Se trata de que solo se sientan apelados por lo común y lo identitario, en aquellos marcos abstractos en los que somos fuertes, y ya se sienten ajenos a aquello que un día los vinculó, pero fuimos capaces de desactivar. […] Hemos construido un nuevo consenso".


Esta es una novela escrita desde un profundo conocimiento del mundo del trabajo asalariado, lo que, viniendo de quien viene, no es de extrañar. No pretende ser un ensayo disfrazado de ficción, pero Unai Sordo utiliza la literatura para explorar aquello que las estadísticas y los discursos públicos apenas consiguen transmitir: el desgaste íntimo que provoca el empleo, el desarraigo que provoca la necesidad de emigrar y las huellas que la explotación deja en los cuerpos y en la memoria.

Quienes hayan leído su anterior libro de ficción, Cuentos de oficio, se sentirán desde las primeras páginas en un territorio conocido, ya que Al norte comparte con aquel mucho algunos personajes, escenarios y conflictos, pero, sobre todo, comparte una mirada, una forma de acercarse al mundo del trabajo desde las vidas concretas de quienes rara vez ocupan el centro del relato, haciendo visibles las historias que se esconden tras las categorías económicas. 

No estamos, sin embargo, ante una continuación en sentido estricto, ya que Unai Sordo no retoma los mismos personajes para prolongar sus peripecias sino que recupera en parte relatos que habían quedado esbozados o que crecieron paralelamente a Cuentos de oficio, hasta encontrar la estructura capaz de convertirlos en una novela. Ahora esas piezas dejan de ser islas para integrarse en una narración coral, sostenida por una eficaz trama de thriller que va enlazando personajes, tiempos y conflictos hasta revelar la profunda conexión que existía entre ellos.

Porque Al norte es un thriller, sí: ya lo veréis. Si en la mirada se reconoce al sindicalista que ha vivido y pensado con profundidad la condición de quienes no tienen otra opción que vender su fuerza de trabajo para vivir, en la arquitectura de la novela se descubre otra faceta menos conocida. La construcción de una trama compleja, en la que varias historias aparentemente inconexas terminan revelando un sentido común, pone de manifiesto un notable oficio narrativo. El autor administra la información con inteligencia, dosifica las revelaciones y mantiene la tensión sin artificios. Y lo hace con ese ligero punto de observador omnisciente que aparece cuando conviene, permitiendo a la lectora o al lector situarse un paso por delante o por detrás de los personajes. Un recurso clásico, que exige mucha precisión para no romper el equilibrio del relato, y que aquí funciona con naturalidad y eficacia, hasta el punto de hacernos olvidar que estamos leyendo la primera novela de un autor debutante.

La historia entrelaza distintas generaciones y distintos desplazamientos. Las y los protagonistas de la emigración interior hacia el País Vasco durante los años del desarrollismo dialogan, a varias décadas de distancia, con personas obligadas a marcharse a los gigantescos centros logísticos del norte de Europa, donde ya no es un capataz quien organiza el trabajo, sino un algoritmo. Cambian los escenarios y las tecnologías, pero persiste una misma experiencia: la de quienes siempre tienen que ir "al norte" porque en su lugar de origen las oportunidades escasean.

Lo que al principio parecen relatos apenas conectados va adquiriendo una lógica interna que mantiene la tensión narrativa, como el hilo invisible que cose el conjunto y demuestra que detrás de las trayectorias individuales existen estructuras compartidas y responsabilidades que rara vez son casuales. La condición obrera no termina cuando acaba la jornada laboral, continúa en las enfermedades profesionales, en el amianto que mata incluso a quienes nunca entraron en una fábrica, en las familias que sostienen silenciosamente el coste de la producción y en las comunidades que sobreviven gracias a la solidaridad cuando el empleo desaparece. La novela devuelve rostro y nombre a quienes, con demasiada frecuencia, quedan reducidas y reducidos a meras cifras.

Por eso, en este libro hay también una reivindicación de la memoria, de una memoria consciente, pero orgullosa y limpia. Frente a cierta nostalgia idealizada de los años setenta y ochenta, el autor recupera la pobreza, la precariedad y las redes de apoyo mutuo que marcaron la vida cotidiana de tantos barrios obreros. No hay idealización del pasado, sino la convicción de que olvidarlo empobrece nuestra comprensión del presente. Y así, lo que parecía un conjunto de historias dispersas acaba revelándose como un único paisaje humano: el de quienes sostienen la sociedad desde trabajos muchas veces invisibles, pagan en sus cuerpos el coste de la producción y encuentran en los vínculos comunitarios la mejor forma de resistir. 

Al norte es una demostración de que la literatura puede hablar, hoy también, del trabajo sin caer en el panfleto y abordar cuestiones sociales sin sacrificar la ambición narrativa. La novela recuerda que el empleo no es únicamente una actividad económica, sino el lugar donde se juegan la dignidad, la salud, los vínculos y la memoria. Y lo hace a través de una historia que, además de invitar a pensar sobre todo esto, consigue que la lectora o el lector quiera seguir pasando páginas hasta el final. Un final que, ya veréis, os sorprenderá.

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