Caída de las nubes
Traducción de Concha Sánchez santos y Pablo Martín Sánchez
Las afueras, 2025
"el símbolo de la mujer embarazada, su representación, lo que a ojos de todo el mundo certifica su estado es la redondez del vientre, ahora bien eso es justo lo que ellas se prohíben de manera inconsciente, fíjese qué extraordinaria es la capacidad de lo físico para adaptarse a lo psíquico, ya sean deportistas o no, sea cual sea su constitución, la musculatura abdominal de esas mujeres bloquea el útero para que no pueda traspasar la barrera, impidiéndole bascular hacia delante, como ocurre en todo embarazo normal, obligándolo a buscar otra solución, y entonces se desarrolla hacia arriba, a lo largo, forzando al feto a crecer en paralelo a la columna vertebral, con sigilo, verticalmente, y gracias a tan ingenioso método nadie sospechará nada, pues el vientre permanecerá sorprendentemente liso"
Caída de las nubes es una novela sobre un embarazo inesperado… y mucho más. Es un relato sobre el desconcierto, sobre ese instante en que la realidad se quiebra y obliga a quienes la viven, pero también a quienes la observan, a revisar todas sus certezas. Marion, una joven ganadera que vive con su compañero en una pequeña explotación de montaña, da a luz sin haber sabido que estaba embarazada. Podría ser el punto de partida de un relato construido sobre el asombro o el escándalo. Pero Violaine Bérot elige otro camino y convierte ese acontecimiento extraordinario en una indagación sobre la dificultad de comprender a la otra, al otro.
La historia avanza a través de las voces de vecinos, familiares, amigos y profesionales que intentan dar sentido a lo sucedido. Cada uno aporta una perspectiva parcial, nadie posee la verdad completa. Poco a poco, descubrimos que el verdadero tema de la novela no es el embarazo oculto, sino la fragilidad de nuestras explicaciones y la facilidad con que creemos entender vidas que apenas conocemos.
Quienes hayan leído Como bestias reconocerán enseguida el territorio literario de esta autora. De nuevo encontramos un paisaje rural donde la naturaleza, los animales y el ritmo de las estaciones no son un mero escenario, sino una forma de estar en el mundo. Y, de nuevo, un hecho excepcional altera la vida de una pequeña comunidad y pone a prueba su capacidad para mirar más allá de los prejuicios. En ambas novelas la autora evita el sensacionalismo y se resiste a convertir el misterio en un enigma que deba resolverse. Lo que le interesa no es descubrir un culpable ni ofrecer una explicación definitiva, sino observar cómo las personas interpretan aquello que desborda sus categorías habituales.
Hay en su literatura una profunda confianza en la escucha. Violaine Bérot escribe con una sobriedad admirable, sin excesos psicológicos ni grandes discursos. Deja que hablen las voces, los silencios y los gestos cotidianos. Esa contención otorga a sus novelas una intensidad poco común y convierte la lectura en una experiencia de atención más que de consumo de una trama.
En una época tan acostumbrada a emitir juicios instantáneos, Violaine Bérot reivindica la lentitud de la comprensión. Nos recuerda que las personas conservan siempre una parte inaccesible y que la verdadera inteligencia consiste menos en explicarlo todo que en aprender a convivir con aquello que nunca terminaremos de entender. Como ocurría en Como bestias, el misterio no es un problema que haya que resolver, sino una dimensión constitutiva de la condición humana que debemos reconocer, acoger y celebrar.
"tenía la sensación de estar preparando el pesebre del niño Jesús, creo que el cansancio se me había subido a la cabeza, mi mente no paraba de divagar, pensaba Marionouchette es la Virgen María al revés, con ella no hay problema para explicar la concepción, no, eso es fácil, todo el mundo sabe la respuesta, pero mientras que María es capaz de entender las palabras del ángel, Marionoune no oye nada, María tiene un problema de sexo inaccesible, Marion una sordera de autista, y yo me dedicaba a reescribir los Evangelios mientras Dédé estrechaba la mano a todo el mundo y husmeaba en las camionetas para ver qué habíamos llevado, tengo más herramientas en casa si queréis les decía a los muchachos, y en un momento dado se me acercó, me agarró del brazo para alejarme de los demás y me dijo Tony deberías echarle un vistazo al cuarto de baño debe estar hecho un asco habría que limpiarlo antes de que vuelvan, y yo me dije Dédé es exactamente eso, un campesino grandullón y huraño lo bastante fuerte para tumbar a una vaca, pero con la delicadeza suficiente para pensar en detalles como estos, si me hubieran proclamado jefe de los Evangelios con gusto le habría dado el papel del ángel anunciador, y a la mierda si su jeta no acaba de encajar con el perfil del puesto"

No hay comentarios:
Publicar un comentario