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domingo, 21 de diciembre de 2025

La balada de Holt

Kent Haruf
La balada de Holt
Traducción de Julio Trujillo
Penguin Random House, 2025

"Al principio nadie podía creerlo. Y de repente era cierto: él había vuelto al pueblo después de ocho años. Conducía un Cadillac rojo y, después de quedarse sentado en el coche en Main Street durante una hora mientras la gente que iba de compras pasaba por delante y apenas le prestaba la suficiente atención como para darse cuenta de quién era, Ralph Bird finalmente lo había reconocido. Así que a primeras horas de la noche Bub Sealy lo arrestó, le golpeó una vez en la nuca con su pistola, le obligó a sentarse en el asiento trasero del coche patrulla, y se lo llevó doblando la esquina y pasando la manzana en dirección al juzgado de Albany Street, donde lo metió en el calabozo.
Así que el fenómeno local había vuelto. El hijo nativo había regresado. Solo que ahora estaba entre rejas, encerrado en una celda de la que no podía salir, y la gente estaba contenta de que así fuera. Comenzaron a hablar inmediatamente de él. Se decían que todavía podían obtener alguna compensación de Jack Burdette".


Leer La balada de Holt hoy, después de haber recorrido todas las otras novelas de Kent Haruf ambientadas en el condado de Holt, permite situarla con claridad como una obra de origen: no es la primera cronológicamente (esta es El vínculo más fuerte), pero sí la más áspera, la menos conciliadora, la que plantea de forma más desnuda el conflicto entre el individuo y la comunidad. En ella ya están casi todos los temas que Haruf desarrollará más adelante, pero todavía sin el contrapunto de la compasión y el cuidado mutuo que caracteriza a sus novelas posteriores.

La historia se articula alrededor del regreso de Jack Burdette a Holt. Ese regreso no tiene nada de nostálgico ni reparador. Modesta celebridad local en su juventud por su físico imponente y sus dotes como jugador de fútbol americano, es un hombre carismático, violento y profundamente irresponsable, marcado por el abuso del alcohol, la agresividad y una incapacidad total para asumir vínculos duraderos. Seductor y destructivo a la vez, encarna una masculinidad dañina que deja tras de sí mujeres abandonadas, hijos desatendidos y un rastro de culpa colectiva. Su regreso al pueblo, tras años de ausencia, no trae reconciliación ni cierre, sino la reactivación de viejas heridas. Jack vuelve roto, cargando una violencia aprendida y una incapacidad total para asumir responsabilidades. Su presencia  reactiva viejas tensiones: recuerdos mal resueltos, culpas compartidas, silencios que el tiempo no ha suavizado. 

El regreso de Jack Burdette al pueblo no reactiva únicamente viejos conflictos: devuelve a escena una historia de violencia de género y violencia doméstica que atraviesa la novela de principio a fin y que condiciona la vida de su esposa, Jessie, y de los dos hijos de ambos.

Uno de los aspectos más inquietantes de la novela es la respuesta -o la falta de ella por parte de la comunidad. Holt conoce la historia de Jack, conoce su carácter y su comportamiento, pero esa conciencia no se traduce en intervención ni protección. Haruf retrata con precisión una comunidad que observa, comenta, juzga en silencio y, finalmente, tolera. La violencia de género no aparece como un asunto privado, pero tampoco como un problema colectivo que exija una acción común. Ese vacío ético convierte a Holt en un espacio cómplice, no por maldad explícita, sino por inercia y miedo a alterar el orden establecido. 

El título original de la novela, Where you once belonged (donde alguna vez perteneciste, el lugar al que una vez perteneciste) encierra una paradoja central en toda la obra de Haruf: el lugar al que uno perteneció puede dejar de admitirlo. Holt no expulsa a Jack Burdette; simplemente no sabe qué hacer con él. Esta idea -volver para descubrir que ya no se pertenece- atraviesa toda la novela y la convierte en una reflexión amarga sobre la identidad, el arraigo y la memoria.

Comparada con otras novelas de Haruf, esta aparece como el punto más oscuro de un arco narrativo que, con el tiempo, se irá abriendo a otras posibilidades: la capacidad de la comunidad para cuidar, para sostener a los más vulnerables mediante gestos pequeños, silenciosos, profundamente humanos, una ética del acompañamiento. También el tratamiento del tiempo marca una diferencia. En esta novela, el pasado es una fuerza casi aplastante, que determina el presente sin ofrecer salidas. En las obras posteriores, ese mismo pasado sigue pesando, pero deja espacio a la transformación lenta, imperfecta, siempre parcial. 

Leer La balada de Holt después de haber leído nos muestra que Holt siempre fue el mismo lugar, pero la forma de mirarlo cambió para Haruf. Y en ese cambio, cuidadosamente construido a lo largo de los años, reside una de las trayectorias más coherentes y moralmente exigentes de la narrativa norteamericana contemporánea.

sábado, 7 de agosto de 2021

El vínculo más fuerte

Kent Haruf
El vínculo más fuerte
Traducción de Cruz Rodríguez Juiz
Penguin Random House, 2021 

"Han pasado casi cincuenta y cinco años desde entonces, y en todo ese tiempo nunca ha sabido decirse sí a sí misma".


Primera novela de Kent Haruf, aunque es la quinta de este autor publicada en español. [Sus otras obras las he reseñado aquí, aquí, aquí y aqui]. Primera incursión en la vida, aparentemente simple pero profunda y complejamente humana, de las mujeres y hombres que habitan en el imaginario condado de Holt, en el estado de Colorado. 
 
Vidas que se entrelazan con la de la protagonista, Edith Goodnough, octogenaria, acusada del asesinato de su hermano Lyman. Cuando un periodista llega a Holt para buscar información sobre el caso, el vecino más cercano a Edith, a quien conoce desde que era un niño, se remontará hasta 1906 para contarle la historia de una mujer extraordinaria, consagrada al cuidado de su padre y de su hermano, atrapada por un vínculo indeclinable en aquel tiempo y en aquel lugar:

"Pero si Edith y Lyman hubieran sido chicos de ciudad quizá las cosas gubieran sido diferentes. Los chicos de ciudad, incluso en 1915, tenían oportunidades para escapar con las que los de granja no contaban. [...] O si Edith y Lyman hubieran sido chicos de campo de hoy en día, si hubieran vivido en los años setenta, las cosas también podrían haber sido distintas. [...] Pero Edith y Lyman no tuvieron esas cosas, no tuvieron ocasiones ni oportunidades para escapar. Eran chicos de granja en la segunda década de este siglo violento, y estaban atrapados".

Más Edith que Lyman, por cierto.

Como todas las obras de Haruf, este es un libro construido sobre emociones y sentimientos universales, con los que la lectora o el lector puede conectar de manera tan inmediata como intensa. En este caso se trata de una historia que gira sobre el cuidado como disposición, lo que es muy hermoso, pero también sobre el cuidado como obligación, como imposición, hasta el punto de llevar a la negación de la felicidad propia. Vínculos que elevan, pero tambien vínculos que atan y someten; vínculos que unen y relacionan, pero que también aislan, retraen y separan. El personaje de Edith es la encarnación de las contradicciones del cuidado, narradas con sensibilidad pero sin idealizaciones.

El Haruf de siempre; el mejor Haruf, ya desde el principio.

domingo, 2 de junio de 2019

Bendición

Kent Haruf
Bendición
Traducción de Cruz Rodríguez Juiz
Penguin Random House, 2019


Tras La canción de la llanura y Al final de la tarde, esta novela cierra la denominada Trilogía de la Llanura. En conjunto, conforman una de las propuestas literarias que más me han emocionado en toda mi vida lectora. Los personajes que viven sus vidas en el condado de Holt, sus historias de gente normal, sencillas pero a la vez profundas, llegan directamente al corazón.



Hijo él mismo de un ministro metodista, en esta ocasión Haruf nos presenta a un personaje potentísimo en la figura del reverendo Rob Lyle: su lectura literal del Sermón de la Montaña, su crítica a la enésima "guerra contra el terror" emprendida por Estados Unidos, la crisis que tal postura genera en su comunidad... Impresionante.

Aunque el protagonista de la novela es Papá Lewis, a quien acompañamos mientras, afectado por un cáncer terminal, repasa su vida, siempre ligada a Holt. Y como en todas las novelas de Haruf, en esta no faltan las mujeres, fuertes, autónomas, empoderadas: la esposa y la hija de Papá Lewis, su vecina, Berta May, la viuda Willa Wilson y su hija soltera Alene... La escena en la que estas últimas, junto con la hija de Papá, Lorraine, y la pequeña nieta de Berta May, Alice, se bañan desnudas en una alberca es maravillosamente hermosa.

Todo lo que queda de los personajes de aquellas dos primeras novelas se resume en unas pocas líneas [si no has leído las novelas anteriores y estás pensando hacerlo, y si eres de esas personas a las que afectan los spoilers, mejor no leas lo que sigue]:

"Para aquí un momento, dijo Papá.
Lorraine apagó el motor y miraron la vieja casa sin pintar del otro lado del prado recalentado.
Aquí es donde vivían aquellos dos hermanos, dijo Papá. Los que acogieron a la chica del instituto. Estaba embarazada, luego la chica tuvo al bebé y se marchó a estudiar a la universidad y después un toro Angus  mató al mayor de los hermanos en presencia del menor, que no pudo hace nada por evitarlo. Ahora los dos están muertos.
No sabía que vivían aquí, dijo Mary.
Los conocía un poco. Venían a la tienda. Después de morir el mayor el otro hermano salió con una mujer  del pueblo y estuvieron juntos hasta que él falleció. Creo que ella todavía vive en Holt. Tengo entendido que es buena mujer.
Conocía la historia, dijo Lorraine. Pero no sé qué se ha hecho de la chica y el bebé.
Viven en las montañas. El bebé ya será mayor, claro. Los vecinos se ocupan del rancho.
¿No vive nadie?
No, y la chica no lo vende ni deja que lo vendan.
Pero ¿por qué hemos parado, papá?
Sólo quería ver el lugar por última vez. Por razones sentimentales, supongo".


Por razones sentimentales, yo también he sentido la necesidad de ver Holt por última vez. O no... Haruf tan sólo escribió seis novelas; dos de ellas aún no han sido publicadas en castellano. Esperemos que Penguin Random House se anime a hacerlo. Si no, habrá que intentar leerlas en inglés... Ya las he pedido en Iberlibro.



sábado, 21 de julio de 2018

Como la vida misma

Lecturas de ficción, pero con una enorme capacidad para recoger y reflejar la realidad social, la vida cotidiana, las luces y las sombras de la existencia. Cargadas de sociología, psicología e historia. Literatura con mayúsculas: para disfrutar, reflexionar y aprender.

Kent Haruf, Al final de la tarde, Penguin Random House, Barcelona 2018 (traducción de Cruz Rodríguez Juiz).

Ya he hecho referencia en este blog a las anteriores obras de Haruf publicadas en castellano (aquí y aquí). Y hace unos días, tras leer Al final de la tarde, escribía en twitter que me gustaría olvidar los libro de Haruf para poder leerlos de nuevo como si fuera la primera vez, ya que pocas autoras o autores consiguen emocionarme tanto y dejarme, al final, la sensación de haber formado parte de una historia hermosa y verdadera.
Se trata de la segunda de las obras que conforman la denominada "Trilogía de la Llanura". Seguimos, por tanto, asentados en la localidad de Holt, enredados en las vidas de sus habitantes: algunos ya viejos y entrañables conocidos, como los hermanos McPheron y Virginia Roubideaux, o como Maggie Jones y Tom Guthrie; otros nuevos y prometedores, como los patéticos (y por ello, conmovedores) Luther y Betty y sus hijos Rose y Joy Rae, el joven DJ o la trabajadora social Rose Tyler. Personajes de carne y hueso, personalidades complejamente realistas, la inmensa mayoría de las personas que pueblan esta novela se esfuerzan por ser fieles a sí mismas y a quienes les rodean en unas circunstancias a veces duras, pero siempre atentas a mantener activos aquellos recursos (el reconocimiento respetuoso, la disposición a ayudar...) que permiten reconocer en Holt una comunidad.

Jean-Claude Izzo, Total Kheops y Chourmo, Akal, Madrid 2018 (traducción de Matilde Sáenz López).

De una trilogía a otra, pero cambiando radicalmente de paisaje y de historia. Publicados originalmente en 1995 y 1996 por Gallimard, estas dos novelas (y la que las sigue, Soleá), transcurren en una Marsella de barrios obreros, inmigración, mafias, fundamentalismo islamista y lepenismo rampante. La ciudad del policía Fabio Montale, protagonista de ambas novelas. Sus orígenes barriales, su experiencia de la marginalidad, su fidelidad de clase, convierten sus investigaciones en un ejercicio de compromiso absoluto con su ciudad y sus convecinos.

Jo Nesbo, Macbeth, Lumen - Penguin Random House, Barcelona 2018 (traducción de Lotte Katrine Tollefsen).

¿Se puede recrear el Macbeth de Shakespeare recurriendo a la estética y la lógica de la novela policíaca actual? Al menos, se puede intentar. Es lo que ha hecho Nesbo, apreciado por estos lares (aquí y aquí) y famoso por su serie de novelas protagonizadas por el oscuro detective Harry Hole, en el marco del Proyecto Hogarth. Y el resultado, aunque a ratos no acabe de cuajar, es más que destacable.
En una oscura y deprimida ciudad europea norteña, controlada por violentas mafias de la droga, Macbeth es un ambicioso policía que se pasa al lado oscuro influenciado por su amante, Lady, una hermosa e inteligente propietaria del casino Inverness. Buscando gobernar la ciudad, Macbeth se embarcará en una sangrienta carrera de traiciones y asesinatos; las tres brujas elaboran una poderosa droga para el capo Hekate; la vieja locomotora Bertha, recuerdo de un pasado industrial glorioso, hará las veces del bosque de Birnam; y por sus páginas viven, luchan y mueren Duncan, Malcolm, Duff, Banquo, Lennox, Caithness, Fleance, Angus y Seyton armero de Macbeth. Una historia exagerada, inverosimil, pero por eso mismo arrolladora e impactante... como una tragedia de Shakespeare.

J.G. Ballard, Rascacielos, Alianza, Madrid 2018 (traducción de David Tejera Expósito).

Un bloque de apartamentos a las afueras de Londres aloja a dos millares de inquilinos. Conforman "un grupo casi homogéneo de profesionales adinerados", de manera que, "con arreglo a los criterios económicos y educativos habituales, cabía esperar que todos ellos se parecieran más que los miembros de ninguna otra sociedad, y que tuvieran los mismos gustos, actitudes, pasiones y caracteres". Sin embargo, esta aparente homogeneidad, así como la armonía social que debería llevar aparejada, se rompe desde el momento en que las distintas plantas empiezan a funcionar como enclaves, recreando diferencias de clase en función de la altura en la que se sitúen los apartamentos: "a los habitantes de los rascacielos no les solían importar los inquilinos que se encontraban a más de dos pisos por debajo de ellos". A partir de ahí, el deterioro de la convivencia será imparable y dramático. El resultado será "el fracaso del rascacielos como estructura social" y el surgimiento de un "nuevo orden social, basado al parecer en pequeños enclaves tribales".
¿Una metáfora moralizante de lo que puede estar ocurriendo hoy en, por ejemplo, Europa? Lo que pasa es que Ballard escribió la novela en 1975.

John Steinbechk, Los crisantemos, Nórdica Libros, Madrid 2016 (traducción de José Manuel Fernández Flórez). Ilustraciones de Carmen Bueno.

Una edición hermosa para una historia triste, pero poderosa. En los años Treinta, en una población rural en California, una mujer se descubre fuerte, capaz, autónoma: hoy diríamos "empoderada". Pero la misma relación que la hace sentirse así -un encuentro fortuito y fugaz con un buhonero mientras ella está cuidando su jardín- acaba en frustración. Al terminar el relato, quiero creer que la mujer fuerte volvió a brotar y a crecer, como los crisantemos.

domingo, 7 de enero de 2018

Algunas lecturas: Haruf, Claudel, Oz, Fromm, Dicker y de Luca

Para no perder la costumbre, algunas lecturas recientes que me han gustado mucho. Aunque para gustos están hechos los libros, obvio los que me han gustado menos.

Kent Haruf, La canción de la llanura, Mondadori-Penguin Random House, 2017 (Traducción de Agustín Vergara)

Por estas mismas fechas, hace un año, comentaba cuánto me había gustado Nosotros en la noche, el primer libro de este autor publicado en España. Este segundo libro es tan bueno como aquel. De nuevo, una historia sencilla, cotidiana, narrada de manera contenida y pausada, llena de emoción y sentimientos. Vidas normales, que se entrecruzan, sacando lo mejor y lo peor de las personas. Pero en el caso de Haruf, se empeña en presentarnos sobre todo la mejor cara de los seres humanos. Sin edulcorar ni exagerar. Los hermanos McPheron son dos seres humanos maravillosos, absolutamente creíbles. Su torpe intento de dar conversación a la adolescente a la que acogen en su granja es un momento fabuloso: "Nos preguntábamos... qué piensas de los precios". Es, además, el primer volumen de una trilogía. Así que podemos esperar disfrutar en breve con más libros de Haruf.

Philippe Claudel, Bajo el árbol de los toraya, Salamandra, 2017 (Traducción de José Antonio Soriano Marco)

Hace unos días ya me referido a este libro. Una hermosa reflexión sobre la vida, la enfermedad, la vejez y la muerte, y su interrelación. Escrito a partir de la enfermedad y fallecimiento del mejor amigo del autor. Con líneas de fuga variadas (alpinismo, relaciones de pareja, cine), pero concurrentes. Somos cuerpo, que empieza como "cuerpo amistoso" para, a lo largo del tiempo, convertirse en "cuerpo hostil", luego "adverso", "sufriente", "enemigo" y, por último, "condenado". Envejecemos, a pesar de "todas las estrategias inútiles que aplicamos a nuestros cuerpos para engañar al tiempo y a nuestros miedos". Y morimos, aunque "nuestro mundo vive de espaldas a la muerte". Así presentado, podría parecer una lectura depresiva: nada más lejos de la verdad. El libro empieza con un niño toraya sepultado en el tronco de un árbol, con el que se elevará poco a poco al cielo; y termina con otra criatura creciendo en el vientre de una mujer joven, destinada a "vivir, amar, reír, maravillarse y crecer hasta el cielo". Un gran libro.


Amos Oz, Tierra de chacales, Siruela, 2017 (Traducción de Raquel García Lozano)

Es el primer libro publicado por el escritor israelí, autor de referencia que ya ha aparecido en este blog. En este caso se trata de un libro de relatos escritos a principios de los años Sesenta. Muy cercano, por tanto, al momento fundacional del Estado de Israel. Con temáticas diversas y personajes muy variados, contiene sin embargo algunas de las claves políticas, culturales y emocionales que desarrollará en su obra posterior:
"¿Qué podían hacer varias decenas de personas cultas, entradas en años, partidarias de una política moderada y sobria, que ya habían visto las consecuencias del éxtasis político en todas sus versiones? Varias decenas de intelectuales no podían contener la embriaguez de las masas ni sus exaltados y frívolos dirigentes, que con gritos de júbilo conducían a todos hacia el abismo".
Podía estar escrito hoy mismo.

Pete Fromm, Indian Creek. Un invierno a solas en la naturaleza salvaje, Errata naturae, 2017 (Traducción de Carmen Torres García).

Fascinado por la lectura de libros sobre exploradores, pioneros y naturaleza salvaje, pero con nula experiencia en esos terrenos, un joven universitario se embarca en la tarea de custodiar un criadero de alevines de salmón, durante siete meses, en una zona salvaje a sesenta kilómetros de la carretera más próxima.La narración que hace Fromm de esta experiencia da como resultado un libro que combina el relato de aventuras y supervivencia con momentos de atenta observación de la vida natural, todo ello aderezado de un humor más que notable. Otro regalo de la editorial Errata naturae, que tantos buenos mementos me está reportando con su colección "Libros salvajes".


Joël Dicker, El libro de los Baltimore, Alfaguara-Penguin Random House, 2016 (Traducción de María Teresa Gallego Urrutia y Amaya García Gallego)

Hace cuatro años escribía en este blog sobre un libro anterior de Dicker, La verdad sobre el caso Harry Quebert, que me encantó y me enganchó como pocos. Mucho de lo que decía entonces puede decirse ahora de este libro, también protagonizado por quien protagonizara y actuara como narrador de aquel otro: el escritor Marcus Goldman. Se trata de una historia característicamente norteamericana (aunque su autor sea suizo), de nuevo con el amor persistente como un componente fundamental y también con toques de tragedia. Pero si La verdad funcionaba como un perfecto aunque original thriller, El libro de los Baltimore es más bien una saga familiar... también muy original. Y una historia de reparación:
"-¿Y con esto, qué está haciendo, Marcus -me preguntó Leo, intrigado.
- Una reparación, Leo. Una reparación".

Erri de Luca, Penúltimas noticias acerca de Yeshua/Jesús, Sígueme, 2016 (Traducción de Luis Rubio Morán).

Esta obra de Erri de Luca se asemeja más a otra ya comentada aquí hace tiempo, Hora prima, que a sus novelas más conocidas. Se trata de una reflexión/meditación sobre la figura de Jesús y las circunstancias de su vida pública. Un Jesús/Yeshua nacido plenamente judío, pero que supera el judaísmo en el que se imbrica su espiritualidad y su mensaje:

Eucaristía es escándalo, alianza fundada en una víctima humana, sin más altar que la cima pelada de un monte, ligada a un madero romano de suplicio. El cristianismo no podía separarse más radicalmente de su madre tierra hebrea. Introduce su cambio en la fiesta principal de Israel, en la ciudad de David. A uno de los doce se le atragantó aquel bocado, al resto del pueblo de Israel le resultó todavía peor, cargando sobre sí la catastrófica acusación de matamesías.
A raíz de aquel pan de Pascua se separan absolutamente judaísmo y cristianismo [...].
La eucaristía es alimento de libertad para la humanidad prisionera. Nace en la Pascua hebrea, pero rompe las fronteras de la festividad de solo un pueblo".

La maestría de Erri de Luca como narrador se conjuga con su profundo conocimiento y aprecio de la Biblia para ofrecernos una obra rica en matices, que puede ser disfrutada por creyentes y no creyentes.

lunes, 9 de enero de 2017

De olvidos, recuerdos y memorias

Cinco libros que, desde perspectivas muy diversas, coinciden en la temática del recuerdo y del olvido.

[1] El primero es El gigante enterrado, del escritor nacido en Nagasaki pero afincado desde niño en Inglaterra Kazuo Ishiguro (Anagrama, 2016). Un libro hermoso y complejo, que exige ser leído y releído.
En una Inglaterra medieval, habitada por sajones y britanos mutuamente recelosos, en cuyos páramos aún acechan los ogros, dos ancianos, una pareja de ancianos, Axl y Beatrice, se obsesionan con la idea de que existe un pasado que han olvidado, del que sólo recuerdan retazos. Como el resto de sus vecinos sufren una extraña amnesia -"Resulta raro el modo en que el mundo olvida a las personas y las cosas de ayer mismo y del día anterior a ése. Como si una enfermedad se cerniera sobre nosotros"- pero, a diferencia del ellos, Beatrice y Axl empiezan a tomar conciencia de esta situación. Impulsados por estos retazos de recuerdos y aún dudando de su realidad, parten a la búsqueda de un hijo que, creen recordar, vive en un pueblo a unos días de camino. En su viaje se encontrarán con Wistan, un misterioso guerrero sajón, y con Sir Gawain, sobrino del rey Arturo y único superviviente de sus míticos caballeros, ambos vinculados por la misión que deben cumplir en relación a Querig, la última de los dragones, a la que se achacan todos los males que los amenazan, incluida la niebla que debilita sus recuerdos. Pero esa misma niebla puede ser lo único que permita que los viejos agravios permanezcan atemperados y que una frágil paz reine entre antiguos enemigos: "Sin el aliento de este dragón hembra, hubiese llegado alguna vez la paz? [...] Pensadlo, señor, cuando este aliento cese, ¡qué despertará a lo largo de estas tierras aunque hayan pasado tantos años!".
Se encontrarán también, al principio y al final de la historia, con un barquero que transporta a los viajeros hasta una isla de extrañas cualidades, en la que las personas que la habitan vagan por sus prados y bosques en completa soledad, intuyendo apenas la presencia de otros moradores. Aunque hay excepciones: "Alguna que otra vez se puede permitir a una pareja cruzar a la isla juntos, pero es algo muy poco habitual. Requiere que exista entre ellos un fuerte lazo de amor. Sucede algunas veces, no voy a negarlo; por eso cuando nos encontramos con marido y mujer, o incluso con unos amantes no desposados, esperando a cruzar, es nuestra obligación interrogarlos escrupulosamente. Porque nos permite valorar si su lazo es lo bastante fuerte para poder cruzar juntos". Y en la anciana pareja surgirá el temor de que su amor actual se vea afectado afectado en el caso de que, con la recuperación de sus recuerdos, regresen también agravios y peleas que debiliten sus sentimientos mutuos. "Princesa -Axl siempre se refiere así a su esposa, Beatrice-, podemos lograr que todos estos recuerdos vuelvan. Además, lo que mi corazón siente por ti seguirá estando ahí, da igual lo que recuerde y lo que haya olvidado. ¿No sientes tú lo mismo, princesa?".
Al final la niebla se disipará. Y Axl y Beatrice sabrán por fin si su amor sobrevivirá a la lucidez recién recobrada.

[2] El segundo libro es Nosotros en la noche, del norteamericano Kent Haruf (Random House, 2016).
Con enorme sencillez, narra una de las historias que más me han emocionado en los últimos años.
Resultado de imagen de haruf nosotros en la noche"Me preguntaba si querrías venir alguna vez a casa a dormir conmigo. [...] Me refiero a que los dos estamos solos. Llevamos solos demasiado tiempo. Años. Me siento sola. Creo que quizá tú también. Me pregunto si vendrías a dormir por la noche conmigo. Y a hablar. [...] No estoy hablando de sexo. [...] Yo hablo de pasar la noche. de acostarse calentitos, acompañados. Meterse juntos en la cama y que te quedes toda la noche. Las noches son lo peor, ¿no crees?". La novela comienza cuando Addie se presenta en la puerta de su vecino Louis con esta sorprendente propuesta.
Vecinos durante cuarenta años, viudos ambos, noche tras noche se irá desarrollando una delicadísima historia de amor y descubrimiento, sometida al implacable escrutinio de su entorno social y familiar.
No digo más. Recomiendo sin duda su lectura. Como digo, me ha emocionado y me ha hecho reflexionar.

[3] Cambiando totalmente de temática y de estilo narrativo, pero también situado en el ámbito de la memoria, en este caso colectiva, está el libro del novelista sueco Per Olov Enquist La partida de los músicos (Nórdica, 2016).
El libro nos sitúa en la Suecia de principios del siglo XX, y en los baldíos intentos por impulsar en las zonas rurales del norte del país la conciencia socialista y sindicalista. "Uno se olvida a veces de que la situación antes era otra". En efecto, hubo un tiempo en que la ejemplarmente socialdemocrática Suecia fue, con la excepción de la capital, Estocolmo, un territorio abiertamente hostil al mensaje modernizador y progresista de la socialdemocracia. La novela de Enquist refleja a la perfección unas comunidades campesinas, dominadas por la iglesia y los patronos, visceralmente enfrentadas al "repugnante enemigo del sur de Suecia, es decir el de Estocolmo", con quien ni siquiera comparten idioma. En este sentido, es de destacar el esfuerzo realizado en la traducción castellana para reflejar la distancia lingüística entre el sueco culto y urbano y el dialecto hablado en el norte, para lo que han recurrido a una variante del aragonés pirenaico: "A él l'heban clamau amarillo y esquirol y l'heban apaliau aunque lo único qu'heba feito yera... triballar".
Una historia que contrasta con la posterior evolución de Sueciay que, por eso mismo, resulta tan interesante:
"Sin embargo, fue así como empezó. O mejor dicho: lo extraordinario fue que pese a todo empezase. En esta calma blanca, casta".

[4] Abandonamos el terreno de la ficción, pero no el de la memoria. Hace tiempo que decidí, por muchas razones, tomar la mayor distancia posible de todas las publicaciones, análisis e iniciativas relacionadas con la "cuestión vasca" que proliferan tras anunciar ETA el final de su actividad terrorista. Por eso, cuando apareció el libro de Edurne Portela El eco de los disparos (Galaxia Gutenmebrg, 2016), no hice otra cosa que hojearlo con escepticismo en los estantes de Cámara y dejarlo a un lado. Pero han sido muchos años de pensar, escribir, leer y actuar sobre el tema como para poder quitarme del mismo sin recaídas. De manera que acabé comprándolo y leyéndolo.
Resultado de imagen de portela el eco de los disparos
No me arrepiento; es un libro serio. A pesar de que no puedo estar más alejado de la experiencia y del punto de vista de la autora. Nacida en 1974 en Santurce, en las primeras páginas del libro escribe que en los conciertos del rock radical vasco a los que acudía (supongamos que con 16 años, es decir, allá por 1990) "coreábamos, aunque no nos lo creyéramos gora ETA militarra", o que en aquellos tiempos "la sociedad en general no se inmutaba ante el asesinato"; mi experiencia es muy otra: en aquellos tiempos ya había quienes coreábamos NO a ETA y nos movilizábamos contra los asesinatos. Lo hacían también jóvenes de la edad que por entonces tendría Edurne Portela (yo ya era más viejo); lo hacían también en su localidad de origen. Me extraña la escasa presencia que en su reflexión tiene la experiencia de esos "otros pocos [que] han sido testigos comprometidos en denunciar la violencia" ausencia que en mi opinión debilita su pretensión de contar el "conflicto vasco" desde la perspectiva del "testigo".
En cualquier caso se trata de un libro comprometido cuyo punto de partida, aunque parcial por la ausencia referida, resulta analítica y normativamente esencial: "El punto de partida desde el que me he situado es el de una imaginación contaminada, dañada y disminuida por décadas de violencia, silencio e indiferencia, limitada a la hora de pensar al otro, lo cual ha supuesto un abandono de las víctimas de la violencia, una incapacidad para imaginar el dolor ajeno, una aceptación de las normas de 'convivencia' impuestas por los más violentos". Desde esta perspectiva el libro, excelentemente bien escrito, indaga sobre la posibilidad de "ampliar esa imaginación contaminada para espacio a la representación, desde los matices y la complejidad, de víctimas y perpetradores", a partir del análisis de diversas creaciones literarias y audiovisuales.
Es en este análisis donde la autora se la juega, con su crítica a Ocho apellidos vascos (ver comentario al respecto en El País) y su escaso aprecio por la obra de Kirmen Uribe y de Fernando Aramburu. (En una crítica del libro en El Cultural, realizada con desgana, se sale del paso con fórmulas como esta: "En cuanto a los relatos, la autora destaca los de Jokin Muñoz, Iban Zaldua y por supuesto Fernando Aramburu"; en realidad, lo que Portela escribe  respecto de la obra de Aramburu es que esta no ha sido "ni la única ni la más comprometida").
Frente a estas producciones literarias y audiovisuales elevadas al Olimpo de la nueva narrativa post-ETA, Edurne Portela opta por otras menos conocidas, menos valoradas y, en algún caso, directamente tachadas de equidistantes, como los documentales Asier eta Biok (Aitor Merino, 2013) y Echevarriatik Etxeberriara. Oiartzun: Indarkeriarekin bizi izan den herri baten kronikak (Ander Iriarte, 2014), las novelas y relatos Letargo, de Jokin Muñoz (Alberdania, 2014; originalmente en euskera, Bizia Lo, Alberdania, 2013) y Twist, de Harkaitz Cano (Seix Barral, 2013; originalmente en euskera, Susa, 2011) o las fotografías de Clemente Bernard.
Nada más lejos de ser la "intelectual de moda del PP", como regurgitaba un euskotroll en el blog de Iñaki Anasagasti.

megustaleer - Born to Run (edición en lengua española) - Bruce Springsteen[5] Y termino con las memorias de Bruce Springsteen, Born to Run (Random House, 2016). Un luminoso ejercicio de honestidad a lo largo del cual el que el mito se desnuda absolutamente para compartir su infancia, sus tensas relaciones familiares y amorosas, su insólito empeño de obrero de la música, su aventura musical y humana con la E Street Band (conmovedor su relato de la muerte del icónico saxofonista Clarence Clemons), su combate permanente por no perder sus raíces de clase trabajadora. Y el abismo de la depresión, que le ha obligado a vivir bajo tratamiento durante una quincena de años: "No podía vivir así, no para siempre. Por vez primera, sentí que comprendía lo que impulsaba a algunas personas al abismo. El hecho de entenderlo, de poder sentirlo, me vaciaba el corazón y me dejaba aterrado. Aquí no había vida, tan sólo una irritante angustia existencial incrustada en mis huesos". Algunas perlas:

  • "Acerca de mi voz. En primer lugar, no tengo demasiada. Dispongo de la potencia, registro y durabilidad de un hombre que toca en los bares, pero no demasiada finura ni belleza tonal. [...] Mi voz hace bien su trabajo. Pero es el instrumento de un currante y, por sí sola, no va a propulsarte más arriba. Debo usar todas mis habilidades para tirar adelante y poder comunicar con hondura".
  • "Somos una nación de inmigrantes y nadie sabe quién está entrando por nuestras fronteras hoy en día, pero su historia podría añadir una página significativa a la historia de nuestro país".
  • "Para cuando cumplí los cincuenta ya había conocido a muchos de mis héroes (Sinatra, Dylan, Morrison, McCartney, Orbison) y lo había disfrutado, aunque seguía considerándoles muy alejados de mi persona. Seguían significando tanto para mí que no podía refrenar mis sentimientos de fan alucinado".
  • Refiriéndose a la canción "Worlds Apart", del disco The Rising, y a la participación en la misma de los paquistaníes Asif Ali Khan: "El 11-S había sido una tragedia a nivel mundial. Quise voces orientales, la presencia de Alá. Quise hallar un lugar donde los mundos chocase y se encontrasen".
  • "Tras la quiebra de 2008, me sentía furioso por lo que habían hecho algunas empresas financieras de Wall Street. Wrecking Ball era un disparo rabioso contra una injusticia que aún continúa y se ha extendido con la desregularización, las agencias reguladoras disfuncionales y el capitalismo salvaje [...]. Había estado siguiendo el trauma de la Norteamérica postindustrial, el aniquilamiento de nuestra fuerza industrial y de la clase trabajadora, y había escrito sobre ello durante treinta y cinco años. Así que me puse manos a la obra. [...] Si se puede hacer tanto daño a los ciudadanos de a pie sin asumir básicamente ninguna responsabilidad, entonces el juego ha terminado y el fino velo de la democracia se rebela como lo que es, un disfraz superficial para una creciente plutocracia que se ha instalado aquí y ahora de modo permanente".