Un desconocido se presenta en el hogar de Arie Tzelnik - molesto, entrometido- y acaba compartiendo el mismo lecho con este y con su anciana madre.
Un sobrino no llega al pueblo donde su tía lo espera. ¿Se habrá quedado dormido en el autobús que lo transportaba desde Tel Aviv? ¿Se habrá equivocado de línea? ¿Habrá enfermado?
Un anciano
sospecha que un joven árabe acogido por su hija excava de noche bajo la
casa, pero también este escucha ruidos.
Una mujer envía a su esposo
una nota que dice "no te preocupes por mí" y desaparece
Un joven de 17 años está perdídamente enamorado de una mujer divorciada, que trabaja como cartera y bibliotecaria, que le dobla en edad...
Todo esto, y más, ocurre en el pequeño pueblo de Tel Ilán.
La sensación que me deja el libro es de una hermosa desazón.
Uno se apoya en la mochila. Porque en el momento en que nos quitamos el peso de nuestros hombros no sabemos enderezarnos enseguida; ¡pues resulta que era el peso lo que antes nos daba seguridad y equilibrio! [George Simmel]
viernes, 5 de octubre de 2018
domingo, 30 de septiembre de 2018
Bedarbide y Tologorri
Esta mañana temprano he cogido el coche y me he dirigido hacia Aiaraldea, el hermosísimo Valle de Ayala, con la intención de ascender al Tologorri (1.096 m.) pasando previamente por el Bedarbide (1.041 m.). Ubicados en la majestuosa Sierra Salvada (o Gorobel), enlazar ambas cimas nos permite disfrutar de una vistosa y entretenida travesía circular con salida y llegada en la localidad de Lendoño de Arriba.
Por el camino he viston un tejón en la cuneta. He parado por si sólo estuviera herido, pero desgraciadamente estaba muerto. Siento especial cariño por estos animales (hace años tuve la suerte de descubrir una madriguera de tejones en un monte cercano a mi casa, y fueron muchas las horas que pase observándolos), y ver su cadáver me ha apenado.
Llovía al salir del coche en Lendoño, y la niebla baja y espesa lo tapaba todo. He ascendido campo a través hasta coger cierta altura, evitando las vueltas y revueltas que da la pista. Al empezar a salir de la niebla, la proa del Bedarbide y un cielo esplendorosamente azul me han animado.
Mirando hacia la derecha, el colmillo del Tologorri, también entre la niebla.
Superada la cota de la niebla vuelvo la mirada en dirección al Txarlazo, bajo cuyos pies se encuentra el municipio de Orduña. Un mar de nubes parece estrellarse contra la Sierra. Las cimas del Bedarbide y del Tologorri se alzan, luminosas, sobre la niebla.
Continuo ascendiendo hasta situarme bajo la mole rocosa del Bedarbide. Superando algunas pronunciadas rampas herbosas muy resbaladizas, sin sendero claro en algunos puntos, se trata de ir rodeando la montaña por su derecha, hasta alcanzar el portillo de Bedarbide (950 m.), que da acceso a la impresionante meseta que es la Sierra Salvada.
Desde ahí, un breve paseo hasta la cumbre del Bedarbide, desde donde podemos ver perfectamente el camino que aún tenemos por delante hasta llegar al Tologorri.
El sendero avanza junto al cortado de la Sierra. Por el camino llaman mi atención algunos árboles bien elegantes.
Fuente de Iturrigorri. Desde aquí echo una mirada el Bedarbide, que empieza a cubrirse de niebla. También desde aquí tengo una buena vista de la espectacular Senda Negra, por la que descenderé más tarde hasta Lendoño.
Cumbre del Tologorri, con su característico buzón con forma de piolet. He evitado sacar una foto más amplia, incluyendo el vértice geodésico que lo acompaña, porque este se encuantra absolutamente enmarranado con pintadas a favor de ETA. A quien corresponda (Diputación, Ayuntamiento, Federación de Montaña, clubes alpinos...) a ver cuándo hacemos de esta y otras cumbres un lugar de respeto compartido.
Mientras tanto, la niebla ha ascendido, ofreciendo estampas espectaculares. Los buitres, que se calentaban en las rocas al sol, se lanzan a volar. Toca bajar.
Bajo hasta el portillo de acceso a la Senda Negra. Un breve descenso entre árboles nos sitúa al inicicio de la espectacular senda, muy aérea pero sin ninguna dificultad (al menos con tiempo seco). La niebla lo cubre todo
La Senda termina en el bosque, por el que desciendo hasta Lendoño de Arriba.
El Valle de Ayala es un tesoro y Sierra Salvada su joya más preciosa.
Por el camino he viston un tejón en la cuneta. He parado por si sólo estuviera herido, pero desgraciadamente estaba muerto. Siento especial cariño por estos animales (hace años tuve la suerte de descubrir una madriguera de tejones en un monte cercano a mi casa, y fueron muchas las horas que pase observándolos), y ver su cadáver me ha apenado.
Llovía al salir del coche en Lendoño, y la niebla baja y espesa lo tapaba todo. He ascendido campo a través hasta coger cierta altura, evitando las vueltas y revueltas que da la pista. Al empezar a salir de la niebla, la proa del Bedarbide y un cielo esplendorosamente azul me han animado.
Mirando hacia la derecha, el colmillo del Tologorri, también entre la niebla.
Superada la cota de la niebla vuelvo la mirada en dirección al Txarlazo, bajo cuyos pies se encuentra el municipio de Orduña. Un mar de nubes parece estrellarse contra la Sierra. Las cimas del Bedarbide y del Tologorri se alzan, luminosas, sobre la niebla.
Continuo ascendiendo hasta situarme bajo la mole rocosa del Bedarbide. Superando algunas pronunciadas rampas herbosas muy resbaladizas, sin sendero claro en algunos puntos, se trata de ir rodeando la montaña por su derecha, hasta alcanzar el portillo de Bedarbide (950 m.), que da acceso a la impresionante meseta que es la Sierra Salvada.
Desde ahí, un breve paseo hasta la cumbre del Bedarbide, desde donde podemos ver perfectamente el camino que aún tenemos por delante hasta llegar al Tologorri.
El sendero avanza junto al cortado de la Sierra. Por el camino llaman mi atención algunos árboles bien elegantes.
Fuente de Iturrigorri. Desde aquí echo una mirada el Bedarbide, que empieza a cubrirse de niebla. También desde aquí tengo una buena vista de la espectacular Senda Negra, por la que descenderé más tarde hasta Lendoño.
Cumbre del Tologorri, con su característico buzón con forma de piolet. He evitado sacar una foto más amplia, incluyendo el vértice geodésico que lo acompaña, porque este se encuantra absolutamente enmarranado con pintadas a favor de ETA. A quien corresponda (Diputación, Ayuntamiento, Federación de Montaña, clubes alpinos...) a ver cuándo hacemos de esta y otras cumbres un lugar de respeto compartido.
Mientras tanto, la niebla ha ascendido, ofreciendo estampas espectaculares. Los buitres, que se calentaban en las rocas al sol, se lanzan a volar. Toca bajar.
Bajo hasta el portillo de acceso a la Senda Negra. Un breve descenso entre árboles nos sitúa al inicicio de la espectacular senda, muy aérea pero sin ninguna dificultad (al menos con tiempo seco). La niebla lo cubre todo
La Senda termina en el bosque, por el que desciendo hasta Lendoño de Arriba.
El Valle de Ayala es un tesoro y Sierra Salvada su joya más preciosa.
sábado, 29 de septiembre de 2018
Eretza
Esta mañana temprano me he acercado con el coche hasta el barrio de Saratxo para, desde allí, subir al Eretza. He dejado el coche en la entrada del barrio y he seguido la bien marcada pista que, convertida enseguida en senda, nos aproxima hasta la cima.
Vamos ganando altura sin apenas esfuerzo entre pinares, por los que de vez en cuando asoma la cumbre del Eretza.
Abandonamos definitivamente la pista, para afrontar el característico cortafuegos que nos llevará prácticamente hasta la cumbre. A partir de aquí, toca subir sin apenas respiro.
En algunos puntos se abren puertas donde nacen senderos que invitan a dejar el camino y aventurarse a recorrerlos, pero lo dejo para otro día.
Tras superar el primer tramo del cortafuegos, el Eretza se muestra en todo su esplendor. Toca seguir subiendo.
Antes de alcanzar el final del cortafuego un oscuro paso entre los árboles da inicio a un corto pero hermoso tramo escondido. Uno espera que aparezcan en cualquier momento duendes o hadas.
Salgo de nuevo al sol y asciendo los últimos metros hasta alcanzar el cordal que conecta el Eretza con el Ganerantz y el Pico La Cruz. Al llegar, un rebaño de ovejas me observa con sorpresa.
Abajo, un mar de niebla del que emergen Sierra Salvada y Peña Angulo...
... así como Ganekogorta y Gallarraga.
Despedida.
En este punto se abandona la pista. Al fondo, el Eretza.
Vamos ganando altura sin apenas esfuerzo entre pinares, por los que de vez en cuando asoma la cumbre del Eretza.
Abandonamos definitivamente la pista, para afrontar el característico cortafuegos que nos llevará prácticamente hasta la cumbre. A partir de aquí, toca subir sin apenas respiro.
En algunos puntos se abren puertas donde nacen senderos que invitan a dejar el camino y aventurarse a recorrerlos, pero lo dejo para otro día.
Tras superar el primer tramo del cortafuegos, el Eretza se muestra en todo su esplendor. Toca seguir subiendo.
Antes de alcanzar el final del cortafuego un oscuro paso entre los árboles da inicio a un corto pero hermoso tramo escondido. Uno espera que aparezcan en cualquier momento duendes o hadas.
Salgo de nuevo al sol y asciendo los últimos metros hasta alcanzar el cordal que conecta el Eretza con el Ganerantz y el Pico La Cruz. Al llegar, un rebaño de ovejas me observa con sorpresa.
Cumbre.
Al fondo, Ganerantz y Pico La Cruz.
Vista del cortafuegos desde la cima.
... así como Ganekogorta y Gallarraga.
Despedida.
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