El PSOE se ha
convertido en un puro instrumento orientado a la gestión del poder. Cada vez
más instalado en las instituciones de poder –parlamentos, consejos,
fundaciones, empresas públicas, cajas de ahorros- se ha olvidado de trabajar la
hegemonía. Lenin ha expulsado a Gramsci. ¿Formación? Sólo para los cuadros, y
sólo aquella inmediatamente útil para la gestión de la organización o la acción
política institucional.
Pero cuando se
ha accedido al poder se ha acabado manifestando una evidente impotencia
política. Recordemos de nuevo el artículo de Millás. O pensemos en la
reforma-express de la Constitución, en el recorte-sólo-un-poco de la justicia
universal, o en tantas y tantas cuestiones sobre las que el PSOE ha tomado
decisiones sin considerar la forma en que estas debilitaban sus banderas y
mensajes.
Pero si bien
el PSOE no puede dejar de pensarse como “expresión más institucionalizada y
pro-poder” de la izquierda española –esa ha sido y es su característica más
distintiva frente a otras izquierdas de movilización, de protesta o de ideas-,
continuar limitándose a pensarse sólo en términos de poder es ya insostenible.
Alcanzar el
poder es importante, y desde el poder es posible impulsar un círculo virtuoso
que empuje hacia arriba al cuerpo electoral: estar totalmente fuera de los
órganos políticos de poder y decisión puede acabar por desanimar el voto (es la
cuestión del “voto útil”).
El PSOE ha
sido la lista más votada en Andalucía, con el 35,15% de los votos, doce puntos
menos que en los anteriores comicios, pero doce más que los conseguidos por el PP.
También en Extremadura gana el PSOE al PP, pero sólo por 3,4 puntos (38,82% por
35,47%), y en Asturias lo hace por sólo 2 puntos (26,10% a 24,07%). Sin duda
hay aquí un efecto “poder”, pues son las únicas tres comunidades en las que el
socialismo gobierna o pudo gobernar (en Extremadura, si IU no apoyara al PP). Pero
nadie debería llevarse a engaño: el logro y ejercicio del poder político es un
medio para la transformación de la sociedad, no un fin en sí mismo. Pero entre
el poder-medio y la transformación-objetivo pueden darse distintas
combinaciones, en función del momento: hay ocasiones en las que la permanencia
en el poder juega en contra del logro de los objetivos, como se comprobó con el
gobierno de Zapatero a partir de 2010 y su “cueste lo que cueste y me cueste lo
que me cueste”.
Por cierto,
surge aquí una cuestión periférica a esta reflexión, pero de mucha importancia:
la que tiene que ver con el sistema
electoral vigente en España. Fue un diseño concienzudamente ideado en su
día por UCD, el partido de Adolfo Suárez, buscando un doble sesgo: mayoritario,
para permitir a los ganadores una sobrerrepresentación en el Parlamento en
detrimento de los partidos pequeños, y conservador, para dar más poder de
elección a los territorios de derechas. Es un hecho reconocido por uno de los
protagonistas del diseño electoral, el entonces diputado de la UCD Óscar
Alzaga, cuya reflexión reproducen Ignacio Lago y José Ramón Montero:
Puesto que los
sondeos preelectorales (previos a las generales de 1977) concedían a la futura
UCD un 36-37% de los votos –contó Alzaga a finales de los años 80-, se buscó
hacer una ley en la que la mayoría absoluta pudiese conseguirse con alrededor
del 36-37%. Y con un mecanismo que, en parte, favorecía a las zonas rurales,
donde (…) UCD era predominante frente a las zonas industriales, en las que era
mayor la incidencia del voto favorable al PSOE.
Mientras los
dos grandes partidos, PSOE y PP, acumulaban en cada convocatoria electoral
alrededor del 80% del voto, el efecto-castigo de la ley electoral sobre IU y
UPyD podía considerarse un “mal menor”, con efectos relativamente bajos sobre
la representación electoral de la sociedad española.
Pero esta
idea, cada vez más cuestionada, en estos momentos es simplemente insostenible.
Si en unas elecciones generales se repitiera una distribución de voto parecida
a la de las últimas europeas, la reivindicación de cambiar el sistema electoral
por otro proporcional (ya sea de circunscripción única, ya autonómica, pero
superando el actual de base provincial) no va a poder soslayarse. Recordemos
que en las últimas elecciones PP y PSOE recibieron tan sólo 7,6 de los 15,9
millones de votos emitidos. Los 4 millones de papeletas al PP suponen el 26%, y
los 3,6 al PSOE representan el 23%, lo que significa que se quedaron en 49% del
total de votos. Adiós bipartidismo,
adiós.
4. LA
IZQUIERDA YA NO ESPERA AL PSOE
Se podrá
discutir si el PSOE está hoy más o menos a la izquierda. Personalmente creo que
no hay dudas de que es izquierda en cuanto a los derechos civiles y políticos,
pero centro-derecha con toque social en cuanto a los derechos sociales y
económicos. De izquierdas en el aborto, de centro en los deshaucios, y diría
que de derechas en la inmigración. [A este respecto, interesante el libro de Guillermo Cordero e Irene Martín, Quiénes son y cómo votan los españoles de izquierdas, Los libros de la catarata, Madrid 2011].
Pero lo que es
indiscutible es que, aún en el caso de que esté, simplemente ya no se le
espera. Hasta ahora el PSOE podía pensar que, incluso tapándose la nariz, los
votantes de izquierda acabarían volviendo a meter su papeleta en las urnas
aunque sólo fuera como rechazo de un PP cada vez más radical. Pero la imagen de
un PSOE como último y en realidad único refugio frente a la derecha se ha
terminado. Primero, porque hace ya tiempo que no estaba claro que realmente sus
políticas fueran tan distintas de las de la derecha (en esto el 15-M y su idea
del PPSOE, de donde luego ha venido lo de la “casta”, ha jugado un papel
fundamental); segundo, porque estas últimas elecciones han mostrado que otra izquierda es posible, no sólo en
la periferia del sistema político, sino en su centro institucional.
En estas
elecciones los votantes del PP han tendido más bien a quedarse en casa (ha
habido corrimiento, hacía Vox, Ciudadanos y UPyD, pero la mayoría de su
electorado clásico no ha votado), mientras que los del PSOE han “emigrado”: la
izquierda ha votado más que la derecha, pero no al PSOE. De los 2,5 millones de
votos suma de los logrados por IU, Podemos y Compromis, buena parte han sido de
trasvase, pero otros, sobre todo los de Podemos son nuevos.
Fijémonos en
lo que ha ocurrido con el voto blanco y nulo. En las autonómicas de 2011
se registraron 584.012 votos blancos (el 2,54% del total de votos emitidos) y
389.506 votos nulos (1,7%). En conjunto, un 4,24% de votos, frente a menos del
2% en las generales de 2008. Evidentemente, no hay manera plenamente fiable de
adjudicar un significado preciso a esos votos, pero dado el contexto en el que
se desarrollaron aquellas elecciones es razonable considerarlos como “voto de
protesta”. De hecho, esta expresión electoral fue una de las propuestas del
15-M.
En estas últimas elecciones un total de 289.457 personas han emitido un
voto nulo (1,82%
de los votos) mientras que los votos en blanco han sido 356.535 (un 2,25% del
total de votos emitidos). En total, 645.992 votos entre ambas opciones: muchos
más que en las anteriores elecciones europeas de 2009 (319.851, entre nulos y
blancos), las últimas antes del 15-M, pero muchos menos que los 973.518 de
2011, las primeras celebradas tras la irrupción del 15-M. Esto quiere decir que
una buena parte del voto que se movilizaba hasta ahora como protesta (sobre
todo en forma de voto blanco) ha encontrado una salida a la izquierda del PSOE.
5. EL
HUNDIMIENTO DEL SOCIALISMO VASCO
Entre las
europeas de 2009 y las de 2014 y 2017 el PSE-EE ha perdido 98.294 votos, pero
entre las generales de 2008 (techo electoral) y estas últimas elecciones la
pérdida es de 213.197 electores. Doscientas mil personas que, después de haber
hecho lo más difícil (considerar la opción PSE-EE), han decidido no votarle en
esta ocasión.
2007 (municipales) – 241.545 (24,87%)
2008 (generales) – 430.690 (38,85%)
2009 (autonómicas) – 318.112 (30,7%)
2009 (europeas) – 202.885 (27,78%)
2011 (municipales) – 177.224 (16,71%)
2011 (generales) – 255.013 (21,55%)
2012 (autonómicas) – 212.809 (19,14%)
2014 (europeas) – 104.515 (13,78%)
Si en el
conjunto de España el PSOE ha perdido desde las anteriores europeas de 2009 un
15,5% de peso electoral (del 38,5 al 23%), en Euskadi la pérdida del PSE-EE es
del 14% (del 27,78 al 13,78%) un punto y medio menor. La diferencia más
importante es que en Euskadi empieza a
haber muy poco espacio para el PSE-EE.
Con el fin del
terrorismo en Euskadi se ha acabado el tiempo de la épica política. Se podrá
pensar que directamente hemos pasado a los tiempos de la vergüenza, en los que
la sociedad ha olvidado que no hace mucho aquí había víctimas políticas y
victimarios también políticos, que estos segundos hicieron todo lo posible para
impedir que las primeras desarrollaran con normalidad su trabajo de
representación política, y que entre estas víctimas se encontraba la militancia
y las y los representantes del PSE-EE.
El caso es que
todo eso ha quedado atrás. El PSE-EE ya nunca más podrá legitimarse recurriendo
a su biografía de resistencia cívica contra el terrorismo. En su momento le
ocurrió lo mismo al PCE a la salida del franquismo: en poco tiempo la sociedad
española, el electorado de izquierdas especialmente, había amortizado su papel
en la lucha contra la dictadura. La historia no sabe de justicia o de
injusticia.
El PSE-EE debe
hacerse una pregunta esencial, y buscar una respuesta que hoy por hoy es
cualquier cosa menos evidente: ¿cuál es su papel en la Euskadi de hoy? O más
directamente: ¿para qué sirve el PSE-EE?
¿qué puede ofrecer a la sociedad vasca que nadie más ofrezca?
Si no es más
eficiente, ni siquiera más “social” que el PNV, ¿qué ofrece? Tampoco es capaz
de ofrecer una alternativa política al nacionalismo soberanista. Más allá de un
eslogan utilitario, enarbolado como trinchera de emergencia frente al
soberanismo, el PSOE carece de una cultura y un proyecto federalista para
España, y el PSE va a ser la siguiente víctima de esa carencia, sufriendo un
destino parecido al del PSC. En Madrid, Extremadura o Andalucía se puede seguir
tirando durante un tiempo como si esto del nacionalismo soberanista no fuera
más que un brote territorialmente localizado, pero la ausencia de una auténtica
propuesta federalista es, para el socialismo vasco, una herida mortal.
En este
sentido, habría que seguir de cerca el desarrollo de la evolución que sobre
esta cuestión tenga la reflexión y la práctica de PODEMOS. El domingo 1 de
junio, en El Correo, Hasier Arraiz, presidente de Sortu y
parlamentario de EH Bildu, valoraba posición favorable de PODEMOS hacia el
derechos a decidir, y el día 30 el diputado de Amaiur Rafael Larreina mostraba
la disposición de EH Bildu a llegar a acuerdos con esa organización siempre que
exista una apuesta clara por "la soberanía y el derecho a decidir del
pueblo vasco" y por "otro modelo de sociedad basado en la justicia
social".
A este
respecto, el 31 de mayo Juan Carlos Monedero planteaba en El Correo una reflexión bastante más compleja e interesante cuando,
en respuesta a la pregunta de si a PODEMOS “les incomoda el debate sobre el
derecho a decidir”, respondía:
Creemos en una España federal.
Su fuéramos capaces de construir una España federal sincera y creíble, esa
énfasis en las cuestiones identitarias e independentistas perdería peso. Ahora
bien, eso implica confiar en las decisiones democráticas. Si los diferentes
pueblos que configuran hoy el Estado español quieren alcanzar mayor
autogobierno, pues tienen que tener ese derecho. Planteamos que el pueblo tiene
derecho a decidir sobre todos los aspectos. Y uno de ellos es el marco
territorial. Si fuéramos capaces de identificar España con Lorca, con Buñuel,
con todo el entramado cultura e histórico que nos permite encontrarnos en una
línea democrática, digna y decente… En cambio, hemos dejado España a un relato
que va desde Viriato y Don Pelayo a Dolores de Cospedal.
Evidentemente
se trata de una respuesta que sigue dejando sin responder un montón de
preguntas que enturbian el debate sobre el derecho a decidir: quién es ese
pueblo entendido como sujeto soberano, qué ocurre cuando el derecho a decidir
se aplica en sociedades fuertemente divididas en su identidad colectiva, etc.
Pero me gustan mucho dos cosas: la primera, la apuesta desde el minuto uno por
el federalismo, lo que confiere credibilidad a su discurso (lo contrario de lo
ocurrido en el caso del PSOE); la segunda, la conexión con una España
atractiva, moderna, hermosa y valiente, representada en una tradición cultural
de alcance universal (Lorca y Buñuel), profundamente imbricada con los valores
republicanos de la libertad, la igualdad y la fraternidad que llevaron a tantos
miles de personas de todo el mundo a combatir en estas tierras contra el
fascismo. Esta es la veta de la que hay que tirar para construir un discurso
federal potente y no el discurso burdamente economicista (juntos nos irá
mejor), ni el del miedo y la amenaza (estar fuera de España es estar fuera de
Europa).
Así pues, la pregunta del
millón está ya lanzada: ¿qué puede
ofrecer el PSE-EE a los ciudadanos progresistas y no nacionalistas?
6. MIRANDO EL
LADO BUENO
Pero estas
elecciones también han tenido su lado bueno. Para empezar, el último intento de
impulsar un partido a la derecha del PP, es decir VOX, ha sido un estrepitoso
fracaso. No caigamos en el error de pensar que eso es así porque el PP ya es
VOX. No lo es. En segundo
lugar, estas elecciones dibujan un espacio electoral más a la izquierda que el
que salió de las europeas de 2009:
2009:
PP
24 + UPyD 1 + Coalición por Europa (PNV, CiU, CC) 3 = 28 derecha
PSOE 23 + Izquierda Plural 2 + ERC 1 = 26 izquierda
2014:
PP
16 + UPyD 4 + Coalición por Europa (PNV, CiU, CC) 3 = 23 derecha
PSOE 14 + Izquierda Plural 6 + ERC 2 + Los Pueblos Deciden 1 + Podemos 5 + Ciutadans
2 + Primavera Europea 1 = 31 izquierda
Si
proyectáramos –utilizando los datos en bruto, sin ninguna elaboración y, por
tanto, sin ninguna intención de hacer una proyección fiable- los resultados de
las europeas a unas autonómicas, hoy tendríamos un parlamento vasco más de
izquierdas y menos nacionalista que el que salió de las elecciones autonómicas
de 2011:
En 2014: izquierda 41 / derecha 34 y nacionalismo 42 / no nacionalismo 33
En 2012: izquierda 37 / derecha 38 y nacionalismo 48 / no nacionalismo 27
|
Bizkaia
|
Álava
|
Gipuzkoa
|
2014
|
2012
|
PNV
|
131.915
|
9
|
18.235
|
5
|
58.001
|
9
|
23
|
27
|
BILDU
|
82.563
|
6
|
20.759
|
6
|
73.765
|
7
|
19
|
21
|
PSE
|
56.355
|
4
|
16.115
|
4
|
32.045
|
4
|
12
|
16
|
PP
|
41.820
|
3
|
16.978
|
5
|
18.678
|
2
|
10
|
10
|
UPyD
|
13.097
|
-
|
4.822
|
1
|
7.000
|
-
|
1
|
1
|
IU
|
23.685
|
1
|
6.713
|
2
|
11.766
|
1
|
4
|
-
|
Podemos
|
27.918
|
2
|
9.433
|
2
|
15.035
|
2
|
6
|
-
|
De igual modo,
si proyectáramos –utilizando los datos en bruto, sin ninguna elaboración- los
resultados de las europeas a unas municipales, en el caso de Bilbao hoy
tendríamos un ayuntamiento más de izquierdas y menos nacionalista que el que
salió de las municipales de 2011:
En 2014: izquierda 13 / derecha 16 y nacionalismo 15 / no nacionalismo 14
En 2011: izquierda 8 / derecha 21 y nacionalismo 19 / no nacionalismo 10
|
2014
|
concejales
|
2011
|
concejales
|
PNV
|
36.509
|
10
|
74.302
|
15
|
EH
BILDU
|
17.408
|
5
|
23.933
|
4
|
PSE-EE
|
16.954
|
4
|
22.680
|
4
|
PP
|
17.476
|
5
|
29.046
|
6
|
IU
|
7.231
|
2
|
5.704
|
|
UPyD
|
4.798
|
1
|
1.818
|
|
PODEMOS
|
8.344
|
2
|
|
|
Ya sé que esta
separación metodológica entre el cleavage
de la ideología y el de la identidad nacional no funciona en la realidad. Lo
vemos en Cataluña, donde izquierda y derecha nacionales avanzan alegremente hacia la
soberanía incluso sobre las ruinas de Can Vies.
Lo único que
quiero es plantear un escenario en el que el fracaso de la socialdemocracia no
tiene por qué significar el fracaso de la izquierda. Es verdad que un problema
sería la creciente fragmentación de la izquierda. Pero esto se arregla haciendo
esfuerzos por coincidir en políticas concretas.
7. EUROPA, LA
ÚNICA POSIBILIDAD PARA LA SOCIALDEMOCRACIA
Para terminar por hoy,
sólo una referencia a la importancia del escenario europeo como espacio para la
acción política de la socialdemocracia.
El Grupo
Socialista Europeo, del que forma parte el PSOE, es la fuerza de izquierdas más
importante del parlamento europeo. Sólo si es capaz de cambiar la política en
el nivel de la UE tendrá algo que ofrecer que sea significativamente distinto
de lo que pueden ofertar los partidos más a su izquierda, cuya presencia en las
instituciones europeas es muy limitada.