En junio de 1986 Guy Standing pronunciaba una conferencia ante el Instituto Internacional de Estudios Laborales de la OIT que tituló “La flexibilidad laboral: ¿causa o remedio del desempleo?”. En la parte final de su reflexión, señalaba lo siguiente:
¿Hacia dónde nos dirigimos ahora? El debate sobre la flexibilidad laboral ha llegado a un estadio interesante, tras algunos años de esterilidad. Los halcones del bando de la oferta siguen de cerca la presa, cazando al vuelo rigideces que el ojo humano no puede detectar. (Por poner un ejemplo: parece bastante extraño calificar las normas de seguridad como una «carga para la industria», pero esto es algo que se ha afirmado). Mientras tanto, los escépticos siguen desorganizados, gimiendo impotentes sin una visión coherente o alternativa, aun cuando, a pesar de los siete años de desreglamentación y creciente flexibilidad laboral, el mercado de trabajo haya mostrado una lamentable tendencia a no comportarse tal como había predicho el bando de la oferta.
A partir de aquí, la flexibilidad puede encaminarse hacia una mayor inseguridad para la mayoría y una menor inseguridad para una elite privilegiada, o puede proporcionar una vía hacia un nuevo estilo de vida en la sociedad posindustrial.
Han pasado 26 años desde esa conferencia; 33 años de desreglamentación y creciente flexibilidad laboral. ¿Hacia dónde nos dirigimos ahora? A la luz de la última reforma laboral la sola pregunta se vuelve ominosa.
En un artículo excepcional Antonio Baylos la ha calificado de "clasista". En efecto, con esta reforma el Gobierno pone la legislación al servicio de los interes de los empresarios, rompiendo con una cultura política de pacto social que, mal que bien, ha constituido la base del modelos sociolaboral español y europeo de posguerra:
Una parte del empresariado exulta ante esta pieza legislativa expresiva de un clasismo que hace mucho tiempo no veíamos en el BOE. Llevados por la satisfacción que produce ser reconocidos públicamente como clase dirigente que normativiza sus deseos e intereses de forma directa, sin mediaciones ni contrapesos, demuestran su seguridad aplastante en la violencia del poder privado como única forma de encarar la regulación de las relaciones de trabajo. Confían plenamente en que el sindicalismo confederal, el único realmente organizado en los lugares de producción y en enclaves sociales muy relevantes, sea incapaz de mantener una conflictividad permanente que ponga en riesgo sus expectativas de negocio y su tasa de beneficio. […] La situación es crítica, y la acción de los poderes públicos como salida de la crisis demuestra su alineamiento claro con el privilegio económico y el autoritarismo no sólo económico y empresarial. Ahora comienza una larga marcha de conflictividad y de crítica política que tiene que culminar en el medio plazo con la abolición de esta normativa clasista. Y que sin duda conducirá a la renovación de la acción sindical, de las formas de conflicto y de incidencia social de los sujetos sociales, en torno a un proyecto de regulación garantista de los derechos de los trabajadores y trabajadoras de este país. Hay que confiar en que en esa dirección los partidos políticos progresistas cooperen eficazmente. El camino es largo y es difícil, no sólo porque son muy fuertes las posiciones de los adversarios y la desigualdad entre las partes de la confrontación se incrementa cada día, sino porque el contexto cívico es muy estrecho y las carencias en la difusión generalizada de un pensamiento democrático se revelan decisivas en orden a dar la vuelta a esta situación de opresión y de domesticación del trabajo como punto de partida de una sociedad más igualitaria.
A ensanchar, pues, el contexto cívico. Empezando el próximo domingo.
Uno se apoya en la mochila. Porque en el momento en que nos quitamos el peso de nuestros hombros no sabemos enderezarnos enseguida; ¡pues resulta que era el peso lo que antes nos daba seguridad y equilibrio! [George Simmel]
miércoles, 15 de febrero de 2012
lunes, 13 de febrero de 2012
Fin de la violencia y memoria
EL PAÍS, en su edición del País Vasco, publica hoy una larga conversación que Daniel Innerarity y yo mismo mantuvimos con Ander Landaburu el pasado 18 de enero, en Gasteiz.

Pregunta. Qué situación vive Euskadi a los cuatro meses del anuncio de ETA y con la estrategia de la izquierda abertzale centrando todo el protagonismo en los presos etarras con el eslogan de “Paz por presos”.
Daniel Innerarity. Hemos pasado de una situación en la cual la sociedad vasca tenía un problema con ETA a que, ahora mismo, ETA tiene el problema de cómo cierra este periodo de su historia. Qué hace y que pasos tiene que dar para facilitar que su gente se integre a la sociedad civil. Ellos, en el fondo, saben que tienen un lio conceptual de explicación de ¿por qué han parado, y no lo hicieron antes? Y ¿cómo justifican su pasado violento? Al mismo tiempo, el problema solo se puede desatascar con algo que para ellos va a ser muy difícil de aceptar, el reconocimiento del daño causado.
Imanol Zubero. Coincido en que el problema en este momento se ha desplazado. No sé si ETA tiene un problema, pero sí lo tiene la izquierda abertzale (IA). La sociedad vasca está viviendo, casi, como si ETA nunca hubiera existido. De pronto estamos en otra situación; ETA ya no existe y no impacta sobre nuestra existencia y por tanto vivimos con mucha más normalidad, y quien está viviendo con tensión, es la IA. Al margen del tema de los presos, no estoy viendo en el mundo abertzale, —ni electoralmente hablando, ni en cuanto a movilización, ni a su reivindicación—, lo que no hayamos visto en otros momentos cuando ETA existía. Lo que sí está haciendo, es modular muy bien los nuevos tiempos, por ejemplo con el llamamiento que han hecho ahora a que no haya kale borroka. Ellos tienen el problema, pero creo que lo están abordando bien. Están buscando una forma de gestionarlo razonablemente. No es comparable el problema que nosotros teníamos con ETA con el que tienen ellos ahora sin ETA.
P. Pero por otro lado no se avanza. En ETA no se avanza. Ahí están las detenciones de etarras armados.
I. Z. Ha habido un tiempo en la historia en que ETA era un problema cuantitativo y cualitativo. En que ETA mataba mucho, aterrorizaba y contaba, además, con un entorno que alentaba mucho, que daba oxígeno, que justificaba y utilizaba esa violencia. Pero ETA dejó de ser un problema cuantitativo hace mucho tiempo, y sigue sin serlo. ETA ya no mata. ¿Pueden volver a reproducirse fenómenos de violencia físicas, de kale borroka, incluso de asesinato?, pues tal vez. Pero en términos cuantitativos va ser insignificante. Lo que sí se ha roto es la vinculación, la relación cualitativa entre el accionar de ETA y todo ese mundo de la política abertzale. Eso se ha roto y la IA ha tomado la decisión de romper.
D. I. Pasa de ser un agobio a un problema mucho más localizado. Para modular el optimismo y el pesimismo que podamos tener, siempre es bueno recordar de dónde veníamos. Aquí, hay un coche que ha parado bruscamente, está dando bandazos y ha derrapado. Hay gente que no llevaba cinturón de seguridad y se ha pegado una leche contra el cristal, y los espectadores que estamos fuera, todavía, nos tenemos que hacer a la idea. Pero es bueno recordar que, no hace mucho tiempo, aquí vivíamos una situación insoportable. Por otro lado, dentro de esos movimientos hay gente que se tiene que reposicionar con rapidez. Desde el punto de vista ideológico, a la IA la veo muy floja en cuanto a discurso, mensaje, a la reflexión interna que le permita dar ciertos pasos que van a ser para ellos difíciles. Y al mismo tiempo, también, entiendo que tiene que haber unos ritmos, porque dentro de esas sinergias que ha habido en el frenazo brusco del vehículo habrá gente que no este del todo de acuerdo, que no lo haya asimilado, o que tenga otro tipo de tentaciones.
P. Al margen del tema de los presos, ¿hay algún otro discurso en la IA?
I. Z. ¡Hombre! Están gestionando Gipuzkoa, un montón de ayuntamientos… ¡Algo hay, sin duda! Es decir, creo que ha habido un cambio muy importante. Ya veremos si eso se va capitalizando dentro de la IA. Seguramente de todas las fuerzas políticas que hay en el espacio electoral y político vasco la que más ha cambiado y está cambiando, es la IA. Otra cosa es el éxito que tenga.
D. I. Es la que más tenía que cambiar, también.
P. ¿Y en qué ha cambiado?, ¿en el aprendizaje democrático con su participación en la política institucional?
D. I. Las instituciones modelan a la gente. Tenemos reciente la muerte de Fraga, o sea, lo que ha sido la evolución del propio franquismo. También, tiene que ver con que tú entras en una institución y esta te va haciendo a ti mismo. Hay fenómenos, incluso a veces, hasta de aprendizaje y de aceptación a la nueva situación que en el caso de la IA tienen, incluso, hasta aspectos patéticos. Por ejemplo, pienso en la visita de Errekondo al Rey, y el mensaje al Rey para que se implicara en el conflicto con lo que eso supone de concepción del Estado preconstitucional. O, la carrera hacía Ajuria Enea en la que probablemente la IA este ya dando los primeros pasos, cuando hasta hace muy poco era una institución que para ellos simbolizaba la partición del país. No son pasos de poca importancia.
P. Desde el cese de ETA parece que a nuestra sociedad se le ha inoculado el virus de la amnesia. Se intenta imponer una política exculpatoria de la violencia y se habla del pasado afirmando que aquí hubo una guerra entre dos bandos. Muchos, desean pasar página rápidamente. Pero antes habrá que leerla como afirma el escritor Ramiro Pinilla, y habrá que recordar lo que ocurrió, y el dolor de las víctimas… ¿Quién debería escribir sobre ese pasado?, ¿Quién se responsabilizará del llamado relato?
I. Z. A mí de verdad es un tema que no me preocupa, lo digo sinceramente. Hay relato, y tal vez la paradoja es que lo hemos tenido desde hace muchos años y no le hemos dado la importancia que debíamos darle. Ahora nos preocupamos por él. Existe un relato y es el de las víctimas que vienen haciéndolo desde hace muchos años, y al que hemos hecho muy poco caso. El relato potente es ese y no sirve para otra cosa. Lo hemos tenido siempre y lo tenemos con las propias víctimas, y por ser recogido por cantidad de publicaciones, de libros, de entrevistas, de documentales. Otra cosa es, ¿qué podemos hacer con ese relato? Hay gente que está lamentando que no tengamos una especie como de relato desvelador que sea tan inmediatamente operativo, que permita casi desmontar todo aquello que no nos gusta de lo que está pasando en este país. No, ese relato no lo vamos a tener. Luego, lo que nos queda es el relato personal. Me gusta mucho uno de los poemas de Xabier Lete el que dedica a Imanol Larzabal a raíz de su muerte, y que dice al final: "yo que creí que hacía cosas, pero perdona nuestra falta de piedad". Al final, cada uno tendrá que negociar su propio relato. Volvamos al relato autentico que es el de las víctimas.
D. I. En el terreno privado de las relaciones privadas, familiares, de la cuadrilla, de los barrios y de los pueblos es muy limitada la capacidad de impedir que nosotros privadamente mantengamos una versión de lo sucedido, que en algunos casos puede ser absolutamente falsa, incluso ridícula. Ahí, los poderes públicos pueden incidir relativamente poco. Recuerdo haberle oído a mi abuela hablar de la batalla de Montejurra y de los cuatro carlistas que consiguieron vencer al ejército liberal porque Dios providente envió una tormenta y se enfangaron en un barrizal. ¿Hasta que punto todo esto corresponde con la historia? Hay otro plano diferente que es el de la opinión pública, que me parece el más importante en estos momentos. En el cual, los medios de comunicación tienen y han tenido mucha importancia. Si recopilamos todos los escritos que se han publicado en estos diez últimos años en Euskadi sobre el tema, con eso hacemos un Tratado de memoria colectiva vasca, donde el 99% estaríamos en un consenso bastante básico. Creo que esa es la batalla que ahora mismo tiene una cierta urgencia y entiendo quien tenga responsabilidad política esté preocupado por eso. Y hay una tercera batalla que es la de los historiadores y que es una batalla absolutamente ganada.
La entrevista continua en una segunda parte titulada "Aquí, nadie se sale con la suya".
Tras asumir que en medio del drama la mayoría de la sociedad vasca ha convivido con una naturalidad “pasmosa”, los dos profesores apuestan por avanzar en la secularización de la política, con ética y más técnica.
P. El teólogo Rafael Aguirre afirma que “en la visión del pasado nos jugamos la dignidad de nuestro futuro”. Mientras, unos siguen con pistolas y otros sin reconocer el daño causado.
I. Z. Nuestra dignidad como país nos la hemos jugado cuando nos la teníamos que jugar, y era cuando ETA estaba matando. El daño causado no lo van a reconocer más de los que lo han hecho hasta ahora, que es muy poco, que es nada. Esperar a que se dé una especie de acto de contrición público, es absurdo.
D. I. Salvo que quieran avanzar en las excarcelaciones.
I. Z. ¡Bueno, bien!, pero será por imperativo legal, y si nos conformamos con esa ficción, ¡pues vale!
P. Pero si no lo hacen cómo es posible hablar de convivencia y de reconciliación.
D. I. Ni siquiera nos hemos puesto en fase de duelo porque estamos pensando que ahora es un buen momento para que alguien justifique no se qué o diga no sé cuantos. En cuanto a la convivencia, sí hemos convivido cuando ETA mataba ochenta personas al año…
P. Pero no era una convivencia normal...
I. Z. ¡A ver!, la mayoría de la sociedad vasca ha convivido con una naturalidad pasmosa, ha negociado convenios, ha ido a las rebajas, de vacaciones…o hemos ido. Al final, te adaptas y tienes que vivir. Aquí se vivía con cierta normalidad, y solamente los últimos años, con lo de Ondartzen y su barbaridad de la socialización del sufrimiento, hubo una extensión del acoso y más sectores afectados. Pero aquí se vivía bien, hay que decirlo.
D. I. Incluso se podría decir que ha habido grande acuerdos políticos, una convivencia política importante.
P. También en Francia, mucha gente vivió bien durante la ocupación alemana.
I. Z. Y bajo el franquismo como Mayor Oreja.
D. I. Pero aquí, en medio de una batalla durísima, han sido posibles grandes acuerdos entre varios partidos. Ha habido gobiernos de coalición transversales durante años. Probablemente, en el sentido de conseguir articular acuerdos y desacuerdos, a la mejor resulta más fácil que en Madrid o en Andalucía.
I. Z. Estoy convencido de que en la política partidaria hay mucho más ruptura de convivencia en cualquier otro lado del Estado que aquí. En todo caso está ese cuerpo extraño, ese otro mundo de la IA que se va normalizando. Era otro mundo porque lo mirábamos con la frontera de la violencia. Pero por otra parte, también, han gestionando ayuntamientos, también se han dado acuerdos con ellos.
D. I. Incluso en la propia composición institucional del país, no sé si hay o no duplicidades, pero, desde luego, lo que hay es mucho contrapeso, y nos ha obligado, a todos, a transaccionar. Aquí, nadie se sale con la suya. Este es un país muy sabio y una sociedad bastante más equilibrada de lo que aparenta. Además, en los cuatro partidos políticos mayoritarios las cosas están evolucionando bien para los sectores moderados. Y eso permite acuerdos a muchísimas bandas, como el acuerdo de gobernabilidad de la comunidad que es compatible con que en los territorios haya otro tipo de mayoría.
P. ¿Qué mayorías pueden darse en el futuro Parlamento?
D. I. Creo que va a haber una mayoría nacionalista, pero al mismo tiempo si esa mayoría quiere conseguir un compromiso con el Estado para modificar el marco de autogobierno, eso requiere un tipo de transacción con los que no sean mayoría.
I. Z. Es posible intentar desequilibrar la sociedad y no me parecería ilegitimo. Otra cosa es que me pareciera un error, un profundo error político y que además está abocado al fracaso. Algunos dirán desde el punto de vista nacionalista, y alguna razón tendrán, que algo de eso ha ocurrido en estos cuatro años. Ahora, estamos en un periodo nuevo y muy interesante, que verá desaparecer esa incomodidad vital tremenda ante la posibilidad de ser asesinados.
D. I. El componente técnico de la política va a ser ahora más reclamado por los ciudadanos. Vamos a empezar a pedir más rendición de cuentas.

Pregunta. Qué situación vive Euskadi a los cuatro meses del anuncio de ETA y con la estrategia de la izquierda abertzale centrando todo el protagonismo en los presos etarras con el eslogan de “Paz por presos”.
Daniel Innerarity. Hemos pasado de una situación en la cual la sociedad vasca tenía un problema con ETA a que, ahora mismo, ETA tiene el problema de cómo cierra este periodo de su historia. Qué hace y que pasos tiene que dar para facilitar que su gente se integre a la sociedad civil. Ellos, en el fondo, saben que tienen un lio conceptual de explicación de ¿por qué han parado, y no lo hicieron antes? Y ¿cómo justifican su pasado violento? Al mismo tiempo, el problema solo se puede desatascar con algo que para ellos va a ser muy difícil de aceptar, el reconocimiento del daño causado.
Imanol Zubero. Coincido en que el problema en este momento se ha desplazado. No sé si ETA tiene un problema, pero sí lo tiene la izquierda abertzale (IA). La sociedad vasca está viviendo, casi, como si ETA nunca hubiera existido. De pronto estamos en otra situación; ETA ya no existe y no impacta sobre nuestra existencia y por tanto vivimos con mucha más normalidad, y quien está viviendo con tensión, es la IA. Al margen del tema de los presos, no estoy viendo en el mundo abertzale, —ni electoralmente hablando, ni en cuanto a movilización, ni a su reivindicación—, lo que no hayamos visto en otros momentos cuando ETA existía. Lo que sí está haciendo, es modular muy bien los nuevos tiempos, por ejemplo con el llamamiento que han hecho ahora a que no haya kale borroka. Ellos tienen el problema, pero creo que lo están abordando bien. Están buscando una forma de gestionarlo razonablemente. No es comparable el problema que nosotros teníamos con ETA con el que tienen ellos ahora sin ETA.
P. Pero por otro lado no se avanza. En ETA no se avanza. Ahí están las detenciones de etarras armados.
I. Z. Ha habido un tiempo en la historia en que ETA era un problema cuantitativo y cualitativo. En que ETA mataba mucho, aterrorizaba y contaba, además, con un entorno que alentaba mucho, que daba oxígeno, que justificaba y utilizaba esa violencia. Pero ETA dejó de ser un problema cuantitativo hace mucho tiempo, y sigue sin serlo. ETA ya no mata. ¿Pueden volver a reproducirse fenómenos de violencia físicas, de kale borroka, incluso de asesinato?, pues tal vez. Pero en términos cuantitativos va ser insignificante. Lo que sí se ha roto es la vinculación, la relación cualitativa entre el accionar de ETA y todo ese mundo de la política abertzale. Eso se ha roto y la IA ha tomado la decisión de romper.
D. I. Pasa de ser un agobio a un problema mucho más localizado. Para modular el optimismo y el pesimismo que podamos tener, siempre es bueno recordar de dónde veníamos. Aquí, hay un coche que ha parado bruscamente, está dando bandazos y ha derrapado. Hay gente que no llevaba cinturón de seguridad y se ha pegado una leche contra el cristal, y los espectadores que estamos fuera, todavía, nos tenemos que hacer a la idea. Pero es bueno recordar que, no hace mucho tiempo, aquí vivíamos una situación insoportable. Por otro lado, dentro de esos movimientos hay gente que se tiene que reposicionar con rapidez. Desde el punto de vista ideológico, a la IA la veo muy floja en cuanto a discurso, mensaje, a la reflexión interna que le permita dar ciertos pasos que van a ser para ellos difíciles. Y al mismo tiempo, también, entiendo que tiene que haber unos ritmos, porque dentro de esas sinergias que ha habido en el frenazo brusco del vehículo habrá gente que no este del todo de acuerdo, que no lo haya asimilado, o que tenga otro tipo de tentaciones.
P. Al margen del tema de los presos, ¿hay algún otro discurso en la IA?
I. Z. ¡Hombre! Están gestionando Gipuzkoa, un montón de ayuntamientos… ¡Algo hay, sin duda! Es decir, creo que ha habido un cambio muy importante. Ya veremos si eso se va capitalizando dentro de la IA. Seguramente de todas las fuerzas políticas que hay en el espacio electoral y político vasco la que más ha cambiado y está cambiando, es la IA. Otra cosa es el éxito que tenga.
D. I. Es la que más tenía que cambiar, también.
P. ¿Y en qué ha cambiado?, ¿en el aprendizaje democrático con su participación en la política institucional?
D. I. Las instituciones modelan a la gente. Tenemos reciente la muerte de Fraga, o sea, lo que ha sido la evolución del propio franquismo. También, tiene que ver con que tú entras en una institución y esta te va haciendo a ti mismo. Hay fenómenos, incluso a veces, hasta de aprendizaje y de aceptación a la nueva situación que en el caso de la IA tienen, incluso, hasta aspectos patéticos. Por ejemplo, pienso en la visita de Errekondo al Rey, y el mensaje al Rey para que se implicara en el conflicto con lo que eso supone de concepción del Estado preconstitucional. O, la carrera hacía Ajuria Enea en la que probablemente la IA este ya dando los primeros pasos, cuando hasta hace muy poco era una institución que para ellos simbolizaba la partición del país. No son pasos de poca importancia.
P. Desde el cese de ETA parece que a nuestra sociedad se le ha inoculado el virus de la amnesia. Se intenta imponer una política exculpatoria de la violencia y se habla del pasado afirmando que aquí hubo una guerra entre dos bandos. Muchos, desean pasar página rápidamente. Pero antes habrá que leerla como afirma el escritor Ramiro Pinilla, y habrá que recordar lo que ocurrió, y el dolor de las víctimas… ¿Quién debería escribir sobre ese pasado?, ¿Quién se responsabilizará del llamado relato?
I. Z. A mí de verdad es un tema que no me preocupa, lo digo sinceramente. Hay relato, y tal vez la paradoja es que lo hemos tenido desde hace muchos años y no le hemos dado la importancia que debíamos darle. Ahora nos preocupamos por él. Existe un relato y es el de las víctimas que vienen haciéndolo desde hace muchos años, y al que hemos hecho muy poco caso. El relato potente es ese y no sirve para otra cosa. Lo hemos tenido siempre y lo tenemos con las propias víctimas, y por ser recogido por cantidad de publicaciones, de libros, de entrevistas, de documentales. Otra cosa es, ¿qué podemos hacer con ese relato? Hay gente que está lamentando que no tengamos una especie como de relato desvelador que sea tan inmediatamente operativo, que permita casi desmontar todo aquello que no nos gusta de lo que está pasando en este país. No, ese relato no lo vamos a tener. Luego, lo que nos queda es el relato personal. Me gusta mucho uno de los poemas de Xabier Lete el que dedica a Imanol Larzabal a raíz de su muerte, y que dice al final: "yo que creí que hacía cosas, pero perdona nuestra falta de piedad". Al final, cada uno tendrá que negociar su propio relato. Volvamos al relato autentico que es el de las víctimas.
D. I. En el terreno privado de las relaciones privadas, familiares, de la cuadrilla, de los barrios y de los pueblos es muy limitada la capacidad de impedir que nosotros privadamente mantengamos una versión de lo sucedido, que en algunos casos puede ser absolutamente falsa, incluso ridícula. Ahí, los poderes públicos pueden incidir relativamente poco. Recuerdo haberle oído a mi abuela hablar de la batalla de Montejurra y de los cuatro carlistas que consiguieron vencer al ejército liberal porque Dios providente envió una tormenta y se enfangaron en un barrizal. ¿Hasta que punto todo esto corresponde con la historia? Hay otro plano diferente que es el de la opinión pública, que me parece el más importante en estos momentos. En el cual, los medios de comunicación tienen y han tenido mucha importancia. Si recopilamos todos los escritos que se han publicado en estos diez últimos años en Euskadi sobre el tema, con eso hacemos un Tratado de memoria colectiva vasca, donde el 99% estaríamos en un consenso bastante básico. Creo que esa es la batalla que ahora mismo tiene una cierta urgencia y entiendo quien tenga responsabilidad política esté preocupado por eso. Y hay una tercera batalla que es la de los historiadores y que es una batalla absolutamente ganada.
La entrevista continua en una segunda parte titulada "Aquí, nadie se sale con la suya".
Tras asumir que en medio del drama la mayoría de la sociedad vasca ha convivido con una naturalidad “pasmosa”, los dos profesores apuestan por avanzar en la secularización de la política, con ética y más técnica.
P. El teólogo Rafael Aguirre afirma que “en la visión del pasado nos jugamos la dignidad de nuestro futuro”. Mientras, unos siguen con pistolas y otros sin reconocer el daño causado.
I. Z. Nuestra dignidad como país nos la hemos jugado cuando nos la teníamos que jugar, y era cuando ETA estaba matando. El daño causado no lo van a reconocer más de los que lo han hecho hasta ahora, que es muy poco, que es nada. Esperar a que se dé una especie de acto de contrición público, es absurdo.
D. I. Salvo que quieran avanzar en las excarcelaciones.
I. Z. ¡Bueno, bien!, pero será por imperativo legal, y si nos conformamos con esa ficción, ¡pues vale!
P. Pero si no lo hacen cómo es posible hablar de convivencia y de reconciliación.
D. I. Ni siquiera nos hemos puesto en fase de duelo porque estamos pensando que ahora es un buen momento para que alguien justifique no se qué o diga no sé cuantos. En cuanto a la convivencia, sí hemos convivido cuando ETA mataba ochenta personas al año…
P. Pero no era una convivencia normal...
I. Z. ¡A ver!, la mayoría de la sociedad vasca ha convivido con una naturalidad pasmosa, ha negociado convenios, ha ido a las rebajas, de vacaciones…o hemos ido. Al final, te adaptas y tienes que vivir. Aquí se vivía con cierta normalidad, y solamente los últimos años, con lo de Ondartzen y su barbaridad de la socialización del sufrimiento, hubo una extensión del acoso y más sectores afectados. Pero aquí se vivía bien, hay que decirlo.
D. I. Incluso se podría decir que ha habido grande acuerdos políticos, una convivencia política importante.
P. También en Francia, mucha gente vivió bien durante la ocupación alemana.
I. Z. Y bajo el franquismo como Mayor Oreja.
D. I. Pero aquí, en medio de una batalla durísima, han sido posibles grandes acuerdos entre varios partidos. Ha habido gobiernos de coalición transversales durante años. Probablemente, en el sentido de conseguir articular acuerdos y desacuerdos, a la mejor resulta más fácil que en Madrid o en Andalucía.
I. Z. Estoy convencido de que en la política partidaria hay mucho más ruptura de convivencia en cualquier otro lado del Estado que aquí. En todo caso está ese cuerpo extraño, ese otro mundo de la IA que se va normalizando. Era otro mundo porque lo mirábamos con la frontera de la violencia. Pero por otra parte, también, han gestionando ayuntamientos, también se han dado acuerdos con ellos.
D. I. Incluso en la propia composición institucional del país, no sé si hay o no duplicidades, pero, desde luego, lo que hay es mucho contrapeso, y nos ha obligado, a todos, a transaccionar. Aquí, nadie se sale con la suya. Este es un país muy sabio y una sociedad bastante más equilibrada de lo que aparenta. Además, en los cuatro partidos políticos mayoritarios las cosas están evolucionando bien para los sectores moderados. Y eso permite acuerdos a muchísimas bandas, como el acuerdo de gobernabilidad de la comunidad que es compatible con que en los territorios haya otro tipo de mayoría.
P. ¿Qué mayorías pueden darse en el futuro Parlamento?
D. I. Creo que va a haber una mayoría nacionalista, pero al mismo tiempo si esa mayoría quiere conseguir un compromiso con el Estado para modificar el marco de autogobierno, eso requiere un tipo de transacción con los que no sean mayoría.
I. Z. Es posible intentar desequilibrar la sociedad y no me parecería ilegitimo. Otra cosa es que me pareciera un error, un profundo error político y que además está abocado al fracaso. Algunos dirán desde el punto de vista nacionalista, y alguna razón tendrán, que algo de eso ha ocurrido en estos cuatro años. Ahora, estamos en un periodo nuevo y muy interesante, que verá desaparecer esa incomodidad vital tremenda ante la posibilidad de ser asesinados.
D. I. El componente técnico de la política va a ser ahora más reclamado por los ciudadanos. Vamos a empezar a pedir más rendición de cuentas.
domingo, 12 de febrero de 2012
Un gesto claro

No, no son tiempos
de mirar con nostalgia
esa estela infinita del paso de los hombres.
Hay mucho que olvidar
y más aún que esperar. Tan silencioso
como el vuelo del buho, un gesto claro.
de sencillo bautizo,
dirá, en un aire nuevo,
mi nueva significación, su nuevo
uso. Yo sólo, si es posible,
pido, cuando me llegue la hora mala,
la hora de echar de menos tantos gestos queridos,
tener fuerza, encontrarlos
como quien halla un fósil
(acaso una quijada aún con el beso trémulo)
de una raza extinguida.
Claudio Rodríguez, "Gestos" (Desde mis poemas, 1990)
Hay mucho que olvidar, ya lo creo. Pero hay mucho también que recordar. Tanto o más que lo que hay por esperar.
Ayer fue un día emocionante. Tantos gestos queridos: Itzar, Isabel, Javier, Ana Rosa, Eskolunbe, María, Txema, Pedro Luis, Cristobal, Jokin, Iratxe, Maus, Garbiñe, Kepa, Pedro, Roman, Carlos, Sabin, Amaia, Alberto, Iñaki, Xabier, Marian, Josu, Fabián, Jesus...

jueves, 9 de febrero de 2012
Garzón
El juez Baltasar Garzón ha sido condenado a 11 años de inhabilitación por las escuchas en prisión a los acusados de la trama Gürtel y a sus abogados, lo que en la práctica implica su expulsión de la carrera judicial.
Según leo en EL PAÍS, el tribunal dice que no se podía grabar “sin disponer de ningún dato que pudiera indicar mínimamente, en una valoración razonable, que la condición de letrado y el ejercicio del derecho de defensa se estaban utilizando como coartada para facilitar la comisión de nuevos delitos”, de manera que no se trataría “de una interpretación errónea de la ley, sino de un acto arbitrario, por carente de razón, que desmantela la configuración constitucional del proceso penal como un proceso justo”.
El Supremo sostiene que “la injusticia” de Garzón consistió en realizar una interpretación de la ley según la cual podía intervenir las comunicaciones entre el imputado preso y su letrado defensor basándose solamente en la existencia de indicios respecto a la actividad criminal del primero, sin considerar necesario que tales indicios afectaran a los letrados. “Lo cual”, añaden, “resulta inasumible desde cualquier interpretación razonable del Derecho”.
Sin embargo, leo la sentencia del Tribunal Supremo y en el apartado de hechos probados se recoge lo siguiente:
Resulta probado y así se declara:
En el mes de febrero de 2009, el acusado BALTASAR GARZON REAL, Juez con categoría profesional de Magistrado, desempeñaba el cargo de Magistrado Juez del Juzgado Central de Instrucción nº 5 de la Audiencia Nacional. En ese juzgado tramitaba las Diligencias Previas nº275/2008 en las que se investigaban hechos que podrían ser constitutivos de delitos de blanqueo de capitales, de defraudación fiscal, de falsedad, de cohecho, de asociación ilícita y de tráfico de influencias, que se atribuían a varias personas ya imputadas en la causa, a los que se consideraba integrados en una organización en cuyo marco se ejecutaban las acciones delictivas. La complejidad de los hechos investigados generaban una actividad intensa en los encargados y responsables de la tramitación, asícomo del acusado y de las fiscales que intervenían en el asunto en representación del Ministerio Público, produciéndose frecuentes informaciones verbales por parte de los funcionarios de policía que desarrollaban las investigaciones, en las que, en ocasiones en presencia de las fiscales, ponían en conocimiento de aquel el estado de las mismas, los avances y las novedades que se producían.
A juicio policial, trasladado al acusado, los datos que manejaban hacían suponer que, a pesar de que se encontraban en prisión provisional acordada por el acusado, los que consideraban los máximos responsables de la organización continuaban con su actividad delictiva organizada procediendo a nuevas acciones de blanqueo de capitales y a otras actividades que podían implicar la ocultación de importantes cantidades de dinero ilícitamente obtenidas. Según entendían los funcionarios de policía, y así lo comunicaron verbalmente, en esas actividades pudieran estar interviniendo algunos abogados integrados en un despacho profesional cuyos miembros eran conocidos y estaban identificados, llegando a ser imputados en la causa.
Indicios había. Lo decían los funcionarios de policía que llevaban a cabo las investigaciones. Pero salto a las conclusiones del Tribunal y en todo momento se insiste en la ausencia de indicios que justificaran la decisiòn de Garzón. Ya nos los explicará alguienque entienda mañana, si es que tiene explicación.
Según leo en EL PAÍS, el tribunal dice que no se podía grabar “sin disponer de ningún dato que pudiera indicar mínimamente, en una valoración razonable, que la condición de letrado y el ejercicio del derecho de defensa se estaban utilizando como coartada para facilitar la comisión de nuevos delitos”, de manera que no se trataría “de una interpretación errónea de la ley, sino de un acto arbitrario, por carente de razón, que desmantela la configuración constitucional del proceso penal como un proceso justo”.
El Supremo sostiene que “la injusticia” de Garzón consistió en realizar una interpretación de la ley según la cual podía intervenir las comunicaciones entre el imputado preso y su letrado defensor basándose solamente en la existencia de indicios respecto a la actividad criminal del primero, sin considerar necesario que tales indicios afectaran a los letrados. “Lo cual”, añaden, “resulta inasumible desde cualquier interpretación razonable del Derecho”.
Sin embargo, leo la sentencia del Tribunal Supremo y en el apartado de hechos probados se recoge lo siguiente:
Resulta probado y así se declara:
En el mes de febrero de 2009, el acusado BALTASAR GARZON REAL, Juez con categoría profesional de Magistrado, desempeñaba el cargo de Magistrado Juez del Juzgado Central de Instrucción nº 5 de la Audiencia Nacional. En ese juzgado tramitaba las Diligencias Previas nº275/2008 en las que se investigaban hechos que podrían ser constitutivos de delitos de blanqueo de capitales, de defraudación fiscal, de falsedad, de cohecho, de asociación ilícita y de tráfico de influencias, que se atribuían a varias personas ya imputadas en la causa, a los que se consideraba integrados en una organización en cuyo marco se ejecutaban las acciones delictivas. La complejidad de los hechos investigados generaban una actividad intensa en los encargados y responsables de la tramitación, asícomo del acusado y de las fiscales que intervenían en el asunto en representación del Ministerio Público, produciéndose frecuentes informaciones verbales por parte de los funcionarios de policía que desarrollaban las investigaciones, en las que, en ocasiones en presencia de las fiscales, ponían en conocimiento de aquel el estado de las mismas, los avances y las novedades que se producían.
A juicio policial, trasladado al acusado, los datos que manejaban hacían suponer que, a pesar de que se encontraban en prisión provisional acordada por el acusado, los que consideraban los máximos responsables de la organización continuaban con su actividad delictiva organizada procediendo a nuevas acciones de blanqueo de capitales y a otras actividades que podían implicar la ocultación de importantes cantidades de dinero ilícitamente obtenidas. Según entendían los funcionarios de policía, y así lo comunicaron verbalmente, en esas actividades pudieran estar interviniendo algunos abogados integrados en un despacho profesional cuyos miembros eran conocidos y estaban identificados, llegando a ser imputados en la causa.
Indicios había. Lo decían los funcionarios de policía que llevaban a cabo las investigaciones. Pero salto a las conclusiones del Tribunal y en todo momento se insiste en la ausencia de indicios que justificaran la decisiòn de Garzón. Ya nos los explicará alguienque entienda mañana, si es que tiene explicación.
lunes, 6 de febrero de 2012
Gesto por la Paz
“Me sentía tan seguro de mi germanidad, de mi europeidad, de mi humanidad, de mi siglo XX. ¿La sangre? ¿El odio racial? Hoy no, aquí no..., ¡en pleno centro de Europa!”
Victor Klemperer, LTI. La lengua del Tercer Reich. Barcelona: Minúscula, 2001, p. 296.

La Coordinadora Gesto por la Paz de Euskal Herria hunde sus raíces en un complejo y desarticulado caldo de cultivo sociocultural que, en relación a la violencia denominada política, se va desarrollando en el País Vasco y en Navarra desde principios de la década de los Ochenta. Una violencia protagonizada fundamentalmente, aunque no exclusivamente, por ETA.
En aquellos años, la sociedad vasca se estaba movilizando de formas muy diversas en contra de esa violencia. Recordemos la gran manifestación del 28 de octubre de 1978 que bajo el lema "Euskadi libre y en paz" fue convocada por el Partido Nacionalista Vasco y apoyada por distintas fuerzas políticas y sindicales. O el documento publicado en mayo de 1980 por un grupo de intelectuales vascos denunciando "la violencia que nace y anida entre nosotros, porque es la única que puede convertirnos, de verdad, en verdugos desalmados, en cómplices cobardes o en encubridores serviles". O el llamamiento a la paz y la concordia realizado el 14 de noviembre de 1980 por todos los partidos a excepción de HB. O la resolución del ayuntamiento de Bermeo, ese mismo año, condenando el secuestro de un empresario conservero. O la gran manifestación exigiendo la libertad del ingeniero José Mª Ryan el 5 de febrero de 1981. O la celebración en la Basílica de Begoña, los días 4 y 5 de junio, de unas jornadas por la paz, convocadas por los Obispos de Bilbao, la segunda de las cuales fue reventada por grupos radicales. O las concentraciones silenciosas semanales que entre 1982 y 1987 promoviera en todas las capitales vascas el colectivo Artesanos de la Paz. O la concentración en San Sebastián de más de 15.000 personas, el 16 de enero de 1983, pidiendo la libertad de un joven secuestrado por ETA para extorsionar a su familia. O la manifestación en Bilbao, el 7 de febrero de ese mismo año, condenando el atentado realizado días antes contra el Banco de Vizcaya, que produjo 3 muertos. O la concentración silenciosa durante 15 minutos, en octubre, de cerca de 1.500 estudiantes de la Universidad de Deusto en protesta por el asesinato del capitán de farmacia Alberto Martín Barrios tras permanecer varios días secuestrado. O la manifestación en Bilbao, el 22 de octubre de 1983, encabezada por el Gobierno Vasco. O las primeras movilizaciones contra la violencia en el Casco Viejo de Bilbao, también durante el año 1983, que dejaron de realizarse por las presiones de los intolerantes de entonces. O el surgimiento a partir de 1985 de concentraciones silenciosas en distintos lugares de Vizcaya. O el homenaje a Yoyes en Ordizia, en octubre de 1986 y la impactante campaña "Contra el silencio" que, a raíz de su asesinato, fue impulsada por distintas organizaciones ciudadanas. O la manifestación en Vitoria, ese mismo mes, exigiendo la liberación del industrial Lucio Aguinagalde, secuestrado por ETA.
En este contexto, Gesto surge y se desarrolla a partir de una orientación prepolítica, con un análisis de situación y unas propuestas de intervención de fuerte contenido normativo. Desarrolla estrategias de acción marcadamente expresivas, configurándose como instrumento para una movilización ciudadana que exige un fuerte compromiso personal.
Gesto por la Paz nunca redujo la vida a mera existencia biológica. Nunca dijo, pongamos por caso: «No hay que preocuparse por Ortega Lara: sólo está secuestrado. Está privado de libertad, violentado, humillado y amenazado, sí, pero está vivo. Otra cosa será si ETA lo mata. Entonces sí, entonces nos movilizaremos». Gesto por la Paz nunca predicó la necesidad de soportar toda clase de atropellos a condición de seguir vivos.
Tampoco ha igualado todas las vidas o todas las muertes. Así y todo, siempre convocó el "gesto" tras cualquiera de las muchas muertes violentas relacionadas con lo que, de manera harto inexacta pero suficientemente inteligible, se ha denominado el problema vasco. También cuando los muertos eran miembros de ETA. ¿Por qué? Porque las gentes que empezaron la historia de Gesto por la Paz se enfrentaban a una sociedad que reaccionaba de muy distintas maneras ante la noticia de todas esas muertes: unas estaban bien, otras regular, otras mal, otras muy mal y otras ni fu ni fa. Y así, según los casos -etarra, guardia civil, supuesto traficante, empresario, niño, ertzaina, militar...- el gesto de una misma localidad podía convocar a ocho o a ochenta personas. Y esto era algo que, con mejor o peor fundamento teórico, nos revolvía el estómago.
Gesto por la Paz nunca rechazó "todo tipo de violencia". En concreto, nunca condenó el ejercicio de la violencia legítima por parte del Estado democrático, advirtiendo, eso sí, de que esta violencia no es legítima por el hecho de que la ejerza el Estado, sino porque la ejerza legal y proporcionadamente. Nunca se habrá visto una acción de Gesto en contra de la detención, juicio y, en su caso, encarcelamiento de miembros de ETA. Sí en contra de muchos casos de malos tratos y torturas a detenidos (aun a riesgo de equivocarse en la valoración de estos hechos). También, desde princpios de los años 90, en cobrra de la dispersión.
Por no rechazar, ni tan siquiera se planteó desde Gesto por la Paz el rechazo de la violencia en contextos de dictadura. Uno de los primeros grandes debates que tuvieron lugar en el seno de la Coordinadora fue, precisamente, el de su caracterización o no como organización no-violenta, en el sentido más profundo del término no-violencia. Frente a quienes defendían tal caracterización, la mayoría pensamos que la misma no era adecuada a la naturaleza de una organización como Gesto y al contexto en el que desarrollaba su acción.
Gesto por la Paz nunca ha defendido una paz a cualquier precio, aunque fuera una paz injusta. La paz de Gesto ha sido siempre una paz con contenidos muy concretos: exclusión de ETA de cualquier decisión política, realismo histórico, respeto a los derechos humanos, justicia y reconocimiento para las víctimas...
Gesto por la Paz ha sido esa porción de la ciudadanía vasca que, sin estar directamente afectada por la violencia -Gesto no es una asociación de víctimas-, ha asumido como propia la amenaza y la violencia dirigidas contra sus conciudadanos. Por cierto, durante muchos años una muy escasa porción.
Ahora, con la misma dignidad con la que ha desarrollado toda su actividad a lo largo de cinco lustros, prepara su mutis por el foro. El próximo sábado, en Bilbao, volveremos a encontrarnos.
viernes, 3 de febrero de 2012
Chacón
“Somos un partido no un movimiento social; un partido reconocible con políticas pensadas para gobernar”. Lo dijo Alfredo Pérez Rubalcaba en su discurso de oficialización de su candidatura a la secretaría general del PSOE. En principio, parecería una afirmación fuera de lugar: es evidente que el PSOE es un partido y no un movimiento social, y no creo que nadie de quienes hoy se reunen en Sevilla pretenda su conversión en MSOE.
Por eso, la afirmación de Rubalcaba no es una simple boutade. Es toda una declaración de principios. Y una declaración que, en mi opinión, expresa una voluntad -legítima, pero creo que equivocada- de pasar de puntillas sobre una cuestión esencial.
Es la manera de ser partido la que está en crisis. No hay sustituto funcional de la organización partidaria para hacer política institucional en sociedades complejas; sin embargo, la forma en que los partidos políticos se conciben, se constituyen y actuan se ha convertido en un problema democrático de primer orden:
"Los partidos son grupos de poder privados cuya organización, también a causa de la falta de garantías de su carácter democrático, está en gran medida sustraída al derecho. Y, sin embargo, separándose cada vez más de sus bases sociales, han acabado por ocupar literalmente las instituciones representativas hasta identificarse con ellas. [...] Se han convertido en instituciones parapúblicas que, de hecho, gestionan de manera informal la distribución y el ejercicio de las funciones públicas. Así pues, no son organizaciones de la sociedad, sino sustancialmente órganos del Estado articulados según la férrea ley de las oligarquías" (Ferrajoli).
Y esto es algo que afecta especialmente a los partidos de izquierda.
El PSOE no sólo ha perdido las elecciones, también ha perdido la calle. No sólo ha perdido poder territorial y electoral, ha perdido poder simbólico. Y lo segundo es mucho más importante que lo primero, porque es mucho más complicado de revertir. Se han perdido elecciones, sí, pero sobre todo se han perdido electores y espacio político.
El PSOE debe repudiar el leninismo prosaico que se infiltra en las estructuras de decisión de cualquier partido político (centrado en el poder, en su logro y su control) para abrazar con convicción una perspectiva gramsciana de la acción política, poniendo en primer lugar entre sus prioridades la generación de discursos y narrativas progresistas que conecten con demandas, necesidades y expectativas muy presentes en la sociedad española, y que generen prácticas coherentes.
Yo propongo un primer paso en esa dirección: identificar en todas las estructuras orgánicas del partido aquellas responsabilidades que más claramente tienen que ver con la relación con la sociedad (se me ocurren secretarías como las de comunicación, movimientos sociales, cultura, estudios) y sacarlas de las luchas internas de poder, de manera que quienes las ocupen sean personas que llegan a ellas por su capacidad y mérito probados, y no como consecuencia de la hidráulica de los juegos de equilibrio entre dirigentes y apparatchiks.
¿Es esta la voluntad de Carme Chacón? No tengo ni idea. Ni siquiera depende totalmente de ella. Lo que sí creo es que no es la voluntad de Alfredo Pérez Rubalcaba.
Por eso, la afirmación de Rubalcaba no es una simple boutade. Es toda una declaración de principios. Y una declaración que, en mi opinión, expresa una voluntad -legítima, pero creo que equivocada- de pasar de puntillas sobre una cuestión esencial.
Es la manera de ser partido la que está en crisis. No hay sustituto funcional de la organización partidaria para hacer política institucional en sociedades complejas; sin embargo, la forma en que los partidos políticos se conciben, se constituyen y actuan se ha convertido en un problema democrático de primer orden:
"Los partidos son grupos de poder privados cuya organización, también a causa de la falta de garantías de su carácter democrático, está en gran medida sustraída al derecho. Y, sin embargo, separándose cada vez más de sus bases sociales, han acabado por ocupar literalmente las instituciones representativas hasta identificarse con ellas. [...] Se han convertido en instituciones parapúblicas que, de hecho, gestionan de manera informal la distribución y el ejercicio de las funciones públicas. Así pues, no son organizaciones de la sociedad, sino sustancialmente órganos del Estado articulados según la férrea ley de las oligarquías" (Ferrajoli).
Y esto es algo que afecta especialmente a los partidos de izquierda.
El PSOE no sólo ha perdido las elecciones, también ha perdido la calle. No sólo ha perdido poder territorial y electoral, ha perdido poder simbólico. Y lo segundo es mucho más importante que lo primero, porque es mucho más complicado de revertir. Se han perdido elecciones, sí, pero sobre todo se han perdido electores y espacio político.
El PSOE debe repudiar el leninismo prosaico que se infiltra en las estructuras de decisión de cualquier partido político (centrado en el poder, en su logro y su control) para abrazar con convicción una perspectiva gramsciana de la acción política, poniendo en primer lugar entre sus prioridades la generación de discursos y narrativas progresistas que conecten con demandas, necesidades y expectativas muy presentes en la sociedad española, y que generen prácticas coherentes.
Yo propongo un primer paso en esa dirección: identificar en todas las estructuras orgánicas del partido aquellas responsabilidades que más claramente tienen que ver con la relación con la sociedad (se me ocurren secretarías como las de comunicación, movimientos sociales, cultura, estudios) y sacarlas de las luchas internas de poder, de manera que quienes las ocupen sean personas que llegan a ellas por su capacidad y mérito probados, y no como consecuencia de la hidráulica de los juegos de equilibrio entre dirigentes y apparatchiks.
¿Es esta la voluntad de Carme Chacón? No tengo ni idea. Ni siquiera depende totalmente de ella. Lo que sí creo es que no es la voluntad de Alfredo Pérez Rubalcaba.
domingo, 29 de enero de 2012
Catedrales del morbo
Centenares de personas se acercan hasta la costa de la isla de Giglio para fotografiarse ante el inmenso pecio en que se ha convertido el otrora majestuoso Costa Concordia.

Nadie se explica ni qué celebran, ni de qué se ríen. La pareja posa encantada ante los restos del 'Costa Concordia'. Sonríen felices, con sus zapatos de piel relucientes, pisando las mismas rocas que hace dos semanas intentaron alcanzar a nado algunas de las 4.000 almas que sintieron cómo se escoraba la cubierta de la nave hacia la tragedia. Al menos 16 de ellos, hoy cadáveres, no lo consiguieron y una veintena sigue sin aparecer. Mientras los bomberos y los agentes de Salvamento Marítimo buscan sus cuerpos en las entrañas del buque, miles de turistas se han acercado a Giglio a contemplar la macabra coreografía del rescate y retratarse junto a esa descomunal catedral del morbo. Comenzaron a llegar hace una semana. Cada día, los buscadores del 'yo estuve allí' se acercan a Giglio en un ferry en el que viajan diez veces más pasajeros que en las mismas fechas de años anteriores, según publica el 'Daily Mail'. Algunos recorren cientos de kilómetros en coche desde sus hogares para acercarse a las aguas de la capital de la angustia. Llegan, dan una vuelta por el pueblo, se suben a las rocas, sonríen para la foto y se largan. En Giglio no los quieren.

Santiago Russiñol expone su colección "La atracción de las ruinas". Algo tienen...

Los diarios del Grupo Vocento (yo lo leo en EL CORREO) publican hoy un comentario al respecto de Fernando Apaolaza. Su título, Souvenir del horror:
Nadie se explica ni qué celebran, ni de qué se ríen. La pareja posa encantada ante los restos del 'Costa Concordia'. Sonríen felices, con sus zapatos de piel relucientes, pisando las mismas rocas que hace dos semanas intentaron alcanzar a nado algunas de las 4.000 almas que sintieron cómo se escoraba la cubierta de la nave hacia la tragedia. Al menos 16 de ellos, hoy cadáveres, no lo consiguieron y una veintena sigue sin aparecer. Mientras los bomberos y los agentes de Salvamento Marítimo buscan sus cuerpos en las entrañas del buque, miles de turistas se han acercado a Giglio a contemplar la macabra coreografía del rescate y retratarse junto a esa descomunal catedral del morbo. Comenzaron a llegar hace una semana. Cada día, los buscadores del 'yo estuve allí' se acercan a Giglio en un ferry en el que viajan diez veces más pasajeros que en las mismas fechas de años anteriores, según publica el 'Daily Mail'. Algunos recorren cientos de kilómetros en coche desde sus hogares para acercarse a las aguas de la capital de la angustia. Llegan, dan una vuelta por el pueblo, se suben a las rocas, sonríen para la foto y se largan. En Giglio no los quieren.
Comparto el estupor hacia ese morboso peregrinaje. Pero, ¿no hacemos lo mismo cuando nos fotografiamos ante las pirámides?
Sudor, sacrificio, muerte, ostentación, orgullo, pericia técnica, tragedia, colapso... ¿Qué es lo que observamos?
Santiago Russiñol expone su colección "La atracción de las ruinas". Algo tienen...
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