domingo, 22 de diciembre de 2019

Urieta y Moscadero desde el puerto de Angulo

Preciosa mañana consagrada a mi lotería particular: poder disfrutar de la montaña. El objetivo de hoy han sido las cumbres del Urieta y del Moscadero, desde el puerto de Angulo.

 
 
 Al empezar a caminar el sol iluminaba la proa del Paredes, la primera de las cimas de la Sierra de la Carbonilla, hermana gemela de Salvada. A continuación de esta se encuentran Gurdieta y Castro Grande.
 El camino hacia el Urieta no tiene pérdida. La cumbre se alza directamente ante nosotros y aunque dejaremos de verla cuando nos adentremos en el bosque es imposible equivocar la dirección... salvo si hay niebla: entonces estos montes se convierten en un infierno y resulta facilñisimo extraviarse. Lo digo por experiencia.
Zona de pase de paloma, una veintena de puestos de caza se distribuyen junto al camino.
Se puede ascender por una pista, muy embarrada, o pegados al barranco. No hay peligro, una alambrada separa el sendero del abismo.
 
Pronto se aprecia la hermosa cascada de San Miguel. Merece la pena demorarse un tiempo en su contemplación. 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 La cascada desde la carretera de descenso del puerto hacia Artziniega.

 
 El camino se introduce poco a poco en el bosque.
 
 
 
 
 
 
 Restos de la lobera de San Miguel.
 
 
A partir de aquí el bosque ofrece escenas mágicas.
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
Al salir del bosque el cielo estaba de un azul luminoso. Pero ha durado poco. No ha hecho mala mañana, pero el cielo ha estado mayormente cubierto. Incluso han caído algunas gotas.
 
 
 
 
 
 
 
 
Cima del Urieta (1.117 m.). El buzón estaba caído.
 
 
Aro desde el Urieta.
 
 Desde el Urieta me he dirigido hacia el llamado Campo Moscadero. No hay senderos y es preciso prestar atención para adivinar dónde puede quedar la cumbre.


 Combre del Moscadero (1.132 m.). De nuevo, el buzón estaba caído.
 
 Vistazo hacia el Urieta.
Vistazo hacia Aro y Eskutxi.
 
 Desde el Moscadero vuelta al Urieta (aunque es posibledescender directamente) y a desandar el camino.
 
 
 
De izquierda a derecha: Eskutxi, Aro y Urieta.
 

Una excursión sencilla y bonita. Más que recomendable.

sábado, 21 de diciembre de 2019

Breve elogio de la errancia

Akira Mizubayashi
Breve elogio de la errancia
Traducción de Mercedes Fernández Cuesta
Gallo Nero, 2019

"No me gustan los desplazamientos. Soy de naturaleza muy sedentaria. Estoy bien donde me encuentre. No obstante, ¿me atrevería a definirme como un ser errante? Mi errancia, de haber errancia, es de orden interior, como la de todos mis grandes héroes convocados en las páginas anteriores. Pero es también y sobre todo de naturaleza lingüística. Comenzó hace ya más de cuarenta años entre dos lenguas, entre por un lado la de mis padres, la que me llegó de modo natural, la que me atraviesa de arriba abajo y, por otro, la que me fuí a habitar, de la que elegí apropiarme, de la que decidí hacer un lugar de anclaje que me permitiera distanciarme de lo que mi lengua de origen me obliga a ser".


Akira Mizubayashi (Sakata, 1951) cursó estudios superiores de lenguas y civilizaciones extranjeras en Tokio y entre 1973 y 1976 estudia pedagogía en Francia, la Universidad Paul-Valéry de Montpellier, graduarse de profesor de francés como lengua extranjera. Desde 1983 enseña francés en diversas universidades de Tokio. Apasionado por la obra y la perspectiva filosófica de Rousseau, Mizubayashi se considera a sí mismo un "errante sedentario", un errante interior, emocional y lingüístico.

En este breve pero profundo ensayo cuestiona el conformismo comunitarista japonés, tradicional y hegemónico, que alcanzó su cénit con el Estado imperial nipón, concebido como "cuerpo estado-moral" hacia el que el individuo debe una "responsabilidad infinita". Este modo de existencia "obstaculiza la aparición de seres singulares asociativos y su avance por el camino de una verdadera apropiación democrática". Porque el autor considera que esa mentalidad no terminó con la derrota del Japón imperial en la Segunda Guerra Mundial, sino que continúa muy presente en la actualidad:

"La sociedad japonesa de 2013, entregada a la indiferencia masiva y la ignorancia de la cultura deliberativa, sigue siendo  una sociedad dispuesta a sucumbir ante la tentación conformista de la mayoría".

Mizubayashi contrasta esta realidad, característica de su sociedad y su cultura de origen, con la realidad que él ha conocido en Europa y que ha querido hacer suya:

"En Europa occidental, el conformismo es objeto de una crítica acerba cuando se confunde con la sumisión a a la tiranía de la mayoría. En Japón, es más bien la voz (o la vía) de la sabiduría, como indica el proverbio antes mencionado: 'Déjate envolver por lo que es largo'".

Así y todo, también existe en la tradición japonesa una figura que rompe con el conformismo hegemónico y encarna la errancia: se trata del ronin, el samurái sin señor, vagabundo, que es el personaje central de tres grandes películas de Akira Kurosawa: Yojimbo (1961), Sanjuro (1962) y, acaso la más conocida, Los siete samuráis (1954), que Mizubayashi considera un ejercicio explícito de derribo de la idea de "cuerpo estado-moral [...] en beneficio de otro cuerpo que es, precisamente, un cuerpo político no ya informado por una instancia tutelar exterior sino fundamentalmente nacido de la voluntad común de los individuos reunidos".

Reivindicación del distanciamiento crítico respecto de lo que nos viene dado (familia, cultura, tradición, lengua, patria) y elogio de un proyecto de "individualidad kurosawaitiana", consistente en la constitución de "un ser singular que tiende a compartir y es consciente de su dimensión plural". Un proyecto esencial no sólo para Japón, también para una Europa bastante menos roussoniana de lo que Mizubayashi afirma y mucho más conformista-comunitarista de lo que acaso imagina.

jueves, 19 de diciembre de 2019

¿Por qué funciona el populismo?

María Esperanza Casullo
¿Por qué funciona el populismo?
Siglo Veintiuno, 2019


"Un mito populista debe lograr tres objetivos básicos: explicar quién forma parte del pueblo, del nosotros; explicar quién es el villano que le ha hecho un daño a ese nosotros, y justificar por qué el pueblo necesita de ese líder para reparar el daño sufrido, encarar la lucha épica y lograr finalmente su redención histórica".

La politóloga argentina María Esperanza Casullo ha escrito un libro titulado con un interrogante que empieza a ser respondido desde el subtítulo: "El discurso que sabe construir explicaciones convincentes de un mundo en crisis".

Aunque en la primera página escriba que "el populismo es un fenómeno íntimamente asociado a la historia latinoamericana" (al análisis de los casos de Hugo Chávez, Evo Morales, Néstor y Cristina Kirchner, Rafael Correa, Fernando Lago y Mauricio Macri dedica los caps. 3 y 5) lo cierto es que,  lejos de ser una anomalía propia de países subdesarrollados o de Estados fallidos, el populismo es un fenómeno asociado íntimamente a la propia democracia y, por ello, una opción siempre presente en el repertorio de estrategias a las que pueden recurrir los dirigentes políticos y que se vuelve especialmente tentadora en tiempos de incertidumbre y de crisis. "En política, sostiene con razón la autora, el populismo funciona". De ahí su extensión por Estados Unidos y Europa (a cuyo análisis dedica el cap. 4).

Desde un planteamiento deudor de la teorización de Chantal Mouffe, Casullo aborda el populismo como un "género discursivo" opuesto al discurso tecnocrático, que se identifica con las élites políticas, económicas y culturales. Su eficacia se explica por su capacidad de recoger las preocupaciones, incertidumbres y miedos de la ciudadanía y proponerles una explicación clara (aunque pueda no ser cierta) y una salida sencilla (aunque pueda no ser viable). A la caracterización de este discurso populista y al análisis de las razones de su éxito están dedicados los caps. 1 y 2, para mí los más interesantes del libro.

Entre la ya amplísima y creciente literatura académica que aborda el populismo el libro de María Esperanza Casullo puede leerse como una introducción al fenómeno, sin juzgarlo ni condenarlo, invitando a comprenderlo como expresión política que siempre estuvo ahí, que en la actualidad está en auge y que va a continuar mostrando su influencia en el futuro.

Como escribe la autora: "Tal vez sea cierto que los discursos populistas no configuran programas ideológicos complejos y articulados, pero sí generan líneas de perspectiva (por decirlo de algún modo) para la acción futura: determinan aliados y adversarios, y delimitan campos de acción posibles a favor de unos y en contra de otros".

Siendo así, conviene armarnos de herramientas analíticas para entender y gestionar el momento populista en que nos va a tocar vivir en los próximos años, más que nada para que nos nos impongan los adversarios equivocados...