domingo, 7 de junio de 2015

Blues del refugiado

Dicen que esta ciudad llegó a los diez millones,
unos en agujeros y otros en mansiones;
pero no tiene sitio, mi amor, para nosotros.

Tuvimos una patria que creíamos bella;
todavía en el atlas te encontrarás con ella,
pero ir no podemos, mi amor, ya no podemos.

Allá en el cementerio del pueblo sigue el tejo
dando flor cada año aunque sea muy viejo.
No hacen igual, mi amor, los viejos pasaportes.

El cónsul golpeó la mesa de repente:
"Sin pasaporte, están muertos oficialmente".
Pero estamos aún vivos, mi amor, estamos vivos.

Los de aquel comité me atendieron corteses
y me dijeron: vuelva dentro de doce meses.
¿Pero hoy dónde iremos, mi amor, hoy dónde iremos?

En el mitin oí al orador gritar:
"Nos quitarán el pan si consiguen entrar";
hablaba de nosotros, mi amor, sí, de nosotros.

Me pareció que el cielo retumbaba muy fuerte:
era, en Europa, Hitler pidiendo nuestra muerte;
nos tenía en la cabeza, mi amor, en la cabeza.

Vi un caniche con ropa que un broche sujetaba,
vi una puerta entreabierta por la que un gato entraba;
pero no eran, mi amor, judíos alemanes.

Bajé al puerto; en el muelle me puse a contemplar
que nadaban los peces con total libertad,
solamente a tres metros, mi amor, sólo a tres metros.

Vi, en el bosque, a los pájaros posados en las ramas;
no tenían políticos y a sus anchas cantaban:
no eran la humanidad, mi amor, la humanidad.

He soñado con casas que tenían mil pisos;
mil ventanas, mil puertas tenía un edificio,
pero ninguna nuestra, mi amor, ninguna nuestra.

Bajo la nieve estaba de pie yo en un gran llano
que miles de soldados andaban rastreando:
iban a por nosotros, mi amor, a por nosotros.


("Blues del refugiado" - W.H. Auden, Otro tiempo, Editorial Pre-Textos, 2002, pp. 194-197)

Tan sólo cambiemos "judíos alemanes" por "sirios"... 

martes, 26 de mayo de 2015

Elecciones locales 2015: un primer vistazo desde Euskadi

En unas elecciones locales los resultados, nunca mejor dicho, siempre van por barrios. Y estas en concreto, que además de locales se han mostrado un punto “locuelas” (según el DRAE: “Dicho de una persona: De corta edad, viva y atolondrada”), hace que el análisis pormenorizado exija dedicar más tiempo que en otras ocasiones. Así pues, tómese lo que sigue como una primerísima y muy general reacción a lo ocurrido ayer. Todos los datos proceden de la web del Ministerio del Interior.

1.- Empezando por lo obvio, el PNV se consolida como referencia política central en Euskadi. Si en 2011 obtuvo el 30% de los votos y 872 concejales, en 2015 ha aumentado su porcentaje de votos hasta el 33% y el número de concejalías a 1.017; en total, casi 34.000 votos más. ¿Cómo puede explicarse este fenómeno? Como hemos visto en diferentes convocatorias electorales, no sólo en el escenario nacional sino también en el internacional, ser partido de gobierno en época de crisis no es precisamente contar con una carta de triunfo; al contrario, es algo que pasa factura. Pero no en el caso del PNV. ¿O tal vez habría que decir “de este PNV”? Bajo el liderazgo de Iñigo Urkullu, el partido jeltzale ha sido capaz de presentar su mejor cara al electorado vasco: la de un partido responsable, centrado en la gestión, que no genera conflictos, con una clara dimensión social: extraditado el seny de Cataluña, este ha encontrado un nuevo oasis de sensatez en Euskadi. ¿Y lo de la corrupción?, dirán algunos. Comparado con lo que ocurre en España, lo de aquí parece simple menudeo.
 
2.- A pesar de la pérdida de algunas de sus plazas fuertes, especialmente Donostia-San Sebastián, EH Bildu apenas ha disminuido su porcentaje de voto en dos puntos porcentuales (del 25,45% de 2011 al 23,40% de ayer), aunque esta brevísima diferencia ha supuesto bajar de 954 a 896 concejales y perder 22.000 votos en toda Euskadi. Lo más importante, en mi opinión: la izquierda abertzale ha abrazado definitivamente la democracia representativa, con todo lo que ello supone. Al fin se han convertido en aquello que combatían hace cuarenta años.
 
3.- El PSE continua su lento pero implacable descenso: del 16,34% del voto y los 235 concejales de 2011 al 14,55% y los 203 concejales de hoy; en conjunto, 19.000 votos menos. En este caso, sería muy necesario bajar al nivel de los “barrios”, pues las dinámicas del voto socialista dibujan realidades muy curiosas: los casos tan distintos de Barakaldo y Portugalete, o de Bizkaia y Gipuzkoa. ¿Por qué en unos se pierde y en otros se gana? Otra cuestión de mucho interés: estas elecciones han dejado claro que aunque el PSE es el partido de la izquierda-no nacionalista que más votos recibe, ya no recibe la mayoría de estos votos de izquierda. La “constelación-Podemos” suma más votos, aunque su dispersión minimice su presencia en Euskadi.
 
4.- El PP vasco se ha estrellado contra el PP español y ha pagado la factura del fiestorro del austericidio y la corrupción al que se han entregado con frenesí sus camaradas: una caída del 13,53 al 9,41% de votos (44.000 votos menos que en 2011) y una pérdida de más de 80 concejalías. Poco más hay que añadir.
 
5.- En cuanto a “los nuevos”, Euskadi desberdina da. Ciudadanos no cuaja y el Podemismo se enfrenta contra sí mismo. Su división suma aritméticamente, pero resta políticamente. No tiene pinta de que esto se vaya a volver Barcelona o Madrid, lo cual es una lástima, pero al menos las nuevas agrupaciones han roto el bipartidismo nacionalista (PNV/Bildu) característico de muchas localidades costeras, como Bakio o Bermeo, y recogen un voto de izquierda que el PSE no ha sabido atraer, evitando su desaparición por el agujero de la abstención.
 
6.- Por último, una breve referencia a los casos de Vitoria y de Sestao, donde dos alcaldes denunciados por sus actitudes hacia la inmigración (no entro ahora a valorar los casos) han conseguido unos resultados sobresalientes. ¿Es que acaso la sociedad vasca está derivando hacia escenarios tan preocupantes como los que se vienen delineando en otros lugares, con un electorado crecientemente orientado hacia discursos formalmente xenófobos? No lo creo. De hecho, Juan Maria Aburto ha cosechado unos excelentes resultados en Bilbao a pesar de que en su momento hubo quienes quisieron utilizar en su contra su firme apuesta a favor de la RGI y en contra de la estigmatización de determinados colectivos de personas inmigrantes. Más bien creo que: a) los responsables políticos tienen una enorme capacidad de construir la “zona de aquiescencia” (Pippa Norris), es decir, el espacio de los que se puede/debe o no decir en el debate sobre la imigración; b) que cuando los responsables políticos optan por un discurso o por otro, están pulsando unas teclas que existen en la sociedad: tanto la tecla compasiva como la implacable; y c) que las organizaciones que trabajan en favor de las personas inmigrantes deben ser más conscientes de que su oposición a los discursos y comportamientos susceptibles de generar aquiescencia hacia la xenofobia debe ser frontal, sí, pero también inteligente, ya que hay formas de plantear esta oposición que pueden dejarnos internamente muy satisfechos, pero que desde una perspectiva estratégica resultan nefastas.

lunes, 25 de mayo de 2015

Pecas contra Esperanza

Mañana empezaremos con los primeros análisis de las elecciones de ayer.
Pero hoy quiero compartir esta foto, que yo he visto en EL CORREO, y que desmiente ese dicho de que "tarde o temprano el perro acaba pareciéndose al amo".
Pecas tenía muy claro que la nefasta Aguirre no es de los suyos.
¡Cómo se resiste el animalito! Igualito que la mayoría de las madrileñas y los madrileños.
¡Una alcaldesa progresista para Madrid ya!

domingo, 17 de mayo de 2015

Recuperando lecturas

Vamos a tomarnos un breve respiro, que a partir de mañana casi todo va a tener que ser política.
Algunas lecturas recientes, para compartir. Empiezo con cuatro novelas, para terminar con tres ensayos.

Un filo de luz

La primera es Un filo de luz (Salamandra, 2015), la última de Montalbano. Cada vez más viejo, cada vez más frágil, cada vez más sabio, haber acompañado al comisario de Vigàta durante nada menos que 23 historias hace que las novelas firmadas por Camilleri sean menos "historias policíacas" y más prospecciones sobre la compleja naturaleza humana.. La vida sentimental de Montalbano ha estado a punto de dar un giro radical, y uno se alegraba de esa última ocasión para ser feliz representada por Marian, una mujer inteligente y hermosa. Al final, la compasión  y el pasado sufrido en común se impondrán a la posibilidad de un futuro luminoso.

megustaleer - Distintas formas de mirar el agua - Julio Llamazares

Continuamos con otra última novela, en este caso firmada por el escritor leonés Julio Llamazares: Distintas formas de mirar el agua (Alfaguara, 2015). Sorprendentemente, no hay rastro de este libro en la página de la editorial, como si las aguas de los pantanos que cubren tantos pueblos en León y en Palencia hubieran borrado también todo rastro digital del libro de Llamazares.
Dieciséis personas unidas por lazos familiares contemplan las aguas del pantano que anegó las tierras donde se ubicaba, entre otros, el pueblo de Ferreras, lugar de nacimiento de Domingo, de su mujer, Virginia, y de sus hijos más pequeños. Hasta esas aguas se ha acercado toda la familia para arrojar las cenizas del abuelo Domingo y así cumplir su última voluntad de acabar su existencia lo más cerca posible de la tierra, hoy sumergida, donde creció, Cada mirada es distinta: la de la viuda, la de las hijas e hijos, la del hermano, la de la nuera o la del yerno, la de los nietos. Todas juntas construyen un collage que, surgido en un pequeño rincón de la montaña, adquiere rasgos de drama universal.

megustaleer - Sueños de trenes - Denis Johnson

La tercera novela está firmada por el estadounidense Denis Johnson, y se titula Sueños de trenes (Random House, 2015). Una historia que entronca con la tradición de Erskine Caldwell, Johm Steinbeck o Cormac McCarthy. Su protagonista, Robert Grainier, es un jornalero pobre y trabajador, golpeado durisimamente por la vida, que sin embargo continuará su existencia hasta bien pasados los 80 años ligado como si de un árbol se tratara a un reducido trozo de terreno situado en plena naturaleza salvaje.

Portada de El invierno del lobo

Seguimos con los reencuentros: Camilleri, Llamazares y ahora John Connolly. No sé por qué, pero hay ciertos autores a los que sigo en todas y cada una de sus obras. La última de Connolly se titula El invierno del lobo ((Tusquets, 2015), y en ella encontraremos todo lo que esperamos de una de esas historias protagonizadas por el torturado investigador privado Charlie Parker: una historia que parece escrita al alimón por Raymond Chandler y por H.P. Lovecraft, donde el horror cósmico y la pesquisa detectivesca se mezclan con maestría. Y siempre, como marca de la casa, la extraordinaria capacidad de empatía y compasión del tándem Parker-Connolly:

  • "Ser indigente es un trabajo a jornada completa. Ser pobre es un trabajo a jornada completa. Eso es lo que no entienden quienes echan en cara a las personas desfavorecidas que no salgan al mundo y busquen un empleo. Ya tienen un empleo, y ese empleo es la supervivencia".
  • "A veces me pregunto cuánto hemos avanzado como sociedad en lo que ataña a las mujeres. Cada vez que enciendo la tele y oigo a un gilipollas con una americana de sport quejarse de las feministas, me entran ganas de pegarle fuego, y ya ni le cuento lo que pienso de esas taradas que un día se ven en lo alto del montón y rechazan el concepto mismo de feminismo, como si su éxito no se basara en la lucha de generaciones de mujeres. Las reto a pasar un día aquí en compañía de una mujer de cuarenta años cuyo marido lleva tanto tiempo quemándola con un cigarrillo que tiene que buscar un sitio donde aún le duela, o de una chica de diececinueve obligada a llevar pañal por lo que le hizo su padrastro, y que luego me digan que no son feministas".

Visor Literario nº 17

Y pasamos ahora a los ensayos. El primero es Un velero bergantín (Visor, 2014), de Luis García Montero. Subtitulado como "Defensa de la literatura" y dedicado a los profesores de literatura y a los lectores, es una reivindicación de la literatura como medio para edificar la imprescindible imaginación moral sin la cual el mundo se ve reducido a un mero campo de batalla. Un ensayo repleto de invitaciones a reflexionar sobre la  actual situación política:
“Nunca viene mal un poco de escepticismo.[...] Pero una cosa es vigilar, llamar a la conciencia, abrir las ventanas que aseguren el aire libre y la respiración, y otra convertir la sospecha en un mecanismo de paralización completa y de anclaje en el mal. [...] Como el mundo está mal, va a peor y ya no sirve eso de que vivimos en la realidad menos mala de las posibles, me parece un lujo excesivo renunciar a la esperanza (por modesto que sea el valor que queremos darle a esta palabra). La perspectiva del descrédito, que sirvió para ponernos en guardia contra los peligros del futuro perfecto, ha pasado a mayores y quiere acabar también con el futuro imperfecto”.
¡Menos mal que no me toca votar en Madrid!. Qué problema tendría para elegir entre García Montero (a quien tanto admiro como escritor), Gabilondo (con quien tuve oportunidad de compartir política aplicada, él en el ministerio de Educación, yo en la comisión de Educación del Senado) y José Manuel López (buen amigo, siempre comprometido con las mejores causas). ¿Por qué no es posible votar a los tres?


Seguimos con el libro de Jón Gnarr De cómo me convertí en alcalde y cambié el mundo (Capitán Swing, 2015). Hablando de elecciones, municipales por más señas, este libro nos ofrece el relato en primera persona de una ocurrencia provocadora transformada en realidad: la constitución desde la nada de un partido político -el "Partido Mejor"- y su transformación en el partido más votado en la capital de Islandia en las elecciones de 2010, con el 35% de los votos. "Hemos descuidado la democracia", advierte Gnarr. Bueno sería enmendar ese descuido, también por estos lares.



Y termino con La granja urbana, de Novella Carpenter (Capitán Swing, 2015). la autora, bióloga, periodista y, sobre todo, activista, narra con amor y con humos su experiencia como granjera urbana en uno de los barrios más conflictivos y degradados de la ciudad de Oakland, en California. "Plantar en las grietas de la ciudad", para transformarla. Una historia preciosa, excelentemente bien contada.

martes, 12 de mayo de 2015

¿Es Podemos un suflé? Si lo es, es el suflé de toda la izquierda

El relativo descenso en la expectativa de voto hacia Podemos que las últimas encuestas apuntan, además de distintos episodios de conflictividad interna, han llevado a muchos analistas políticos a aplicar al nuevo partido el calificativo de “suflé”. ¿Es realmente Podemos un suflé, un fenómeno puramente coyuntural, fruto de una serie de circunstancias, espectacular en su irrupción inesperada en mayo de 2014, pero que acabará volviéndose relativamente marginal en el medio plazo? Esta es, también, la expectativa de los partidos de izquierda “de siempre”, PSOE e IU, olvidando sus propios orígenes: que, más allá de la incertidumbre en que se celebran las próximas elecciones y una vez amortizada la inercia de su fabulosa arrancada, el electorado progresista optará por la experiencia frente al aventurerismo.
Cualquier cosa puede ocurrir y quien esto firma no es un experto en sociología política, pero tengo la convicción de que el futuro de la izquierda en España va a depender, no tanto de Podemos, cuanto del diagnóstico que hagamos del “fenómeno Podemos”; y si ese diagnóstico va a girar en torno al recetario del suflé, creo que nos estaremos equivocando hoy pero, sobre todo, estaremos cerrando las posibilidades a una alternativa progresista mañana.

Carente de pericias propias a la hora de analizar los procesos políticos, vengo aprendiendo mucho con la lectura de los trabajos de José Fernández-Albertos, investigador del CSIC y habitual analista en las páginas digitales de este diario. En concreto, la reflexión que quiero compartir surge de la lectura de su último libro: Los votantes de Podemos: del partido de los indignados al partido de los excluidos (Los libros de la catarata, 2015). En esta investigación Fernández-Albertos propone y justifica empíricamente una argumentación de gran interés, que con su permiso resumo a continuación. En todo caso, recomiendo a las y los lectores de este comentario que acudan directamente al libro en cuestión.



La crisis de 2008 y las políticas de austeridad aplicadas por los sucesivos gobiernos en España hicieron surgir dos tipos de crítica o descontento: por un lado, sectores relativamente acomodados, políticamente activos, muy críticos con las políticas de austeridad, partidarios de “otra” Europa, pero esencialmente europeístas; por otro, sectores económicamente más vulnerables y hostiles al proyecto europeo y a la moneda única. Como resume el autor: “El descontento era generalizado, sí, pero era un descontento muy difuso, construido a partir de grupos con visiones de la crisis y preferencias políticas muy heterogéneas”. La aparición de una nueva opción electoral con las características de Podemos ha servido para atraer hacia un mismo espacio políticamente organizado a estos dos grandes espacios desarticulados de descontento. Al principio, fueron los primeros (mejor informados, más politizados pero menos afectados por la crisis) quienes se acercaron a Podemos; a medida que el nuevo partido ha ido siendo más conocido, ha empezado a atraer más claramente a personas anteriormente menos politizadas y más vulnerables económicamente. El resultado: “Podemos es hoy un poco menos un movimiento de renovación política y un poco más un partido de clase”.

Y es aquí es donde dejo de referirme al interesante libro de Fernández-Albertos para llevar la reflexión por mis propios derroteros, que me llevan hasta el año 1985, cuando el sociólogo y secretario general del Partido Socialdemócrata Alemán, Peter Glotz, publica su Manifiesto por una nueva izquierda europea, editado dos años más tarde en España con prólogo de Felipe González. En ese libro, escrito en el contexto de una Europa amenazada por la tensión nuclear y la desindustrialización, con el horizonte de unas sociedades de dos tercios y un proyecto neoliberal triunfante, Glotz plantea una fórmula extraordinaria, que desde entonces no he dejado de recordar en múltiples circunstancias: “La izquierda debe poner en pie una coalición del mayor número posible de fuertes con los débiles, en contra de sus propios intereses; para los materialistas estrictos, que consideran que la eficacia de los intereses es mayor que la de los ideales, ésta puede parecer una misión paradójica, pero es la misión que hay que realizar en el presente”.

El espacio de la izquierda siempre ha estado tensionado entre quienes desean la transformación social y quienes la necesitan; entre quienes lamentan solidariamente las crisis y quienes las sufren materialmente. El problema es que quienes optamos ideológicamente por el cambio, que además somos las y los “fuertes” (en mejor posición socioeconómica, con más capital cultural, etc.), podemos sentir que ese cambio, ya sea en sus contenidos o en los procesos para lograrlo, afecta de alguna manera a nuestros intereses, materiales o no: que sintamos que “nos roban” la cartera o el alma, el cómodo bienestar o la pureza de nuestras convicciones.

Puede que el relativo debilitamiento de Podemos tenga que ver con esta tensión entre la aspiración ideológica al cambio y la necesidad material del mismo. Si es así, en Podemos se estaría librando la batalla de la que depende el futuro de la izquierda. Y nadie, desde este espacio ideológico, debería asistir a la misma como si la cosa no fuera con ellos.

>> Publicado en ELDIARIONORTE.ES

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sábado, 9 de mayo de 2015

Guerra fría, espías y casta



He disfrutado mucho con las novelas de Graham Greene, pero no tanto con las de John le Carré, y ello a pesar de que ambos han abordado en varias de sus obras (especialmente en El tercer hombre y en El topo, respectivamente) el tema del espionaje  durante la guerra fría, con su juego cruzado de engaños, astucias y traiciones. La época es sin duda fascinante, y algunos de los episodios ocurridos merecen una aproximación no ya desde la literatura, sino desde la sociología política.
Me refiero a casos como el de "los cinco de Cambridge": que en los años 30 destacados miembros de la élite británica asumieran un compromiso tan fuerte con el comunismo es enormemente interesante.

Sobre esta época y sobre este grupo de espías británicos al servicio de la URSS trata el libro de Ben Macintyre, Un espía entre amigos (Crítica, 2015). Desde su publicación, en marzo, Javi Cámara no hacía más que recomendármelo, pero yo me resistía, y siempre eran otros los libros que se venían conmigo al salir de la librería. Como digo, aunque la época de la guerra fría me parece muy interesante (una gran obra al respecto: Postguerra, de Tony Judt) me daba pereza enfrentarme a "otra de le Carré". Hasta que la semana pasada cuando me iba con mi compra semanal, Javi me prestó el libro de Macintyre en un intento desesperado por hacérmelo leer.
Así lo he hecho, y debo confesar que el libro está muy bien. Se lee como una novela, con el interés añadido de tratarse de una historia real excelentemente documentada. Así pues, a pesar de mis resistencias iniciales, lo recomiendo.
Lo que más me ha interesado del libro es la manera en que en aquella época el clasismo imperante en la sociedad británica (clasismo que hoy sigue muy vivo: en un próximo comentario hablaremos del libro de Owen Jones, The Establisment) hizo que la labor de quienes trabajaban como agentes dobles al servicio de la URSS resultará mucho más sencilla.

Por una parte, se trata de un mundo paralelo, oscuro, cerrado sobre sí mismo, en el que sin embargo la relación continua y cruzada entre las personas que de una forma u otra tienen que ver con el mismo es imprescindible. De manera que: "El intercambio de información interna es uno de los puntos débiles del mundo de la inteligencia; a los espías no se les permite explicar nada de lo que hacen a personas ajenas al oficio, por lo que aprovechan la menor ocasión para discutirlo con sus iguales".
Pero, ¿quiénes son esos "iguales"? ¿Cómo reconocerlos en un mundo de secretos, apariencias y engaños, donde el criterio de funcionamiento más seguro debería ser la sospecha sistemática? En este punto es donde el racismo de clase le jugó una mala pasada al espionaje británico.

Un ejemplo es la fallida operación contra el régimen comunista albanés de Enver Hoxha en 1949. Philby, el más famoso de los cinco de Cambridge, anticipó todos los datos de la operación a sus superiores soviéticos, y estos a sus aliados albaneses. ¿Cómo? Muy fácil: el responsable de inteligencia de la operación "le rebeló a Philby, entre copa y copa, las coordenadas exactas de todos y cada uno de los puntos de entrada de la CIA en Albania". Tras el fracaso de esta operación, estaba claro que alguien estaba pasando información a los rusos. Ese alguien fue denominado "Homero"; había que descubrirlo. Pero el humo del prejuicio de clase nublaba los ojos de los investigadores:
La investigación conjunta del FBI y el MI5 todavía no había logrado identificar al espía llamado 'Homero'. Los investigadores parecían convencidos de que el topo de la embajada británica tenía que se un empleado local, alguno de los conserjes o sirvientes, aun a pesar de que la información enviada por 'Homero' era de alto nivel. Tras su salida de Washington en 1948, Donald Maclean se había trasladado a El Cairo como consejero y canciller de la embajada de Gran Bretaña. Su comportamiento resultaba cada vez más extraño debido a su doble vida, pero lo que nadie imaginaba era que aquel diplomático inglés educado y culto pudiera ser un espía de Rusia. Maclean era hijo de un antiguo miembro del gabinete, un hombre formado en el sistema de las escuelas de élite y en Cambridge, y miembro del Reform Club, y como tal estaba al margen de toda sospecha gracias, en palabras de Philby, a aquel "bloqueo mental que se negaba rotundamente a aceptar que los miembros de la clase dirigente pudieran cometer ese tipo de prácticas".

A lo sumo, comportamientos cuando menos delicados en el ámbito de los servicios secretos, como las borracheras, la promiscuidad sexual o las peleas, eran reducidas a meras "excentricidades":
Al parecer, el que uno se emborrachara y le diera por destrozar pertenencias ajenas no era impedimento para medrar en el servicio diplomático británico, siempre y cuando uno perteneciera a la "clase adecuada".

Finalmente acabó por reproducirse en el seno de los servicios secretos británicos una suerte de lucha de clases, y el desenlace de esta fue el que permitió descubrir la traición de los cinco de Cambridge:
Las actitudes encontradas frente a Philby de los dos servicios de inteligencia británicos eran el reflejo de una falla cultural que antecedía a esa crisis y que la sobreviviría hasta hoy. El MI5 y el MI6 -el Servicio de Seguridad y el Servicio Secreto, equivalentes en líneas generales al FBI y la CIA- se solapaban en muchos aspectos, pero sus puntos de vista eran fundamentalmente distintos. El MI5 tendía a reclutar antiguos agentes de policía y soldados, hombres que en ocasiones hablaban con acento regional y que con frecuencia ni conocían ni les importaba el orden de los cubiertos en una cena formal. Hacían cumplir la ley y defendían el reino, atrapaban a espías y los llevaban a juicio. En el MI6 predominaba un ambiente más cercano a las escuelas privadas y Oxbridge; sus hombres tenían un acento más refinado y vestían mejores ropas. [...] El MI6 era de clase media alta (con algunos aristócratas); el MI5 era de clase media (y en ocasiones trabajadora). Dentro del sistema de gradaciones  y estratificación social tan caro a los británicos, el MI5 era "plebeyo" y popular, mientras que el MI6 era un cuerpo caracterizado por la caballerosidad, el elitismo y la camaradería. Los agentes del MI5 eran cazadores; los del MI& recolectores.

Los cazadores del MI5, insensibles ante los marcadores de la clase, resolvieron finalmente el enigma.

jueves, 7 de mayo de 2015

Del fútbol también se sale



Ánimo, camaradas: ¡que no cunda el pánico!
¿Y si lo de la huelga del fútbol va en serio?
Puede que durante una temporada experimentéis una terrible sensación de ausencia: ocurre con todas las adicciones.
Pero, superada esa fase, os descubriréis más... más libres.
Ánimo, que del fútbol también se sale.