miércoles, 7 de agosto de 2013

Escenas del Alto Carrión

Espigüete (2.450 mts.) desde los Pozos de las Lomas (superior). Fotografía sacada el 5 de agosto, con un teléfono cutrecillo. Pero creo que se aprecia la hermosura del paisaje.


Dos ciervos machos en la pista que va de Camporredondo de Alba hasta Triollo. Se fueron ocultando, hasta que sólo se les veían las astas. Fotos sacadas el 27 de julio.La segunda es de Naia.
 

domingo, 28 de julio de 2013

Golpe de sociedad

Muy recomendable el ensayo de Antonio Muñoz Molina titulado Todo lo que era sólido, publicado por Seix Barral.
El libro es, en primer lugar, la descripción de un espejismo colectivo,  eso que desde hace un lustro venimos denominando "la crisis".
¿Cómo ha podido pasarnos "esto"? ¿Cómo puede ser que, de la noche a la mañana, nos acostáramos prósperos, felices y confiados, para despertarnos como deudores sin honra ni crédito, acongojados por un futuro oscuro e incierto? En las primeras páginas del libro Muñoz Molina os ofrece una magistral descripción de este amargo despertar:

"Todo lo que era sólido se desvanece en el aire. Lo que recordamos es como si no hubiera existido. Lo que ahora nos parece retrospectivamente tan claro era invisible mientras sucedía. En Nueva York, entre 2004 y 2006, cada mañana laboral, yo salía del metro en una estación de la Calla 50 Oeste y lo primero que veía era un edificio de acero y cristal que gracias a algún artificio tecnológico tenía toda la fachada convertida en una pantalla. Se veían cifras de cotizaciones financieras, se veían oleajes que rompían contra playas agrestes y paisajes vertiginosos del Gran Cañón o de las praderas del Oeste o los arrecifes de coral. Se veía aparecer y desaparecer y agigantarse hasta cubrir varios pisos el letrero de la firma bancaria Lehman Brothers. En la grisura de las mañanas laborales de invierno aquellas imágenes de vana exaltación publicitaria resaltaban sobre las aceras sucias y las cabezas bajas de la gente que acudía a las oficinas o barría la calle o pedía limosna o repartía en bicicleta comidas baratas.
Un día de 2008 salí del metro y la gran pantalla móvil que ocupaba el edificio entero se había apagado y las hileras de ventanas tenían la opacidad de los lugares que llevan abandonados mucho tiempo. De un día para otro uno de los bancos de inversiones más poderosos del mundo había dejado de existir. Lo que había valido mucho de pronto no valía nada. Y quienes había parecido que poseían un conocimiento tan profundo de la realidad que les permitía formular predicciones con la certidumbre tranquila de los antiguos augures resultaba que no sabían nada, que no habían anticipado el desastre y ahora no tenían idea de cómo remediarlo".
Pero, como señala con acierto el autor, "con una economía especulativa se corresponde sin remedio una conciencia delirante" [...] No eran expertos en economía sino en brujería".

España ha tenido su propia expresión de esta conciencia delirante. Muñoz Molina recuerda lo que ocurría en 2007, en ese "país salvaje" de recalificaciones fraudulentas, pelotazos inexplicables y constructores con apodos tan cutres como sospechosos: "el Cipri, el Pocero, el Palomo, el Luigi, Sandokán".  Las páginas 143-149 y 157-159 me recuerdan otro libro, El año que tampoco hicimos la revolución, firnado por el Colectivo Todoazen: un recopilatorio de noticias que, cuando las leíamos en los diarios del momento, podían cabrearnos durante unos segundos -si es que no acababan pasando desapercibidas  por aburrimiento o por hartazgo-, pero que leídas todas juntas, al cabo del tiempo, componen un retablo de inmundicia, desvergüenza, latrocinio y podredumbre que hoy parece imposible de soportar (aunque ayer, mientras todo ocurría, nos parecía patológicamente normal).

Como hicieran en su momento los de Todoazen, Muñoz Molina nos recuerda cosas bien conocidas, ya que aparecían publicadas por la prensa cada día. Nos recuerda cómo por aquel 2007 a.C. (antes de la crisis) todas las ciudades pugnaban por atraer la atención de "arquitectos plutócratas, siempre los mismos, los tres o cuatros nombres preceptivos, los que viajan como divos de ópera en aviones privados y sólo visitan un rato y distraídamente la obra que ungen con su firma", que "iban levantando por todas partes las arquitecturas más inútiles y más caras de Europa".
Pero la cosa venía de lejos. Todo empezó, dice Muñoz Molina, con la Expo de Sevilla. Del mariocondismo al luisbarcenismo, pasando por el hermanismo-guerrista, sin olvidar el roldanismo o el gilismo. Los fastos del 92 abriero la huella para los nefastos del 2008. Aquel fue el pistoletazo de salida para una carrera enloquecida, en la que aún hoy seguimos confiando: "Al margen de las realidades casi siempre deslustradas de su población, su economía, o su situación geográfica, cada ciudad se proyectaba a sí misma en una capital fantástica dotada de un palacio de congresos, de un gran teatro de ópera, de un museo de arte contemporáneo, de uno o varios complejos deportivos de dimensiones olímpicas, un campus universitario. Los congresistas, los aficionados a la ópera, los estudiantes, los artistas contemporáneos, el público, los atletas, las multitudes dispuestas a llenar las gradas, eran tan conjeturables como los cálculos de mantenimiento de todas aquellas escenografías".

Pero había dinero, dinero a espuertas que procedía de Europa, primero, y del crédito, después. Dinero que se iba tan rápida y fácilmente como venía. Dinero ganado sin esfuerzo y gastado sin criterio.
Fue surgiendo así un "país de los simulacros y los espejismos, el de las candidaturas olímpicas y las exposiciones universales, el de las obras ingentes destinadas no a ningún uso real sino al exhibicionismo de los políticos que las inauguraban y al halago paleto de los ciudadanos que se sentían prestigiados por ellas".

En este ajuste de cuentas me identifico plenamente con su crítica hacia esos cómplices necesarios de la simulación generalizada que han sido y siguien siendo todos esos "expertos en comunicación" a sueldo de partidos, administraciones y gobiernos: "individuos dotados de saberes gaseosos y cualificaciones quiméricas [que] obtenían subsidios millonarios con la finalidad de gestionar la administración de la nada, previamente envuelta en grandes castillos de palabras". Touché!

Pero la responsabilidad fundamental del descalabro hay que endosársela a un fracaso colectivo: el fracaso en la creación de lo que Muñoz Molina denomina "la carrera profesional", es decir, una esfera administrativa profesional, conformada desde criterios técnicos y de servicio público, autónoma respecto de la política partidista :
"Lo que sin que nadie lo advirtiera o lo denunciara empezó a suceder hacia mediados de los años ochenta es que al mismo tiempo que las instituciones públicas empezaban a disponer de mucho dinero desaparecían los controles efectivos de legalidad de las decisiones políticas. Entre todos los errores de la Transición española que se aireaban tan acusadoramente cuando aún nos estaba permitido el lujo de la obsesión por el pasado, uno de los más graves no lo ha mencionado casi nadie: la incapacidad de crear una administración pública profesional, solvente, atractiva como oportunidad de trabajo y progreso personal, austera, ajena a la política y a los vaivenes electorales, escrupulosamente sujeta a la ley".
Se encontraron con dinero, con mucho dinero, y sin controles. De aquellos polvos...

Si no fuera porque sus consecuencias han sido dramáticas, resulta absolutamente cómico leer, contado por quien en muchos casos fue testigo directo de lo que relata, sobre la visita del presidente de la Comunidad Valenciana a Nueva York para promocionar la Ciudad de las Artes y de las Ciencias (pp. 114-117), o la del alcalde Maragall para vender Barcelona también en Nueva York (113-114). El esnobismo y el despilfarro no han conocido fronteras territoriales ni ideológicas:
"Han viajado y siguen viajando sin reparar en gastos a cualquier lugar del mundo, pero quizás el escenario predilecto de sus ficciones internacionales ha sido Nueva York. Era frecuente verlos ocupar con una excitación colectiva de matrimonios de turistas joviales los asientos de business class en los vuelos de Iberia. Alcaldes, concejales, diputados provinciales, presidentes autonómicos, consejeros, jefes de protocolo, asesores, artistas cortesanos, empresarios, representantes de la patronal, sindicalistas. Eran tantos que tenían la inmediata virtud de convertir en un éxito de asistencia cualquier acto que convocaran. En cuanto llegaban al aeropuerto Kennedy los recogían coches alquilados de un lujo oficial y se alojaban en los mejores hoteles. En muchos casos habían contratado previamente a alguna agencia de relaciones públicas que por un precio exorbitante les garantizaba una ficción de relevancia".
El resumen del extravío: "En el periódico de hace cinco años el vicepresidente de Cataluña viaja a la India con un séquito de veinte personas: en el de hoy la Generalitat anuncia que cobrará un estipendio a los alumnos que usen los comedores de las escuelas aunque se lleven la comida de casa".

El ensayo de Muñoz Molina mira al pasado para proyectarse hacia un futuro que quiere distinto: "Y sería desolador que esta crisis no sirviera ni para aprender de los errores, sino para repetirlos y agravarlos para eludir una vez más responsabilidades y buscar chivos expiatorios, para elegir de nuevo el camino fácil de la especulación y el desarrollo destructivo y a corto plazo".
Pero mientras lo leía recordaba ese anuncio indecente, vergonzoso, de Loterías y Apuestas del Estado -lo habrán oído, se repite hasta la saciedad en la radio-, en el que se alardea de que mientras en Estados Unidos se esforzaban por inventar el automóvil en España esperaban a que se comercializara la versión descapotable para adquirirla tras ganar en la lotería. Que un organismo público promueva esta pedagogía del azar frente al trabajo resulta inaceptable. Claro que se trata del mismo Estado que ha decidido asesinar al CSIC y confiar nuestro futuro a aberraciones como el Eurovegas de Alcorcón, que será seis veces mayor que el original (como si eso fuera algo bueno).

"Hace falta una serena rebelión cívica que a la manera del movimiento americano por los derechos civiles utilice con inteligencia y astucia todos los recursos de las leyes y toda la fuerza de la movilización para rescatar los territorios de soberanía usurpados por la clase política". Hace falta.

lunes, 22 de julio de 2013

El mundo sumergido


Embalse del Ebro, julio 2013

Hacía años que no veía el embalse tan crecido. Me emociona observar ese solitario árbol antibaumaniano, único recordatorio de que aún debe quedar algo sólido bajo tanta liquidez. Me detengo a hacer una foto y al llegar a casa busco la novela de J.G. Ballard El mundo sumergido (Minotauro, 1988 [e.o. 1962], pp. 24-27):

"La falta de recuerdos explicaba quizá la indiferencia de Kerans ante el espectáculo de una civilización que se hundía lentamente. Había nacido y había sido educado en la zona limitada en otro tiempo por el llamado círculo polar ártico -ahora una región subtropical, con una temperatura anual media de veinticinco grados centígrados- y fue por primera vez al sur siguiendo una expedición ecológica, cuando ya había cumplido los treinta. Los vastos pantanos y las junglas le parecieron un laboratorio fabuloso; las ciudades sumergidas poco más que pedestales adornados.
Excepto los hombres más viejos, como Bodkin, no había nadie que recordara haber vivido en ellas, y aun en la infancia de Bodkin las ciudades habían sido fortines asediados, encerrados en enormes diques, desintegrados por el pánico y la desesperación. Venecias que se resistían  a celebrar sus bodas con el mar. [...]
El calentamiento continuo de la atmósfera había empezado a fundir los casquetes polares. Los mares helados de las llanuras antárticas se quebraron y disolvieron. Decenas de millares de témpanos del círculo ártico, Groenlandia, la Unión Soviética y América se derramaron en el mar, y millones de metros cúbicos de nieves eternas se licuaron en ríos gigantescos.
[...] El Mediterráneo se transformó en un sistema lacustre, y las Islas Británicas se unieron otra vez a Francia. Las llanuras centrales de los Estados Unidos, cubiertas por las aguas que traía el Mississipi de las montañas Rocosas, se convirtieron en un golfo enorme que se abría en la bahía de Hudson, y en el Caribe asomaron unas salinas barrosas. En Europa el agua se acumuló en lagos, y el barro arrastrado hacia el sur inundó las ciudades de las llanuras".

martes, 16 de julio de 2013

El Dr. Almunia y Mr. Joaquín

Quien previsiblemente estampará el 17 de julio su firma en el documento del Colegio de Comisarios de la Unión Europea por el que se exigirá la devolución de 2.800 millones de euros de desgravaciones fiscales aplicadas mediante el tax lease entre 2005 y 2011 no será el Joaquín Almunia socialista vasco, responsable de economía de UGT y candidato en su día a liderar el PSOE, sino el Joaquín Almunia comisario europeo de la Competencia. Si esto queda claro, no hay problema. Porque una cosa es el proyecto histórico, la ideología o incluso la preferencia personal del Dr. Almunia, y otra distinta –en ocasiones tan distinta que se convierte en antagónica- la actuación a la que obliga, en el ejercicio de la responsabilidad institucional, el cargo que ocupa Mr. Joaquín.
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domingo, 14 de julio de 2013

Para acabar con todas las guerras



Como ocurriera con sus dos libros anteriores, El fantasma del Rey Leopoldo y Enterrad las cadenas, en su último libro Adam Hochschild nos ofrece un ejemplo de que otra historia es posible. Una historia que, sin sacrificar el rigor documental, es capaz de mirar los acontecimientos desde otro lugar, desde la perspectiva de quienes la sufren, y sufriéndola también la hacen, casi siempre en contra de las pretensiones de la historia oficial.
Si anteriormente se había ocupado del colonialismo y de la esclavitud, en esta ocasión Hochschild aborda la Primera Guerra Mundial. Lo hace entrecruzando las vidas de quienes la impulsaron, de quienes la sufrieron y de quienes se opusieron a ella.
Entre los primeros, monarcas y emperadores como el rey Jorge V, el zar Nicolás II y el káiser Guillermo II, ligados entre sí por lazos de parentesco y amistad. Generales británicos forjados en las guerras coloniales, convencidos de que la recién inventada ametralladora, de probada eficacia a la hora de masacrar africanos, jamás podría sustituir en una "guerra entre caballeros" los efectos estéticos y estratégicos de una buena carga de caballería. Periodistas, escritores e intelectuales como Kipling, Hardy, Barrie o Conan Doyle, que pusieron su inspiración y su pluma al servicio de la nueva Oficina de Propaganda de Guerra. Pero también partidos y sindicatos socialistas que, salvo honrosas excepciones, no sólo no rechazaron la guerra, sino que se sumaron a la misma traicionando cualquier atisbo de solidaridad de clase.
Entre los segundos, entre las víctimas de esa horrenda guerra, los millones de soldados que, alistados al principio impulsados por la engañosa sensación de libertad que otorga el patriotismo, movilizados a la fuerza a medida que el conflicto se prolongaba en el tiempo, sufrieron la primera guerra total.
Pero el libro de Hochschild es, sobre todo, un homenaje a quienes, en medio de una locura de alcance universal, lucharon por mantener activo el espíritu internacionalista y el grito de Guerre à la guerre! que en julio de 1914, unos meses antes de que estallara la contienda, unió en Bruselas al líder socialista francés Jean Jaurès y a Hugo Haase, copresidente de los socialdemócratas alemanes. Algunas de ellas fueron personas muy destacadas y conocidas, como Bertrand Russell o Rosa Luxenburgo; otras no gozaron del mismo reconocimiento público, pero su lucha contra la guerra y en favor de la fraternidad de todo el género humano en contra de divisiones raciales y nacionales no fue menos importante: particularmente los más de seis mil objetores de conciencia británicos encarcelados por negarse a tomar las armas, pero también los soldados y suboficiales que intentaron mantener su humanidad en medio de aquel horror. Como aquellos que, en diciembre de 1914, protagonizaron la llamada "Tregua de Navidad":

"En la estrecha franja de tierra que se extiende por el norte de Francia y un rincón de Bélgica se encuentra la mayor concentración de tumbas de hombres jóvenes del mundo. Los ordenados bosques de lápidas o cruces blancas ascienden por pequeñas colinas o se extienden por suaves valles a lo largo de kilómetros, punteadas aquí y allá por las agujas, las columnas y las rotondas de sepulcros más grandes. Desde el Monumento de Nueva Zelanda en Messines, en Bélgica, hasta el Monumento Nacional Sudafricano en el campo de batalla del Somme, en Francia, pasando por los cementerios menos majestuosos que albergan los restos de los soldados senegaleses o trabajadores chinos, el territorio está salpicado de recordatorios de lo lejos que habían viajado algunos hombres para morir. [...]
Sin embargo, tras una semana entera de viaje por el antiguo frente occidental, solo se puede ver un único monumento que conmemore a alguien por haber hecho algo diferente a combatir o morir. A algunos kilómetros de distancia de Ypres, frente a un granero de ladrillo y al otro lado de una carretera comarcal con un solo carril, hay una cruz de aproximadamente un metro y medio de altura hecha con sólidas vigas de madera oscurecida. Cerca de ella, en un tiesto, hay un pequeño abeto derribado por el viento estival; tres bolas plateadas siguen colgando en él, ya que es un árbol de Navidad, y esa cruz artesanal, que no ha erigido ni mantiene ningún organismo oficial de ningún país, se alza en recuerdo de los soldados de ambos bandos que participaron en la Tregua de Navidad de 1914" (pp. 552-553).



Fuente: http://www.antiwarsongs.org/canzone.php?lang=en&id=3155

Leer el libro de Hochschild es reforzar la convicción de que.el fratriotismo ha de estar siempre por encima de cualquier forma de patriotismo, y de que, muchas veces, para salvar al hermano hay que matar -simbólica, emocional y racionalmente- al padre. Porque, como escribe el autor al finalizar el libro:

"Incluso después de que haya transcurrido un siglo de derramamientos de sangre desde la guerra que se suponía que iba a acabar con todas las guerras, estamos dolorosamente lejos del día en el que la mayoría de los habitantes de la Tierra posean la sabiduría de creer, como Alice Wheeldon en la celda en que estuvo encarcelada, que su patria es el mundo".


  • Un documental de Canal Historia realmente interesante sobre la prolongada guerra de trincheras en el frente occidental y la tregua de Navidad.


martes, 2 de julio de 2013

¿Causa general? Solo la mía particular

El vicesecretario general del PSOE de Andalucía, Mario Jiménez, considera que la jueza Mercedes Alaya ha abierto una "causa general" contra los gobiernos de Manuel Chávez y de José Antonio Griñán por sus últimas decisiones en relación al caso de los ERE.
Hace unos días era el vicesecretario de Organización y Electoral del PP, Carlos Floriano, quien denunciaba la existencia de una "causa general contra el Partido Popular y sus dirigentes" por los casos Gürtel y Bárcenas.
¿Será que todos los vicesecretarios de lo que sea se fabrican en el mismo sitio, con el mismo troquel ?
¿Será que los partidos sólo ven causas generales cuando se ven afectados particularmente?

Esto no puede ser. Esto no va bien. Los dos grandes partidos estatales se encuentran atrapados en contradicciones que no consiguen superar. ¿O ni se lo plantean? 
¿Cómo extrañarnos, luego, de que los compis de maco de Bárcenas le consideren un héroe democrático? 


domingo, 30 de junio de 2013

El pacifista

El pacifista - Portada
El pacifista, John Boyne
Salamandra, Barcelona 2013.

He leído de un tirón la última novela de Boyne, el reconocido autor de El niño con el pijama de rayas.
En el escenario atroz de la guerra de trincheras en Francia, entre julio y octubre de 1916, dos jóvenes británicos libran además su particular conflicto, más destructivo a la larga que el conflicto mundial al que se han visto arrastrados por una lógica política que no controlan, y que pronto descubrirán hipócrita y carente de sentido.
Seis décadas después, uno de los protagonistas rememora lo ocurrido, convirtiendo el recuerdo en un acto de expiación.
Muy recomendable, pero no puedo contar más para no fastidiarte la lectura.