martes, 20 de mayo de 2014

Trabajar y morir en la Universidad del País Vasco

En una de sus novelas menos conocidas, titulada El hombre del sótano, el escritor Walter Mosley plantea una desasosegante pregunta: “¿Usted cree que puede tener esa vida fácil de televisión y gasolina sin que nadie sufra o muera en ningún sitio?”
El trabajo es un hecho social que, a pesar de su aparente omnipresencia, tiene una enorme capacidad de camuflaje. Empezando por la bien conocida reducción normativa de todo el trabajo socialmente necesario al empleo mercantilizado, lo que en la práctica significa la expulsión del espacio del “trabajo” de las actividades de cuidado, domésticas, voluntarias, cívicas, etc.; continuando con la tendencia a dar por supuesto que determinados bienes y servicios, particularmente aquellos relacionados con los aspectos más físicos, biológicos o materiales de nuestra existencia (lo que tiene que ver con el la energía, los alimentos o los residuos), dado que vivimos de espaldas a su ciclo de producción, no provienen del trabajo sino, en todo caso, del comercio; finalizando con la ideología del fin del trabajo (físico o material), como si todas y todos habitáramos en un Silicon Valley plenamente terciarizado, tecnológico y creativo (y como si en Silicon Valley nadie tuviera que recoger la basura o elaborar y repartir las pizzas). Nos lo recuerda Delphine Moreau:

“En las oficinas, la limpieza se hace a menudo a horas tardías o pronto por la mañana. Los que trabajan durante el día en esas oficinas pueden no ver jamás a quienes trabajan en la frontera de la noche, vacían sus basuras y limpian sus espacios de trabajo. De esta manera, pueden desconocer sus condiciones de trabajo y literalmente no tener que preocuparse por ello”
Esta lejanía espacial, temporal, física y, sobre todo, psicológica, del trabajo “duro y sucio” es la que permite el surgimiento de lo que Joan C. Tronto ha denominado la “irresponsabilidad de los privilegiados” o, también, la “ignorancia indiferente”.

Fallece un trabajador en la UPV en Leioa al caerse del tejado de la biblioteca central

Hoy ha muerto un trabajador en el Campus de Leioa de la Universidad del País Vasco. Ha muerto en el que es, seguramente, el espacio menos físico y más intelectual del campus: en el edificio donde se ubica la Biblioteca Central. Un lugar consagrado a la lectura, al conocimiento, al pensamiento, a la reflexión.
Su trágica muerte nos debe recordar a todas y a todos los que nos dedicamos al llamado "trabajo intelectual" (¡cómo si cualquier trabajo, por más físico que sea, no precisara del ejercicio de la inteligencia y la razón!) que el mundo sigue siendo un lugar sostenido sobre el trabajo duro, físico, material, de tantas y tantas mujeres y hombres que siembran, cortan, limpian, acarrean, recogen, mueven, arman, sostienen, golpean, mezclan....
Este es el trabajo que sigue sosteniendo el mundo (cuánto simbolismo encierra ese cuerpo roto junto a esa bola del mundo que preside el hall de la Biblioteca) y que no desaparece, por más que una cierta mala mitología sobre el "fin del trabajo" afirme lo contrario. No lo olvidemos. Recordémoslo cada vez que nos crucemos con ellas y con ellos en los pasillos de nuestra universidad.

martes, 13 de mayo de 2014

Crisis y castigo

Las situaciones de crisis económica son momentos idóneos para impulsar dinámicas dirigidas a recomponer las relaciones sociales, particularmente las relaciones de fuerza entre los distintos grupos sociales. Siempre ha sido así. Nada mejor que una buena crisis, ya sea “real o percibida”, para imponer una agenda de reformas a una población en estado de 'shock'. También la actual crisis se ha revelado como un colosal dispositivo disciplinario construido en torno a la idea de austeridad presentada como un relato moral. En su libro Austeridad: Historia de una idea peligrosa (Crítica, 2014), Mark Blyth, profesor de economía política de la Universidad de Brown, caracteriza así este relato disciplinador y moralizante:

“«Hemos gastado demasiado», dicen los que se hallan en la cima económica, desdeñando con notable despreocupación el hecho de que ese «dispendio» no ha sido sino el coste de tener que salvar sus activos con las arcas públicas. Y al mismo tiempo, lo que esas personas que viven de forma muchísimo más holgada que el común de los mortales y que muestran muy poco interés en contribuir al pago de los platos rotos le están diciendo a los ciudadanos que ocupan las posiciones inferiores de la escala de la renta es que tienen que «apretarse el cinturón»”.

Anglófono de formación pero francófilo de corazón por muchas cosas, yo confiaba en poder seguir diciendo eso de que “siempre nos quedará París”. Pero empujada por su nuevo primer ministro Manuel Valls, Francia ha sido la última en sucumbir ante este discurso moral-disciplinador: “No podemos vivir por encima de nuestras posibilidades”, ha sentenciado el franco-catalán, haciendo pasar por ejercicio de responsabilidad lo que no es otra cosa que una rendición definitiva, con armas y bagajes, del socialismo galo. Por cierto: parece que Valls acompañará a Elena Valenciano en un acto electoral en Barcelona el próximo día 21, en el que pedirán “un giro en la política económica en Europa”. ¿Giro hacia dónde? No creo que Valls sea el mejor compañero de viaje si el socialismo español aspira a reencantar a su electorado más crítico.

sábado, 10 de mayo de 2014

La democracia sigue siendo una actividad esencialmente física


Portada de Fuego y cenizas
Tenía la idea de que India era la mayor democracia del mundo. Y lo es por población, pero no por extensión geográfica: Canadá es tres veces mayor. Entre 2005 y 2011 el prestigioso investigador y académico Michael Ignatieff decidió aparcar su carrera académica para embarcarse en la aventura de intentar convertirse en primer ministro de Canadá desde las filas del Partido Liberal. Ahora repasa esa experiencia en un extraordinario libro titulado Fuego y cenizas: Éxito y fracaso en política (Taurus, 2014). Tal vez debido a esa abrumadora geografía, Ignatieff destaca la esencial dimensión física, situada y localizada, de la democracia:
Tan pronto como la democracia pierda su vinculación con lo físico, tan pronto como el lugar de la política no sea el salón de actos, la sala de estar, el restaurante o el bar local y resida únicamente en la pantalla de televisión y en una página web, tendremos problemas, porque estaremos totalmente  en las manos de los asesores de imagen y de las fantasías que inventan. La política será un espectáculo orquestado desde la metrópolis, no una realidad vivida en las localidades pequeñas y en las comunidades remotas que forman parte del país tanto como las grandes ciudades. [...] Si Internet sustituye a la política, desaparecerá todo contraste con la realidad y no habrá ya ninguna ocasión para que un votante contemple en persona a un político y tome la decisión de confiar en él o no, de creerle o no. La política tiene que seguir siendo algo corpóreo porque la confianza es corpórea.
Lo cierto es que la desmaterialización de la política está llegando a extremos inconcebibles, y empieza a haber candidatos que, en su afán por multiplicarse pero no gozando del don divino de la omnipresencia, recurren a la tecnología audiovisual y proyectan hologramas que permiten una presencia fantasmática. Ya lo han hecho el primer ministro turco Recep Tayyip Erdogan en febrero de 2014 y, antes que él, el político indio Narendra Modi, quien en 2012 utilizó 26 hologramas de sí mismo en distintos escenarios del estado de Gujarat, y que acaba de volver a hacerlo, en esta ocasión proyectando su imagen en más de un centenar de lugares a la vez. 
Un gran paso adelante en la consolidación de la política-simulacro. Verás cuando se entere el Rey Plasmado.


domingo, 4 de mayo de 2014

Audrey


Audrey Hepburn, nuevo 'doodle' de Google


Hoy cumpliría 85 años.
Pero su imagen sigue siendo la de esa fascinante y cautivadora Holly Golightly que, con 32 años, a ratos parece no tener más de 20.
Intemporal y eterna.





viernes, 2 de mayo de 2014

There Is Power In A Union

Ayer no pude, pero hoy sí. ¡Qué disfrute de 1º de mayo en las calles de Bilbao! Porque sí, porque hay poder en la unión/en el sindicato.

domingo, 6 de abril de 2014

Treblinka

File:Treblinka memorial.jpg
Treblinka_memorial.jpg 

El pasado miércoles leía en EL PAÍS un reportaje de Carmen Rengel sobre las investigaciones de un equipo arqueológico británico que, tras años de investigación, han encontrado por vez primera evidencias físicas del campo de extermino de Treblinka. El artículo empieza así:

Treblinka era uno de los argumentos preferidos de los negacionistas del Holocausto. Los testimonios de los supervivientes y los documentos hablaban de un campo de exterminio a hora y media de Varsovia, pero en el punto indicado solo había una loma verde, una granja, un bosque. Nada que ver con los barracones y con las duchas de Auschwitz. Nunca se habían hallado evidencias de la maquinaria del mal que acabó con entre 700.000 y 900.000 judíos y un número indeterminado de gitanos. Nunca... hasta ahora. Un equipo de la Universidad de Staffordshire (Reino Unido), comandado por la arqueóloga forense Caroline Sturdy Colls, ha encontrado la primera evidencia física de las cámaras de gas, cimientos y losas, además de varias fosas comunes.

La lectura del artículo me dejó asombrado. Desconocía totalmente el hecho de que el intento de ocultación hubiese sido tan exitoso.Aunque sabía de la denominada Aktion 1005, la operación desarrollada en 1943 para intentar destruir las evidencias de la actividad criminal nazi en Treblinka, el hecho de haber visto la entrevista que Claude Lanzmann hace en Shoah a ex-miembros de las SS que estuvieron en Polonia, o la lectura del libro de Giotta Sereny Desde aquella oscuridad, en el que recoge conversaciones con el comandante de Treblinka, Franz Stangl, hacían de ese lugar una realidad para mi indiscutible. 
Indiscutible y terrible. Como todos los campos de exterminio... No: más.

Hace unas semanas he leído Treblinka (Seix Barral, 2014), las memorias de Chil Rajchman de su estancia de diez meses en el campo de exterminio. Impresionantes. nada más alejado de la idea de eficiente exterminio industrializado que en ocasiones acompaña a la idea del holocausto nazi. En el relato de Rajchman Treblinka es hambre, suciedad y frío, sí, pero también brutalidad sin sentido, psicopatía y sadismo, violaciones previas al asesinato. Un exterminio cara a cara, físico, en el que víctima y verdugo se miran, se tocan, se huelen:
Cuando se producía una breve pausa en el trabajo, una vez que terminábamos de limpiar una cámara y la otra todavía no había terminado por completo de gasear a las víctimas, y las personas en su interior aún mostraban signos de vida, o quizá se oían los gritos que salían de allí, las bestias nos obligaban a bailar y cantar al son de la orquesta integrada por judíos que estaba junto a nuestro barracón y que tocaban permanentemente.

Vasili Grossman, autor del epílogo de Treblinka, finaliza así su escrito:
Hoy en día toda persona está obligada ante su conciencia, ante su hijo y ante su madre, ante la patria y ante la humanidad a contestar con toda la fuerza de su alma y de su inteligencia a la pregunta de quién dio nacimiento al racismo, qué es necesario para que el nazismo, el hitlerismo no resucite en ningún sitio ni a este ni al otro lado del océano, nunca por los siglos de los siglos.
La idea imperialista de la nacionalidad, de la raza y de cualquier otro exclusivismo condujo lógicamente a los hitlerianos a la construcción de Majdanek, Sobibor, Belzec, Auschwitz, Treblinka.
Debemos recordar que los fascistas van a sacar de esta guerra no sólo la amargura de la derrota, sino también la dulzura del recuerdo de los fáciles asesinatos en masa.
De esto debe acordarse diariamente y de manera severa todo aquel que aprecie el honor, la libertad, la vida de todos los pueblos, de toda la humanidad.

Hay que seguir excavando en la historia. En esa y en esta más cercana. Haciendo memoria. haciendo justicia.