martes, 13 de septiembre de 2011

Arde Madrid

Ardía ayer Madrid.


Inflamada de revueltas con corazón...




Sofocada por temperaturas imposibles...


sábado, 10 de septiembre de 2011

El día en que Yoyes se encontró con Roque

... llegaste temprano

demasiado temprano

a una muerte que no era la tuya

y que a esta altura no sabrá qué hacer

con tanta vida.

[Mario Benedetti: "A Roque"]

Hay quienes lo llaman "cielo". Otras personas lo llaman "memoria" o "historia". El nombre es lo de menos, hablando como hablamos de un no-lugar, de una situación más allá del espacio y del tiempo, más acá del pasado y el olvido. Debe ser muy amplio, eso sí. Inmenso, sobre todo comparado con nuestros países, tan chiquitos. Pero acá, como allá, hay algunas constantes que funcionan. Donde tantas leyes físicas y humanas carecen de influencia, hay cosas que también acá siguen actuando. La atracción, por ejemplo, la sensación profunda de proximidad. ¿No se habla de "almas gemelas"? Por eso, no debe extrañarte que entre tanta gente y sin conocernos de nada nos hayamos encontrado. Yo no sé nada de ti -deje El Salvador años antes de que tu nombre fuera conocido- y lo más seguro es que tú no sepas nada de mi. Nunca he sido muy conocido por tu tierra. Pero teníamos que encontrarnos, y ha ocurrido.
Habían pasado 10 años desde que llegué aquí -apenas un instante- cuando me encontré en la situación en la que tú estás ahora. Rosa Luxemburg -¿la conoces? ya veo que sí- se vio conmigo como to me veo hoy contigo. Ahora que lo pienso, debió ser en mayo de 1985. ¿Tu estabas entonces en ciudad de México a punto de viajar a París? Déjame ver lo que escribiste entonces: "Es una situación extraña la que estoy viviendo, no tengo nada, no tengo ni cama, ni mesa, ni trabajo para estudiar, lo estoy dejando todo para partir, y la sensación que experimento ante ello no es terrorífica, no, es la de levantar las alas y volar, con la esperanza de poder hacer nido en otro lado". Conozco bien esa sensación. De México viajaste a París y de Paris a San Sebastián. Y de la esperanza pasaste, en pocos meses, a la pesadilla.
¿Llegaste a escribir una nota que finalmente no hiciste pública en la que denunciabas a ETA como responsable de tu posible muerte? La mayoría de las víctimas dejan este mundo sin saber quién fue su asesino. A mí me ocurrió. Todavía hoy, en 1986, se publican libros sobre El Salvador en los que mis poemas son profusaente utilizados para compensar la pobreza expresiva de sus autores, mi muerte sigue presentándose como un misterio y mi presunto asesino como un héroe revolucionario.
Escribió Albert Camus que el revolucionario es al mismo tiempo rebelde o ya no es revolucionario, sino policía y funcionario que se vuelve contra la rebelión. Las revoluciones armadas sempre las acaban dominando los policías. Fíjate en lo que les pasó a la misma Rosa y a Karl Liebknecht. Parce trágico, pero es así: no hay policía de un poder constituido contra el pueblo que sea capaz de parar por mucho tiempo el cambio, pero hay tantos policías en las revoluciones que casi siempre acaban por agostar las posibilidades emancipadoras, reduciéndolas a eslogan, a caricatura de sí mismas. Y conste que no me arrepiento de lo que yo mismo escribí aconsejando a los machetes de los pobres no quedarse metidos en sus vainas, que los explotadores han convertido El Salvador en sinónimo de matanza. Tu misma escribiste en tu diario en septiembre de 1980: "Han matado a seis de los principales dirigentes salvadoreños, la tienen difícil en El Salvador, la situación alí está adquiriendo dimensiones más que increíbles, los niños, los viejos, todos son posibles víctimas, no se salva nadie".
Lo escrito escrito está, aunque puestos a escribir me gusta más lo que tu escribías sobre el deseo de utilizar tu capacidad de hacer vida físicamente. El historiador Arnold J. Toynbee se preguntaba en una ocasión cuál es la razón para que ninguna sociedad pueda ser salvada por la espada ni siquiera cuando quien la maneja se halla sinceramente ansioso de volver el arma a su vaina lo antes posible y mantenerla en ella por el más largo periodo que sea factible. Él pensaba que la espada que una vez bebió sangre no puede dejar de beber sangre de nuevo. No lo sé. Una antropóloga norteamericana ha escrito un libro fascinante titulado El cáliz y la espada, en el que argumenta que en agún momento de la evolución cultural de la civilización occidental nuestras sociedades abandonaron la adoración a las fuerzas del universo generadoras y mantenedoras de vida, simbolizadas en nuestro tiempo por el cáliz, para venerar el poder mortífero de la espada, el poder de quitar la vida antes que darla, que es el poder esencial para establecer e imponer la dominación. ¿Sabrán algún día los movimientos revolucionarios organizarse en torno al símbolo del cáliz y no el de la espada?
Ocho años después de mi muerte fue asesinada en Nicaragua otra compañera, Ana María, en unas circunstancias parecidas a las mías. Tu fuiste asesinada en 1986, diez años después de la desaparición de Pertur. Hay un matemático, J.A. Paulus, que ha escrito páginas muy curiosas sobre las coincidencias en la historia. Cuenta, por ejemplo, que Lincoln fue elegido presidente en 1860 y Kennedy en 1960. El nombre de ambos consta de siete letras. Lincoln tuvo un secretario llamado Kennedy y Kennedy tuvo otro llamado Lincoln. El asesino de Lincoln le disparó en un teatro y se refugió en un almacén; el supuesto asesino de Kennedy disparó desde un almacén y se refugió en un cine ("theater" en inglés). Y hay más coincidencias todavía. Pero son eso, coincidencias, fruto de la casualidad, no de la causalidad. Sin embargo, bien parece que la espada sigue exigiendo su tributo de sangre, creyendo locamente que la sangre derramada sólo será redimida por más sangre. ¿Hemos llegado hasta aquí -hemos matado niños y compañeras de militancia- para detenernos ahora? El dolr provocado se vuelve inútil si no seguimos avanzando, dice la Espada, y no avanzaremos sin causar dolor. Y así el dolor causado exige el dolor por venir, que se justifica con el dolor causado.
Ahora estamos en 1996. Han pasado 10 años desde tu muerte y en tu mismo pueblo, en Ordizia, la Espada ha vuelto a salir de su vaina. La tierra en la que naciste continua siendo, como escribías el 5 de septiembre de 1986, un volcán en erupción que se revuelve y que hierve sin lograr asentarse. "No puede ser -escribiste entonces- quiero pensar que todo esto me llevará a un puerto tranquilo, más maduro, siempre que no me de prisa, que no corra mucho, porque en mi juventud quizás corrí demasiado". Yo también quiero pensar contigo que todo esto nos llevará a todos y a todas a un puerto más tranquilo, más maduro, más humano. Por cierto: me llamo Roque Dalton.

Cuenta Eduardo Galeano que Roque Dalton se salvó dos veces de morir fusilado ("una vez se salvó porque cayó el gobierno y otra vez se salvó porque cayó la pared, gracias a un oportuno terremoto"); también se salvó tras las torturas o los enfrentamientos con la policía. No se salvó, sin embargo,de sus propios compañeros de guerrilla: "Son sus propios compañeros quienes condenan a Roque por delito de discrepancia. De al lado tenía que venir esta bala, la única capaz de encontrarlo". Miembro de la Resistencia Nacional salvadoreña (FARN) antes de su escisión, Roque Dalton fue asesinado en 1975 por una facción de los dirigentes falsamente acusado de ser agente de la Unión Soviética y/o de la CIA, según las versiones.


Escribí este texto en 1996 para su publicación en el libro Yoyes 1986-1996, editado por iniciativa de un grupo de famliares y amigos (Yoyesen Lagunak) de María Dolores González Katarain, asesinada por ETA el 10 de septiembre de 1986.
Ni sé la de veces que habré releído el libro Yoyes desde su ventana. Ni sé la de veces que habré utilizado textos de ese libro para alguna reflexión o algún artículo. Ni la de veces que habré revivido aquella tarde-noche del 18 de octubre de 1986 en Ordizia, ante las imponentes columnas de su mercado...

miércoles, 7 de septiembre de 2011

Esta explicación que os debo

“Como alcalde vuestro que soy, os debo una explicación, y esta explicación que os debo, os la voy a pagar. Que yo, co mo alcalde vuestro que soy, os debo una explicación, y esta explicación que os debo, os la voy a dar, porque yo, como alcalde vuestro que soy os debo una explicación que os tengo que explicar”.

Hoy me siento como Pepe Isbert haciendo de alcalde de Villar del Río en Bienvenido Mister Marshall. Hoy quiero empezar a explicar la que ha sido mi posición final en la votación sobre la reforma de la Constitución al objeto de incorporar en su texto el compromiso de estabilidad en las cuentas públicas. Este es un comentario de urgencia, escrito al final de un día que ha sido duro; a partir de mañana podré pensar las cosas con más tranquilidad.
Y me siento, digo, como ese alcalde berlanguiano que duda y trastabillea, que no acierta a escoger las palabras, pero que sin embargo sale al balcón del Ayuntamiento y se expone ante el vecindario.

[1] ¿Por dónde empezar? Bien, como ya saben quienes han leído en días pasados este blog, cuando el presidente del Gobierno anunció la reforma expresé mi disconformidad y mis dificultades para apoyarla. ¿Debía haberme callado mi opinión, o haberla expresado tan solo en los ámbitos internos? Seguramente eso es lo que se espera de un representante político, y de hecho ese ha sido uno de los reproches que hoy me ha hecho algún compañero del Senado. No entraré ahora a discutir el fondo de la cuestión, y asumo incluso que así funcionan las cosas. Pero en mi caso particular callarme no era una opción. Me explico.
Ignoro los motivos por los que en un determinado momento el PSE me propone ir en sus listas electorales, pero supongo que tal cosa ocurre porque consideran que mi persona aporta algo a las mismas. El caso es que el Imanol Zubero que pudiera, en su caso, aportar ese algo, es una persona que ha construido su biografía pública en torno a tres ejes estrechamente relacionados: el eje de la militancia ciudadana, el eje de la universidad y el eje de la opinión pública (con 11 años consecutivos publicando un artículo semanal en la prensa vasca a las espaldas). Los tres ejes se reorientaron con mi acceso al Senado, pero nadie podía esperar que fueran a desaparecer. Como solía decir el querido Mario Onaindia, cuando alguien contrata un mariachi es para que cante rancheras.
Lo que quiero decir es que el ejercicio de la opinión pública, meditada y razonada, es algo a lo que no puedo renunciar. Puedo atemperarlo, como así he hecho en multitud de ocasiones a lo largo de esos casi cuatro años que he pasado escañado. Pero solo eso. Así que fui, opiné y concluí que no apoyaba la reforma. De esto ya he hablado en dos comentarios anteriores.
He de decir, en todo caso, que antes de hacer público el primero de mis comentarios comuniqué por escrito mi postura a las personas a las que considero que debía hacerlo en el seno del PSE y del Grupo Parlamentario Socialista. También expuse oralmente mis consideraciones en la reunión que celebró este Grupo hace poco más de una semana. Por último, esta misma mañana he vuelto a intervenir en la reunión del Grupo Socialista en el Senado, en el mismo sentido.

[2] Hoy se vuelve a hablar de “presiones” sobre los dos senadores socialistas que habíamos expresado nuestra voluntad de no apoyar la reforma. Lo cierto es que no ha habido nada de ello. Creo que puedo hablar en nombre de mi compañero Roberto, pero desde luego puedo dar fe de que en mi caso no ha existido nada que se parezca a una presión para modificar mi voluntad. Nada. El pasado lunes tuve la ocasión de mantener una larga conversación con la persona más comprometida con esta medida de reforma, y ni siquiera en esa ocasión existió nada ni remotamente cercano a una presión.
Hombre, ¿que ha habido mucha gente que no ha entendido nuestra postura, que la rechaza explícitamente, y que en alguna reunión se ha expresado de manera hiriente y creo que injusta? Pues sí, pero qué se la va a hacer. No es plato de gusto escuchar que uno toma esta posición “para tener su minuto de gloria” en los medios, por ejemplo, pero toca aguantarse y no tomarlo en consideración. En todo caso, comprendo la mayoría de las críticas que hemos recibido, manifestación de una cultura de partido y de una forma de hacer política que si bien en mi opinión ya no sirve (jerárquica, militantista, verticalista, escasamente secular), no es menos cierto que aún carece de un recambio realista.

[3] Lo que sí he hecho es conversar mucho y con muchas y diferentes personas a lo largo de estas dos semanas con el fin de aclarar y decidir mi posición. He tenido muy en cuenta la opinión sostenida por me compañero Roberto Lertxundi: “Yo no voto en contra del Gobierno”. Sinceramente, yo no me lo había planteado así. Será ingenuidad, pero yo no lo veía así. Me entusiasma el modelo estadounidense de relación entre el presidente del Gobierno y los representantes electos. Ver a Obama tener que ganarse el apoyo incluso de los suyos; ver que republicanos y demócratas no siempre botan en bloque, sino que se producen diferencias de voto en el seno de cada espacio ideológico; ver que cada representante se debe, también y fundamentalmente, a sus electores… Pero nuestro modelo parlamentario es otro, bien distinto. Y es el que hay. También me ayudó mucho a decantarme una conversación con Carlos, largamente comprometido con la lucha sindical, el pasado viernes.
Descartado el voto negativo, quedaban dos opciones: la abstención o no estar en el escano en el momento de votar. Esta segunda era la opción que mi grupo parlamentario consideraba más adecuada o menos lesiva.
Mi primera idea fue aceptar esta propuesta, pero a continuación presentar mi renuncia como senador. Al fin y al cabo –pensaba yo- tras el pleno extraordinario de hoy sólo nos quedaba un último pleno la semana que viene antes de la disolución de las cámaras, y mi salida anticipada del Senado no debería causar ningún problema al Grupo Socialista. Pero resulta que son dos los plenos que restan, y ambos se incluyen cuestiones de cierto calado, en relación a las cuales tengo alguna responsabilidad. Este hecho, junto a la solicitud razonada del grupo, me han llevado finalmente a optar por no estar presente en el momento de la votación de esta tarde.
Algo que he hecho, pero que no me ha satisfecho en absoluto. Seguramente porque en esta situación endemoniada no había solución buena.

[4] Hasta las 16:00 de hoy he recibido un total de 299 correos electrónicos, de los cuales sólo uno defendía la reforma. Visto en perspectiva tres centenares de correos tampoco con tantos; pero esta es una cuestión que ya he planteado en este blog en otra ocasión.
He respondido a todos, agrupando varios destinatarios cada vez. Me consta que algunas de esas respuestas no han llegado a sus destinatarios, ya que me han sido devueltos, pero son muy pocos. Y luego he vuelto a contestar a quienes, habiendo recibido mi primera respuesta, han vuelto a dirigirse a mí (pocos, no llegan a 30). También me han servido para reflexionar los contenidos de muchos de esos correos, especialmente los que contenían argumentos más personalizados.
En algún próximo comentario volveré sobre esta cuestión.

[5] Termino por ahora, que son casi las 11 de la noche. El 4 de marzo de 2011 Fernando Vallespín publicaba en El País un artículo titulado “Políticos, doctores y otros animales”, en el que reflexionaba sobre las modalidades de reclutamiento de la clase política en España y las dificultades que estas modalidades suponen para la entrada en política de la mayoría de los ciudadanos, y en particular de quienes proceden del mundo intelectual y académico: “La izquierda siempre ha gustado también de adornar su imagen con gentes provenientes del mundo intelectual y académico. La mayoría de las veces para sufrimiento propio”, afirma Vallespín. ¿Es adecuada la denominación de “sufrimiento” para describir mi experiencia como senador electo por Bizkaia en esta legislatura que ahora afronta su última fase? En cierta medida sí, sin duda.
La política institucional no es lo mío. Ya lo sabía, pero ya no tengo ninguna duda.

domingo, 28 de agosto de 2011

Romper el cerco

"Hacia el final del invierno, cuando los enviados del sultán turco partieron, comprendimos que la guerra era inevitable. Ellos habían recurrido a toda suerte de presiones con el fin de que aceptáramos convertirnos en feudatarios o vasallos, como dicen los latinos, de la Puerta. Tras las lisonjas y las promesas de permitirnos participar en el gobierno de su imperio ilimitado, nos acusaron de renegados de habernos vendido a los francos, dicho de otro modo a Europa. Finalmente, como era de esperar, llegaron las amenazas. Tenéis mucha confianza en los muros de vuestras fortalezas, dijeron, pero aun cuando fueran tal como las imagináis, nosotros las cercaremos con un anillo de hierro, el de la sed y el hambre. Nosotros haremos que, cuantas veces retorne el tiempo de la siega y los días de la trilla, cuando miréis a lo alto creáis ver en el cielo un campo sembrado, y en la luna una hoz" [Ismaíl Kadaré, El cerco].

Leo EL PAÍS de hoy y mi desasosiego se dispara hasta convertirse en desconsuelo. En un largo artículo Luis R. de Aizpeolea desmenuza las claves de la decisión de reformar la Constitución para recoger un compromiso de estabilidad presupuestaria. "Cuando has participado en la aprobación de un fondo de rescate de 500.000 millones en una noche, como ha sucedido en Europa, o has decidido en otra noche, la del 9 de mayo de 2010, un duro ajuste, estás preparado para una reforma constitucional en poco tiempo si las necesidades lo requieren", señala alguien del "entorno" del presidente. Ya, ¿y si no funciona? ¿y si mañana las necesidades son otras? Por cierto, ¿las necesidades de quién? Eso es tecnocracia, no democracia.

Porque despues de leer el artículo de Aizpeolea en la sección de Política del diario, en su sección de Economía me encuentro con otro artículo cuyo titular dice así: "Los mercados ignoran la reforma para limitar el déficit público español", y continua: "Recobrar la confianza de los inversores en España es uno de los argumentos básicos que alienta el acuerdo entre el PP y el PSOE. Pero, a bote pronto, no se dieron por enterados. El pacto entre los dos partidos mayoritarios era ya conocido en la apertura del pasado viernes. Al cierre de la sesión, la Bolsa española lideró las pérdidas en Europa, con una caída del 1,4%. Y la prima de riesgo de los bonos españoles aumentó ligeramente, señal de que la desconfianza sigue ahí".
Aún es pronto, se dirá. Ya: ¿y si no es cuestión de plazos? ¿Y si el problema es, no ya la reforma, sino su objetivo de influir sobre un turbocapitalismo (Edward Luttwak) cuyo proyecto no es sólo quebrar cualquier posibilidad de regulación de la economía por parte del Estado democrático, sino convertir a la economía misma, a su lógica y sus dinámicas, en Gran Regulador del conjunto de nuestra existencia?

Leo también el artículo del profesor de Economía de la Universidad de Vigo, Santiago Lago, y saco la conclusión de que la montaña puede acabar pariendo un ratón: "Hay que matizar la idea de que trasladar el acuerdo a la Constitución es un gran avance para la práctica de la estabilidad presupuestaria. La evidencia empírica internacional tiende a mostrar que los límites al gasto y déficit son menos relevantes para estabilidad presupuestaria que los procedimientos presupuestarios, que incluyen cuestiones como la transparencia, los límites a la flexibilidad en la ejecución presupuestaria o el poder estratégico del ministro de hacienda en el seno del gobierno. Además, las reglas y límites cuantitativos suelen incentivar el recurso a soluciones creativas para centrifugar gasto y déficit a organismos no computables a efectos de aquellos". Un ratón tramposo, además, a tenor de lo de las "soluciones creativas".

Y luego está González Pons, desleal como siempre con sus críticas hacia Rubalcaba. Y el PNV proclamando que, abierto el melón constitucional, de lo suyo qué... Hemos hecho un pan con unas tortas. No creo que nadie sea más responsable o menos socialista que nadie por defender argumentadamente una posición u otra ante esta cuestión. Pero hemos hecho un pan con unas tortas.

Y todo porque hacia el final del verano, quienes habían recurrido a todo tipo de presiones con el fin de que aceptáramos convertirnos en feudatarios o vasallos de los mercados con lisonjas y promesas de permitirnos participar en los beneficios de su imperio ilimitado, nos acusaron de no ser lo suficientemente confiables, es decir, flexibles y adaptables a sus exigencias. Finalmente, como era de esperar, llegaron las amenazas de cercarnos con un anillo de hierro, como ya habían hecho con otras ciudadelas vecinas.
Las amenazas eran bien reales. Atrincherarse y esperar a que pasaran cuantas veces fuera necesario los tiempos de la siega y los días de la trilla hubiese sido una opción si realmente Europa, con francos y germanos al frente, hubiese plantado cara a los mercados. Pero solos...
Hemos debilitado un poco más la ciudadela democrática. Cuando lo que deberíamos hacer, de una vez, es romper el cerco al que nos someten.

jueves, 25 de agosto de 2011

Hacia el Estado Mercado

¿Constitucionalizar un límite al déficit público en un país en el que se ha construido un aeropuerto sin aviones, y aún así la sociedad pública que lo gestiona acaba de destinar una partida de 5,5 millones de euros para controlar “los filtros de embarque, el Centro de Seguridad Aeroportuaria y los accesos” al mismo durante cinco años? Cuando el impulso o la decisión política están detrás de infinidad de actuaciones –parques temáticos, estaciones de esquí, aeropuertos, rutas de AVE, ciudades de la cultura, cajas de ahorro, clubes de fútbol, etc.- que generan enormes pérdidas, ¿de qué va a servir fijar en la Constitución un mandato de estabilidad presupuestaria?

Saber que no se debe gastar más de lo que se tiene o razonablemente se espera tener, máxime cuando se maneja dinero de todos, es una cuestión de sentido (del bien) común. Un sentido común, una prudencia elemental y una responsabilidad de la que ha estado ayuna en los últimos tiempos una buena parte de la política española. Por eso me ha gustado escuchar al candidato del PSOE, Alfredo Pérez Rubalcaba, cuando en un corte del diálogo que mantuvo recientemente con un amplio grupo de padres y madres con hijos o hijas menores de 15 años no dejaba de señalar que el próximo Gobierno va a contar con “pocos recursos”, lo que exigirá fijar bien las prioridades. Esta es la actitud responsable y prudente que debemos exigir a quienes gobiernan los recursos (por definición siempre escasos) de todas y de todos. Confiar en las virtudes taumatúrgicas de una norma, por más alto que sea su rango jurisdiccional, resulta francamente ridículo. Recordemos, si no, lo que la Constitución proclama al respecto del Senado y su función de representación territorial… desde 1978. Si de sujetar el gasto se trata, más nos valdría reformar muchas de nuestras prácticas políticas antes que el texto constitucional.

Sujetar el gasto, sí, pero según qué gasto. A pesar de mantener discrepancias teóricas entre ellos, en los últimos días hemos podido leer sendos artículos de los economistas Paul Krugman (“La crisis secuestrada”, El País, 14 agosto) y James K. Galbraith (“La histeria del déficit”, Público, 14 agosto) en los que cuestionaban con dureza la obsesión con el déficit público, considerándola fundamentalmente una estrategia ideológica destinada a “paralizar al Gobierno y recortar la Seguridad Social” (Galbraith) o a “secuestrar el debate sobre la crisis para conseguir las mismas cosas que uno defendía antes de la crisis, dejar que la economía siga desangrándose” (Krugman). Una posición similar es mantenida por Robert Reich, catedrático de Políticas Públicas en la Universidad de Berkeley y secretario de Trabajo con Clinton (“La manipulación de la crisis”, Público, 1 agosto), quien al igual que los anteriores sostiene que la mejor forma de salir de la crisis es aumentar el gasto público, no disminuirlo. Los tres refieren sus análisis a Estados Unidos, pero creo que podemos aplicarnos el cuento. En España, el colectivo Economistas frente a la Crisis ha criticado la imposición por el Consejo Europeo de políticas de recorte drástico del gasto público y plantean en relación al déficit: “Se asume que un problema esencial en el actual contexto es el déficit público, causado por un exceso de gasto. Sin embargo, el déficit encuentra una de sus principales causas en la fuerte y rápida reducción de los ingresos, que dependen directamente de la evolución del PIB. ¿No sería más adecuado centrarse en la recuperación de los ingresos sin olvidar, por supuesto, la necesaria eficiencia del gasto público?”.

Hablando de recuperación de ingresos: los empresarios españoles que tan contundentemente han salido a apoyar la medida de constitucionalizar el límite de déficit, ¿reclamarán también una subida de impuestos para las rentas más altas como han hecho algunos de sus colegas franceses y norteamericanos? ¿O acaso tendrán a bien reflexionar públicamente sobre la información proporcionada por el Sindicato de Técnicos del Ministerio de Hacienda (Gestha), según la cual la evasión fiscal de las grandes fortunas, corporaciones empresariales y grandes empresas alcanzó los 42.711 millones de euros en el último año, lo que supone el 71,8% del importe total de estas bolsas de fraude en España, un porcentaje tres veces superior al correspondiente a pymes y autónomos?

Ya basta de seguir alimentando la ficción de unos mercados guiados por una cierta racionalidad, fundamentalmente prudentes, a quienes espanta la incertidumbre, deseosos de confiar en nosotros para así aterrizar amigablemente en nuestro entorno productivo y ayudarnos a salir de la crisis. Seguros de impago de créditos, ventas a corto, apalancamientos, apuestas a la baja, inversiones de alto riesgo… la incertidumbre y el desequilibrio configuran el ecosistema necesario donde se desarrolla el capitalismo de casino. He leído, incluso, sobre “máquinas de inversión de alta frecuencia” (High Frequency Trading), potentes ordenadores programados matemáticamente para comprar y vender en segundos modificando así las tendencias en las bolsas, con volúmenes de negocio de miles de millones diarios. ¿Modificarán estas supermáquinas de especular sus algoritmos para incorporar nuestra reforma constitucional?

Y luego está la cuestión de las formas: sin debate, decidiendo con incomprensible urgencia una medida pensada para ser aplicada en 2018 o en 2020, generando con ello aún más indignación en una ciudadanía cuya desconfianza debería importarnos mucho más que la de los volubles y codiciosos mercados.

En 2002, siendo Director de Inteligencia del Consejo Nacional de Seguridad de Estados Unidos, Philip Bobbitt publicaba el libro The Shield of Achilles: War, Peace, and the Course of History (“El escudo de Aquiles: Guerra, paz y el curso de la Historia”). Bobbitt considera que la sucesión de conflictos bélicos que han caracterizado el siglo XX –desde la Primera Guerra Mundial hasta la caída del Muro de Berlín- constituyen, en realidad, un solo y prolongado conflicto de naturaleza epocal, la Larga Guerra, prolongada en el cambio de siglo con la guerra global contra el terror. Como consecuencia se ha producido una transformación esencial de la naturaleza y la lógica del Estado nación, sustituido por el Estado Mercado. La diferencia fundamental entre ambos es que mientras el Estado nación clásico deriva su poder y su legitimidad de la promesa de garantizar a sus ciudadanos bienestar material a través de la regulación de los mercados, la redistribución de la riqueza nacional y el impulso de programas de asistencia social, el Estado Mercado se legitima a través de la promesa de maximizar las oportunidades de sus ciudadanos impulsando la libre empresa y la iniciativa privada en un entorno de mercado libre. El dinamismo y los incentivos del mercado sustituyen crecientemente la regulación y los programas sociales impulsados por los gobiernos, que externalizan muchas de sus funciones clásicas hacia organizaciones privadas.


Consagrar constitucionalmente de esta manera el equilibrio presupuestario es convertir a España un poco más en Estado Mercado. Donde algunos podremos posicionarnos como agentes económicos, pero con el que pocos nos identificaremos como ciudadanos. Desde ahora digo que mi voto no servirá para apoyar esta reforma.

domingo, 21 de agosto de 2011

¿Un crimen, tal vez?

El Diputado General de Gipuzkoa, Martin Garitano, ha declarado que los atentados cometidos por ETA en Catalunya fueron "más que un error". Y ahí se quedó: pasa palabra.
A Garitano no le gusta que nadie le dicte las palabras que tiene que decir: es lógico. Pero veamos, ¿qué quiere decir "más que un error"? ¿Un gran error, un error de la leche, un super error, un error mayúsculo? ¿Un horror, una tragedia, un drama? ¿Tal vez un crimen?

El 3 de marzo de 1994 el periódico EL MUNDO publicó un artículo del escritor israelí Amos Oz titulado Oriente Medio: la conjura de los extremistas. Al escuchar a Garitano lo he recordado, y lo reproduzco a continuación:

La mañana de un viernes un colono judío de Hebrón entró en el Templo de los Patriarcas y asesinó a docenas de palestinos que en ese momento se encontraban rezando.
El asesino, un conocido seguidor del rabino Meir Kahane, llevaba consigo armas y munición facilitadas por el Estado de Israel, que también ha procurado armamento a muchos otros seguidores de Kahane. Después de la matanza se declaró toque de queda en Hebrón. Pero, como más tarde dijo el comandante del Ejército israelí para la región, Kiryat Arba, el barrio judío de Hebrón no se encontraba bajo toque de queda «puesto que no se había recibido ninguna orden al respecto». Fue al oscurecer cuando el Gobierno recordó que también debía imponer el toque de queda en el barrio judío. Sin embargo, ello no impidió que varios colonos judíos elogiaran la carnicería ante las cámaras de televisión con un razonamiento santurrón y monstruoso, tal y como lo habría hecho un skinhead.
El 17 de septiembre de 1948, el conde Folke Bernardone fue asesinado en Jerusalén por miembros de un desconocido grupo armado judío, que se autonombraba Frente Nacional. Aunque este crimen fue claramente menos grave que los asesinatos del viernes, David Ben Gurion no dudó entonces ni un momento: a los dos días de los hechos, el Gobierno Provisional de Israel publicó unas ordenanzas pidiendo un fuerte castigo no sólo para los terroristas activos, sino también para todos los miembros de organizaciones terroristas. El Lehi y el Frente Nacional fueron prohibidos. En medio de esta difícil época de guerra, David Ben Gurion encomendó a un gran número de tropas la tarea de aplastar el terrorismo judío. Alrededor de 200 personas fueron inmediatamente arrestadas. Las fuerzas de seguridad realizaron extensos registros en varios puntos del país. Los dirigentes de Lehi fueron encarcelados y conducidos a los tribunales.
El Gobierno de Israel debería declarar fuera de la ley a los seguidores de Kahane, ocuparse de que a los incitadores conocidos se les pusiera bajo arresto y fueran llevados a juicio, realizar registros domiciliarios en Kiryat Arba y en otros enclaves de posibles terroristas, y plantear que, como resultado de la masacre, considerará la incorporación de la policía armada palestina a las fuerzas que se encargarán de mantener la paz en los puntos conflictivos de las afueras de Gaza y Jericó.
Las medidas tomadas por el Gobierno israelí el domingo pasado resultan insuficientes, no porque no lleguen a cumplir las condiciones que ha impuesto la Organización para la Liberación de Palestina (OLP) para la reanudación de las conversaciones de paz, sino precisamente porque son tan leves que no logran convencer a la opinión pública israelí de que todo tipo de racismo y derramamiento de sangre serán prohibidos y suprimidos de ahora en adelante con puño de hierro. Los palestinos, por su parte, serían declaradamente estúpidos si suspendieran las negociaciones ahora. El acuerdo israelí-palestino con respecto a Gaza y a Jericó podría finalizar en unos cuantos días, y puesto en práctica poco después. Esta sería la respuesta más contundente a los fanáticos de ambas partes.
No sé si el asesino recibió ayuda de alguien, a pesar de que ya conocemos bien a los instigadores; son los mismos instigadores que, a diferencia de los agitadores fundamentalistas islámicos, no fueron deportados, ni serán deportados más allá de la frontera, ni sus casas serán destruidas o clausuradas. Pero no veo diferencia alguna entre este asesino judío y estos instigadores judíos, y los asesinos y los instigadores del Hamas y de la Yihad Islámica: hacen todo lo que está en su poder para evitar que el conflicto árabe-israelí sea resuelto mediante un acuerdo; hacen todo lo que pueden para convertirlo en una guerra religiosa entre el judaísmo y el islamismo, entre Adonaí y Alá, hasta conseguir que la última gota de sangre se haya derramado.
Este asesino y los instigadores que hay detrás de él han hecho exactamente lo que el Hamás y la Yihad Islámica esperaban. Los incitadores y los asesinos del Hamás hacen exactamente lo que los fanáticos del lado judío esperan. Es como si al caer las sombras de la noche, la imagen reflejada del Congreso de Oslo se diera cita allí donde ambos bandos no tienen dificultad alguna para ahogar los acuerdos de paz en sangre y venganza.
Docenas de familias de Hebrón ya nunca más verán a su padre, a su hermano o a su hijo. A los niños pequeños habrá que decirles que los muertos fueron asesinados en venganza por el asesinato de otros muchos muertos que también fueron asesinados en venganza por un asesinato que a su vez fue un acto de venganza por otro asesinato. O se les podría decir que lo que ocurrió ha sido para asegurar que la paz no llegue nunca, puesto que la paz es peor que la muerte. Esto es así a menos que la gente de estas dos naciones se ponga en pie y elija la vida y comience inmediatamente a poner en práctica con determinación esta elección.
Por la radio israelí se han oído diversas reacciones a la matanza. El primer ministro y los políticos, incluso los líderes de la derecha del país, han expresado toda su indignación y furia por el asesinato. Aaron Domb, portavoz de los colonos, aunque no alabó la «grave acción», la justificó diciendo que podía entender los motivos para ella. El rabino principal Yisrael Lau también repudió el «derramamiento de sangre» pero evitó usar la palabra «asesinato» quizás porque las víctimas no eran judíos. Entre los conmocionados por la noticia conté a cinco o seis judíos practicantes, todos condenaron «el hecho», algunos incluso usaron duras palabras para hacerlo, pero a ninguno le pareció necesario llamar «asesino» al asesino.
Es difícil, por tanto, evitar hacer la siguiente pregunta, una pregunta que no es sobre la cuestión israelí-palestina, ni sobre palomas y halcones, sino una pregunta de ética para los judíos. Desde los tiempos de los juicios a miembros de grupos clandestinos judíos, de los cuales algunos fueron declarados culpables de asesinato, muchos judíos practicantes solicitaban el perdón para «los buenos muchachos que habían tomado la justicia por su mano.» De hecho, ¿por qué el rabino principal y otros judíos practicantes se sentían satisfechos, esta vez también, con emplear la palabra «derramamiento de sangre», en lugar de llamar «asesinato» al asesinato y «asesino» al asesino? ¿Cuál sería entonces el nombre apropiado para la matanza de Purim en Hebrón? ¿Ha sido una descarga de ira contra los gentiles? ¿El acto imprudente y temerario de un hijo amado? ¿Tan sólo un incidente? ¿Acaso el mandamiento «No matarás» es sólo importante cuando la víctima ha nacido de madre judía o ha sido convertido al judaísmo por un rabino ortodoxo?
Las respuestas a estas preguntas no van a determinar ni el futuro de nuestra región ni el futuro de la paz y de los territorios ocupados. Como tampoco determinarán el significado de la palabra «asesinato», ni dirá quién es o no «asesino». A lo sumo, al contestarlas se podría determinar de una vez por todas quién es judío. Y quién no es otra cosa que el mismo Hezbolá cubierto con un gorro judío.

No se trata de imponer nada, pero ¿cuál sería el nombre apropiado para las matanzas de Hipercor o de Vic? ¿Fueron una descarga de ira contra los españoles? ¿El acto imprudente y temerario de un hijo amado? ¿Tan sólo un incidente? ¿Acaso el mandamiento «No matarás» es sólo importante cuando la víctima ha nacido de madre catalana y ha mostrado su solidaridad con la causa nacionalista vasca? ¿Por qué el Diputado General y otros nacionalistas practicantes se sienten satisfechos, esta vez también, con emplear la palabra «más que un error», en lugar de llamar «asesinato» al asesinato y «asesino» al asesino?

Pero peor -sí, mucho peor-fue la intervención de uno de los asistentes a la charla de Garitano, el dirigente de Solidaritat Catalana per la Independència Josep Guia, que reclamó la persistencia de ETA ante la posible llegada del PP al Gobierno español. «Es muy importante que ETA haya declarado la tregua permanente y verificable, pero también es muy importante que no se disuelva» -parece ser que vomitó- porque el PP va a llegar a La Moncloa sin haber «condenado todavía la dictadura de la cual es hijo, lo que hace que haya una doble vara de medir inaceptable». También afirmó que «el nivel en el que está ahora Bildu es gracias a que hace años que existe ETA». Experto en mirar a los bous no desde el carrer sino desde la barrera, ejemplo de ese "nacionalista a larga distancia" que tanto preocupara a Benedict Anderson por la facilidad con la que llaman a derramar hasta la última gota de la sangre ajena, Samuel Johnson pensaba en tipos como este cuando pronunció su conocido aserto sobre el patriotismo.

En fin. A ninguno le pareció necesario llamar "asesino" al asesino. Y así vamos adentrándonos en este tiempo nuevo, tan sociopáticamente normal.

sábado, 13 de agosto de 2011

Así de fácil

"El problema no consiste en 'regular' los mercados como se regula la calefacción central. El probema consiste en reglamentarlos, lo que obliga a regresar al terreno político y jurídico con el fin de restablecer en ellos el orden de los fines y los medios entre las necesidades de los hombres y la organización económica y financiera" (A. Supiot, El espíritu de Filadelfia. La justicia social frente al mercado total, Península, 2011).



"Funcionan las medidas antitiburones". Con este titular abre hoy EL CORREO su sección de economía. La intervención de los supervisores de las Bolsas de España, Francia, Italia y Bélgica prohibiendo las operaciones denominadas "ventas en corto"(una forma de vender lo que no se tiene) ha tenido como consecuencia inmediata el sosiego de las bolsas, que dejan atrás la locura de días pasados:

"Se acabó la pesca en aguas revueltas. Las medidas de emergencia adoptadas por los supervisores europeos para frenar la acción de los especuladores sentaron bien en las bolsas. Los inversores, al abrigo de los falsos rumores y de la nefasta influencia de las apuestas bajistas, se decantaron por las adquisiciones. Los precios de las acciones, muy bajos tras continuadas sesiones de fuertes caídas, apuntalaron ese interés. Ni siquiera el pesimismo suscitado por los más recientes y negativos datos de la evolución de las economías francesa, griega y japonesa atenuó esa inclinación hacia las compras".

Por otra parte, leo en PÚBLICO que la intervención del Banco Central Europeo comprando bonos de Italia y España ha hecho que la prima de riesgo de estos dos países mejore en más de 100 puntos.


Y yo me pregunto: si es tan fácil para las instituciones públicas intervenir sobre la especulación y si los efectos de esta intervención son tan inmediatamente beneficiosos, ¿por qué los Gobiernos son tan reacios a hacerlo?
En España estas operaciones especulativas se han prohibido por un período de 15 días, prorrogables si fuera necesario. ¿Por qué solo 15 días? Alemania parece dispuesta a impulsar la prohibición de las apuestas en corto en la Unión Europea de manera definitiva. ¿Por qué no se hace un frente común en este sentido?

Sí, ya lo sé: los "expertos" (neoliberales) recelan de cualquier regulación y reaccionan con el mantra de que no es posible "poner puertas al campo". ¿Tampoco cuando se trata de un campo de minas?
Ha bastado con girar levemente el termostato y el mercado bursátil ha empezado a funcionar con una cierta lógica, lejos de las situaciones de días pasados, inexplicables en términos económicos: las páginas de economía de los diarios se han llenado de jerga psicologista -miedo, desconfianza, pánico, rumor-, sólo para no hablar de especulación. Si esto ha sido posible mediante una mínima regulación, ¿qué no sería posible de afrontar una reglamentación que, como demanda Supiot, ponga los medios de la organización económica y financiera al servicio de los fines de las necesidades humanas?