lunes, 30 de septiembre de 2019

Cómo construir una barca

Jonathan Gornall
Cómo construir una barca
Traducción de Ramón Buenaventura
Seix Barral, 2019


Si te has enterado de lo que acabas de leer, será porque te dedicas a la construcción naval o porque has elegido mal tu oficio.

Buzarda, cuaderna, roblón, traca, roda,  avellanar, trancanil, regala, alefriz, crujía, aparadura, codaste, dormido... Efectivamente, como reconoce el autor, "para construir un barco, antes hay que aprender un idioma nuevo". Y para leer un libro sobre cómo construir un barco... pues también. O casi.

Por más que lo he intentado, nunca he podido terminar Capitán de mar y guerra (Edhasa), la novela de Patrick O'Brian que da inicio a su famosa serie protagonizada por el capitán Jack Aubrey, de la Royal Navy. Y ello a pesar de lo que me encanta la película de Peter Weir Master and Commander, basada en sus historias. Pero el lenguaje marinero, esencial en las novelas, puede conmigo y me hace naufragar.

Sin embargo este idioma nuevo, esta jerga marinera, tan importante en el libro de Gornall como en los relatos de O'Brian, no ha sido un obstáculo para disfrutar de su lectura.

Cómo construir una barca no es un manual de carpintería de ribera. Se trata de una obra de difícil clasificación. Es una hermosa reflexión sobre la paternidad -"Lo más importante de todo es que he creado un navío para el amor de un padr, un regalo que sirva de inspiración a su hija y le recuerde los horizontes sin límites que le quedan por explorar"-, un reencuentro con una madre más que complicada -"No por primera vez en mi vida, pero sí por primera vez en relación con mi madre, experimenté una relación en el pecho que solo puede denominarse dolor de corazón"-, una reflexión sobre la capacidad de esfuerzo y autosuperación -"Cada tabla, desde la primera hasta la última, fue una confrontación absoluta ... Cometí todos los errores posibles una y otra vez. Tropecé repetidamente en todos los obstáculos potenciales. Pero tuve que seguir tropezando"-, una reivindicación de los saberes que atesoran tantos oficios hoy en declive -"Observar a un experto como Fabian mientras pone las tracas de una barca de madera al estilo de casco trincado es tener el privilegio de asistir a un ballet de colaboración entre el artífice y la naturaleza, una danza perfectamente coreografiada al ritmo de una canción antigua que resuena a lo largo de los siglos sin perder pasión"- ...

Y sí, claro que sí: también va del proceso de construir una barca. Un proceso complejísimo, nada que ver con el bricolage y el "hágalo usted mismo", aunque en algún momento parezca que nos enfrentemos a una versión particularmente compleja de las instrucciones para montar un mueble de Ikea: "En vez de las tracas anchas y de una sola pieza de Hjortspring y Nydam, ahora (con el barco Kvalsund) tenemos más tracas y más estrechas, compuestas de varias piezas". Pero ni siquiera en los momentos más complejos del proceso de construcción de la barca de Phoebe, como cuando el autor se enfrenta a la tarea de lograr que "la distancia vertical entre la parte inferior de la regla y la línea que marca el borde interno de la zona de contacto de veinte milímetros sobre la tabla fijada [le indique] la profundidad a que hay que cepillar el bisel del borde de la tabla", ha disminuido mi atención.

Una lectura que no es fácil, que exige una especial atención, pero que también reporta grandes satisfacciones. Algo así como construir una barca...

domingo, 29 de septiembre de 2019

Hay que coger aire, porque la que nos viene...

Paseo mañanero por un paraíso cercano. De Alonsotegi a Zamundi, desde ahí subida hasta Ganeroitz, travesía hasta Arroletza y vuelta.


A la izquierda el Ganeroitz. A la derecha, Sasiburu.
Sasiburu,
Ganeroitz, el primer monte de hoy.

Ganekogorta y Gallarraga.






Llegando al Ganeroitz.
 Eretza.
 Cumbre del Ganeroitz (561 m.).
 Bajando del Ganeroitz. Al fondo Barakaldo y Erandio.
 Haitz Zuriak (469 m.). Al fondo, Ganeroitz.
 Sasiburu, la próxima cumbre.
Antes de llegar, cruz del Humilladero.
 
 Cumbre de Sasiburu (459 m.).
 Desde aquí, por la cresta, hasta Arroletza.

 
 
 Arroletza (454 m.).
 


Volviendo sobre mis pasos se ven perfectamente la cumbres recorridas: Sasiburu, Haitz Zuriak y Ganeroitz. Al fondo, Eretza.

 
 

 Sierra Salvada y Sierra de Angulo.

Descendiendo hasta Zamundi me cruzo con la fauna local.
 
 
 
 

 
 
 Un buen trago en la fuente de Zamundi y para abajo, directo hasta Alonsotegi.

sábado, 28 de septiembre de 2019

Donde viven los caracoles

Emilio Barco
Donde viven los caracoles. De campesinos, paisajes y pueblos
Pepitas de Calabaza, 2019


... algo que está en el centro de los próximos cincuenta años: cómo vivir placenteramente sin joder al prójimo en el peor sentido de la palabra; cómo vivir barato produciendo lo imprescindible y socialmente útil, consumiendo lo que produzcamos sin mandar, sin que te manden. ¡Ah! Y cantando muchas jotas.

Mario Gaviria, El buen salvaje (De urbanitas, campesinos y ecologistas varios), El Viejo Topo, 1981


Emilio Barco se confiesa víctima de un desarraigo producto del amor y de la esperanza en brindarle un futuro mejor:

Terminé la escuela a los catorce años y la alianza del maestro, el cura y mi madre torcieron el surco. Decidieron que yo no iba a ser campesino, sino "letrado", en los términos que escribe Raúl Iturra. Comenzó el proceso de desarraigo. Cuanto más sabía de complementos directos, declinaciones del rosa-rosae y de ecuaciones de primer grado, menos sabía de podar, sembrar y esparrar.

Pero aunque su juventud de estudiante transcurrió a caballo (en realidad, "a tren") entre su pueblo y Alfaro, primero, y Zaragoza, después, su madurez laboral entre su pueblo y Logroño, y aunque se considere a sí mismo un re-arraigado no pleno -"Volví a las ciruelas, a las viñas, a los olivos. Empecé a arraigarme de nuevo. Pero yo ya no era un campesino como mi padre, era un letrado"-, su libro es el fruto cultivado de una profunda sensibilidad hacia unos pueblos y unas gentes, unas tareas y unos conocimientos, que el capitalismo urbano ha condenado a la desaparición.

Hay capítulos que se leen como un breve y delicioso relato etnográfico -"La vara de fresno", "La era de mi abuelo", "Jacinto Sagarna, el pastor del Gorbea", "¿A cómo cuentas?". Hay también atinados análisis sobre (contra) la Política Agraria Común y la empresarialización de la agricultura. También encontramos sentidas descripciones de la vida en el medio rural: de sus transformaciones durante los años cincuenta, sesenta y setenta -"Cuando nos quedamos sin cabras y sin curas", "De la boina a la visera de propaganda"-, del papel fundamental de las mujeres campesinas -"La Teresa"-, de la vendimia tradicional -"El sexto sentido", "¡Chiquitos, cortádmelas por lo marrón!"- y de la otra -"La otra cara de la vendimia", "Lo pequeño es hermoso"-...

Un libro surgido desde las entrañas, sentido y trabajado como un campo de cultivo. Un libro a ratos airado, pero siempre sensible y encarnado, pleno de sentido:

¿Cómo se puede entender que estos días los agricultores estén tirando los melocotones en las graveras, que el Estado les pague por hacerlo y que una gran parte de la población no coma fruta porque sus medios económicos no se lo permiten al precio que está en el mercado?

Espero que sea un libro muy leído.