sábado, 9 de julio de 2011

Kukutza ikutu bez!!!




Si bien la ciudad puede ser analizada de diferentes maneras -como simple agregado territorial, como artefacto físico o conceptual cuya estructura va a condicionar la forma de vida de los sujetos-, lo que más nos interesa es aproximarnos a la urbe como un complejo entramado de interacciones, “como una unidad funcional en la cual las relaciones entre los individuos que la integran están determinadas no sólo por las condiciones impuestas por la estructura material de la ciudad ni siquiera por las regulaciones formales de un gobierno local, sino más bien por las interacciones, directas o indirectas, que los individuos mantienen los unos con los otros” (Park). La ciudad es, sobre todo, lo que hacemos con ella y en ella. La ciudad es, por encima de todo, sus ciudadanas y ciudadanos y las relaciones que establecen entre sí.

¿Ofrece la ciudad actual oportunidades para que esa interacción se produzca? “En toda América, la planificación urbana ha renunciado a su papel histórico como integradora de comunidades, y propicia un desarrollo selectivo que enfatiza las diferencias”. Esta afirmación de Michael Sorkin, realizada a principios de los Noventa, nos advierte frente a uno de los riesgos más importantes a los que se enfrenta la ciudad de hoy y, sobre todo, la de mañana: el riesgo de que, al margen de nuestras intenciones y deseos, el espacio urbano realmente existente haga físicamente imposible la interacción social imprescindible para la construcción de la cultura ciudadana.
Este espacio urbano donde la interacción social y el encuentro entre vecinos se vuelve crecientemente dificultoso es el que Pietro Barcellona denomina ciudad postmoderna, “una enorme superficie pulimentada en la que se puede patinar hasta el infinito”. La ciudad, históricamente el espacio privilegiado para la civilidad, la socialidad, la comunicación, el encuentro, la participación, se ve reducida a un espacio sin referencias, un espacio que ya no es necesario para la vida; más aún, un espacio para el que la vida no sólo no es necesaria, sino que se convierte en un auténtico engorro. Por evitar encontronazos, inevitables cuando de la vida real se trata, acabamos por volver casi imposibles los encuentros.

Hoy las ciudades se sueñan, se piensan y se diseñan para ser creativas, atractivas, emprendedoras, globales… pero entonces no se sabe qué hacer con la ciudad (y la ciudadanía) encadenada a lo local, con la ciudad (y la ciudadanía) vulnerable y frágil. Si repasamos el índice analítico del libro de Richard Florida Las ciudades creativas no encontraremos referencia ninguna a la pobreza, la desigualdad o la exclusión. Hay universitarios y jóvenes solteros, jubilados, gays y lesbianas, enclaves étnicos; hay, por supuesto, profesionales jóvenes, innovadores y talento. También hay, es verdad, “familias con ingresos bajos, desplazamiento de”; es decir, familias con ingresos reducidos que no pueden afrontar el precio de la vivienda y de la vida en los nuevos “mosaicos urbanos paraíso de los modernos” y que por ello se ven desplazados de estos lugares. Pero no hay vida, al menos no la hay en toda su complejidad.
Desaparecen los problemas, o se planifica su desaparición. Desaparece, por ello, la ciudad real. La pérdida de la ciudad significa, por tanto, la pérdida de la comunicación real al disminuir el interés por los lugares y por la gente.


Bruce Bégout ha captado perfectamente el espíritu de esta ciudad postmoderna, plagada de no-lugares, al analizar el motel americano como expresión de esta no-ciudad: “El motel, lejos de limitarse a ser una muestra del american way of life, muestra que se propaga en la actualidad en la periferia de casi todas las ciudades mundiales, concretiza nuevas formas de vida urbana donde la movilidad, el vagabundeo y la pobreza vital adquieren un lugar preponderante”. Como señala Bégout, la característica más evidente de este motel es que “no se ha previsto ningún espacio, ni externo ni interno, para acoger reuniones de inquilinos”. Por el contrario, “todo ha sido concebido para favorecer una circulación de las personas en sentido único, desde sus automóviles a sus habitaciones y viceversa”. ¿No nos recuerda esta caracterización del motel americano a muchos de los espacios que encontramos en nuestras ciudades?





La ciudad no puede ser un parque temático (Sorkin) ni un lugar de encuentro vacío, “decorado para parecer algún tipo de ciudad ideal, pero donde nadie se relaciona con nadie” (MacCannell). Más acá del espectacular skyline está siempre el topos inmediato de la vulnerabilidad, la fragilidad y la exclusión.
Abandonada a sus propias dinámicas y al contrario de lo que esperábamos, “la ciudad ya no produce sociedad” (Donzelot). La ciudad por sí sola ya no basta para producir ciudadanos ni civismo. Hoy la ciudad exige una nueva actitud por parte de sus habitantes -proactiva, propositiva- para que la vida urbana brote y se manifieste en toda su diversidad, exuberante y agonística.
Ciudadanas y ciudadanos que se reapropien del derecho colectivo a la ciudad no como consumidores de experiencias, ni como emprendedores a la búsqueda de un adecuado suelo para desarrollar su creatividad, ni siquiera como ciudadanos meramente reactivos y exigentes, sino como actores sociales empeñados en la construcción de poderes democráticos. Pues, como recuerda Barcellona, “afirmar hoy que el ciudadano en cuanto tal tiene derechos [...] puede convertirse en un simple ejercicio de lógica, que deduce de la condición de ciudadano el derecho a la atribución de recursos, como si se tratara de un corolario y no ya del terreno de un conflicto que no puede no ser colectivo y que tiene como objetivo la reforma del poder social y de las formas de convivencia”.


Rekalde ha sido siempre, con sus insurgencias ciudadanas y sus emergencias culturales, una ciudad imprevista en el sentido en que Paolo Cottino utiliza este término: “En nuestras ciudades surgen continuamente prácticas, acciones y comportamientos que, al margen de los usos tradicionales del espacio y sin respetar las reglas establecidas para el disfrute de los recursos espaciales urbanos, proponen formas nuevas de relacionarse con el territorio, de aprovechar el recurso «ciudad». Sus protagonistas, por necesidad o por voluntad propia, no se someten a la disciplina impuesta y tratan de controlar ellos mismos el proceso de construcción de la territorialidad, es decir, de la relación social con el territorio”.


Kukutza, expresión de ese activismo ciudadano que hace más y mejor ciudad cada día. Porque ni Bilbao ni Rekalde sin Kukutza serían lo mismo: Kukutza no se toca!!!



domingo, 3 de julio de 2011

Malo si no nos representan, peor si lo hacen demasiado

¿Lo que menos me gusta del 15M? La mirada excesivamente autocomplaciente que dirige hacia sí mismo. La comprendo, claro que sí. Es esa experiencia fundamental que caracteriza la fase de estado naciente de cualquier movimiento social (Alberoni): esa efervescencia, esa experiencia de empezar de cero, esa impresión de que cuando uno descubre algo (un problema, una causa, una pregunta, una respuesta, una señal, una llamada...) todo el mundo debería hacerlo. Yo también la he experimentado y, ¡qué diablos!, no renuncio a volver a hacerlo.
El problema es que esta exhaltación y este arrebato terminen convertidos en combustible que alimente la razón automática -"Levantas la voz, te indignas, lo inundas todo de tu iracundia y ya parece que tienes razón" (Juan Cruz)- o la tentación de la inocencia -con su tendencia a transformar la queja en una "forma charlatana de la renuncia" (Pascal Bruckner).

"No nos representan", (nos) dicen. Y en un sentido profundo es muy cierto. Cuando los partidos se ubican cada vez más en el terreno de la defensa del denominado interés general, su capacidad
de representación se debilita necesariamente. Porque con el interés general ocurre lo mismo que con el sentido común (el menos común de los sentidos): que se trata del menos general de los intereses en un mundo político dominado por los intereses particulares.

Pero, en otro sentido iguamente profundo, ¿pudiera darse el caso de que la peor política sea, precisamente, la que más pueda representar a una determinada ciudadanía?

Javier Marías, "¿Por qué quieren ser políticos?":

A mi modo de ver hay cinco grupos: a) sujetos mediocres que nunca podrían hacer carrera -ni tener un sueldo- si no fuera en un medio tan poco exigente como la política (sé de algún alcalde de ciudad conocido en ella, sobre todo, por ser un completo iletrado y darle a la frasca); b) sujetos que ven un modo de enriquecerse (así lo explicó sin tapujos uno que no quedó lejos de llegar a ministro); c) sujetos que sólo ansían tener poder, es decir, mandar y que la gente les pida favores; tener potestad para denegar o dar y salir en televisión; en suma, ser "alguien" (recuerdo haberle oído contar a mi padre que, apenas quince días antes de la derrota -ya segura- de la República en la Guerra Civil, había tortas para ser nombrado ministro de lo que fuese en la última remodelación gubernamental, cuando ocupar un cargo así sólo iba a traer muy graves problemas a quienes los ocupasen, al cabo de dos semanas: la vanidad no sabe de cálculos); d) fanáticos de sus ideas o metas que sólo aspiran a imponerlas; e) individuos con verdadera vocación política, con espíritu de servicio, buena fe y ganas de ser útiles al conjunto de la población y de mejorarle las condiciones de vida, de libertad y de justicia.
No hace falta decir que, de estos cinco grupos (expuestos -me disculpo- con la grosería inherente a toda simplificación), el único que merece respeto, vale la pena y resulta beneficioso y necesario es el último, que quizá por eso sea el menos nutrido. Lo llamativo es que los votantes no parezcan saber distinguir a los pertenecientes a cada grupo. Acaso no sea fácil, dado que los de los cuatro primeros fingen y engañan, copian y adoptan las maneras y los discursos de los del quinto, se presentan invariablemente como personas desinteresadas y abnegadas. Si en cada legislatura cambiaran las caras, podría entenderse que les diéramos siempre un voto de confianza y nos colaran gato por liebre. Pero esta ingenuidad no es admisible con los políticos veteranos, porque nadie es capaz de fingir bien mucho tiempo. Fingir es difícil y cansa, y el zafio, el oportunista, el tonto, el bruto, el aprovechado, el ladino, el ladrón, el engreído, el fanático, el déspota, todos acaban por parecer lo que son, y sin tardanza. ¿Cómo es que no lo vemos año tras año, legislatura tras legislatura? ¿Cómo es que no sabemos distinguir a los del quinto grupo -que los hay- ni eliminar poco a poco a los de los otros cuatro? Tal vez sería algo a lo que se podrían aplicar los integrantes del 15-M: no a descalificarlos a todos, que es lo que Franco hacía para justificar su prohibición de los partidos; sino a ir señalando, con nombres y apellidos si hace falta, a la enorme cantidad de mediocres, codiciosos, corruptos, fanáticos y engreídos que se han hecho con tanto poder en España.


Elvira Lindo, "Berlusconeando":

Veo italianos. Los observo de arriba abajo con la tranquilidad de que ellos hacen lo mismo y de que no les molesta que una mujer les mire. Entre esos italianos que veo, veo también unos cuantos Berlusconis: esos hombres de edad ya provecta que andan luchando a diario con las arrugas y las entradas en el cuero cabelludo. Y entonces mi mente comienza a construir una teoría. Aquí la dejo. Mi teoría es que nos empeñamos en pensar que el dirigente político de un país nada tiene que ver con el pueblo al que representa: lo estudiamos de manera aislada, nos mofamos de sus pulsiones, de su afición irregular por las jovencitas, de sus implantes capilares, sus estiramientos de piel, su campechanía excesiva, la irreprimible necesidad de ser gracioso, de su aire sobrado, del patoso nacionalismo, el orgullo sin motivo, la condescendencia con las mujeres, la simpatía que de pronto se vuelve insultante o de esa manera impúdica de abusar del poder, como si fuera un derecho de por vida. Así hemos visto el problema italiano: como si todo se redujera a Berlusconi, como si no hubiera gente que lo vota, que quiere parecerse a él, jovencitas que se le rinden o jovencitos que admiran su astucia. Pero siempre, y más en las democracias, hay un parecido entre el gobernante y el pueblo gobernado. Veo italianos. Y debo decir que son tremendamente agradables a la vista, que incluso los feos son guapos, es más, yo diría que los más feos son los más guapos, porque lucen narices esculpidas a martillazos y ojos de pez. Pero esa belleza no me ciega y encuentro con frecuencia una autoestima masculina muy berlusconiana. Pero cuidado, que cuando paseo por España veo Rajoys o Camps (más en los últimos tiempos). No, ellos no nacen de un repollo, somos nosotros los que les damos aliento, vida. Y votos.

Malo, muy malo, es que los políticos no nos representen.
Peor aún que algunos políticos, los peores de todos, nos representen demasiado.

miércoles, 29 de junio de 2011

Gora Donostia-San Sebastián!

El pasado 31 de mayo cuatro miembros del jurado que debía decidir la ciudad que se convertirá en Capital Cultural Europea en 2016 visitaron San Sebastián. Se trataba de Manfred Gaulhofer (presidente del jurado), Jordi Pascual Ruiz, Emilio Cassinello y Danuta Glondys. El objetivo de la visita era, según declararon a los medios, comprobar sobre el terreno si la idea de la cultura como instrumento para superar la violencia y contruir la convivencia -eje del proyecto donostiarra- estaba "bien arraigada" en la ciudad.
Tuve ocasión de participar en la reunion que los miembros del jurado celebraron en el Palacio de Aiete, sede de la Casa de la Paz y los Derechos Humanos, con una veintena de personas que, en diversas circunstancias, hemos tenido algún protagonismo en la lucha por la paz, la libertad y los derechos humanos en Euskadi.
En aquel momento tuve la certeza de que el proyecto presentado por Donostia-San Sebastián sería el ganador si en la deliberación no interferían criterios políticos asociados al cambio producido en el consistorio donostiarra tras las elecciones del 22M.

La exclusión del nuevo alcalde, Juan Karlos Izagirre, de la I Conferencia Internacional sobre Víctimas del Terrorismo promovida por el Gobierno español, la Organización de Estados Americanos y el Consejo de Europa, me hizo temer lo peor. Tal exclusión, en mi opinión incomprensible (lo lógico, en su caso, sería que fuera él mismo quien se retratara), enviaba al jurado de la capitalidad un mensaje poco tranquilizador: si nos fiamos del nuevo regidor, ¿por qué vais a fiaros vosotros?

Afortunadamente ha triunfado el proyecto, las olas de energía ciudadana que lo han impulsado.

Por eso me asombra, no, me indigna, escuchar a los alcaldes de Zaragoza, Burgos o Córdoba, o al exalcalde de Las Palmas, cuestionar la elección aduciendo supuestas contaminaciones políticas. Disparate el suyo.
Y estrechez de miras, y mezquindad, que no representan, seguro, al valor de los proyectos presentados por sus respectivas ciudades.

En noviembre de 2010 me declaré rendido admirador del proyecto. Hoy me emociono al pensar que ese proyecto será realidad en 2016.

Mila esker, Santi, gidaria hain trebea eta argia izateagatik. Eskerrik asko, Odon, zure handitasunagatik.

sábado, 25 de junio de 2011

Negativas y subversiones para construir más y mejor democracia

Robando horas al fin de semana con el fin de satisfacer su inmoderada gula, el librívoro da buena cuenta del último Vattimo y del último Bensaïd. Y entre otras cuestiones de enjundia, cree descubrir en los escritos de ambos reflexiones que parecen pensadas desde/para/en/según el rizomático 15M/DRY.

Cita Bensaïd un fragmento de "Le Refus" (La negativa, 1958), de Maurice Blanchot:
En cierto momento, frente a los acontecimientos públicos, sabemos que debemos rechazar. El rechazo es absoluto, categórico [...]. Lo que rechazamos no carece de valor o de importancia. Es justamente a causa de ello que el rechazo es necesario. Hay una razón que ya no aceptaremos, hay una apariencia de sensatez que nos produce horror, hay un ofrecimiento de acuerdo y de conciliación que no escucharemos. Se produce una ruptura. Hemos sido llevados a esa franqueza que no tolera la complicidad. A lo que añade el recientemente fallecido filósofo y militante francés:
¡Indignación en mediaticolandia! Despecho de los fabricantes de opinión, abofeteados por lo que pensaban que eran sus dóciles criaturas. Fractura social abierta. Intensa herida narcisista de las vacas sagradas. ¡El "no" al referéndum sobre el tratado constitucional no sabría qué sí defiende! ¿Y qué? No hay necesidad de definir en positivo la justicia para rebelarse cotra la injusticia. ¿Por qué siempre "positivizar"? Lo negativo también tiene sus virtudes [Daniel Bensaïd, Fragmentos descreídos, Icaria, Barcelona 2010].

En cuanto a Vattimo, dos reflexiones originalmente publicadas en 2002, al calor de aquellos girotondi de cuya experiencia nuestras indignadas e indignados bien pudieran aprender:
Naturalmente, no pensamos renunciar a la lucha parlamentaria, al esfuerzo de ganar las elecciones. Pero el futuro de la democracia, si todavía lo tiene, pasa por una combinación aún inédita de esta acción política institucional con la presión "subversiva" que, aquí y ahora, resulta cada vez más indispensable para garantizar, justamente, la supervivencia de las instituciones.
Y más adelante:
Nadie quiere encomendarse sólo a la calle, evidentemente. Pero tampoco se puede aceptar una actitud que al final se resume en un "dejad trabajar en paz" a los parlamentarios y sesudos reformistas. ¿Basta con la acción parlamentaria para obtener leyes que respeten los derecho de los trabajadores y los valores fundamentales de la Constitución (de la libertad de información a la división de los poderes del estado, del derecho a la instrucción a la libertad de investigación científica y la propia libertad del mercado frente a los monopolios y la corrupción)? [Gianni Vattimo, El Socialismo, o sea, Europa, Bellaterra, Barcelona 2011].

martes, 21 de junio de 2011

Ser político y no enterarse

Aunque ya tengo seleccionado entre mis favoritos el blog de José Andrés Torres Mora, de manera que basta con pinchar en el link para poder leer su última entrada, quiero destacarla. Irónica, divertida, inteligente y, también, con su puntito de humilde pero necesaria reivindicación, con la que está cayendo.

Ser político y no enterarse
José Andrés Torres Mora
Publicado en La Opinión de Málaga el 21 de junio de 2011


El sábado leí una entrevista a un conocido periodista y escritor, en la que afirmaba: «Los políticos viven en un limbo, sin contacto con la gente». Según esta idea, un día te eligen concejal o diputado, y a partir de ese momento tus padres ya no se hacen mayores, no se quedan solos y tristes en sus casas, no enferman, y así ya no te enteras de la situación de los mayores, ni de las carencias de los servicios sociales o de la sanidad pública. Desde que eres elegido, tus hijos ya no tienen los males de la adolescencia. Se acaba así la experiencia de los problemas del sistema educativo, de la seguridad de la noche y de todas esas cosas que hacen tan entretenida la vida de los padres. Según parece, un día te votan tus conciudadanos y tus primos, vecinos y amigos, ya no se quedan en paro, sino que todos tienen empleo, y de los buenos. Así que, según esta doctrina, te entregas a la causa de los que tienen dificultades, y el día que te eligen dejas de ver las dificultades.

Cruzas la puerta de Cedaceros del Congreso de los Diputados, y se te olvida tu vida anterior: la emigración de tus padres, los internados, la adolescencia en el barrio, la carrera, el paro, los primeros trabajos precarios, los años de profesor universitario, todo se esfuma de tu cerebro. Todos los políticos nos volvemos iguales, pero para bien. Quiero decir, que un día vuelves a casa de tus padres, y al asomarte a la ventana, en lugar de ver el sádico y gris paisaje urbano de un bloque de viviendas en el Camino de San Rafael en Málaga; de pronto ves, pongamos por ejemplo, la bahía de la Concha, en San Sebastián; porque desde que te eligen ya eres igual que, por ejemplo, el hijo diputado de un industrial vasco. O sales de casa, y en lugar de un pasillo oscuro con diez viviendas, te encuentras en el luminoso jardín del chalet de un notario de Madrid, que es papá de un diputado al Congreso. Por supuesto, las conversaciones con padres, tíos y demás familiares, varían una barbaridad. En lugar de contarte por enésima vez en qué condiciones tenían a los inmigrantes españoles en las granjas francesas de comienzos de los sesenta, si sales elegido, tu tío te hablará del ambiente nocturno de la Costa Azul, de Sartre y del mayo del 68 en la Sorbona, como si fuera el vástago progre de una rica familia catalana, ahora tío de un diputado. ¡Ah, París!

Claro, que esto no pasa por casualidad, sino que exige un esfuerzo carísimo y un trabajo inmenso de un montón de gente para confundir a los políticos y así cargarse la democracia representativa. Lo más barato debe ser lo de los periódicos, es decir, hacer una edición especial para los políticos, aunque no sé como lo hacen para que en los kioscos cojamos los que han hecho exclusivamente para nosotros, sólo con buenas noticias. Luego está lo de los telediarios y los informativos radiofónicos. También especiales para nosotros. Tampoco imagino cómo harán lo de cambiar nuestra vida vivida y nuestros recuerdos, y los de nuestros padres, familiares, amigos y conocidos, pero se me antoja que debe ser lo más difícil, incluso para el mismísimo mago Ury Geller.

Después de siete años de parlamentario, mi entorno sigue igual que antes, también mis recuerdos. Quizá por eso, algunas personas me dicen: «Es que tú no eres un político como los demás». Yo les pregunto «¿conoces a los demás?», y esas personas responden: «no, la verdad es que tú eres al único que conozco en persona». Otros muchos políticos me han contado que les pasa lo mismo. Al final va a resultar que de lo que no nos hemos enterado es de que somos políticos.

jueves, 16 de junio de 2011

Real o realista: ¡más y mejor democracia!

"Asediados", "Ataque a la democracia", "Democracia secuestrada"...
No. No se refieren al ataque que los mercados llevan ejecutando contra los gobiernos y las sociedades desde hace tres décadas, ataques que en los últimos tiempos se han convertido en guerra sin cuartel, toque a degüello mediante, contra todo lo que signifique redistribución social o solidaridad pública. Tampoco se refieren al prolongado secuestro por esos mismos mercados de todas las herramientas democráticas para la organización colectiva de la vida social, secuestro que no termina por más que se pague rescate una y otra vez.

"La tutela de los mercados, el endurecimiento de la coerción que se impone a los gobiernos nacionales, la reducción de sus pretensiones redistributivas, son otros tantos elementos que vienen a modificar el sistema equitativo de nuestras sociedades, por un retorno a los principios teóricos y por una desaparición progresiva del terreno democrático. La globalización no sólo incrementa en el sistema equitativo la parte correspondiente al mercado y reduce la de la democracia, sino que lo hace en nombre de la eficacia del mercado, de un orden superior al de la democracia. Eso es lo que se ha dado en llamar impotencia de la política. El cambio del sistema equitativo no procede, en efecto, de una decisión política -en cuyo caso correspondería al deseo de los pueblos-, sino de la coerción exógena que se impone a la democracia. La legitimación de esa coerción sería la eficacia -muy discutible, como ya he mostrado-, pero entonces eso contribuiría a invertir la jerarquía normal de los valores: primero, la eficacia; y después, a título testimonial, la democracia.
Este sentimiento de tener que ratificar una decisión que no han querido, que no les conviene, es lo que ha provocado tanta acritud contra la globalización".

[Jean-Paul Fitoussi, La democracia y el mercado, Paidós, Barcelona 2004, pp. 91-92; las cursivas son mías]

No se refieren a esto. ¿Por qué no han sonado antes estas alarmas? Cuando las agencias de calificación descalifican, cuando los secuestradores exigen rescate, cuando los capitales actuan contra la polis, cuando los mercados compran democracias a la baja...

"La 'gran conspiración de la derecha' no es una metáfora producto de una mente calenturienta, sino la realidad pura y dura, y funciona de un modo muy semejante al de cualquier grupo de presión con intereses específicos. [...] ¿Llegarán los intereses económicos de los medios de comunicación a socavar el tratamiento objetivo de las informaciones?".


[Paul Krugman, El gran engaño, Crítica, Barcelona 2004, pp. 241 y 251]




















Por supuesto: la violencia ejercida contra el Parlament es injustificable. O mejor no darlo por supuesto, y afirmarlo tantas veces como sea necesario, y una más.
Cuando no se sosiega, la apoteosis participativa encierra, entre tantos valores democráticos (que son mayoría) un riesgo de camisapardización. Tanto en la esfera física como en la blogosfera: imposible plantear un debate razonable, sin que el anonimato mate la discusión.

Y ahora dejamos un tiempo antes de continuar con este comentario. Para que no parezca que establecemos odiosas comparaciones. La condena de esa violencia, que inmediatamente evoca imágenes igualmente condenables de la constitución del consistorio en Elorrio -esa anormal normalidad vasca de la que ninguna normalización nos va a salvar-, debe hacerse sin ninguna otra consideración.

Y ahora, pasemos a otra cosa distinta, aunque sea una faceta más de la misma realidad poliédrica que desde hace un mes conforma la sociopolítica española.

El Parlament era antesdeayer el palacio de Versalles asediado por los sans-culottes.
Tampoco es normal seguir haciendo política institucional como si nada ocurriera en la calle (en las calles) desde hace un mes (desde hace años).
¿No estamos cayendo en el mariantonietismo de ofrecer retóricamente comer brioches -Qu’ils mangent de la brioche- a quienes protestan indignados por la falta de pan?

"La revuelta contra las desigualdades realmente existentes se alimenta así de estas tres fuentes: del desacoplamiento entre rendimiento y ganancia, de la contradicción entre legalidad y legitimidad, así como de las expectativas mundiales de igualdad. ¿Es ésta una situación (pre)revolucionaria? Absolutamente. Carece, sin embargo, de sujeto revolucionario, por lo menos hasta ahora. Porque las protestas proceden de los lugares más distintos. La izquierda radical acusa a los directivos de los bancos y al capitalismo. La derecha radical acusa una vez más a los inmigrantes. Ambas partes se corroboran mutuamente en que el sistema capitalista imperante ha perdido su legitimidad. En cierto sentido, son los Estados nación los que se han deslizado involuntariamente hacia el rol de sujeto revolucionario. Ahora, de repente, éstos ponen en práctica un socialismo de Estado sólo para ricos: apoyan a la gran banca con cantidades inconcebibles de millones, que desaparecen como si fueran absorbidas por un agujero negro. Al mismo tiempo, aumentan la presión sobre los pobres. Semejante estrategia es como querer apagar el fuego con fuego".

[Ulrich Beck, "La revuelta de la desigualdad", El País 04/05/2009]

Real o realista, el caso es que la democracia, más y mejor democracia, es la única solución. Es decir, más y mejor política. En la calle y en los parlamentos. De ida y vuelta.
Lo que no puede ser es que la una y la otra, la callejera real y la parlamentaria realista, sólo se encuentren para encontronarse.

lunes, 13 de junio de 2011

Corleone en Alicante

P. Y lo de escarbar en el pasado del socialista Ángel Luna para denunciarle...
R. Puede parecer poco ético, pero lo es bastante menos de lo que él le estaba haciendo al presidente de la Generalitat. Y Ángel Luna sabe que, de lo que sabemos, solamente ha salido una tercera parte. Lo sabe perfectamente. Si hubiera estado tranquilo, si no hubiera intentado hacer daño, posiblemente nadie se habría movido.


Sonia Castedo, alcaldesa de Alicante

De lo que sabemos, solamente ha salido una tercera parte... Si hubiera estado tranquilo nadie se hubiera movido...