Diecinueve garras y un pájaro oscuro
Alfaguara, 2026
"Prendió un cigarro y buscó el cenicero. Lo vio en la mesa. Se detuvo. Siempre lo hacía cuando localizaba algún objeto inmutable, pero vivo. Nadie podía asegurar con absoluta certeza que ese pedazo de cerámica con forma oval no estuviera vivo. Había algo, pequeños detalles, que siempre le hacían dudar. Le horrorizaban los rasgos monstruosos de lo cotidiano. Esas cosas que miramos, pero no vemos, de las cuales no conocemos la verdadera esencia".
Como ya vimos con su novela Cadáver exquisito, en estos relatos Agustina Bazterrica construye un universo narrativo marcado por la incomodidad, la inquietud y una violencia que parece acechar en cada página. Unos relatos que exploran aspectos aparentemente familiares de la experiencia humana para revelar las grietas por las que asoma aquello que preferimos no ver. Lo extraordinario no surge aquí como una ruptura radical de la realidad, sino como una prolongación oscura y ominosa de ella.
Con una escritura sobria y afilada, de gran eficacia narrativa, los cuentos se desarrollan en escenarios donde, como decimos, las fronteras entre lo normal y lo perturbador se vuelven difusas, y lo extraño acaba imponiéndose con una naturalidad inquietante. Desfilan por estas páginas personajes atrapados en obsesiones, relaciones marcadas por la crueldad, cuerpos vulnerables o transformados y situaciones que oscilan entre la pesadilla y la cotidianeidad. Sin embargo, el conjunto evita cualquier tono grandilocuente gracias a una sutil veta de ironía y humor negro que acompaña muchas de las historias.
En estos diecinueve relatos Agustina Bazterrica explora algunos de los territorios más inquietantes de la experiencia humana: la soledad, el duelo, el deseo, la infancia, las relaciones afectivas, la locura, la muerte y las múltiples formas de extrañeza que atraviesan la vida cotidiana. El libro reúne historias de registros muy diversos. Algunas recurren al humor negro y al absurdo para abordar rupturas amorosas, obsesiones, celos o conflictos familiares; otras se adentran en experiencias marcadas por la pérdida, el miedo, la desesperación o el aislamiento. Aparecen niñas enfrentadas a realidades incomprensibles, personajes atrapados en sus fantasías o delirios, individuos que observan el mundo desde perspectivas radicalmente desajustadas y seres que experimentan formas extremas de vulnerabilidad.
La autora adopta voces infantiles, monólogos obsesivos, instrucciones, segundas personas o perspectivas desplazadas que contribuyen a desestabilizar nuestra mirada lectora. El resultado es una colección de relatos donde lo cotidiano aparece constantemente atravesado por una inquietud latente, como si bajo la superficie de la normalidad se ocultara siempre algo amenazante, monstruoso o inexplicable.
"Le dije a papá que mamá lo extraña. Me tocó la cabeza y me dijo que ella está en el cielo con los angelitos y que está muy feliz. No me gustó que me tocara la cabeza, porque lo hizo sin mirar y me despeinó. Entonces le dije enojado, no, mamá grita y llora porque está sola en la luna y tiene frío y quiere que vayas. Me miró con cara rara. Se sentó en el sillón y se puso a tomar. Parecía que quería llorar, pero no podía porque le faltaba tomar más. Miró una foto de mamá que estaba en la mesa y ahí me di cuenta de que papá tiene miedo de ir a la luna, entonces fui a buscar el cuchillo para cortar la carne".
Diecinueve garras y un pájaro oscuro puede leerse como una magnífica exploración literaria de lo que Freud denominó Das Unheimliche (lo siniestro), aquello que resulta inquietante no porque sea completamente extraño, sino porque emerge desde el interior de lo familiar. Lo siniestro aparece cuando algo que debería permanecer oculto sale a la luz, cuando lo cotidiano revela una dimensión perturbadora que siempre estuvo ahí, aunque no la percibiéramos. Eso es precisamente lo que ocurre en muchos de los relatos de Bazterrica. El desasosiego nace de espacios reconocibles -la familia, el hogar, el cuerpo, las relaciones afectivas, la infancia- que poco a poco se vuelven extraños sin dejar de ser familiares. Quien los lee tiene la sensación de encontrarse en terreno conocido, pero algo se ha desplazado ligeramente, y ese pequeño desplazamiento basta para que todo adquiera una tonalidad amenazante.
Si lo siniestro surge cuando se desdibujan fronteras que damos por seguras: entre lo vivo y lo muerto, entre la realidad y la fantasía, entre el yo y el otro, entre lo humano y lo no humano, los cuentos de Agustina Bazterrica exploran esos límites inciertos. Por eso inquietan tanto: porque no nos enfrentan a una alteridad radical, sino a la sospecha de que aquello que consideramos normal contiene siempre, en su interior, una semilla de monstruosidad.

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