jueves, 28 de enero de 2010

Curavacas

Juanjo, Dani... ¿Qué puedo decir?
Mi Montaña Análoga ha puesto de manifiesto su faz más oscura.
Esta vez los guardianes de las puertas invisibles no han querido franquearlas para vosotros.
O tal vez sí, y ahora habitais esa región invisible que todo montañero ha intuido en alguna ocasión...

“Por nuestros cálculos –no pensando en ninguna otra cosa-, por nuestros deseos –abandonando cualquier otra esperanza-, por nuestros esfuerzos –renunciando a toda ayuda-, forzamos la entrada a ese nuevo mundo. Así nos parecía. Pero supimos más tarde que, si logramos abordar la falda de la Montaña Análoga, fue porque los guardianes de las puertas invisibles de esta invisible región las abrieron para nosotros. El gallo desgañitándose en la lechosidad del alba cree que su canto engendra el sol; el niño gritando en una habitación cerrada cree que son sus gritos los que hacen que la puerta se abra; pero el sol y la madre siguen su camino, trazado por las leyes de su ser. Nos habían abierto la puerta, aquellos que nos veían incluso cuando nosotros no podemos vernos, respondiendo con una generosa acogida a nuestros pueriles cálculos; a nuestros inestable deseos, a nuestros torpes esfuerzos” [La Montaña Análoga, R. Daumal].

1 comentario:

Dori dijo...

Juanjo,Dani,espero que donde os encontreis podais seguir escalando esas maravillosas montañas,me habeis llegado a lo mas profundo del corazon porque conozco el curavacas,un monte precioso.Mi intencion es volver a suvirlo otra vez,si lo consigo me acordare de vosotros,sin mas un saludo haya donde os encontreis.