jueves, 10 de septiembre de 2009

Perder la educación

"La mayoría de los abogados de los siete menores acusados de los disturbios ocurridos el pasado domingo en Pozuelo han recurrido la decisión del juez de Menores, encargado del caso, de que los jóvenes no acudan durante tres meses a fiestas a partir de las 22.00 horas, ya que la consideran desproporcionada" (EL CORREO).

Luis García Montero ha escrito un atinadísimo ensayo titulado Perder la educación, del que extraigo estas líneas:

"Desde los austeros jóvenes krausistas hasta los estudiantes barbudos que conspiraron contra el franquismo en las cafeterías universitarias, ser joven en España tuvo la sobrecarga moral de comprometerse con la dignificación de un país derrotado, que había perdido la educación, y que necesitaba encontrarla para pensar con esperanza en su futuro. En todas las épocas hay de todo: ni en los años sesenta todos los jóvenes eran antifranquistas, ni en los años noventa todos los jóvenes pasaban sus noches de viernes en las plazas del botellón. Pero algunas situaciones se convierten en síntomas de una época, y la irrupción de los botellones en la sacrificada piel de toro venía a representar una mutación antropológica que eximía a la juventud de su sobrecarga [...] No tener sobrecarga de responsabilidad ha provocado de repente un problema de irresponsabilidad".

Excelente diagnóstico de un problema del que los jóvenes de Pozuelo son más consecuencia que causa. Hoy por hoy la causa hay que buscarla más bien en sus progenitores:

"El padre que va al colegio con la impertinencia del consumidor -continua García Montero-, no con la queja del ciudadano, está lejos de pretender colaborar con la educación de su hijo. Sólo intenta imponer de forma rápida una solución adecuada a sus necesidades particulares, para obviar el problema que interrumpe su amoratada comodidad".

Hoy por hoy. Mañana esos mismos jóvenes se habrán convertido en causa de nuevos problemas de irresponsabilidad, cuando quienes ahora recuerdan esa noche como la más divertida del año arropen a sus propios hijos ante cualquier irresponsabilidad.

1 comentario:

pablo ignacio dijo...

Transcribo varios párrafos de una reseña del libro de Jose Antonio Marina " La recuperacion de la autoridad" (Editorial Versatil Ediciones ISBN 978-84-937042-5-4).

"Una sociedad permisiva se funda en la libertad y los derechos, mientras que la sociedad autoritaria se hace en la autoridad y los deberes. En las épocas inseguras –y la nuestra lo es- se añora la autoridad. Escuchamos muchas voces alarmadas, quejándose de la falta de respeto que se vive en la familia, en la escuela, o en la sociedad en general. La autoridad de los padres, maestros e instituciones parece haberse evaporado. La cultura de la permisividad comienza a darnos miedo. Hay una nostalgia de la autoridad. Pero
¿a qué autoridad se quiere volver?.

"..........reclamar la vuelta a la autoridad no tiene sentido sin resolver previamente el problema fundamental: ¿Cómo corregir los excesos sin eliminar los triunfos? ¿Cómo vaciar la bañera sin que se nos vaya el niño por el desagüe?"

"Necesitamos reformular el concepto de libertad, que ha provocado todo el problema. La libertad no es una propiedad innata, sino aprendida. No es espontaneidad sino deber. El deber, precisamente, de buscar la excelencia. A partir de esta idea, la educación se convierte en una atractiva tarea de padres, maestros, profesores e instituciones. En suma, de toda la “tribu”."

Me parece la propuesta de la libertad como deber muy sugerente, con un largo recorrido para la época en la que vivimos, sobre todo, como padres y educadores.