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sábado, 19 de marzo de 2022

La cuerda invisible

Erich Hackl
La cuerda invisible
Traducción de Jorge Seca
Periférica, 2022

"Para ti era algo natural y no creías que valiera la pena mencionar que elegiste ser humano en una época de inhumanidad y de barbarie. Y por eso quiero darte las gracias, especialmente ahora que la historia amenaza con repetirse".


Esta es la historia novelada de Reinhold Duschka, austríaco, un modesto artesano del metal que durante cuatro años mantuvo ocultas en su taller a Regina Steining y a su hija Lucía Kraus, judías, en la Viena ocupada por la Alemania nazi. Cinco años de arriesgada clandestinidad durante los cuales se conformó una inesperada cordada de humanismo y solidaridad que a veces proveyó de ropa a las dos mujeres o, incluso, hizo que un funcionario de la Gestapo desoyera una denuncia contra ellas. 
 
Una cuerda invisible vinculó estrechamente las vidas de Regina, Lucía y Reinhold, a las de los compañeros de este en la sección Edelweiss de la Asociación Alpinista de Austria. Esa cuerda invisible las permitió superar una de las épocas más terribles de la historia de la humanidad. Para quienes amamos la montaña y el alpinismo es una tentación irresistible interpretar el comportamiento de Duschka como una expresión del carácter forjado en la práctica del montañismo:

"Reinhold tenía madera para oponer resistencia de manera inteligente. Esto en parte se debía a que, como escalador, estaba acostumbrado a depender de otros y a ser responsable de ellos y, en parte, a que sus cualidades personales contribuyeron a reducir al mínimo los riesgos: la autodisciplina, la discreción, el individualismo, el conocimiento de la naturaleza humana".
 
Una hermosa historia de heroísmo sencillo, cotidiano, ejemplo luminoso de eso que Hannah Arendt escribió en Hombres en tiempos de oscuridad (traducción de Claudia Ferrari y Agustín Serrano de Haro, Gedisa, 2001):

"[...] incluso en los tiempos más oscuros tenemos el derecho de esperar cierta iluminación, y que esta iluminación puede llegarnos menos de teorías y conceptos que de la luz incierta, titilante y a menudo débil que irradian algunos hombres y mujeres en sus vidas y sus obras, bajo casi todas las circunstancias y se extiende sobre el lapso de tiempo que les fue dado en la tierra".

domingo, 13 de marzo de 2022

Mensajes de un mundo olvidado

Stefan Zweig
Mensajes de un mundo olvidado
Traducción de Esther Cruz
Catedral, 2022 
 
"Toda resistencia colectiva contra la guerra está ahora mismo devastada. A decir verdad, millones de personas en el seno de nuestra Europa temen todavía al conflicto, pero las precauciones que adoptan frente a él son absolutamente egoístas y de carácter personal. Acumulan todo el oro puro que pueden y lo esconden por las paredes, cementan los sótanos para poder escapar ellos solos en caso de bombardeo aéreo y se compran máscaras de gas. Todos han abandonado la idea de una resistencia colectiva.Ya no queda ninguna organización pacífica y apenas hay voluntad de que exista una. También los artistas y los eruditos se han cansado de suscribir protestas, porque ven lo absurdo que es arrojar un trozo de papel ante una locomotora en marcha, mientras que la esperanza de la Liga de Naciones la han olvidado ya incluso los más optimistas. Frente al deseo de guerra de algunos dirigentes y naciones, decidido y organizado como nunca antes -¡y tengamos bien claro este peligro!-, hoy, en Europa existe una fatiga infinita".


Stefan Zweig encarna como nadie el sueño y el fracaso de la idea de Europa, su imperiosa necesidad y su repetida imposibilidad. Sus textos, como el que abre este comentario, publicado en 1936, parecen escritos hoy mismo. Son mensajes del pasado cuya lectura atenta nos ayudan a interpretar el presente y a proyectar hacia el futuro. Siempre me ha parecido un autor enormemente inspirador, aunque muchas veces esas proyecciones de futuro acaben estrelladas contra la realidad
 
Humanista desencantado pero nunca derrotado (aunque parezca imposible decir algo así de un suicida), exiliado radical ("Mi crisis interna consiste en que no soy capaz de identificarme con el yo de mi pasaporte, el yo del exilio" - G. Pochnik, El exilio imposible. Stefan Zweig en el fin del mundo, Ariel, 2014, traducción de Ana Herrera Ferrer), leer atentamente a Zweig es añorar un hogar por venir y confiar en nuestra capacidad de construirlo, a pesar de todo.

"Esperemos que no esté lejos la hora en la que los pueblos únicamente compitan en este tipo de toma y daca, en la que no sea con violencia, sino con talento artístico, como un pueblo pueda convencer a otro de su razón de ser, y la historia deje así de ser una mera balada de guerras intermitentes y se alce como un poema épico y un himno del avance común".

Esperemos...

martes, 5 de noviembre de 2019

La sabiduría del amor

Alain Finkielkraut
La sabiduría del amor
Traducción de Alfredo Báez
Gedisa, 1999

"¿Qué es la bondad? Es el hecho de responder 'aquí estoy' a la interpelación de un rostro. [...] Es sentirse cuestionado por la voz que nos habla, sentirse obligado, acusado, requerido... y es aceptar esta responsabilidad exorbitante. Es, en lugar de endurecerse o de volverle las espaldas, acoger al prójimo con la conciencia intranquila que es la modalidad misma de la hospitalidad moral".


En este libro Finkielkraut cuestiona el "sentido común" hegemónico que sostiene que todas las decisiones que tomamos los seres humanos persiguen el propio interés.
Inspirado en la ética de la alteridad de Emmanuel Lévinas y en su "humanismo del rostro"  sitúa el amor al prójimo, concebido como "una conminación a la que es imposible sustraerse", en el centro mismo de la vida ética y de la existencia social.

Como en otras de sus obras -especialmente en La humanidad perdida (Anagrama, 1998)- somete a crítica radical la violencia revolucionaria que tantas veces desemboca en terrorismo. Para ello se basa en el caso de Germana Stefanini, guardia de prisiones de 67 años secuestrada en 1983 por las Brigadas Rojas y ejecutada tras una parodia de juicio popular. Anulada como individuo con su propia historia y sus circunstancias personales -"No sabía qué hacer para vivir. Mi padre acababa de morir. Entre como inválida. Distribuía paquetes a los presos"-, reducida a su función y enclaustrada en su clase, absorbida por la estructura del sistema capitalista, su eliminación es para sus secuestradores tan sencilla como inevitable: "Vamos ¡deja de llorar. De todas maneras no nos importa. Te repito que dejes de llorar, porque no nos conmueves".

Este es. precisamente, el efecto que el otro tiene en mi vida: el de con-moverme, sacándome de mi confortable hedonismo; el de modificar el eje de mi existencia, del yo mismo al tú y yo, al nosotras/nosotros; el de reconocer mi propia vulnerabilidad reflejada en la vulnerabilidad de ese rostro que se entromete en mi existencia. Nada de esto es posible en el mundo de abstracciones e hipóstasis del programa totalitario, ya sea de derechas o de izquierdas.

Como sostiene el autor, "no es seguro que relegando el amor al prójimo a la esfera del ideal estemos en mejores condiciones para concebir lo real. Por el contrario, bien pudiera ser que tengamos necesidad de conceptos anticuados y de otra realidad diferente de la de la posesión  para comprender la relación original con los demás".

Bien pudiera ser...