El corazón revolucionario del mundo
Tusquets, 2025
"Forma de vida autotélica, encerrada en sí misma, justificada por la propia existencia. Todo el dolor causado era inútil, estéril, y sin embargo irrenunciable. Los muertos dejados atrás adquirirían quizá un sentido futuro, lo que requería no detenerse nunca, no aflojar, no dejar de matar, no dejar de perseguir al enemigo, aunque el enemigo ya no tuviera forma alguna".
Una exploración del fervor ideológico y sus fisuras más íntimas ambientada en la convulsa Europa de los años setenta. Es verdad que la obra parte de un contexto muy reconocible (las células revolucionarias clandestinas, el idealismo radical, la conspiración política), pero pronto deja claro que su objetivo no es reconstruir un momento histórico, sino indagar en la psicología y las emociones que sostienen la fe revolucionaria.
La historia sigue a Valeria Letelier, una joven que se siente atraída por la fuerza magnética de un líder revolucionario que predica la transformación total. Lo que comienza como adhesión idealista se convierte en un proceso de iniciación marcado por el entrenamiento, la disciplina y la violencia latente. En espacios cerrados, en pisos clandestinos y casas aisladas en el campo, la novela construye escenarios que se convierten en laboratorios morales donde se ponen a prueba la lealtad, la obediencia y la identidad personal.
La revolución se muestra como un territorio ambiguo donde conviven la generosidad y el deseo de justicia con el narcisismo, la manipulación y el sacrificio de la individualidad. Y un machismo rampante: siempre son las mujeres las que preparan y sirven un café o limpian el desorden. La figura del líder carismático resulta clave: encarna tanto la promesa de sentido como el riesgo de sometimiento. Frente a él, la mirada de Valeria permite observar cómo la fascinación ideológica puede entrelazarse con vínculos afectivos complejos, diluyendo la frontera entre convicción política y dependencia emocional.
Aunque la novela incorpora elementos propios del thriller político (clandestinidad, preparación armada), su verdadero impulso es introspectivo. Serrano se detiene en los mecanismos internos del grupo, en los rituales de cohesión y en las tensiones que surgen cuando la teoría debe enfrentarse a la práctica. La violencia, cuando aparece, no está romantizada y funciona más como interrogante moral que como espectáculo narrativo. De este modo, el relato invita a preguntarse qué significa realmente transformar el mundo y qué coste implica hacerlo.
"No vamos a dar la vuelta ahora. hace mucho que no podemos dar la vuelta. De ninguna manera, Valeria".
Una novela que utiliza el marco histórico de la insurgencia setentera para plantear preguntas totalmente vigentes: ¿de dónde nace el impulso revolucionario? ¿Qué relación existe entre idealismo y poder? ¿Hasta qué punto una causa colectiva puede absorber la identidad individual? Sin ofrecer respuestas, Serrano propone una indagación que nos deja reflexionando sobre la delgada línea entre convicción y fanatismo, entre esperanza transformadora y pérdida de una misma.

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