domingo, 4 de agosto de 2019

El lobo, otra vez

Víctor J. Hernández, editor de uno de los libros sobre temática lobuna más sugerentes que he leído (Encuentros con lobos, Tundra Ediciones, Almenara 2016), escribe:
"Pero es que, además, es necesario comprender que no hace falta ver al lobo, ni siquiera ir a intentarlo: basta con saber que está ahí,  con contemplar el patrimonio rural asociado a la especie, con escuchar el rico acervo cultural oral que atesora, para llenarnos de esa emoción inefable que nos transmite".
Es muy cierto. Basta con saber que el lobo habita en los parajes por los que caminamos para que estos adquieran una densidad especial y se conviertan en paisajes de cuento, de leyenda. Pero ver al lobo, encontrarse con él en la montaña, es una experiencia maravillosa.

Esta mañana he salido con la intención de dar un corto paseo y, se terciaba, fotografiar algún ciervo. También quería intentar fotografiar a una pareja de pitos reales que suelo ver a diario, pero siempre en rápido vuelo de árbol a árbol. La mañana ha salido espléndida y he podido hacer alguna buena foto.


 
 





Inesperadamente he vuelto a encontrrme frente a frente con el lobo. Estaba intentando sacar algo de unos restos de ciervo. Aunque me ha visto, durante largo tiempo ha seguido a lo suyo: o tenía mucha hambre o tenía escaso miedo. Nunca he estado tan cerca de un lobo en libertad, ni durante tanto tiempo.