Pedro Ugarte repite lo que ya han dicho los divulgadores de think tanks neoliberales como el Cato Institute. No pasa nada: cada cual bebe de donde quiere. Pero el estudio de Surjit Bhalla al que hace referencia es del año 2000, y en la última década han ocurrido muchas cosas.
Debería leer el Informe 2009 de evaluación del nivel de cumplimiento de los Objetivos de Desarrollo del Milenio:
"En el 2005, en el Africa subsahariana había 100 millones más de personas extremadamente pobres en comparación a 1990, y la tasa de pobreza continuaba siendo mayor al 50% (aunque comenzó a disminuir en 1999). A nivel mundial, alcanzar la meta de reducir la tasa de pobreza a la mitad entre 1990 y el 2015 parece factible. Sin embargo, algunas regiones no podrán
hacerlo y posiblemente alrededor de mil millones de personas permanecerán en la pobreza extrema en dicha fecha".
hacerlo y posiblemente alrededor de mil millones de personas permanecerán en la pobreza extrema en dicha fecha".
En todo caso, no se trata de rencor patológico hacia la riqueza. Se trata, más sencillamente, de indignación ante un un mundo en el que, como denunciara Jon Sobrino, los seres humanos continuamos divididos, ante todo, según demos o no la vida por supuesto.
Así lo expresaba en una conferencia en 1883 el autor de la clásica utopía Noticias de ninguna parte:
"Escuchadme: dejemos estar a los porcentajes y observemos las vidas y sus sufrimientos, e intentemos darnos cuenta de ellos: porque, en realidad, es esto lo que quiero indicaros, que, aunque podáis llevar a cabo cierta parte del ideal burgués o del ideal radical, hay y siempre habrá gato encerrado en el sistema competitivo. Tal vez creemos -o tal vez hayamos creado ya- una gran masa de gente acomodada, de fortuna media, que ronda el límite de las clases medias (...) pero bajo todo ello aún se encuentra y se encontrará otra clase social, de la cual nunca nos libraremos mientras siga la tiranía del sálvese quien pueda; esa clase es la clase de las víctimas. Y quiero que en estos momentos y por encima de todo no lo olvidemos (en realidad no podremos hacerlo durante unas cuantas semanas) ni nos consolemos con porcentajes, porque la verdad es que las riquezas de los ricos y la comodidad de las personas acomodadas está basada en esa ingente cantidad de miseria indigna, sin recompensa ni utilidad, de la cual en los últimos tiempos hemos oído un poco, un poquito; por lo menos ya sabemos que es un hecho, y tan sólo podemos consolarnos con la esperanza de que podamos, si nos mantenemos vigilantes y diligentes (lo cual ocurre raras veces) disminuir esa cantidad considerablemente. Y ahora os pregunto: ¿Es una esperanza tal, digna de nuestra tan cacareada civilización, de doctrinas perfectas, moralidad elevada e idearios políticos resonantes?"
"Escuchadme: dejemos estar a los porcentajes y observemos las vidas y sus sufrimientos, e intentemos darnos cuenta de ellos: porque, en realidad, es esto lo que quiero indicaros, que, aunque podáis llevar a cabo cierta parte del ideal burgués o del ideal radical, hay y siempre habrá gato encerrado en el sistema competitivo. Tal vez creemos -o tal vez hayamos creado ya- una gran masa de gente acomodada, de fortuna media, que ronda el límite de las clases medias (...) pero bajo todo ello aún se encuentra y se encontrará otra clase social, de la cual nunca nos libraremos mientras siga la tiranía del sálvese quien pueda; esa clase es la clase de las víctimas. Y quiero que en estos momentos y por encima de todo no lo olvidemos (en realidad no podremos hacerlo durante unas cuantas semanas) ni nos consolemos con porcentajes, porque la verdad es que las riquezas de los ricos y la comodidad de las personas acomodadas está basada en esa ingente cantidad de miseria indigna, sin recompensa ni utilidad, de la cual en los últimos tiempos hemos oído un poco, un poquito; por lo menos ya sabemos que es un hecho, y tan sólo podemos consolarnos con la esperanza de que podamos, si nos mantenemos vigilantes y diligentes (lo cual ocurre raras veces) disminuir esa cantidad considerablemente. Y ahora os pregunto: ¿Es una esperanza tal, digna de nuestra tan cacareada civilización, de doctrinas perfectas, moralidad elevada e idearios políticos resonantes?"
[Wiliam Morris, Arte y sociedad industrial, Fernando Torres Editor, Valencia 1975].
Y en estas seguimos hoy en día.
Dato arriba o dato abajo, haciendo memoria de las víctimas.
Antiguos y resentidos que somos.
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