martes, 31 de enero de 2017

La crisis de las izquierdas


A propuesta de Alberto Surio, el pasado miércoles nos juntamos para charlar sobre "la crisis de las izquierdas". Antonio Rivera y yo mismo le dimos unas vueltas a una crisis que es general, estructural.


No sé si avanzamos algo, o si nos quedamos dando vueltas en la noria. Aquí va la conversación, tal como se publicó el domingo en el Diario Vasco:


Imanol Zubero y Antonio Rivera analizan desde el ‘mundo de las ideas’ la crisis que atraviesa la izquierda clásica europea en un contexto paradójico de aumento de la desigualdad en el que emerge el populismo del malestar. Ambos comparten la necesidad de reinventar «un nuevo modelo» que regrese a los orígenes.

–La izquierda europea vive una crisis estructural. ¿Ven luz al final?

–Imanol Zubero: Es complicado. No es una crisis coyuntural, es estructural. Habría que remontarse a los años 70, a la recomposición de la derecha neoliberal, al declive del ecosistema cultural de la izquierda.

–Antonio Rivera: A partir de los 70 comienza a sustituirse una hegemonía cultural progresista por el pensamiento conservador. Después de los felices 90, cuando parecía que se demostraba la incapacidad del capitalismo para controlarse a sí mismo, se ha visto que no ha sido así, sino al revés. Quienes provocaron esa crisis son los que están proporcionando las respuestas y en ese marasmo, quien aparentemente podía estar en condiciones de proporcionar una respuesta, simplemente volviendo a los viejos principios del keynesianismo, no ha sido capaz de hacerlo. Vemos a una izquierda clásica, la socialdemócrata, envejecida e incapacitada para responder incluso volviendo a sus viejas recetas. Pero a la vez hay otra izquierda, aparentemente más nueva, que en buena medida es todavía mucho más vieja porque vuelve a blandir el argumento de la revolución. Y eso genera mucha orfandad en mi generación, huérfana de relato y de compañeros de viaje. Quizá no llegue esa sensación a las generaciones más jóvenes.

–Zubero: No tienen esa sensación de orfandad porque han nacido sin padre, han estado en el hospicio político. En una sociedad que no quiere el asalto al Palacio de Invierno, el problema de la izquierda o del progresismo se va a parecer mucho a lo de enfrentarse a una situación revolucionaria en el sentido de un cambio estructural. La izquierda clásica seguía siendo una izquierda productivista, consumista... Y estos días conviene recordar la frase de Walter Benjamin: «Las revoluciones no son cuando la historia acelera, como pensaban los leninistas, sino cuando la historia echa el freno de emergencia». Estamos en una coyuntura muy complicada para la izquierda. La derecha, incluso la más ultra, pisa el acelerador y piensa: ya saldremos de ésta. La izquierda no puede seguir siendo la izquierda productivista de siempre, tiene que reinventar un modelo. Tenemos que ofrecer una cultura de la suficiencia cuando la izquierda no está acostumbrada a vivir con menos.

–Rivera: Desde el propio Marx se cultivó la idea de vivir con más...

–Zubero: Por eso creo que es necesario reinventar el modelo, no solo el relato.

–Hay más pobreza y más desigualdad, muchos jóvenes se han quedado en la estacada, sin expectativas.

–Zubero: Claro, en el modelo de la izquierda clásica se resolvía siempre por la vía de una mayor producción y, además, en un entorno nacional controlado.

–Rivera: Tú aumentabas la producción y facilitabas el reparto.

–Zubero: Me encanta el documental de Ken Loach ‘El espíritu del 45’ sobre el laborismo histórico después de la Segunda Guerra Mundial. Se ha roto con ese imaginario porque la comunidad de redistribución es el conjunto del planeta. Las condiciones para la izquierda clásica eran el marco de un estado donde se aumentaba esa producción.

–¿El regreso a los orígenes tampoco es entonces la solución?

–Rivera: En una parte sí, como apunta Imanol, ahí está el internacionalismo, que la izquierda siga teniendo como marco de actuación el estadonación cuando el capitalismo tiene otro marco de intervención, la globalización. Habrá que volver al discurso del internacionalismo, no al de la Primera Internacional, pero sí a la idea de que las grandes soluciones requieren grandes acuerdos. Cualquier tipo de enemigo invisible necesita un tipo de solución mundial o no habrá solución. Fijémonos por ejemplo en el control del movimiento de las personas, en el que está de acuerdo toda la derecha y, desgraciadamente, una parte de la izquierda. Tratar las soluciones país a país se está demostrando imposible. Ese regreso a los orígenes puede ser al final lo más nuevo. Porque vivimos con Trump un regreso de los antiilustrados, yo soy un ferviente partidario de la modernidad, sabiendo que no han pasado dos siglos en balde claro. Eso nos va a poner las pilas.

–Zubero: La izquierda políticamente se ha articulado de una forma muy eficaz y muy exitosa durante un tiempo en torno a la tradición marxista. Pero había otras tradiciones de la izquierda, la libertaria, el socialismo utópico, los movimientos sociales que nacen a partir de los años 50 y 60... ¿Cuál es la tradición más en crisis? Pues es la tradición científica, la que cree que el futuro está escrito en el presente.

–Rivera: Pero, sin embargo, sí que es esperanzador en eso que llamamos, con muchas comillas, ’nueva izquierda’, se haya roto la división que había entre el socialismo marxista y al socialismo libertario. A veces las han roto con mucha confusión, aplicando una mirada libertaria al funcionamiento de la sociedad y una mirada tremendamente jerárquica al funcionamiento interno, lo que ya es la cuadratura del círculo. En el caso de Podemos es evidente y chirría mucho. Pero han tenido la virtud de incorporar lo más sano de los nuevos movimientos sociales. Eso ofrece una oportunidad para que hagamos las cosas de una forma distinta.

–Zubero: El sesentayochismo tiene que ver con todo eso, con la ruptura con la izquierda militar... Un ejército como el de Napoleón es mucho más visible que una guerra de guerrillas o que el ejército de Pancho Villa. El modelo napoleónico o leninista ha hecho quiebra, hay que otras formas de lucha, hacia un modelo más capilar.

–Los perdedores de la globalización encuentran salidas en los populismos y en la extrema derecha.

–Rivera: Era magnífico el mensaje del Papa en una reciente entrevista alertando de los redentores en épocas de crisis. Como si los populismos le fueran a robar el monopolio de la redención. (Risas) No es la primera vez que ocurre en la historia, es un poco el borracho que busca la llave bajo la luz de la farola. El borracho es plenamente consciente, incluso en la estupidez, de que la llave no la perdió ahí, pero al menos hay luz. De alguna forma es lo que viene ocurriendo. Por eso se vuelve de nuevo a las fórmulas proteccionistas, que tienden a las mismas fórmulas o a la ferocidad de Donald Trump o, mutandis mutandi, al nacionalismo en nuestro paisito, el refugio en la aldea. Al cabo de dos siglos vuelve a confrontarse ese pensamiento ilustrado e ingenuo, cosmopolita, frente al viejo pensamiento antiilustrado y romántico. Es lo que vuelve a ocurrir, por desgracia, con la incapacidad de la izquierda para plantear una alternativa, o mucho peor, con la izquierda sumándose a esas tesis, aunque sea de una forma aparentemente tenue.

–Zubero: Es que esa contradicción tiene sus luces y sombras. Hay muchas reivindicaciones de arraigo, que son antiliberales, que son claramente autoritarias, pero hay otras muchas que no tienen ese componente. Un eminente filósofo escribió hace 15 años: «La identidad se muere, por fin podremos vivir como turistas en el mundo». Hay gente que tiene capital para vivir así, pero la mayoría de la gente vive sirviendo a los que se sienten turistas de vacaciones en el mundo. El problema de la izquierda es que está muy desarraigada. Cuando Winston Churchill, que no era de izquierdas precisamente, dijo que solo podía prometer «sangre, sudor y lágrimas», la gente le siguió. Pero cuando alguien nos viene diciendo ahora: las pensiones están en riesgo, la gente le responde: ¿Pero qué pensiones? ¿las tuyas? No, las mías. No hay nadie que venga a decirnos: yo voy a compartir contigo mi destino. ¿Por qué Hillary Clinton no conectó con mucha gente? Porque no le veían como uno de los suyos. Trump tampoco lo es, pero tiene un discurso que se le parece, al menos no es del establishment político.

–Rivera: Hay un asunto que es la confianza, la decisión electoral se ha convertido en algo muy parecido a cuando vamos a comprar al supermercado. En general no leemos la composición de un producto, nos fijamos más en los envases. Con la política ocurre algo parecido. Hay una ruptura de públicos, hay una desconexión de generaciones, y no solo de las más jóvenes, hacia determinadas marcas tradicionales. La izquierda clásica se lo tendría que hace mirar. Hay algo de ruptura con las élites en todo esto.

–Zubero: La izquierda se ha desclasado, nos hemos desclasado, nos hemos convertido en gente del mundo de la élite, del mundo de las ideas, de las grandes afirmaciones. Y eso ha cambiado el paisaje. Si a una persona de la derecha le pillas en falso, se ríe, pero a una persona de la izquierda no la puedes pillar en falso. Por eso la primera pregunta que se hace es: ¿pero tú dónde mandas a tus hijos a estudiar? ¿Dónde compras? ¿Dónde vas de vacaciones?

–Y todo eso con una clase media desplomada.

–Rivera: Sinceramente no creo que la clase media se haya desplomado.

–Zubero: Yo tampoco, quien ha pagado la crisis es la gente más pobre, seguramente hay más una ruptura de expectativas.

–Rivera: Sobre todo para los nuevos.

–Zubero: Las unidades familiares en las que el cabeza de familia tiene menos de 30 años han perdido el 23% de su riqueza.

–En este escenario tan convulso, ¿la narrativa izquierda-derecha tiene vigencia?

–Rivera: Yo creo que sí, que creo que tiene que seguir teniendo vigencia.

–Hay quienes sostienen que es un eje ideológico superado...

–Rivera: Claro, los que viven a cuenta de superar esa barrera, pero tiene que haber un discurso que interprete bien esa vigencia. Hay que seguir manteniendo esa dicotomía porque hay una diferencia clara entre quien tiene y quien no tiene, entre quien manda y es mandado. Otra cosa es si somos capaces de acertar con un relato que dé soluciones a los que nos interesan. Otro tipo de discursos, los populismos, algunos son nuevos y otros llevan toda la vida vendiendo el mismo producto, apelan a valores que trascienden este juego: el lugar, la cercanía, la aldea, la nación, la condición de pueblo, la grandeur o el ‘América primero’ de Trump. Y cuidado, porque después del fracaso del populismo de izquierda, viene la derecha más voraz.

–Zubero: Sí, pero hay que recordar que el populismo de izquierda viene también por el fracaso previo de la socialdemocracia. Durante muchos años para ser de izquierda bastaba con ubicarse en la izquierda, con apelar a la tradición familiar o si habías nacido en la Margen Derecha o en la Margen Izquierda. Salvo que tengamos una alternativa, y no la veo, me parece un error renunciar a esa dicotomía. Como decía ‘El Roto’ en una viñeta, la izquierda y la derecha parecen iguales hasta que las ves de cerca. Llamémoslo como queramos, pero hay políticas que nos llevan a un lado y otras a otro. Obama era de izquierdas o de derechas? Pues lo no sé, pero sé a dónde vamos con Trump.

–Rivera: Lo peor es que la izquierda no espabiló con Reagan y con Thatcher y se comió parte del discurso conservador. La tercera vía de Tony Blair fue el principio de nuestros males. Se están pagando ahora los platos rotos de aquello. Fue Blair, Clinton, Schröeder, los últimos años de Felipe González o de Zapatero... se compró la mercancía ideológica de la derecha para hacer más suave la revolución conservadora. Y el discurso hegemónico conservador se instaló entre nosotros y aquí sigue. Acaba de morir Bauman con el discurso de la Ilustración y el progresismo sin necesidad de ir con la bandera roja por la calle.

–¿Cómo ven la relación entre el PSOE y Podemos?

–Rivera: Como decía aquel chino, es temprano. Hay que esperar y ver con la perplejidad qué pasa con el se ve amenazado por el sorpasso y con la extraña de ambición de quien cree que todo su objetivo pasa por matar al padre o al hermano mayor. Cuando pase el tiempo habrá que ver cómo se pone en relación lo que es una izquierda más clásica con una que aparece como más moderna. Ya ocurrió con los verdes alemanes y eso ha obligado a la socialdemocracia a establecer nuevas relaciones. Que van a tener que entenderse es inevitable, aunque se estanquen. Si no, va a ser una bicoca para Mariano. Si esas izquierdas no entran en una relación más llevadera, seguirá la derecha por muchos años en el poder.

–Zubero: Me da la impresión de que entre las bases no se va a producir ese acercamiento. Hay dos culturas. Hay gente que cuando compra el producto ya ni mira la marca PSOE en el supermercado. Eso pasó en un tiempo en Euskadi con mucha gente de izquierda que pasábamos del socialismo. Eso se rompió con el Gobierno de Patxi. Pero la gente más joven no ve al Partido Socialista como una opción. Pongo el caso de mi hija de 18 años. Errejón le gusta porque le parece ‘cuqui’, pero a la hora de votar se plantea hacerlo al Partido Animalista. Ni siquiera Podemos es consciente de lo que está pasando.

–Rivera: Ahí se plantea una fractura generacional. Yo tengo un hijo de casi 30 años, que habitualmente ha votado al Partido Socialista, que en las últimas veces votó a Podemos con el argumento tan sólido, y él es sólido, de que «es que soy joven». La izquierda que se percibe como viejuna se lo tiene que hacer mirar. Pero luego esa aparente nueva izquierda vuelve a principios típicamente revolucionarios y eso me llena de perplejidad. Me altera cómo se instalado esa visión de la política como querencia cuando sabemos que la política consiste en la gestión de la distancia de un deseo y la dificultad para hacerlo posible, en la gestión del ‘mientras tanto’. En el PSOE el debate de fondo es de ideas, pero creo que Patxi López, dentro de la provisionalidad, es las mejores soluciones para suturar las heridas.

–También se presenta Pedro Sánchez.

–Rivera: Puede incluso ganar y meter al PSOE en un nuevo callejón sin salida.

–Zubero: El problema no es tanto de Patxi o no, es más profundo, tiene que ver con la necesidad de una mirada más a largo plazo. Siempre les digo a los líderes del PSE que hay más socialistas vascos fuera que dentro. En los partidos pasa como en el Vaticano, se sabe que el problema no es el Papa, está más en la Curia. Pues eso.
 

2 comentarios:

Pedro Miguel Urzainqui dijo...

Hola. Hasta los años 90 del siglo pasado el problema era más sencillo: o se era capitalista o anticapitalista; todo movimiento revolucionario, nacionalista, etc. o era de izquierdas o estaba apoyado por la entonces Unión Soviética.
Tras el derrumbe de ésta, todo eso también se desplomó. EEUU apoyando a los talibanes en Afganistán y ahora no sabemos quien apoya a esos movimientos.
Incluso las normativas confunden: hasta hace poco los clubs deportivos reunían a gentes que les gustaba el deporte que fuese; ahora son sociedades anónimas, compradas por un señor de Oriente, con dinero, sin saber qué hacer con él.
Aquí llevamos 40 años de democracia y poca diferencia se ha notado entre los gobiernos del PSOE y del PP, tanto unos como otros han recurrido al pragmatismo de hacer lo conveniente, (como Dios manda, dice el Mariano) y así no hay forma de ilusionarse por algo. El entorno socioeuropeo tampoco ayuda, las directrices de la UE no te da margen para un volantazo a posturas de una izquierda más social, y cuando aparece alguien que lo quiere hacer se les tacha de populismo, y ni siquiera ellos saben como enderezar (enizquierdar sería más propio)la sociedad, y así dejan pasar ocasiones, y cuando la tienen en ayuntamientos y autonomías se mira con lupa lo que hacen, y el volantazo es frenado por e entorno.
Así acabaríamos aterrizando en la teoría de la conspiración.

Imanol dijo...

Muy agudo lo de "enizquierdar", Pedro.
En efecto, el panorama es, como tú dices, bien complejo. A la derecha (salvo a lo que de responsable pueda haber en ese campo) le basta con chapotear en el fango de esa complejidad, diciendo hoy una cosa y mañana otra, unas veces tirando de valores para movilizar a las masas (¡la familia! ¡el aborto! ¡la religión! ¡la patria!) y otras, la mayoría, sacrificando cualquier valor al dios Mercado.
La izquierda lo tiene más complicado, hasta sin conspiraciones.