domingo, 15 de febrero de 2026

Místicas

Begoña Méndez
Místicas
Wunderkammer, 2025

"Paradójicamente, la ausencia de Dios es una dádiva: habilita un espacio de búsqueda y reunión, igual que el hambre insaciable conduce de nuevo al alimento. La mística opera en espiral, su estructura es el bucle, la dulce repetición de un anhelo pertinaz, de un éxtasis que no calma. Bajo la imagen del hambre, una conexión secreta vincula intimidad femenina y experiencia sagrada, un lazo invisible anuda literatura y deseo. En el silencio de Dios, las mujeres encontraron su habitación propia, un ámbito interior donde poder escribir y encarnarse en la palabra. Por amor se hacen verbo y cruzan las puertas de sus gineceos, porque la mística es soledad, pero no aislamiento".


Este breve pero intenso ensayo nos invita a un recorrido por la experiencia mística femenina a través de la obra y la vida de diversas creadoras, desde la Edad Media hasta la contemporaneidad, que encontraron en la escritura y el arte una forma singular de acceso a lo trascendente. 

Begoña Méndez propone una relectura contemporánea de la experiencia mística femenina no como reliquia devocional ni como exotismo espiritual, sino como una forma radical de conocimiento y de escritura. El libro no aspira a la sistematicidad académica ni a la historia exhaustiva del fenómeno, pero construye un tejido de afinidades entre mujeres de épocas y tradiciones diversas que, a través de la palabra o del arte, exploraron una forma extrema de atención al mundo.

La autora parte de una intuición potente: la mística no es únicamente una experiencia religiosa en sentido institucional, sino una vivencia de intensidad que desborda el yo y abre una relación transformadora con lo real. En esa línea, el ensayo conecta a figuras medievales como Beatriz de Nazaret o Margarita Porete con creadoras modernas y contemporáneas como Simone Weil, Clarice Lispector, Chantal Maillard o Anne Carson, articulando un “coro” de voces que dialogan con la noción de mística como acto creativo y transformador que trasciende épocas y géneros. 

Un aspecto particularmente valioso es la recuperación de figuras menos conocidas junto a nombres consagrados. Méndez contribuye así a ampliar el canon y a cuestionar la imagen estereotipada de la mística como fenómeno exclusivamente medieval o estrictamente religioso. Al incluir artistas y escritoras contemporáneas, el libro desplaza el foco hacia la mística como experiencia transversal que atraviesa disciplinas y épocas. No se trata de forzar genealogías, sino de mostrar resonancias: una misma pulsión hacia la disolución del ego, una misma tensión entre lenguaje y experiencia límite, una misma apuesta por un saber que no es meramente conceptual.

Uno de los núcleos conceptuales más sugerentes del libro es la distinción entre espiritualidad institucional y experiencia mística. Begoña Méndez subraya que muchas de estas mujeres escribieron desde los márgenes o en conflicto con las estructuras religiosas dominantes. Algunas fueron sospechosas de herejía; otras, incomprendidas o relegadas. La mística aparece entonces no como conformidad doctrinal, sino como gesto de libertad interior que desafía las jerarquías establecidas. 
Más que una obra sistemática, Místicas es una escritura inspirada, humilde y dialogante que desafía la idea de originalidad individual para celebrar una tradición plural y compartida. El ensayo explora cómo estas mujeres, desde sus respectivos contextos, han sabido convertir la palabra en un lugar sagrado donde el lenguaje se vuelve vehículo de experiencia y sentido. 

Uno de los mayores aciertos del libro es su tono. Begoña Méndez escribe desde una implicación personal que no deriva en sentimentalismo. Su prosa es ensayística pero también meditativa, y evita la tentación de convertir a las místicas en iconos inofensivos o en meros símbolos de empoderamiento. Por el contrario, subraya la radicalidad de sus posiciones: muchas de estas mujeres escribieron al margen o en conflicto con las estructuras de poder religioso y cultural de su tiempo. La mística aparece, así, como una forma de insumisión interior que tiene consecuencias públicas, especialmente para esas mujeres que se atreven a desafiar con su vida toda el orden patriarcal:

"Las místicas no solo tienen la cualidad de cuestionar el orden civilizado -el carácter absoluto de sus valores y jerarquías-, sino que también se atreven a inventar una moralidad propia, una ética arraigada en la fuerza del amor enardecido, de un deseo sobreabundante e inútil para el mundo masculino: éxtasis sin marido, creación sin hijos y soledad sin conventos. Sus alegrías y raptos, sus hambres y sus anhelos, sus hondas melancolías y sus vidas excesivas son incómodos, torcidos, socialmente inconvenientes. Por eso serán marcadas con señales de locura o de herejía. La desmesura amorosa es la forma que adopta la insurrección femenina. Por eso históricamente han tenido que pagar peajes muy caros por ser dueñas de su deseo e ir en busca de Dios".

Desde esta perspectiva, el ensayo resulta especialmente sugerente cuando plantea que la mística puede leerse como resistencia frente a la lógica utilitarista contemporánea. En un mundo dominado por la productividad, la aceleración y la mercantilización de la experiencia, la atención profunda, esa suspensión del yo que describen tantas autoras, adquiere un carácter subversivo. La mística no es evasión, sino una manera distinta de habitar el mundo: más lenta, más receptiva, menos centrada en el rendimiento.

El libro propone una visión amplia y afectiva de la mística como “un llamado a aceptar la dimensión desnuda y relacional del ser humano”, y sugiere que la atención profunda y la escritura pueden ser modos de relacionarse con lo esencial más allá de la reducción a lo funcional o mercantil de la cultura contemporánea. Frente a la concepción moderna del yo como entidad autónoma y autosuficiente, la tradición mística propone una experiencia de desposesión o vaciamiento. Esta “aniquilación” del ego no implica nihilismo, sino apertura: el yo se descentra para percibir la interdependencia con el mundo. Méndez sugiere que esta intuición puede resultar especialmente pertinente en una época marcada por la hiperafirmación individual y la autoexposición constante.

En conjunto, Místicas es un libro valioso por su capacidad de articular una tradición femenina de intensidad espiritual y literaria sin reducirla a etiqueta ni instrumentalizarla ideológicamente. Su apuesta no es nostálgica ni confesional, sino exploratoria: recuperar la mística como experiencia de apertura y como gesto crítico frente a un presente saturado de ruido. Más que ofrecer respuestas cerradas, el ensayo invita a leer de otra manera y, quizá, a prestar atención de otra manera. Su mayor logro consiste en mostrar que la mística no pertenece al pasado ni a un ámbito estrictamente devocional, sino que puede funcionar como crítica cultural y como exploración radical de la subjetividad. 

"Lo absoluto es un nudo que se desata. Algo que rompe y que derrama por dentro. Algo que está a la vez fuera y en nuestros cuerpos. Es imposible no haber sentido eso en algún momento. No es necesario ser santa, tampoco pertenecer a ninguna confesión. No hace falta tener fe ni creer en ningún dios. Es algo muy parecido a sentirse desnuda o aterida de frío. Algo irrumpe y nos sobrepasa y nos arroja después a la intemperie".

En un presente saturado de estímulos y marcado por la fragmentación, este libro propone una invitación tan exigente como liberadora: recuperar la atención, el silencio y la palabra como espacios de transformación; e interrumpir el mundo dejando que irrumpa lo absoluto.

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