lunes, 21 de diciembre de 2009

Código hipocrítico


El Comité Ejecutivo del PP ha aprobado hoy el código de buenas prácticas que, en el futuro, debería servi para evaluar el comportamiento de sus cargos electos y evitar los casos de corrupción política.
No entraré en paradojas como esa de que uno de los cinco redactores del código local de buen gobierno, aprobado hace una semana por la Federación Española de Municipios y Provincias, sea un alcalde popular imputado por presunto soborno. Ni en otras.
Diré que me parece fundamentalmente loable una decisión como esta del PP. Loable, pero inútil. Las iniciativas de autorregulación política sirven lo que medidas similares en las televisiones para hacer cumplir los horarios de protección infantil; o sea, que sirven de bien poco.
Cualquier código de autorregulación política, por sí mismo, acaba desembocando en un código hipocrítico. Hipocrítico no en el sentido de hipócrita (o no necesariamente); hipocrítico en el sentido de que, por sí solo, un código de este tipo va a adolecer siempre de un déficit de crítica hacia los indicios de corrupción de los propios.
No pintan bien las cosas si el objetivo del código aprobado hoy por el PP es, según ha declarado su secretaria general, María Dolores de Cospedal, "evitar que se pueda producir una situación en la que personas ajenas al PP se puedan aprovechar de la estructura de nuestro partido". Porque lo más grave de la corrupción política es la protagonizada no por personas ajenas a los partidos, sino por sujetos perfectamente situados en el corazón de los mismos, en sus estructuras de poder y decisión.
Está bien la autorregulación. Pero sin una heterorregulación despierta y activa, como la que debe ejercer una ciudadanía que no deje pasar sin castigo electoral ni un sólo caso de corrupción política, los códigos de buenas prácticas sirven de muy poco.

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