sábado, 25 de mayo de 2019

Tierra de mujeres

María Sánchez
Tierra de mujeres. Una mirada íntima y familiar al mundo rural 
Seix Barral, 2019.

María Sánchez nació en Córdoba en 1989. Es veterinaria de campo, como lo fueron su padre y su abuelo. Pero ella es mujer desarrollando un trabajo de hombres en un mundo de hombres que se asombra al verla aparecer con su furgoneta. Ser la primera veterinaria de su familia pudo tapar durante un tiempo el hecho de ser, también, “la primera nieta, la primera hija, la primera sobrina”. La presencia e influencia de su padre y su abuelo sobrepuesta a la de las mujeres de su familia.

“¿Por qué ellas no ocupaban un espacio importante entre mis referentes? ¿Por qué no fueron nunca el ejemplo a seguir? ¿Por qué de niña no quería ser como ellas?”. Mujeres silenciadas, relegadas a las sombras de la vida rural, a pesar de ser esenciales para el mantenimiento y la reproducción de ese mundo. Como las raíces de los árboles. “Todos aquellos a los que admiré y seguí: científicos, ecologistas, pensadores, veterinarios, pastores, agricultores, jornaleros, ganaderos, conservacionistas, divulgadores, todos ellos, todos, absolutamente todos, hombres”. Nombres de varones con tanta resonancia en nuestro país como los de Miguel Delibes o Félix Rodríguez de la Fuente.

Para rescatar a esas mujeres del silencio y del olvido María Sánchez ha escrito  un libro reflexivo, sosegado: no en vano es autora del poemario Cuaderno de campo (La Bella Varsovia, 2017). Pero es también un texto recio en favor de unas mujeres rurales olvidadas incluso por las otras mujeres, por las mujeres urbanas que impulsan esa esperanzadora revuelta cargada de futuro que es el Ocho de Marzo y todo lo que simboliza y reivindica. Ciudadanas menos aún que de segunda, por ser mujeres que viven en un mundo rural habitado por ciudadanos de segunda, excluidos del acceso a los servicios básicos de salud, educación, cultura o infraestructuras. De ahí su llamamiento a construir “un feminismo de hermanas y tierra”.

“Vivimos a costa de nuestros márgenes”, lamenta María Sánchez. Estos márgenes son la naturaleza ferozmente explotada, reducida a mero recurso, pero también las personas que cultivan los campos y crían el ganado que consumimos sin preguntarnos nada sobre esa persona que hace posible nuestra comida, por su historia, por sus condiciones laborales y de vida… “Cogemos la comida de las baldas y la tiramos sin más al carrito de la compra. Como si lo que acaban de soltar nuestras manos se hubiera formado allí mismo, en el supermercado, como si viniera de la nada, sin un recorrido ni una historia detrás”.

El libro de María Sánchez es un canto de amor a esos márgenes de nuestra sociedad urbana: unos márgenes –un medio rural, unos pueblos- radicalmente innovadores, donde se mantienen y recrean lazos humanos y proyectos vitales sustentados, en la mayoría de los casos, por mujeres. De ahí su firme convicción: “No somos la España vacía. Somos un territorio lleno de vida. De personas, de historias, de oficios, de comunidades”. De mujeres.

domingo, 19 de mayo de 2019

domingo, 12 de mayo de 2019

De Ganeroitz a Arroletza

De la cordillera de Sasiburu puedo decir lo mismo que Nan Shepherd dice de sus Cairngorms: "Una nunca llega a conocer del todo la montaña, ni a sí misma en relación con ella. Por muy a menudo que pasee por ellos, estos montes siempre reservan algo con lo que sorprenderme. Es imposible acostumbrarse a ellos" (La montaña viva, Errata Naturae, 2018. Traducción de Silvia Moreno Parrado).
Por supuesto, la cordillera de Sasiburu no tiene nada que ver con los salvajes Cairngorms. El Ganeroitz, su cota más elevada, tiene unos modestos 559 metros, y el conjunto se encuentra a tiro de piedra del populoso Gran Bilbao.
A pesar de todo, a pesar de que todos los días contemplo su silueta desde mi ventana, nunca me canso de caminar por sus senderos.


Esta mañana no, esta mañana era imposible ver nada, cubierto como estaba todo por la niebla. Pero el cielo dejaba adivinar un brillante color azul, promesa de día soleado, así que he salido en dirección al barrio de Zamundi con la idea de subir desde al Ganeroitz, recorrer desde ahí todo el cordal pasando por Apuko, Sasiburu y Arroletza, y regresar a Alonsotegi por el barrio de Sasia.

 
 

 
 
 
 
 
 
 

Al poco de superar Zamundi, la niebla empieza a disolverse y a dejar paso al sol.

 
 
 
 
 

Al frente, la pala herbosa que lleva hasta la cumbre del Ganeroitz. Pero yo me he metido por el bosque y he subido por su izquierda.

 
 
  
 

Cumbre del Ganeroitz. En la segunda foto se ve el Eretza.
 
 

Ahora toca bajar la pala que antes veíamos desde la base del Ganeroitz. Las peñas blancas que se aprecian abajo es el Apuko, tradicionalmente conocido por estos lares como... Peñas Blancas.
 

Llegando al Apuko, a la derecha se eleva Sasiburu.


Buzón del Apuko. Al fondo, La Arboleda.
 


Desde aquí se aprecia perfectamente el camino hasta Sasiburu.


Mirada hacia atrás, hacia Ganeroitz.
 

Llegando a la cruz del Humilladero, hito referencial en la historia del Grupo Alpino Goiko Mendi.
 
 

 

El Abra.


Cumbre y buzón de Sasiburu.
 
 

Mirada hacia atrás, que nos permite observar todo el recorrido hecho hasta ahora.
 

Alonsotegi.
 
 
Me fascina este tramo del camino entre Sasiburu y Arroletza. Citando a Peter Wohlleben y su libro La vida secreta de los árboles, una auténtica "Wood-Wide-Web".
 
 
 

 Otro vistazo al camino recorrido. Será el último: a partir de ahora, la ruta gira levemente y dejaremos de verlo.

 
 
 
 

Buzón del Arroletza.
 

Desde aquí, a tiro de piedra, Bilbao.


La bajada se realiza por un bosque de eucaliptos, siguiendo en gran parte el trazado del gasoducto que va desde Santurtzi hasta Arrigorriaga, construido si no recuerdo mal en los primeros años noventa: un terreno empinado y descarnado, incómodo. 
 
 

El Sasiburu se asoma entre los pinos.
 

Así y todo, incluso en este terreno  se abre paso la belleza.
 
 
 

Último vistazo al Sasiburu, ya casi desde el pueblo.