viernes, 23 de diciembre de 2022

Bipolar. Una mente inquieta

Kay R. Jamison
Bipolar. Una mente inquieta
Traducción de Manuel Talens
Tusquets, 2022
 
 
"Cuando empecé a pensar en escribir este libro, mi idea inicial era que fuese un tratado de afectos que hablase sobre una enfermedad de humores altos y bajos en el contexto de una vida. Pero al escribirlo, sin embargo, se ha convertido en un libro que trata asimismo del amor: el amor como sostén, como regenerador y como guardián".

 
 
Licenciada en psicología por la Universidad de California en Los Ángeles, Kay Redfield Jamison (nacida en 1946) es una reconocida autoridad en los procesos maniaco-depresivos, dolencia que ella misma ha padecido desde su entrada en la edad adulta. Psicóloga clínica y profesora e investigadora sobre transtornos en los estados de ánimo en la Johns Hopkins University School of Medicine, este libro, publicado originalmente en 1996, es una sobrecogedora guía al territorio de ¿la locura? Este es el leguaje que usa la autora para referirse a su dolencia y a sí misma, pero no puedo ocultar la incomodidad que me produce utilizarlo; tal vez por lo que ella misma explica, por pensar (posmodernismo mediante) que "la desestigmatización de la enfermedad mental tiene lugar meramente a causa de un cambio en el lenguaje"
 
Sea como sea, este libro sobregoge, como ya he dicho, pero también emociona. Como seguramente cualquiera que lea estas líneas, conozco muy de cerca situaciones similares a la de Kay Jamison, personas para mí muy queridas que se enfrentan cada día a la depresión, a esa dolencia "plana, hueca e insoportable", tan alejada de mi propia vivencia que, cuando la enfermedad aprieta, parecen seres de otro planeta, de otra especie. "La gente no soporta permanecer a tu lado cuando estás deprimida", escribe Jamison; y continua:
 
"Puede que piensen que deberían hacerlo e, incluso, que lo intenten, pero saben, y tú también, que eres aburrida hasta más no poder: irritable y paranoica y malhumorada y sosa y crítica y quisquillosa. Por más ánimos que te den, nunca son suficientes. Estás aterrada y aterras a los demás, y cuando te dicen que 'ahora no estás bien, pero pronto lo estarás', sientes que no es verdad".
 
Leer este libro me ha hecho, creo, entender mejor una experiencia-otra, me ha ayudado (me está ayudando) a colocar en un segundo plano mis propios sentimientos y sensaciones cuando las personas a las que quiero se ven zarandeadas por ese terremoto emocional que es la depresión. Porque sí, de eso va este libro: de amor, no de enfermedad, "del amor: el amor como sostén, como regenerador y como guardián". Y ello a pesar de que, como escribe la autora, "no hay amor en el mundo que pueda curar la locura y deslustrar la oscuridad de las depresiones", mientras que, al contrario, "la locura puede [...] matar el amor".
 
Desde el realismo y sus angustias, nada parecido al banal pensamiento positivo, esta mirada amorosa, reconciliada con su vida, con sus experiencias, lleva a la autora a reconciliarse también con su enfermedad:

"Entonces, ¿por qué no rechazo todo lo que tenga que ver con esta dolencia? Creo sinceramente que, a causa de ella, he sentido más cosas y con más profundidad, he tenido experiencias más intensas, he amado más y he sido más amada, he reído más a menudo al haber llorado más veces también, he apreciado mejor las primaveras a causa de los inviernos, he percibido la cercanía de la muerte y -junto con la vida- la he estimado más, he conocido lo mejor y lo peor de las personas y he aprendido poco a poco los valores del cariño, de la lealtad y del ver a través de las cosas. He descubierto la anchura y la profundidad de mi mente y de mi corazón y he sabido cuán frágiles son los dos. Durante meses, cuando estaba deprimida, me he arrastrado a cuatro patas para poder desplazarme por la habitación, pero ya fuese en épocas normales o bajo los síntomas de la manía, he corrido más aprisa, he pensado con más celeridad y he amado con un apresuramiento superior al de los demás. Y creo que esto se debe a mi enfermedad, a la intensidad que presta a las cosas y a la perspectiva que fuerza dentro de mí".

Por ponerle un pero, resulta muy cuestionable que se haya escogido como título Bipolar, cuando la autora critica abiertamente el uso de este término para referirse a su enfermedad: "Como persona y como paciente [...] me parece que la palabra ´bipolar´ es extraña y poderosamente ofensiva: creo que oscurece y minimiza la enfermedad que supuestamente representa. La descripción 'maníaco-depresiva', a mi entender, describe la naturaleza y la seriedad de la dolencia que padezco, en vez de tratar de cubrir su realidad". Más aún cuando la primera edición de este libro, publicado también por Tusquets pero en 1996, traducía literalmente el título original inglés: Una mente inquieta. Testimonio sobre afectos y locura.
 
En todo caso, es un libro imprescindible. Para leer y releer, para reflexionar y para conversar.




1 comentario:

Anónimo dijo...

Muchas gracias por la reseña de este libro que "va de amor, no de enfermedad". Lo buscaré. Un abrazo. Alfonso