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viernes, 25 de abril de 2025

Declaración de Independencia del Espíritu

Releo estos días el libro de Romain Rolland Más allá de la contienda (Nórdica Libros y Capitán Swing, 2014; traducción de Carlos Primo). Recoge textos publicados entre 1914 y 1919, todos ellos dirigidos a reivindicar el diálogo, el entendimiento y la paz en una Europa arrasada por el militarismo. Entre estos textos destaca el que cierra el libro: la "Declaración de Independencia del Espíritu", publicada en el diario L'Humanité el 26 de junio de 1919. La versión en inglés empieza con "Intellectual workers...". Me gusta más la idea de trabajadoras (la primera firma es de la maravillosa Jane Addams) y trabajadores del Espíritu.
 
DECLARACIÓN DE INDEPENDENCIA DEL ESPÍRITU
 
Trabajadores del Espíritu, compañeros dispersos a lo largo y ancho del planeta, separados desde hace cinco años por los ejércitos, la censura y el odio de las naciones en guerra: en esta hora en que las barreras caen y las fronteras se reabren, os dirigimos un llamamiento para reformar nuestra unión fraternal, pero una unión nueva, más sólida y segura que la que existía antes.
     La guerra ha traído la destrucción a nuestras filas. La mayoría de los intelectuales han puesto su ciencia, su arte y su razón al servicio de los gobiernos. No queremos acusar a nadie ni elevar ningún reproche. Conocemos la debilidad de las almas individuales y la fuerza elemental de las grandes corrientes colectivas: éstas han barrido a aquéllas en un instante, porque no había defensa preparada. ¡Que, al menos, esta experiencia nos sirva para el futuro!
     Y, en primer lugar, constatemos los desastres a que conduce la abdicación casi total de la inteligencia del mundo y su sumisión voluntaria a las fuerzas desencadenadas. Los pensadores, los artistas han añadido una suma incalculable de odio envenenado a la plaga que roe la carne y el espíritu de Europa. Han buscado en el arsenal de su sabiduría, de su memoria y de su imaginación, razones antiguas y nuevas, razones históricas, científicas, lógicas y poéticas para justificar el odio. Han trabajado para destruir la comprensión y el amor entre los hombres. Y así han afeado, envilecido, rebajado y degradado el Pensamiento al que representaban. Lo han convertido en un instrumento de las pasiones y, tal vez sin saberlo, de los intereses egoístas de un clan político o social, de un Estado, de una patria, de una clase. En este momento, todas las naciones enfrentadas, victoriosas o vencidas, salen de la batalla moribundas, empobrecidas y, en el fondo de su corazón (aunque lo nieguen), avergonzadas y humilladas por su crisis de locura. Junto a ellas, el Pensamiento, implicado en sus combates, sale también destronado.
     ¡Levantémonos! ¡Libremos al Espíritu de estos compromisos, de estas alianzas humillantes, de estas servidumbres disimuladas! El Espíritu no está al servicio de nada que no sea él mismo. Somos nosotros quienes estamos a su servicio. Nuestra misión es defender su luz y agrupar a su alrededor a todos los hombres extraviados. Nuestro rol, nuestro deber, es mantener un punto fijo, señalar a la Estrella Polar en medio del torbellino nocturno de las pasiones. Entre estas pasiones de orgullo y de destrucción mutua, nos negamos a elegir, y las rechazamos todas. Rendimos honores a la única Verdad libre, sin fronteras ni límites, sin prejuicios de razas o de castas. Desde luego, ¡no nos desentendemos de la Humanidad! Trabajamos por ella en su totalidad. No distinguimos entre pueblos: conocemos a un solo Pueblo, único y universal, al Pueblo que sufre, que lucha, que cae y se levanta, y que avanza siempre por un camino difícil empapado de sudor y sangre, el Pueblo de todos los hombres, todos hermanos por igual. Y para que, al igual que nosotros, tomen conciencia de esta fraternidad que ponemos por encima de sus ciegos enfrentamientos: el Arca de la Alianza: el Espíritu libre, uno y múltiple, eterno.
 
 

A partir del 23 de junio de 1919, esta declaración ha sido respaldada por: Jane Addams (Estados Unidos); René Arcos (Francia); Henri Barbusse (Francia); Léon Bazalgette (Francia); Jean-Richard Bloch (Francia); Roberto Bracco (Italia); Dr. Jean-Richard Bloch (Francia); LEJ Brouwer (Holanda); A. de Châteaubriant (Francia); Georges Chennevière (Francia); Benedetto Croce (Italia); Albert Doyen (Francia); Georges Duhamel (Francia); Prof. A. Einstein (Alemania); Dr. Frederik van Eeden (Holanda); Georges Eekhoud (Bélgica); Prof. A. Forel (Suiza); Verner von Heidenstam (Suecia); Hermann Hesse (Alemania); P.J. Jouve (Francia); JC Kapteyn (Países Bajos); Ellen Key (Suecia); Selma Lagerlof (Suecia); Prof. Max Lehmann (Alemania); Carl Lindhagen (Suecia); M. López-Pico (Cataluña); Heinrich Mann (Alemania); Marcel Martinet (Francia); Frans Masereel (Bélgica); Émile Masson (Francia); Jacques Mesnil (Bélgica); Sophus Michaelis (Dinamarca); Mathias Morhardt (Francia); Prof. Georg-P. Nicolaï (Alemania); Eugène d'Ors (Cataluña); Prof. A. Prenant (Francia); Romain Rolland (Francia); Bertrand Russell (Inglaterra); Han Ryner (Francia); Paul Signac (Francia); Jules Romain (Francia); G. Thiesson (Francia); Henry van de Velde (Bélgica); Charles Vildrac (Francia); Léon Werth (Francia); Israel Zangwill (Inglaterra); Stefan Zweig (Austria).
Ya se han recibido otras firmas que se publicarán más adelante
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sábado, 26 de agosto de 2023

M. El hombre de la providencia / M. Los últimos días de Europa

Antonio Scurati
M. El hombre la providencia
Traducción de Carlos Gumpert
Alfaguara, 2021

"En aquel entonces, en el crepúsculo de la Guerra Mundial, supo darse cuenta de que, si el clamor socialista de las plazas en el siglo XIX había sido impulsado por la esperanza, el de la pequeña burguesía en el siglo XX se vería abrumado por el miedo. [...] [L]os militantes socialistas manifestaron sus exigencias no reconocidas, sus expectativas incumplidas, expresando una enérgica reclamación con el fin de que sus esperanzas en el progreso, en la mejora de sus condiciones de vida, en la emancipación de los obstáculos o cadenas que lo impedían, pudieran verse por fin cumplidas. Fueron, en definitiva, plazas turbulentas, indudablemente descontentas, pero, en última instancia, confiadas, e incluso jubilosas. [...]
Pero con el nuevo siglo, la esperanza había quedado suplantada por el miedo. Y junto a este, por el desánimo, la desesperación, el desconcierto, la sensación de derrota, de haber sido traicionados, de degradación, hasta llegar al hastío, al resentimiento, a la rabia vengativa. [...] Después de la Gran Guerra, millones de italianos dejaron de confiar en el cambio y empezaron a sentirse amenazados por él. El canto de las plazas se ahogó en un grito".


Tras el espectacular inicio con M. El hijo del siglo Scurati continua con su monumental proyecto de reconstruir la historia de Benito Mussolini, de la Italia fascista y de la Europa y el mundo que contemplaron, primero, y sufrieron, después, el surgimiento del fenómeno político moderno que encarna como ningún otro la maldad política. Este segundo volumen se inicia el 15 de febrero de 1925, con un Mussolini que gobierna desde hace dos años Italia pero que es incapaz de gobernar su propio cuerpo, "hinchado de hipersecreciones ácidas y gases", encerrado en su alcoba entre el hedor de sus vómitos y flatulencias:
 
"A eso ha quedado reducido Benito Mussolini, el Duce del fascismo, a un tubo digestivo. Nada más que eso. Las purgas y sus consecuencias. Ese es su único pensamiento. Qué equivocado estaba Nuestro Señor Jesucristo: debería habernos hecho de otra manera, olvidándose de las tripas. Debería habernos creado para que nos alimentáramos del aire, o bien apañárselas para que el alimento fuera absorbido sin necesidad de emitirlo después. Por el contrario, ha condenado a los hombres a la perenne lucha por vaciar los intestinos, al vía crucis del estreñimiento. Y de esta forma, ahora él, el Jefe de las legiones de camisas negras, el conquistador de Italia y el italiano más admirado en el mundo, si cena un plato de espaguetis con salsa de tomate luego no evacúa durante tres días. Y cuando lo hace, si lo hace, deposita un bolo de heces alquitranadas, exiguas y afiladas como un hueso de ciruela".
 
Un inicio fantástico para un libro que nos introduce literalmente en las tripas del fascismo, de manera que si en el primer volumen asistimos a la llegada de Mussolini a la jefatura del Gobierno italiano, en este presenciamos las luchas internas (en el partido fascista) y externas (en el parlamento) para extender su proyecto hasta lograr la completa fascistización de Italia:

"La meta definitiva de la revolución es que el fascismo consiga impregnar no solo el espíritu de los italianos, sino también todos los centros vitales y todos los ganglios nerviosos de la vida nacional. El régimen solo se completará cuando haya en cada puesto del escalafón -desde el del general al del cabo- una camisa negra con la mente y la voluntad bien modeladas por las del Duce. El país ha de quedar sometido a una completa fascistización. En todas las oficinas, en todas las posiciones clave, en todas las cátedras habrá de sentarse un fascista genuino".

El objetivo es superar las confrontaciones y antagonismos sociales convirtiendo a la nación italiana en "una entidad orgánica, viva, que se afana por cooperar, de generación en generación, en aras de su propio crecimiento material y espiritual". Un solo cuerpo nacional ligado al cuerpo del propio Duce, permanentemente expuesto ante el pueblo en poses forzadamente vigorosas (pecho saliente, brazos en jarras, mentón alzado), torso desnudo en la playa o entre los campesinos que trillan el grano ("nunca, antes de ese momento, en la era moderna un jefe de Estado se había mostrado desnudo en medio de su pueblo"); un cuerpo exteriormente atlético, poderoso, en realidad cáscara que oculta un interior hediondo, pútrido, mierdoso.
 
El libro se cierra el 29 de octubre de 1932, en el Palacio de Exposiciones de Roma, en la que el Duce inaugura la Mostra della Rivoluzione Fascista con la que se conmemora el décimo aniversario de la marcha sobre Roma que dio inicio (inicio violento) a la era fascista. En la cúspide de su poder, Mussolini visita las salas de la exposición hasta llegar a la dedicada a la memoria de los "mártires" fascistas, donde los nombres de los camaradas caídos se acompañan del grito necrófilo del fascismo grabado en metal: "¡PRESENTE! ¡PRESENTE! ¡PRESENTE!". Es "la llamada de los muertos", la invocación que los vincula con los vivos

"El coro de los muertos, con esa repetición obsesiva suya, salmodiando la mentira del presente, se difumina en el borboteo digestivo del rumiante, al mismo tiempo primordial y futrurible, en un eco que solo en apariencia reverbera el pasado reciente de la revolución fascista en el décimo aniversario de su advenimiento.
Para quien sabe aguzar el oído hacia el lugar de las resonancias -y Benito Mussolini, aunque sea incapaz de otra cosa, eso lo sabe hacer bien- el coro de los muertos llega a la Sala U no desde el pasado, sino desde un porvenir inminente".
 

*-*-*-*-*

Antonio Scurati
M. Los últimos días de Europa
Traducción de Carlos Gumpert
Alfaguara, 2023
 
"Mussolini parece divertido con estos excesos de escrúpulos raciales del fundador del nazismo. Su tono, cuando habla del feroz antisemitismo de Hitler, tiende hacia la condescendencia de un hermano mayor ante la desatinada exuberancia del menor. La irónica bonhomía con la que Mussolini desestima la obsesión antijudía de su amigo alemán serviría de alivio, si pudieran asistir a la conversación, a los miles de judíos italianos que viven conteniendo la respiración desde el día en que el régimen fascista se proclamó abiertamente racista. El oírlo hablar así, vestido de jardinero, llevaría a pensar que no les falta razón a los muchos judíos fascistas, aún convencidos de que su ídolo, obligado a su pesar a dar algunos pasos en la dirección indicada por el alemán, no tiene la menor intención de perseguirlos [...].
Mientras e entretiene amablemente con el lúgubre trasfondo de la política europea, Pini observa a su Duce que, de vez en cuando, casi como su fuera un pequeño propietario de tierras, se detiene  a podar un árbol, a serrar una rama muerta o una especie silvestre".
 
 
Tercera entrega de una tetralogía que, cuando llegue a su culminación, será reconocida como una obra clásica, esencial para comprender no ya el fascismo italiano sino el espíritu de dos épocas: de aquella y de esta. La historia transcurre entre el 3 de mayo de 1938 y el 10 de junio de 1940, el día en que, tras muchas vacilaciones, Mussolini anuncia la entrada de Italia en la guerra como aliada de la Alemania nazi.
 
Con el mismo rigor histórico y la misma densidad literaria que los dos volúmenes anteriores, en este libro Scurati disecciona la trágica historia de una Italia fascista que, tras haber apoyado a Franco en su rebelión contra la legítima República (“La consigna de los rojos era esta: «¡No pasarán!». Pues hemos pasado y os digo que seguiremos pasando”) acabará uniéndose a Hitler en su criminal pesadilla expansionista. La imagen del Mussolini jardinero nos conecta con la conocida reflexión de Zygmunt Bauman sobre la "mentalidad de jardinero" como marco cosmovisional que hizo posible el Holocausto:

"[El jardinero es] aquel que tiene en mente un proyecto ideal para intervenir sobre la realidad y la naturaleza. El hecho de que antes de actuar ya tenga en mente un proyecto significa que algunas plantas que corren el riesgo de convertirse en maleza son eliminadas, mientras que otras son sembradas y cultivadas con cuidado".
 
La casi completa "fascistización" de Italia, a la que nos referíamos al comentar el libro anterior, es ya un hecho:
 
"¡Y pensar que en los días de la marcha sobre Roma este mismo pueblo de obreros y ferroviarios socialistas opuso una notable resistencia armada a las escuadras fascistas! Incluso después de que el rey retirara el estado de asedio y le hubiera encargado ya la formación de su primer gobierno, la columna de escuadristas encabezada por Giuseppe Bottai, hoy ministro de Educación Nacional, tuvo que luchar duramente mientras cruzaba el barrio de San Lorenzo, donde ahora las madres ofrecen a sus hijos al Duce del fascismo para que los bendiga laicamente con una caricia".

Apenas dos décadas después de de la finalización de aquella guerra de debía "acabar con todas las guerras", el continente europeo afronta un nuevo conflicto internacional en el que Mussolini se imagina actor protagonista, cuando no es sino un secundario a la sombra de Hitler.

Espero con ganas el cuarto y último volumen de una saga que nos hace amar la historia y la literatura.
 

viernes, 29 de julio de 2022

Pasar, cueste lo que cueste

Georges Didi-Huberman y Niki Giannari
Pasar, cueste lo que cueste
Traducción de Mariel Manrique
Shangrila, 2018


"Tenías razón.
Los hombres olvidarán estos trenes
como olvidaron aquellos otros.
Pero la ceniza
recuerda".
 
 
Así comienza el poema de Niki Giannari "Unos espectros recorren Europa", con el que se abre este libro. Un texto poderosísimo, un salmo laico, un retumbar de pasos sobre la tierra embarrada, un sacudir de alambres, un repicar de voces reclamando pasar, solo pasar. "Aquí, en el parque cerrado de Occidente, / las naciones sombrías amurallan sus campos / de tanto confundir al perseguidor y al perseguido", denuncia Giannari. "Pasan y nos piensan. / Los muertos que hemos olvidado, / los compromisos que asumimos / y las promesas, / las ideas que amamos, / las revoluciones que hicimos, / los sacramentos que negamos, / todo volvió con ellos".
 
Este poema es el eje vertebral del documental del mismo título realizado en 2016 por la poetisa, junto con su amiga María Kourkouta, en el que se testimonia la realidad de la vida de las miles de personas procedentes de Oriente Medio, sobre todo de Siria, refugiadas en el campo de Idomeni, en la frontera entre Grecia y Macedonia. Allí, junto a una estación de ferrocarriles por la que circulaban sin obstáculos los trenes cargados de mercancías, miles de personas refugiadas se apiñaban retenidas en condiciones inhumanas.
 
Con la lucidez y sensibilidad que le caracterizan, Didi-Huberman analiza el documental y, a partir de él, disecciona y denuncia la gravísima "crisis política de las instituciones jurídicas de hospitalidad occidental", componiendo un texto que debería formar parte del botiquín de emergencia de toda aquella persona o entidad que quiera combatir la creciente insensibilización de nuestras sociedades ante el dolor de las demás.

domingo, 13 de marzo de 2022

Mensajes de un mundo olvidado

Stefan Zweig
Mensajes de un mundo olvidado
Traducción de Esther Cruz
Catedral, 2022 
 
"Toda resistencia colectiva contra la guerra está ahora mismo devastada. A decir verdad, millones de personas en el seno de nuestra Europa temen todavía al conflicto, pero las precauciones que adoptan frente a él son absolutamente egoístas y de carácter personal. Acumulan todo el oro puro que pueden y lo esconden por las paredes, cementan los sótanos para poder escapar ellos solos en caso de bombardeo aéreo y se compran máscaras de gas. Todos han abandonado la idea de una resistencia colectiva.Ya no queda ninguna organización pacífica y apenas hay voluntad de que exista una. También los artistas y los eruditos se han cansado de suscribir protestas, porque ven lo absurdo que es arrojar un trozo de papel ante una locomotora en marcha, mientras que la esperanza de la Liga de Naciones la han olvidado ya incluso los más optimistas. Frente al deseo de guerra de algunos dirigentes y naciones, decidido y organizado como nunca antes -¡y tengamos bien claro este peligro!-, hoy, en Europa existe una fatiga infinita".


Stefan Zweig encarna como nadie el sueño y el fracaso de la idea de Europa, su imperiosa necesidad y su repetida imposibilidad. Sus textos, como el que abre este comentario, publicado en 1936, parecen escritos hoy mismo. Son mensajes del pasado cuya lectura atenta nos ayudan a interpretar el presente y a proyectar hacia el futuro. Siempre me ha parecido un autor enormemente inspirador, aunque muchas veces esas proyecciones de futuro acaben estrelladas contra la realidad
 
Humanista desencantado pero nunca derrotado (aunque parezca imposible decir algo así de un suicida), exiliado radical ("Mi crisis interna consiste en que no soy capaz de identificarme con el yo de mi pasaporte, el yo del exilio" - G. Pochnik, El exilio imposible. Stefan Zweig en el fin del mundo, Ariel, 2014, traducción de Ana Herrera Ferrer), leer atentamente a Zweig es añorar un hogar por venir y confiar en nuestra capacidad de construirlo, a pesar de todo.

"Esperemos que no esté lejos la hora en la que los pueblos únicamente compitan en este tipo de toma y daca, en la que no sea con violencia, sino con talento artístico, como un pueblo pueda convencer a otro de su razón de ser, y la historia deje así de ser una mera balada de guerras intermitentes y se alce como un poema épico y un himno del avance común".

Esperemos...

viernes, 24 de septiembre de 2021

Lectura crítica de la Carta Social Europea

 SEMINARIO ONLINE: “POLÍTICAS EUROPEAS Y ESTRATEGIAS DE LUCHA CONTRA LA POBREZA”

EAPN - ES

24/09/2021

https://www.eapn.es/actividades/159

 

Panel: “El potencial para los derechos sociales de la Carta Social Europea revisada”

 

 

[I] No soy jurista y hasta hace unos días, cuando empecé a preparar esta intervención, no me había preocupado por conocer nada de esta Carta Social Europea. Carmen Salcedo sabe mucho más que yo de esto. He leído con mucho interés sus artículos “La Constitución Social de Europa (Carta Social Europea): realidad y efectividad de la defensa de los derechos” y “La Carta Social Europea y el protocolo de reclamaciones colectivas: fortalecimiento de los derechos sociales y sus garantías”, publicado en Gaceta Sindical, la revista del sindicato en el que milito desde hace treinta años.

Pero, como decía Mario Onaindia, si contratas a un mariachi es para que cante rancheras. Así que yo voy a cantar sociología. Y lo haré utilizando como pórtico dos reflexiones:

ü  El jurista italiano Pietro Barcellona denunciaba hace años la conversión del derecho en una mera técnica de control social y lamentaba que “cada vez más, esta sociedad necesita ser regulada jurídicamente; y cada vez más, la justicia aparece lejana e indecible”. Es decir, que producción jurídica y justicia real no van necesariamente unidas.

ü  El activista comunitario Saul Alinsky dijo en alguna ocasión, confrontándose con el maximalismo de los Black Panther, que es un terrible error estratégico proclamar que el poder está en la boca del fúsil cuando es el adversario el que tiene todos los fusiles. Lo mismo ocurre con el derecho.

 

[II] En el webinario 'La Carta Social Europea revisada, más y mejores derechos sociales", organizada por el CERMI y EAPN-ES el pasado mes de julio, el Secretario de Estado de Empleo y Economía Social del Ministerio de Trabajo y Economía Social, Joaquín Pérez, calificaba la Carta Social Europea revisada como el tratado social “más importante para el reconocimiento de los derechos sociales”.

Unos meses antes, Confederación Europea de Sindicatos hacía pública una resolución sobre el 60º Aniversario de la Carta Social Europea del Consejo de Europa y del 25º Aniversario de la Carta Social Europea Revisada, en la que señalaba lo siguiente:

Las Cartas Sociales Europeas del Consejo de Europa son las piedras angulares de la protección de los derechos sociales fundamentales en Europa. […] Sin embargo, los derechos sociales fundamentales siguen considerándose en Europa como derechos humanos de "segunda clase". Los derechos sindicales, laborales y sociales fundamentales siguen siendo socavados, en particular en tiempos de crisis económica, financiera y ahora de pandemia. La efectividad de los derechos sociales fundamentales no es suficiente. El número de casos de disconformidad sigue siendo elevado, en particular en ámbitos sensibles como el derecho a la libertad de asociación, la negociación colectiva y la acción colectiva. Además, problemas que a veces han sido criticados durante décadas siguen sin ser resueltos por las respectivas Partes Contratantes debido a la mera falta de voluntad política.

¿Con qué nos quedamos?

 

[III] Valoro enormemente contar con textos políticos y jurídicos creados con la intención de proteger los derechos fundamentales: no renuncio en absoluto a la Declaración de Filadelfia adoptada por la OIT en 1944, ni a la Declaración Universal de Derechos del 48, ni el Pacto internacional de Derechos Económicos, Sociales y Culturales del 66, ni a la Constitución del 78. Pero no las mitifico.

Por cierto: no se me ocurre decir que la Carta Social Europea sea más relevante que ninguno de estos tratados desde la perspectiva del reconocimiento y defensa de los derechos sociales.

Pero no deberíamos caer en el espejismo constitucionalista.

“La socialdemocracia –escribía Habermas (1993)– se ha visto sorprendida por la específica lógica sistémica del poder estatal, del que creyó poder servirse como un instrumento neutral, para imponer, en términos de estado social, la universalización de los derechos ciudadanos. No es el estado social el que se ha revelado como una ilusión, sino la expectativa de poder poner en marcha con medios administrativos formas emancipadas de vida”.

Como señala Gray (1998), “una de las principales flaquezas del pensamiento socialdemócrata está en su espejismo constitucionalista: creer que simplemente por instaurar instituciones jurídicas deja de ser necesario proseguir con la negociación del equilibrio entre los intereses en conflicto y con la definición política del modus vivendi entre las distintas comunidades. El verdadero quehacer político consiste, más allá de las reformas constitucionales, en buscar el esquivo hilo de la convivencia en el laberinto de unos intereses y de unos ideales irremediablemente opuestos”.

 

[IV] El objetivo de la carta no es comprometer y asegurar derechos sino establecer las condiciones en que puedan hacerse efectivos los derechos (¿o principios? No es lo mismo, en absoluto). Se trata, por tanto, de derechos condicionados. Y acepto desde el realismo más prosaico que, en la práctica, hasta los derechos fundamentales acaban por verse condicionados. Pero el problema es: ¿condicionados a qué o por qué?

Un ejemplo: el derecho (o principio) 4: “Todos los trabajadores tienen derecho a una remuneración suficiente que les proporcione a ellos y a sus familias un nivel de vida decoroso”. Dejo a un lado el lenguaje sexista que atraviesa todo el texto y la sospechosa vaguedad del término “decoroso” (aunque hay formas que dicen todo del fondo). Vamos al debate sobre la subida del SMI: la CEOE lo rechaza “por la situación delicada de las empresas”. Confrontadas la situación delicada de las empresas y la situación delicada de las familias trabajadoras para sostener un nivel de vida decoroso, ¿qué hacemos en el marco de esta Carta?

Y si vamos a la Parte III, la que indica las OBLIGACIONES de los estados que la ratifiquen, el escepticismo se apodera de mí:

Art. A.1a) [Cada una de las Partes se compromete] a considerar la parte I de la presente Carta como una declaración de los objetivos que tratará de alcanzar por todos los medios adecuados […].

1b) a considerarse obligada por al menos seis de los nueve artículos siguientes de la Parte II de la Carta: artículos 1, 5, 6, 7, 12, 13, 16, 19 y 20.

è Quedan fuera, me gustaría saber por qué, el 31 (derecho a la vivienda), el 30 (derecho a protección contra la pobreza y la exclusión social), 27 (conciliación familiar-laboral), 26 (derecho a la dignidad en el trabajo), 23 (protección social de las personas de edad avanzada) o el mencionado 4 (derecho a una remuneración suficiente).

Que se vuelven “adicionales” u opcionales, y entre los que los Estados firmantes tendrán que escoger al menos 10 artículos, para sumar 16.

De verdad que me resulta moralmente insoportable encontrar este lenguaje de mercadeo en un texto que, supuestamente, pretende garantizar derechos fundamentales.

 

[V] Los derechos económicos, sociales y culturales deben abandonar definitivamente el ámbito de las declaraciones y convertirse en efectivas obligaciones de las comunidades políticas.

è Siguen sin ser derechos exigibles, a diferencia de los civiles y políticos

 

è Seguimos entrampadas en la tensión entre las famosas dos libertades de Berlin: negativas y positivas, libertad de y libertad para.

 

è Es imprescindible pensar en términos de égaliberté (Balibar), de igual-libertad.No hay ejemplos de restricción o de supresión de las libertades sin que se produzcan desigualdades sociales; ni desigualdades sin restricción o supresión de las libertades, incluso cuando se puede hablar de grados, tensiones secundarias, fases de equilibrio inestables, situaciones comprometidas en las cuales la explotación y la dominación no se distribuyen de manera homogénea sobre todos los individuos. Étienne Balibar (1992). Les frontières de la démocratie. Paris: La Découverte, p. 137.

Entre otras cosas, esto sólo será posible si pasamos de una simple política de reivindicación de derechos sociales a una nueva política de construcción de poderes sociales. Las políticas de conquista o defensa de derechos sociales muestran en nuestros días toda su fragilidad.

Un “derecho social” no es más que la atribución al Estado de la tarea de gestionar determinados intereses expresados por la ciudadanía. Pero la gestión de los derechos sociales por el Estado se ha visto zarandeada por el impulso del globalismo capitalista, que rechaza tales derechos como obstáculos para el desarrollo económico.

Por eso, no podemos limitarnos a adoptar una estrategia de simple “conquista de derechos”, sino de constitución de poderes sociales para que sean las ciudadanas quienes participen en la definición de las políticas de solidaridad.

è Construcción social de las políticas públicas.

 

[VI] En cuanto al Protocolo Adicional a la Carta Social Europea en el que se establece un sistema de reclamaciones colectivas. A través de este mecanismo, las organizaciones sindicales, empresariales y sociales pueden acudir ante el Comité Europeo, sin necesidad de agotar las vías judiciales internas, para presentar reclamaciones colectivas por vulneración de los derechos contenidos en la Carta. Las organizaciones autorizadas son, por ejemplo, aquellas organizaciones no gubernamentales con estatuto consultativo en el Consejo de Europa o las organizaciones de empleadores y sindicatos que actúen en el Estado en cuestión.

 

Riesgo de bascular cada vez más del activismo ciudadano al lobismo, debilitando en última instancia la democracia social y política que queremos defender. Y riesgo de deslegitimación de esas organizaciones sindicales y sociales que, con la mejor voluntad, jueguen solo en ese terreno. Por sus magros resultados. ¿No hemos aprendido nada desde la crisis de 2008?

No es nuestro campo de juego, aunque haya que jugar en él. En esto del lobismo nos gana de largo Iberdrola, entidad que, por cierto, aspira a meter una cuchara de 30.000 millones en los fondos europeos de la Next Generation. Desconozco a qué cantidad aspira el tercer sector de acción social.

Y hablando de fondos europeos. Reviso el listado de proyectos presentados por el Gobierno Vasco   para el fondo europeo Next Generation -Mecanismo de Recuperación y Resiliencia y me lleno de dudas (y sospechas). Por ejemplo, en el apartado “Hábitat urbano” aparecen estos dos proyectos: Plan "Zero Plana". Descarbonización y digitalización del parque público de alquiler del Gobierno vasco y Electrificación renovable nuevo parque de vivienda social en alquiler CAPV. No tengo nada contra la descarbonización, la digitalización o la electrificación renovable, pero, ¿de verdad está garantizado el derecho a la vivienda en Euskadi como para priorizar este tipo de proyectos? ¿no sería más adecuado, desde una perspectiva de recuperación y resiliencia, disponer de un parque suficiente de vivienda pública para garantizar el derecho número 31 de la Carta Social Europea? Porque el próximo día 13 está previsto el desahucio en Atxuri de Pilar y Ramón

 

Por tanto. A pesar de mi escepticismo, no renunciar a ninguna herramienta. Al contrario, usarlas todas, también esta. Pero no caer en el espejismo constitucionalista ni en el lobismo aristocrático. Nosotras, con nuestra organización y nuestra lucha, somos el mejor instrumento para asegurar los derechos sociales y económicos de todas y de todos.

sábado, 5 de diciembre de 2020

Los amnésicos

Géraldine Schwarz
Los amnésicos
Traducción de Núria Viver Barri
Tusquets, 2020 (5ª ed.)
 

"Los padres de mi padre no habían estado ni del lado de las víctimas, ni del lado de los verdugos. No se habían distinguido por actos de valentía, pero tampoco habían pecado por exceso de celo. Simplemente eran Mitläufer, personas «que siguen la corriente». Simplemente, en el sentido de que su actitud había sido la de la mayoría del pueblo alemán, una acumulación de pequeñas cegueras y de pequeñas cobardías que, sumadas unas a las otras, habían creado las condiciones necesarias para el desarrollo de los peores crímenes de Estado organizados que la humanidad haya conocido jamás. Después de la derrota y durante largos años, a mis abuelos les faltó perspectiva, como a la mayoría de los alemanes, para darse cuenta de que, sin la participación de los Mitläufer, incluso aunque hubiera sido ínfima a escala individual, Hitler no habría estado en condiciones de cometer crímenes de aquella magnitud".

 

Hija de padre alemán y madre alemana Géraldine Schwarz tiene un abuelo paterno que, valiéndose de la legislación nazi para la "arianización" de todos los bienes propiedad de judíos (hogares, obras de arte, negocios o empresas), en 1938 adquirió, por un precio muy inferior a su valor real, una empresa a sus propietarios judíos, posteriormente asesinados en Auschwitz. También tiene un abuelo materno que fue gendarme al servicio del gobierno colaboracionista de Vichy: "Por allí pasaban los clandestinos que huían, los judíos y los resistentes del bastión de la región montañosa de Morvan [...] ¿Mi abuelo había arrestado a alguno? ¿Los había mandado al otro lado y los había entregado a los alemanes? ¿Había disparado contra los que huían? Nunca lo sabré, pero mi madre y mi tío recuerdan que, después de la guerra, su padre decía que, cuando podía, cerraba los ojos. Y por lo que sé de él, me inclino a creerlo".

A partir de la historia de su familia, particularmente de su rama paterna, la autora profundiza en la memoria de una Alemania, sí, pero también de una Europa y de una sociedad internacional que siguieron la corriente al nazismo hasta que esa corriente se convirtió en una inundación que amenazó con inundarlo todo.

Schwarz recuerda que en julio de 1938, cuando la dramática situación de la población judía en Alemania y Austria era más que conocida, el presidente Roosvelt convocó una conferencia internacional en la localidad francesa de Évian-les-Bains, famosa por sus balnearios de aguas termales, con el objetivo de los países participantes en la misma asumieran el compromiso de acoger a personas refugiadas que huian del nazismo. Acudieron a la convocatoria 32 Estados (Italia y la URSS rechazaron participar), cuyos representantes se reunieron durante nueve días en el lujoso Hotel Royal, a orillas del lago Lemán. Pero, aunque "los delegados internacionales se sucedieron en la tribuna para expresar su profunda compasión por la suerte de los judíos en Europa [...] ninguno ofreción su hospitalidad, excepto la República Dominicana, que reclamó subvenciones a cambio". Se trataba de encontrar acomodo a unos 360.000 judíos alemans y a otros 185.000 austríacos, unas cifras irrisorias, correspondientes a personas mayoritariamente urbanas, formadas, con capacidades intelectuales y empresariales, cuya aportación a los países que las acogieran sólo podría ser beneficiosa. Pero ni por esas: "Estados Unidos, representado por un simple hombre de negocios [Roosevelt optó por no enviar a ningún funcionario de alto rango, sino a su amigo, el empresario Myron C. Taylor], se negó a elevar sus cuotas, fijadas en 27.370 visados al año para Alemania y Austria. Con ello, uno de los países más influyentes del planeta había marcado el tono y el resto del mundo se apresuró a seguirlo".  

Hoy la historia se repite con las refugiadas y refugiados que cada día se lanzan al Mediterráneo.

Géraldine Schwarz repasa críticamente la manera en que tras la guerra se afrontó este oscuro pasado, especialmente en Alemania donde, tras los juicios de Núremberg, la llamada "desnazificación" no pasó de ser más que una operación cosmética, al permitirse la readmisión a sus empleo de centenares de miles de funcionarios que los Aliados habían despedido por su proximidad al régimen de Hitler y aprobarse en 1954 una ley de amnistía que reconocía como circunstancia atenuante la "obediencia en estado de urgencia" (Befehlsnotstand) incluso en el caso de altos funcionarios nazis o de personas condenadas por crímenes de guerra. "La leyenda según la cual era imposible desobedecer una orden criminal sin arriesgar la vida -algo que Schwarz cuestiona, como ya lo hizo Ch. R. Browning en Aquellos hombres grises- había conseguido un estatuto oficial".

También reflexiona sobre la forma en que una parte de la juventud alemana de los años sesenta sustituyó la amnesia de sus padres por la confrontación con su pasado, sobre las políticas de memoria implementadas en Europa, la reunificación de las dos Alemanias, la eclosión de movimientos de extrema derecha como Pegida y Alternativa para Alemania, así como en otros muchos países europeos, y advierte contra el riesgo de que la amnesia pueda estar contaminando Europa de nuevo.

También nos ofrece una vacuna para prevenir ese riesgo: "A menudo, me pregunto lo que yo habría hecho. Nunca lo sabré. Lo que importa lo comprendí leyendo estas líneas del historiador Norbert Frei: que no sepamos cómo nos habríamos comportado 'no significa que no sepamos cómo habriamos tenido que comportarnos'. Y cómo tendríamos que comportarnos en el futuro".

Es un libro que hay que leer.

Aquí, una entrevista con la autora.

miércoles, 29 de julio de 2020

Escupir en la iglesia: un sí de izquierdas al brexit

Timothy Appleton
Escupir en la iglesia: un sí de izquierdas al brexit
Lengua de Trapo, 2020

"Los sectores de izquierdas que siguen creyendo que lo único que nos protege del capitalismo bárbaro de nuestros propios Estados-nación es el modelo social europeo, deberían quizás invertir su análisis: en realidad, lo único que, por el momento, nos protege del capitalismo de la UE es el modelo social -y esto depende de nuestra propia decisión soberana, democrática, patriótica y popular- de nuestros Estados-nación".


Appelton es británico de origen aunque vive en España, doctor en Filosofía por la Complutense, profesor en la Universidad Camilo José Cela y de izquierdas. Lo contrario del estereotipo de leaver que manejan los medios de comunicación y que, en parte, reflejan los estudios sociales: una persona de edad avanzada, poco formada y de derecha. De ahí el interés de este ensayo, en el que defiende un brexit de izquierdas (o lexit) convencido de que la Unión Europea es, en su esencia misma, "un bloque neoliberal y antidemocrático", por lo que de ninguna manera puede aspirar a tener un planteamiento de izquierdas. Como se afirma en el texto que abre este comentario, Appleton reivindica, desde un planteamiento alineado con la teoría populista de izquierda de Laclau y Mouffe, una vuelta a la nación como única estrategia contra el neoliberalismo rampante.

En su opinión la gente, las clases populares, llevan tiempo dando la espalda al proyecto europeo, con su desafección electoral, con el fracaso de los referéndums sobre el Tratado que establecía una Constitución para Europa y, de manera definitiva, con su apoyo al brexit. La contrapartida de este rechazo sería su reivindicación de soberanía política que las proteja: "Si la izquierda ya no quiere representar el deseo de soberanía de un pueblo, la derecha radical vendrá y encontrará una manera de hacerlo".

Tiene razón Appleton cuando sostiene que "la única manera de tener una integración económica y financiera exitosa en el continente es que se dé primero una integración política", pero se equivoca a la hora de caracterizar esa integración política. Como prueba de la inexistencia de un demos europeo, de una identificación entre todas las personas que conformarían esa Europa unida, plantea lo siguiente: "Si un aleman prefiere ver a un griego malnutrido antes que una transferencia de fondos de su país al otro, puede extrapolarse que no existe suficiente identificación personal entre los europeos para crear una unión económica funcional". No sé, tampoco lo creo, que todos los alemanes prefieran la malnutrición de los griegos a la solidaridad con ellos. Y, en todo caso, la integración política tiene más que ver con factores institucionales que con esa dimensión emocional (lo que no supone despreciar el efecto de las emociones políticas). No hay nación (ni región, ni ciudad) en la que no podamos identificar tensiones de solidaridad, tensiones que en muchos casos dan lugar a nacionalismos fiscales. Pero lo que garantiza la redistribución en sociedades complejas es la existencia de mecanismos de redistribución institucionalizados. ¿Faltan en Europa este tipo de instituciones? Sí. Pero esta ausencia es un argumento en favor de más, mejor y diferente Europa.

Como señala Isidro López, citando al historiador Alan Milward, "una de las funciones centrales de la UE desde sus principios ha sido reconstruir el Estado-nación desde la esfera transnacional, antes que minarlo".

Así lo planteaba Milward en un artículo publicado en 1997:

"La Comunidad ha proporcionado una de esas raras situaciones de armonía en que la política exterior brota directamente de los imperativos de la política doméstica. [...] La medida en que los distintos países controlan todavía la unión es la mejor defensa del argumento que asegura que ésta fue creada en interés de aquéllos.
El brazo ejecutivo de la Unión, la Comisión Europea, no tiene capacidad para recaudar impuestos, que han de serle entregados por intermedio de las distintas naciones. Su presupuesto alcanza a poco más del 1% del producto interior bruto de la Unión. Su burocracia es más reducida que la de la mayoría de las grandes ciudades europeas. El Tratado de Roma prohíbe expresamente la existencia de un déficit presupuestario. El consejo de ministros de la Unión, que ejerce la función legislativa, consiste en una serie de comités compuestos íntegramente por ministros de los distintos gobiernos nacionales. Las amplias líneas de su política están determinadas por un Consejo Europeo formado por los presidentes de los distintos países. Por lo que respecta al Parlamento Europeo, digamos que no dispone de un hogar permanente ni de un sistema unificado de elecciones, que el único control que ejerce sobre el gasto consiste en un rechazo total del presupuesto, que su único control efectivo sobre los nombramientos que se realizan con destino a la Comisión es la amenaza, difícil de usar en la práctica, de rechazarlos en su totalidad y que no tiene derecho a iniciar legislación alguna. De acuerdo con los criterios europeos, no se trata de un parlamento en absoluto, sino más bien una institución de carácter ceremonial como la monarquía"
.

El enemigo elegido por Appleton es realmente fácil de abatir (intelectualmente hablando). Sin entrar en su supuesta esencia, algo complicado de hacer con las herramientas de la investigación empírica, no cabe duda de que la Unión Europea acumula desde hace decadas todos los déficits democráticos en los que cabe pensar. Su diagnóstico en este aspecto es certero y fundado. El problema, como tantas veces, está en los adjetivos que acompañan a los sustantivos que combate o que reivindica: entre los primeros destaca el de "europeismo ciego"; entre los segundos, el de "izquierda verdadera" [las cursivas son mías]. 

El problema de la izquierda, en Europa igual que en cualquiera de sus países y ciudades, es su debilidad. En eso estamos de acuerdo. Pero pensar que es posible evitar esa debilidad mediante la mera reducción de la escala política en la que actúa, mediante la construcción de izquierdas patrióticas, me parece un "delirio" -así (des)califica a iniciativas como DiEM25- o, lo prefiero, una apuesta tan complicada y no tan legítima como la de construir una izquierda europea. Tan complicada por lo de la debilidad de la izquierda, que no se resuelve con simples cambios de escala (ni hacia arriba ni hacia abajo). Y no tan legítima por los riesgos que tiene el patriotismo, incluso el que se formula con las mejores y mas incluyentes intenciones.

El propio Appleton se ve obligado, por mor de su soberanismo, a cuestionar el principio de libre circulación de personas migrantes por razones económicas, aunque al tiempo afirme el derecho absoluto a migrar de persona refugiadas o demandantes de asilo. No nos explica cómo es posible armonizar ambas perspectivas. Pero cuando afirma que "siempre debemos correr el riesgo de una subjetivación regresiva si queremos conseguir, en algún momento, una 'progresista'", mucho me temo que no es él (ni yo) quien va a sufrir las consecuencias derivadas de asumir ese riesgo.

miércoles, 8 de julio de 2020

Cómo la pandemia cambiará el mundo

Ivan Krastev
¿Ya es mañana? Cómo la pandemia cambiará el mundo
Traducción de Carmen M. Cáceres y Andrés Barba
Debate - Penguin Random House, 2020


Este breve ensayo es una de las reflexiones más interesantes de entre los muchos, excesivos, artículos y libros publicados al albur de la pandemia.

A pesar de que el autor duda de que el recuerdo de la pandemia perdura en nuestra memoria colectiva (la prueba es el olvido de la llamada gripe española, que entre 1918 y 1920 acabó con la vida de entre 50 y 100 millones de personas), ya que "no es fácil convertir una pandemia en una buena historia", está convencido de la COVID-19 "cambiará nuestro mundo de una manera profunda".

Krastev compara y distingue la pandemia de otras tres crisis que han afectado al continente europeo durante la última década: la amenaza terrorista, la crisis financiera y la crisis de los refugiados. En su opinión, se trata de un fenómeno esencialmente distinto, que no puede ser respondido, y de hecho no lo está siendo, mediante las políticas implementadas en los tres casos anteriores. Destacan dos diferencias fundamentales:

1. La pandemia ha generado un "nacionalismo de quédate en casa" que no se basa en el nacionalismo etno-cultural: "El extranjero ya no es la persona que no nació aquí, sino la que no está aquí en este momento: ahora importa más la residencia que el pasaporte". Recordemos, en este sentido, la polémica de la "madrileñofobia" o el blindaje, con cierre de accesos incluido, de las localidades turísticas para evitar la acupación de las segundas residencias.

2. Frente a la crítica de la política ý los políticos (la casta, no nos representan) y hasta de las y los técnicos (reducidos a siniestros tecnócratas, "hombres de negro") derivada de la crisis de 2008, crítica paradójica, ya que en su origen fue una crisis de los mercados no de los gobiernos, la crisis de la COVID-19 ha servido para poner en valor la intervención tanto del Estado como de las y los científicos.

Krastev considera que nos encontramos ante una oportunidad para repensar muchas cosas que hasta ahora se descartaban al considerarlas imposibles: "El capitalismo ha quedado temporalmente en suspenso", de manera que "todas esas medidas políticas que nuestros gobernantes llevaban años diciéndonos que eran imposibles e impracticables, al final son perfectamente posibles y practicables". Sin embargo, no deja de advertir de la posibilidad de que, cuando vayamos saliendo de la crisis y el recuerdo de la misma se diluya, retornemos al escenario político que se ha ido configurando en los años pasados: aunque "hoy por hoy, y a causa de la intensidad del miedo que genera la COVID-19, es el Gobierno y no la retórica populista quien se ha asegurado el éxito [...] cuando la fase más grave de la crisis actual haya acabado y la gente deje de temer por su vida, regresará el enfado y probablemente vuelvan a prosperar los pollíticos populistas como Marine Le Pen o matteo Salvini". Para combatir esta posibilidad, añado por mi parte, va a ser fundamental la manera en que la Unión Europea afronte la crisis socioeconómica asociada a o derivada de la pandemia.

El libro termina presentando siete paradojas derivadas de la pandemia. Destaco dos de ellas, que me parecen especialmente sugerentes:
  • "Ha acelerado la tendencia a la desglobalización que se había desencdenado con la Gran recesión de 2008-2009, sin dejar de mostrar al mismo tiempo los límites de la renacionalización".
  • "Ha puesto en suspenso la democracia, al menos en Europa, instaurando en muchos países el estado de emergencia. Pero al hacerlo, el deseo de la gente de tener un Gobierno más autoritario ha llegado a un límite".
Un ensayo ágil, que se lee con gusto y que ofrece muchas propuestas para seguir conversando.

miércoles, 20 de noviembre de 2019

Patriotas indignados

Francisco Veiga, Carlos González-Villa, Steven Forti, Alfredo Sasso, Jelena Prokopljevic, Ramón Moles
Patriotas indignados. Sobre la nueva ulraderecha en la Posguerra Fría. Neofascismo, posfascismo y nazbols.
Alianza Editorial, 2019

Es este un ensayo coral, escrito a varias manos y desde perspectivas diversas, lo que explica tanto sus virtudes (que son muchas) como sus debilidades.

Entre estas últimas, la más evidente es la ausencia de una linea narrativa que convierta el libro en un relato, lo que facilitaría sobremanera su lectura. Destaca esta carencia en su abruptísimo final, con un último párrafo que lleva a la lectora o lector a pensar que falta alguna página que lo desarrolle.

En la introducción se afirma la relación de las distintas manifestaciones de "patriotismo indignado" con la crisis de 2008, cuyas raíces se remontan al triunfo global de un neoliberalismo que, tras la caída de la URSS, no se encontró con ningún antagonista a la altura del desafío histórico planteado, ya que la izquierda de entonces "no supo transformarse a tiempo ni defender su propio legado histórico". Esta hipótesis podría haber servido para organizar las distintas aportaciones que componen el libro y dotarlo de una suerte de guión que lo estructurara. No ha sido así.

La primera parte, dedicada al análisis del "colapso de la civilización soviética" y que ocupa cuatro capítulos se desarrolla al margen de esta hipótesis y constituye un libro en sí misma. Tiene poco que ver con el resto del texto (más allá del hecho de que, según la autora y los autores, "en el desarrollo de la ultraderecha a escala mundial, Rusia tuvo un papel central"), pero su lectura resulta sumamente informativa

La segunda parte, titulada "Marasmo en el mundo feliz neoliberal 2008-2018"es la que, en principio, entronca más explícitamente con la cuestión de la relación entre la Gran Recesión y el auge de los nacionalpopulismos en Europa. El primero de los capítulos que la componen, el 5, analiza "el avance ultra en las instituciones europeas".

Pero en el capítulo 6 se abandona este tema y la cronología señalada para retrotraernos hasta los años setenta, analizando el recurso a consultas referendarias en la Unión Europea (o antes, en la Comunidad Económica Europea), un total de 48, algunas relativas a la misma integración europea, y que en el libro se califican de "consultas de combate", puesto que en ocasiones han sido utilizados por fuerzas euroescépticas. Incluso se hace una breve y extemporánea referencia a los referéndums sobre la indepenencia de Quebec en 1980 y 1995.

El capítulo 7, titulado "Fascismo antifascista", nos sitúa de nuevo en el escenario de la Europa del Este post-soviética, en concreto en la ex Yugoslavia, Georgia o Ucrania. Y en este capítulo volvemos a encontrar un "fallo de guión", con un apartado titulado "Fascistas contra nazis", que empieza con referencias a las desavenencias mantenidas entre Hitler y Mussolini para ejemplificar la idea de que en varios momentos históricos "los fascistas han luchado entre ellos mismos", pasando luego a comentar muy por encima las tensiones existentes entre Farage y Marine Le Pen, entre los búlgaros de Ataka y los húngaros de Jobbik, e incluso se dedican algunos párrafos deslavazados a señalar algunos debates en foros del nacionalismo catalán entre "identitarios" e independentistas.

Mucho más interés tiene el capítulo 8, "El 68 inverso", en el que se analiza el surgimiento de las nuevas derechas europeas y estadounidenses como "reacción ideológica contra la nueva izquierda [sesentayochista], pero utilizando sus mismos recursos, sus ideas y actitudes".

La tercera parte del libro, titulada "Síntesis, culturas y definiciones", consta de dos capítulos que, de nuevo, tienen poco que ver entre sí. El capítulo 9 está dedicado a desenmarañar "El laboratorio italiano", desde la crisis del sistema político surgido tras la guerra, pasando por el "telepopulismo de Berlusconi" hasta llegar a Salvini. Su lectura es muy sugerente.

El capítulo 10, "Poderes no elegidos", vuelve a ser un texto desarticulado, donde se mezclan las redes sociales, los oligarcas y mafiosos rusos, la "economía canalla" estudiada en profundidad por Loretta Napoleoni, las empresas privadas de seguridad, el hooliganismo futbolístico o el urbanismo totalitario de las ex repúblicas soviéticas de Asia Central.

El libro se cierra con un epílogo que tiene valor en sí mismo, en el que se categoriza y distingue el fenómeno ultra en Occidente, se reflexiona sobre la idoneidad de utilizar para caracterizarlo el término fascismo" y se retoma la relación, planteada en la introducción, entre la crisis de 2008 y la generalización y fortalecimiento de las ideas y las organizaciones nacionalpopulistas, concluyendo que "la nueva ultraderecha tiene un caladero de votos real y persistente".

Un libro recomendable, informado y reflexionado, que hubiera necesitado una labor de edición más sistemática.

viernes, 6 de mayo de 2016

Shakespeare en Siria

En el 400 aniversario de la muerte de Shakespeare (y de Cervantes), sus viejas palabras no han perdido ni un ápice de actualidad. Encuentro en el número 63 de la revista digital CTXT un texto extraído de la obra de teatro Sir Thomas More, escrita entre 1596 y 1601 por varios dramaturgos de la época y revisada en 1603 por otros autores, entre los que se encuentra William Shakespeare. Los investigadores han llegado a la conclusión de que entre las páginas añadidas al texto original hay al menos tres, en total 147 líneas, que pueden ser atribuidas sin ninguna duda a Shakespeare. En estas líneas, el autor pone en boca del protagonista de la obra, Tomás Moro, canciller del rey Enrique VIII, una extraordinaria reflexión contra las protestas que estallaron en las calles de Londres, rechazando dar refugio a los miles de hugonotes que, huyendo de la violenta persecución que el protestantismo sufría en Francia, buscaban refugio en Inglaterra.
La obra completa puede leerse en inglés aquí. Traducido por Víctor Rico, el fragmento al que me refiero merecería ser leído en voz alta y meditado todos los días en todas las reuniones en las que las y los dirigentes políticos de la Unión Europea toman decisiones sobre las personas que buscan refugio en nuestro continente:

Mirad, aquello que os ofende es lo que reclamáis,
es decir, la paz. Ninguno de los presentes,
si hubieran vivido hombres así cuando erais niños,
que hubieran recortado la paz, como pretendéis vosotros ahora,
la paz en la que habéis crecido hasta hoy,
os hubiera sido arrebatada, y los tiempos sangrientos
no os hubieran permitido convertiros en hombres,
ay, pobres infelices, ¿qué es lo que habríais logrado,
aunque os hubiésemos concedido aquello que buscabais?

Conseguid que se los lleven, y conseguiréis que este clamor vuestro
haya arrebatado toda la majestuosidad de Inglaterra;
Imaginad que veis a los desdichados forasteros,
con sus hijos a la espalda y su equipaje humilde,
arrastrándose a los puertos y costas para ser deportados,
y vosotros, sentados como reyes sobre vuestros deseos,
la autoridad silenciada por vuestra trifulca,
y vosotros, ataviados con vuestras opiniones,
¿qué habríais conseguido? Yo os lo diré. Habríais probado
que la insolencia y la mano dura prevalecen,
que el orden es reprimido; y en ese escenario,
ninguno de vosotros llegaría a viejo,
ya que otros rufianes, a su antojo,
con la misma mano, las mismas razones y el mismo derecho,
os depredarían, y los hombres, como peces voraces,
se devorarían los unos a los otros.

Permitidme plantear ante vosotros, amigos,
un supuesto; y si lo tenéis en cuenta,
entenderéis la horrible forma
que ha adquirido vuestra innovación. [...]

[...] Marchaos a Francia
o Flandes, a alguna provincia alemana, a España o Portugal,
a cualquier parte que no esté en alianza con Inglaterra,
donde no podréis ser sino extranjeros. ¿Os agradaría
encontrar una nación con un temperamento tan bárbaro
que, estallando con una violencia espantosa,
no os proporcionase un hogar en sus dominios,
afilase sus abominables cuchillos contra vuestras gargantas,
os desdeñara como a perros, como si Dios
no fuera vuestro dueño ni os hubiera creado, como si los elementos
no fueran en absoluto apropiados para vuestro bienestar,
sino un privilegio reservado a ellos? ¿Qué pensaríais
si se os usara de esa manera? Este es el caso de los extranjeros
y tal es vuestra monumental falta de humanidad.



martes, 19 de abril de 2016

domingo, 13 de marzo de 2016

¿Y si los extraños no fueran Ajenos, sino Propios?


"La memoria no cesa. La demolición efectiva de Empiria provoca una huida masiva. Las más ínfimas grietas bastan para la avalancha de la carne. A pesar de las estrictas medidas de bloqueo, cientos de empíreos se lanzan a las aguas en busca de un futuro. Su esperanza de vida es más fuerte que su miedo a perderla. Las islas próximas se ven sometidas a un asedio. Se producen respuestas que van desde la adopción desinteresada hasta el rechazo violento. El mar se cubre de abrazos y se abre como una tumba. También en el seno del Consejo de Estados hay discrepancias. Varias islas, considerando el pasado de Empiria, muestran su disposición a recibir a sus naturales. La línea dura del Sistema apela a un principio no escrito, pero asumido por el archipiélago tras la descomposición de la Historia Moderna: la compasión no tiene cabida en la ordenación territorial del Sistema. Desde el momento en que el Sistema enuncia la división Propio/Ajeno, no cabe consideración de iguales hacia quienes han perdido el rango de pertenencia. El Sistema es teologal: hay luz y tinieblas. Y el Dado, recogiendo el sentir de las potestades, recuerda a los sistémicos que la fortaleza del archipiélago radica en su confianza  en la exclusión. Los refugiados que hayan sido acogidos en alguna de las islas del Sistema tienen noventa y seis horas para regresar a territorio Ajeno. El riesgo que se corre por no plegarse a esa directiva es doble: no está sólo en juego un castigo por su conducta, sino que, por extensión, quienes hayan ayudado, cobijado o asumido a empíreos serán también sancionados con el destierro. La mayoría de las grandes fortunas de Empiria son vistas entre tanto en alguna de las capitales del Sistema. El doble rasero con que se mide a estos expatriados no contradice los dictados del Dado. El dinero es una virtud excluyente".
Ricardo Menéndez Salmón, El Sistema, pp. 84-85.


"Detrás de la cabaña de revelado y diagramación, en un tramo de césped cubierto por margaritas de un color rabioso, yacen tres cuerpos sin nombre. Aunque viajaban sin documentos, el Narrador los consideró siempre una familia. Fueron escupidos por el mar tras una tormenta. No se encontraron restos de la embarcación. Un hombre alto, huesudo, al que los peces había devorado el rostro; una mujer pequeña y frágil, maravillosamente intacta; un niño de apenas tres años, con las piernas quebradas como listones de madera. Las autoridades decidieron que fueran enterrados sin ceremonia, con la eficacia exenta de piedad concedida a los Ajenos. El Narrador pensó en ellos durante semanas. Un día los olvidó. Pero esta tarde algo, un impulso sin nombre, conduce sus pasos hasta donde reposan.
En pie sobre el manto de flores, las manos en los bolsillos y el aire salado en el rostro, piensa, por vez primera durante este tiempo, en una posibilidad no contemplada. ¿Y si los extraños no fueran Ajenos que buscaban su lugar bajo el sol de Realidad, sino Propios que huían de una existencia angosta y desgraciada? La pregunta es como una bandera al viento".
 Ricardo Menéndez Salmón, El Sistema, p. 54.



Presentado como una distopía, en realidad el libro de Menéndez Salmón es crónica profunda de nuestro tiempo. No es preciso pensar demasiado para imaginar que país real puede ser esa Empiria de la que sus habitantes intentan desesperadamente huir; cual esa Realidad archipelágica que, convertida en Sistema, atrae a quienes huyen; qué instituciones son ese Dado que legisla seguridad sin compasión.

¿Y si los extraños no fueran Ajenos que buscaban su lugar bajo el sol de Realidad, sino Propios que huían de una existencia angosta y desgraciada?

El miércoles, nos encontramos.