Uno se apoya en la mochila. Porque en el momento en que nos quitamos el peso de nuestros hombros no sabemos enderezarnos enseguida; ¡pues resulta que era el peso lo que antes nos daba seguridad y equilibrio! [George Simmel]
sábado, 22 de agosto de 2026
Autobiografía
viernes, 25 de abril de 2025
Declaración de Independencia del Espíritu
La guerra ha traído la destrucción a nuestras filas. La mayoría de los intelectuales han puesto su ciencia, su arte y su razón al servicio de los gobiernos. No queremos acusar a nadie ni elevar ningún reproche. Conocemos la debilidad de las almas individuales y la fuerza elemental de las grandes corrientes colectivas: éstas han barrido a aquéllas en un instante, porque no había defensa preparada. ¡Que, al menos, esta experiencia nos sirva para el futuro!
Y, en primer lugar, constatemos los desastres a que conduce la abdicación casi total de la inteligencia del mundo y su sumisión voluntaria a las fuerzas desencadenadas. Los pensadores, los artistas han añadido una suma incalculable de odio envenenado a la plaga que roe la carne y el espíritu de Europa. Han buscado en el arsenal de su sabiduría, de su memoria y de su imaginación, razones antiguas y nuevas, razones históricas, científicas, lógicas y poéticas para justificar el odio. Han trabajado para destruir la comprensión y el amor entre los hombres. Y así han afeado, envilecido, rebajado y degradado el Pensamiento al que representaban. Lo han convertido en un instrumento de las pasiones y, tal vez sin saberlo, de los intereses egoístas de un clan político o social, de un Estado, de una patria, de una clase. En este momento, todas las naciones enfrentadas, victoriosas o vencidas, salen de la batalla moribundas, empobrecidas y, en el fondo de su corazón (aunque lo nieguen), avergonzadas y humilladas por su crisis de locura. Junto a ellas, el Pensamiento, implicado en sus combates, sale también destronado.
¡Levantémonos! ¡Libremos al Espíritu de estos compromisos, de estas alianzas humillantes, de estas servidumbres disimuladas! El Espíritu no está al servicio de nada que no sea él mismo. Somos nosotros quienes estamos a su servicio. Nuestra misión es defender su luz y agrupar a su alrededor a todos los hombres extraviados. Nuestro rol, nuestro deber, es mantener un punto fijo, señalar a la Estrella Polar en medio del torbellino nocturno de las pasiones. Entre estas pasiones de orgullo y de destrucción mutua, nos negamos a elegir, y las rechazamos todas. Rendimos honores a la única Verdad libre, sin fronteras ni límites, sin prejuicios de razas o de castas. Desde luego, ¡no nos desentendemos de la Humanidad! Trabajamos por ella en su totalidad. No distinguimos entre pueblos: conocemos a un solo Pueblo, único y universal, al Pueblo que sufre, que lucha, que cae y se levanta, y que avanza siempre por un camino difícil empapado de sudor y sangre, el Pueblo de todos los hombres, todos hermanos por igual. Y para que, al igual que nosotros, tomen conciencia de esta fraternidad que ponemos por encima de sus ciegos enfrentamientos: el Arca de la Alianza: el Espíritu libre, uno y múltiple, eterno.
A partir del 23 de junio de 1919, esta declaración ha sido respaldada por: Jane Addams (Estados Unidos); René Arcos (Francia); Henri Barbusse (Francia); Léon Bazalgette (Francia); Jean-Richard Bloch (Francia); Roberto Bracco (Italia); Dr. Jean-Richard Bloch (Francia); LEJ Brouwer (Holanda); A. de Châteaubriant (Francia); Georges Chennevière (Francia); Benedetto Croce (Italia); Albert Doyen (Francia); Georges Duhamel (Francia); Prof. A. Einstein (Alemania); Dr. Frederik van Eeden (Holanda); Georges Eekhoud (Bélgica); Prof. A. Forel (Suiza); Verner von Heidenstam (Suecia); Hermann Hesse (Alemania); P.J. Jouve (Francia); JC Kapteyn (Países Bajos); Ellen Key (Suecia); Selma Lagerlof (Suecia); Prof. Max Lehmann (Alemania); Carl Lindhagen (Suecia); M. López-Pico (Cataluña); Heinrich Mann (Alemania); Marcel Martinet (Francia); Frans Masereel (Bélgica); Émile Masson (Francia); Jacques Mesnil (Bélgica); Sophus Michaelis (Dinamarca); Mathias Morhardt (Francia); Prof. Georg-P. Nicolaï (Alemania); Eugène d'Ors (Cataluña); Prof. A. Prenant (Francia); Romain Rolland (Francia); Bertrand Russell (Inglaterra); Han Ryner (Francia); Paul Signac (Francia); Jules Romain (Francia); G. Thiesson (Francia); Henry van de Velde (Bélgica); Charles Vildrac (Francia); Léon Werth (Francia); Israel Zangwill (Inglaterra); Stefan Zweig (Austria).
Ya se han recibido otras firmas que se publicarán más adelante.
sábado, 26 de agosto de 2023
M. El hombre de la providencia / M. Los últimos días de Europa
viernes, 29 de julio de 2022
Pasar, cueste lo que cueste
domingo, 13 de marzo de 2022
Mensajes de un mundo olvidado
viernes, 24 de septiembre de 2021
Lectura crítica de la Carta Social Europea
SEMINARIO ONLINE: “POLÍTICAS EUROPEAS Y ESTRATEGIAS DE LUCHA CONTRA LA POBREZA”
EAPN
- ES
24/09/2021
https://www.eapn.es/actividades/159
Panel: “El potencial
para los derechos sociales de la Carta Social Europea revisada”
[I] No soy jurista y
hasta hace unos días, cuando empecé a preparar esta intervención, no me había
preocupado por conocer nada de esta Carta Social
Europea. Carmen Salcedo sabe mucho más que yo de esto. He leído con mucho
interés sus artículos “La Constitución Social de Europa (Carta Social Europea):
realidad y efectividad de la defensa de los derechos” y “La Carta Social
Europea y el protocolo de reclamaciones colectivas: fortalecimiento de los
derechos sociales y sus garantías”, publicado en Gaceta Sindical, la revista del sindicato en el que milito desde
hace treinta años.
Pero, como decía
Mario Onaindia, si contratas a un mariachi es para que cante rancheras. Así que
yo voy a cantar sociología. Y lo haré utilizando como pórtico dos reflexiones:
ü El jurista italiano
Pietro Barcellona denunciaba hace años la conversión del derecho en una mera
técnica de control social y lamentaba que “cada vez más, esta sociedad necesita
ser regulada jurídicamente; y cada vez más, la justicia aparece lejana e
indecible”. Es decir, que producción jurídica y justicia real no van
necesariamente unidas.
ü El activista
comunitario Saul Alinsky dijo en alguna ocasión, confrontándose con el
maximalismo de los Black Panther, que es un terrible error estratégico
proclamar que el poder está en la boca del fúsil cuando es el adversario el que
tiene todos los fusiles. Lo mismo ocurre con el derecho.
[II] En el webinario 'La
Carta Social Europea revisada, más y mejores derechos sociales", organizada
por el CERMI y EAPN-ES el pasado mes de julio, el Secretario de Estado de
Empleo y Economía Social del Ministerio de Trabajo y Economía Social, Joaquín
Pérez, calificaba la Carta Social Europea revisada como el tratado social “más
importante para el reconocimiento de los derechos sociales”.
Unos meses antes, Confederación
Europea de Sindicatos hacía pública una resolución
sobre el 60º Aniversario de la Carta Social Europea del Consejo de Europa y del
25º Aniversario de la Carta Social Europea Revisada, en la que señalaba lo
siguiente:
Las Cartas Sociales Europeas del Consejo de Europa son
las piedras angulares de la protección de los derechos sociales fundamentales
en Europa. […] Sin embargo, los derechos sociales fundamentales siguen
considerándose en Europa como derechos humanos de "segunda clase".
Los derechos sindicales, laborales y sociales fundamentales siguen siendo
socavados, en particular en tiempos de crisis económica, financiera y ahora de
pandemia. La efectividad de los derechos sociales fundamentales no es
suficiente. El número de casos de disconformidad sigue siendo elevado, en
particular en ámbitos sensibles como el derecho a la libertad de asociación, la
negociación colectiva y la acción colectiva. Además, problemas que a veces han
sido criticados durante décadas siguen sin ser resueltos por las respectivas
Partes Contratantes debido a la mera falta de voluntad política.
¿Con qué nos
quedamos?
[III] Valoro
enormemente contar con textos políticos y jurídicos creados con la intención de
proteger los derechos fundamentales: no renuncio en absoluto a la Declaración
de Filadelfia adoptada por la OIT en 1944, ni a la Declaración Universal de
Derechos del 48, ni el Pacto internacional de Derechos Económicos, Sociales y
Culturales del 66, ni a la Constitución del 78. Pero no las mitifico.
Por cierto: no se me
ocurre decir que la Carta Social Europea sea más relevante que ninguno de estos
tratados desde la perspectiva del reconocimiento y defensa de los derechos
sociales.
Pero no deberíamos
caer en el espejismo constitucionalista.
“La socialdemocracia
–escribía Habermas (1993)– se ha visto sorprendida por la específica lógica
sistémica del poder estatal, del que creyó poder servirse como un instrumento
neutral, para imponer, en términos de estado social, la universalización de los
derechos ciudadanos. No es el estado social el que se ha revelado como una ilusión,
sino la expectativa de poder poner en marcha con medios administrativos formas
emancipadas de vida”.
Como señala Gray
(1998), “una de las principales flaquezas del pensamiento socialdemócrata está
en su espejismo constitucionalista: creer que simplemente por instaurar
instituciones jurídicas deja de ser necesario proseguir con la negociación del
equilibrio entre los intereses en conflicto y con la definición política del
modus vivendi entre las distintas comunidades. El verdadero quehacer político
consiste, más allá de las reformas constitucionales, en buscar el esquivo hilo
de la convivencia en el laberinto de unos intereses y de unos ideales
irremediablemente opuestos”.
[IV] El objetivo de
la carta no es comprometer y asegurar derechos sino establecer las condiciones
en que puedan hacerse efectivos los derechos (¿o principios? No es lo mismo, en
absoluto). Se trata, por tanto, de derechos condicionados. Y acepto desde el
realismo más prosaico que, en la práctica, hasta los derechos fundamentales
acaban por verse condicionados. Pero el problema es: ¿condicionados a qué o por
qué?
Un ejemplo: el
derecho (o principio) 4: “Todos los trabajadores tienen derecho a una remuneración
suficiente que les proporcione a ellos y a sus familias un nivel de vida
decoroso”. Dejo a un lado el lenguaje sexista que atraviesa todo el texto y la
sospechosa vaguedad del término “decoroso” (aunque hay formas que dicen todo
del fondo). Vamos al debate sobre la subida del SMI: la CEOE lo rechaza “por la
situación delicada de las empresas”. Confrontadas la situación delicada de las
empresas y la situación delicada de las familias trabajadoras para sostener un
nivel de vida decoroso, ¿qué hacemos en el marco de esta Carta?
Y si vamos a la Parte
III, la que indica las OBLIGACIONES de los estados que la ratifiquen, el
escepticismo se apodera de mí:
Art. A.1a) [Cada una
de las Partes se compromete] a considerar la parte I de la presente Carta como
una declaración de los objetivos que tratará de alcanzar por todos los medios
adecuados […].
1b) a considerarse
obligada por al menos seis de los nueve artículos siguientes de la Parte II de
la Carta: artículos 1, 5, 6, 7, 12, 13, 16, 19 y 20.
è Quedan fuera, me
gustaría saber por qué, el 31 (derecho a la vivienda), el 30 (derecho a
protección contra la pobreza y la exclusión social), 27 (conciliación
familiar-laboral), 26 (derecho a la dignidad en el trabajo), 23 (protección
social de las personas de edad avanzada) o el mencionado 4 (derecho a una
remuneración suficiente).
Que se vuelven
“adicionales” u opcionales, y entre los que los Estados firmantes tendrán que
escoger al menos 10 artículos, para sumar 16.
De verdad que me
resulta moralmente insoportable encontrar este lenguaje de mercadeo en un texto
que, supuestamente, pretende garantizar derechos fundamentales.
[V] Los derechos
económicos, sociales y culturales deben abandonar definitivamente el ámbito de
las declaraciones y convertirse en efectivas obligaciones de las comunidades
políticas.
è Siguen sin ser
derechos exigibles, a diferencia de los civiles y políticos
è Seguimos entrampadas
en la tensión entre las famosas dos libertades de Berlin: negativas y
positivas, libertad de y libertad para.
è Es imprescindible
pensar en términos de égaliberté
(Balibar), de igual-libertad. “No hay ejemplos de
restricción o de supresión de las libertades sin que se produzcan desigualdades
sociales; ni desigualdades sin restricción o supresión de las libertades,
incluso cuando se puede hablar de grados, tensiones secundarias, fases de
equilibrio inestables, situaciones comprometidas en las cuales la explotación y
la dominación no se distribuyen de manera homogénea sobre todos los individuos.
Étienne Balibar (1992). Les frontières de
la démocratie. Paris: La Découverte, p. 137.
Entre otras cosas,
esto sólo será posible si pasamos de una simple política de reivindicación de
derechos sociales a una nueva política de construcción de poderes sociales. Las
políticas de conquista o defensa de derechos sociales muestran en nuestros días
toda su fragilidad.
Un “derecho social”
no es más que la atribución al Estado de la tarea de gestionar determinados
intereses expresados por la ciudadanía. Pero la gestión de los derechos
sociales por el Estado se ha visto zarandeada por el impulso del globalismo
capitalista, que rechaza tales derechos como obstáculos para el desarrollo
económico.
Por eso, no podemos
limitarnos a adoptar una estrategia de simple “conquista de derechos”, sino de
constitución de poderes sociales para
que sean las ciudadanas quienes participen en la definición de las políticas de
solidaridad.
è Construcción
social de las políticas públicas.
[VI] En cuanto al Protocolo Adicional a la Carta Social Europea en el que
se establece un sistema de reclamaciones colectivas. A través de este
mecanismo, las organizaciones sindicales, empresariales y sociales pueden
acudir ante el Comité Europeo, sin necesidad de agotar las vías judiciales
internas, para presentar reclamaciones colectivas por vulneración de los
derechos contenidos en la Carta. Las organizaciones autorizadas son, por
ejemplo, aquellas organizaciones no gubernamentales con estatuto consultativo
en el Consejo de Europa o las organizaciones de empleadores y sindicatos que
actúen en el Estado en cuestión.
Riesgo de bascular
cada vez más del activismo ciudadano al lobismo, debilitando en última
instancia la democracia social y política que queremos defender. Y riesgo de
deslegitimación de esas organizaciones sindicales y sociales que, con la mejor
voluntad, jueguen solo en ese terreno. Por sus magros resultados. ¿No hemos
aprendido nada desde la crisis de 2008?
No es nuestro campo
de juego, aunque haya que jugar en él. En esto del lobismo nos gana de largo
Iberdrola, entidad que, por cierto, aspira a meter una cuchara de 30.000
millones en los fondos europeos de la Next Generation. Desconozco a qué
cantidad aspira el tercer sector de acción social.
Y hablando de fondos
europeos. Reviso el listado
de proyectos presentados por el Gobierno Vasco para el
fondo europeo Next Generation -Mecanismo de Recuperación y Resiliencia y me lleno
de dudas (y sospechas). Por ejemplo, en el apartado “Hábitat urbano” aparecen
estos dos proyectos: Plan "Zero
Plana". Descarbonización y digitalización del parque público de alquiler
del Gobierno vasco y Electrificación
renovable nuevo parque de vivienda social en alquiler CAPV. No tengo nada
contra la descarbonización, la digitalización o la electrificación renovable,
pero, ¿de verdad está garantizado el derecho a la vivienda en Euskadi como para
priorizar este tipo de proyectos? ¿no sería más adecuado, desde una perspectiva
de recuperación y resiliencia, disponer de un parque suficiente de vivienda pública
para garantizar el derecho número 31 de la Carta Social Europea? Porque el próximo
día 13 está previsto el desahucio
en Atxuri de Pilar y Ramón…
Por tanto. A pesar de
mi escepticismo, no renunciar a ninguna herramienta. Al contrario, usarlas
todas, también esta. Pero no caer en el espejismo constitucionalista ni en el
lobismo aristocrático. Nosotras, con nuestra organización y nuestra lucha, somos
el mejor instrumento para asegurar los derechos sociales y económicos de todas
y de todos.
sábado, 5 de diciembre de 2020
Los amnésicos
Géraldine Schwarz
Los amnésicos
Traducción de Núria Viver Barri
Tusquets, 2020 (5ª ed.)
"Los padres de mi padre no habían estado ni del lado de las víctimas, ni del lado de los verdugos. No se habían distinguido por actos de valentía, pero tampoco habían pecado por exceso de celo. Simplemente eran Mitläufer, personas «que siguen la corriente». Simplemente, en el sentido de que su actitud había sido la de la mayoría del pueblo alemán, una acumulación de pequeñas cegueras y de pequeñas cobardías que, sumadas unas a las otras, habían creado las condiciones necesarias para el desarrollo de los peores crímenes de Estado organizados que la humanidad haya conocido jamás. Después de la derrota y durante largos años, a mis abuelos les faltó perspectiva, como a la mayoría de los alemanes, para darse cuenta de que, sin la participación de los Mitläufer, incluso aunque hubiera sido ínfima a escala individual, Hitler no habría estado en condiciones de cometer crímenes de aquella magnitud".
Hija de padre alemán y madre alemana Géraldine Schwarz tiene un abuelo paterno que, valiéndose de la legislación nazi para la "arianización" de todos los bienes propiedad de judíos (hogares, obras de arte, negocios o empresas), en 1938 adquirió, por un precio muy inferior a su valor real, una empresa a sus propietarios judíos, posteriormente asesinados en Auschwitz. También tiene un abuelo materno que fue gendarme al servicio del gobierno colaboracionista de Vichy: "Por allí pasaban los clandestinos que huían, los judíos y los resistentes del bastión de la región montañosa de Morvan [...] ¿Mi abuelo había arrestado a alguno? ¿Los había mandado al otro lado y los había entregado a los alemanes? ¿Había disparado contra los que huían? Nunca lo sabré, pero mi madre y mi tío recuerdan que, después de la guerra, su padre decía que, cuando podía, cerraba los ojos. Y por lo que sé de él, me inclino a creerlo".
A partir de la historia de su familia, particularmente de su rama paterna, la autora profundiza en la memoria de una Alemania, sí, pero también de una Europa y de una sociedad internacional que siguieron la corriente al nazismo hasta que esa corriente se convirtió en una inundación que amenazó con inundarlo todo.
Schwarz recuerda que en julio de 1938, cuando la dramática situación de la población judía en Alemania y Austria era más que conocida, el presidente Roosvelt convocó una conferencia internacional en la localidad francesa de Évian-les-Bains, famosa por sus balnearios de aguas termales, con el objetivo de los países participantes en la misma asumieran el compromiso de acoger a personas refugiadas que huian del nazismo. Acudieron a la convocatoria 32 Estados (Italia y la URSS rechazaron participar), cuyos representantes se reunieron durante nueve días en el lujoso Hotel Royal, a orillas del lago Lemán. Pero, aunque "los delegados internacionales se sucedieron en la tribuna para expresar su profunda compasión por la suerte de los judíos en Europa [...] ninguno ofreción su hospitalidad, excepto la República Dominicana, que reclamó subvenciones a cambio". Se trataba de encontrar acomodo a unos 360.000 judíos alemans y a otros 185.000 austríacos, unas cifras irrisorias, correspondientes a personas mayoritariamente urbanas, formadas, con capacidades intelectuales y empresariales, cuya aportación a los países que las acogieran sólo podría ser beneficiosa. Pero ni por esas: "Estados Unidos, representado por un simple hombre de negocios [Roosevelt optó por no enviar a ningún funcionario de alto rango, sino a su amigo, el empresario Myron C. Taylor], se negó a elevar sus cuotas, fijadas en 27.370 visados al año para Alemania y Austria. Con ello, uno de los países más influyentes del planeta había marcado el tono y el resto del mundo se apresuró a seguirlo".
Hoy la historia se repite con las refugiadas y refugiados que cada día se lanzan al Mediterráneo.
Géraldine Schwarz repasa críticamente la manera en que tras la guerra se afrontó este oscuro pasado, especialmente en Alemania donde, tras los juicios de Núremberg, la llamada "desnazificación" no pasó de ser más que una operación cosmética, al permitirse la readmisión a sus empleo de centenares de miles de funcionarios que los Aliados habían despedido por su proximidad al régimen de Hitler y aprobarse en 1954 una ley de amnistía que reconocía como circunstancia atenuante la "obediencia en estado de urgencia" (Befehlsnotstand) incluso en el caso de altos funcionarios nazis o de personas condenadas por crímenes de guerra. "La leyenda según la cual era imposible desobedecer una orden criminal sin arriesgar la vida -algo que Schwarz cuestiona, como ya lo hizo Ch. R. Browning en Aquellos hombres grises- había conseguido un estatuto oficial".
También reflexiona sobre la forma en que una parte de la juventud alemana de los años sesenta sustituyó la amnesia de sus padres por la confrontación con su pasado, sobre las políticas de memoria implementadas en Europa, la reunificación de las dos Alemanias, la eclosión de movimientos de extrema derecha como Pegida y Alternativa para Alemania, así como en otros muchos países europeos, y advierte contra el riesgo de que la amnesia pueda estar contaminando Europa de nuevo.
También nos ofrece una vacuna para prevenir ese riesgo: "A
menudo, me pregunto lo que yo habría hecho. Nunca lo sabré. Lo que
importa lo comprendí leyendo estas líneas del historiador Norbert Frei:
que no sepamos cómo nos habríamos comportado 'no significa que no
sepamos cómo habriamos tenido que comportarnos'. Y cómo tendríamos que
comportarnos en el futuro".
Es un libro que hay que leer.
Aquí, una entrevista con la autora.
miércoles, 29 de julio de 2020
Escupir en la iglesia: un sí de izquierdas al brexit
El brazo ejecutivo de la Unión, la Comisión Europea, no tiene capacidad para recaudar impuestos, que han de serle entregados por intermedio de las distintas naciones. Su presupuesto alcanza a poco más del 1% del producto interior bruto de la Unión. Su burocracia es más reducida que la de la mayoría de las grandes ciudades europeas. El Tratado de Roma prohíbe expresamente la existencia de un déficit presupuestario. El consejo de ministros de la Unión, que ejerce la función legislativa, consiste en una serie de comités compuestos íntegramente por ministros de los distintos gobiernos nacionales. Las amplias líneas de su política están determinadas por un Consejo Europeo formado por los presidentes de los distintos países. Por lo que respecta al Parlamento Europeo, digamos que no dispone de un hogar permanente ni de un sistema unificado de elecciones, que el único control que ejerce sobre el gasto consiste en un rechazo total del presupuesto, que su único control efectivo sobre los nombramientos que se realizan con destino a la Comisión es la amenaza, difícil de usar en la práctica, de rechazarlos en su totalidad y que no tiene derecho a iniciar legislación alguna. De acuerdo con los criterios europeos, no se trata de un parlamento en absoluto, sino más bien una institución de carácter ceremonial como la monarquía".
miércoles, 8 de julio de 2020
Cómo la pandemia cambiará el mundo
- "Ha acelerado la tendencia a la desglobalización que se había desencdenado con la Gran recesión de 2008-2009, sin dejar de mostrar al mismo tiempo los límites de la renacionalización".
- "Ha puesto en suspenso la democracia, al menos en Europa, instaurando en muchos países el estado de emergencia. Pero al hacerlo, el deseo de la gente de tener un Gobierno más autoritario ha llegado a un límite".












