jueves, 25 de julio de 2019

De Pe a Pa: cómo he visto yo el fracaso de la investidura, y cómo lo valoro


No tengo información relevante. De hecho, ni siquiera puedo decir que haya seguido con particular atención e interés todo la actualidad política en los últimos meses. Lo que sigue no es más que una reflexión personal en voz alta. Por supuesto, estoy abierto a cualquier otra valoración o juicio.

1. Tengo que remontarme al 31 de mayo de 2018, cuando un Pedro Sánchez al que tuvieron que prestarle una silla puesto que no era ni diputado logró sumar 180 votos a una moción de censura que desalojó a Rajoy de La Moncloa. Con tan solo 84 escaños, el PSOE logró el apoyo (absolutamente imprescindible de toda la izquierda y de todas las fuerzas nacionalistas representadas en el Congreso. En contra, PP (y sus satélites) y Ciudadanos.

Se abría así un escenario nuevo en el que se vislumbraba la posibilidad de construir mayorías amplias en torno a la recuperación de derechos sociales y servicios públicos sacrificados en el altar de la austeridad, al intento de retomar el diálogo político en Catalunya, etc.

2. Los ocho meses de gobierno en solitario de Pedro Sánchez dejan para mí un balance muy poco lucido. Es verdad que no contaba con presupuesto propio, sino heredado de Rajoy. Se aumentó el SMI a 900 euros, se incremetaron las pensiones y se  subió un 2,25% el salario del funcionariado. Pero no hubo grandes cambios (Franco sigue en su cripta) y nos dio algunos disgustos: empezó admitiendo al Aquarius en el puerto de Valencia para dar cobijo a 629 migrantes, para después hacer una política de refugio absolutamente alineada con esta UE. Siendo un gobierno de paso y débil, bastante hizo desalojando al PP. ¡Ah, sí! En febrero de 2019 Sanchez publica su Manual de resistencia. No lo he leído, pero en su momento me pareció una frivolidad. 

3. El 28 de abril Pedro Sánchez impulsó al PSOE hasta los 123 escaños. El votante de izquierda se movilizó y esa misma noche electoral frente a Ferraz se gritaba "¡Con Rivera, no!". Me dió la impresión de que no era el grito que esperaba Sánchez y que no le hizo gracia.
 

A pesar de la movilización del voto de izquierda, las elecciones de abril dejaban un bloque claro de derecha (PP, Cs, Vox, NA+) que sumaba 149 escaños, muy lejos de la mayoría absoluta, pero muy por encima del PSOE.
Frente a ese bloque de derecha, rodado ya en Andalucía, las izquierdas y los nacionalismos contaban con una potentísima  herramienta de cambio: 201 escaños. Pero esta maquinaria política no iba a funcionar como lo hace la derecha: había que engrasarla y calibrarla mediante el diálogo, la negociación y el acuerdo.


4. El PSOE descartó desde el principio un gobierno de coalición con UP: de ahí la ocurrencia del "gobierno de cooperación", expresión que "abraza más que un Gobierno solitario o de coalición” según la sección hippie del equipo de Sánchez.
También desde el principio empezó a hacerle ojitos a Cs reclamando el final del "cordón sanitario" decretado por estos contra el PSOE. Recuerdo que a estas alturas Cs ya practicaba ménage à trois con PP y Vox, y disfrutaba con ello. ¿Qué sentido político tenía ese llamamiento del PSOE a Cs?
Al rechazar la posibilidad de un gobierno de coalición con UP el PSOE estaba renunciando a poder desarrollar, con una mínima comodidad parlamentaria, su programa de izquierdas.

5. Descartado el apoyo coaligado de UP, el PSOE se dedicó también a jurar y perjurar que jamás se sentaría a negociar un apoyo a su gobierno de los nacionalistas de ERC, JxCat y EHBildu, 26 escaños. Al rechazar, como si de apestados se tratara, el acuerdo con estas fuerzas nacionalistas, el PSOE renunciaba a intentar encarrilar políticamente el problema de la cohesión territorial de España.

6. En esta sorprendente negación de la aritmética, a alguien en el PSOE (¿a su sección hippie?) se le ocurrió que la solución estaba en lograr una abstención generalizada que posibilitara la investidura de Sánchez en segunda vuelta, con sólo los votos del PSOE. La estrategia era infalible: jugar con los miedos de cada cual ante la posibilidad de una investidura fracasada. Se suponía que PP y Cs se abstendrían para que Sánchez no dependiera de chavistas, bildutarras y rebeldes contra España. Se suponía que UP y nacionalistas se abstendrían para evitar un gobierno trifachito. Pero la estrategia no debía ser tan infalible... 
En el PSOE había incluso quienes se apuntaban a la CISpótesis de que unas nuevas elecciones reportarían al PSOE tantos escaños que no iban a saber qué hacer con ellos...



7. A partir de este momento los acontecimientos se aceleraron. PSOE y UP empezaron a negociar o algo así, frenesí. A negociar un gobierno de coalición, aunque abrace menos que otro de cooperación: pero con estos calores, quién necesita abrazos...
Casi era mejor cuando no negociaban. 
Pablo Iglesias nunca propuso a Sánchez ser vicepresidente (según Sánchez), pero sí lo propuso (según Moncloa), y Sánchez lo repudió por no ser suficientemente demócrata ni suficientemente español, hasta que el propio Iglesias se borró del cargo. El principal obstáculo para el acuerdo estaba despejado... pero no.
UP pedía ministerios que el PSOE no estaba dispuesto a ceder, y en esta discusión lo que unas y otras nos decían es que no se fían. Se cruzaban las filtraciones como se cruzan las espadas en la Batalla de los Bastardos...
Cómo habrá sido la cosa que Rufián ha tenido que convertirse en el mejor defensor de un gobierno de izquierdas... ¡para España!

8. Y así llegamos al final. Según parece, el PSOE ha ofrecido a UP una vicepresidencia de carácter social y tres ministerios: Vivienda y Economía Social, Ministerio de Igualdad y Ministerio de Sanidad y Consumo. UP lo ha rechazado si no se incluía en el paquete una idiotez: las políticas activas de empleo. Ha sido la puntilla.

9. Así lo he visto yo, de Pe a Pa. De Pedro a Pablo. Arrogancia a espuertas, tacticismo de trileros, testosterona para embotellar, desconfianzas cruzadas, incapacidad para ceder en favor de un bien mayor. Lo que tocaba ahora era abrir un periodo que vaya más allá de una legislatura para afrontar los grandes retos de España y de Europa: emergencia climática, lucha contra la violencia de género, federalización, recostrucción del pacto social, apertura a las diversidades... ¿Qué de quién es la culpa? Del cha cha chá. A la mierda el relato: lo que importa es la gente.


Ganekogorta y Gallarraga

Esta mañana he madrugado para subir al Ganekogorta desde el albergue Mendizain, en el barrio de El Somo. Como ya he contado aquí y aquí, por cercanía pero también por su belleza el Ganeko es uno de mis montes de referencia. El camino no tiene pérdida.
 
 
 

Collado de Gongeda Landa o Urkitzu (556 m.). De frente aparece la aplanada mesa del Gallarraga, hasta donde también quiero acercarme hoy. A la izquierda el Genakogorta asoma sobre los pinares.
 
 

 Ganando altura rapidamente, el Gallarraga muestra su característica silueta.
 

Mirada hacia hacia atrás. Abajo, entre las torres de alta tensión, el collado Gongeda. Sobre este el monte Gongeda y a la derecha las blancas peñas de Zamaia.
 

Toca seguir subiendo.
 

Hace muchos años, cuando yo era un chaval, esta zona estaba cubierta de pinos. Cuando estos se talaron quedó deforestada. Una cuidada recuperación la ha convertido en un precioso bosque de hayas, que asombra (proporciona sombra y admira por su belleza) a quien tiene la suerte de caminar por aquí.
 
 
   

Los árboles quedan atrás, últimos metros hasta el collado entre Ganekogorta (a la derecha) y Arrabatxo (hacia la izquierda).
 
 
 

 Cumbre del Ganekogorta (998 m.). El buzón está destrozado
 

Desde aquí me dirijo al Gallarraga, pasando por Arrabatxu (984 m.) y Pagero (963 m.).
 
 
 
 
 
 
 
 

Mirada hacia atrás desde el Pagero; la cumbre del fondo es el Ganeko.

Ahí abajo está el collado de Pagero Landa (797 m.), hasta el que hay que descender para luego subir al Gallarraga.


Poste indicador en el collado de Pagero Landa. De frente, el Gallarraga.
 
 
 
 
 
 

Ahí está la famosa "chimenea" del Gallarraga, esa decena de metros con fuerte desnivel que hay que superar desde aquí para alcanzar la cumbre (¡y luego descenderla!) y que a bastante gente echa para atrás. La buena noticia: con cuidado y terreno seco es un paso sencillo. La mala noticia: la cuerda que ha estado colocada durante años a modo de quitamiedos ya no está.
 

Superada la chimenea sólo queda seguir la cresta hasta la cumbre del Gallarraga (901 m.).
 
  

Desde la cumbre se aprecia parte del camino recorrido.

 Ahora toca descender hasta el collado Pagero...
 
 ...y volver a subir las fuertes pendientes del Pagero. 

Pero no hay que cubir hasta arriba. Superada la mitad de la pendiente, un sendero a la izquierda nos permite rodear la cumbre y retornar a la pista por la que hemos subido desde el collado Gongeda.
 Como referencia, a nuestra izquierda vemos el embalse de Lingorta, sobre la localidad de La Quadra.
 
 
 
 

Una caminata preciosa, a dos pasos del Gran Bilbao.