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jueves, 15 de febrero de 2024

¿Día de San Valentín o Miércoles de Ceniza?

El miércoles 14 de febrero ha tenido lugar un acto ciudadano en demanda de una candidatura electoral unitaria conformada por Podemos, Sumar, Ezker Anitza-IU y Equo-Berdeak. El acto mismo, el acto en sí, es la expresión de una posibilidad/imposibilidad política digna de un experimento diseñado por Schrödinger. Mientras se desarrollaba la asamblea la candidatura unitaria ya estaba viva o muerta, aunque no podremos saberlo. Son otras las que habrán abierto (o no) la caja y nos dirán si el gato, digo, el acuerdo, está vivo o muerto.

Hablo de posibilidad/imposibilidad porque así lo creo. Desde que se hizo pública la convocatoria del acto he tenido la oportunidad de conversar con personas con responsabilidades en ambas partes de la divisoria. Todas ellas veían deseable y posible un acuerdo que, desde narrativas encontradas, consideran ha desembocado en un imposible y en una situación indeseada. 

El día de la convocatoria, el 14 de febrero, coincidió este año con dos celebraciones bien distintas: el festejo laico-consumista del día de San Valentín y la celebración religiosa católica del Miércoles de Ceniza. Apoteosis del amor romántico comercial, por un lado, llamamiento a iniciar un periodo de reflexión y arrepentimiento, por otro; que acaba en muerte, eso seguro, y en resurrección, si se tiene fe. Seguro que las convocantes del acto no tuvieron en cuenta el santoral, pero no cabe duda de que la coincidencia del mismo con ambas celebraciones da para más de una consideración (y, seguro, para alguna sonrisa). Otra vez el travieso Schrödinger haciendo de las suyas.

La asamblea del 14 fue convocada por “Gente preocupada por esta división”, etiqueta poco precisa en términos de identificación externa pero sumamente exacta como declaración de intenciones. Hasta el miércoles solo conocía a dos de las personas convocantes y ambas son eso, “gente”, en ese sentido luminoso que irrumpió con Podemos en la conversación política española y que tanto molestó a… otra gente. No es nuevo, ya ocurrió con el concepto “pueblo”. Pero, a lo que iba: que la convocatoria del 14 ha sido iniciativa y, por lo que vamos viendo, está siendo recogida por gente que, como hace una década, reclama otra forma de hacer política, más atenta al afuera que a los adentros de los partidos y coaliciones.

Porque de eso se trata de hacer otras políticas y de hacerlo de otra manera, con otras formas. Se ha dicho estos días que en Euskadi no hace falta un nuevo partido porque el espacio que ocupó Podemos ya está repartido entre un PSOE que "ha podido desplegar todo el arsenal político, económico y social para cubrir con el Estado a los más vulnerables" y una EH Bildu que "se ha institucionalizado, se ha convertido en un partido útil y sin mochilas y ha suspendido el énfasis maximalista en el debate territorial priorizando las preocupaciones sociales de la ciudadanía". No estoy de acuerdo.

Porque no es cierto, en absoluto, que las personas más vulnerables tengan cubiertas sus necesidades (que son, no lo olvidemos, las mismas que las nuestras). En cuanto a EH Bildu, si bien ha “podemizado” su discurso y su práctica, sigue siendo una fuerza profundamente nativista, como se deduce de esta reflexión de Arnaldo Otegi en 2017: “tengo la impresión de que últimamente ha habido un cierto despiste: el motor del proceso de liberación de este país es la cuestión nacional. Otra cosa diferente es que, desde el punto de vista social, queramos construir un estado y que este sea un estado socialista, pero no podemos perder el punto de vista esencial que es el motor de lo que ha sido la lucha de este país, que es la cuestión nacional. Si perdemos el pulso ahí, nos vamos a perder en el camino”. Por cierto, también decía esto: “Si conquistáramos un estado independiente, a nosotros nos daría igual que el hegemónico fuera el PNV durante los siguientes veinte años”.

No creo que aquel espacio que abrió Podemos en 2015 y 2016, superando los límites que antes habían habitado Ezker Batua y Euskadiko Ezkerra, esté ocupado. Tal vez coyunturalmente, pero cambiarán las tornas: EH Bildu tirará de aritmética y volverá a fijar su futuro en Lizarra y el PSOE, que nunca se ha librado de su pulsión socioliberal, aplicará la “doctrina Ábalos” y el mercado se impondrá a los derechos sociales.

En épocas distintas, con estrategias diferentes y hasta encontradas, en Euskadi hay una larga experiencia de identificación, definición, construcción, defensa y, también, derribo, de un “quinto espacio” con resonancias de política cuántica o, dirán algunos, de política-ficción. Un espacio que tiene historia pero, sobre todo, futuro. Por todo el mundo surgen nuevas divisiones sociales y políticas en las que identidad(es) y clase se interseccionan de manera conflictiva, muchas veces explosiva. Se acumulan las evidencias que permiten hablar del surgimiento de un nuevo sistema de élites múltiples (multi-elite party systems) en el que las personas con más formación tienen a votar a la izquierda, la élite económica vota a la derecha y las clases populares, con menos educación y menos renta, no se sienten representadas por la agenda de la izquierda ilustrada, derivando cada vez más hacia la abstención o hacia el populismo nativista xenófobo. En un escenario articulado por los ejes igualdad-desigualdad y nativismo-internacionalismo necesitamos construir un bloque internacionalista-igualitario, una identidad y una propuesta política capaz de defender, también en los espacios locales, un programa feminista, decolonial, decrecentista y gaiano, capaz de conciliar los intereses de clase junto con los de la humanidad pluriversa y los del planeta.

En Euskadi ese espacio tiene dos elementos de organicidad fundamentales: Ezker Anitza-IU y Equo-Berdeak. Ambas organizaciones deben ser el basamento para la (re)construcción de una propuesta política comunalista, de la gente y para la gente. Una propuesta que empiece por romper, como ya han hecho acertadamente Podemos y Sumar con sus candidatas Miren Gorrotxategi y Alba García, con esta tendencia a la machosfera política que ni el rejuvenecimiento de caras ha podido o querido evitar: Pradales y Esteban, Otxandiano y Matute, Andueza y López. Como el “Soberano”, aquí la política sigue siendo cosa de hombres.

Una de las escenas más divertidas de la película El buen patrón (León de Aranoa, 2021) es esa en la que el protagonista, excepcionalmente interpretado por Javier Bardem, alardea en una cena de ser un hombre hecho a sí mismo, a lo que su mujer le recuerda que, en realidad, la empresa la montó su padre y él la heredó. “A ver, hay que estar ahí”, replica este para no apearse del meritocratismo.

Las actuales direcciones de Sumar y Podemos en Euskadi han heredado las respectivas empresas políticas que ahora gestionan. Han estado “ahí”, ciertamente. Pero si en otros tiempos, cuando actuaba el “ciclo político”, había estares que por sí mismos ya eran muy meritorios, hoy no ocurre lo mismo. La clave que distingue la nueva de la vieja política es el cómo y el para qué se ocupa un cargo, y, particularmente, la aceptación tranquila de que los cargos de responsabilidad política se ocupan no como premio sino como compromiso en respuesta a la herencia generosa de luchas colectivas, y que lo que toca es hacer avanzar la empresa común o apartarse y buscar otro lugar desde el que seguir colaborando. A poder ser un lugar que no esté fuera ni, mucho menos, en contra del proyecto común. Que el problema de la izquierda nunca ha sido, no nos engañemos, la diversidad, sino la uniformidad. La diversidad es nuestra riqueza, pero hay que saber vivirla y degustarla. El problema no es la proliferación de siglas (Frente Judaico Popular, Frente Popular de Judea, Frente del Pueblo Judaico, Frente Popular del Pueblo Judaico, Frente Popular de Judea, Unión Popular) sino la incapacidad de apreciarla: “¡Disidentes!”

Desde el optimismo de la buena voluntad, pero sin ingenuidades, personalmente recibí la convocatoria para el acto del 14 de febrero como una oportunidad (otra vez) no para revivir un amor que, seguramente, nunca existió, pero sí para iniciar (otra vez) un proceso de reflexión crítica que no acabe en la muerte (otra vez) de un proyecto sociopolítico esencial para nuestro(s) país(es).

Y ya nos dirán, quienes tengan la posibilidad de abrir la caja, qué ha sido del gato. Ojalá le quedé alguna de sus siete vidas.


PUBLICADO EN HORDAGO / EL SALTO DIARIO

sábado, 7 de septiembre de 2019

Habrá gobierno, pero no alternativa progresista


1. Afirma enfáticamente Maria Jesus Montero: "Esto no es táctica, no habrá coalición". Si es así, sólo habrá investidura si UP renuncia a estar en el Consejo de Ministras/os, como ya hizo Pablo Iglesias en julio.

2. UP no puede aceptar la oferta de "gobernanza compartida" que le hace el PSOE, por más que haya quien se esfuerce por destacar la importancia la misma.

3. En esto yo comparto aquello que escribía José Antonio Estévez Araujo en la revista MIENTRAS TANTO: "Que no te den gobernanza por democracia".

4. Así que sólo habrá investidura si UP da su voto a Sánchez y se queda en la oposición. Creo que es lo que va a pasar. Espero...

5. Si así ocurre, habrá gobierno del PSOE, pero será pan para hoy y hambre para mañana. Sin mayoría estable, ¿cuál será el grado de cumplimiento de las famosas 370 propuestas? Más que reducido, me temo. La consecuencia será más "melancolía de izquierda" (Enzo Traverso).

6. Y lo peor es que este desgraciado proceso nos condena a la imposibilidad de construir acuerdos que aseguren gobiernos progresistas para 2-3 legislaturas, única posibilidad de afrontar los retos de la cohesión social y territorial, la igualdad, la transición ecológica...

jueves, 25 de julio de 2019

De Pe a Pa: cómo he visto yo el fracaso de la investidura, y cómo lo valoro


No tengo información relevante. De hecho, ni siquiera puedo decir que haya seguido con particular atención e interés todo la actualidad política en los últimos meses. Lo que sigue no es más que una reflexión personal en voz alta. Por supuesto, estoy abierto a cualquier otra valoración o juicio.

1. Tengo que remontarme al 31 de mayo de 2018, cuando un Pedro Sánchez al que tuvieron que prestarle una silla puesto que no era ni diputado logró sumar 180 votos a una moción de censura que desalojó a Rajoy de La Moncloa. Con tan solo 84 escaños, el PSOE logró el apoyo (absolutamente imprescindible de toda la izquierda y de todas las fuerzas nacionalistas representadas en el Congreso. En contra, PP (y sus satélites) y Ciudadanos.

Se abría así un escenario nuevo en el que se vislumbraba la posibilidad de construir mayorías amplias en torno a la recuperación de derechos sociales y servicios públicos sacrificados en el altar de la austeridad, al intento de retomar el diálogo político en Catalunya, etc.

2. Los ocho meses de gobierno en solitario de Pedro Sánchez dejan para mí un balance muy poco lucido. Es verdad que no contaba con presupuesto propio, sino heredado de Rajoy. Se aumentó el SMI a 900 euros, se incremetaron las pensiones y se  subió un 2,25% el salario del funcionariado. Pero no hubo grandes cambios (Franco sigue en su cripta) y nos dio algunos disgustos: empezó admitiendo al Aquarius en el puerto de Valencia para dar cobijo a 629 migrantes, para después hacer una política de refugio absolutamente alineada con esta UE. Siendo un gobierno de paso y débil, bastante hizo desalojando al PP. ¡Ah, sí! En febrero de 2019 Sanchez publica su Manual de resistencia. No lo he leído, pero en su momento me pareció una frivolidad. 

3. El 28 de abril Pedro Sánchez impulsó al PSOE hasta los 123 escaños. El votante de izquierda se movilizó y esa misma noche electoral frente a Ferraz se gritaba "¡Con Rivera, no!". Me dió la impresión de que no era el grito que esperaba Sánchez y que no le hizo gracia.
 

A pesar de la movilización del voto de izquierda, las elecciones de abril dejaban un bloque claro de derecha (PP, Cs, Vox, NA+) que sumaba 149 escaños, muy lejos de la mayoría absoluta, pero muy por encima del PSOE.
Frente a ese bloque de derecha, rodado ya en Andalucía, las izquierdas y los nacionalismos contaban con una potentísima  herramienta de cambio: 201 escaños. Pero esta maquinaria política no iba a funcionar como lo hace la derecha: había que engrasarla y calibrarla mediante el diálogo, la negociación y el acuerdo.


4. El PSOE descartó desde el principio un gobierno de coalición con UP: de ahí la ocurrencia del "gobierno de cooperación", expresión que "abraza más que un Gobierno solitario o de coalición” según la sección hippie del equipo de Sánchez.
También desde el principio empezó a hacerle ojitos a Cs reclamando el final del "cordón sanitario" decretado por estos contra el PSOE. Recuerdo que a estas alturas Cs ya practicaba ménage à trois con PP y Vox, y disfrutaba con ello. ¿Qué sentido político tenía ese llamamiento del PSOE a Cs?
Al rechazar la posibilidad de un gobierno de coalición con UP el PSOE estaba renunciando a poder desarrollar, con una mínima comodidad parlamentaria, su programa de izquierdas.

5. Descartado el apoyo coaligado de UP, el PSOE se dedicó también a jurar y perjurar que jamás se sentaría a negociar un apoyo a su gobierno de los nacionalistas de ERC, JxCat y EHBildu, 26 escaños. Al rechazar, como si de apestados se tratara, el acuerdo con estas fuerzas nacionalistas, el PSOE renunciaba a intentar encarrilar políticamente el problema de la cohesión territorial de España.

6. En esta sorprendente negación de la aritmética, a alguien en el PSOE (¿a su sección hippie?) se le ocurrió que la solución estaba en lograr una abstención generalizada que posibilitara la investidura de Sánchez en segunda vuelta, con sólo los votos del PSOE. La estrategia era infalible: jugar con los miedos de cada cual ante la posibilidad de una investidura fracasada. Se suponía que PP y Cs se abstendrían para que Sánchez no dependiera de chavistas, bildutarras y rebeldes contra España. Se suponía que UP y nacionalistas se abstendrían para evitar un gobierno trifachito. Pero la estrategia no debía ser tan infalible... 
En el PSOE había incluso quienes se apuntaban a la CISpótesis de que unas nuevas elecciones reportarían al PSOE tantos escaños que no iban a saber qué hacer con ellos...



7. A partir de este momento los acontecimientos se aceleraron. PSOE y UP empezaron a negociar o algo así, frenesí. A negociar un gobierno de coalición, aunque abrace menos que otro de cooperación: pero con estos calores, quién necesita abrazos...
Casi era mejor cuando no negociaban. 
Pablo Iglesias nunca propuso a Sánchez ser vicepresidente (según Sánchez), pero sí lo propuso (según Moncloa), y Sánchez lo repudió por no ser suficientemente demócrata ni suficientemente español, hasta que el propio Iglesias se borró del cargo. El principal obstáculo para el acuerdo estaba despejado... pero no.
UP pedía ministerios que el PSOE no estaba dispuesto a ceder, y en esta discusión lo que unas y otras nos decían es que no se fían. Se cruzaban las filtraciones como se cruzan las espadas en la Batalla de los Bastardos...
Cómo habrá sido la cosa que Rufián ha tenido que convertirse en el mejor defensor de un gobierno de izquierdas... ¡para España!

8. Y así llegamos al final. Según parece, el PSOE ha ofrecido a UP una vicepresidencia de carácter social y tres ministerios: Vivienda y Economía Social, Ministerio de Igualdad y Ministerio de Sanidad y Consumo. UP lo ha rechazado si no se incluía en el paquete una idiotez: las políticas activas de empleo. Ha sido la puntilla.

9. Así lo he visto yo, de Pe a Pa. De Pedro a Pablo. Arrogancia a espuertas, tacticismo de trileros, testosterona para embotellar, desconfianzas cruzadas, incapacidad para ceder en favor de un bien mayor. Lo que tocaba ahora era abrir un periodo que vaya más allá de una legislatura para afrontar los grandes retos de España y de Europa: emergencia climática, lucha contra la violencia de género, federalización, recostrucción del pacto social, apertura a las diversidades... ¿Qué de quién es la culpa? Del cha cha chá. A la mierda el relato: lo que importa es la gente.


jueves, 12 de octubre de 2017

Peor que nada

Primero pensé en no escribir nada, pues nada parecía haber pasado, más allá de lo estrictamente declarativo. Luego pensé en escribir algo a partir de una idea simplona, pero no por ello carente de potencial explicativo: la DUI se había transformado en DIU, y lo que iba a nacer había quedado en… pues eso, en nada. Pero nada de lo anterior es cierto. No es verdad que lo ocurrido el 10 de octubre en el Parlament sea “nada”. Y si lo fuera, si con tal término pudiéramos definirla, sería esa nada de La historia interminable que se va expandiendo como una enfermedad incontrolable, haciendo desaparecer personas y lugares, la imaginación y la belleza, dejando tras de sí… pues eso, la nada.
Lo visto en el Parlament fue un nuevo episodio de astucia carente de inteligencia: una forma de ganar tiempo, una patada que vuelva a plantar el balón en el campo del Estado, un intento de proteger la tensionada unidad en el soberanismo, un golpe bajo contra un PSOE resquebrajado entre diazlambanistas e icetistas, una provocación que busca ser respondida con un aumento de la represión… Elijan lo que prefieran, incorporen nuevas posibilidades o planteen, incluso, la hipótesis del paso atrás que busca abrir espacios de diálogo. Hipótesis que yo no contemplo.
La declaración que firmaron los diputados de Junts pel Sí y la CUP en dependencias del Parlament tiene su correlato perfecto en el acto de toma de posesión de sus cargos de presidente, ministras y ministros del Gobierno de España, presidentas y presidentes de comunidades autónomas, etc. Todas y todos, con solemnidad (o con la solemnidad que permiten las circunstancias, que en el caso del Parlament fue relativa) se han comprometido a defender sus respectivas ideas de país, de pueblo, de derecho, de justicia, de legitimidad, ideas que, y aquí es donde la hipótesis del diálogo hace aguas, hoy por hoy son radicalmente incompatibles. Porque, ¿qué diálogo cabe plantear entre dos compromisos solemnes cuyo cumplimiento respectivo exige el incumplimiento del otro?
Así pues, estamos donde estábamos, sólo que un poquito (espero que solo sea un poquito) peor. Dos totalidades enfrentadas y excluyentes, un juego de suma cero. Lo ideal sería que el Gobierno de Rajoy se hiciera el despistado y actuara como si, en efecto, no hubiera pasado nada. No chutar el balón, no tocarlo, no mirarlo siquiera. Que salga del campo y se pierda por la banda. Pero, ¡ay!, el compromiso solemne y público con la ley, la patria, el pueblo…
Me temo que el PP le entrará al balón. Los hooligans con disfraz de ciudadanos van creando ambiente. Tampoco ayuda, aunque parezca lo contrario, la contemporizadora lectura que de lo ocurrido hace Podemos, pues con ella el balón pasa a estar en posesión, exclusivamente, del Gobierno español. Y el PSOE sigue en el banquillo, rezando para no tener que saltar al campo: aunque tendrá que hacerlo.
Y en esas estamos. Tal vez si las espectadoras y los espectadores saltáramos al campo, pero cada cual para animar al contrario, no al propio. Tal vez si el juego se trasladara a otro escenario, como el del diálogo abierto entre comunidades autónomas. O tal vez, simplemente, la nada de ayer sea, en efecto, nada de nada, porque las empresas patrocinadoras decidan, definitivamente, apoyar otros equipos y otros deportes.

miércoles, 7 de junio de 2017

Repensar el autogobierno

Ponencia de autogobierno


El pasado día 31, a propuesta del grupo Elkarrekin Podemos,  tuve la oportunidad de comparecer ante la "Ponencia para la actualización del autogobierno de Euskadi" del Parlamento Vasco. En la web del Parlamento se recogen las grabaciones en vídeo de las sesiones de la ponencia. Si alguien está interesado en leer el documento íntegro que preparé para sostener mi intervención, puede hacerlo aquí.
También dejo a continuación las notas del power point que utilicé en la presentación.


Se plantean cuatro ideas:
1. La cuestión del derecho de autodeterminación no es en absoluto tan evidente como el término “derecho” parece indicar.
2. La estatalización del derecho a decidir debe dejar de darse por supuesta: es (muy) problemática.
3. Euskadi puede ser una realidad política por construir, pero no por descubrir: hace mucho tiempo que sabemos cómo somos… y lo que esto puede dar de sí.
4. Re-escalar el autogobierno: el nuevo papel de las ciudades.

[1] La cuestión del derecho de autodeterminación no es en absoluto tan evidente como el término “derecho” parece indicar. 
  • Derecho de autodeterminación y derecho a decidir, sinónimos. 
  • Derecho individual, colectivizable por agregación. 
  • No derecho humano fundamental.
Perspectiva de FERRAJOLI:
  • El derecho de los pueblos a la autodeterminación externa entendido como "derecho al Estado" es inconcebible y autodestructivo 
  • Insostenible en una sociedad mundial cada vez más integrada y en sociedades civiles caracterizadas por la mezcla de culturas y nacionalidades. 
  • Contradice su consideración en la Carta de la ONU como supeditado a a la "paz universal", y fundamento de "relaciones pacíficas entre las naciones"
  • Lo que hace imposible su configuración como "derecho fundamental“ es su no universabilidad, es decir la imposibilidad, en contraste con la noción teórica de este tipo de derechos, de que sea reconocido por igual a todos los pueblos.
  • Las profundas tensiones a las que se está viendo sometido el Estado por arriba (globalización de los riesgos y de las oportunidades) y por abajo (subsidiariedad, eficiencia y representatividad), acabarán por modificar sustancialmente la ecología política en la que la constitución de estados nacionales ha sido la estrategia adaptativa más exitosa. 
  • Sustitución por “objetos políticos no identificados” (OPNIS). 
  • Aspirar a la plena clarificación o identificación de los “objetos políticos” a los que aspiramos no puede llevar sino a la expulsión o a la negación de la complejidad, diversidad, provisionalidad, incertidumbre y experimentación que configuran nuestro zeitgeist
  • Evitar la retrotopía de “volver a Hobbes” (Bauman). 
  • Asumir la metamorfosis del mundo: el imperativo de actuar en campos o espacios de acción cosmopolitizados (Beck).
[2] La estatalización del derecho a decidir debe dejar de darse por supuesta: es (muy) problemática.
  • El derecho de autodeterminación no es un mero instrumento neutral.
  • Estrategia de normalización (banalización).
  • Definición de un demos, de un sujeto político soberano, que posteriormente decidirá sobre su estatuto político. 
  • El derecho de autodefinición, es decir, el derecho a definir “quiénes son los miembros que integran en realidad ese pueblo”, paso esencial en cualquier proceso soberanista. 
  • Riesgos que entraña cualquier operación de categorización o definición de una identidad colectiva en el marco de un proceso de construcción nacional. 
  • Ferrajoli y la “esfera de lo indecidible”: en democracia hay principios que deben estar sustraídos a la decisión de la mayoría. 
  • La modificación de la condición de ciudadanía, cuando entraña riesgos de debilitamiento, limitación o exclusión de esta condición, entraría plenamente en esta esfera de lo indecidible.
  • No es más legítimo, ni más moral, ni más racional, ni más democrático, un Estado español que un Estado catalán o vasco. Puede ser más real, pero esto no es más que el resultado de la historia. 
  • Incomodidad ante quienes pretenden convertir situaciones de hecho, fruto de la historia -como que exista un Estado español pero no un Estado catalán-, en realidades morales: nacionalismo cívico vs. nacionalismo étnico, patriotismo vs. Nacionalismo. 
  • Todo Estado se construye sobre la homogeneización y la exclusión de lo que reducido a la condición de lo extraño. 
  • ¿Qué hacer? ¿aceptar sin más el resultado de la historia y su distribución azarosa de la estatalidad? ¿Aceptar como marco de autogobierno el actual Estado español sólo porque existe y renunciar a un Estado vasco sólo por los riesgos de extranjerización que su construcción comporta?

[3] Euskadi puede ser una realidad política por construir, pero no por descubrir: hace mucho tiempo que sabemos cómo somos… y lo que esto puede dar de sí.
  • Un proceso de construcción nacional debe partir de lo existente. 
  • Estabilidad estructural, y estructurante, de la sociedad vasca. 
  • Euskadi puede ser un país (o una sociedad, o una nación) por construir, pero no por descubrir.
“Muchas veces parece que en Euskadi existe una conspiración de la política contra la sociedad, que hay una cierta obstinación en no querer trasladar al ordenamiento político lo que la sociedad vasca viene diciendo desde hace tiempo. Bueno, desde siempre. Si analizamos la evolución y las tendencias desde hace 30 años, observaremos que ha fracasado absolutamente la misión evangélica orientada a desequilibrar el peso porcentual de los bloques” (Aierdi y Retortillo).









[4] Re-escalar el autogobierno: el nuevo papel de las ciudades.

“Ha habido una dinámica de desafección emocional. Para los ciudadanos de Cataluña es más fácil imaginarse una república nueva que transformar España. Lo entiendo. Me parece legítimo. Pero no es mi proyecto. Eso también es deudor de una representación que para los nacionalismos catalán y vasco ha sido muy productiva, que es ««salvo Euskadi y Catalunya todo en España es una inmensa rémora del franquismo y nunca va a cambiar nada». Y eso, sobre todo, se concentraba en una imagen icónica de una Madrid sin madrileños, una ciudad que era la sede del Partido Popular, la Audiencia Nacional, un cuartelillo y la sede de la conferencia episcopal. Una especie de Madrid terrible, Mordor, del cual cualquier persona se querría independizar. Eso se quiebra un poco cuando en Madrid gobierna Manuela” [Errejón].

“Erijamos en entidad política el municipio y la provincia” [Pi i Margall].
  • Superar el imaginario de la matrioska –un Estado que contiene una nación que contiene un pueblo- para abordar desde otras claves la cuestión del autogobierno. 
  • Espacios donde sea posible la máxima eficacia, la máxima justicia, la máxima democracia y la máxima solidaridad. 
  • Espacios donde ninguna riqueza humana se pierda; espacios, por tanto, también culturales. 
  • Espacios en los que podamos participar en la toma de decisiones, donde los procesos políticos, económicos, tecnológicos, no parezcan incontrolados, sino que en todo momento podamos distinguir sus responsabilidades, evaluar sus consecuencias y reprogramar su dirección y ritmo. 
  • Espacios interrelacionados, comunicados, pues habrá solidaridades, participaciones y eficacias posibles en determinados espacios, pero donde otras, sean imposibles.

martes, 21 de marzo de 2017

Crisis, política, convivencia

Los pasados 10 y 11 de marzo participé en el Seminario "La convivencia amenazada: anhelos y radicalismos", organizado en Zaragoza por la Fundación Seminario de Investigación para la Paz.Un auténtico placer. Al día siguiente, el Heraldo de Aragón publicó una entrevista al respecto. Muchas gracias a Concha Roldán por la conversación.



Por razones de espacio, la entrevista publicada fue un poco más reducida. Aquí puede leerse íntegramente.


1) La crisis, con los recortes y las desigualdades creadas; los incumplimientos de las promesas políticas; y una cierta impunidad con la corrupción han llevado a muchos ciudadanos a desconfiar de los políticos y de la política. ¿Tiene arreglo o es irreversible?

Seguramente hay procesos o situaciones que tienen arreglo, pero otras son irreversibles. Dicho de otra manera, has situaciones que pueden solucionarse mediante reformas del sistema político actual, con medidas de transparencia, dación de cuentas, control, etc. Pero hay otras situaciones que exigen un “reseteo” del sistema. Porque las bases sobre las que se construyó el actual sistema de representación política (partidos de masas con fuerte impronta ideológica, ciudadanía encuadrada y homogénea, soberanía nacional, etc.) se han agotado y hoy nos encontramos en un mundo completamente distinto. En estas circunstancias, vamos a tener que aprender a vivir durante mucho tiempo entre dos mundos: el de las reformas parciales y el de las orientaciones de cambio estructural.

2) ¿Qué es lo que más daño sigue haciendo?

Si, según la provocadora reflexión de Hannah Arendt, política significa, esencialmente, poder comenzar, parece evidente que no hay mejor manera de relegitimar la participación política que recuperar su función transformadora. Lo cual supone combatir ese estilo de pensamiento político que proclama, da igual que lo haga con alegría o con melancolía, que las cosas son como son y no pueden ser de otra manera. El discurso de la inevitabilidad, la idea de que el espacio para la transformación de la realidad se ha reducido hasta prácticamente desaparecer, es la mejor manera de transmitir la idea de que la política, y por lo mismo la participación, es absolutamente prescindible, bastando con una eficaz gestión tecnocrática de los asuntos humanos. Esto es lo que hay que combatir.

3) De todos estos males, ¿cuál o cuáles van a ser más difíciles de superar?

El interés por la participación política tiene mucho que ver con la manera en que la actividad política se hace llegar a la ciudadanía. Una sociedad en la que se vuelven comunes frases como “yo no entiendo de política”, “yo no me meto en política”, “la política no me interesa” y otras similares, es una sociedad cívicamente enferma. Tales expresiones indican que las cuestiones políticas son percibidas como cuestiones fundamentalmente ajenas a nuestras auténticas preocupaciones, lo que es un error. Y no me sirve la respuesta de que el problema es que la política se ha vuelto cada vez más compleja, de manera que las cuestiones que se plantean son demasiado complicadas para el ciudadano normal. ¿Acaso no existen centenares de personas que, estando ellas o alguno de sus familiares afectadas por una de esas denominadas “enfermedades raras”, se preocupan de mover tierra y cielo para buscar toda la información necesaria para afrontar dicha enfermedad, sin contentarse con la asistencia médica? El desinterés es, casi siempre, consecuencia, que no causa, de una política alejada, en el fondo o en las formas, de las preocupaciones ciudadanas. Por tanto, es fundamental conectar la acción política con los intereses ciudadanos.

4) Hay mucha gente que lo primero que dice de la política es que no va a volver a votar. De hecho, la abstención aumenta. ¿Son recuperables estos votos?

En España hemos podido comprobar que sí, que muchos de esos electores desanimados han vuelto a activarse en la medida en que han surgido nuevas temáticas o, sobre todo, nuevas fuerzas políticas que han “reencantado” un espacio político rutinizado. Hay una abstención estructural, numéricamente importante, de personas que nunca han participado en las elecciones; es como esa gente que dice que nunca ha leído un libro: no quiero decir que sea imposible, pero no es fácil hacerles cambiar de posición, ya que en general se abstienen por falta de interés. Luego hay personas que no votan, o que lo hacen ocasionalmente, pero que sí tienen interés por la política, que incluso tienen otras participaciones políticas no institucionales en movimientos sociales, ONGs, etc: está es la parte de la abstención que puede ser recuperada.

Es preciso reconocer que la participación no se agota en los procedimientos de la democracia representativa y delegacionista. Más aún, hay que pensar que tal vez este delegacionismo esté en la base de la creciente desafección democrática y de la apatía ciudadana. Las instituciones deben ser sensibles a la participación. Se trata de disponer de estructuras (nuevas o renovadas) que sirvan para intermediar efectivamente entre los ciudadanos y los responsables políticos: referéndum, iniciativa legislativa popular, comisiones parlamentarias, etc. Pero se trata, también, de actitudes: deben aprender a escuchar y, sobre todo, deben aprender a demostrar que escuchan.

5) La aparición de nuevos partidos en España y su actividad ya en las instituciones, ¿Cómo se está encajando en la vida política española y qué están aportando, aparte de la desaparición de las mayorías absolutas?


Cuando hablamos de los “nuevos partidos”, en realidad estamos hablando de dos campos muy distintos. Por un lado estaría el campo liberal-conservador que hace años quiso renovar UPyD y que ahora ocupa Ciudadanos. Su aportación me parece interesante desde una perspectiva reformista, ya que ha introducido prácticas y discursos de renovación que han acabado por afectar al PP, atemperando sus rasgos más conservadores en relación a cuestiones de derechos civiles (matrimonio homosexual, por ejemplo), aunque no en los temas sociales y económicos: en esto, las diferencias son mínimas. Más relevante me parece lo que está ocurriendo en el campo de las izquierdas, con las iniciativas del nuevo municipalismo, las confluencias y, sobre todo, Podemos. Aquí, el efecto sobre la vieja política ha sido enorme. Yo suelo decir que Podemos ha actuado como una rotabator: esa máquina agrícola que se utiliza para remover la tierra con el fin de prepararla para la siembra. Ha aireado un terreno político que estaba seco, sin oxígeno, y lo ha preparado para sembrar nuevas formas de hacer política. Sin duda aún es pronto para valorar hasta qué punto ha conseguido hacer florecer esas novedades, pero ya solo el hecho de remover la vieja política es fundamental.

6) Cómo piensan muchos ciudadanos de los políticos, ¿Todos son iguales?

Es evidente que todas las personas que se dedican a la política no son iguales, aunque sólo sea porque no hay dos personas iguales, se dediquen a lo que se dediquen. Las personas que están en la política siguen teniendo sus especificidades, en todos los sentidos: trayectorias vitales, experiencias existenciales, convicciones morales, capitales social y educativo, etc. Esto hace que se comporten de forma distinta ante situaciones similares. Pero es verdad que el ecosistema de la política, tal como se practica hoy en día, tiende a seleccionar a un tipo de personas cada vez más específico: personas o personalidades dóciles, acríticas, poco reflexivas, instrumentales… Aquí si funciona el estereotipo del político pragmático y sin principios. Pero no es un problema de las personas, sino de la lógica del sistema político.

7) ¿Qué propuestas de futuro puede haber para una renovación de la convivencia?

Me resulta muy difícil responder con brevedad a esta pregunta. Pero si tengo que hacerlo, yo diría que debemos aprender a hacer las paces con nuestra propia complejidad para así degustar la complejidad de los demás. Como denuncia Amin Maalouf, cuando nos preguntan qué somos están suponiendo que “en lo profundo” de cada persona hay una sola pertenencia de la que fluye nuestra esencia, una pertenencia inmutable en sus fundamentos y a la que nos debemos, que puede ser traicionada pero nunca modificada. Y cuando desde esta perspectiva se nos incita a que afirmemos nuestra identidad, lo que se nos está diciendo es que reduzcamos al máximo la compleja trama de pertenencias y referencias que nos constituye como individuos únicos con capacidad de construir un complicado universo de vinculaciones. En realidad somos un haz de pertenencias entrelazadas, no siempre coherentes. En la práctica, hacer las paces con la complejidad, con la impureza si se quiere, exige reconvertir las identidades nacionales, étnicas o religiosas en procesos, cuestionando todo intento de naturalizarlas, de objetivarlas, de fosilizarlas; pensar menos en términos de identidades y más en términos de identificaciones. También exige fomentar todos los compromisos que relacionen entre sí las divisiones nacionales, étnicas o religiosas establecidas; buscar las semejanzas allí donde otros pretenden levantar muros de separación; señalar las diferencias allí donde otros pretenden definir unidades supuestamente naturales.

lunes, 29 de agosto de 2016

Atrapados

Es una imagen bien conocida, clásica en el humor gráfico; tanto como la de quien se sienta sobre la rama del árbol que está podando. Me refiero a la persona que se pone a pintar el suelo de una habitación empezando desde la puerta, encontrándose al final arrinconado en una esquina, sin posibilidades de salir a no ser que estropee con sus pisadas el suelo recién pintado.

La firma del acuerdo entre PP y Ciudadanos ha dejado definitivamente al PSOE en la situación del personaje del chiste gráfico. Tras las elecciones del 26 de junio el Comité Federal del PSOE tiró de brocha (gorda) para pintar sobre su propio espacio tres 'noes' como tres luceros, sin darse cuenta de que con ellos empezaba a ponerse en dificultades a sí mismo: 'no' a facilitar por activa o pasiva la investidura de Rajoy, 'no' a un pacto de gobierno con Unidos Podemos, 'no' a unas terceras elecciones. Tres brochazos incompatibles que, tal vez, en caso de ser ejecutados por algún genio del surrealismo hubieran podido delinear una obra maestra, pero que trasladados al ámbito de la política eran lo más parecido a una monumental chapuza. Un imposible.

La escenificación del acuerdo PP-Ciudadanos, con esa inteligente aunque cínica afirmación de Rivera de que “100 de las 150 medidas del acuerdo habían sido pactadas la legislatura pasada con Pedro Sánchez” (¿alguien lo va a comprobar?), han sido el brochazo definitivo que ha arrinconado al PSOE en la esquina de esa habitación cuyo suelo ha ido pintando empezando desde la puerta que constituía su única vía de salida: votar 'no' a Rajoy en la primera sesión de investidura y abstenerse en la segunda; y hacerlo, como ya expuse en estas mismas páginas el pasado 8 de julio, no por responsabilidad, ni por sentido de Estado, ni por facilitar la gobernabilidad, sino para que de una vez pueda hacerse oposición institucional desde la izquierda con el objetivo de revertir todas las medidas antisociales adoptadas por el PP durante su mayoría absolutista. Porque (me disculparán si me repito), el problema no es que desde las elecciones del 20 de diciembre no haya gobierno, sino que ya llevamos ocho meses sin oposición.

¿Qué va a hacer ahora el Comité Federal del PSOE, colgado como está de su propia brocha? Una opción es tirar de coherencia ahora desgraciadamente estéril, gritar “¡no nos doblegarán!”, meter la brocha hasta el mango en el bote de pintura y terminar de cubrir con ella hasta el último rincón de la habitación, confiando en que a las terceras elecciones vaya la vencida. Más bien pienso que en este escenario lo que vendrá será, de nuevo, la 'derrotada'. Otra opción es desandar los pasos dados y abstenerse para que los votos de PP, Ciudadanos y Coalición Canaria permitan gobernar a Rajoy; pero, en la pintura fresca, se notarán demasiado las pisadas y será imposible explicar por qué no se tomó esa decisión el mismo 27 de junio, desde la plena autonomía. No veo más opciones. De Guatemala a Guatepeor, o de Málaga a Malagón.

Resultado de imagen de pink panther

Porque lo siento, pero cuando escucho a dirigentes de Podemos declarar que el fracaso de Rajoy en la sesión de investidura del próximo martes es una buena noticia porque abre la posibilidad de un acuerdo alternativo de gobierno PSOE-Unidos Podemos se me cae el alma a los pies. Una cosa es hibernar en agosto para pasar de brigada de asalto a partido político comme il faut (dicho esto con toda la melancolía del viejo tango de Arolas y Clausi: “Luna, farol y canción, dulce emoción del ayer…”) y otra obviar que, en las nuevas condiciones de la sociedad y la política en España, en estado de nueva transición, la siempre difícil convivencia entre posiciones de izquierda debe superar dificultades extremas.

Para empezar, hoy tenemos dos izquierdas, una tradicional y otra nueva, hablándose de tú a tú: nada que ver con la muy desigual relación que en el pasado se daba entre PSOE e IU. Pero hay un PSOE replicante que aún se confía en que este escenario sea coyuntural y la “hipótesis Podemos” se pierda en el tiempo como lágrimas en la lluvia. Por su parte, Unidos Podemos incorpora en su seno a una izquierda tan tradicional como la socialista, pero visceralmente anti-PSOE, nutrida en las luchas contra la OTAN, la Unión Europea y todas las reformas “modernizadoras” impulsadas por Felipe González. No hay acuerdo entre cúpulas que permita superar la distancia cósmica que, hoy por hoy, existe entre las culturas políticas de ambas izquierdas. Que, sin embargo, están condenadas a entenderse. Pero este entendimiento no surgirá por decreto, sino a través de un trabajo cotidiano que se esfuerce por superar prejuicios y encontrar espacios de encuentro real, desde la práctica militante.

En un reciente libro (¿Qué hacer? El capitalismo, el comunismo y el futuro de la democracia, Edhasa, 2016) dos destacados filósofos franceses, Alain Badiou y Marcel Gauchet, ubicados respectivamente en el comunismo y en la socialdemocracia, tras discutir largamente sobre la situación del mundo y sus posibilidades de transformación, concluyen de la siguiente manera:

- BADIOU: Sin el relanzamiento de la hipótesis comunista, la hipótesis reformista defendida por usted no tiene probabilidad alguna de realizarse. […] En la práctica, no irá a ninguna parte sin mí. De hecho, ¡me propongo ayudarlo!
- GAUCHET: ¿Quiere hacerme decir que el reformismo consecuente necesita el respaldo de la hipótesis comunista? Admito sin inconvenientes que todas las energías son necesarias para establecer un control político de la mundialización neoliberal. […] Considero por consiguiente que es preciso tenerla en cuenta. Pero, de su lado, al hacer de la hipótesis comunista un aliado necesario del realismo democrático, usted arroja un salvavidas de plomo a su radicalismo. ¡Es una hermosa confesión! Que nos permite sellar el pacto sugerido por usted.


Esta es la tarea más urgente que debemos afrontar las mujeres y hombres que nos reconocemos como habitantes del pluriverso de la izquierda: establecer relaciones entre las diversas hipótesis de la izquierda que permitan, mejor más temprano que tarde, alcanzar acuerdos estratégicos que permitan plantar cara a la deriva neoliberal que, en España, representa el PP.

>> Publicado en EL DIARIO NORTE

sábado, 9 de julio de 2016

La investidura ya no es importante, lo importante es construir una oposición útil desde las izquierdas

Ahora resulta que el problema fundamental que debe afrontar la izquierda española es el de abstenerse o votar NO en el caso de que Rajoy, único candidato que tras las elecciones de junio tiene posibilidades de conformar gobierno, decida presentarse a la investidura. Sí, hablo de posibilidades, nada más. Dependerá de: a) si el indolente Rajoy se gana el sueldo de presidente en funciones y candidato relativamente más votado y se trabaja los apoyos necesarios para, al menos, no seguir manteniendo al PP en su aislamiento; b) si, en el caso de que el todavía hoy ocupante de la Moncloa despeje su sopor, su aliado más probable, Ciudadanos, le da el sí quiero; o c) si en el PP no impera la convicción de que unas elecciones tripitidas lo elevarán aún más en la estima del electorado español, con más ganas ya de vacaciones que de otra cosa, al tiempo que debilitarán en mayor medida a las izquierdas.

Tras las elecciones de diciembre defendí convencido la posibilidad y la conveniencia de un gobierno de izquierda. Hoy, en cambio, tras el 26-J, creo que tal cosa no es ni posible ni conveniente. No es posible, aunque sólo sea porque desde el PSOE ya han dicho que no; lo ha descartado, según parece, una misteriosa “portavoz oficial” de Pedro Sánchez. "Pedro Sánchez no lo descarta, lo descartan los números", dicen en el entorno del líder socialista. No es verdad, pero tampoco es mentira: los números no descartan la posibilidad de un gobierno alternativo al de Rajoy, pero si la convicción de hacer ese gobierno no es hoy más firme y más seria que la expresada tras las elecciones de diciembre, los números sirven de poco. Y no creo que esa convicción haya mejorado: de ahí la inconveniencia de intentar disputarle la investidura a Rajoy. Hay un millón doscientos mil votantes de izquierda que se han desmovilizado desde diciembre. Hay comunidades autónomas y hay grandes ciudades gobernadas por las izquierdas en las que ha aumentado considerablemente el voto al PP. Hay en Podemos un debate abierto sobre su política de alianzas con Izquierda Unida. Hay en el PSOE un debate abierto sobre el futuro político de Sánchez. En estas circunstancias, declarar que se quiere ser gobierno es un ejercicio de autoengaño, lo que es malo, o de engaño a la sociedad, lo que es mucho peor.

Por supuesto, no es improbable que tras el Comité Federal del sábado los cada vez más diversos y dispersos portavoces del PSOE continúen defendiendo, como si no hubiera contradicción, tanto el NO a Rajoy como el NO a Iglesias, a la vez que el NO a unas terceras elecciones. Tampoco lo es que Unidos Podemos se convierta de pronto en un maravilloso bazar en el que las ofertas al PSOE se multipliquen, cada una más irrechazable que la anterior, del tipo de votar sí a la investidura de Sánchez “sin exigir ningún puesto, quizás alguna reforma”, y luego irse a la oposición. Ofertas de mano tendida que, eso sí, no dejarán de verse acompañadas de declaraciones sobre la naturaleza irremediablemente “castista” de la dirección del PSOE, dedicada a “garantizar los intereses políticos de las élites", por lo que ni está ni se le espera en el bloque progresista. La dispersión y diversión en las portavocías, así como el acostumbramiento a la contradicción permanente, parecen ser características constitutivas de la izquierda. Va a ser que los Monty Python tenían más razón que Zizek.

Si hubiera que hacer un relato de la preocupante deriva hacia la irrelevancia y la banalidad que parece haberse adueñado de la izquierda en España sólo habría que atender a cuáles han sido las grandes cuestiones sobre las que las fuerzas progresistas han debatido a lo largo del último año. Antes de las elecciones del 20-D PSOE, Podemos e Izquierda Unida discutían sobre si renta o trabajo garantizado, sobre la república, sobre el nivel de reforma que habría que aplicar a la reforma laboral del PP, sobre el derecho a decidir o sobre el TTIP. Tras las elecciones de diciembre, la discusión se limitó a la cuestión de gobernar con quién y con qué distribución de responsabilidades. Mientras nos preparábamos para la repetición de las elecciones, el único debate en el seno de la izquierda fue el del sorpasso. Tras el 25-J, sin sorpasso pero sí con un monumental sopapo, lo único que parece preocupar al PSOE y a Unidos Podemos es pasarle al otro el marrón de cargar con el baldón de haber sido el que, por omisión pasada o por abstención presente, habría llevado a Rajoy a la presidencia del gobierno.

El problema no es que desde las elecciones de diciembre no haya gobierno; el problema es que ya va para siete meses que no tenemos oposición. Aún con gobierno en funciones, la nave va: la nave del deterioro del derecho del trabajo, la nave de la austeridad, la nave de la reforma educativa, la nave de la corrupción… Lo que no va es la posibilidad de modificar el rumbo de esa nave.

Así pues, esta es mi humilde y personal propuesta: que PSOE y Unidos Podemos se recompongan como organizaciones que habitan en el espacio plural de las izquierdas; que establezcan canales de diálogo con ambición estratégica; que acuerden cuanto antes un programa de oposición que revierta las principales contrarreformas del PP y, ya de paso, alguna inaugurada por el PSOE: la laboral, la educativa, la de extranjería, la de la justicia universal… Y despejar, ya desde ahora, la cuestión de la investidura de Rajoy. Que se la trabaje, si es capaz, y que si no lo es no pueda escudarse en nada que no sea su propia incapacidad. PSOE y Unidos Podemos deberían dejar de amenazarse con la acusación de que fue el otro el que, al final, permitió gobernar a Rajoy. En lugar de seguir jugando al “juego del gallina”, probándose para ver quien se acobarda antes y finalmente cede para evitar unas terceras elecciones, dejando a la otra parte como la más firme y coherente, ambos partidos deberían acordar y anunciar públicamente que votarán NO en primera vuelta a Rajoy, y que luego se abstendrán. Abstenerse no por responsabilidad, ni por sentido de Estado, ni por facilitar la gobernabilidad, ni cosas similares. Abstenerse para que de una vez pueda hacerse política institucional desde las izquierdas.

Publicado en EL DIARIO NORTE

martes, 28 de junio de 2016

Sondeos erróneos, gobiernos difíciles y patrias más cívicas

SONDEOS ERRÓNEOS.

Pensábamos que lo difícil iba a ser, otra vez, formar gobierno. Los principales sondeos dibujaban, en sus grandes trazos, un escenario que prácticamente repetía el que salió del 20-D, con la única diferencia generada por la coalición Unidos Podemos, que sumaría “ilusión” y arrastraría restos, sorpasando al PSOE en votos y/o escaños. La aritmética electoral reproducía los escenarios de hace seis meses, en una especie de empate infinito, y el debate político se resumía en una pregunta: ¿qué va a hacer el PSOE, impulsar con Unidos Podemos un gobierno progresista o facilitar, más por omisión (abstención) que por acción (apoyo en la investidura), un gobierno del PP? Un cierto síndrome del “día de la marmota” hacía que pareciera plausible incluso el escenario de unas terceras elecciones. La verdad es que pasamos unos buenos ratos, yo el primero, jugando en este escenario. Pero resulta que los sondeos se equivocaron en todo: en el mantenimiento a la baja del PP, en el sorpasso en una izquierda así y todo al alza y en la estabilización de Ciudadanos.



Habrá que darse un tiempo para reflexionar sobre este fracaso de los sondeos. Que, por otra parte, no es de ahora. Hay quien se fija en lo obsoleto de utilizar la vieja llamada telefónica en una época en que ya es posible recoger datos a través de medios online de manera continuada y en tiempo real (Manu Garrido, “Los sondeos electorales, cada vez más obsoletos”, CTXT, 70, 22/06/2016). También quien considera que los sondeos preelectorales no tienen una función explicativa, sino performativa, persiguiendo sobre todo el objetivo de influir sobre el voto en función de los distintos escenarios que supuestamente prefiguran (José Félix Tezanos, “¿Por qué se equivocan tanto los sondeos preelectorales?”, Sistema digital, 26/11/2015). Entre las explicaciones técnicas y las directamente políticas, ya daremos con alguna respuesta y, tal vez, con alguna solución, que oscilará entre sondear de otra manera o dejar de hacerlo (salvo como mero producto de mercado). Pero, mientras quienes saben de esto se lo van mirando permítanme una pequeña pulla interprofesional: la hipótesis del elector racional con la que trabaja cada vez más en exclusiva la politología reducida a votología en realidad malinterpreta a un zoon politikón cada vez más complejo; y para volver a comprenderlo, la ciencia política debe recuperar su dimensión de ciencia social. Hasta aquí puedo leer.

GOBIERNOS DIFÍCILES.

Y ahora sí, vamos a los resultados. Y estos nos indican que si, con lo que nos contaban los sondeos preelectorales, el problema volvería a ser el de formar gobierno, una vez realizado el recuento el problema va a ser gobernar. Porque no creo que, con estos resultados, nadie esté pensando en disputarle al PP el gobierno. Insisto: nadie.

Comparación resultados 20-D y 26-J para el conjunto de España

20-D
26-J

votos
%
Esc.
votos
%
Esc.
PP
7.215.752
28,72
123
7.900.155
33,03
137
PSOE
5.530.779
22,01
90
5.422.323
22,66
85
PODEMOS
5.189.463
20,66
69
5.047.089
21,10
71
IU
923.133
3,67
2
CIUDADANOS
3.500.541
13,93
40
3.121.432
13,05
32
ERC
599.289
2,39
9
628.820
2,63
9
DIL / CDC
565.501
2,25
8
481.369
2,01
8
PNV
301.585
1,20
6
286.215
1,20
5
EH BILDU
218.467
0,87
2
184.092
0,77
2
CC
81.750
0,61
1
77.673
0,33
1
PARTICIPACIÓN

73,2

23.997.611
69,83


Utilizando la implacable lógica de un fino analista y líder político conservador, la derecha española es muy derecha y mucha derecha. Las dos cosas, aunque más lo primero que lo segundo. El PP es el único partido que puede decir que realmente ha ganado estas elecciones: hoy en España hay mucho más PP que hace seis meses. ¿De dónde ha salido ese medio millón más de votos que han confiado en Rajoy? Habrá que esperar a la encuesta postelectoral del CIS, pero cabe pensar que en su mayoría de Ciudadanos. El llamamiento al voto útil contra el aventurerismo extremista, ha funcionado. Por eso, hay mucha derecha, pero sobre todo hoy es más derecha (más “derechosa”) que lo era el 20-D. Uno de cada tres votantes ha escogido seguridad antes que libertad, crecimiento antes que justicia, unidad antes que decencia. Con esto no quiero decir que sea un voto indecente, injusto o iliberal; no es posible reducir a una sola todas las motivaciones (racionales e irracionales) de ese votante complejo al que me refería antes. Pero lo cierto es que sus votos sí apuntalan un país menos libre, menos justo y menos decente.

Por el contrario, la izquierda pierde respecto de las anteriores elecciones. Pierde en votos (casi un millón doscientos mil menos), en escaños (5 menos) y, sobre todo, pierde en razones y en emociones necesarias para la construcción de un gran espacio progresista en España desde el cual empezar a revertir, sin prisa pero sin pausa, las políticas austericidas, separadoras y revanchistas impulsadas por el PP. Claro que si sumamos todo lo que no es PP ni Ciudadanos daría para gobernar, incluso con mayoría absoluta. Pero hay ocasiones en las que lo mejor que se puede hacer es reconocer los errores cometidos y dar un paso atrás, en lugar de intentar resolverlos por elevación.

Lo que ahora le toca a las izquierdas es, creo, constituir rápidamente el Congreso (con el escollo, como ya vimos, de alcanzar buenos acuerdos para elegir Presidente y Mesa del mismo), facilitar mediante la abstención en segunda vuelta la investidura de Rajoy (o de quien sea que lo sustituya), y hacer política progresista desde una oposición al tiempo exigente y responsable. En el marco de los límites políticos y morales que parece dibujar el electorado español de hoy, pero haciendo mucha y buena pedagogía para redefinir y ampliar esos límites pensando en el electorado de mañana. Y en esta tarea, las variables generacional y territorial van a tener una enorme importancia.

Así y todo, ¿se atreverá el PP se atreverá a afrontar una complicadísima legislatura gobernando en solitario y aprendiendo, a marchas forzadas, no un compendio de meras tácticas de negociación, sino una cultura del acuerdo que le es totalmente ajena? ¿Se conformarán con la abstención de los demás y ejercerá un gobierno contenido y responsable, o seguirá su dubitativo líder aspirando a un apoyo explícito que ni se ha ganado ni se merece? A lo peor me equivoco y el problema en los próximos meses no será gobernar sino, de nuevo y por segunda vez, formar gobierno. No quiero ni planteármelo.

PATRIAS MÁS CÍVICAS.

En cuanto a los resultados en Euskadi, aquí sí ha habido sorpasso; en votos y en escaños. Y por partida doble: Unidos Podemos ha sacado casi 50.000 votos más que el PNV y 181.000 más que EH Bildu.

Comparación resultados 20-D y 26-J para Euskadi

20-D
26-J

votos
%
Esc.
votos
%
Esc.
PNV
302.674
24,9
6
286.215
25,08
5
UNIDOS PODEMOS
317.674
26,17
5
333.730
29,24
6
EH BILDU
184.186
15,17
2
152.782
13,39
2
PSE
161.988
13,34
3
163.628
14,34
3
PP
142.127
11,71
2
147.639
12,94
2
PARTICIPACIÓN
1.231.198 
69

1.156.698 
67,44


Aunque lo más morboso, a corto plazo, sea analizar los resultados pueblo a pueblo y jugar a proyectar escenarios de cara a las próximas elecciones autonómicas (¡con estos resultados, en Araba UP sacaría 9 escaños, PP 5, PNV y PSE 4, EHB 2 y Cs 1!); y a las más lejanas elecciones municipales (¡Podemos a sólo 639 votos del PNV en Bilbao!) y forales, creo que lo más interesante, en el medio y lago plazo, es tomarle el pulso a esa Euskadi-Podemita que ha roto las viejas y cómodas dinámicas entre “nacionalistas y no nacionalistas”, “españolistas y abertzales”, etc.

Nunca el “tercer espacio” ocupó tanto lugar. Todo indica que el malditismo asociado históricamente a la pretensión de resolver los nudos gordianos de este nuestro país de identidades complejas y mixtas por la vía de su reconocimiento y estima, y no mediante la expeditiva táctica de “cortar por lo enfermo” (que lo sano está de mi lado), empieza a ser exorcizado. Unidos Podemos está teniendo éxito allí donde tantas otras y tantos otros fracasaron, tal vez porque está consiguiendo conectar con unas generaciones que no saben exactamente qué era eso de ETA, ni se hacen idea cabal del sufrimiento de sus víctimas, pero que por lo mismo piensan que un tío llamado Arnaldo Otegi puede ser un personaje de “Vaya semanita” (ni eso: de “Ocho apellidos vascos”), pero no un Mandela ni un Gerry Adams (¿quiénes son estos?).

Es más que un sorpasso; es Euskal Hiria. Y está aquí para quedarse.

Publicado en EL DIARIO NORTE