sábado, 2 de noviembre de 2019

Otoño

Chispeaba esta mañana cuando he salido de casa, pero luego el día ha aguantado sin lluvia.
Paseo sin complicaciones, plenamente otoñal.
Hoy había poca vida animal, dominaban los reinos vegetal y fungi.
Puro otoño.






























 








martes, 29 de octubre de 2019

El crepúsculo de la cultura americana

Morris Berman
El crepúsculo de la cultura americana
Traducción de Eduardo Rabasa
Sexto Piso 2011 (4º ed.)

"Éste es, entonces, un libro para personas excéntricas, para hombres y mujeres que viven  como expatriados en su propio país".


Publicado originalmente en el año 2000, el crítico e historiador de la cultura Morris Berman recurre a la comparación entre la fase final del Imperio Romano y la situación contemporánea de Estados Unidos para diagnosticar lo que, a su juicio, es una situación de profundo declive:

"Factores como la brecha creciente entre ricos y pobres, el creciente clima de apatía, cinismo y corrupción, y las dramáticas caídas en los niveles de alfabetización y conciencia intelectual en general [...] -que componen lo que colectivamente se denomina 'barbarismo interno'- fueron cruciales para el colapso de Roma y, creo, están también en el corazón de la crisis americana".

Berman analiza con detenimiento, particularmente en sus derivas culturales posmodernas, anti intelectuales o simplemente kitsch, que son objeto de críticas inmisericordes: "Vivimos en una continua descarga de adrenalina colectiva, un mundo de mierda promocional/comercial interminable que enmascara un profundo vacío sistémico, el equivalente espiritual del asma".

Aunque no deja de valorar las mediaciones institucionales y las acciones colectivas, se confiesa escéptico respecto al impacto real de las mismas, mostrándose "mucho más optimista respecto al impacto a largo plazo del compromiso individual".

Su propuesta para afrontar esta situación, que no para resolverla -pues considera que el declive forma parte del proceso mismo de civilización- es la que denomina opción monástica:

"No estoy hablando de ascetismo  o práctica religiosa, y sin duda tampoco de la organización en órdenes monásticas. Pero sí estoy hablando de renuncia. El 'monje' de hoy está decidido a resistir el movimiento y lo hiperbólico del orden mundial corporativo global; él o ella conoce la diferencia entre realidad y parques temáticos, integridad y publicidad comercial. [...] El nuevo monje es un humanista sacro/secular, dedicado no a los eslóganes ni a los dialectos posmodernistas en boga, sino a los valores de la Ilustración que se hallan en el corazón de nuestra civilización: la búsqueda desinteresada de la verdad, el cultivo del arte, la dedicación al pensamiento crítico, entre otras cosas".

Su objetivo sería "asegurar que lo que es valioso en esta civilización puede ser preservado y transmitido con la esperanza de generar renovación cultural en un momento posterior". Entre estos tesoros a preservar está también la tradición socialista: "Si la desigualdad social está en aumento, entonces el intento por cerrar a brecha entre ricos y pobres -la tradición socialista- es uno de nuestros grandes tesoros".

Un análisis frankfurtiano -Berman titula uno de los capítulos "Dialéctica de la Ilustración"- de un tiempo histórico ciertamente desolador en muchas de sus expresiones. Discutible pero provocador, lleno de sabiduría y excelentemente escrito (y traducido).





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lunes, 28 de octubre de 2019

Frankenstein en Bagdad

Ahmed Saadawi
Frankenstein en Bagdad
Traducción de Anna Gil Bardají
Libros del Asteroide, 2019

"Las voces de las víctimas y de sus familias se han unido para activar, con su impetuosa energía, el mecanismo secreto que mueve las entrañas de la oscuridad y me ha engendrado. Yo soy la respuesta a la súplica de erradicar la injusticia y castigar a los culpables".

La segunda guerra de Irak ha terminado. En Bagdad, ocupado por las tropas estadounidenses, la población se esfuerza por recuperar una cierta normalidad, desbaratada cada dos por tres por los coches bomba que explotan en cualquier punto de la ciudad. Personas como la anciana Elisua Um Daniel, cristiana, esperando el regreso de su hijo Daniel, desaparecido durante la primera guerra de Irak. Como Faray Dalal, agente inmobiliario que hace negocio con las viviendas que van quedando vacías por la muerte o por la marcha de la ciudad de sus propietarios. O Abú Ammar, propietario de un decrépito hotel. O cómo el joven periodista Mahmud Sauadi, uno de los principales protagonistas del libro.

Un día Hadi "el Antiguallas", un trapero cincuentón, desaseado y aficionado al alcohol, decide empezar a recoger los restos humanos que, tras las explosiones, quedan abandonados en la calle, para componer con ellos un cuerpo íntegro que pueda ser enterrado con el debido respeto. Pero, cuando el cuerpo recosido estaba ya completo desaparece del cobertizo de Hadi, sin que este pueda explicarse lo sucedido.

Lo que había sucedido es que el alma de Hasib Muhámmad Yáfar, un joven vigilante de un hotel, que murió literalmente desintegrado al recibir de lleno la deflagración  de un camión de basura cargado de explosivos se quedó sin un cuerpo al que regresar "para convertirse en un habitante del barzai, el estadio intermedio, entre la muerte y la resurrección, del que se habla en el Corán". ¿Qué podía hacer?

"Se sentía atrapado en un círculo vicioso del que no sabía cómo salir. Entonces descubrió a un hombre desnudo durmiendo en una casa del barrio de Batauín. Se acercó y vio que estaba muerto. De hecho, no era exactamente un hombre. Examinó detenidamente su extraña y desagradable fisonomía. Miró al cielo y, al comprobar que mudaba de color según se acercaba el alba, tuvo la certeza de que, al salir el sol, vendría una desgracia, pero no encontró la energía ni el ánimo de volver a deambular por las calles y plazas, ni de regresar a la entrada del hotel. Pasó su mano temblorosa sobre el cuerpo inerte y se vio a sí mismo sumergiéndose en él. Primero hundió los brazos, después la cabeza y luego el resto del cuerpo. Sintió que una inercia tiraba de él. Se había encarnado en un cuerpo que, a todas luces, carecía de alma. Al contrario que él: un alma que carecía de cuerpo".

A partir de ese momento, la criatura -el "Como-se-llame"- comenzará a cometer asesinatos y la policía de Bagdad se movilizará para detenerla. Al principio, la criatura buscará vengar a las víctimas inocentes cuyos trozos componen su cuerpo. A medida que la descomposición le obliga a buscar repuestos para sustituir los fragmentos que van pudriéndose, acabará por utilizar restos de inocentes y de asesinos, de víctimas y de victimarios, y sus crímenes perderán cualquier objetivo de justicia y reivindicación.

Pero este es solo uno de los hilos que tejen esta historia coral, en la que se combinan armónicamente el realismo más duro y la imaginación más desatada. Los personajes de esta curiosa novela entrecruzan sus vidas recosiendo una ciudad destrozada, como si la propia Bagdad fuera una urbe-Frankestein, destrozada por la violencia cotidiana, recompuesta en fragmentos de convivencia igualmente cotidiana. Una convivencia sorprendentemente plural, con mujeres y hombres de procedencias distintas y de creencias diversas.

Habrá quienes, por motivos dispares, acaben abandonando la ciudad. Habrá quienes se queden en ella. Entre quienes se quedarán está la criatura. La última vez que la vemos se encuentra oculta en la casa abandonada de la vieja Um Daniel, con su igualmente viejo y abandonado gato Nabu restregándose contra sus piernas.

domingo, 27 de octubre de 2019

Ganekogorta y Pagasarri por senderos discretos

Discretos, que no secretos. Cualquiera puede seguirlos, no es difícil dar con ellos, por eso no son secretos. Pero permiten salirse de los caminos y pistas más transitados, ofreciendo una experiencia de montaña en relativa soledad. Algo realmente difícil en montes tan visitados como estos, y especialmente hoy, cuando una carrera de bicicleta de montaña amenazaba con convertir los caminos en bidegorris urbanos.

He subido por el barrio de El Somo en dirección a Zamaia, pero en lugar de subir hasta ese monte he seguido la amplia pista que lo bordea hasta un poste indicador que marca dirección Ganekogorta. Una pista asciende desde aquí hasta la campa de Gongeda. Hacia la derecha llegaríamos a Zamaia. Hacia la izquierda nos lleva hasta el Ganeko.


Subiendo por la pista, atrás quedan los montes Gongeda y Zamaia.
La subida es empinada. Hay que llegar hasta el collado entre Ganekogorta (izquierda) y Arrabatxo (hacia la derecha).
Gallarraga y Aguilatos.
Más cerca del collado.
Disfrutando de la repoblación de hayas que alegran el camino.




Ya casi en el collado, mirada hacia atrás.
Desde el collado, bien alineadas, las cumbres de Arrabatxu, Pagero y, asomando a la izquierda, Gallarraga.
Desde el collado, en dirección al Ganeko.

Cima del Ganekogorta (998 m.).
 Un rebaño de ovejas pasta en la preciosa hoya junto a la cumbre.
Siguiendo con los senderos discretos, para descender hasta el Pagasarri opto por hacerlo pegado a la cresta en lugar de por el sendero normal. No hay gente y, además, las vistas son preciosas. La fisonomía achatada y amable del Ganeko se vuelve por aquí agreste y aérea.





Continuando por el sendero pegado a la cresta se asciende al Biderdi (877 m.).

Desde el Biderdi, mirada hacia el Ganeko.
Continuo bajando por la cresta. El camino normal queda a mi izquierda. Llega alguna voz de las peronas que suben por él, pero la sensación de montaña en soledad es total.

Este es uno de los tramos que más me gustan. Está justo al final del sendero. Ahora toca bajar hasta el camino normal al Ganeko.
Por ahí arriba queda el Biderdi.
Ahora me dirijo hacia el Paga. Pero quiero evitar la pista, llena de gente y, hoy, convertida en una pista de carreras de bicis. Así que cojo un estrecho sendero paralelo a la pista, bastante oculto, que llega hasta la cumbre del Ganekondo.



Desde el Ganekondo (627 m.) se aprecian perfectamente las cumbres del Biderdi y, al fondo, del Ganeko.
Continuo por el sendero, ahora hacia la cumbre de Lapurtzulogana.



Buzón de Lapurtzulogana (677 m.), casi oculto entre la maleza.

En dirección al Paga, siempre evitando el camino habitual.
Mucha gente en la cumbre del Pagasarri (673 m.).
Biderdi y Ganeko desde el Paga.
¿He dicho que había mucha gente? Pues no: en realidad habia muchísima.
A la cantidad habitual un domingo se sumaba hoy la parafernalia de la carrera de BTT.
Me detengo unos minutos a recordar a Rafa. El árbol ha arraigado bien. Este va a ser su primer otoño.
Bajo por las neveras, rescatadas junto con la fuente del Tarín para el disfrute público por la iniciativa Pagasarri Gurea, de la que Rafa fue impulsor.


He bajado en dirección a Alonsotegi, pero cuando he llegado a la pista que bordeando Ganeko comunica los barrios de El Somo y de Azordoiaga, he tomado dirección a Zamaia. El camino tiene rincones muy hermosos, con viejos robles musgosos y cursos de agua cantarina. 












Es, además, una zona en la que abunda el acebo, en esta época cargado de frutos rojos.
Espero que quienes han organizado la carrera de bicicletas retiren todo el plástico que han usado para marcar la ruta. Ya veremos...
Un par de coprinos.
Cuatro kms andados desde el Pagasarri: ya falta menos.

Cumbre del Gongeda.
Zamaia.
Una preciosa culebra ha cruzado ante mi. He consultado algunas webs para ver si podía identificarla, pero no he sabido hacerlo.

Último tramo hasta el barrio de El Somo.


Panorámica (oscura, estaba a contraluz) de las cumbres de hoy, desde Ganeko hasta el Paga.