sábado, 1 de agosto de 2020

Alto del Concejo, Mojón de Tres Provincias, Pico del Infierno y Peña Prieta

He salido a las 7:30 del aparcamiento que hay en la entrada al pueblo de Cardaño de Arriba (1.469 m.), siguiendo el bien marcado sendero que lleva hasta el Pozo de Las Lomas (2.053 m.), a donde he llegado a las 8:40 h.. Unos metros antes de llegar, una bifurcación hacia la derecha nos coloca en la base de La Panda El Macho (también, Alto del Tío Celestino), cuya empinada ladera se supera sin dificultad mediante una estrecha senda que asciende en zig-zag hasta un collado (2.372 m.) bajo el Alto del  Concejo, desde el que tenemos una preciosa vista de la laguna de Fuentes Carrionas. He llegado a la cumbre del Alto del Concejo (2.432 m.) a las 9:40 h. Desde aquí se desciende hasta el amplio collado del Campo de Gibraltar, dominado por la cumbre del Tres Provincias (2.499), a donde he llegado a las 10:10 h. Nuevo descenso siguiendo la arista que llega al collado bajo el Pico del Infierno, al que se llega remontando la misma arista (2.537 m., 10:25 h.). Desde aquí no hay más que seguir por la arista pra llegar a Peña Prieta (2.539 m., 10:40 h.).
El descenso lo he hecho por el mismo camino, pero bordeando Tres Provincias y Alto del Concejo para no subir de nuevo hasta sus respectivas cumbres.
Puede consultarse una excelente descripción de la ruta en el libro de David Villegas y Vidal Rioja, Ascensiones en la Montaña Palentina (La Pedrera Pindia, 2016).

Subiendo por el camino hacia el Pozo Las Lomas. Todavía en sombra, se aprecian las Agujas de Cardaño y, a su derecha, el Alto del Concejo.

Las Agujas. En su base está el Pozo Las Lomas.
Mirada hacia atrás: Espigüete, Pico Murcia y Peñas Malas.
Iniciando el sendero que zigzaguea por La Panda El Macho, asoma el Curavacas.
Pozo Las Lomas.

Llegando al collado bajo el Alto del Concejo.
Laguna de Fuentes Carrionas.

Alto del Concejo. A la izquierda, Tres Provincias; a la derecha, Pico del Infierno.
Desde el Campo de Gibraltar, Tres Provincias, Peña Prieta (asomándose discretamente) y Pico del Infierno.
Desde Tres Provincias, arista hasta el Pico del Infierno; a su izquierda, Peña Prieta.

Alto del Concejo, desde Tres Provincias.
Los Picos de Europa emergen sobre la niebla.
Pico del Infierno, el verdadero techo de Palencia (Peña Prieta queda en Cantabria), y una de las escasas cumbres con buzón.
Peña Prieta desde el Pico del Infierno.
Y ahora, Pico del Infierno desde Peña Prieta.
Cumbre de Peña Prieta.
Desde aquí, haciendo zoom, se observa la estación superior del teleférico de Fuente Dé.
De regreso, bordeo Tres Provincias por su vertiente izquierda...
Curavacas y laguna de Fuentes Carrionas desde el Campo de Gibraltar.
... y bordeo el Alto del Concejo por su derecha.
Bajando hacia el Pozo Las Lomas.
Queda una hora y media de descenso hasta Cardaño de Arriba.
Mirada hacia La Panda.
Cascada del Vés.
Llegando a Cardaño: muchísimo calor y un arroyo fresco y cantarín acompañándome desde hace rato.
Hidratación de urgencia.

jueves, 30 de julio de 2020

Deshabitar

Lara Moreno
Deshabitar
Destino, 2020

"A mi alrededor, otros amigos buscaban casa. R. lo dejó con su pareja y, casi con cuarenta años, se fue a compartir piso en Lavapiés con dos chicas. [...] E. encontró un piso en Usera que podía pagar sola porque, con los mismos casi cuarenta años, compartir se le hacía cuesta arriba. M. rompió con su chicoy se fue a Donostia, donde sus padres tenían una casa, porque sabía que ella sola no podría seguir viviendo en Madrid. J., de más de cuarenta años y sueldo fijo, llevaba varios años viviendo en una corrala cerca de la glorieta de Embajadores, con un alquiler razonable, que tampoco podía pagar solo: alquilaba la segunda habitación de la casa y compartía gastos".


"¿Es un objetivo extremadamente utópico desear que haya viviendas para todos? ¿Es plausible imaginar la vivienda incondicional y universal, dentro de comunidades afables y medioambientalmente sostenibles, como un derecho y no como un privilegio mercantilizado?", se preguntan David Madden y  Peter Marcuse al concluir su libro En defensa de la vivienda (Traducción de Violeta Arranz, Capitán Swing 2018). En este breve pero intenso libro, Lara Moreno pone voz y rostro concretos a estas preguntas solo formalmente abstractas, las encarna, las convierte en demanda vivida y sufrida y nos muestra las consecuencias derivadas de la respuesta que el sistema capitalista devuelve a quienes se plantean tales cuestiones: "Sí, es una utopía extrema aspirar a un derecho universal a la vivienda".

Acompañamos a Lara Moreno en su habitar deambulante por Madrid: de Chueca a Cuzco y Puerta del Ángel camino de Huertas, de aquí a Malasaña, un paréntesis de varios años en la Sierra Oeste de Madrid y vuelta a la capital, habitando y deshabitando viviendas alquiladas hasta acabar (o no) comprando un piso "al otro lado del río", ese río que siempre había evitado cruzar.

Acompañamos a Lara (Lara nos hace el inmenso favor de dejarnos acompañarla) a lo largo de quince años de su "camino en la ciudad de Madrid" y sus dificultades, que son las de tantas y tantos, para disfrutar del derecho al que supuestamente daría acceso el artículo 47 de la Constitución. Lara Moreno: ciudadana española, con empleo, educada, madre, proactiva, con capital social ("En menos de media hora, sobre lamesa de esa cafetería, cuatro o cinco manos depositaron otros tantos manojos de llaves. Todos dijeron: micasa es tucasa, puedes quedarte el tiempo que necesites. Madrid tiene esa magia, al menos la tiene para algunos; desde luego siempre la tuvo para mí")... blanca. Si a ella le resulta tan difícil...

Lara Moreno firma una enmienda inapelable contra la supuesta dimensión social (y democrática) de la constitución real del Estado español. Una crónica existencial y, por ello, radicalmente política, del deshabitar, de una desposesión generalizada del hogar permitida por unas instituciones públicas que han renunciado a su función de promover las condiciones necesarias y establecer las normas pertinentes para hacer efectivo el derecho a disfrutar de una vivienda digna y adecuada, regulando para ello la utilización del suelo de acuerdo con el interés general para impedir la especulación y haciendo que la comunidad participe en las plusvalías que genere la acción urbanística de los entes públicos. Sí, lo dice el artículo 47.


miércoles, 29 de julio de 2020

Escupir en la iglesia: un sí de izquierdas al brexit

Timothy Appleton
Escupir en la iglesia: un sí de izquierdas al brexit
Lengua de Trapo, 2020

"Los sectores de izquierdas que siguen creyendo que lo único que nos protege del capitalismo bárbaro de nuestros propios Estados-nación es el modelo social europeo, deberían quizás invertir su análisis: en realidad, lo único que, por el momento, nos protege del capitalismo de la UE es el modelo social -y esto depende de nuestra propia decisión soberana, democrática, patriótica y popular- de nuestros Estados-nación".


Appelton es británico de origen aunque vive en España, doctor en Filosofía por la Complutense, profesor en la Universidad Camilo José Cela y de izquierdas. Lo contrario del estereotipo de leaver que manejan los medios de comunicación y que, en parte, reflejan los estudios sociales: una persona de edad avanzada, poco formada y de derecha. De ahí el interés de este ensayo, en el que defiende un brexit de izquierdas (o lexit) convencido de que la Unión Europea es, en su esencia misma, "un bloque neoliberal y antidemocrático", por lo que de ninguna manera puede aspirar a tener un planteamiento de izquierdas. Como se afirma en el texto que abre este comentario, Appleton reivindica, desde un planteamiento alineado con la teoría populista de izquierda de Laclau y Mouffe, una vuelta a la nación como única estrategia contra el neoliberalismo rampante.

En su opinión la gente, las clases populares, llevan tiempo dando la espalda al proyecto europeo, con su desafección electoral, con el fracaso de los referéndums sobre el Tratado que establecía una Constitución para Europa y, de manera definitiva, con su apoyo al brexit. La contrapartida de este rechazo sería su reivindicación de soberanía política que las proteja: "Si la izquierda ya no quiere representar el deseo de soberanía de un pueblo, la derecha radical vendrá y encontrará una manera de hacerlo".

Tiene razón Appleton cuando sostiene que "la única manera de tener una integración económica y financiera exitosa en el continente es que se dé primero una integración política", pero se equivoca a la hora de caracterizar esa integración política. Como prueba de la inexistencia de un demos europeo, de una identificación entre todas las personas que conformarían esa Europa unida, plantea lo siguiente: "Si un aleman prefiere ver a un griego malnutrido antes que una transferencia de fondos de su país al otro, puede extrapolarse que no existe suficiente identificación personal entre los europeos para crear una unión económica funcional". No sé, tampoco lo creo, que todos los alemanes prefieran la malnutrición de los griegos a la solidaridad con ellos. Y, en todo caso, la integración política tiene más que ver con factores institucionales que con esa dimensión emocional (lo que no supone despreciar el efecto de las emociones políticas). No hay nación (ni región, ni ciudad) en la que no podamos identificar tensiones de solidaridad, tensiones que en muchos casos dan lugar a nacionalismos fiscales. Pero lo que garantiza la redistribución en sociedades complejas es la existencia de mecanismos de redistribución institucionalizados. ¿Faltan en Europa este tipo de instituciones? Sí. Pero esta ausencia es un argumento en favor de más, mejor y diferente Europa.

Como señala Isidro López, citando al historiador Alan Milward, "una de las funciones centrales de la UE desde sus principios ha sido reconstruir el Estado-nación desde la esfera transnacional, antes que minarlo".

Así lo planteaba Milward en un artículo publicado en 1997:

"La Comunidad ha proporcionado una de esas raras situaciones de armonía en que la política exterior brota directamente de los imperativos de la política doméstica. [...] La medida en que los distintos países controlan todavía la unión es la mejor defensa del argumento que asegura que ésta fue creada en interés de aquéllos.
El brazo ejecutivo de la Unión, la Comisión Europea, no tiene capacidad para recaudar impuestos, que han de serle entregados por intermedio de las distintas naciones. Su presupuesto alcanza a poco más del 1% del producto interior bruto de la Unión. Su burocracia es más reducida que la de la mayoría de las grandes ciudades europeas. El Tratado de Roma prohíbe expresamente la existencia de un déficit presupuestario. El consejo de ministros de la Unión, que ejerce la función legislativa, consiste en una serie de comités compuestos íntegramente por ministros de los distintos gobiernos nacionales. Las amplias líneas de su política están determinadas por un Consejo Europeo formado por los presidentes de los distintos países. Por lo que respecta al Parlamento Europeo, digamos que no dispone de un hogar permanente ni de un sistema unificado de elecciones, que el único control que ejerce sobre el gasto consiste en un rechazo total del presupuesto, que su único control efectivo sobre los nombramientos que se realizan con destino a la Comisión es la amenaza, difícil de usar en la práctica, de rechazarlos en su totalidad y que no tiene derecho a iniciar legislación alguna. De acuerdo con los criterios europeos, no se trata de un parlamento en absoluto, sino más bien una institución de carácter ceremonial como la monarquía"
.

El enemigo elegido por Appleton es realmente fácil de abatir (intelectualmente hablando). Sin entrar en su supuesta esencia, algo complicado de hacer con las herramientas de la investigación empírica, no cabe duda de que la Unión Europea acumula desde hace decadas todos los déficits democráticos en los que cabe pensar. Su diagnóstico en este aspecto es certero y fundado. El problema, como tantas veces, está en los adjetivos que acompañan a los sustantivos que combate o que reivindica: entre los primeros destaca el de "europeismo ciego"; entre los segundos, el de "izquierda verdadera" [las cursivas son mías]. 

El problema de la izquierda, en Europa igual que en cualquiera de sus países y ciudades, es su debilidad. En eso estamos de acuerdo. Pero pensar que es posible evitar esa debilidad mediante la mera reducción de la escala política en la que actúa, mediante la construcción de izquierdas patrióticas, me parece un "delirio" -así (des)califica a iniciativas como DiEM25- o, lo prefiero, una apuesta tan complicada y no tan legítima como la de construir una izquierda europea. Tan complicada por lo de la debilidad de la izquierda, que no se resuelve con simples cambios de escala (ni hacia arriba ni hacia abajo). Y no tan legítima por los riesgos que tiene el patriotismo, incluso el que se formula con las mejores y mas incluyentes intenciones.

El propio Appleton se ve obligado, por mor de su soberanismo, a cuestionar el principio de libre circulación de personas migrantes por razones económicas, aunque al tiempo afirme el derecho absoluto a migrar de persona refugiadas o demandantes de asilo. No nos explica cómo es posible armonizar ambas perspectivas. Pero cuando afirma que "siempre debemos correr el riesgo de una subjetivación regresiva si queremos conseguir, en algún momento, una 'progresista'", mucho me temo que no es él (ni yo) quien va a sufrir las consecuencias derivadas de asumir ese riesgo.

martes, 28 de julio de 2020

Agua salada

Jessica Andrews
Agua salada
Traducción de Rubén Martín Giráldez
Seix Barral, 2020

"Embutí todas mis pertenencias en una fea maleta con estampado de flores y me apoyé encima de la tapa con los brazos en cruz tratando de cerrarla. Mi madre se rio al verme.
- Volverás, Lucy, ¿sabes? No hace falta que te lo lleves todo.
Remetí lentejuelas por los lados mientras me oía decir con voz entrecortada:
- No quiero dejar nada".


Pero tenía razón su madre: Lucy regresó; y ella estaba equivocada: fue mucho lo que dejó atrás al irse a Londres.

No es de extrañar: se trata de un relato que empieza (y termina) en su(s) cuerpo(s). El primero de todos, el cuerpo de su madre engendrándola: "Comienza con nuestros cuerpos. Piel con piel. Mi cuerpo brota del tuyo. Juntas y resguardadas en la oscuridad violácea y, sin embargo, ya hay espacios que empiezan a abrirse entre nosotras". El segundo, el cuerpo de su abuelo fallecido en su casa de Burtonport, una pequeña localidad pesquera del condado irlandés de Donegal: "Mi primer cuerpo muerto fue el de mi abuelo. Mi madre y yo nos pasamos dos días en Irlanda velándolo en el tanatorio mientras acudia a darnos el pésame gente a la que yo no conocía de nada. Me levanté y me fui al fondo de la sala porque pensaba que los párpados de mi abuelo iban a perforarme la piel si me quedaba cerca mucho rato".

Lucy es una joven de clase trabajadora que se aleja de los cuerpos que la han criado, con todo lo que ello implica. Cuerpos que encarnan afectos, palabras, paisajes, relaciones. Deja todo esto tras de sí cuando viaja a Londres para estudiar y, para pagarse los estudios, trabajar en diversos bares y pubs: "Antes de venir a Irlanda vivía en Londres. Me tenían fascinada las luces de colores que se proyectaban contra el río en mitad de la noche y los tropeles de chicas guais en sandalias de tiras que auguraban un futuro de bolsitos y plantas de interior. Pensaba que aquélla era la clase de vida que supuestamente debía desear. Trabajaba en un bar por las noches mientras trataba de averiguar cómo lograrlo".

Pero pasará el tiempo y regresará a la casita de piedra de su abuelo, que su madre y ella han heredado; el lugar más opuesto al dinamismo de Londres que cabe imaginar: "Está remetida en un recoveco atestado de ruibarbo gigante y hortensias moradas. Hay patatas silvestres, cachorros de gato sarnoso y matas de tréboles arracimadas por los rincones. El jardín está desbordado de malas hierbas, pero si me encaramo al tejado de la cocina, veo el mar". Sin embargo, con veinticinco años ha regresado a un lugar en el que no quiso dejar nada, y lo ha hecho para quedarse:

"No voy a volver a Londres. En su momento codicié la velocidad y la proximidad de un centro, la sensación de que siempre estaba a punto de suceder algo, sólo que a cierta distancia. La ciudad era una forma imposible de clasificar, cambiante y en movimiento, infinitas posibilidades pendían de las calles como frutos. Ahora, cuando pienso en la ciudad, pienso en sus rectángulos y cuadrados; formas impenetrables de codos brutales apartándome a golpes".

En una entrevista la autora reconoce que si bien muchas de las escenas que aparecen en el libro son reales, responden a sus propias vivencias, mientras que otras han sido reelaboradas en el proceso de escritura, todas las emociones que estas escenas reflejan y transmiten son suyas. Porque se trata de un relato cuajado de sentimientos y emociones, tantas que desbordan sus páginas. Las que le provoca su padre: alto, cariñoso, inconstante, ingenioso, habilidoso, alcohólico y tantas veces ausente. Las que le transmite su madre: su cuerpo suave ("Soy hablante fluida del idioma de tu cuerpo"), su perfume, su alegría, su belleza... Las relacionadas con su adolescencia y las transformaciones físicas que conlleva ("Y luego crecer más, hasta ocupar un tipo de cuerpo distinto").

Es una novela muy física: hay sal y barro, humedad y sudor, menstruación, dolor y placer, borracheras; los aromas de cada estación y el olor de la pintura fresca; hay sabor a cereza, a cerveza, a vodka y a vino; el sonido de las olas que rompen y el de la música de los Waterboys, Bob Dylan, los Stones, The Libertines, Pete Doherty, Artic Monkeys, Billy Bragg, la maravillosa Fairytale of New York...

"Me ha empezado a oler el sudor como el océano Atlántico. Tengo la ropa cubierta de una capa de polvo oxidado del montón de cenizas y noto un sabor a hierba húmeda, estrellas frías y limpiador de cocina con aroma a satsuma".

Es también una novela en la que las palabras y el lenguaje son protagonistas. Palabras-sentimiento: "He estado pensando en el idioma como un lenguaje donde poner tus sentimientos"; palabras que ayudan a "conservar el olor a regaliz de fresa y a tierra de jardín"; palabras distintas en cada diferente lugar: "Donegal me está enseñando un nuevo vocabulario. Hay palabras para distintos tipos de barro y helecho, montones de palabras para decir 'salvaje' y plabras distintas para señalar el paso del tiempo".

Un libro que contiene muchos libros. Un libro que se lee, se escucha, se huele, se saborea... Uno de los mejores libros que he leído este año. Espero que se compre y se lea mucho, y que no sea más que la primera y preciosa obra de una larga carrera literaria.

domingo, 26 de julio de 2020

Mugarra, Arranatx, Artzetagane y Leungane

Esta mañana repito una ruta preciosa, inluyendo una cima nueva. He salido de Mañaria (181 m.) a las 8:00, he subido las empinadas rampas que llevan al collado de Mugarrekolanda (760 m., 9:00 h.) y desde ahí he subido al Mugarra (969 m.), a cuya cima he llegado a las 9:27 h. He regresado al collado para ascender al Arranatx (898 m.), la cumbre nueva. No hay camino evidente, pero teniendo en cuenta que queda justo frente al Mugarra no tiene pérdida. He llegado al buzón a las 10:25 h. Un poco de fruta y a buscar la mejor forma de llegar hasta la siguiente cima, Artzetagane (996 m.). El terreno es muy similar al de Itxina, con eso lo digo todo. He llegado al buzón a las 11:00. Desde ahí, un paseo sube y baja hasta Leungana (1.008 m.), la cuarta cima de la mañana. Vuelta hacia el collado de Mugarrekolanda y descenso hasta Mañaria, a donde he llegado a las 12:28 h. Cuando me aproximaba al nucleo urbano se escuchaba una voz (udaltzaingoa o ertzaintza) que, amplificada, repetía: "Pónganse las mascarillas"...

Mugarra, subiendo desde Mañaria por la carretera que lleva al barrio de Axpe.
De izquierda a derecha: Arranatx, collado de Mugarrikolanda y Mugarra. La mañana estaba azul, pero luego se ha ido cubriendo.
Hasta aquí se podría llegar en coche. El camino continua hacia la derecha.
Nuevo cruce, esta vez hay que seguir por la izquierda.
Impresionan los paredones del Mugarra.
Collado de Magarrikolanda. Hay que subir por la campa para pasar al otro lado de la montaña.
De izquierda a derecha: Udalaitz, Untzillatx y Anboto.
Por ahí debe estar la subida hacia Arranatx.
Subiendo al Mugarra. El sendero es empinado y a ratos las piedras lo vuelven incómodo, pero esta perfectamente marcado.

Cumbre del Mugarra. Abajo, Mañaria.
Arramotx desde Mugarra. Queda un poco a desmano, pero...
De nuevo en el collado, toca buscar la manera de llegar a la segunda cumbre del día.
Por fin, una marca.
Mugarra desde Arramotx.
Y ahora, a buscar un camino entre el lapiaz que me acerque a Artzetagane. No parece fácil.
Aunque alguna marca indica que no voy mal.
Artzetagane. Al fondo, Mugarra.
Collado entre Artzetagane y Leungane.
Cumbre de Leungane.
Para volver al collado la mejor opción es seguir las marcas blanco-amarillas del PR-BI-82.
Fuente de Mugarrekolanda, unos metros antes de llegar al collado.
Ya solo queda descender hasta Mañaria.