sábado, 25 de enero de 2020

Satán en Goray

Isaac Bashevis Singer
Satán en Goray
Traducción de Juan G. de Luaces
Debolsillo, Penguin Random House, 2019

"Goray vivía arrebatada de entusiasmo. [...] Según los cálculos de Reb Gedaliya, el gran cuerno de carnero anunciaría la llegada del Mesías a mediados del mes de Elul y tres días antes del Rosh Hoshaná una nube descendería a la tierra y los piadosos subrían en ella para ser trasladados al país de Israel. [...]
A medida que el mes de Elul se aproximaba, la fe del pueblo de Goray se tornaba más fuerte. Los tenderos no atendían a sus tiendas y los artesanos suspendían sus labores. Parecía inútil completar nada. La gente sólo comía lo que no necesitaba preparativos y resultaba fácil de obtener. Como sentían pereza  para ir a buscar leña en el bosque, tomaron la costumbre de alimentar sus estufas con la madera que tenían a mano. Para el invierno estarían instalados en Jerusalén; por lo tanto, convertían en leña las empalizadas de sus casas y los pabellones exteriores. Algunos incluso rajaban las tejas de las techumbres. Muchos se negaban a desvestirse cuando se retiraban a descansar; la esperada nube podía llegar cuando estuviesen dormidos y no deseaban tener que vestirse apresuradamente".



La historia transcurre entre los años 1665 y 1666 en la pequeña localidad de Goray, situada en la provincia polaca de Lublin, habitada casi exclusivamente por población judía. Años atrás, en el transcurso de la sublevación cosaca contra la nobleza terrateniente polaca liderada por Bogdan Chmielnicki, alrededor de cien mil judíos habían sido cruelmente asesinados en un clima de feroz antisemitismo que inauguró, según algún autor, "la cultura de los pogromos".

En este contexto, algunos cabalistas venían indicando que el Fín de los Días estaba cercano, inflamando las esperanzas mesíanicas de la población. Uno de estos anunciadores del fín de los tiempos y de la llegada del Mesías fue Sabbatai Zevi, un rabino nacido en Esmirna, bajo el dominio del Imperio Otomano. La fuerza de su predicación caló entre las comunidades judías de Europa y del Cercano Oriente, como la de Goray, contribuyendo a crear un movimiento radicalmente mesíanico, convencido de que todos los judíos piadosos iban a ser arrebatados de esta tierra de sufrimientos para ser trasladados por el cielo hasta el país de Israel, donde "todo hombre temeroso de Dios dispondría de diez mil esclavos paganos para lavarle los pies y atenderle, [...]los enfermos curarían y los feos se convertitían en personas bellas [...] todos comerían en platos de oro y no beberían más que vino".

Pese a que el rabino de Goray, Benish Ashkenazi, se esforzara en batallar contra estas ideas señalando que "era un pecado intentar precipitar la llegada del fín de los días", la población de Goray se entregará en cuerpo y alma al seguimiento de las promesas de Sabbatai Zevi, hasta sus últimas y terribles consecuencias.

Escrita con un lenguaje preciosista, mezclando realidad y tradición, la novela puede leerse como una advertencia frente a la tentación, siempre presente, de intentar forzar los procesos históricos. Lo resume magistralmente Jacob Sloan, traductor en 1955 de la obra original escrita en yiddish al inglés:

"Como los sencillos ciudadanos de Goray, hemos seguido en exceso a visionarios y demagogos en los empeños de rebasar los límites de nuestras humanas posibilidades. Hemos intentado 'forzar el fin', recurriendo a las más extremas medidas y, como la gente de Goray, hemos acabado descubriendo que el fin no puede ser forzoso y que medios y fines son inseparables, sin que que haya soluciones simples y completas a las trágicas complicaciones de sentirnos entes humanos y falibles en un universo incomprensible para nosotros".

Sloan solo se equivoca en una cosa: en su creencia en que, de verdad, hayamos aprendido que medios y fines son inseparables y que no es posible forzar el desenlace de la historia. Sabbatai Zevi sigue convocándonos en la actualidad.

miércoles, 22 de enero de 2020

CUCHILLO de Jo Nesbo

Jo Nesbo
Cuchillo
Traducción de Lotte Katrine Tollefsen
Penguin Random House, 2019

"Bjorn asintió mientras examinaba sorprendido el rostro sonriente de Harry. El brillo intenso y poco natural de sus ojos. ¿Tal vez se le había ido la pinza de verdad? Quizá la pena había acabado por empujarlo al abismo. Pero entonces la sonrisa de Harry pareció desmoronarse, como el hielo quebradizo de las mañanas de octubre, y Bjorn se asomó de nuevo a la negra profundidad de su dolor. Como si Harry solo hubiera querido saborear un poco la alegría. Y luego la hubiera escupido".


Hace cinco años, comentando una novela anterior de Nesbo, me preguntaba cuándo dejaría de sufrir Harry Hole, el personaje mas atormentado de la novela negra. Desde luego, no es ahora, no en esta oscurísima historia.

Hole ha recaído en su alhoholismo, Rakel lo ha apartado de su vida y todas sus relaciones, personales o profesionales, se desarrollan en términos absolutamente tóxicos. Por si todo esto fuera poco,
Svein Finne, un violador reincidente que fue detenido por Hole hace años, es puesto en libertad; cuando una joven es violada, Hole tiene la seguridad de que ha sido Finne y se obsesiona con detenerlo de nuevo y devolverlo a la prisión utilizando para ello cualquier medio.

Pero las cosas van a empeorar de manera dramática: decir más sería destripar la novela. El caso es que en esta, la duodécima entrega de la serie protagonizada por Harry Hole, nos estará vedado cualquier atisbo de esperanza.

Tramas entrecruzadas y giros argumentales te mantienen atado a la lectura con el corazón en un puño. No pueden quedar ya muchas más historias de Harry Hole. Ya está tardando la siguiente. Eso sí, insisto en la idea de que se trata de una serie, de manera que esta historia, como las precedentes, están llenas de referencias a personajes y situaciones de novelas anteriores, sin las que nos perderíamos bastantes cosas.

domingo, 19 de enero de 2020

Marismas de Santoña, Victoria y Joyel

Esta mañana hemos visitado las marismas de Santoña, Victoria y Joyel. Una maravilla.
Nos ha pillado la pleamar, hacía viento y frío. No hemos podido ver muchas aves, la verdad.
Pero no importa: ha sido un primer contacto con un espacio natural al que volveré, seguro, en más ocasiones y con más tranquilidad.