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lunes, 8 de julio de 2024

Los árboles no huyen

Verena Stössinger
Los árboles no huyen
Traducción de Jorge Seca
Periférica, 2024

"Está cansado. No sólo físicamente. Por el momento sólo quiere dormir. Le ha pedido a su mujer que deje de preguntarle cómo se encuentra y qué le ha a aportado el viaje. Él mismo no lo sabe con exactitud. Le parece bien haberlo hecho. Pero también está contento de que se haya terminado ya".


Tras la Segunda Guerra Mundial varios millones de personas de etnia alemana fueron obligadas a abandonar los territorios de Polonia, Checoslovaquia, Hungría, Serbia o Lituania, en los que durante siglos se había asentado una migración germana que había conformado una influyente minoría en esos países. El régimen nazi utilizó la presencia de estas minorías como un argumento más para justificar su expansionismo territorial. Finalizada la guerra, las potencias vencedoras acordaron el desplazamiento forzado a las dos Alemanias de todas esas personas (entre 12 y 14 millones) como un medio para erradicar cualquier tentación expansionista futura. Alrededor de 600.000 murieron durante la operación, víctimas del hambre y la violencia.

Jürgen Ramm, el protagonista de este relato, tenía trece años cuando fue desplazado. Huérfano de padre, vio morir de hambre a su madre, a la que enterró antes de ser trasladado a Berlín "en el otoño de 1947, en un tren lleno de niños". Cincuenta años después, acompañado de su esposa, decide emprender un viaje en coche por los lugares en los que vivió hasta su expulsión. Han cambiado los nombres ("Braunsberg, su ciudad natal, a orillas del mar Báltico, se llama en la actualidad Braniewo y se encuentra en Polonia"), pero reconoce paisajes, olores y comidas. Sin embargo su memoria está llena de lagunas ("Él no recuerda lecciones políticas ni de adoctrinamiento, [...] no recuerda ni consignas, ni presiones de las Juventudes Hitlerianas, ni romanticismo de antorchas y hogueras de campamento, ni camisas pardas") y al intentar llenarlas es consciente de que tendrá que arriesgarse a descender "a la zona oscura". Y así, buscando consuelo se encontrará con incómodas preguntas: ¿qué hizo su padre antes de que estallará la guerra, a qué se dedicaba? ¿cuáles fueron las circunstancias de su muerte, en 1939? ¿estaba su padre "de alguna manera en el ajo"?

“¿Cómo podemos representar las migraciones forzadas que vivieron los alemanes sin dejar ninguna duda sobre nuestra culpabilidad en el genocidio de los judíos?”, se pregunta Gundula Bavendamm, directora de la Fundación para el Exilio, la Expulsión y la Reconciliación, impulsora de un museo en el que se rememoran las expulsiones de las minorías de origen alemán que vivían en los territorios devueltos a Polonia, Checoslovaquia, Hungría, la URSS o Rumanía tras la derrota del Reich nazi en 1945. Es la terrible ambigüedad de la memoria.

La misma ambigüedad que acaba por lamentar el protagonista de este libro: "¿Por qué durante el viaje no me limité a contemplar sin más el paisaje? ¿Por qué no cerré por fin esa vieja historia, tan vieja como yo, sin cuestionarla?". ¿Por qué?

miércoles, 15 de mayo de 2024

La frecuente oscuridad de nuestros días

Rebecca Donner
La frecuente oscuridad de nuestros días. Una estadounidense en la resistencia alemana contra Hitler
Traducción de Francisco J. Ramos Mena
Libros del Asteroide, 2023

"Ella es Mildred Harnack. A veces es Mildred Fish-Harnack. Otras es Mildred Harnack-Fish.
Es mujer.
Es esposa.
Es estadounidense.
A veces es la líder estadounidense de un grupo de resistencia alemán. A veces es la esposa estadounidense de un alemán de la resistencia. A veces es la esposa estadounidense de un nazi.
Antes Mildred podía reconocerse a sí misma. Ahora ya no".


Esta es la historia del mayor grupo de resistencia clandestina de Berlín contra el poder nazi, el "Círculo", que la Gestapo llamó la Orquesta Roja (Rote Kapelle). Entre 1932 y 1942 sus componentes harán todo lo posible por combatir al régimen nacionalsocialista desde el interior mismo de Alemania, con el riesgo que esto suponía. Como explica Rebecca Donner, "todos los vecindarios tienen un Blockleiter, un 'vigilante de barrio' nazi. [...] Los vigilantes de barrio son los ojos y oídos de la Gestapo. En este momento hay más de doscientos mil, una cifra que pronto aumentará a dos millones".

Uno de los puntales de este grupo era Mildred Elizabeth Fish, una joven estadounidense nacida en 1902 que en 1926, mientras estudiaba literatura alemana en la Milwaukee State Normal School, conoció al jurista Arvid Harnack, becario Rockefeller, con quien se casó y se mudó a Alemania. Gracias a sus cartas y diarios tenemos conocimiento de la extensión del nazismo ("Alemania está viviendo horas muy oscuras. Todos perciben la amenaza, pero muchos esconden la cabeza en la arena") y basándose tanto en estas como en otra abundante documentación, Rebecca Donner nos introduce vívidamente en el día a día de la transformación aparentemente imparable de toda una sociedad en un régimen totalitario:

"Mildred ve esvásticas en paquetes de tabaco, latas de café, moldes para pasteles... Día tras día la propaganda nazi difunde desinformación y falsas promesas. Día tras día, Hitler va ganando cada vez más adeptos en Alemania.
¡Y todo está sucediendo tan rápido...!".

Contratada por la Universidad de Berlín para impartir clases de historia de la literatura norteamericana, Mildred traslada a sus alumnas y alumnos las obras que abordan la problemática de las personas empobrecidas, de las y los agricultores, obreros fabriles o inmigrantes que sufren las penurias de aquel capitalismo del primer tercio del siglo XX en Estados Unidos. Despedida en 1932 por no ocultar sus opiniones políticas ni sus críticas por el auge del Partido Nazi, fue en el  Berliner Abend Gymnasiums (BAG), un centro nocturno dirigido a la educación de la clase trabajadora, donde conseguirá conectar con personas dispuestas a resistir la expansión del nazismo:

"Las lecturas que recomienda son una mezcla de literatura, filosofía y teoría política, amenizada de vez en cuando con algún poema humorístico o alguna fábula. Cuando está en el atril, Mildred pretende inspirar a sus alumnos, mostrarles una forma diferente de ver el mundo; desea llegar a esos hombres y mujeres de un modo que resulte novedoso. Así que les habla de Ralph Waldo Emerson y los principios del trascendentalismo, haciendo hincapié en la importancia de la autosuficiencia y la valerosa independencia en el pensamiento y la acción; habla del heroísmo de Mahatma Gandhi, y de las traiciones de la monarquía tal como se dramatizan en las novelas de Charles Dickens y las tragedias de William Shakespeare; habla de la tiranía de la mayoría analizada en los escritos filosóficos de John Stuart Mill, destacando cómo un pequeño grupo puede ser víctima de un grupo mayor, y animando a sus alumnos a reflexionar sobre los paralelismos que en ese momento exhibe Alemania. Una y otra vez, Mildred vuelve a sus temas centrales: la difícil situación de los pobres y la necesidad urgente de un cambio político".

Tanto en el BAG como en reuniones en cafeterías, en excursiones aparentemente lúdicas o en su propia casa, las y los miembros del Círculo elaborarán y distribuirán octavillas y periódicos clandestinos antinazis, informarán de la situación en Alemania a las embajadas extranjeras y llegarán a trabajar para el espionaje soviético (Stalin ignorará sus advertencias relativas a la preparación de una invasión del territorio ruso: "Sorprendentemente, la única persona en la que confía el dictador ruso es en el dictador alemán. Los pactos de no agresión y de comercio han reforzado el vínculo entre ambos, y Stalin no puede creer que Hitler quiera romperlo"). El compañero de Mildred, Arvid, logrará infiltrarse en las más altas esferas del régimen, convertido en un "nazi Rindersteak ('bistec') [e]s decir, marrón nazi por fuera, rojo izquierdista por dentro". Y Mildred facilitará la huida de varias personas judías gracias a sus relaciones con la embajada estadounidense.

El coste de su compromiso será muy elevado. Varios miembros del Círculo fueron detenidos, torturados y encarcelados, y algunos se suicidarán tras sufrir los brutales interrogatorios en el cuartel general de la Gestapo. Algunas mujeres sufrirán vejaciones sexuales y violaciones. Muchas acabarán en el campo de Ravensbrück donde, perversión suprema, fueron violadas cuando el Ejército Rojo entró en abril de 1945.  

El 16 de febrero de 1943 Mildred Harnack fue guillotinada. En su celda, horas antes, Mildred traducía al inglés los poemas de Goethe:

"De la frecuente oscuridad de nuestros días
nos dio un Dios compensación -loado sea-
en el deber de alzar al cielo la mirada,
en el sol y la virtud y la belleza".

Un libro imprescindible.

lunes, 24 de abril de 2023

Libres para obedecer: El management desde el nazismo hasta hoy

Johann Chapoutot
Libres para obedecer: El management desde el nazismo hasta hoy
Traducción de Elena M. Cano e Íñigo Sánchez-Paños
Alianza Editorial, 2022

"Nuestra intención no es ni esencialista ni genealógica: no se trata de decir que el management tiene orígenes nazis -no es cierto, existía ya desde hacía algunos decenios- ni que se trata en esencia de una actividad criminal.
Proponemos simplemente un estudio de casos que se basa en dos observaciones interesantes para nuestra reflexión sobre el mundo en el que vivimos y trabajamos: jóvenes juristas, universitarios y altos funcionarios del Tercer Reich reflexionaron mucho sobre cuestiones de gestión, puesto que la empresa nazi se enfrentaba a enormes necesidades en términos de movilización de recursos y de organización del trabajo. Paradójicamente, desarrollaron una concepción no autoritaria del trabajo, donde el empleado y el trabajador aceptan su destino y están conformes con su actividad, en un espacio de libertad y autonomía
a priori bastante incompatible con el carácter
iliberal del Tercer Reich, una forma de trabajo «por medio de la alegría» (
durch Freude) que prosperó después de 1945 y que nos resulta familiar hoy en día, en un momento en que se supone que el «compromiso», la «motivación» y la «implicación» derivan del «placer» de trabajar y de la «benevolencia» de la estructura.
El ejecutor, con la garantía de la autonomía de los medios, sin poder participar en la definición y en la fijación de objetivos, se sentía aún más responsable y, por lo tanto, culpable en caso de fracaso de la misión".
 
 
Es probable que todo lo que, de una forma o de otra, se asemeje o parezca emparentarse con el nazismo nos parezca una completa exageración, eliminando nuestro interés por el tema. Es una aplicación más de la conocida como "ley de Godwin", que viene a decir que "a medida que una discusión en línea se alarga, la probabilidad de que aparezca una comparación en la que se mencione a Hitler o a los nazis tiende a uno", momento en el que la discusión puede darse por caducada. No se trata de decir que el management tiene orígenes nazis, pero...

Sería un error despreciar de esta manera el libro de Chapoutot, un autor especialista en el estudio del nacional socialismo que, en esta fundamentada investigación, revela inquietantes aunque razonables parecidos entre las prácticas modernas, postayloristas, de gestión de las empresas y el modelo de organización del trabajo y la producción en la Alemania nazi. La multiplicación de territorios conquistados generó un grave problema de gestión y administración, ya que el personal destinado a esas tareas disminuía a medida que cada vez más jóvenes eran reclutados por las fuerzas armadas. La solución consistió en transformar profundamente la función pública:

"¿Cómo hacer más con menos hombres? Simplemente, hay que hacerlo mejor -y esa mejora no es una cuestión que haya que plantearle al Gobierno central, ni es una cuestión de medios-. Hacerlo mejor con menos incumbe a los agentes de la administración alemana, que deben reformar, o incluso transformar, sus prácticas para hacer frente a los retos de hoy y de mañana".
 
A partir de este planteamiento, el libro analiza el paradójico antiestatismo del nazismo, caracterizado por un "feudalismo administrativo" responsable sólo ante el Führer y empeñado en impulsar un sistema de "dirección de los hombres" (Menschenführung) que pusiera fin a la lucha de clases en favor de una "comunidad de trabajadores y jefes en la empresa". La desasosegante historia de Reinhard Höhn ejemplica esta oscura continuidad entre nazismo y management. Jurista ("una especie de Josef Mengele del derecho") y general de las SS, en 1953 ocupa el puesto de director de la Sociedad Alemana de Economía Política y en 1956 funda una Academia para Ejecutivos desde donde publicó decenas de libros y formó a más de medio millón de directivos traduciendo a la economía privada el pensamiento y la práctica de la administración militar prusiana y nazi, basadas en la "táctica de misión" (Auftragstaktik) o la "autonomía de dirección del soldado" (Innere Führung), mediante su blanqueamiento con las fórmulas de "management por delegación" y "delegación de responsabilidad".
 
El libro de Chapoutot, interesantísimo, nos ofrece una nueva luz para entender a personajes como Albert Speer, arquitecto predilecto de Hitler y ministro de Armamento y Producción de Guerra del Reich a partir de febrero de 1942, quien, con intención exculpatoria, reproduce en sus memorias un artículo aparecido en 1944 en el diario británico Observer, en el que se le describe en los siguientes términos:

"Speer no es uno de esos nazis extravagantes y pintorescos. De hecho ni siquiera se sabe si tiene opiniones políticas. Se habría podido adscribir a cualquier otro Partido político, si hacerlo le hubiera servido para conseguir trabajo y una carrera. Es un producto destacado del hombre medio, triunfador, bien vestido, cortés, incorruptible. [...] Más bien simboliza un tipo de hombre que se está volviendo cada día más importante en todos los Estados que participan en la guerra: el técnico, puro, el hombre brillante que no proviene de una clase social ni tiene antepasados gloriosos y cuyo único objetivo es abrirse camino en el mundo, gracias a sus facultades como técnico y organizador. Precisamente su falta de lastre psicológico y anímico y la desenvoltura con que maneja la temible maquinaria técnica y organizativa de nuestro tiempo hace que esta tipología insignificante llegue tan lejos en nuestros días. Este es su tiempo. Puede que nos deshagamos de los Hitler y de los Himmler, pero los Speer, sea lo que fuere que pueda pasarle a este en particular, seguirán mucho tiempo entre nosotros" [Albert Speer, Memorias, El Acantilado, 2001, traducción de Ángel Sabrido].
 
Esta podría ser también la semblanza de Eichmann, aquel hombre "normal" aplicado concienzudamente a la tarea de lograr que los trenes partieran y llegaran a su hora. Dos idiotas morales, especializados en pasar instantáneamente de la idea a la acción, sin que medie deliberación ninguna más allá del cálculo de la eficacia y la eficiencia y por ello inmunes a las contradicciones morales que pudieran derivarse de las consecuencias de sus acciones.
 
¡Qué razón tenía Oskar Lafontaine cuando, frente a la reclamación en 1982 del canciller Helmut Schmidt de que Alemania debía recuperar las viejas virtudes de la puntualidad, el orden o la laboriosidad, le espetó que estas eran meras virtudes secundarias, perfectamente adecuadas para dirigir un campo de concentración!

sábado, 19 de marzo de 2022

La cuerda invisible

Erich Hackl
La cuerda invisible
Traducción de Jorge Seca
Periférica, 2022

"Para ti era algo natural y no creías que valiera la pena mencionar que elegiste ser humano en una época de inhumanidad y de barbarie. Y por eso quiero darte las gracias, especialmente ahora que la historia amenaza con repetirse".


Esta es la historia novelada de Reinhold Duschka, austríaco, un modesto artesano del metal que durante cuatro años mantuvo ocultas en su taller a Regina Steining y a su hija Lucía Kraus, judías, en la Viena ocupada por la Alemania nazi. Cinco años de arriesgada clandestinidad durante los cuales se conformó una inesperada cordada de humanismo y solidaridad que a veces proveyó de ropa a las dos mujeres o, incluso, hizo que un funcionario de la Gestapo desoyera una denuncia contra ellas. 
 
Una cuerda invisible vinculó estrechamente las vidas de Regina, Lucía y Reinhold, a las de los compañeros de este en la sección Edelweiss de la Asociación Alpinista de Austria. Esa cuerda invisible las permitió superar una de las épocas más terribles de la historia de la humanidad. Para quienes amamos la montaña y el alpinismo es una tentación irresistible interpretar el comportamiento de Duschka como una expresión del carácter forjado en la práctica del montañismo:

"Reinhold tenía madera para oponer resistencia de manera inteligente. Esto en parte se debía a que, como escalador, estaba acostumbrado a depender de otros y a ser responsable de ellos y, en parte, a que sus cualidades personales contribuyeron a reducir al mínimo los riesgos: la autodisciplina, la discreción, el individualismo, el conocimiento de la naturaleza humana".
 
Una hermosa historia de heroísmo sencillo, cotidiano, ejemplo luminoso de eso que Hannah Arendt escribió en Hombres en tiempos de oscuridad (traducción de Claudia Ferrari y Agustín Serrano de Haro, Gedisa, 2001):

"[...] incluso en los tiempos más oscuros tenemos el derecho de esperar cierta iluminación, y que esta iluminación puede llegarnos menos de teorías y conceptos que de la luz incierta, titilante y a menudo débil que irradian algunos hombres y mujeres en sus vidas y sus obras, bajo casi todas las circunstancias y se extiende sobre el lapso de tiempo que les fue dado en la tierra".

sábado, 12 de febrero de 2022

El culto a los mártires nazis

Jesús Casquete
El culto a los mártires nazis. Alemania, 1920-1939
Alianza editorial, 2020

"Para desentrañar la ruta que facilitó a los nazis el camino al poder urge atender al mundo de las emociones y, en particular, a las estrategias discursivas y prácticas litúrgicas empleadas por los emócratas (como denominamos a los manipuladores de emociones) para que su audiencia, en este caso la opinión pública alemana, abrazase un programa fundamentalista étnico y expulsase del campo de obligación moral a quienes no cumpliesen los requisitos raciales 'arios'".
 
 
Tras Nazis a pie de calle. Una historia de las SA en la República de Weimar (Alianza editorial, 2017), Jesús Casquete profundiza en uno de los componentes esenciales de la cosmovisión nazi, tanto desde la perspectiva de su constitución como de su capacidad de penetración en la sociedad alemana: la construcción de un martirologio, de un catálogo de mártires sacrificados por la causa nacionalsocialista, fundamento de una auténtica religión política y ejemplo para toda la sociedad:
 
"Para toda religión política, la sangre derramada por una causa sagrada constituye un potente catalizador y movilizador de emociones  y, en esa misma medida, un cementador grupal de primer orden. Como ninguna otra corriente política del momento, los nazis explotaron la muerte de sus activistas en el clima de la violencia política envenenado que fue la tónica durante toda la República de Weimar, pero con particular intensidad en su lustro final".

Jesús ya había abordado estas cuestiones en relación al llamado nacionalismo vasco radical y al terrorismo de ETA en libros y artículos de referencia, como "Totalitarismo y gudarismo" (Grand Place, 2, 2014, pp. 81-89), "Símbolos, movimientos sociales y política de las emociones: la apoteosis del héroe-mártir en el nacionalismo vasco radical" (Anthropos, 222, 2009, pp. 111-131) o "Música y funerales en el nacionalismo vasco radical" (Historia y política, 15, 2006, pp. 191-218),

Escrito con su característico estilo -riguroso y detallista en el uso de fuentes originales, claro en su redacción- este libro, indudabitablemente académico, es también un trabajo militante, un ejercicio cívico que nos advierte de los riesgos que entrañan las políticas que, actuando sobre las emociones más profundas de las sociedades (sobre las más sucias u oscuras, pero tambén sobre las más luminosas), pretenden representar a todo el pueblo, expulsando la discrepancia, la crítica y el matiz al territorio de la traición.   

sábado, 5 de diciembre de 2020

Los amnésicos

Géraldine Schwarz
Los amnésicos
Traducción de Núria Viver Barri
Tusquets, 2020 (5ª ed.)
 

"Los padres de mi padre no habían estado ni del lado de las víctimas, ni del lado de los verdugos. No se habían distinguido por actos de valentía, pero tampoco habían pecado por exceso de celo. Simplemente eran Mitläufer, personas «que siguen la corriente». Simplemente, en el sentido de que su actitud había sido la de la mayoría del pueblo alemán, una acumulación de pequeñas cegueras y de pequeñas cobardías que, sumadas unas a las otras, habían creado las condiciones necesarias para el desarrollo de los peores crímenes de Estado organizados que la humanidad haya conocido jamás. Después de la derrota y durante largos años, a mis abuelos les faltó perspectiva, como a la mayoría de los alemanes, para darse cuenta de que, sin la participación de los Mitläufer, incluso aunque hubiera sido ínfima a escala individual, Hitler no habría estado en condiciones de cometer crímenes de aquella magnitud".

 

Hija de padre alemán y madre alemana Géraldine Schwarz tiene un abuelo paterno que, valiéndose de la legislación nazi para la "arianización" de todos los bienes propiedad de judíos (hogares, obras de arte, negocios o empresas), en 1938 adquirió, por un precio muy inferior a su valor real, una empresa a sus propietarios judíos, posteriormente asesinados en Auschwitz. También tiene un abuelo materno que fue gendarme al servicio del gobierno colaboracionista de Vichy: "Por allí pasaban los clandestinos que huían, los judíos y los resistentes del bastión de la región montañosa de Morvan [...] ¿Mi abuelo había arrestado a alguno? ¿Los había mandado al otro lado y los había entregado a los alemanes? ¿Había disparado contra los que huían? Nunca lo sabré, pero mi madre y mi tío recuerdan que, después de la guerra, su padre decía que, cuando podía, cerraba los ojos. Y por lo que sé de él, me inclino a creerlo".

A partir de la historia de su familia, particularmente de su rama paterna, la autora profundiza en la memoria de una Alemania, sí, pero también de una Europa y de una sociedad internacional que siguieron la corriente al nazismo hasta que esa corriente se convirtió en una inundación que amenazó con inundarlo todo.

Schwarz recuerda que en julio de 1938, cuando la dramática situación de la población judía en Alemania y Austria era más que conocida, el presidente Roosvelt convocó una conferencia internacional en la localidad francesa de Évian-les-Bains, famosa por sus balnearios de aguas termales, con el objetivo de los países participantes en la misma asumieran el compromiso de acoger a personas refugiadas que huian del nazismo. Acudieron a la convocatoria 32 Estados (Italia y la URSS rechazaron participar), cuyos representantes se reunieron durante nueve días en el lujoso Hotel Royal, a orillas del lago Lemán. Pero, aunque "los delegados internacionales se sucedieron en la tribuna para expresar su profunda compasión por la suerte de los judíos en Europa [...] ninguno ofreción su hospitalidad, excepto la República Dominicana, que reclamó subvenciones a cambio". Se trataba de encontrar acomodo a unos 360.000 judíos alemans y a otros 185.000 austríacos, unas cifras irrisorias, correspondientes a personas mayoritariamente urbanas, formadas, con capacidades intelectuales y empresariales, cuya aportación a los países que las acogieran sólo podría ser beneficiosa. Pero ni por esas: "Estados Unidos, representado por un simple hombre de negocios [Roosevelt optó por no enviar a ningún funcionario de alto rango, sino a su amigo, el empresario Myron C. Taylor], se negó a elevar sus cuotas, fijadas en 27.370 visados al año para Alemania y Austria. Con ello, uno de los países más influyentes del planeta había marcado el tono y el resto del mundo se apresuró a seguirlo".  

Hoy la historia se repite con las refugiadas y refugiados que cada día se lanzan al Mediterráneo.

Géraldine Schwarz repasa críticamente la manera en que tras la guerra se afrontó este oscuro pasado, especialmente en Alemania donde, tras los juicios de Núremberg, la llamada "desnazificación" no pasó de ser más que una operación cosmética, al permitirse la readmisión a sus empleo de centenares de miles de funcionarios que los Aliados habían despedido por su proximidad al régimen de Hitler y aprobarse en 1954 una ley de amnistía que reconocía como circunstancia atenuante la "obediencia en estado de urgencia" (Befehlsnotstand) incluso en el caso de altos funcionarios nazis o de personas condenadas por crímenes de guerra. "La leyenda según la cual era imposible desobedecer una orden criminal sin arriesgar la vida -algo que Schwarz cuestiona, como ya lo hizo Ch. R. Browning en Aquellos hombres grises- había conseguido un estatuto oficial".

También reflexiona sobre la forma en que una parte de la juventud alemana de los años sesenta sustituyó la amnesia de sus padres por la confrontación con su pasado, sobre las políticas de memoria implementadas en Europa, la reunificación de las dos Alemanias, la eclosión de movimientos de extrema derecha como Pegida y Alternativa para Alemania, así como en otros muchos países europeos, y advierte contra el riesgo de que la amnesia pueda estar contaminando Europa de nuevo.

También nos ofrece una vacuna para prevenir ese riesgo: "A menudo, me pregunto lo que yo habría hecho. Nunca lo sabré. Lo que importa lo comprendí leyendo estas líneas del historiador Norbert Frei: que no sepamos cómo nos habríamos comportado 'no significa que no sepamos cómo habriamos tenido que comportarnos'. Y cómo tendríamos que comportarnos en el futuro".

Es un libro que hay que leer.

Aquí, una entrevista con la autora.

sábado, 21 de marzo de 2020

Metrópolis

Philip Kerr
Metrópolis
Traducción de Eduardo Iriarte
RBA Libros, 2019

“Al cabo, Rosa bostezó y susurró algo que sonó a: «Qué vidas tan peculiares llevamos los dos, ¿no te parece, Bernie?», luego apoyó la cabeza en mi pecho y se quedó dormida. 
Parecía incontrovertible, y no solo por lo que había ocurrido esa noche. La vida misma transcurría a tal velocidad que era imposible no tener la sensación de que a veces las cosas se escapaban por completo a nuestro control, como si fuéramos a solas en uno de esos largos autobuses turísticos sin techo de Berlín, callejeando a toda velocidad por la metrópolis, sin conductor, haciendo turismo, en dirección a algún peculiar desastre ignoto provocado por nosotros mismos”.


Esta es la última novela protagonizada por uno de los personajes más celebrados de la novela negra, el investigador de la policía alemana durante Weimar e investigador privado en la época nazi, Bernie Gunther. Última y definitiva ya que, lamentablemente, Kerr falleció en 2018.

Se trata de una suerte de precuela de la serie de doce novelas  de Bernie Gunthers, que nos situa en el Berlín de 1928, en el momento en que Gunthers deja su actividad en el departamento de Antivicio ("Con tantos millones de muertos en la Gran Guerra y la gripe que llegó justo después, y que, como una plaga bíblica, mató a otros tantos millones de personas, parecía irrelevante preocuparse por lo que los demás se metían por la nariz, o por lo que hacían en sus oscuros dormitorios Biedermeier cuando se desvestían") para trabajar en la Kriminalpolizei o Kripo, la policía criminal, especificamente en su Comisión de Homicidios.

Su tarea será investigar los crímenes de un sádico al que conocen como "Winnetou", el indio apache protagonista de las novelas ambientadas en el Oeste americano firmadas por el célebre escritor aleman Karl May. La denominación tiene que ver con la forma de actuar del asesino:

"Cuatro prostitutas de la zona asesinadas en otras tantas semanas. Siempre por la noche. La primera, cerca de la Estación Silesia. Las golpearon en la cabeza con un martillo de bola y luego les arrancaron la cabellera con un cuchillo muy afilado. Como si lo hubiera hecho el Indio Rojo que da nombre a las famosas novelas de Karl May".

Mientras investiga estos asesinatos, otro caso desplaza y ocupa el interés de la Kripo: alguien está ejecutando a veteranos de la primera guerra invalidos que mendigaban por las calles de Berlín. El asesino reta a la policía publicando cartas en los diarios en los que ofrece pruebas de su autoría a la vez que explica los motivos de sus crímenes:

"La razón por la que he matado a estos tres hombres debería ser evidente para cualquiera que se considere patriota alemán. Los hombres a los que disparé ya estaban muertos y me limité a ahorrales más sufrimiento. Mientras existian, no solo eran una ignominia para el uniforme, sino que también le recordaban a todo el mundo la derrota de Alemania. [...] A los ojos de todos los que los ven arrastrándose por las aceras cual ratas y piojos, representan una afrenta a la mirada humana y a la idea misma de la decencia cívica. En resumidas cuentas, solo he hecho lo que hay que hacer si Alemania debe empezar a reconstruirse, a dejar atrás el pasado. [...] El futuro en el que el ejército alemán asuma el lugar que le corresponde en el destino de la nación no podrá comenzar hasta que se eliminen estos obscenos manchurrones en el paisaje nacional".

Y se despide con un explícito "Heil Hitler"... ¿o es la maniobra de distracción de "alguien que quiere sonar como un nazi"?

Bernie Gunthers sospecha que ambas tramas criminales están relacionadas. En el seno de una policía infectada ya por la ideología nazi, la investigación tomará derroteros insospechados...

Pero el verdadero protagonista de la novela es el Berlín de Weimar, con sus clubs nocturnos y sus cabarés, su antisemitismo, su provocación artística, sus redes criminales, su miseria y su riqueza, por el que transitan, igual que por la novela, personajes famosos como el pintor dadaista George Grosz; el cineasta Fritz Lang y su guionista y esposa Thea von Harbou; el poeta y dramaturgo Bertold Brecht; el compositor Kurt Weill, coautor con Brecht de La ópera de los tres centavos, y su esposa, la cantante Lotte Lenya...

"-Toda esta libertad sexual y ese erotismo falso me hacen oensar en los últimos días de la antigua Roma. Y no puedo por menos de pensar que a los alemanes de a pie les gustaría que todo eso se esfumara para llevar la vida tranquila y ordenada de antaño.
-Lo más probable es que tenga razón. Lo que me preocupa es por qué lo sustituiremos. Algo peor, quizás. Y tal vez lamentemos que quedara atrás. No lo sé. Más vale lo malo conocido que lo bueno por conocer".

Ya sabemos lo que vino después...

lunes, 16 de marzo de 2020

Viajeros en el Tercer Reich

Julia Boyd
Viajeros en el Tercer Reich
Traducción de Claudia Casanova
Ático de los Libros, 2019

"Hasta finales de la década de 1930 era posible para un extranjero pasar semanas en Alemania y no tener el menor incidente desagradable. Sin embargo, hay una diferencia entre «no ver» y «no saber». Y, después de la Kristallnacht del 9 de noviembre de 1938, no había ninguna excusa posible para el viajero que afirmaba que «desconocía» el verdadero comportamiento de los nazis. [...] La maldad nazi impregnaba todos los aspectos de la sociedad alemana, pero, cuando se mezclaba con los placeres seductores que aún se ofrecían a los visitantes extranjeros, la horrenda realidad a menudo se ignoraba durante el tiempo que hiciera falta".


Durante los años 30 del siglo XX, tras la finalización de la Primera Guerra Mundial y hasta el estallido mismo de la Segunda fueron muchas, muchísimas, las personas extranjeras que visitaron o pasaron largas temporadas en la Alemania de Hitler como turistas, estudiantes, artistas, diplomáticos o deportistas. Procedentes de los más diversos países, predominaban las nacionales de Estados Unidos y del Reino Unido. Personas corrientes, muchas de ellas, pero también famosos políticos, pintores, académicos, periodistas, que "siguieron viajando al Reich tanto por negocios como por placer [...] aunque la conciencia de la barbarie nazi se difundía y se hacía más profunda".

En este interesante libro, Julia Boyd bucea en las cartas, diarios, crónicas y memorias de casi dos centenares de visitantes, convertidos sin saberlo en testigos sobre el terreno, a pie de calle, de una de las épocas más trascendentales de nuestra historia.

Si bien la posición ideológica de la que partían al viajar a Alemania influía en muchas de ellas ("Los que eran de derechas encontraron un pueblo confiado y trabajador que trataba de sobrellevar las injusticias del Tratado de Versalles y, al mismo tiempo, intentaba proteger al resto de Europa de los bolcheviques. [...] En cambio, los que eran de izquierdas hablaban de un régimen cruel y opresivo alimentado por políticas obscenamente racistas que utilizaban la tortura y la persecución para aterrorizar a sus ciudadanos"), la mayoría apreciaron y valoraron la capacidad de recuperación del país tras la guerra, la belleza de sus paisajes y de sus ciudades, su histórica monumentalidad, la educación y disciplina de sus habitantes, la hospitalidad de sus hosteleros y hasta la personalidad de Hitler y su dimensión de "hombre de paz".

Por supuesto, muchas de estas personas mostraban en sus cartas su molestia ante la profusión de carteles antisemitas y su desagrado cuando eran testigos del mal trato que recibían los judíos, pero se trataba de un desagrado llevadero y pasajero. Incluso en el caso de personalidades como W.E.B. du Bois, el primer afroamericano doctorado en Harvard, académico de renombre y reconocido activista por los derechos civiles, que a sus 68 años de edad pasó varios meses en Alemania, coincidiendo en parte con las Olimpiadas, "para investigar la educación y la industria germanas con la esperanza de que las escuelas industriales para personas de color en el sur de Estados Unidos pudieran imitar el modelo alemán". Como señala la autora, "el viaje de Du Bois a Alemania ilustra la ambigüedad que subyacía en muchos de los viajes de extranjeros al Tercer Reich".

Todas estas apreciaciones fundamentalmente positivas se reforzaron y extendieron gracias a la inteligente utilización de los Juegos Olímpicos de 1936 en Berlin como gigantesco escenario propagandístico. Basta con leer la entrevista de Archie Williams, el medallista afroamericano que ganó la medalla de oro en los 400 metros: "Cuando volví a casa, alguien me preguntó: «¿Cómo te han tratado esos sucios nazis?». Y yo contesté que no había visto a ningún sucio nazi, sólo a un montón de gente alemana muy amable. Y no tuve que sentarme en la parte trasera del autobús".

Mucho más cuestionable, mucho menos explicable, fue la valoración que de su experiencia hizo Arthur Remy, delegado de la Universidad de Columbia en las celebraciones del 550 aniversario de la Universidad de Heidelberg: "Creo que, en conjunto, la celebración fue digna e impresionante, y también primordialmente académica [...]. Desde luego, no puede atribuirse a la presencia de uniformes negros o marrones ningún significado siniestro". En conjunto, la academia fue uno de los sectores que en mayor grado fracasaron a la hora de interpretar lo que estaba ocurriendo en la Alemania de Hitler. ¡Qué ironía! Lo señala la autora:

"[Muchos] académicos optaron por viajar al Tercer Reich porque el legado cultural de Alemania era simplemente demasiado preciado para renunciar a él por motivos políticos, por desagradables que estos fueran. Permitieron que su reverencia por el pasado distorsionara su juicio del presente. En consecuencia, optaron por ignorar abiertamente la realidad de una dictadura que hacia 1936, a pesar del espejismo olímpico, ya exhibía sin ambages todos sus inconcebibles rasgos".

Este libro nos confronta con un aspecto tan complejo como siniestro de las personas y las sociedades: nuestra capacidad y nuestra propensión para mirar hacia otro lado, incluso en medio de las más dramáticas situaciones. Y no es solo algo que sepamos por la historia.