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miércoles, 15 de mayo de 2024

La frecuente oscuridad de nuestros días

Rebecca Donner
La frecuente oscuridad de nuestros días. Una estadounidense en la resistencia alemana contra Hitler
Traducción de Francisco J. Ramos Mena
Libros del Asteroide, 2023

"Ella es Mildred Harnack. A veces es Mildred Fish-Harnack. Otras es Mildred Harnack-Fish.
Es mujer.
Es esposa.
Es estadounidense.
A veces es la líder estadounidense de un grupo de resistencia alemán. A veces es la esposa estadounidense de un alemán de la resistencia. A veces es la esposa estadounidense de un nazi.
Antes Mildred podía reconocerse a sí misma. Ahora ya no".


Esta es la historia del mayor grupo de resistencia clandestina de Berlín contra el poder nazi, el "Círculo", que la Gestapo llamó la Orquesta Roja (Rote Kapelle). Entre 1932 y 1942 sus componentes harán todo lo posible por combatir al régimen nacionalsocialista desde el interior mismo de Alemania, con el riesgo que esto suponía. Como explica Rebecca Donner, "todos los vecindarios tienen un Blockleiter, un 'vigilante de barrio' nazi. [...] Los vigilantes de barrio son los ojos y oídos de la Gestapo. En este momento hay más de doscientos mil, una cifra que pronto aumentará a dos millones".

Uno de los puntales de este grupo era Mildred Elizabeth Fish, una joven estadounidense nacida en 1902 que en 1926, mientras estudiaba literatura alemana en la Milwaukee State Normal School, conoció al jurista Arvid Harnack, becario Rockefeller, con quien se casó y se mudó a Alemania. Gracias a sus cartas y diarios tenemos conocimiento de la extensión del nazismo ("Alemania está viviendo horas muy oscuras. Todos perciben la amenaza, pero muchos esconden la cabeza en la arena") y basándose tanto en estas como en otra abundante documentación, Rebecca Donner nos introduce vívidamente en el día a día de la transformación aparentemente imparable de toda una sociedad en un régimen totalitario:

"Mildred ve esvásticas en paquetes de tabaco, latas de café, moldes para pasteles... Día tras día la propaganda nazi difunde desinformación y falsas promesas. Día tras día, Hitler va ganando cada vez más adeptos en Alemania.
¡Y todo está sucediendo tan rápido...!".

Contratada por la Universidad de Berlín para impartir clases de historia de la literatura norteamericana, Mildred traslada a sus alumnas y alumnos las obras que abordan la problemática de las personas empobrecidas, de las y los agricultores, obreros fabriles o inmigrantes que sufren las penurias de aquel capitalismo del primer tercio del siglo XX en Estados Unidos. Despedida en 1932 por no ocultar sus opiniones políticas ni sus críticas por el auge del Partido Nazi, fue en el  Berliner Abend Gymnasiums (BAG), un centro nocturno dirigido a la educación de la clase trabajadora, donde conseguirá conectar con personas dispuestas a resistir la expansión del nazismo:

"Las lecturas que recomienda son una mezcla de literatura, filosofía y teoría política, amenizada de vez en cuando con algún poema humorístico o alguna fábula. Cuando está en el atril, Mildred pretende inspirar a sus alumnos, mostrarles una forma diferente de ver el mundo; desea llegar a esos hombres y mujeres de un modo que resulte novedoso. Así que les habla de Ralph Waldo Emerson y los principios del trascendentalismo, haciendo hincapié en la importancia de la autosuficiencia y la valerosa independencia en el pensamiento y la acción; habla del heroísmo de Mahatma Gandhi, y de las traiciones de la monarquía tal como se dramatizan en las novelas de Charles Dickens y las tragedias de William Shakespeare; habla de la tiranía de la mayoría analizada en los escritos filosóficos de John Stuart Mill, destacando cómo un pequeño grupo puede ser víctima de un grupo mayor, y animando a sus alumnos a reflexionar sobre los paralelismos que en ese momento exhibe Alemania. Una y otra vez, Mildred vuelve a sus temas centrales: la difícil situación de los pobres y la necesidad urgente de un cambio político".

Tanto en el BAG como en reuniones en cafeterías, en excursiones aparentemente lúdicas o en su propia casa, las y los miembros del Círculo elaborarán y distribuirán octavillas y periódicos clandestinos antinazis, informarán de la situación en Alemania a las embajadas extranjeras y llegarán a trabajar para el espionaje soviético (Stalin ignorará sus advertencias relativas a la preparación de una invasión del territorio ruso: "Sorprendentemente, la única persona en la que confía el dictador ruso es en el dictador alemán. Los pactos de no agresión y de comercio han reforzado el vínculo entre ambos, y Stalin no puede creer que Hitler quiera romperlo"). El compañero de Mildred, Arvid, logrará infiltrarse en las más altas esferas del régimen, convertido en un "nazi Rindersteak ('bistec') [e]s decir, marrón nazi por fuera, rojo izquierdista por dentro". Y Mildred facilitará la huida de varias personas judías gracias a sus relaciones con la embajada estadounidense.

El coste de su compromiso será muy elevado. Varios miembros del Círculo fueron detenidos, torturados y encarcelados, y algunos se suicidarán tras sufrir los brutales interrogatorios en el cuartel general de la Gestapo. Algunas mujeres sufrirán vejaciones sexuales y violaciones. Muchas acabarán en el campo de Ravensbrück donde, perversión suprema, fueron violadas cuando el Ejército Rojo entró en abril de 1945.  

El 16 de febrero de 1943 Mildred Harnack fue guillotinada. En su celda, horas antes, Mildred traducía al inglés los poemas de Goethe:

"De la frecuente oscuridad de nuestros días
nos dio un Dios compensación -loado sea-
en el deber de alzar al cielo la mirada,
en el sol y la virtud y la belleza".

Un libro imprescindible.

jueves, 23 de junio de 2022

Víctimas e ilesos: Ensayo sobre la resistencia ética

Olga Belmonte García
Víctimas e ilesos. Ensayo sobre la resistencia ética
Herder, 2022


"Es necesario mirar al pasado y analizar hasta qué punto se podría haber hecho algo por evitar el horror, detectar cuáles eran las posibilidades de cambio y mostrar 'que se podría haber hecho algo distinto, que se podría haber tomado otra decisión, que alguien podría haber intervenido, que alguien podría haber renunciado' [C. Emcke].
[...] Una decisión distinta en la vida cotidiana hubiera traído algo diferente. Las situaciones de barbarie no llegan repentinamente, hay un ambiente que las prepara. hay, como hemos dicho, una agricultura del odio que lo siembra en la sociedad, en el inconsciente colectivo".


En el prólogo de este libro Graciela Fainstein recuerda y reivindica la reflexión de Walter Benjamin sobre las y los Feurmelder, avisadoras y avisadores del fuego, esas personas que tienen la capacidad de leer los signos del tiempo que les ha tocado vivir, sus mares de fondo, sus derivas potencialmente catastróficas, que se esfuerzan por avisar del incendio antes de que el fuego se propague, por "cortar la mecha encendida antes de que la chispa llegue a la dinamita" (W. Benjamin, Dirección única, Alfaguara, 1987; traducción de Juan J. del Solar y Mercedes Allendesalazar). Es esta la reflexión que más me ha interpelado del libro de Olga Belmonte García.

Están las víctimas, por supuesto, y la autora mira y nos hace "mirar de cara un sufrimiento que no siempre queremos ver": el sinsentido de la injusticia radical que sufrieron, la escucha reverencial que su verdad nos exige, su rescate desde la invisibilización en el "reino de la nada" y su retorno a la comunidad de la que fue expulsada, la no banalización de la idea de perdón, son algunas de las cuestiones que aborda Olga Belmonte, con profundidad teórica y sensibilidad ética, componiendo un texto de bella lectura.

Están también los victimarios -verdugos y torturadores, fundamentalistas y fanáticos- que deshumanizan a la víctima reduciéndola a categoría gestionable (usable, trasladable, ocultable, expulsable, eliminable) a partir de una "lógica de la barbarie [que] crea un sistema en el que no cabe lo diferente", preguntándose y haciéndonos preguntarnos si se trata de una cuestión de banalidad (Arendt) o de sadismo (Améry).

Es aquí cuando, junto a la víctima y al victimario, la autora incorpora a los "ilesos", a quienes no siendo víctimas sí han sido testigos del sufrimiento de estas. Esta es la condición mayoritaria en las sociedades en las que la barbarie ha dinamitado la convivencia; pocos verdugos, bastantes víctimas, muchas ilesas: esta es la aritmética de la barbarie. Siempre son más las personas ilesas (espectadoras silentes): ¿cuál es su responsabilidad?

A pesar de su reducida extensión, en este libro Olga Belmonte recoge y relaciona algunas de las cuestiones esenciales de la reflexión ética sobre las víctimas. Quienes ya estemos familiarizadas con las conversaciones en torno a esta temática puede que no encontremos contenidos realmente novedosos, pero sí reconoceremos una mirada y una voz propias que nos animarán a seguir conversando. Quienes quieran empezar a caminar por el territorio de las víctimas tienen en este libro la mejor de las guías para hacerlo.

lunes, 12 de julio de 2021

Poder y resistencia

Ilija Trojanow
Poder y resistencia
Traducción de Roberto Bravo de la Varga
Acantilado, 2020

"Debo recordarlo. No tengo derecho a olvidar lo  que ocurrió, da igual cuánto duela. Lo prometimos. Uno, porque le confiscaron sus cuadernos de notas. Otro, porque sólo le mantuvo con vida la voluntad de ser testigo de lo que presenció. Aprendimos de memoria nuestros propios recuerdos, cada frase, cada palabra, cada letra".


Los protagonistas / antagonistas de esta novela, Konstantín Milev Sheitanov y Metodi Popov, son la cara (alzada) y la cruz (torturante) de una misma historia.
 
De inspiración anarquista, mordazmente crítico con el "Poder Popular", sometido a vigilancia constante desde el bachillerato, Konstantín ha pasado veinte años de cárcel por poner una bomba en una estatua de Stalin ("...esperé hasta que la cabeza de Stalin cayó rodando por el suelo. Dios se había hundido en el barro. El TNT nos había echo iguales") en un parque de Sofía. Es uno de los pocos que se niega dejar en paz el pasado o, lo que es lo mismo, a aceptar la derrota: "Luchamos por algo en lo que creíamos. Estábamos dispuestos a sacrificarnos por un ideal que valía más que nuestra propia vida. Esto fue un regalo del destino. No me habría gustado vivir en ninguna otra época"

Su antagonista es Metodi, un alto cargo de la seguridad del Estado, que desde las juventudes comunistas fue escalando en la jerarquía del poder totalitario búlgaro combatiendo implacablemente  cualquier oposición al régimen. Secretario del comité de alumnos, desde muy pronto fue alimentando el dossier de Konstantín con sus delaciones.

Ahora estamos en 1999. El Muro ha caído, la Europa del Este ha dicho "good bye, Lenin!" y Bulgaria se ha convertido en una democracia parlamentaria. Pero los mismos que, como Metodi, ostentaban el poder y gozaban de todos los privilegios durante el régimen comunista, continuan gobernando, enriqueciéndose, lo que provoca la amargura de Konstantin: 

"Los responsables no han sido llevados ante los tribunales. Siguen ocupando cargos en las instituciones, son ciudadanos respetables, hombres de negocios que han alcanzado el éxito, gozan de una tranquila jubilación o han sido enterrados con todos los honores. Lo más sangrante del caso es que no han tenido que rendir cuentas ante nadie. Ni uno solo se ha enfrentado a los hechos, los han ocultado bajo el manto de la autojustificación. En los últimos diez años, he tenido que enterrar muchas de mis esperanzas y gran parte de mis expectativas se han visto frustradas".

Por su parte, Metodi se ve obligado a recordar y justificar su historia como consecuencia de la inesperada irrupción del pasado encarnado en la joven Nezabravka:

"-Así que todo estaba justificado. ¿Es eso lo que quiere usted decir?
-Sí, muchacha, así es. Has dado en el clavo: tuvimos que hacer lo que hicimos. Así de sencillo: quien no se siente parte del pueblo no puede extrañarse de que se le sacrifique por el bien del pueblo".

La resistencia de Konstantín contra el poder de Metodi. Un pulso prolongado durante décadas que nos ofrece joyas como las tres leyes de la "inmunología socialista" (Orwell no las hubiera descrito mejor) o la discusión de Konstantín, en su séptimo año de prisión, con el profesor Velikov, catedrático de Materialismo Dialéctico DIAMAT y Materialismo Histórico HISTOMAT de la Facultad de Medicina, supuestamente interesado en comprender su empecinado anticomunismo: "Profesor Velikov, no puedo ser enemigo del comunismo porque no se puede ser enemigo de algo que no existe".
 
El autor advierte de que "esta novela se basa en los testimonios orales y escritos de antiguos presos políticos, así como de algunos oficiales retirados que sirvieron en la Seguridad del Estado de la República Popular de Bulgaria". Lo que convierte a esta historia en un testimonio conmovedor, en homenaje a las personas capaces de mantener con firmeza la capacidad de decir NO a los poderes totalitarios de ayer y de hoy.
 
"Mi hermano piensa que los hechos le dan la razón. Insiste una y otra vez, como si estuviera en su mano convencerme de lo bien que se vive cuando todo teresulta indiferente. Si le digo que no estoy dispuesto a participar de la amnesia general, me reprocha mi orgullo, mi soberbia: 'Estás ávido de venganza', 'Tú y tu cabezonería. ¿No te das cuenta de que sólo te ha traído problemas?', 'Después de todo, ¿qué has conseguido?', '¿Has logrado cambiar algo?'. Sólo tengo una respuesta para todos sus reproches, objeciones y excusas: la rectitud y la coherencia no se miden por sus resultados".

Amén.

lunes, 6 de abril de 2020

Lo que han oído es cierto

Carolyn Forché
Lo que han oído es cierto. Testimonio y resistencia
Traducción de Martín Schifino y María Luz Nóchez
Capitán Swing, 2020

"A lo largo de los años me han preguntado por qué, siendo una poeta norteamericana de veintisiete años que hablaba español a trompicones y no sabía nada de Centroamérica, acepté la invitación que me hizo un casi desconocido de pasar tiempo en un país al borde de la guerra. Y por qué aquel extraño, considerado un lobo solitario, un comunista, un agente de la CIA, un campeón de tiro y un pequeño cafetalero, se interesó por una ingenua poeta norteamericana. Como dijo un hombre: ¿qué tiene que ver la poesía con nada?".

Entre enero de 1978 y marzo de 1980 Carolyn Forché viajó en siete ocasiones a El Salvador, donde permaneció durante largas temporadas. Lo hizo en un clima prebélico ("Digamos que esto es Vietnam [...] En 1959"), cargado de tensión, cuando ya empezaban a manifestarse las atrocidades que entre 1979 y 1990 causaron alrededor de 75.000 muertos, un millón de desplazados y otro millón de emigrantes (muchos de ellos exiliados políticos)... ¡en una pequeña nación que en 1980 no llegaba a los 5 millones de habitantes!

El libro de María López Vigil y Jon Sobrino, La matanza de los pobres. Vida en medio de la muerte en El Salvador (Ediciones HOAC, Madrid 1993), es una referencia imprescindible para aproximarnos a esa terrible realidad, auténtico viaje al corazón de las tinieblas.

En El Salvador conoció al arzobispo Oscar Romero y al teólogo y filósofo Ignacio Ellacuría: ambos serían asesinados. Despidió por última vez al dirigente sindicalista José Rodolfo Viera; vivió atenazada por el miedo a ser desaparecida por los escuadrones de la muerte; buscó infructuosamente el cadaver de una joven danesa asesinada tras verse obligada a presenciar la tortura y muerte de su esposo; trabajó en la oficina de derechos humanos de la Universidad Centroamericana "José Simeón Cañas" (UCA); vió campos de cultivo quemados y animales domésticos muertos a tiros; se reunió con jóvenes estudiantes que luchaban por la libertad y la democracia arriesgando sus vidas; durmió en las champas de las familias campesinas, compartiendo con ellas su precaria existencia; contribuyó a evitar una matanza al interponerse entre centenares de campesinos que huían del Ejército y los soldados armados que rodeaban la iglesia en la que se habían refugiado, haciéndose pasar por periodista norteamericana, testigo de lo que pudiera ocurrir; caminó por El Playón, un "tiradero de cadáveres" donde los buitres "están tan gordos por la carne que son incapaces de volar"...

También se reunió con empresarios y militares, a instancias de Leonel, sin tener conciencia de cuál era su papel  en esos encuentros ni cómo era posible que tales reuniones tuvieran lugar.


Tras finalizar el libro, la pregunta sigue en pie: ¿por qué aceptó la invitación del misterioso, excesivo y extravagante Leonel Gómez de viajar con él a El Salvador? Lo que sí sabemos es el resultado de esta aceptación: "Fue como si me pusiera justo delante del mundo, me quitara la venda y me ordenara abrir los ojos", confiesa la autora. Abrió los ojos y contó lo que vió: en conferencias impartidas a lo largo y ancho de Estados Unidos, en universidades, librerías, iglesias, centros comunitarios... y mediante sus poemas.

Gracias a este libro he descubierto a una poeta con dos libros publicados en castellano, El país entre nosotros y Juntemos las tribus, que ya he encargado para cuando acabe el confinamiento. Porque la poesía tiene que ver con mucho...

"-Creo que no lo entiendes, Leonel. Soy poeta. ¿Sabes que piensan de los poetas aquí? Nos consideran bohemios, o románticos o locos. [...] No tenemos credibilidad. [...] La poesía no interesa a nadie.
Pareció sorprendido.
-Bueno, eso habrá que cambiarlo. En mi país, como en el resto de América Latina, se toma a los poetas muy en serio. Los nombran en puestos diplomáticos, o los asesinan, o los mandan a la cárcel, pero de un modo u otro los toman en serio".

miércoles, 25 de septiembre de 2019

Barrionalismo

Luis de la Cruz Salanova
Barrionalismo
Editorial Decordel, 2018


El barrio, ¿por qué? Básicamente porque en tiempos de disolución de los lazos comunitarios, en estos momentos en los que vamos perdiendo, uno encuentra en la idea bien entendida de barrio algunos elementos para reagruparse. Porque, rascando el firme, puedes encontrar los restos arqueológicos necesarios para llevar a cabo la reconstrucción de otra memoria común de los de abajo. También porque, de hecho, ha funcionado y sigue haciéndolo como espacio de resistencias.

El autor de este recomendable libro reconoce que la mayoría de los textos que lo componen han tenido su origen en algún paseo por su Madrid natal. Tras su lectura, me parece que hay capítulos (los dedicados a la fiesta, al conflicto, a la memoria, a las arquitecturas efímeras) más "caminados" que otros (los que abordan la gentrificación, la securitización o la aspiración a ser clase media), más "leídos". Pero en todos ellos palpita una enorme sensibilidad hacia la ciudad habitada, hacia las interacciones sociales ordinarias (callejeo) y extraordinarias (fiesta, lucha) que la constituyen.

Sociología urbana de la buena. De la pensada y de la vivida. Escucha atenta de los ritmos del barrio. Sin sentimentalismos -El barrio puede ser una mierda, como atestigua el viejo anhelo de superación vertido en la frase salir del barrio- pero con una voluntad expresa de compartir presente y futuro con aquellas personas con las que comparte vecindad.

jueves, 23 de abril de 2015

¡Grande, Goytisolo! Muy grande



Maravilloso el discurso de Juan Goytisolo. Hay que escucharlo.
Y hay que leerlo y releerlo... y practicarlo.

A la llana y sin rodeos

En términos generales, los escritores se dividen en dos esferas o clases: la de quienes conciben su tarea como una carrera y la de quienes la viven como una adicción. El encasillado en las primeras cuida de su promoción y visibilidad mediática, aspira a triunfar. El de las segundas, no. El cumplir consigo mismo le basta y si, como sucede a veces, la adicción le procura beneficios materiales, pasa de la categoría de adicto a la de camello o revendedor. Llamaré a los del primer apartado, literatos y a los del segundo, escritores a secas o más modestamente incurables aprendices de escribidor.

A comienzos de mi larga trayectoria, primero de literato, luego de aprendiz de escribidor, incurrí en la vanagloria de la búsqueda del éxito -atraer la luz de los focos, ser noticia”, como dicen obscenamente los parásitos de la literatura- sin parar mientes en que, como vio muy bien Manuel Azaña, una cosa es la actualidad efímera y otra muy distinta la modernidad atemporal de las obras destinadas a perdurar pese al ostracismo que a menudo sufrieron cuando fueron escritas. La vejez de lo nuevo se reitera a lo largo del tiempo con su ilusión de frescura marchita. El dulce señuelo de la fama sería patético si no fuera simplemente absurdo. Ajena a toda manipulación y teatro de títeres, la verdadera obra de arte no tiene prisas: puede dormir durante décadas como La regenta o durante siglos como La lozana andaluza. Quienes adensaron el silencio en torno a nuestro primer escritor y lo condenaron al anonimato en el que vivía hasta la publicación del Quijote no podían imaginar siquiera que la fuerza genésica de su novela les sobreviviría y alcanzaría una dimensión sin fronteras ni épocas.

“Llevo en mí la conciencia de la derrota como un pendón de victoria”, escribe Fernando Pessoa, y coincido enteramente con él. Ser objeto de halagos por la institución literaria me lleva a dudar de mí mismo, ser persona non grata a ojos de ella me reconforta en mi conducta y labor. Desde la altura de la edad, siento la
aceptación del reconocimiento como un golpe de espada en el agua, como una inútil celebración. 

Mi condición de hombre libre conquistada a duras penas invita a la modestia. La mirada desde la periferia al centro es más lúcida que a la inversa y al evocar la lista de mis maestros condenados al exilio y silencio por los centinelas del canon nacionalcatólico no puedo menos que rememorar con melancolía la verdad de sus críticas y ejemplar honradez. La luz brota del subsuelo cuando menos se la espera. Como dijo con ironía Dámaso Alonso tras el logro de su laborioso rescate del hasta entonces ninguneado Góngora, ¡quién pudiera estar aún en la oposición!

Mi instintiva reserva a los nacionalismos de toda índole y sus identidades totémicas, incapaces de abarcar la riqueza y diversidad de su propio contenido, me ha llevado a abrazar como un salvavidas la reivindicada por Carlos Fuentes nacionalidad cervantina. Me reconozco plenamente en ella. Cervantear es aventurarse en el
territorio incierto de lo desconocido con la cabeza cubierta con un frágil yelmo bacía. Dudar de los dogmas y supuestas verdades como puños nos ayuda a eludir el dilema que nos acecha entre la uniformidad impuesta por el fundamentalismo de la tecnociencia en el mundo globalizado de hoy y la previsible reacción violenta de las identidades religiosas o ideológicas que sienten amenazados sus credos y esencias.

En vez de empecinarse en desenterrar los pobres huesos de Cervantes y comercializarlos tal vez de cara al turismo como santas reliquias fabricadas probablemente en China, ¿no sería mejor sacar a la luz los episodios oscuros de su vida tras su rescate laborioso de Argel? ¿Cuántos lectores del Quijote conocen las
estrecheces y miseria que padeció, su denegada solicitud de emigrar a América, sus negocios fracasados, estancia en la cárcel sevillana por deudas, difícil acomodo en el barrio malfamado del Rastro de Valladolid con su esposa, hija, hermana y sobrina en 1605, año de la Primera Parte de su novela, en los márgenes más promiscuos y bajos de la sociedad?

Hace ya algún tiempo, dedique unas páginas a los titulados Documentos cervantinos hasta ahora inéditos del presbítero Cristóbal Pérez Pastor, impresos en 1902 con el propósito, dice, de que “reine la verdad y desaparezcan las sombras”, obra cuya lectura me impresionó en la medida en que, pese a sus pruebas fehacientes y a otras indagaciones posteriores, la verdad no se ha impuesto fuera de un puñado de eruditos,
y más de un siglo después las sombras permanecen. Sí, mientras se suceden las conferencias, homenajes, celebraciones y otros actos oficiales que engordan a la burocracia oficial y sus vientres sentados, (la expresión es de Luis Cernuda) pocos, muy pocos se esfuerzan en evocar sin anteojeras su carrera teatral frustrada, los tantos años en los que, dice en el prólogo del Quijote, “duermo en el silencio del olvido”: ese “poetón ya viejo” (más versado en desdichas que en versos) que aguarda en silencio el referendo del falible legislador que es el vulgo.

Alcanzar la vejez es comprobar la vacuidad y lo ilusorio de nuestras vidas, esa “exquisita mierda de la gloria” de la que habla Gabriel García Márquez al referirse a las hazañas inútiles del coronel Aureliano Buendía y de los sufridos luchadores de Macondo. El ameno jardín en el que transcurre la existencia de los menos, no debe distraernos de la suerte de los más en un mundo en el que el portentoso progreso de las nuevas tecnologías corre parejo a la proliferación de las guerras y luchas mortíferas, el radio infinito de la injusticia, la pobreza y el hambre.

Es empresa de los caballeros andantes, decía don Quijote, “deshacer tuertos y socorrer y acudir a los miserables” e imagino al hidalgo manchego montado a lomos de Rocinante acometiendo lanza en ristre contra los esbirros de la Santa Hermandad que proceden al desalojo de los desahuciados, contra los corruptos de la ingeniería financiera o, a Estrecho traviesa, al pie de las verjas de Ceuta y Melilla que él toma
por encantados castillos con puentes levadizos y torres almenadas socorriendo a unos inmigrantes cuyo único crimen es su instinto de vida y el ansia de libertad.

Sí, al héroe de Cervantes y a los lectores tocados por la gracia de su novela nos resulta difícil resignarnos a la existencia de un mundo aquejado de paro, corrupción, precariedad, crecientes desigualdades sociales y exilio profesional de los jóvenes como en el que actualmente vivimos. Si ello es locura, aceptémosla. El buen Sancho encontrará siempre un refrán para defenderla.

El panorama a nuestro alcance es sombrío: crisis económica, crisis política, crisis social. Según las estadísticas que tengo a mano, más del 20% de los niños de nuestra Marca España vive hoy bajo el umbral de la pobreza, una cifra con todo inferior a la del nivel del paro. Las razones para indignarse son múltiples y el escritor no puede ignorarlas sin traicionarse a sí mismo. No se trata de poner la pluma al servicio de una causa, por justa que sea, sino de introducir el fermento contestatario de esta en el ámbito de la escritura. Encajar la trama novelesca en el molde de unas formas reiteradas hasta la saciedad condena la obra a la irrelevancia y una vez más, en la encrucijada, Cervantes nos muestra el camino. Su conciencia del tiempo “devorador y consumidor de las cosas” del que habla en el magistral capítulo IX de la Primera Parte del libro le indujo a adelantarse a él y a servirse de los géneros literarios en boga como material de derribo para construir un portentoso relato de relatos que se despliega hasta el infinito. Como dije hace ya bastantes años, la locura de Alonso Quijano trastornado por sus lecturas se contagia a su creador enloquecido por los
poderes de la literatura. Volver a Cervantes y asumir la locura de su personaje como una forma superior de cordura, tal es la lección del Quijote. Al hacerlo no nos evadimos de la realidad inicua que nos rodea. Asentamos al revés los pies en ella. Digamos bien alto que podemos. Los contaminados por nuestro primer escritor no nos resignamos a la injusticia.

Discurso de Juan Goytisolo
Ceremonia de entrega del Premio Cervantes 2014

domingo, 14 de julio de 2013

Para acabar con todas las guerras



Como ocurriera con sus dos libros anteriores, El fantasma del Rey Leopoldo y Enterrad las cadenas, en su último libro Adam Hochschild nos ofrece un ejemplo de que otra historia es posible. Una historia que, sin sacrificar el rigor documental, es capaz de mirar los acontecimientos desde otro lugar, desde la perspectiva de quienes la sufren, y sufriéndola también la hacen, casi siempre en contra de las pretensiones de la historia oficial.
Si anteriormente se había ocupado del colonialismo y de la esclavitud, en esta ocasión Hochschild aborda la Primera Guerra Mundial. Lo hace entrecruzando las vidas de quienes la impulsaron, de quienes la sufrieron y de quienes se opusieron a ella.
Entre los primeros, monarcas y emperadores como el rey Jorge V, el zar Nicolás II y el káiser Guillermo II, ligados entre sí por lazos de parentesco y amistad. Generales británicos forjados en las guerras coloniales, convencidos de que la recién inventada ametralladora, de probada eficacia a la hora de masacrar africanos, jamás podría sustituir en una "guerra entre caballeros" los efectos estéticos y estratégicos de una buena carga de caballería. Periodistas, escritores e intelectuales como Kipling, Hardy, Barrie o Conan Doyle, que pusieron su inspiración y su pluma al servicio de la nueva Oficina de Propaganda de Guerra. Pero también partidos y sindicatos socialistas que, salvo honrosas excepciones, no sólo no rechazaron la guerra, sino que se sumaron a la misma traicionando cualquier atisbo de solidaridad de clase.
Entre los segundos, entre las víctimas de esa horrenda guerra, los millones de soldados que, alistados al principio impulsados por la engañosa sensación de libertad que otorga el patriotismo, movilizados a la fuerza a medida que el conflicto se prolongaba en el tiempo, sufrieron la primera guerra total.
Pero el libro de Hochschild es, sobre todo, un homenaje a quienes, en medio de una locura de alcance universal, lucharon por mantener activo el espíritu internacionalista y el grito de Guerre à la guerre! que en julio de 1914, unos meses antes de que estallara la contienda, unió en Bruselas al líder socialista francés Jean Jaurès y a Hugo Haase, copresidente de los socialdemócratas alemanes. Algunas de ellas fueron personas muy destacadas y conocidas, como Bertrand Russell o Rosa Luxenburgo; otras no gozaron del mismo reconocimiento público, pero su lucha contra la guerra y en favor de la fraternidad de todo el género humano en contra de divisiones raciales y nacionales no fue menos importante: particularmente los más de seis mil objetores de conciencia británicos encarcelados por negarse a tomar las armas, pero también los soldados y suboficiales que intentaron mantener su humanidad en medio de aquel horror. Como aquellos que, en diciembre de 1914, protagonizaron la llamada "Tregua de Navidad":

"En la estrecha franja de tierra que se extiende por el norte de Francia y un rincón de Bélgica se encuentra la mayor concentración de tumbas de hombres jóvenes del mundo. Los ordenados bosques de lápidas o cruces blancas ascienden por pequeñas colinas o se extienden por suaves valles a lo largo de kilómetros, punteadas aquí y allá por las agujas, las columnas y las rotondas de sepulcros más grandes. Desde el Monumento de Nueva Zelanda en Messines, en Bélgica, hasta el Monumento Nacional Sudafricano en el campo de batalla del Somme, en Francia, pasando por los cementerios menos majestuosos que albergan los restos de los soldados senegaleses o trabajadores chinos, el territorio está salpicado de recordatorios de lo lejos que habían viajado algunos hombres para morir. [...]
Sin embargo, tras una semana entera de viaje por el antiguo frente occidental, solo se puede ver un único monumento que conmemore a alguien por haber hecho algo diferente a combatir o morir. A algunos kilómetros de distancia de Ypres, frente a un granero de ladrillo y al otro lado de una carretera comarcal con un solo carril, hay una cruz de aproximadamente un metro y medio de altura hecha con sólidas vigas de madera oscurecida. Cerca de ella, en un tiesto, hay un pequeño abeto derribado por el viento estival; tres bolas plateadas siguen colgando en él, ya que es un árbol de Navidad, y esa cruz artesanal, que no ha erigido ni mantiene ningún organismo oficial de ningún país, se alza en recuerdo de los soldados de ambos bandos que participaron en la Tregua de Navidad de 1914" (pp. 552-553).



Fuente: http://www.antiwarsongs.org/canzone.php?lang=en&id=3155

Leer el libro de Hochschild es reforzar la convicción de que.el fratriotismo ha de estar siempre por encima de cualquier forma de patriotismo, y de que, muchas veces, para salvar al hermano hay que matar -simbólica, emocional y racionalmente- al padre. Porque, como escribe el autor al finalizar el libro:

"Incluso después de que haya transcurrido un siglo de derramamientos de sangre desde la guerra que se suponía que iba a acabar con todas las guerras, estamos dolorosamente lejos del día en el que la mayoría de los habitantes de la Tierra posean la sabiduría de creer, como Alice Wheeldon en la celda en que estuvo encarcelada, que su patria es el mundo".


  • Un documental de Canal Historia realmente interesante sobre la prolongada guerra de trincheras en el frente occidental y la tregua de Navidad.