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jueves, 3 de junio de 2021

Lo que estábamos buscando: la pandemia como mito

Alessandro Baricco
Lo que estábamos buscando: 33 fragmentos
Traducción de Diana Agámez
Anagrama, 2021 

"Las criaturas míticas son productos artificiales con los que los seres humanos se dicen a sí mismos algo urgente y vital. Son figuras en las que una comunidad de seres vivos organiza el material caótico de sus miedos, creencias, recuerdos o sueños".


Sobradamente conocido como novelista (no solo es el autor de la inspirada y delicadísima Seda, también de Tres veces al amanecer o Novecento),  Baricco es también un consumado ensayista, como demostró con Los bárbaros o Next.

Este segundo Baricco es el que firma esta breve pero enjundiosa reflexión sobre la pandemia como mito, lo que no significa que no sea real. La Pandemia (Baricco escribe con mayúscula) toca tanto los cuerpos individuales como el imaginario colectivo, alineándose así "con las otras grandes criaturas míticas de las que se tiene memoria y se acepta por lo que realmente es: un contagio de mentes antes que de cuerpos".

La pandemia (la Pandemia) se convierte en epifanía, acontecimiento-revelación que nos ofrece la ocasión para detenernos y reflexionar sobre nuestra manera dominadora de estar en y con el mundo. Porque, como advierte Baricco, si bien "sería trágico considerar la enfermedad que mata como un castigo, [...] será imperdonable pensar, a partir de ahora, que algún tipo de inmunidad nos mantiene a salvo de las consecuencias de nuestros actos".

sábado, 8 de mayo de 2021

Primavera extremeña

Julio Llamazares
Primavera extremeña. Apuntes del natural
Ilustraciones de Konrad Laudenbacher
Alfaguara, 2020
 
"Primavera extremeña, primavera mortal y hermosa, primavera llena de luces y de animales en libertad, pese a la gran tragedia que se cerní sobre el planeta... Todos esos adjetivos podría aplicar a lo que yo viví en un lugar perdido en mitad del monte de Extremadura, rodeado de uno de los paisajes más fabulosos de cuantos conozco".
 
 
El 13 de marzo del 2020, en vísperas de que se decretara el estado de alarma que confinó a todo el país, Julio Llamazares viajó con su familia desde Madrid hasta una finca en la sierra de los Lagares, cerca de Trujillo, donde permaneció hasta el 15 de junio. Tres meses y dos días viviendo su particular Decamerón, si bien en este caso el tema central del libro sea la naturaleza extremeña, bellamente descrita por el autor, y la vida de los pueblos y las gentes del entorno.
 
Ilustrado con las acuarelas de Konrad Laudenbacher, amigo de Llamazares y, como él, autoexiliado en la naturaleza cacereña, el resultado es un hermoso libro, a medio camino entre la soft nature writing y la crónica de la pandemia de covid-19 observada desde la distancia. Una lectura agradable y sosegada.



sábado, 27 de marzo de 2021

¿Virus soberano? La asfixia capitalista

Donatella Di Cesare
¿Virus soberano? La asfixia capitalista
Traducción de Juan González-Castelao
Siglo XXI, 2020

"[Existir] no significa estar arraigado en la tierra, sino respirar el aire. Lo habíamos olvidado. Existir es respirar. Es la existencia que sale al exterior, que se descentra, migra, inspira el aliento del mundo y lo espira, lo proyecta fuera de sí mismo, se sumerge y vuelve a emerger, participando así en la migración y la transformación de la vida".


La filósofa Donatella Di Cesare firma un libro breve pero denso, original en su abordaje de un tema tan manido a lo largo de todo el año pasado como el de la pandemia. 

Partiendo de la solo relativa impredecibilidad de la pandemia (supuestamente anunciada como posibilidad por diversas instituciones desde 2017) la autora destaca el efecto disruptivo que ha tenido el acontecimiento en el funcionamiento normal(izado) del capitalismo, un capitalismo antibiótico, asfixiante ya desde mucho antes de que la pandemia nos dejara sin respiración. Nos hemos (re)descubierto extremadamente vulnerables, un sueño colectivo de seguridad se ha hecho añicos: 
 
"Hemos vivido en el presente asfixiado de un globo sin ventanas que ha pretendido inmunizarse contra todo lo que queda afuera, lo que está más allá y que es distinto. Ha prevalecido la clausura, ha sacado ventaja la pulsión inmunitaria, la voluntad obstinada de permanecer intactos, íntegros, ilesos".

Pero, como advierte Donatella Di Cesare, la pretensión de no ser contaminadas es vana, ya que llevamos en nuestro interior "otras formas de vida": nuestra identidad misma es diversa, conformada por pertenencias distintas y no siempre armónicas, portamos la otredad en nuestro seno, tanto individual como social. Somos como los personajes de The Walking Dead que, a diferencia de lo que ocurre en otras historias de zombis, deben asumir que cada ser humano lleva en su seno el patógeno que lo convertirá en zombi minutos después de su muerte. "Nosotros somos los muertos vivientes". De ahí su crítica a la aspiración soberana, a la construcción de democracias inmunitarias, de la viropolítica fobocrática, en la que el gobierno del miedo favorece la aparición de líderes brutalistas.

¿Seremos capaces de desterrar de nuestras vidas el mito del "yo inmunitario", asumiremos que "el yo y el extraño están conectados en un intrincado juego", o continuaremos intentando regresar al viejo mundo de las apariencias de inmunidad, de las falsas seguridades construidas a expensas de la inseguridad de la mayoría de la humanidad? La pandemia nos ofrece la oportunidad para repensarlo:
 
"El virus inesperado ha suspendido lo inevitable de lo siempre igual, ha interrumpido un crecimiento que mientras tanto se había convertido en un crecimiento incontrolable, desmedido e interminable. Toda crisis tiene siempre la posibilidad de rescate, de redención, de liberación. ¿Se escuchará la señal? La violenta pandemia, ¿será también la oportunidad de cambiar? El coronavirus ha robado los cuerpos al engranaje de la economía. Tremendamente mortífero, no obstante también es vital. [...] El freno está activado: el resto depende de nosotros".

sábado, 19 de diciembre de 2020

El murciélago y el capital

Andreas Malm
El murciélago y el capital. Coronavirus, cambio climático y guerra social
Traducción de Miguel Ros González
Errata naturae, 2020 

"De no ser porque la economía humana ataca la naturaleza salvaje sin tregua, invadiéndola, recortándola, despedazándola, destruyéndola con un fervor que raya las ansias de exterminio, estas cosas no ocurrirían. Los patógenos no pasarían a nuestro cuerpo; seguirían viviendo plácidamente en sus huéspedes naturales. Pero cuando se acorrala a sus huéspedes, cuando se los estresa, expulsa y mata, los virus sólo tienen dos opciones: extinguirse o transmitirse".


Y, claro, su propensión es a transmitirse.

El coronavirus es una enfermedad zoonótica, es decir, una dolencia que ha pasado de animales a los seres humanos. En el caso de la covid-19 parece que el origen de la transmisión está en los murciélagos, que poseen una extraordinaria inmunidad a los virus. No es, por tanto, una creación científica, un invento, sino que forma parte de una amplia familia de virus como la enfermedad de Lyme, transmitida por las garrapatas, la toxoplasmosis de los gatos, la rabia transmitida por los perros, el ébola, el ántrax o la peste bubónica. Nada de un virus creado en un laboratorio que "se ha escapado" o "se ha liberado" con malévolas intenciones.

"En condiciones normales, los coronavirus y otros patógenos zoonóticos llevan una vida discreta en la naturaleza salvaje. Se buscan la vida una y otra vez en sus huéspedes naturales o 'reservorios': un animal que da cobijo al parásito y lo tolera, muchas veces sin verse afectado siquiera. A lo largo de millones de años, los virus también han evolucionado hasta establecer un modus vivendi con sus huéspedes: viven de manera permanente en su interior, pero sin matarlos, por la cuenta que les trae. Quizá, en alguna ocasión puntual, un par de monos o de ratones enfermen y mueran en el suelo del bosque, pero la generosa vegetación asimila sus cadáveres antes de que el ser humano se de cuenta".

Pero la distancia entre la naturaleza salvaje y la sociedad humana es cada vez menor. La deforestación y la fragmentación de los grandes bosques, su explotación cada vez más intensiva, el ecoturismo globalizado, multiplican los contactos entre humanos y animales potencialmente transmisores de virus, con lo que la cadena de la infección zoonótica se pone en marcha de forma cada vez más habitual.

Los llamados "mercados húmedos", arcas de Noé pesadillescas en las que se venden toda clase de animales salvajes para consumir su carne o utilizar medicinalmente sus cuerpos, son otra de las fuentes directas de zoonosis. Pero no equivoquemos el diagnóstico: el problema no está en el limitado consumo (más o menos) tradicional de algunos animales salvajes en ciertos lugares del mundo (el famoso pangolín consumido en China, que fue el primer sospechoso al inicio de la pandemia), sino en la consolidación de un siniestro "mercado de la extinción" impulsado por este turbo (y turbio) capitalismo que ha convertido el consumo ostensible o conspicuo una señal de distinción de la nueva clase ociosa global:

"El mercado de la extinción forma parte del estilo de vida del uno por ciento más rico, no representa la esencia de ninguna cultura nacional. Lo que desató por completo los vórtices en China fue precisamente la integración de la República Popular en el capitalismo globalizado: los circuitos de capital fluían en los mercados y los animales salvajes de todos los continentes se volvían accesibles gracias a los vínculos del comercio".

De manera que, al igual que ocurre con el cambio climático, la pandemia es el síntoma, la auténtica enfermedad es el capitalismo: "La acumulación descontrolada del capital es lo que zarandea con tanta violencia el árbol en el que viven los murciélagos y los otros animales. Y lo que cae es una lluvia de virus".

Y ambos, cambio climático y proliferación de pandemias, se encuentran poderosamente imbricados:

"Se diría que la economía humana ha decidido quitar la tapa del frasco de coronavirus y otros patógenos y vaciárselo encima. El cambio climático es el factor de estrés supremo. En el caso de los murciélagos, de un día para otro, los insectos desaparecen cuando más los necesitan, los huracanes destrozan sus nidos, las sequías obligan a las hembras que amamantan a volar más lejos en busca de agua, el tipo de estrés que, según se ha observado, provoca una excreción viral masiva".

Por ello, su propuesta es combatir el cambio climático mediante una estrategia de "comunismo de guerra" o de "leninismo ecológico" que, vinculando justicia medioambiental y lucha de clases, impulse un un movimiento capaz de forzar una rápida transición ecosocial que relegue los combustibles fósiles al pasado, destruyendo el capitalismo fósil. Aquí puede leerse una entrevista en la que Malm argumenta estas ideas. 

Un libro importante, de lectura obligada para cualquier persona preocupada por el futuro de la Humanidad y del planeta.

* - * - *

En las páginas 129 y 130 se reproducen sendos gráficos que, en realidad, son el mismo. Se trata de una errata, de la que ya he advertido a la editorial hace unas semanas. Se trata de dos modelos en los que el autor compara el desastre climático y el desastre pandémico, pero este segundo reproduce el primero. La figura correcta debe ser esta, tal como aparece en la edición original del libro de Malm (Verso, 2020).




miércoles, 8 de julio de 2020

Cómo la pandemia cambiará el mundo

Ivan Krastev
¿Ya es mañana? Cómo la pandemia cambiará el mundo
Traducción de Carmen M. Cáceres y Andrés Barba
Debate - Penguin Random House, 2020


Este breve ensayo es una de las reflexiones más interesantes de entre los muchos, excesivos, artículos y libros publicados al albur de la pandemia.

A pesar de que el autor duda de que el recuerdo de la pandemia perdura en nuestra memoria colectiva (la prueba es el olvido de la llamada gripe española, que entre 1918 y 1920 acabó con la vida de entre 50 y 100 millones de personas), ya que "no es fácil convertir una pandemia en una buena historia", está convencido de la COVID-19 "cambiará nuestro mundo de una manera profunda".

Krastev compara y distingue la pandemia de otras tres crisis que han afectado al continente europeo durante la última década: la amenaza terrorista, la crisis financiera y la crisis de los refugiados. En su opinión, se trata de un fenómeno esencialmente distinto, que no puede ser respondido, y de hecho no lo está siendo, mediante las políticas implementadas en los tres casos anteriores. Destacan dos diferencias fundamentales:

1. La pandemia ha generado un "nacionalismo de quédate en casa" que no se basa en el nacionalismo etno-cultural: "El extranjero ya no es la persona que no nació aquí, sino la que no está aquí en este momento: ahora importa más la residencia que el pasaporte". Recordemos, en este sentido, la polémica de la "madrileñofobia" o el blindaje, con cierre de accesos incluido, de las localidades turísticas para evitar la acupación de las segundas residencias.

2. Frente a la crítica de la política ý los políticos (la casta, no nos representan) y hasta de las y los técnicos (reducidos a siniestros tecnócratas, "hombres de negro") derivada de la crisis de 2008, crítica paradójica, ya que en su origen fue una crisis de los mercados no de los gobiernos, la crisis de la COVID-19 ha servido para poner en valor la intervención tanto del Estado como de las y los científicos.

Krastev considera que nos encontramos ante una oportunidad para repensar muchas cosas que hasta ahora se descartaban al considerarlas imposibles: "El capitalismo ha quedado temporalmente en suspenso", de manera que "todas esas medidas políticas que nuestros gobernantes llevaban años diciéndonos que eran imposibles e impracticables, al final son perfectamente posibles y practicables". Sin embargo, no deja de advertir de la posibilidad de que, cuando vayamos saliendo de la crisis y el recuerdo de la misma se diluya, retornemos al escenario político que se ha ido configurando en los años pasados: aunque "hoy por hoy, y a causa de la intensidad del miedo que genera la COVID-19, es el Gobierno y no la retórica populista quien se ha asegurado el éxito [...] cuando la fase más grave de la crisis actual haya acabado y la gente deje de temer por su vida, regresará el enfado y probablemente vuelvan a prosperar los pollíticos populistas como Marine Le Pen o matteo Salvini". Para combatir esta posibilidad, añado por mi parte, va a ser fundamental la manera en que la Unión Europea afronte la crisis socioeconómica asociada a o derivada de la pandemia.

El libro termina presentando siete paradojas derivadas de la pandemia. Destaco dos de ellas, que me parecen especialmente sugerentes:
  • "Ha acelerado la tendencia a la desglobalización que se había desencdenado con la Gran recesión de 2008-2009, sin dejar de mostrar al mismo tiempo los límites de la renacionalización".
  • "Ha puesto en suspenso la democracia, al menos en Europa, instaurando en muchos países el estado de emergencia. Pero al hacerlo, el deseo de la gente de tener un Gobierno más autoritario ha llegado a un límite".
Un ensayo ágil, que se lee con gusto y que ofrece muchas propuestas para seguir conversando.