Mostrando entradas con la etiqueta Alessandro Baricco. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Alessandro Baricco. Mostrar todas las entradas

jueves, 3 de junio de 2021

Lo que estábamos buscando: la pandemia como mito

Alessandro Baricco
Lo que estábamos buscando: 33 fragmentos
Traducción de Diana Agámez
Anagrama, 2021 

"Las criaturas míticas son productos artificiales con los que los seres humanos se dicen a sí mismos algo urgente y vital. Son figuras en las que una comunidad de seres vivos organiza el material caótico de sus miedos, creencias, recuerdos o sueños".


Sobradamente conocido como novelista (no solo es el autor de la inspirada y delicadísima Seda, también de Tres veces al amanecer o Novecento),  Baricco es también un consumado ensayista, como demostró con Los bárbaros o Next.

Este segundo Baricco es el que firma esta breve pero enjundiosa reflexión sobre la pandemia como mito, lo que no significa que no sea real. La Pandemia (Baricco escribe con mayúscula) toca tanto los cuerpos individuales como el imaginario colectivo, alineándose así "con las otras grandes criaturas míticas de las que se tiene memoria y se acepta por lo que realmente es: un contagio de mentes antes que de cuerpos".

La pandemia (la Pandemia) se convierte en epifanía, acontecimiento-revelación que nos ofrece la ocasión para detenernos y reflexionar sobre nuestra manera dominadora de estar en y con el mundo. Porque, como advierte Baricco, si bien "sería trágico considerar la enfermedad que mata como un castigo, [...] será imperdonable pensar, a partir de ahora, que algún tipo de inmunidad nos mantiene a salvo de las consecuencias de nuestros actos".

jueves, 21 de mayo de 2020

Novecento (de Baricco)

Alessandro Baricco
Novecento. Un monólogo
Traducción de Xavier González Rovira
Anagrama, 2013 (15ª edición; e.o. 1999)

"Puede parecer absurdo, pero era algo que podía ocurrir. Novecento no había tocado ni una sola nota fuera del Virginian, y sin embargo era un personaje célebre a su manera en aquel tiempo, una pequeña leyenda. Los que bajaban de aquel barco hablaban de un pianista que parecía que tuviera cuatro manos, por la cantidad de notas que tocaba".


Explica Baricco que escribió este breve texto para ser representado en un escenario, para un actor, Eugenio Allegri, y un director, Gabriele Vacis. Esta fue su primera vida: un monólogo teatral. En YouTube podemos encontrar diversos vídeos con su representación, como este en el que el narrador cuenta la experiencia de ver América el primero y por primera vez:

"El primero en ver América. En cada barco hay uno. Y no hay que pensar que son cosas que ocurren por casualidad, no..., y ni tan siquiera en cuestión de dioptrías: es el destino. Son gente que desde siempre tuvieron ese instante impreso en su vida. Y cuando eran niños, podías mirarlos a los ojos y, si te fijabas bien, ya veías América preparada para saltar, para deslizarse por los nervios y la sangre y yo qué sé, hasta el cerebro y desde allí a la lengua, hasta dentro de aquel grito (gritando), AMÉRICA, ya estaba allí, en aquellos ojos, desde niño, toda entera, América.
Allí, esperando.
Esto me lo enseñó Danny Boodmann T. D. Lemon Novecento, el pianista más grande que ha tocado en el océano. En los ojos de la gente puede verse lo que verán, no lo que han visto. Así decía: lo que veran.
Yo he visto muchas Américas...".

El grueso de la historia transcurre entre 1927 y 1933, a bordo del vapor Virginian, un barco que hacia el trayecto entre Europa y América, con un pasaje compuesto tanto por ricachones ociosos como por emigrantes en busca de un futuro mejor. En ese barco toca el piano Novecento y a su orquesta, la Atlantic Jazz Band, se incorpora como trompetista el narrador.

"Tocábamos tres, cuatro veces al día. Primero para los ricos de la clase de lujo, y luego para los de segunda, y de vez en cuando íbamos donde estaban aquellos pobres emigrantes y tocábamos para ellos, pero sin uniforme, tal como íbamos, y de vez en cuando tocaban ellos también con nosotros. Tocábamos porque el océano es grande y da miedo, tocábamos para que la gente no notaráel paso del tiempo, y se olvidara de dónde estaba, y de quién era. Tocábamos para hacer que bailaran, porque si bailas no puedes morir, y te sientes Dios. Y tocábamos ragtime, porque es la música con la que Dios baila cuando nadie lo ve.
Con la que Dios bailaría si fuera negro".

Novecento se convierte en una leyenda. Su origen mismo lo es, así como su virtuosismo al piano. Novecento jamás ha abandonado el barco, nunca ha bajado a tierra en ninguna de las escalas. Este es otro de los misterios que rodean al pianista del Virginian. En una ocasión se propuso hacerlo, en el puerto de Nueva York. Después de treinta y dos años de vivir en el mar. Pero...

En 1933 el narrador abandonó el buque para trabajar en tierra. Durante años perdió todo contacto con Novecento, hasta que un día recibió una carta de un antiguo tripulante del Virginian que le informaba de que el buque, muy deteriorado, iba a ser hundido en el mar. La tripulación había desembarcado en Plymouth... salvo el pianista, que había desaparecido como por ensalmo.

En 1998 Giuseppe Tornatore convirtió el texto de Baricco en una hermosa película, La leggenda del pianista sull'oceano (La leyenda del pianista en el océano), con música del maestro Ennio Morricone.

Maravillosa música, maravillosa película, maravillosa historia.

domingo, 22 de diciembre de 2013

La luz en la que se habita de joven




Hace días quería haber escrito unas líneas sobre el último libro de Alessandro Baricco, titulado Tres veces al amanecer (Anagrama, 2013). La editorial lo presenta así:

En una de las páginas de Mr Gwyn, la última novela de Alessandro Baricco, se aludía a cierta obra titulada Tres veces al amanecer, atribuida a un apócrifo autor angloindio, Akash Narayan. El afamado autor de Seda ha querido ofrecernos ahora esa obra, una secuela autónoma e independiente por completo (casi un mero pretexto, el punto de partida), un complejo mecanismo narrativo que hará las delicias del lector.
Dos desconocidos, un hombre y una mujer, se encuentran tres veces en el vestíbulo de un hotel, poco antes del amanecer. Cada encuentro es único, y primero, y último: aunque se trate de los mismos personajes, sus destinos se cruzan en tres momentos distintos de sus vidas. Son dos adultos, primero; luego, un anciano portero de noche y una adolescente; finalmente, un chico y una policía ya madura, según una lógica temporal que no es la que se manifiesta en nuestra rígida realidad, sino que sólo resulta viable en la privilegiada mecánica de la ficción. Cada encuentro exigirá de ellos una elección cuyas repercusiones conformarán el resto de sus vidas.
Estos tres relatos constituyen una novela posible que recrea el lector en su mente y que presenta algunos de los temas propios del autor: la posibilidad (o imposibilidad) del cambio, la arbitrariedad del destino humano o la responsabilidad hacia el prójimo, siempre a la luz difusa del amanecer, que sugiere y revela, descubre y perfila, colocando las cosas en su sitio en el momento de su aparición.

Tres relatos cortos que he leído, sí, tres veces.Tres relatos de encuentros y desencuentros entre mujeres y hombres, en situaciones insospechadas. Sorprendentes, emotivos, bellísimos tanto en su lenguaje como en su contenido.Pero soy baricconiano confeso, así que mi juicio debe ser tomado con cautela.
Sé, porque me lo han dicho, que hay lectores, buenos lectores, que no gustan de Baricco. Nunca lo hubiera sospechado. Por cierto, no sé de lectoras, de buenas lectoras, que no disfruten con su lectura. También las habrá, seguro, pero no conozco a ninguna. No sé por qué se me ha ocurrido esto. Tal vez porque las tres mujeres que co-protagonizan cada uno de los relatos son, cada una a su manera, tan fascinantes.

Si has leído algo de Baricco, habrás leído Seda. Si te gustó, te gustará Tres veces al amanecer. Si aún no has leído nada de este autor, su último libro es una perfecta puerta de acceso al universo baricconiano.
Tiene razón el crítico Manuel Hidalgo cuando escribe: "No he encontrado fácilmente un párrafo, unas líneas a destacar y glosar. Todo fluye, todo forma parte de un sostenido continuo". Característico del estilo de Baricco. Aún así, me animo a seleccionar un párrafo:

El hombre se lo pensó un rato. Luego dijo que hay que ir con cuidado, cuando uno es joven, porque la luz en la que se habita de joven será la luz en la que se va a vivir para siempre, y esto por una razón que él nunca había entendido. Pero sabía que era así. Dijo que muchos, por ejemplo, son melancólicos de jóvenes y entonces lo que les ocurre es que siguen siéndolo para siempre. O han crecido en la penumbra y la penumbra los persigue luego durante toda su vida. De manera que  hay que ir con cuidado con la maldad porque de joven parece un lujo que puede uno permitirse, pero la verdad es otra, y es que la maldad es una luz fría en la que todas las cosas pierden su color y lo pierden para siempre.

En el original italiano, editado por Faltrinelli:

L’uomo ci pensò un po’. Poi disse che bisogna stare attenti quando si è giovani perché la luce in cui si abita da giovani sarà la luce in cui si vivrà per sempre, e questo per una ragione che lui non aveva mai capito. Ma sapeva che era così. Disse che molti ad esempio sono malinconici, da giovani, e allora succede che lo rimangono per sempre. O sono cresciuti nella penombra e la penombra li insegue poi per tutta la vita. Così bisognava stare attenti alla cattiveria perché da giovani sembra un lusso che ti puoi permettere, ma la verità è un’altra, e cioè che la cattiveria è una luce fredda in cui ogni cosa perde colore, e lo perde per sempre.

jueves, 12 de marzo de 2009

Mutantes (II)


Si esta es la situación, ¿qué hacer? Es comprensible que nuestra primera reacción sea de rechazo, de crítica frontal o hasta de miedo:
"Tal vez sea un momento de ésos. Y esos a los que llamamos bárbaros son una nueva especie, que tiene branquias detrás de las orejas y que ha decidido vivir bajo el agua. Es obvio que nosotros, desde fuera, con nuestros pulmoncitos, tenemos la impresión de que se trata de un Apocalipsis inminente. Donde esa gente puede respirar, nosotros nos morimos. Y cuando vemos a nuestros hijos anhelando el agua, tenemos miedo por ellos, y ciegamente nos lanzamos contra lo que únicamente somos capaces de ver, esto es, la sombra de una horda bárbara que se aproxima. Mientras tanto, los susodichos niños, bajo nuestras alas, respiran ya con dificultad, rascándose por detrás de las orejas, como si ahí hubiera algo que necesitara ser liberado".
Pero el hecho es que todas y todos somos ya, de alguna manera, esos mutantes. “No hay fronteras, creedme –advierte Baricco-, no hay civilización de un lado y del otro bárbaros: existe únicamente el borde de la mutación que va avanzando, y que corre por dentro de nosotros”.
Somos mutantes, todos, algunos más evolucionados, otros menos: "hay quien está un poco retrasado, hay quien no se ha dado cuenta de nada, quien todo lo hace por instinto y quien es consciente, quien hace como que no lo sabe y quien nunca lo va a comprender, quien clava los pies en el suelo y quien corre alocadamente hacia delante. Pero ya estamos ahí, todos nosotros, a punto de emigrar hacia el agua".
Como señala Baricco, “no hay mutación que no sea gobernable”. Pero para gobernar la mutación en curso es preciso “abandonar el paradigma del choque de civilizaciones”, ya que “cada vez que alguien se levanta para denunciar la miseria de cada transformación en concreto, dispensándose del deber de comprenderla, la muralla se yergue, y nuestra ceguera se multiplica con la idolatría de una frontera que no existe, pero que nosotros nos jactamos de defender”.
Los mutantes son lo que ya somos o lo que seremos. No han surgido de la nada, sino de nosotros mismos, de lo que hemos hecho pero también de lo que hemos dejado de hacer. Somos nosotros, unos años más jóvenes.
Tomar conciencia de esta continuidad no significa aceptar acríticamente todo lo que está ocurriendo. “Dicho en términos elementales –concreta Baricco-, creo que se trata de ser capaces de decidir qué hay, en el mundo antiguo, que queramos llevarnos hasta el mundo nuevo. Qué queremos que se mantenga intacto incluso en la incertidumbre de un viaje oscuro. Los lazos que no queremos romper, las raíces que no queremos perder, las palabras que queremos seguir pronunciando y las ideas que no queremos dejar de pensar”.


Así pues, animémonos a “mirar esas branquias de cerca”. Como hacen el propio Baricco y Claudio Magris -“Soy más alérgico que tú a los bárbaros…”, confiesa el ensayista triestino, Premio Príncipe de Asturias de las Letras 2004- en una deliciosa conversación publicada por LETRAS LIBRES:

Mutantes (I)


“Me gustaría mirar esas branquias de cerca. Y estudiar a ese animal que se está alejando de la tierra, y que se está convirtiendo en pez […] Me gustaría estudiar a los mutantes con branquias para ver, reflejada en ellos, el agua con la que sueñan y que están buscando ” [Alessandro Baricco].


El escritor italiano Alessandro Baricco, sobradamente conocido por su maravilloso relato Seda, es también el autor de un provocador ensayo que ha titulado Los bárbaros (Anagrama, 2008) en el que trata de dar cuenta de la mutación que, en su opinión, se está produciendo en nuestras sociedades:
"Si tuviera que resumirlo, diría lo siguiente: todo el mundo percibe, en el ambiente, un incomprensible Apocalipsis inminente; y, por todas partes, esta voz que corre: los bárbaros están llegando. Veo mentes refinadas escrutar la llegada de la invasión con los ojos clavados en el horizonte de la televisión. Profesores competentes, desde sus cátedras, miden en los silencios de sus alumnos las ruinas que ha dejado a su paso una horda que, de hecho, nadie ha logrado, sin embargo, ver. Y alrededor de lo que se escribe o se imagina aletea la mirada perdida de exégetas que, apesadumbrados, hablan de una tierra saqueada por depredadores sin cultura y sin historia".
Estos “depredadores sin cultura y sin historia” sustituyen la cultura de calidad para sustituirla por otra al servicio del consumo y del comercio, una cultura caracterizada por la simplificación, la rapidez, la espectacularidad; habitan en Internet y respiran “con las branquias de Google”; prefieren la velocidad a la profundidad; el Facebook a la relación face to face; acumular experiencias por la vía del multitasking:
"El nombre se lo han dado los americanos: en su acepción más amplia define el fenómeno por el que vuestro hijo, jugando con la Game Boy, come una tortilla, llama por teléfono a su abuela, sigue los dibujos en la televisión, acaricia al perro con un pie y silba la melodía de Vodafone. Unos años más y se transformará en esto: hace los deberes mientras chatea en el ordenador, escucha el iPod, manda sms, busca en Google la dirección de una pizzería y juguetea con una pelotita de goma".
“Habitar cuantas zonas sea posible con una atención bastante baja”, en definitiva. Porque el movimiento mismo se convierte en un valor fundamental. El hábitat de estos desconcertantes mutantes que percibimos como bárbaros es un sistema de paso, es un mundo donde surfear:
"La superficie en vez de la profundidad, la velocidad en vez de la reflexión, las secuencias en vez del análisis, el surf en vez de la profundización, la comunicación en vez de la expresión, el multitasking en vez de la especialización, el placer en vez del esfuerzo. Un desmantelamiento sistemático de todas las herramientas mentales que heredamos de la cultura decimonónica, romántica y burguesa".
Estos son los bárbaros a los que se refiere Baricco. Algo distinto del “normal duelo entre generaciones, los viejos que se resisten a la invasión de los más jóvenes, el poder constituido que defiende sus posiciones acusando de bárbaros a las fuerzas emergentes, y todas esas cosas que siempre han ocurrido y que ya hemos visto mil veces”. Estos nuevos bárbaros no pretenden controlar los puntos estratégicos del mapa, sino cambiar ese mapa. Baricco relaciona la situación a la que hoy nos enfrentamos con otros momentos de nuestra historia: “Debió de suceder esto mismo en aquellos benditos años en que, por ejemplo, nació la Ilustración, o en los días en que el mundo entero se descubrió, de repente, romántico. No se trataba de movimientos de tropas ni tampoco de hijos que asesinaran a sus padres. Eran mutantes que sustituían un paisaje por otro, y que allí fundaban su hábitat”.

“Mutantes que sustituían un paisaje por otro, y que allí fundaban su hábitat”. Es una caracterización que a su elegancia expositiva une una profunda intuición que enlaza con una de las perspectivas analíticas de la sociedad actual más sugerentes: me refiero a la idea de la modernidad líquida propuesta y desarrollada por Zygmunt Bauman: los sólidos conservan su forma y persisten en el tiempo: duran, mientras que los líquidos son informes y se transforman constantemente: fluyen; vivimos en la era del cambio y del movimiento perpetuo.