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viernes, 15 de marzo de 2024

Ser y hacer comunidad acogedora

 


Comparto el texto a partir del cual planteé mi intervención en el TOPAKI 2024, encuentro de voluntarias y voluntarios de Cáritas Euskadi (Irún, 9 de marzo).

 

 

[1] Acoger es un verbo que indica relación. Acoger es cosa de al menos dos. Aunque quien acoge lo hace porque puede y quien es acogida o acogido lo es porque lo necesita, la acogida no admite jerarquías, es incompatible con el ejercicio de poder de una parte sobre la otra. Acoger no es simplemente recoger; acoger no es un acto de soberanía, de libertad absoluta por parte de quien acoge, que decide si lo hace o no, y cómo lo hace. Se recogen objetos, pero se acogen personas.

[2] La acogida no es un acto meramente instrumental (admitir, albergar, recibir o refugiar a alguien de cualquier manera) sino una acción fuertemente emocional, cargada de sentimientos. Acoger es acompañar y sentirse acompañada, es aceptar sin condiciones a la persona acogida, tal como es.

[3] Acoger no es escoger. No acogemos a quien nos interesa (por afinidad, simpatía o comodidad). No se elige acoger, la acogida se nos impone, aunque esta imposición sea, paradójicamente, libremente aceptada. Hay, debe haber, una disposición para la acogida previa al hecho mismo de acoger. Sin esta predisposición es muy improbable que la acogida se produzca. La predisposición a acoger es la de la persona samaritana que, cuando se encuentra inesperadamente con la persona caída en el camino, no duda, no tiene que plantearse nada, no tiene que calcular nada, no tiene que decidir nada porque ya tiene la decisión tomada: la persona y la comunidad acogedora ya tiene preparada una mirada, una palabra, un abrazo, un plato, una cama, un lugar al servicio de quien lo necesite.

[4] Escribe bell hooks en Todo sobre el amor: “Convendría empezar a considerar el amor como una acción más que como un sentimiento, puesto que de este modo asumiríamos automáticamente una parte de responsabilidad por ello”. Acoger es un acto de amor. Un acto que exige esfuerzo y compromiso por nuestra parte, un ejercicio de responsabilidad. Y la responsabilidad es una respuesta que no se explica ni se sostiene por nuestra libre y soberana voluntad, sino por el reconocimiento de una obligación para con el prójimo. En palabras de Simone Weil, “hay obligación hacia todo ser humano por el mero hecho de serlo, sin que intervenga ninguna otra condición, e incluso aunque el ser humano mismo no reconozca obligación alguna”. Esta obligación no se basa en una convención, es eterna e incondicionada. «Es preciso reconocer -escribe por su parte Franco Crespi- que la relación con el otro no depende de una elección personal; tenemos una deuda con él que hemos contraído aún antes de reconocer su existencia». En efecto, existe una trama de vinculaciones entre los seres humanos derivada de nuestra naturaleza social que nos compromete con unas obligaciones cuya ignorancia no exime de su cumplimiento. Una responsabilidad que puede llegar hasta el sacrificio del propio interés.

[5] Como dice Jean-Claude Carrière, todas venimos al mundo con la etiqueta de “frágil”. Somos humanas, humanos porque somos con otras y con otros. Todavía más: somos humanos gracias a otros, a cualquier otro. Somos humanas porque otras personas nos han ofrecido gratuitamente su amor, su cuidado, su atención. Lo que nos hace humanos no es la sangre o la cultura compartida: más allá del hecho físico del nacimiento, lo único que resulta absolutamente imprescindible para desarrollarnos como personas es que otras personas (no importa que no sean de nuestra sangre o de nuestra cultura) nos acojan con amor en unos momentos en los que somos absolutamente indefensos y dependientes. Somos “animales racionales y dependientes”. Las dos cosas. De la dependencia no se sale, con la dependencia se vive y, sobre todo, se convive, con el objetivo de mantener el mayor nivel de autonomía posible en cada situación o momento de la vida. De autonomía, no de independencia. Y porque somos constitutivamente dependientes, somos también necesariamente seres que recibimos y damos cuidados de manera permanente. No somos más ni mejores ciudadanas o ciudadanos cuanto menos practicamos el cuidado mutuo, al contrario: ciudadanía y cuidadanía son una misma cosa. Nos lo recuerda la politóloga Joan Tronto: “Una ética del cuidado es una aproximación a la vida personal, social, moral y política que parte de la realidad de que todos los seres humanos necesitamos y recibimos cuidado y damos cuidado a otras y otros. Las relaciones de cuidado son parte de lo que nos identifica como seres humanos”.

[6] En FRATELLI TUTTI el Papa Francisco afirma lo siguiente, vinculando esta encíclica con su anterior LAUDATO SI: “Cuidar el mundo que nos rodea y contiene es cuidarnos a nosotros mismos. Pero necesitamos constituirnos en un «nosotros» que habita la casa común”. Por su parte, la politóloga Joan Tronto, junto con otra autora, Berenice Fisher, definían así el cuidado hace ya unos años: “Una actividad de especie que incluye todo aquello que hacemos para mantener, continuar y reparar nuestro «mundo» de tal forma que podamos vivir en él lo mejor posible. Ese mundo incluye nuestros cuerpos, nuestros seres y nuestro entorno, todo lo cual buscamos para entretejerlo en una red compleja que sustenta la vida”. ¿Cómo andamos de cuidado en nuestras comunidades? En todos los niveles: en el personal, en el relacional, en el interno de la comunidad, en su entorno más cercano, más allá de este entorno local. ¿Cuáles son los tiempos y los espacios de nuestra vida? Cuando decimos que no tenemos tiempo, ¿a qué opciones estamos renunciando y por cuáles estamos apostando? ¿Cuáles son los espacios sociales en los que transcurre nuestra vida cotidiana? ¿En los espacios públicos, locales, físicos, comunes, compartidos, o en espacios privados, exclusivos, deslocalizados, virtuales? ¿Y cómo son los tiempos y espacios en nuestras comunidades parroquiales?

[7] Acoger demanda de nosotras y nosotros una cierta despreocupación por lo propio; nos exige des-ocuparnos de tantas preocupaciones y ocupaciones que no dejan espacio, ni mental ni físico, para hacer sitio a otras personas y a sus necesidades. “Vivir de una forma sencilla hace que amar sea fácil. La decisión de vivir con sencillez aumenta nuestra capacidad de amar”, dice bell hooks. Pero esto no es en absoluto sencillo, en estos tiempos dominados por la incertidumbre y los miedos, donde nuestra propia vida la experimentamos cargada de inseguridades y necesidades, siendo muy atractiva la tentación de pensar que la comunidad acogedora debe serlo, en primer lugar, para nosotras mismas, que debe ser una comunidad que nos resguarde, que proteja lo nuestro y a los nuestros. Surge aquí una pregunta esencial: ¿para qué queremos construir comunidad? ¿para quién? ¿para nosotras, para nuestra propia seguridad o satisfacción? Tenemos que diferenciar entre dos ideales de comunidad muy distintos:

·         Por un lado estaría la comUNIDAD: pensada y construida desde una perspectiva unionista, homogeneizadora, que privilegia el sujeto identitario (“¡Nosotros”) frente a los valores y los fines de la construcción comunitaria (un poco al modo del trumpismo y populismos similares, que enarbolan la bandera de volver a hacer grande, o fuerte, o unida, o segura la comunidad nacional sin preocuparse de por qué o para qué). Se trata de comunidades defensivas, temerosas, cerradas, excluyentes.

·         Por otro lado estaría la COMUNidad: imaginada y construida desde una perspectiva abierta a la complejidad y a la diversidad internas, también a las realidades exteriores a la propia comunidad. No se cierra, aspira a ser lo más incluyente posible, hospitalaria, acogedora, solidaria, servicial.

¿A qué tipo de comunidad aspiramos?

Por cierto: estamos a pocos metros de la frontera con Francia. Una frontera interior que no debería existir en la Unión Europea. Pero existe. Y mata. No como el Mediterráneo, como ese terrible Mare Mortum, pero sí por las mismas razones: las fronteras están ahí para nuestra protección. Por eso las fronteras políticas son, sobre todo, fronteras éticas, en las que se juega radicalmente la construcción de la comunidad, del Nosotras/Nosotros con el que nos identificamos y hacia el que nos sentimos responsables… o no. Os ruego un momento de reflexión, silencio y oración por las víctimas de esta y de todas las fronteras. Por nuestros hermanos Tessfit Temzide, Yaya Karamoko, Abdoulaye Koulibaly, Sohaïbo Billa, Ibrahim Diallo, Mohamed Kemal, Fayçal Kamadouche, Abderraman Bas…

[8] La predisposición a acoger es una invitación permanente para que quien nos necesite sepa con seguridad que va a contar con nosotras sin reservas, sin condiciones. Quienes preguntan “Señor, ¿cuándo te vimos hambriento o sediento, inmigrante o desnudo, enfermo o encarcelado y no te socorrimos?” (Mt 25, 44) lo hacen porque esperan que la persona necesitada se acomode a sus propias expectativas. ¡Si fuese un inmigrante, un pobre o un preso como imaginamos a Jesús claro que lo socorreríamos, faltaría más! Pero es que estas personas no parecen ser como Jesús, no nos gustan, nos incomodan… Deberíamos hacer el ejercicio de imaginar cuáles son las nuevas categorías de “hermanas y hermanos menores” de Jesús a quienes invisibilizamos en la actualidad, cuyas necesidades y sufrimientos desatendemos y por las que nos preguntarán el día del juicio.

[9] Y ahora, preguntémonos: ¿acogemos o escogemos? ¿acogemos sólo lo que nos va bien, lo que “nos encaja”, o nos desencajamos y nos encogemos para hacer espacio a cualquiera que lo precise? Porque excluir de nuestras comunidades a aquellas y aquellos que no encajan (porque tienen modos de vida alejados o incluso aparentemente opuestos a los nuestros) es, literalmente, excluir a Cristo.

[10] Acoger exige de nosotras, personas y comunidades cristianas, un ejercicio de encogimiento. Una comunidad acogedora es aquella que no recoge, que no escoge y que se encoge para hacer sitio a quienes acoge. Acoger es encoger(nos), apretarnos, asumir con alegría la incomodidad derivada de hacer sitio a las otras, a los otros, especialmente a quienes más lejos están de nuestra forma de entender y vivir la existencia.

[11] Acoger es, también, un acto espiritual. “Mi vida se sustenta sobre la convicción de que Dios es amor, que el amor lo es todo, que es nuestro verdadero destino. Afirmo estas creencias por medio de la meditación y la oración diaria, de la contemplación y la ayuda a los demás, de la participación en el culto y la disposición afectuosa hacia los que están cerca de mí” (bell hooks). Una mística de ojos abiertos, como la que nos propone Johann Baptist Metz: “La fe cristiana es, a no dudarlo, una fe buscadora de justicia. Ciertamente, los cristianos deben ser místicos, pero no exclusivamente en el sentido de una experiencia individual espiritual, sino en el de una experiencia de solidaridad espiritual. Han de ser «místicos de ojos abiertos». Son ojos bien abiertos los que nos hacen volver a sufrir por el dolor de los demás: los que nos instan a sublevarnos contra el sinsentido del dolor inocente e injusto; los que suscitan en nosotros hambre y sed de justicia, de una justicia para todos”.

[12] En Las gratitudes, un libro absolutamente recomendable, la escritora Delphine de Vigan cuenta la historia de Michka, una anciana francesa de origen judío que, de un día para otro, se ve ingresada en una residencia geriátrica cuando empieza a perder su autonomía. Siendo una niña, una familia la acogió, la ocultó entre 1942 y 1945, durante la ocupación nazi de Francia, y así pudo evitar su deportación a Alemania. Encontrar a aquella familia se ha convertido en el último objetivo de su existencia. La joven Marie es vecina y amiga de Michka. Esta cuidaba de ella cuando su madre se ausentaba y la dejaba sola en casa, a veces durante días. Fue Michka, que nunca quiso tener hijos ni formar una familia, quien actuó como una verdadera madre para Marie. Jérôme trabaja como logopeda en la residencia de Michka. Dos veces por semana se reúne con ella para intentar retrasar el avance de la afasia que hace que cada día le cueste más encontrar las palabras con las que comunicarse. Sus conversaciones con la anciana le llevarán a reflexionar sobre su relación con sus propios padres y acabará implicándose en la búsqueda de la pareja que protegió a Michka. Hay una rueda invisible que nos conecta en un ciclo de necesidades y favores, de ayudas y deudas. Esta breve novela es una conmovedora aproximación a la vejez, pero también una gozosa celebración de la humanidad, el compromiso y el amor. "¿Os habéis preguntado alguna vez cuántas veces en la vida habéis dado realmente las gracias? Unas gracias sinceras. La expresión de vuestra gratitud, de vuestro agradecimiento, de vuestra deuda. ¿A quién?".

[13] Yo hoy quiero daros las gracias a todas vosotras y a todos vosotros, personas voluntarias en Cáritas, “obreros de la caridad y sembradores de esperanza”, recogiendo la hermosa expresión utilizada por Francisco en su intervención con motivo del 50 aniversario de la fundación del Secretariado por la Justicia Social y la Ecología de la Compañía de Jesús, en noviembre de 2019. Pero sobre todo a vosotras, a las mujeres.

El domingo pasado, como hicieron también hace un año, nuestras hermanas del movimiento REVUELTA DE MUJERES EN LA IGLESIA se concentraron en diversas ciudades españolas. En su manifiesto decían, entre otras cosas, esto:

Queremos hacer visible nuestro trabajo incansable y gratuito. Las mujeres somos mayoría aplastante en el voluntariado, en las celebraciones religiosas, en catequesis, en pastoral, en la acción social con las personas más empobrecidas, en los movimientos eclesiales, en la enseñanza, en la vida religiosa… Somos las manos y el corazón de la Iglesia, pero se nos niega la palabra, tener voz y voto, la toma de decisiones y el liderazgo en los ámbitos oportunos, como se ha puesto de manifiesto, una vez más, en el Sínodo de la Amazonía. ¿Qué sería de la Iglesia y de las iglesias si dejáramos de hacer todos estos trabajos, porque estamos cansadas de la invisibilidad y de la injusticia?

Trabajamos en la Iglesia, porque es nuestra comunidad de referencia para vivir el Evangelio. Seguiremos trabajando en ella para que podamos recuperar la comunidad de iguales que trajo Jesús.

En el libro Espiritualidad y fortaleza femenina la teóloga María José Arana recuerda que el Libro del Éxodo contiene la historia de Sifra y Púa, dos comadronas egipcias encargadas por el faraón de asistir a los partos de las mujeres judías con la orden expresa de no dejar con vida a ningún varón. Y de cómo estas dos mujeres desobedecieron esa orden, arriesgando sus propias vidas, “porque temían a Dios” (Ex 1, 15-21). “Estas mujeres eran auténticas parteras, comadronas, que quiere decir, colaboradoras con la vida, ayudadoras en la venida del mundo”, escribe María José Arana; que continúa diciendo: “La complicidad solidaria de las mujeres es un acto valiente de piedad salvadora que, saltando por encima de las diferencias, de las leyes injustas, y arrostrando las dificultades, las amenazas y prohibiciones, posibilita la vida y abre la puerta de la historia de la gran liberación del pueblo judío, que reconocemos con el nombre de Éxodo. Estas mujeres posibilitaron el futuro, porque sin este acto, el pueblo judío hubiera sido totalmente suprimido”.

Un futuro que tuvo continuidad, de nuevo, gracias a otras dos mujeres egipcias, la hija del faraón y su doncella, que salvaron a Moisés a sabiendas de que era uno de esos niños hebreos que no debían vivir (Ex 2, 6). “Me parece muy importante subrayar –escribe María José Arana- cómo precisamente las mujeres no sólo violaron las leyes, sino que también […] saltaron por encima de las barreras sociales, raciales, religiosas…; desafiaron la realidad que se les imponía desde el poder y fueron capaces de tender puentes hacia los pueblos «enemigos»…, ayudando a que naciera una nueva vida donde los poderes y los varones habían programado simplemente la muerte”.

Como leemos en el relato de la resurrección que hace el evangelio de Lucas, “algunas mujeres nos han sobresaltado”. Fueron ellas las primeras que dieron testimonio de la resurrección, dando así inicio a lo que la muerte parecía haber finalizado. Siempre habéis sido creadoras y cuidadoras de la vida, barreras contra la muerte, generadoras de esperanza. Ayer y hoy. Fundamento de nuestras comunidades, tanto cristianas como sociales. Maestras de la acogida y el cuidado.

Gracias.


lunes, 6 de junio de 2022

La Bariega: 30 años caminando en fraternidad hacia la inclusión social. Aurrera!




 [I] 30 años son muchos años. Más para hacerlos caminando.

Hace treinta años comenzó a andar el Centro La Bariega, imaginado como un Centro Comunitario Abierto de Cáritas de la Unidad Pastoral de Sestao.

Centro Comunitario Abierto. No sé si os habéis parado a pensar en todo lo que se contiene bajo esta denominación. Seguramente sí, seguro que lo habéis pensado. Pero a veces las últimas personas en ser conscientes del alcance de sus acciones son las personas que las protagonizan. Especialmente cuando quienes lo hacen son la gente de a pie, la gente normal, que no aspira a hacer historia sino a hacer lo que debe hacer, que no hace las cosas para que su nombre sea recordado en el futuro sino para responder a los retos del presente.

Lo explicaba perfectamente Carmelo Corada en una conversación en Radio Popular: “queremos un proyecto fuerte, sólido, comunitario, de todo Sestao y para todo Sestao, abierto a la comunidad”.

Una comunidad abierta: suena muy bien, de hecho es como debe sonar, pero no es en absoluto sencillo lograrlo. Al contrario, y sobre todo en los tiempos actuales, las comunidades tienden a cerrarse sobre sí mismas, como protección de quienes están dentro.

Alguna vez he reflexionado sobre esto jugando con dos formas de entender la comunidad:

·        Como “conUNIDAD”

·        Como “COMUNidad”

Todo indica que La Bariega fue concebida como COMUNidad, como un espacio abierto, acogedor, incluyente.

Hace 30 años, a principios de los Noventa, Sestao era un municipio muy distinto del Sestao de hoy, en muchas cosas. También eran otras las circunstancias que llevaron a Cáritas a impulsar un proyecto como este, otras las personas que encontraron su espacio en La Bariega. Momentos distintos, perfiles distintos.

Hoy son otras las circunstancias, también las de las más de 80 personas a las que atiende el proyecto. Pero su razón de ser sigue siendo la misma: ser comunidad abierta.

¿Para hacer qué?

 

[II] “Caminamos despacio porque vamos lejos”. Uno de los lemas más conocidos y más hermosos del movimiento zapatista.

La Bariega lleva 30 años caminando despacio. Quien, sin conocer el proyecto por dentro, en toda su encarnadura, y se quede con la literalidad de lo que decís en vuestra información (muy escasa, por cierto: como se nota que, como buenas voluntarias y voluntarios de Cáritas lo que os interesa es ser conocidas por vuestras obras) es probable que piense que lo que hacéis es algo como de otros tiempos, como si os hubierais quedado por el camino.

Se trabaja principalmente en dos ámbitos de intervención: Promoción Social y Personal y Relaciones Familiares e Infancia. En el Área de Promoción Social y Personal se trabajan las capacidades de aprendizaje, la autonomía y el autocuidado, la comunicación, el sentido de pertenencia y la relacionalidad, la alfabetización digital, la activación sociolaboral. En el Área de Relaciones Familiares e Infancia se abordan cuestiones relativas al cuidado y educación de hijos e hijas, costura, cocina.

Con todo lo que ha cambiado el mundo en estos 30 años, ¿todavía estáis con esas cosas? Se trata de cosas muy básicas, aparentemente simples, sin glamour, sin brillo. En realidad, se trata de dimensiones y competencias fundamentales, los cimientos de una vida auténticamente humana: la autonomía personal y la vinculación social. Sin estos cimientos, todo lo que queramos construir (todos esos grandes conceptos como creatividad, emprendimiento, participación, desarrollo, activación, etc.) no será más que castillos en el aire.

Pero vosotras y vosotros sois más de tierra que de aire, sois caminantes, y caminantes por unos senderos no precisamente sencillos. Caminos sin asfaltar, empinados, poco iluminados. Esos son los caminos que habéis elegido y al recorrerlos habéis tenido la misma experiencia que tuvieron Cleofás y su compañero al hacer el camino que llevaba de Jerusalén a Emaús: por el camino os habéis encontrado con vuestro prójimo y, al hacerlo, habéis caminado con Jesús.  

Nunca os habéis quedado paradas ni os habéis confundido de camino. Camináis despacio porque vais muy lejos. Hacia la inclusión social, ni más ni menos.

Y la auténtica inclusión se construye desde la base, en la cotidianeidad, en el día a día, en el encuentro horizontal, entre iguales, en el reconocimiento. En fraternidad.

 

[III] 30 años caminando en fraternidad.

Caminar juntas, caminar muchas, hacerlo sin dejar a nadie atrás, al ritmo de quienes, por la razón que sea, necesitan ir más despacio.

Esto es algo que siempre me ha gustado del montañismo, avanzar juntas, cada uno con nuestro propio ritmo, pero intentando acompañar a quien avance más lento. Parando tantas veces como sea necesario para reagruparnos. Porque el objetivo no es llegar rápido, ni siquiera llegar, sino llegar todas y todos.

No es fácil hacerlo. Vivimos tiempos en los que la velocidad, la rapidez, el éxito, son la norma. Pero se trata de una norma que crea, necesariamente, exclusión. Son muchas las circunstancias de la vida que hacen que caminemos más despacio, que nos extraviemos en el camino, incluso que tengamos que detenernos. El camino de la vida es muy complicado; lo sabéis bien por experiencia.

No se trata de que haya personas rápidas y personas lentas. Todas y todos tenemos momentos en nuestra vida en los que podemos avanzar más rápidamente, y otros muchos en los que las fuerzas parecen abandonarnos y las piernas y los pulmones no nos responden.

Somos seres frágiles, vulnerables. Esto no es una debilidad, sino la condición humana. Caemos enfermas, nos deprimimos, sufrimos pérdidas, necesitamos apoyo, una palabra amable, una mirada de cariño.

Por eso no entiendo la moda actual de las carreras de montaña. Yo soy más de caminar en grupo, disfrutando de la compañía, apoyando y sintiéndome apoyado. Como hacéis vosotras y vosotros. Como lleváis haciendo desde hace 30 años.

Por cierto: antes me he referido al lema zapatista de caminar despacio porque vamos lejos. Pues resulta que el movimiento zapatista llama “Caracoles” a los territorios y los municipios sobre los que tiene influencia y a partir de los cuales ha querido construir otro Méjico posible.

¿No os parece que La Bariega es un poco esto, un “caracol”? Porque avanza despacio, paciente, pero avanza sin desánimo: ¡30 años ya, y los que vendrán!

Porque, como la concha de los caracoles, La Bariega es un hogar, una casa para quienes necesitan reconocimiento, acogida, apoyo.

Y porque La Bariega, como tantas iniciativas de solidaridad sostenidas por el voluntariado social, es un territorio de posibilidades, una zona liberada, en el sentido en que utilizaba esta expresión mi querido y recordado amigo Chema Mardones. Decía Mardones que la tarea que hoy nos desafía es la de crear «espacios verdes» en los que se ponga de manifiesto la posibilidad de otro estilo de vida; «nichos ecológicos» en los que pueda sembrarse y madurar una alternativa cultural y de valores a esta sociedad del tener: «Frente al carrerismo, la competitividad, el consumo, el afán de dinero, el exhibicionismo y la banalidad del yuppismo neoconservador, hay que presentar el atractivo de la vida sencilla, austera, centrada en el ser uno mismo radicalmente, en el encuentro con los otros y la solidaridad con los dolientes y menos favorecidos de nuestro tiempo.» Zonas liberadas en las que sea realmente posible hacer que florezca lo inédito viable de la realidad (Paulo Freire).

  

[IV] Ha querido la casualidad que estemos celebrando este aniversario en una Escuela de Música.

Construir comunidad es como componer un canto o una melodía, como formar una coral o una orquesta. Exige combinar diversidad y unidad para evitar la cacofonía y lograr la polifonía.

Sestao es hoy más diversa que hace 30 años, cuando ya lo era, y mucho. Nuevas diversidades colorean sus calles. Pero las necesidades y las aspiraciones de quienes las caminan son básicamente las mismas: reconocimiento, acogida, apoyo, acompañamiento, encuentro, participación.

La Bariega es mucho más que un buen lugar, que un buen espacio físico. Es un camino, es una sinfonía. Por muchos años.

jueves, 19 de mayo de 2016

Reconstruyendo capacidades endógenas


El martes nos juntamos 40 o 50 personas en la Casa de Cultura de Sodupe para empezar a pensar sobre las posibilidades de impulsar proyectos de desarrollo rural en la comarca de Encartaciones. Se trata de un territorio extenso, pero con poca población, con déficits históricos de identidad y graves problemas socioeconómicos. No se trataba de arreglar todo esto, pero sí de empezar a abordar esta situación desde claves nuevas y con voluntad de continuidad. Lo que nos contaron las mujeres de  El Colletero resultó especialmente iluminador. También fue muy interesante escuchar las experiencias de Muskilu y de Alkarlanda.
Por mi parte, tan sólo pretendía delinear un marco que nos permita sostener que pensar en clave de desarrollo endógeno no es querer volver al pasado, sino situarse decididamente en una apuesta de futuro. Este es el guión en el que basé mi intervención, titulada RECONSTRUYENDO CAPACIDADES ENDÓGENAS: EL DESARROLLO LOCAL COMO PROYECTO DE SOCIEDAD:

[1] En el principio fue la suficiencia. Max Weber en La ética protestante y el espíritu del capitalismo:

El primer enemigo a la vista contra el cual hubo de luchar el “espíritu” capitalista —considerado como un nuevo tipo de vida con sujeción a ciertas reglas, subordinado a una “ética específica— fue aquel hecho, parecido en mentalidad y en conducta que podría calificarse como “tradicionalismo” […] la aspiración del individuo no es ganar más y más dinero, sino continuar su existencia pura y llanamente como siempre lo hizo, obteniendo sólo lo necesario para pagar sus gastos.

Esta idea de la suficiencia es recuperada ahora por Robert Skidelsky y Edward Skidelsky en su libro ¿Cuánto es suficiente?.

En tiempos de Keynes, el comercio era, en general, complementa­rio; ahora es, en su mayor parte, competitivo. Los capitalistas de los países ricos han estado externalizando la fabricación y algunos servi­cios a los países pobres, donde la mano de obra es mucho más barata. Estos bienes y servicios más baratos son luego importados a los países ricos. En estas condiciones, el libre comercio es a costa de empleos en los países ricos, ya que los salarios no pueden ser lo bastante flexibles para mantener un pleno empleo continuo en un escenario de compe­tencia por sueldos bajos. E incluso aunque los empleos destruidos pue­dan siempre reemplazarse, sigue vigente la cuestión de si los nuevos empleos son de la misma calidad que los antiguos.
El libre comercio no es necesariamente beneficioso tampoco para los países pobres. El mayor problema es que les impide proteger sus incipientes industrias. [...] Ningún país se ha con­vertido en rico con un régimen de libre comercio. Han entrado en el mercado global desde un punto de partida de riqueza inicial, no de po­breza.
La conclusión que extraemos es que, para cumplir los requisitos de la buena vida, tendremos que apartarnos de las orillas de la integración económica, al menos mientras la igualación de las situaciones de unos y otros países sea una realidad, no una simple aspiración. Los países desarrollados deberán basarse en mayor medida en sus propios medios de producción para satisfacer sus necesidades; las economías de merca­do en vías de desarrollo deberán abandonar sus modelos de crecimien­to de la exportación, que se apoyan en una demanda de consumo en perpetuo crecimiento en los países desarrollados. Si los países ricos se integran menos con los pobres, lo más probable es que estos salgan beneficiados. Aun deberíamos, sin embargo, mantener nuestros mercados abiertos a los países más pobres de África, lo que puede hacerse prácticamente sin coste para nosotros. La dimen­sión de la economía de la totalidad del África subsahariana es menor que la de Bélgica.
Vamos a retroceder momentáneamente. En el mundo de la suficien­cia imaginado por Keynes, la rentabilidad de las inversiones cae hacia cero. El principal objetivo del ahorro sería cubrir las necesidades de la vejez y reemplazar productos ya existentes. El desarrollo de nuevos productos podría generar algunos beneficios. Sin embargo, en estas condiciones, el principal incentivo para «seguir teniendo determina­ción económica para otros después de que haya dejado de ser razona­ble para uno mismo» sería ayudar a los más pobres a escalar hasta el nivel de suficiencia que nosotros ya hemos alcanzado.


[2] Principio ético y ecológico. Límites al crecimiento, insostenibilidad de nuestros modos de vida.

Gandhi hablaba del swadeshi o autosuficiencia. Diseñada inicialmente como una forma de oposición al dominio británico, esta idea, consistente en no comprar productos textiles importados promoviendo la producción propia de la ropa (la famosa imagen de Gandhi con la rueca), generó la fundación de numerosas asociaciones comunales, cuyo objetivo era lograr su autosuficiencia en la mayoría de los bienes de consumo que una persona necesita.
Uno de los principios básicos de Gandhi es que "la tierra proporciona lo suficiente para cubrir las necesidades de todos los hombres, pero no la codicia de cada hombre". Dada la escasez de los recursos, la producción no puede aumentar indefinidamente. La psicología de la abundancia es un fenómeno irracional. Los principios fundamentales de la actividad económica se basan en las necesidades y no en la abundancia. La abundancia genera desigualdad ya que está basada en distorsiones. La codicia procede del deseo de obtener la abundancia. Aquí, la psicología puede desempeñar un papel crucial. Los valores que condicionan el espíritu pueden cambiar los comportamientos humanos. El objetivo gandhiano de lograr el swaraj (cada país alcance la independencia económica) proporciona límites a las necesidades humanas).

Pensemos en nuestra huella ecológica. “La Comunidad Autónoma del País Vasco muestra unas pautas de consumo globalmente insostenibles, pues para satisfacer sus necesidades está comprometiendo recursos de otras regiones o de otras generaciones. Esto supone que si todos los habitantes del planeta siguiesen las mismas pautas de consumo que los habitantes de la Comunidad Autónoma del País Vasco, la superficie biológicamente productiva del planeta debería ser 2,5 veces mayor que la disponible”. IHOBE, La huella ecológica de la CAPV (2005).

¿Exige esta perspectiva de desarrollo endógeno el decrecimiento y la desurbanización. Cuestión a deliberar, en debate. Lo que está claro es que exige cambios profundos en nuestros modelos de organización del territorio, la producción y el consumo. ¿Cuánto de profundos? Distintas perspectivas:

- Quizá podamos capear el derrumbe erigiendo estructuras pequeñas, autónomas, que dañen lo menos posible el medio ambiente. Es una labor que se logrará mediante la creación de comunidades que, si disponen de una agricultura sostenible, puedan en la medida de lo posible apartarse del consumismo y ser en gran medida autosuficientes. (Ch. Hedges, La muerte de la clase liberal, Capitán Swing, 2015).

- En nuestras latitudes, el modelo de ordenación del territorio que se ha demostrado sostenible durante siglos es el mosaico conformado por áreas agrícolas, forestales y pastos unidos por márgenes, acequias, ríos, etc. y, entre medio, los núcleos urbanos compactos y complejos (el grado de complejidad funcional y de diversidad de actividades ha dependido siempre del tamaño poblacional) que en el territorio se configura como una red polinuclear de pueblos y ciudades. Hacer más campo y a la vez más ciudad, sería la síntesis de los dos modelos, el urbano y el territorial, en tránsito hacia la sostenibilidad. La experiencia demuestra que estos dos modelos pueden mantenerse y desarrollarse si el modelo de movilidad potencia la configuración de nodos o núcleos urbanos, frenando el paso a la dispersión urbana.
El refuerzo del carácter polinuclear del modelo de implantación urbana requiere crear 
nuevas centralidades en las tramas de baja densidad mediante la introducción de actividades y la redensificación de áreas determinadas. (Libro Verde de medio ambiente urbano. Ministerio de Medio Ambiente, 2007.

[3] Basar todas nuestras apuestas de futuro en la competencia exterior y en atraer factores exógenos (inversiones, marca ciudad, atractividad, etc.) es arriesgarlo todo en un juego incontrolable. Capitalismo de casino.

La consejera de Desarrollo Económico y Competitividad, Arantza Tapia, ha calificado hoy de "decepcionante" la actitud de ArcelorMittal, a la que ha exigido un "plan conjunto" sobre todas sus plantas en Euskadi y que "facilite" la entrada de "otros agentes" que "pudieran estar interesados" en continuar con la actividad (Deia, 14 de Mayo de 2016).

Ya conocemos bien esa experiencia en Enkarterri: Pealpack y Alipack, Reckitt, Pastguren, Virtisu.

Creciente disociación entre crecimiento económico y bienestar social.

- Wilkinson y Pickett, Desigualdad: El bienestar promedio de nuestras sociedades ya no depende del ingreso nacional o del crecimiento económico. Eso es muy importante en países pobres, pero no el mundo desarrollado. Sin embargo, las diferencias entre nosotros y dónde nos ubicamos en relación con unos a otros ahora importan muchísimo.

- Entre 2007 y 2013, los años más duros de la crisis, la riqueza privada en Europa ha pasado de 54,5 billones de euros a 56 billones de euros: 1,5 billones de euros más. Informe del banco de inversiones suizo Julius Baer.

[4] Problema de escala: más fácil ser autosuficientes a unas escalas que a otras. A escala comarca, podemos aspirar a reducir nuestra exodependencia. ¿Como avanzar en este camino en Encartaciones?

· Aprender de otras zonas. Buenas prácticas. Algo de lo que vamos a hacer hoy con las experiencias que se van a presentar. Másinformación:
http://www.magrama.gob.es/es/desarrollo-rural/publicaciones/publicaciones-de-desarrollo-rural/LIBRO_EXPERIENCIAS_INNOVADORAS_RRN_tcm7-209976.pdf
Revista Desarrollo Rural y Sostenible. http://www.magrama.gob.es/es/ministerio/servicios/publicaciones/rev_numero_art.asp?codrevista=DRS
1erSimposio Ibérico “Agroecología, Municipalismo y Desarrollo Rural: Experiencias de valor y estrategias de apoyo al autoempleo y transición agroecológica”. Lugo, 12 y 13 diciembre 2014. http://www.tierrasagroecologicas.es/web/wp-content/uploads/2015/04/Documento-sintesis-simposio-Lugo-vweb3.pdf

- Desarrollar una cultura de la sistematización de prácticas.
Sistematización de Experiencias Locales de Desarrollo Rural. Guía Metodológica Revisada y Aumentada, Berdegué, Julio A.; Ocampo, Ada; Escobar, Germán. http://preval.org/files/guia_metodologica.pdf
Daniel López y Guillem Tendero, Sembrando Alternativas. Un pequeño manual práctico para la Dinamización Local Agroecológica (2013). https://seminariodlae.files.wordpress.com/2013/11/manual-dlae-2013.pdf
Daniel López García. Lo agrario... ¿pertenece al pasado o al futuro?, Papeles de relaciones ecosociales y cambio global Nº 131 2015, pp. 61-72. http://www.revistapapeles.es/detalle.aspx?content=137

· Conectar necesidades sociales no cubiertas por el mercado con capacidades no demandadas por el mercado – Nuevos yacimientos de empleo. Impulsar un diagnóstico propio para la comarca.

· Conectarse, acumular fuerzas, empezando por lo más próximo: participar en los Landa Topaketa, espacios de encuentro e intercambio entre el tejido vasco relacionado con el desarrollo rural y la agricultura sostenible (tanto a nivel mundial como vasco). El último celebrado el 14 del pasado mes de abril. http://www.elankidetza.euskadi.eus/x63-content7/es/contenidos/informacion/encuentros/es_def/index.shtml

· Construir poder social y político. Influir sobre las políticas públicas. Influir sobre las dinámicas económicas. Vía campesina. http://viacampesina.org/es/

[6] Cuestión de valores. Opción vital. Compromiso con el lugar en que habitamos..

Abandonar la perspectiva de la escasez incorporada en la economía, que hace que idolatre la eficiencia. En vez de eso, nos pre­guntamos: ¿cómo puede una sociedad que ya tiene «suficiente» pen­sar acerca de la organización de su vida colectiva?.
Este libro pretende contribuir a que hagamos un replanteamiento de lo que queremos de la vida: para qué sirve el dinero y qué significa «buena vida».
¿Exigiría este cambio de dirección el apoyo de la religión? Posible­mente. ¿Podría una socie­dad completamente desprovista de impulso religioso despertarse y lan­zarse a la búsqueda del bien común? Lo dudamos (SKIDELSKY).
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Espero que la gente de Cáritas Encartaciones continúe con la iniciativa, y que las personas que asistieron a la jornada (entre ellas algún alcalde, lo cual es muy de agradecer, pero también jóvenes con proyectos agroecológicos, veteranos ganaderos con ganas de seguir manteniendo vivos sus terrenos y actividades) se animen a acompañar y liderar la iniciativa. Habrá que hacer experimentos, o innovación social, como ahora decimos.

domingo, 30 de marzo de 2014

Crisis y necesidades básicas

Mucho tiempo sin escribir. La verdad es que entre las clases de grado, másters y cursos, charlas, conferencias y otras cosas de la vida, este mes ha sido complicado. A ver si vuelvo a coger el pulso al blog.

El jueves participé en una mesa redonda organizada por Cáritas sobre la cuestión de las necesidades básicas y la mejor manera de responder ante ellas, junto con Paco Cristobal y Belén Rodero. El vídeo de la jornada puede verse aquí o aquí: http://new.livestream.com/accounts/1713779/events/2867660 

El VIII Informe del Observatorio de la Realidad Social elaborado por el Equipo de Estudios de Cáritas Española es realmente duro.
Como lo es el informe de Cáritas Europa sobre el impacto social de las medidas de austeridad aplicadas en los países más golpeados por la crisis, informe que confirma una vez más que las medidas de austeridad han fracasado a la hora de solucionar los problemas y generar crecimiento y que son las personas más vulnerables quienes están pagando las consecuencias de la crisis.

La respuesta del ministro Montoro -"Esto de que la pobreza en España se erradica con un poco más de presupuesto público está bien para las sociedades centralizadas", pero no para España- ha entrado a competir en el concurso a la declaración política más infame, hasta ahora liderado por Rafael Hernando
Me alegra mucho que Pérez Rubalcaba se apunte en esta ocasión al análisis de Cáritas. .Es una pena que no hiciera lo mismo cuando era ministro