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lunes, 3 de octubre de 2022

Greenwashing en Euskadi

Hoy en EL CORREO aparecen anunciadas, a página completa, dos actividades sobre turismo y movilidad sostenibles, una en Vitoria-Gasteiz, otra en Bilbao. Con amplia presencia de grandes empresas y apoyo explícito del Gobierno Vasco.

 
Tenemos claro que es mentira, ¿no? Que no hay turismo sostenible (¡si hasta lo decía el propio diario en su suplemento XL SEMANAL!) y que si por movilidad o infraestructuras sostenibles entendemos lo que la Diputación Foral de Bizkaia está haciendo en Bolintxu para seguir alimentando el transporte privado, apaga y vámonos.
 

Se llama greenwashing o, en román paladino, ecoblanqueo. Utilizar falazmente conceptos del ecologismo para reventar desde dentro su capacidad critica. Lo mismo que la idiota ocurrencia de la casa Balenciaga montando su desfile de moda en París en un escenario embarrado. ¿Reflexión sobre el lujo? ¿blasfemia? ¿provocación? Socialwashing, greenwhashing... idiotismo moral. Habrá que preguntar a las mujeres que han tenido que limpiar el escenario tras el show...

martes, 19 de diciembre de 2017

Otros caminos

Ya están disponibles los cuadernillos resultado del Seminario de reflexión promovido por ALBOAN entre febrero 2016 y febrero 2017, en el que un grupo de 20 personas de diferentes ámbitos (social, universitario, empresas y administración pública) hemos dialogado sobre procesos sociales de cambio que se están dando en la actualidad y de qué manera pueden contribuir a la transformación de la lógica económica generadora de injusticias y desigualdades.
Versión en castellano: https://www.alboan.org/es/multimedia/publicaciones/investigaciones

Lo alternativo: el futuro común deseable y posible

Versión en euskera: https://www.alboan.org/eu/multimedia/publicaciones/investigaciones

miércoles, 29 de noviembre de 2017

Sobre centros de interpretación ambiental y desarrollo

Mesa 1. LOS CENTROS DE INTERPRETACIÓN AMBIENTAL Y RECUPERACIÓN DE LA FAUNA: HACIA UNA EDUCACIÓN AMBIENTAL TRANSFORMADORA
ÉTICA DEL DESARROLLO
Imanol Zubero
Universidad del País Vasco / Euskal Herriko Unibertsitatea
Bilbao, 28 de noviembre de 2017


IMPORTANCIA DEL DIAGNÓSTICO
Al finalizar su libro El optimista racional, Matt Ridley escribe: “El experimento seguirá su camino. Mientras se permita, en algún lugar, que florezcan el intercambio y la especialización humanos, la cultura evoluciona independientemente de la ayuda o los obstáculos de los líderes, y el resultado es que la prosperidad  se expande, la tecnología progresa, la pobreza declina, la enfermedad se reduce, le fecundidad cae, la felicidad se eleva, la violencia se atrofia, la libertad crece, el conocimiento florece, el medio ambiente mejora y la naturaleza se extiende” [1]. Es la apoteosis de la catalaxia, ese concepto propuesto por Ludwig von Mises para describir el beneficioso orden espontáneo creado por el intercambio y la especialización[2].
Frente a la perspectiva cataláctica, muchas personas piensan y trabajan desde el paradigma del colapso [3].  “Estamos viviendo un momento de cambio de la civilización”, sostiene Chris Hedges. “Cuando se agote el crédito para el ciudadano medio, cuando un paro masivo cree una clase marginal permanente y enrabietada, cuando desaparezcan los productos fabriles baratos que son el opio de nuestra cultura consumista, cuando el agua y el suelo estén tan contaminados o degradados que no puedan mantener bolsas de vida humana, probablemente evolucionaremos hacia un sistema muy parecido al totalitarismo clásico, caracterizado por despóticos reinos de taifas” [4].
En principio, situados entre la catalaxia y el colapso diríamos que “la virtud está en el medio”, que ni una cosa ni la contraria. Sin embargo, se trata de perspectivas inconmensurables, entre las que no cabe hacer una media.
Es probable que la perspectiva “colapsista” nos resulte tan impensable que inmediatamente quede fuera de nuestra consideración. No sólo en el caso de que seamos economistas neoclásicos. Como analiza Robert Nisbet en un libro convertido en clásico, la idea de progreso, es decir, la creencia en que “la humanidad ha avanzado en el pasado […] y que sigue y seguirá avanzando en el futuro”, es la “fe” moderna por excelencia, “tan evidente como cualquiera de los postulados de Euclides al menos hasta comienzos de nuestro siglo [XX]” [5]. Por su parte, Gilbert Rist considera que el desarrollo “forma parte de nuestra religión moderna”, conformando “una creencia y una serie de prácticas que forman un todo  a pesar de sus contradicciones” [6]. La fe en el progreso y el desarrollo continuos es nuestro marco interpretativo por excelencia.
La pregunta inicial es evidente: ¿desde qué perspectiva nos aproximamos a la gestión de los espacios naturales?
Si estamos en la era de la sexta extinción, hay que coincidir con Edward O. Wilson cuando en su último libro escribe que “el mundo decadente de la biodiversidad no puede salvarse sólo con las operaciones fragmentadas que se están llevando  a cabo en la actualidad” [7].
EL TAMAÑO IMPORTA
El pasado domingo, la organización World Wildlife Found junto con la Fundación Lurgaia organizó la "Plantación en Red", acción reivindicativa con la que se quiere concienciar sobre la necesidad de mantener conectados los bosques. Para ello, es plantaron en la Reserva de Urdaibai 600 ejemplares de robles, abedules o serbales, que en el futuro se convertirán en un bosque de casi una hectárea (lo que equivale a dos campos de fútbol), y poder así "juntar los espacios que están aislados creando pasadizos que posibiliten a la flora y fauna esparcirse" [8].
Un cambio en el área del hábitat conlleva un cambio en el número sostenible de especies, cercano a la raíz cuarta: según esto, una eliminación del 90% del área hace descender hasta el 50% el número de especies que puede sobrevivir de manera sostenible (Wilson, p. 251).
Por eso, su propuesta es destinar a la naturaleza la mitad del planeta, como única forma de salvar la biodiversidad del mismo y, de esta manera, “conseguir la estabilidad necesaria para nuestra propia supervivencia” (p. 14). Según los cálculos que expone, de esta manera se podría garantizar la estabilidad del 80% de las especies. Hay que tener en cuenta que, en la actualidad (datos de 2015), el total de las reservas naturales del mundo ocupan poco menos del 15% del área terrestre y del 2,8% del área marítima del planeta (p. 251).
Erle C. Ellis, científico medioambiental de la Universidad de Maryland que investiga la cuantificación del Antropoceno identificando aquellas formas naturales y ecosistemas que se han visto transformados o desplazados fuera de su hábitat original por la acción humana [9], nos conmina provocadoramente a asumir que habitamos irreversiblemente en la “Edad de los Humanos”: “Dejad de intentar salvar el planeta”, escribe: “La naturaleza ha desaparecido. […] Estáis viviendo en un planeta gastado. Si eso os molesta, intentad asumirlo. Ahora vivimos en el Antropoceno –una época geológica en la que la atmósfera, la litósfera y la biosfera de la Tierra están determinadas por fuerzas humanas” [10].
En esta línea, los científicos que defienden el paradigma de la “nueva conservación” rechazan la idea de que exista algo así como una “naturaleza prístina”, considerando que “nature can prosper so long as people see conservation as something that sustains and enriches their own lives. In summary, we are advocating conservation for people rather than from people” [11].
Mi temor, el expresado por Bernard Charbonneau, geógrafo e historiador francés, fundador con Jacques Ellul del Comité de Defensa de la Costa de Aquitania: que después de haber arrasado la naturaleza, la sociedad industrial termine de aniquilarla “protegiéndola”, organizándola [12]. “El parque nacional es un absoluto artificio […] no es naturaleza. Es un parque, un producto de la organización social: el parque público de la ciudad total”, sostiene (p. 230)
NO SE PUEDE ECHAR LA BRONCA POR LA FALTA DE PUNTUALIDAD A QUIENES ESTÁN PRESENTES, PERO…
“La denominación centro de interpretación no es la mejor, pero en Aragón también ha calado Al igual que en otros lugares, en Aragón han proliferado los denominados centros de interpretación de medio ambiente y sostenibilidad. ¿Nos ponemos de acuerdo en el nombre? ¿Centro de visitantes de…? ¿Centros de acogida de visitantes…? ¿Centro de interpretación de…? ¿Ecomuseo de…? ¿Museo de …? ¿Casa de…? ¿Un nombre propio y original? Demasiado tarde y demasiado difícil” [13].
En efecto, la tarea de los centros de interpretación y recuperación medioambiental resulta complicada en extremo, complicación que no sólo se refleja en sus problemas de denominación.
Cometido complejo. Mezcla de objetivos y lógicas. Los centros de interpretación como herramientas de conservación y de desarrollo. ¿Es posible lograr ambos objetivos? ¿Con este modelo de desarrollo?
EL PAPEL DE LA ÉTICA DEL DESARROLLO
“La clave para salvar la mitad del planeta es la huella ecológica” (Wilson, p. 255). Frente a la tentación neomaltusiana, con su corolario perverso de condenar la superpoblación de los pobres al tiempo que se salva el sobreconsumo de los ricos [14], Wilson considera que “la humanidad parece haber ganado la partida demográfica” (p. 256). Lo llamativo es que también parece considerar que igualmente está ganada la batalla del consumo: “la huella ecológica va a evolucionar, no para demandar cada vez más espacio, como podría pensarse en un principio, sino cada vez menos” (p. 257-258). ¿La razón de este optimismo?
La razón está en la evolución del sistema de libre mercado y en la forma en que está influido por la alta tecnología. Los productos más competitivos en estos momentos y en el futuro son aquellos cuya fabricación y publicidad resultan menos costosas, cuya reparación es menos frecuente y cuyas prestaciones don más altas empleando el mínimo de energía. […] En pocas palabras, tanto la reducción de la huella ecológica como su consiguiente mejora en la conservación de la biodiversidad se ven beneficiadas por la sustitución acelerada del crecimiento económico extensivo a favor del crecimiento económico intensivo (p. 258-259).
De nuevo, la catalaxia.
Frente al solucionismo tecnológico, la propuesta ética. Una ética ecosocialista “que se oponga radicalmente a la lógica destructiva […] de la rentabilidad del capital y del mercado total” [15].
Una ética fundada sobre la conciencia del límite [16], la cultura y la práctica de la suficiencia [17] y la consideración del Planeta como un común [18], o, en la expresión de François Houtart, como el Bien Común de la Humanidad [19].
Relevancia de las comunidades locales.
De forma paradójica, recrear los límites y las fronteras es necesario no sólo para conjurar el colapso, sino también para reencontrar un mundo común. Los hombres no forman en verdad comunidad más que en la proximidad y al percibir su diferencia con los demás. El sin-frontera, de moda entre los bobós [bourgeois-bohème, burgués-bohemio] destruye el común y el mundo (Latouche, p. 135-136).
“El verdadero parque europeo es el campo, que sin el trabajo del hombre vuelve, no a la naturaleza, sino a la condición de terreno baldío”, escribe Charbonneau; y continua: “Pero la sociedad que habla de la conservación de los lugares es la misma que los destruye”. Citando un artículo de Le Monde en 1966: “Los verdaderos conservadores de los lugares son los campesinos. […] ¿Cómo mantener los valores rurales y la agricultura en zonas que las leyes de la economía tienden a despoblar?” (p. 306-307).


1.       M. Ridley, El optimismo racional, Taurus, Madrid 2011, p. 346.
2.      L von Mises, Human Action. A treatise on Economics. Ludvig von Mises Institute, Auburn, Alabama 1998.
3.       C. Taibo, Colapso. Capitalismo terminal, transición ecosocial, ecofascismo, Los libros de la catarata, Madrid 2016; E. Santiago Muiño, Rutas sin mapa. Horizontes de transición ecosocial, Los libros de la catarata, Madrid 2016; M. Casal, La izquierda ante el colpaso de la civilización industrial, La oveja roja, Madrid 2016; G.M. Turner, “Is Global Collapse Imminent? An Updated Comparison of The Limits to Growth with Historical Data”, Melbourne Sustainable Society Institute, Research Paper 4, August 2014; S. López Arnal, “Entrevista a Jorge Riechmann”, Papeles de relaciones ecosociales y cambio global, 119, 2012, pp. 175-190; R. Heinberg, Searching for a Miracle: ‘Net Energy’ Limits & the Fate of Industrial Society, Post Carbon Institute & International Forum on Globalization, September 2009.     
4.    Ch. Hedges, La muerte de la clase liberal, Capitán Swing, Madrid 2015, pp. 270-271.
5.     R. Nisbet, Historia de la idea de progreso, Gedisa, Buenos Aires 1981, p. 19 y 23.
6.      G. Rist, El desarrollo: historia de una creencia occidental, Los libros de la catarata, Madrid 2002, p. 32 y 36.
7.     E. O. Wilson, Medio planeta, Errata Naturae, Madrid 2017, p. 251
9.    E. C. Ellis, “Anthropogenic transformation of the terrestrial biosphere”, Phil. Trans. R. Soc. A, 369, 2011, pp. 1010–1035.
10.   E. Ellis, “Stop Trying save the Planet”, Wired, 05.06.09.
11.  P. Kareiva, M. Marvier, “What Is Conservation Science?”, BioScience 62(11), 1 November 2012, pp. 962–969.
12.   B. Charbonneau, El Jardín de Babilonia, Ediciones El Salmón, 2016.
13.    J. de la Osa, P. Eito, I. Benedí, H. Bourrut, J. Barranco , S. Alberto, “Los museos y centros de interpretación de medio ambiente en Aragón: entre el impulso institucional, la inspiración crítica y la supervivencia”,   Heramus II(3), 2011, pp. 78-87.
14.   I. Zubero, “¿Superpoblación o sobreconsumo? Malthusianismo práctico, exclusión global y población sobrante”, Scripta Nova,  19, 2015. http://revistes.ub.edu/index.php/ScriptaNova/article/view/15111/18314
15.  J. Riechmann, El socialismo puede llegar sólo en bicicleta, Los libros de la catarata, Madrid 2012, p. 251.
16.   S. Latouche, Límite, Adriana Hidalgo, Buenos Aires 2014.
17.    R. Skidelsky y E. Skidelsky, ¿Cuánto es suficiente?, Crítica, Barcelona 2012.
18. I. Zubero, “De los «comunales» a los «commons»: la peripecia teórica de una práctica ancestral cargada de futuro”, Documentación Social, 165, 2012, pp. 15-48. http://www.caritas.es/imagesrepository/CapitulosPublicaciones/4563/02%20-%20DE%20LOS%20COMUNALES%20A%20LOS%20COMMONS.%20LA%20PERIPECIA%20TE%C3%93RICA%20DE%20UNA%20PR%C3%81CTICA%20ANCESTRAL%20CARGADA%20DE%20FUTURO.pdf
19. F. Houtart, De los bienes comunes al Bien Común de la Humanidad, Ruth Casa Editorial, Panamá 2012.

jueves, 19 de mayo de 2016

Reconstruyendo capacidades endógenas


El martes nos juntamos 40 o 50 personas en la Casa de Cultura de Sodupe para empezar a pensar sobre las posibilidades de impulsar proyectos de desarrollo rural en la comarca de Encartaciones. Se trata de un territorio extenso, pero con poca población, con déficits históricos de identidad y graves problemas socioeconómicos. No se trataba de arreglar todo esto, pero sí de empezar a abordar esta situación desde claves nuevas y con voluntad de continuidad. Lo que nos contaron las mujeres de  El Colletero resultó especialmente iluminador. También fue muy interesante escuchar las experiencias de Muskilu y de Alkarlanda.
Por mi parte, tan sólo pretendía delinear un marco que nos permita sostener que pensar en clave de desarrollo endógeno no es querer volver al pasado, sino situarse decididamente en una apuesta de futuro. Este es el guión en el que basé mi intervención, titulada RECONSTRUYENDO CAPACIDADES ENDÓGENAS: EL DESARROLLO LOCAL COMO PROYECTO DE SOCIEDAD:

[1] En el principio fue la suficiencia. Max Weber en La ética protestante y el espíritu del capitalismo:

El primer enemigo a la vista contra el cual hubo de luchar el “espíritu” capitalista —considerado como un nuevo tipo de vida con sujeción a ciertas reglas, subordinado a una “ética específica— fue aquel hecho, parecido en mentalidad y en conducta que podría calificarse como “tradicionalismo” […] la aspiración del individuo no es ganar más y más dinero, sino continuar su existencia pura y llanamente como siempre lo hizo, obteniendo sólo lo necesario para pagar sus gastos.

Esta idea de la suficiencia es recuperada ahora por Robert Skidelsky y Edward Skidelsky en su libro ¿Cuánto es suficiente?.

En tiempos de Keynes, el comercio era, en general, complementa­rio; ahora es, en su mayor parte, competitivo. Los capitalistas de los países ricos han estado externalizando la fabricación y algunos servi­cios a los países pobres, donde la mano de obra es mucho más barata. Estos bienes y servicios más baratos son luego importados a los países ricos. En estas condiciones, el libre comercio es a costa de empleos en los países ricos, ya que los salarios no pueden ser lo bastante flexibles para mantener un pleno empleo continuo en un escenario de compe­tencia por sueldos bajos. E incluso aunque los empleos destruidos pue­dan siempre reemplazarse, sigue vigente la cuestión de si los nuevos empleos son de la misma calidad que los antiguos.
El libre comercio no es necesariamente beneficioso tampoco para los países pobres. El mayor problema es que les impide proteger sus incipientes industrias. [...] Ningún país se ha con­vertido en rico con un régimen de libre comercio. Han entrado en el mercado global desde un punto de partida de riqueza inicial, no de po­breza.
La conclusión que extraemos es que, para cumplir los requisitos de la buena vida, tendremos que apartarnos de las orillas de la integración económica, al menos mientras la igualación de las situaciones de unos y otros países sea una realidad, no una simple aspiración. Los países desarrollados deberán basarse en mayor medida en sus propios medios de producción para satisfacer sus necesidades; las economías de merca­do en vías de desarrollo deberán abandonar sus modelos de crecimien­to de la exportación, que se apoyan en una demanda de consumo en perpetuo crecimiento en los países desarrollados. Si los países ricos se integran menos con los pobres, lo más probable es que estos salgan beneficiados. Aun deberíamos, sin embargo, mantener nuestros mercados abiertos a los países más pobres de África, lo que puede hacerse prácticamente sin coste para nosotros. La dimen­sión de la economía de la totalidad del África subsahariana es menor que la de Bélgica.
Vamos a retroceder momentáneamente. En el mundo de la suficien­cia imaginado por Keynes, la rentabilidad de las inversiones cae hacia cero. El principal objetivo del ahorro sería cubrir las necesidades de la vejez y reemplazar productos ya existentes. El desarrollo de nuevos productos podría generar algunos beneficios. Sin embargo, en estas condiciones, el principal incentivo para «seguir teniendo determina­ción económica para otros después de que haya dejado de ser razona­ble para uno mismo» sería ayudar a los más pobres a escalar hasta el nivel de suficiencia que nosotros ya hemos alcanzado.


[2] Principio ético y ecológico. Límites al crecimiento, insostenibilidad de nuestros modos de vida.

Gandhi hablaba del swadeshi o autosuficiencia. Diseñada inicialmente como una forma de oposición al dominio británico, esta idea, consistente en no comprar productos textiles importados promoviendo la producción propia de la ropa (la famosa imagen de Gandhi con la rueca), generó la fundación de numerosas asociaciones comunales, cuyo objetivo era lograr su autosuficiencia en la mayoría de los bienes de consumo que una persona necesita.
Uno de los principios básicos de Gandhi es que "la tierra proporciona lo suficiente para cubrir las necesidades de todos los hombres, pero no la codicia de cada hombre". Dada la escasez de los recursos, la producción no puede aumentar indefinidamente. La psicología de la abundancia es un fenómeno irracional. Los principios fundamentales de la actividad económica se basan en las necesidades y no en la abundancia. La abundancia genera desigualdad ya que está basada en distorsiones. La codicia procede del deseo de obtener la abundancia. Aquí, la psicología puede desempeñar un papel crucial. Los valores que condicionan el espíritu pueden cambiar los comportamientos humanos. El objetivo gandhiano de lograr el swaraj (cada país alcance la independencia económica) proporciona límites a las necesidades humanas).

Pensemos en nuestra huella ecológica. “La Comunidad Autónoma del País Vasco muestra unas pautas de consumo globalmente insostenibles, pues para satisfacer sus necesidades está comprometiendo recursos de otras regiones o de otras generaciones. Esto supone que si todos los habitantes del planeta siguiesen las mismas pautas de consumo que los habitantes de la Comunidad Autónoma del País Vasco, la superficie biológicamente productiva del planeta debería ser 2,5 veces mayor que la disponible”. IHOBE, La huella ecológica de la CAPV (2005).

¿Exige esta perspectiva de desarrollo endógeno el decrecimiento y la desurbanización. Cuestión a deliberar, en debate. Lo que está claro es que exige cambios profundos en nuestros modelos de organización del territorio, la producción y el consumo. ¿Cuánto de profundos? Distintas perspectivas:

- Quizá podamos capear el derrumbe erigiendo estructuras pequeñas, autónomas, que dañen lo menos posible el medio ambiente. Es una labor que se logrará mediante la creación de comunidades que, si disponen de una agricultura sostenible, puedan en la medida de lo posible apartarse del consumismo y ser en gran medida autosuficientes. (Ch. Hedges, La muerte de la clase liberal, Capitán Swing, 2015).

- En nuestras latitudes, el modelo de ordenación del territorio que se ha demostrado sostenible durante siglos es el mosaico conformado por áreas agrícolas, forestales y pastos unidos por márgenes, acequias, ríos, etc. y, entre medio, los núcleos urbanos compactos y complejos (el grado de complejidad funcional y de diversidad de actividades ha dependido siempre del tamaño poblacional) que en el territorio se configura como una red polinuclear de pueblos y ciudades. Hacer más campo y a la vez más ciudad, sería la síntesis de los dos modelos, el urbano y el territorial, en tránsito hacia la sostenibilidad. La experiencia demuestra que estos dos modelos pueden mantenerse y desarrollarse si el modelo de movilidad potencia la configuración de nodos o núcleos urbanos, frenando el paso a la dispersión urbana.
El refuerzo del carácter polinuclear del modelo de implantación urbana requiere crear 
nuevas centralidades en las tramas de baja densidad mediante la introducción de actividades y la redensificación de áreas determinadas. (Libro Verde de medio ambiente urbano. Ministerio de Medio Ambiente, 2007.

[3] Basar todas nuestras apuestas de futuro en la competencia exterior y en atraer factores exógenos (inversiones, marca ciudad, atractividad, etc.) es arriesgarlo todo en un juego incontrolable. Capitalismo de casino.

La consejera de Desarrollo Económico y Competitividad, Arantza Tapia, ha calificado hoy de "decepcionante" la actitud de ArcelorMittal, a la que ha exigido un "plan conjunto" sobre todas sus plantas en Euskadi y que "facilite" la entrada de "otros agentes" que "pudieran estar interesados" en continuar con la actividad (Deia, 14 de Mayo de 2016).

Ya conocemos bien esa experiencia en Enkarterri: Pealpack y Alipack, Reckitt, Pastguren, Virtisu.

Creciente disociación entre crecimiento económico y bienestar social.

- Wilkinson y Pickett, Desigualdad: El bienestar promedio de nuestras sociedades ya no depende del ingreso nacional o del crecimiento económico. Eso es muy importante en países pobres, pero no el mundo desarrollado. Sin embargo, las diferencias entre nosotros y dónde nos ubicamos en relación con unos a otros ahora importan muchísimo.

- Entre 2007 y 2013, los años más duros de la crisis, la riqueza privada en Europa ha pasado de 54,5 billones de euros a 56 billones de euros: 1,5 billones de euros más. Informe del banco de inversiones suizo Julius Baer.

[4] Problema de escala: más fácil ser autosuficientes a unas escalas que a otras. A escala comarca, podemos aspirar a reducir nuestra exodependencia. ¿Como avanzar en este camino en Encartaciones?

· Aprender de otras zonas. Buenas prácticas. Algo de lo que vamos a hacer hoy con las experiencias que se van a presentar. Másinformación:
http://www.magrama.gob.es/es/desarrollo-rural/publicaciones/publicaciones-de-desarrollo-rural/LIBRO_EXPERIENCIAS_INNOVADORAS_RRN_tcm7-209976.pdf
Revista Desarrollo Rural y Sostenible. http://www.magrama.gob.es/es/ministerio/servicios/publicaciones/rev_numero_art.asp?codrevista=DRS
1erSimposio Ibérico “Agroecología, Municipalismo y Desarrollo Rural: Experiencias de valor y estrategias de apoyo al autoempleo y transición agroecológica”. Lugo, 12 y 13 diciembre 2014. http://www.tierrasagroecologicas.es/web/wp-content/uploads/2015/04/Documento-sintesis-simposio-Lugo-vweb3.pdf

- Desarrollar una cultura de la sistematización de prácticas.
Sistematización de Experiencias Locales de Desarrollo Rural. Guía Metodológica Revisada y Aumentada, Berdegué, Julio A.; Ocampo, Ada; Escobar, Germán. http://preval.org/files/guia_metodologica.pdf
Daniel López y Guillem Tendero, Sembrando Alternativas. Un pequeño manual práctico para la Dinamización Local Agroecológica (2013). https://seminariodlae.files.wordpress.com/2013/11/manual-dlae-2013.pdf
Daniel López García. Lo agrario... ¿pertenece al pasado o al futuro?, Papeles de relaciones ecosociales y cambio global Nº 131 2015, pp. 61-72. http://www.revistapapeles.es/detalle.aspx?content=137

· Conectar necesidades sociales no cubiertas por el mercado con capacidades no demandadas por el mercado – Nuevos yacimientos de empleo. Impulsar un diagnóstico propio para la comarca.

· Conectarse, acumular fuerzas, empezando por lo más próximo: participar en los Landa Topaketa, espacios de encuentro e intercambio entre el tejido vasco relacionado con el desarrollo rural y la agricultura sostenible (tanto a nivel mundial como vasco). El último celebrado el 14 del pasado mes de abril. http://www.elankidetza.euskadi.eus/x63-content7/es/contenidos/informacion/encuentros/es_def/index.shtml

· Construir poder social y político. Influir sobre las políticas públicas. Influir sobre las dinámicas económicas. Vía campesina. http://viacampesina.org/es/

[6] Cuestión de valores. Opción vital. Compromiso con el lugar en que habitamos..

Abandonar la perspectiva de la escasez incorporada en la economía, que hace que idolatre la eficiencia. En vez de eso, nos pre­guntamos: ¿cómo puede una sociedad que ya tiene «suficiente» pen­sar acerca de la organización de su vida colectiva?.
Este libro pretende contribuir a que hagamos un replanteamiento de lo que queremos de la vida: para qué sirve el dinero y qué significa «buena vida».
¿Exigiría este cambio de dirección el apoyo de la religión? Posible­mente. ¿Podría una socie­dad completamente desprovista de impulso religioso despertarse y lan­zarse a la búsqueda del bien común? Lo dudamos (SKIDELSKY).
*************

Espero que la gente de Cáritas Encartaciones continúe con la iniciativa, y que las personas que asistieron a la jornada (entre ellas algún alcalde, lo cual es muy de agradecer, pero también jóvenes con proyectos agroecológicos, veteranos ganaderos con ganas de seguir manteniendo vivos sus terrenos y actividades) se animen a acompañar y liderar la iniciativa. Habrá que hacer experimentos, o innovación social, como ahora decimos.

sábado, 16 de abril de 2016

Compartir el conocimiento tradicional

A finales de febrero me llamó la atención una brevísima noticia en un periódico titulada “La sabiduría indígena mejoraría Europa”. Como he podido averiguar tras buscar más información, en ella se hacía referencia a un estudio desarrollado por un grupo de investigación de la Universidad Autónoma de Barcelona que durante año y medio ha estudiado sobre el terreno la naturaleza adaptativa de la cultura y los beneficios del conocimiento ambiental local de las comunidades de los Punani Tubu (cazadores recolectores de Borneo), los Baka (seminómadas de la cuenca del río Congo) y los Tsimane (recolectores-horticultores de la Amazonía boliviana). Aunque las sociedades estudiadas parezcan muy alejadas de nuestra realidad, los resultados de la investigación apuntan a formas alternativas de producir y usar el conocimiento que podrían tener una profunda relevancia en nuestras sociedades. 

Estos resultados se pueden resumir en dos grandes ideas. La primera, bastante evidente, es que en las sociedades indígenas aún existentes los individuos que gozan de un mayor conocimiento de los recursos naturales, de sus tradiciones y sus creencias milenarias, tienen una mayor capacidad para obtener alimentos y para proteger su salud. En efecto, como cabe esperar, cuanto mejor se conoce el entorno en el que se vive, mejor se aprovechan las oportunidades que este entorno ofrece. Pero el segundo resultado de la investigación sí me parece más destacable: a pesar de su privilegiada situación, estos individuos con mayores conocimientos no gozan de un mejor estado nutricional o de mayor bienestar general que el resto de miembros del grupo, debido a que en esas sociedades predomina el intercambio de información y el reparto general e igualitario de los recursos. Se trata de conocimientos que, a diferencia de lo que ocurre en nuestras sociedades mercantilizadas, no son concebidos como patrimonio eminentemente personal, como un recurso privado que sirve para mejorar mis opciones individuales, sino como un recurso colectivo, patrimonio de la comunidad, que por lo tanto debe ser compartido para que todas las personas se beneficien del mismo.
Cuando leí esta noticia, lo primero que se me ocurrió fue preguntarme si hacía falta ir tan lejos para poder llegar a conclusiones parecidas. Y me parece que no, que también aquí, en España, en Europa, tenemos un importante caudal de “sabiduría indígena”, de conocimiento tradicional, que merece la pena conocer, recuperar y extender. 
Un buen ejemplo lo encontramos en el libro Inventario español de los conocimientos tradicionales relativos a la biodiversidad, publicado en 2014 por el Ministerio de Agricultura, Alimentación y Medio Ambiente. 
El libro define el conocimiento tradicional como el “conjunto de saberes, valores, creencias y prácticas concebidos a partir de la experiencia de adaptación al entorno local a lo largo del tiempo, compartidos y valorados por una comunidad y transmitidos de generación en generación”. Consecuencia de siglos de adaptación al entorno, estos conocimientos tienen un enorme potencial para afrontar un futuro lleno de incertidumbres, donde la sostenibilidad es el factor clave, por lo que las prácticas tradicionales deberían constituir una referencia clave en la gestión de los territorios donde se han generado y desarrollado. Los autores consideran necesario “documentar estos saberes antes de que desaparezcan para siempre”. Además de esto, yo creo que es necesario también practicar todos estos saberes, valores y creencias. Para que sean futuro, y no sólo pasado.

martes, 14 de septiembre de 2010

Si los peces pudieran gritar

Peter Singer es profesor de Bioética en la Universidad de Princeton. Entre sus libros figuran Animal Liberation (Liberación animal), Practical Ethics (Ética práctica), In Defense of Animals (En defensa de los animales) y The Life You Can Save (La vida que podemos salvar). He leído su artículo "If Fish Could Scream" (Si los peces pudieran gritar) en la página de Project Syndicate y me ha hecho reflexionar.
Planteamientos similares referido a la carne animal me han llevado a reducir al mínimo el consumo de este alimento, pero nunca me había planteado de la misma manera la cuestión del pescado.


SI LOS PECES PUDIERAN GRITAR

Cuando era niño, mi padre solía llevarme a caminar a lo largo de un río o a la playa. Pasábamos junto a gente que pescaba, tal vez enrollando carretes de hilos con peces luchando en sus extremos. Una vez vi a un hombre sacar un pez pequeño de un cubo y atravesarlo, mientras todavía se meneaba de un lado para el otro, con un anzuelo vacío para usarlo como cebo.
En otra ocasión, cuando el camino nos llevó a un tranquilo curso de agua, vi a un hombre sentado que observaba su línea, al parecer en paz con el mundo, mientras los peces que había pescado se agitaban en vano a su lado, dando bocanadas en el aire. Mi padre me dijo que no entendía cómo alguien podía disfrutar de un tarde sacando peces del agua y haciéndoles sufrir una muerte lenta.
Estos recuerdos de niñez volvieron de pronto cuando leí Worse things happen at sea: the welfare of wild-caught fish ("Peores cosas ocurren en el mar: la situación de los peces capturados en mar abierto") un revelador informe aparecido el mes pasado en fishcount.org.uk. En la mayor parte del mundo se acepta que, si se ha de matar animales para fines de alimentación, debería ser sin sufrimiento. Por lo general, las normativas de los mataderos exigen que se haga que los animales queden inconscientes de manera instantánea antes de matarlos o, en el caso de las matanzas rituales, tan cerca de lo instantáneo como lo permitan los preceptos religiosos.
No ocurre así en el caso de los peces. No existen normativas sobre la forma de matar los peces capturados en el mar ni, en la mayoría de los lugares, para los de las piscifactorías. Los peces capturados por las redes de los barcos de arrastre se lanzan sobre la cubierta del barco hasta que mueren por sofocación. Atravesar peces vivos con anzuelos para usarlos como cebos es una práctica comercial normal: la pesca de línea larga, por ejemplo, usa cientos o hasta miles de anzuelos en una sola línea que puede tener entre 50 y 100 kilómetros de largo. Cuando los peces muerden el anzuelo, lo más probable es que queden atrapados por horas antes de que se retire la línea.
De manera similar, la pesca comercial depende a menudo de las redes de enmalle, murallas de finos entramados en los que los peces quedan atrapados, con frecuencia por las agallas. Pueden morir por asfixia en la red porque, con las agallas oprimidas, no pueden respirar. Si no ocurre así, pueden quedar atrapados durante muchas horas antes de que se retiren las redes.
Sin embargo, la revelación más estremecedora del informe es la enorme cantidad de peces sobre los que los seres humanos infligen estas muertes. Alison Mood, autora del informe, calculó la que bien puede ser la primera estimación sistemática del tamaño de las capturas globales de peces de mar abierto, al usar los informes de tonelajes de las distintas especies de peces capturados y dividir por el peso promedio estimado de cada especie. Calcula que está en el orden de un billón, aunque podría llegar a ser 2,7 billones de peces.
Para poner esto en perspectiva, la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación estima que cada año se mata 60 mil millones de animales para consumo humano, lo que equivale a cerca de nueve animales por cada ser humano que habita el planeta. Si tomamos la estimación más baja de Mood, de un billón, la cifra comparable para los peces es 150. Esto no incluye los miles de millones de peces que se capturan de manera ilegal ni los que se capturan por accidente y terminan siendo desechados, ni los peces que se atraviesan con anzuelos para ser usados como cebo.
Muchos de estos peces se consumen indirectamente: se los convierte en harina de pescado que sirve de alimento a granjas industriales de pollos o piscifactorías. Una salmonera típica consume de 3 a 4 kilos de peces de mar abierto por cada kilo de salmón que produce.
Supongamos que toda esta pesca es sostenible, aunque por supuesto no lo es. Sería reconfortante creer que matar a una escala así de grande no tiene importancia porque los peces no sienten dolor. Sin embargo, sus sistemas nerviosos son lo suficientemente similares a los de los pájaros y los mamíferos como para sugerir que sí lo sienten. Cuando los peces experimentan algo que podría causar dolor físico a otros animales, se comportan de maneras que sugieren dolor, y el cambio de comportamiento puede durar varias horas. (Es un mito el que los peces tienen sólo memoria de corto plazo). Los peces aprenden a evitar experiencias desagradables, como los choques eléctricos. Y los analgésicos reducen los síntomas del dolor que de lo contrario mostrarían.
Victoria Braithwaite, profesora de actividades pesqueras y biología de la Universidad Estatal de Pensilvania, probablemente ha dedicado más tiempo a estudiar este tema que ningún otro científico. Su reciente libro Do Fish Feel Pain? (¿Sienten dolor los peces?) muestra que los peces no sólo son capaces de sentir dolor, sino que son mucho más inteligentes que lo que la mayor parte de la gente cree. El año pasado, un panel científico de la Unión Europea llegó a la conclusión de que la mayor parte de la evidencia indica que los peces sí sienten dolor.
¿Por qué son los peces las víctimas olvidadas de nuestra mesa? ¿Porque tienen sangre fría y están cubiertos de escamas? ¿Porque no pueden dar voz a su dolor? Sea cual sea la explicación, se están acumulando evidencias de que la pesca comercial causa un nivel inimaginable de dolor y sufrimiento. Necesitamos aprender a capturar y matar los peces de mar abierto de una manera humana o, si eso no es posible, encontrar alternativas menos crueles y más sostenibles que los reemplacen en nuestra dieta.