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viernes, 29 de agosto de 2025

Dar vuelta a la Vuelta

La participación del equipo israelí Premier Tech en la Vuelta a España 2025 ha abierto una herida que no puede ignorarse. Mientras en Gaza continúa un genocidio atroz, mientras la población civil es arrasada por una maquinaria de guerra objetivamente fascista, en nuestras carreteras rueda un equipo que pretende normalizar lo innombrable, lavar con el deporte el rostro de la barbarie. No es extraño que algunos ciclistas hayan abandonado esa formación, incapaces de pedalear sobre el silencio cómplice.

Y, sin embargo, la Vuelta se celebra como si nada ocurriera. La organización es privada, sí, pero todas y todos sabemos que sin el apoyo público -en seguridad, movilidad, infraestructuras, patrocinios- este espectáculo sería inviable. El Gobierno español ha condenado enfáticamente el genocidio, pero a la vez lo blanquea al sostener con recursos públicos una competición que da cobijo a quienes lo representan. Esa contradicción es insoportable.

Dar vuelta a la Vuelta: ese debería ser el lema. No se trata solo de un juego de palabras, sino de una urgencia ética. No podemos permitir que una fiesta del deporte se convierta en escaparate de la impunidad. No podemos aceptar que municipios como Bilbao abran sus calles sin más para que la carrera parta o termine como si nada sucediera. La ausencia de convocatorias de rechazo, de acciones pacíficas que visibilicen la indignación, convierte al silencio en un gesto demasiado parecido a la complicidad.

Por humanidad, por coherencia, por solidaridad con las víctimas de Gaza, debemos recordar que no todo vale. La Vuelta no puede ser indiferente a la masacre. No lo pueden ser los equipos, ni los corredores, ni los aficionados. Mucho menos las instituciones que con su apoyo logístico y económico permiten que todo siga como si aquí no pasara nada.

En este contexto, resulta imprescindible interpelar directamente al Ayuntamiento de Bilbao y a la Diputación Foral de Bizkaia: no se puede presumir de compromiso con los derechos humanos y, al mismo tiempo, colaborar con un evento que da visibilidad internacional a quienes representan la barbarie. Exijo su boicot y su no colaboración con esta edición de la Vuelta. Y también es necesario dirigirse a los medios de comunicación, tan críticos y firmes en sus editoriales frente al genocidio: no basta con denunciarlo en abstracto. Coherencia significa también no cubrir un acontecimiento que se presta al blanqueo del crimen.

Por eso, este año toca gritar con fuerza:
¡Dar vuelta a la Vuelta!
¡Deporte sí, genocidio no!
¡Ni un kilómetro de silencio ante la barbarie!
¡Las calles no se prestan al blanqueo de la guerra!
¡Bilbao y Bizkaia, no en nuestro nombre!

La verdadera carrera de este año no será la que disputen los ciclistas en la carretera, será la que corra la sociedad civil, la que corran quienes se atrevan a decir “basta” en nombre de quienes no pueden alzar su voz. Y en esa carrera, nadie puede quedarse al margen.

martes, 19 de agosto de 2025

Si ardemos

Vincent Bevins
Si ardemos: La década de las protestas masivas y la revolución que no fue
Traducción de Daniela Martín Hidalgo
Capitán Swing, 2025 
 
"En la ultima década, de 2010 a 2020, [...] la humanidad fue testigo de una explosión de protestas masivas que anunciaban cambios profundos. Sus participantes las vivieron como un triunfo lleno de euforia, y la prensa internacional las saludo entre alabanzas y con optimismo. Pero años más tarde [...] vemos que las revueltas precedieron -cuando no causaron- resultados muy distintos a los objetivos de los movimientos. En ningún lugar las cosas salieron como se habían planeado. En demasiados casos, la situación empeoró, según las normas articuladas por las propias calles.
De hecho, podría  incluso contarse la historia de esa década como la historia de las protestas masivas y sus consecuencias inesperadas. A riesgo de parecer demasiado ambicioso, este libro intentará hacer precisamente eso. ¿Qué ocurre si intentamos escribir la historia del mundo, desde 2010 a 2020, guiados por la desconcertante pregunta de cómo es posible que tantas protestas condujeran a lo contrario de lo que pedían?".


Publicado en octubre de 2023, este libro retrata la década de protestas masivas que agitó el mundo entre 2010 y 2020 -desde la primavera árabe hasta movimientos de protesta en Hong Kong, Brasil, Chile, Corea del Sur, Indonesia, Ucrania y otros- y explora por qué, a pesar de alcanzar momentos de enorme efervescencia colectiva, estos episodios no detonaron revoluciones exitosas. En vez de eso, gran parte terminaron en regresiones políticas profundas. Desde las plazas de El Cairo hasta las calles de Santiago de Chile, pasando por Hong Kong, Kiev o São Paulo, millones de personas salieron a manifestarse con la convicción de que estaban protagonizando un cambio histórico. El libro, fruto de un trabajo periodístico global y de decenas de entrevistas, intenta responder a una pregunta inquietante: ¿cómo es que tantas protestas masivas, tan emocionantes y transformadoras en apariencia, terminaron sin la revolución que prometían?
 
Bevins describe un patrón común en la mayoría de ellas: eran horizontales, espontáneas, coordinadas a través de redes sociales, con estructuras difusas y un fuerte rechazo a los liderazgos formales. Esa forma de organización generó entusiasmo y permitió que cientos de miles de personas se reconocieran entre sí, pero también se convirtió en un límite en el momento decisivo, cuando había que negociar, articular demandas o sostener una estrategia más allá de la ocupación de las calles. En ausencia de una estructura clara, el poder político encontró la forma de resistir, dividir o incluso apropiarse del impulso de las movilizaciones.

El contraste aparece en los pocos casos donde sí hubo organizaciones sólidas -sindicatos en Túnez, movimientos estudiantiles en Chile, redes comunitarias en Corea del Sur-. Allí las protestas no se desvanecieron tan rápido, porque existía un tejido capaz de traducir la furia ciudadana en conquistas políticas. Bevins insiste en que la diferencia no está en la magnitud de las marchas, sino en la capacidad de llenar el vacío que se abre cuando un régimen se tambalea. Desde esta perspectiva, el libro no se limita a la crónica, es también una advertencia, el autor nos recuerda que no toda acción sirve simplemente por “hacer algo”. Montar una performance, ocupar una plaza o viralizar un hashtag puede dar visibilidad a una protesta, pero no garantiza un cambio real. La energía del momento, por intensa que sea, no sustituye la organización ni la estrategia. 
 
Más allá de la abuntantisima información contenida en este ensayo, especialmente valiosa por lo que tiene de mirar hacia lugares que en su momento no estuvieron en el centro del foco informativo, hay dos ideas que me parecen especialmente destacables. La primera, que "las protestas masivas estructuradas de manera horizontal, coordinadas digitalmente y sin líderes son en lo fundamental ilegibles" (el énfasis es mío). Y en este punto, el papel de los medios de comunicación es esencial. La segunda, relacionada con esta, que ademas de denunciar los fallos de "representación" tanto de los medios masivos (manipulación, cortoplacismo) como de las instituciones políticas ("¡No nos representan!") hay que prestar atención a quién ocupa el vacío que deja nuestra confianza tanto en unos como en otras:
 
"Junto con la propia representación, los medios tradicionales están en crisis. Esto podría parecer interesado, dado que es mi industria, así que no me dolerá que alguien opte por no hacerme ni caso. Pero creo que podemos trazar una analogía entre los medios y los Estados que actualmente existen. Como cualquier Gobierno representativo, los medios son profundamente imperfectos y necesitan que se los critique todo el tiempo, tanto desde dentro como desde fuera, para que siga habiendo sinceridad. Deberíamos procurar crear medios que sean mejores y más democráticos. Pero no deberíamos ser víctimas de un pensamiento ilusorio barato y creer que, si hacemos estallar los medios, algo mejor surgirá de la nada. Hay que prestar atención a quién llenará ese vacío" (el énfasis es mío). 
 
Sin embargo, este no es un relato pesimista: rescata la potencia visceral de la protesta, ese éxtasis colectivo de encontrarse con otras y otros y sentir que el mundo puede ser diferente, aunque advierte que esa llama, si no se cuida, se apaga rápidamente. En su conclusión, Bevins señala que quizás la gran lección de la década sea aceptar que el fracaso también es parte del proceso. La fe en la inevitabilidad de la victoria puede ser engañosa; lo que realmente marca la diferencia es la preparación, la capacidad de resistir y de construir estructuras que sobrevivan al entusiasmo inicial. La esperanza está, tal vez, en fusionar el espíritu fresco de las nuevas generaciones con las lecciones organizativas del pasado.

Un testimonio lúcido de una época en que millones de personas encendieron por todo el mundo el fuego de la protesta, pero también un recordatorio de que arder no basta: es esencial saber qué hacer después de que las llamas iluminen las calles. 
 
Por cierto: en el capítulo 5 del VIII Informe Foessa, en 2019, ofrecimos nuestro propio análisis y diagnóstico de esa misma década. Por si interesa... 

domingo, 20 de abril de 2025

Deseo cenizas para mi casa

Daria Serenko
Deseo cenizas para mi casa
Traducción de Alexandra Rybalko Tokarenko
Errata naturae, 2025
 
"¿Dónde estabais estos ocho años? Nos manifestábamos tocadas con coronas de flores en la Marcha por la Paz, [...] poníamos el himno de Ucrania en los vagones del metro, [...] boicoteábamos clases propagandísticas sobre el fuego de las Revoluciones Naranjas, repartíamos comida caliente entre los sintecho [...], rezábamos en la iglesia, mentíamos a nuestras madres [...]. 
¿Dónde estabais estos ocho años? Nos paseábamos con pancartas día sí, día también, ayudábamos a las víctimas de violencia, éramos víctimas de violencia, violadas, golpeadas [...].
¿Dónde estabais estos ocho años? Estaba aquí, al lado, viviendo y distanciándome, echándome sobre los hombros demasiado y demasiado poco, aprendiendo qué es la solidaridad [... ] Estaba aquí, por lo que nunca seré capaz de simular que no lo estaba, que esto no va conmigo y no me está pasando a mí, aunque lo cierto es que todo esto no va conmigo y no me está pasando a mí, y no me corresponde ser el centro de este relato atrapado bajo las bombas, las balas y los escombros, un relato que se propaga en círculos en cuanto suenan las sirenas".
 
 
Hay libros que no solo se leen: se resisten, se tragan con rabia y ternura, y nos devuelven una conciencia más despierta, más despojada. Deseo cenizas para mi casa, de la escritora y activista rusa Daria Serenko, es uno de esos textos que duelen y, a la vez, incendian. Escrito durante su reclusión en una prisión rusa por el cargo de difundir “simbología extremista”, el libro comienza como un registro íntimo desde la celda y pronto se transforma en una polifonía feroz, una obra que desafía las formas literarias establecidas y se nutre de géneros diversos: poesía, ensayo, narrativa fragmentaria, crónica política, lista, sátira, manifiesto.
 
Daria Serenko (Moscú, 1993) es poeta, artista, curadora y, sobre todo, activista. Su obra y su práctica política están profundamente entrelazadas y se sitúan en la intersección entre el feminismo, el arte público y la resistencia política. Desde hace años, ha sido una voz crítica y visible contra el autoritarismo de Vladímir Putin, el militarismo del Estado ruso y la violencia estructural contra las mujeres. Su activismo la ha llevado a sufrir acoso mediático, detenciones arbitrarias y finalmente el exilio (en España). Cofundadora del movimiento Resistencia Feminista contra la Guerra (Феминистское антивоенное сопротивление), una red descentralizada de mujeres y colectivos feministas surgida en febrero de 2022, inmediatamente después del inicio de la invasión rusa a Ucrania, que se ha convertido en uno de los principales focos de resistencia pacífica y organizada dentro de Rusia contra la guerra. En un contexto de represión feroz y censura sistemática, este movimiento ha logrado articular un discurso coherente y transversal en contra del militarismo estatal y la invasión desde una perspectiva feminista, denunciando la lógica patriarcal y violenta que sostiene tanto la guerra como el autoritarismo ruso. 
 
Daria Serenko inició la escritura de este libro dos semanas antes del 24 de febrero de 2022, fecha de la invasión rusa a Ucrania. Encarcelada por su activismo, quedará en libertad justo un día antes de que estallen las bombas y abandonará su país pocos días después. El título del libro simple metáfora, sino una poderosa denuncia: el que fuera su hogar se ha transformado en ruina moral y por ello debe arder para renacer desde la verdad.
 
Arder... En el libro se plantea la cuestión de las auto inmolaciones, ese "quemarse a lo bonzo" como forma de protesta política, plasmada en el cuadro Inmolación de una miembro de la organización terrorista la Voluntad del Pueblo, que muestra el suicidio en 1897 (en el libro hay una errata, se da la fecha de 1987) de la presa política Maria Viétrova, profesora y revolucionaria ucraniana, seguidora de Tolstoi y activista contra el régimen zarista.
 
La obra arranca con el registro cotidiano del encierro, pero pronto se va convirtiendo en un tapiz literario que aborda cuestiones políticas y éticas fundamentales: la guerra y la resistencia, la escritura como forma de supervivencia, la transición de la militancia feminista hacia un compromiso antimilitarista más amplio, la identidad y el exilio, la necesidad de descolonizar los valores heredados, la revisión radical del concepto de patria, que conlleva un cuestionamiento feroz del Estado, la historia y la cultura dominante rusa. En sus páginas conviven relatos, testimonios, entrevistas imaginarias, sátiras afiladas, listas cargadas de ironía, versos que sangran, sentencias que golpean como un martillo. Es un mosaico que se resiste a ser leído de forma lineal.
 
"[...] no logro comprender
cómo cabe en otro ser humano la muerte ajena
si cada uno tiene la suya
y ni aun así sabemos qué hacer con ella [...]".

Uno de los ejes más potentes del libro es la denuncia de la violencia de género, vista no como un fenómeno aislado, sino como una estructura sistémica amparada por el Estado. La autora retrata con crudeza cómo el patriarcado y el autoritarismo se entrelazan en la Rusia contemporánea. En uno de los pasajes más perturbadores, relata cómo el juez encargado de revisar su condena la increpa por no haber tenido hijos, como si la maternidad fuese un deber patriótico, una prueba de valor ciudadano. Ese instante resume el peso de una sociedad que vigila, castiga y prescribe incluso los cuerpos y los destinos femeninos.

Deseo cenizas para mi casa es un acto de resistencia, una lámpara encendida en medio de la niebla, un texto escrito desde la herida, pero también desde una lucidez radical. Nos obliga a pensar en la guerra no como una catástrofe lejana, sino como una construcción ideológica que se infiltra en las palabras, en las leyes, en los gestos cotidianos. Un llamamiento urgente a asumir la responsabilidad. Y, sobre todo, a no callar.
 
"Después de la cena me puse a pensar en que siempre tiene que haber el mayor número de testimonios posibles, porque tan sólo unos pocos textos llegarán al futuro. No se trata siquiera de confesarse, por decirlo de algún modo, sino de que cada texto sobre el terror es como disparar una flecha, delgada y frágil, que las más de las veces errará el tiro o será interceptada en pleno vuelo. Tan sólo unos pocos darán en el blanco, tan sólo unos pocos caerán en otras manos; es siempre una cuestión de suerte y un conjunto de circunstancias. Debemos apurar todos nuestros intentos para que aumente la probabilidad general".

lunes, 16 de mayo de 2016

Seis días: una excelente novela sobre los disturbios de 1992 en Los Ángeles



Ryan Gattis. Seis días. Seix Barral, Planeta 2016.

Esta novela nos sumerge en los seis días de disturbios que sacudieron a la ciudad de Los Ángeles en 1992, cuando un jurado absolvió a los cuatro agentes de policía que aparecieron en unas grabaciones tomadas por el videoaficionado George Holliday, mientras propinaban una brutal paliza al taxista negro Rodney King.
Un libro excelente. Escrito con el pulso narrativo de los mejores thrillers, la manera en que a lo largo de la obra se entrecruzan las vidas de sus 17 personajes, protagonista cada uno de ellos de un capítulo, es magistral.
Y como escenario Los Ángeles, ciudad icónica, biótopo de replicantes y blade runners, ciudad de cuarzo, sueño y pesadilla americana.

Y luego Los Ángeles tiene otra cosa. Es gigantesco, pero todo el mundo se queda en su pequeña parcela. Hay manzanas enteras donde la gente solamente habla español o etíope, o lo que sea.
Es como si cada raza fuera un boxeador, y cuando pasa eso, cuando uno adopta esa mentalidad, es fácil ver a todos los demás como oponentes, como alguien a quien derrotar, porque, si no, no te llevas la parte que te corresponde. No obtienes tu premio, ¿sabéis?
Y quizá ésa sea la clave, en pocas palabras, como dice la gente.
Agarras a un puñado de personas de todas partes del mundo, las colocas a cada cual en su parcela sin dejarles que se mezclen ni que se comuniquen, y todos se pondrán a competir, porque, joder, en Los Ángeles todo el mundo anda siempre metido en chanchullos.

viernes, 11 de marzo de 2016

Contra el acuerdo UE-Turquía ante la crisis de las personas refugiadas

 
UN ACUERDO ILEGAL E INMORAL QUE ATENTA CONTRA LOS DERECHOS HUMANOS

Las organizaciones firmantes denuncian que la UE trata a los refugiados como moneda de cambio con el Gobierno de Turquía y señala que el proyecto europeo muestra de nuevo su deterioro con un acuerdo que traslada la crisis de los refugiados fuera de sus fronteras
El preacuerdo adoptado el 7 de marzo por el Consejo de Europa con Turquía evidencia la absoluta insensibilidad de la UE y los Estados miembros ante la crisis humanitaria de los refugiados que arriesgan su vida huyendo de la guerra.
La UE, además de incumplir la legalidad internacional, elude su responsabilidad de dar respuesta a los miles de refugiados que se agolpan en sus fronteras mediante un acuerdo con Turquía para deportar a ese país a todos los inmigrantes, económicos y también demandantes de asilo, que lleguen a la UE a través de este país, a cambio de que los Estados miembros reubiquen al mismo número de refugiados asentados en territorio turco.
La UE ha urdido un plan que vulnera la especial protección que el derecho internacional reconoce a los demandantes de asilo mediante la asimilación de inmigrantes económicos y refugiados, todos ellos considerados “ilegales”. Se expulsará a Turquía a los refugiados que han llegado a Europa por esta vía.
La UE ha “comprado” las devoluciones a Turquía por 3.000 millones de euros por los costes de gestión y 3.000 millones adicionales en 2018, sin ningún mecanismo de control del destino del presupuesto; además de la eliminación del requisito de visado para los ciudadanos turcos en Europa a partir de junio de 2016 y la agilización de la entrada de Turquía a la UE. Se ha obviado, curiosamente, que el gobierno de Erdogan viola de forma reiterada derechos fundamentales como la libertad sindical, el derecho laboral, la libertad de prensa y expresión --como el reciente caso del diario Zanan, cercano a la oposición al Gobierno turco--, o el exterminio del pueblo kurdo.
Los refugiados son seres humanos que huyen de la guerra y buscan la protección internacional, hacer de ellos una mercancía para el intercambio económico es inhumano y no dará lugar a una respuesta más humanitaria: pagar a Turquía no eliminará el peligro al que los sirios, iraquíes y otros están expuestos en sus propios países.
El sistema uno-por-uno (intercambio de refugiados sirios) no tiene sentido y es una violación del derecho internacional y de los tratados de la UE.
Los firmantes coinciden en que la UE no debería ni siquiera contemplar el pagar a Turquía para mantener a los refugiados en campamentos inhumanos sin ninguna perspectiva, y no debería haber ningún intercambio entre el mantenimiento de los refugiados fuera de Europa y la aceleración de las negociaciones de adhesión a la UE.
Asimismo, los firmantes llevan mucho tiempo defendiendo que la comunidad internacional debería invertir tiempo y recursos para restablecer la paz en Oriente Medio, y los Estados miembros de la UE deberían trabajar para la integración de los refugiados.
Las organizaciones firmantes manifiestan su más absoluto rechazo a la política de la UE y la complicidad de sus Estados miembros ante la crisis humanitaria de los refugiados en Europa. Europa tiene capacidad de respuesta pero no tiene voluntad.
En consecuencia, el Gobierno español debe instar a la reconsideración del principio de acuerdo con Turquía en el próximo Consejo Europeo de 17 de marzo.
Por su parte, las organizaciones firmantes emplazarán a las fuerzas políticas y sociales a convocar una movilización de la ciudadanía en España para el 16 de marzo, para denunciar la actitud de Gobiernos e instituciones europeas y para exigir medidas urgentes ante la mayor crisis humanitaria a la que se ha enfrentado Europa.
Madrid, 10 de marzo de 2016
Han participado en la reunión preparatoria PSOE, Podemos, Ciudadanos, IU, Equo, CCOO, UGT, Médicos del Mundo, HOAC, Cáritas, MPDL-Moviento Por la Paz, Federación de Derechos Humanos de España, Consejo General de la Abogacía, Coordinadora de ONG para el desarrollo, EAPN, ACCEM, CEAR y UNICEF.

martes, 23 de febrero de 2016

sábado, 13 de febrero de 2016

Marcha europea por los derechos de los refugiados


LA VERGÜENZA DE EUROPA, A PIQUE: OMISIÓN DE SOCORRO A REFUGIADOS Y MIGRANTES EN EL MAR
Amnistía Internacional

"Aquí unos se compadecen de nosotros, otros están descontentos: 'Los refugiados roban las patatas. Las desentierran por la noche'. En la otra guerra, como recordaba mi madre, la gente se compadecía más de los demás".
Lo cuenta una de las mujeres a las que Svetlana Alexiévich da la palabra en su libro Voces de Chernóbil (Debolsillo, Penguin Random House, 2015). Esa "otra guerra" a la que se refiere es la Segunda Guerra Mundial.

Pero la lectura de las crónicas sobre el terreno recopiladas por Hans Magnus Enzensberger en el libro Europa en ruinas. Relatos de testigos oculares de los años 1944 a 1948 (Capitán Swing, 2013) no parecen justificar esa reflexión añorante. Así, el escritor suizo Max Frisch describe la siguiente escena en la estación de ferrocarril de Frankfurt, en 1946:
"Hay refugiados tendidos en todos los escalones y uno tiene la impresión de que no levantarían la vista ni aunque sucediera un milagro en medio de la plaza; tan seguros están de que no sucederá ninguno. Se les podría decir que más allá del Cáucaso hay un país que los acogerá y entonces ellos reunirían sus pertenencias sin fe ninguna. Su vida es sólo una ilusión, algo ficticio, una espera sin esperanza, ya no sienten ningún apego por ella; solo la vida continúa adherida a ellos, como un espectro, como un animal invisible y famélico que los arrastra por las estaciones de tren tiroteadas, noche y día, bajo el sol y la lluvia; respira en los niños dormidos que yacen sobre los escombros, con la cabeza entre los bracitos consumidos, acurrucados como embriones en el seno materno, como si quisieran retornar a él".
Y en ese mismo libro, otra crónica del escritor y crítico literario estadounidense Edmund Wilson, desde el Londres de abril de 1945, vuelve a dejar volar la añoranza por un tiempo pasado que, se cree, fue mejor, más compasivo y más humano:
"La Primera Guerra Mundial no había apagado aún totalmente las emociones humanas: por aquel entonces la gente aún era consciente de que la miseria y la masacre eran anómalas e indeseables. Contra el mal de la guerra protestaron gente como Harden, Roland, Barbusse, Bertrand Russel y Bernard Shaw, Upton Sinclair y John Dos Passos, por no hablar de Lenin y los socialistas de la Conferencia de Zimmerwarld. Pero hoy en día está claro que la vida humana ya no vale nada. Que maten o no a seres humanos ya no le importa a nadie, a no ser que se trate de amigos íntimos o familiares".

Cada época nos presenta sus propios retos y en cada momento histórico nos enfrentamos al reto de no traicionarnos hoy para no tener que que lamentarnos mañana, soñando un ayer más luminoso... existente sólo en nuestra culpable imaginación.
Y el reto de hoy es el de las personas refugiadas que se estrellan contra la pasividad, la indolencia o la inoperancia de Europa.



jueves, 25 de junio de 2015

Euskaltel: ¡qué les hagan un control anti-doping!

"Los 46,8 millones de euros brutos que recibirán 25 miembros de la cúpula directiva de Euskaltel como premio por el fulgurante incremento del valor de la compañia y su inmediata salida a Bolsa..." (El Correo, 25.06.15, p. 44).
¿Fulgurante incremento de valor? Veamos de qué valor se trata, leyendo la crónica de Agustín Marco en El Confidencial del pasado día 20:

Euskaltel es de las compañías más austeras en sueldos. Su presidente, Alberto García Erauzkin, tiene un salario anual de apenas 468.000 euros, similar a la retribución del consejero delegado de Jazztel, y muy lejos de los cerca de nueve millones que llega a ganar César Alierta en Telefónica. No obstante, García Erauzkin y un grupo de 25 directivos se van a embolsar el próximo 1 de julio un bonus de 44,34 millones de euros brutos como premio por la salida a bolsa del operador de telecomunicaciones.
Así consta en el folleto informativo de la Oferta Pública de Venta (OPV) del 62% del capital de Euskaltel, una operación por la que los fondos Trilantic (antiguo Lehman Brothers) e Investindustrial, más Kutxabank, van a ingresar 847,7 millones de euros, el triple de lo que pagaron en 2012 cuando entraron en su accionariado al adquirir el 48% del capital.
Gracias a la salida a bolsa, que valora la compañía entre 1.100 y 1.400 millones de euros (la banda orientativa de las acciones oscila entre los 8,7 y los 11,05 euros), se activará la materialización de un plan de incentivos aprobado por el consejo de administración en julio de 2013 y octubre de 2014. Dichos programas de fidelización fueron restringidos para 26 ejecutivos que pagaron 3,43 millones de euros por los títulos que les fueron entregados.
La mayor parte de esta inversión la hicieron gracias a préstamos que les dio la propia empresa. Estas acciones que recibieron hace apenas dos años tienen ahora un valor de 44,34 millones de euros según la horquilla de precios de la OPV reservada únicamente a inversores institucionales. En consecuencia, han multiplicado por 1.192 veces su apuesta.

El más beneficiado es el propio García Erauzkin, al que le corresponden 8,2 de los 44,34 millones, tras haber invertido 656.000 euros. Los nueve miembros de la cúpula directiva se repartirán 30,29 millones (desde 2,32 millones), mientras que 14 ejecutivos de segunda línea percibirán 5,84 millones (451.500 euros). De estas ganancias, la Hacienda vasca se quedará con el 50%, que será retenido previamente por la empresa.
Además, el consejo de administración ha aprobado esta semana distribuir gratuitamente 3,6 millones de euros brutos en acciones -equivalente a dos pagas- al resto de los 325 empleados que aún quedan en la compañía tras haber reducido la plantilla un 31% entre diciembre de 2014 y marzo de este año. Un ajuste que se ha producido tras externalizar varios servicios para rebajar los costes operativos, lo cual ha llevado a un enfrentamiento judicial entre los sindicatos y la compañía. Las primeras sentencias han sido favorables a los empleados.
Dada la generosidad del bonus, tanto el presidente como la cúpula directiva han acordado con el consejo de administración reinvertir 12,53 millones en nuevas compras de acciones de Euskaltel, por lo que tras la OPV serán propietarios de cerca del 1% de la compañía. Los empleados tendrán el 0,3%.
Un pelotazo muy de Bilbao
Al margen de las ingentes plusvalías que van a obtener Trilantic, Investidunsitrial y los directivos por la salida a bolsa de Euskaltel, los accionistas actuales, liderados por Kutxabank (50%) han realizado una rocambolesca operación por la que van a ingresar otros 200 millones de euros adicionales.
Tal y como adelantó El Confidencial el pasado
28 de mayo, la empresa ha solicitado tres líneas de financiación por hasta 500 millones que serán utilizadas para repagar la deuda actual -232 millones- y repartirse a sí mismos un dividendo de 200 millones. Se trata de lo que se conoce como actualización de balance o endeudamiento de la empresa contra el patrimonio con el fin de adecuar su situación financiera a sus competidores ya cotizados y repartirse la caja antes de salir a bolsa.
De esta manera, Trilantic e Investidunstrial van a recibir cerca de 100 millones por esta alambicada operación, a los que hay que sumar los hasta 672 millones que obtendrán por la venta de su 48% del capital.
En total, 772 millones, casi tres veces lo que invirtieron. Por su parte, Kutxabank, que se quedará con el 30% del capital tras la OPV, ingresará unos 275,7 millones.

Nada de mejorar el servicio a sus clientes, nada de ampliar plantillas o mejorar condiciones de trabajo, nada de colaborar con iniciativas sociales... Tan sólo movimientos de dinero, malabarismos financieros e ingenierías contables para generar un incremento del valor bursatil de la compañía.

Antes de aplaudir con las orejas y pagar tan enormes como inmerecidas retribuciones a unos directivos que no han hecho nada especial para merecerlas, alguien debería hacer pasar a Euskaltel por un exigente control anti-doping. ¿Cuánto hay de economía real y cuánto de burbujeante cóctel de especulación en el "exito" de Euskaltel? ¿Cuáles serán los efectos secundarios de meterse en vena tanto repago de deuda, tanto auto-préstamo, tanta actualización de balances?
Ya hemos vivido antes esas fulgurantes salidas a bolsa, con sus correspondientes premios a los directivos, que en poco tiempo han terminado en fiasco.



La que un día fue la gran esperanza tecnológica vasca, presentada como iniciativa estratégica para Euskadi, impulsada con fondos públicos, publicitada como empresa "de aquí y al servicio de las y los de aquí", es sólo otra operadora más de telecomunicaciones, tan poco "vasca y de aquí" como lamás exótica de las muchas compañías que compiten con ella por vendernos sus servicios.
Pues ya les pueden ir dando... Yo, hoy mismo convoco asamblea en mi casa y propongo cambiarnos de operadora. ¿Qué todas son iguales? Pues por eso.

miércoles, 22 de abril de 2015

miércoles, 19 de diciembre de 2012

-I -D -i


"¡Qué inventen ellos!". No entro en los muchos matices que, según parece, pueden relacionarse con la conocida frase de Unamuno. Pero, por desgracia, el desprecio del impulso público a la investigación es algo muy español, o cuanto menos muy de la derecha española, que hay derechas europeas perfectamente conscientes de la importancia de la inversión pública en investigación y conocimiento.
Lo denuncia con claridad y rigor la Carta abierta por la ciencia en España, iniciativa que reúne a sociedades y organizaciones científicas, investigadoras e investigadores, sindicatos y representantes de las universidades. Apoyada por 26.000 investigadores de más de 80 países y casi un centenar de sociedades científicas, la Carta denuncia una reducción progresiva de financiación pública a I+D+i del 40% en los últimos cuatro años, lo que sitúa la inversión en este campo muy por debajo de los objetivos de la Unión Europea.

"Cuando uno examina la escena actual, resulta cristalino que los países que están sorteando con éxito la crisis son también los que más han invertido en ciencia. España, Portugal, Italia, Irlanda, por no decir Grecia, han puesto su dinero en otras cosas y ahora están en aprietos. Se puede alegar que los países ricos son los que pueden darse el gusto de la ciencia, y de este modo entraríamos en una discusión sobre si es primero el huevo o la gallina, pero la lógica nos dice que esta pregunta es absurda: se precisa riqueza para tener buenas universidades y se requieren buenas universidades para que el país genere riqueza. Que este círculo virtuoso se complete depende de decisiones gubernamentales" [A. Aguilar, "La investigación, ¿un lujo en tiempos de crisis?"]. Así es. Pero nos gobierna un atajo de irresponsables que está poniendo en peligro el futuro de todos.

Jóvenes investigadores hacen las maletas y se marchan de España. Instituciones tan importantes como el CSIC se asoman al abismo por la falta de financiación [¡hablamos de unos miserables 100 millones, poco más de lo que va a cobrar Messi hasta 2018!]. “Reducir becas o movilidad deja en paro a la mejor savia de un país. Si no investigas, ¿volvemos otra vez al ladrillo?” [Ana Crespo, Academia de Ciencias]. Tal parece que sea el diseño de futuro del PP.


En España la tan cacareada I+D+i se ha convertido en -I-D-i. Por eso hoy la ciencia y la investigación están protestando en la calle. Aquí en Euskadi no, y no entiendo por qué no. Espero que no nos hayamos creído lo del "oasis vasco sin recortes". Yo, desde aquí, me sumo a la protesta.