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miércoles, 22 de diciembre de 2021

Entre nosotras: antología de la poesía de Audre Lorde

Audre Lorde
Entre nosotras: una antología
Selección, introdución y traducción de Michel Lobelle 
Visor, 2019

"En todas las categorías, por minoritarias que fueran, era una forastera: forzaba, con la abundancia irrefrenable de la diversidad que sentía ser, una minoría más en el grupo menos visible o más silenciado. En el movimiento feminista era negra, y se encontraba con que el racismo condicionaba la mirada y la actitud de las mujeres blancas; en el movimiento de liberación negra era mujer, así que tenía que sobrevivir al machismo de sus compañeros; además, era lesbiana, y esto despertaba reticencias y rechazos en ambos movimientos; y su pareja era blanca, lo que conllevaba un cuestionamiento racial de las compañeras que aceptaban su sexualidad; y era madre, y esto rompía con los patrones heteropatriarcales de la crianza" (Michel Lobelle).


Leer a Audre Lorde es asumir que te van a partir la cara, que vas a ser interpelada, cuestionada, removida. No es solo cuestión de que quien esto firma sea un varón-blanco-heterosexual; como bien indica Michel Lobelle, Lorde era diversidad sentida, vivida, interseccionalidad encarnada, cuestionamiento de cualquier identidad que se pretenda unívoca. Fijémonos, si no, en los primeros versos de su poema "Entre nosotras":

Hubo un tiempo en que al entrar en una habitación
mis ojos solían buscar las caras negras
para el contacto o el consuelo o un signo
de que no estaba sola
ahora
al entrar en una habitación llena de caras negras
que me destruirían por cualquier diferencia
¿adónde mirarán mis ojos?
Hubo un tiempo en que era fácil
saber quién era mi gente.

La poesía de Audre Lorde, al menos la recogida en esta antología, es rabia y es memoria, orfandad y tormentas ("El árbol de la rabia tiene tantas raíces /que a veces las ramas se hacen trizas /antes de dar fruto"). Es también amor y sexo ("Canta tierra y bendíceme con lo más rico / haz que el cielo haga fluir miel de mis caderas"), maternidad y sororidad ("como mujeres estamos hechas para sangrar / pero nbo esta sangre malbaratada /cada mes mi sangre un memorial / de mis hermanas no pronunciadas que caen / como rojas gotas sobre el asfalto").

Lorde , autora de esa famosa sentencia que dice que "las herramientas del amo nunca desmontan la casa del amo" (en La hermana, la extranjera, traducción de María Corniero Fernández, editorial Horas y horas, 2003), es sobre todo una poeta que llama a la acción, al compromiso, a la militancia:

Hay mujeres que esperan 
que algo cambie       pero
nada cambia
así que se cambian
a sí mismas.

Amén.


sábado, 21 de diciembre de 2019

Breve elogio de la errancia

Akira Mizubayashi
Breve elogio de la errancia
Traducción de Mercedes Fernández Cuesta
Gallo Nero, 2019

"No me gustan los desplazamientos. Soy de naturaleza muy sedentaria. Estoy bien donde me encuentre. No obstante, ¿me atrevería a definirme como un ser errante? Mi errancia, de haber errancia, es de orden interior, como la de todos mis grandes héroes convocados en las páginas anteriores. Pero es también y sobre todo de naturaleza lingüística. Comenzó hace ya más de cuarenta años entre dos lenguas, entre por un lado la de mis padres, la que me llegó de modo natural, la que me atraviesa de arriba abajo y, por otro, la que me fuí a habitar, de la que elegí apropiarme, de la que decidí hacer un lugar de anclaje que me permitiera distanciarme de lo que mi lengua de origen me obliga a ser".


Akira Mizubayashi (Sakata, 1951) cursó estudios superiores de lenguas y civilizaciones extranjeras en Tokio y entre 1973 y 1976 estudia pedagogía en Francia, la Universidad Paul-Valéry de Montpellier, graduarse de profesor de francés como lengua extranjera. Desde 1983 enseña francés en diversas universidades de Tokio. Apasionado por la obra y la perspectiva filosófica de Rousseau, Mizubayashi se considera a sí mismo un "errante sedentario", un errante interior, emocional y lingüístico.

En este breve pero profundo ensayo cuestiona el conformismo comunitarista japonés, tradicional y hegemónico, que alcanzó su cénit con el Estado imperial nipón, concebido como "cuerpo estado-moral" hacia el que el individuo debe una "responsabilidad infinita". Este modo de existencia "obstaculiza la aparición de seres singulares asociativos y su avance por el camino de una verdadera apropiación democrática". Porque el autor considera que esa mentalidad no terminó con la derrota del Japón imperial en la Segunda Guerra Mundial, sino que continúa muy presente en la actualidad:

"La sociedad japonesa de 2013, entregada a la indiferencia masiva y la ignorancia de la cultura deliberativa, sigue siendo  una sociedad dispuesta a sucumbir ante la tentación conformista de la mayoría".

Mizubayashi contrasta esta realidad, característica de su sociedad y su cultura de origen, con la realidad que él ha conocido en Europa y que ha querido hacer suya:

"En Europa occidental, el conformismo es objeto de una crítica acerba cuando se confunde con la sumisión a a la tiranía de la mayoría. En Japón, es más bien la voz (o la vía) de la sabiduría, como indica el proverbio antes mencionado: 'Déjate envolver por lo que es largo'".

Así y todo, también existe en la tradición japonesa una figura que rompe con el conformismo hegemónico y encarna la errancia: se trata del ronin, el samurái sin señor, vagabundo, que es el personaje central de tres grandes películas de Akira Kurosawa: Yojimbo (1961), Sanjuro (1962) y, acaso la más conocida, Los siete samuráis (1954), que Mizubayashi considera un ejercicio explícito de derribo de la idea de "cuerpo estado-moral [...] en beneficio de otro cuerpo que es, precisamente, un cuerpo político no ya informado por una instancia tutelar exterior sino fundamentalmente nacido de la voluntad común de los individuos reunidos".

Reivindicación del distanciamiento crítico respecto de lo que nos viene dado (familia, cultura, tradición, lengua, patria) y elogio de un proyecto de "individualidad kurosawaitiana", consistente en la constitución de "un ser singular que tiende a compartir y es consciente de su dimensión plural". Un proyecto esencial no sólo para Japón, también para una Europa bastante menos roussoniana de lo que Mizubayashi afirma y mucho más conformista-comunitarista de lo que acaso imagina.

lunes, 7 de octubre de 2019

Safari en la pobreza

Darren McGarvey
Safari en la pobreza. Entender la ira de los marginados en Gran Bretaña
Traducción de Martin Schifino
Capitán Swing, 2018


Pertenecer a la clase baja significa sentarse día tras día a leer las noticias para encontrarte con innumerables artículos de The Guardian que confirman cosas que sabías ciertas hace veinte años. […] Ojalá hubiera manera de que quienes crean el relato de vez en cuando consultaran a los más desfavorecidos. Hacerlo podría interrumpir el flujo continuo de suposiciones sobre las que se basan muchos asertos de los ricos y poner el debate sobre la sociedad en sintonía con el modo en que la sociedad realmente vive.


Nacido en una familia y en un barrio de clase trabajadora -su "árbol genealógico" incluye familiares cercanos, o él mismo, con problemas de alcoholismo, antecedentes penales, graves problemas financieros, intentos de suicidio, carencias educativas...-, McGarvey ha escrito un libro que cuestiona la aproximación a la pobreza que se realiza desde una clase media liberal de izquierdas que se ha dedicado históricamente a hablar a/de/sobre/para unas clases populares o una clase trabajadora, pero nunca se ha molestado en hablar con ella o, mejor aún, de dejarse decir por ella. El resultado es un monumental desencuentro:

Dado que los especialistas de esta clase realmente tienen buenas intenciones cuando se trata de atender los intereses de las personas de las comunidades desfavorecidas, acaban un poco confundidos, molestos y ofendidos cuando esas mismas personas empiezan a transmitirles su enfado. Nunca se les ocurre, pues se ven como los buenos, que la gente a la que pretenden servir pueda considerarlos oportunistas, trepas o charlatanes. Ellos mismos se consideran paladines de la subclase, y si algún pobre empieza a mostrar ideas propias o, Dios no lo quiera, se rebela contra los expertos en pobreza, lo culpan de malinterpretar los hechos. En efecto, estos tipos a menudo están tan seguros de su propia visión y sus virtudes que no se lo piensan dos veces antes de describir a la gente de clase trabajadora a la que pretenden representar como responsable de hacerse daño a sí misma si votan por un partido de derechas.

Este desencuentro se ha plasmado de manera muy evidente en los proyectos de "regeneración" de los barrios populares, que han terminado en desastrosas intervenciones cuya consecuencia más dramática ha sido la destrucción de la memoria de esas comunidades y de los espacios públicos que permitía a estas personas encontrarse (muchas veces conflictivamente) y construir lazos sociales entre sí:

La regeneración expone el abismo que separa a la gente que considera esta comunidad un «proyecto» o un «plan», una empresa en curso o un problema por resolver de la gente que realmente vive aquí.

Muy sugerentes las páginas que dedica a la importancia de la biblioteca pública en los barrios populares.

McGarvey cuestiona también los análisis de la izquierda liberal/izquierda cultural sobre la apatía política como un rasgo asociado a menudo con las clases bajas. Análisis moralizantes, ciegos a la posición de clase de quienes los formulan, que a menudo acaban culpando a las personas que sólo se expresan políticamente mediante la ira y el resentimiento, dirigidos muchas veces contra las personas inmigrantes y coincidentes muchas veces con las propuestas del populismo de derechas:

Algunas de las personas más vulnerables del mundo, que huyen de la pobreza y la violencia, acaban en las comunidades más empobrecidas y violentas del Reino Unido cuando llegan a nuestro país. En el torbellino de hipérboles, recriminaciones y chivos expiatorios, queda pendiente un debate sensato sobre las causas y los efectos de la inmigración en nuestras comunidades desaventajadas y sobre lo que podemos hacer para que vaya mejor. Entre otras cosas, para los migrantes mismos.

En relación a estas cuestiones, también dedica varias páginas a plantear una interesante y discutible reflexión sobre las tensiones entre diversidad y clase social, entre las políticas de la identidad y los análisis de clase:

Cuanto más prominente se ha vuelto la teoría de la interseccionalidad, más se ha descartado el análisis de clase. En lugar de producir una política de clases que incluya un espectro amplio de gente, la justicia social que se construye sobre la base de la política identitaria gentrifica los análisis de clase tradicionales. [...] Como manera de percibir la complejidad de nuestras distintas experiencias individuales y grupales, [la interseccionalidad] sin duda es muy útil. Como herramienta práctica para entablar un diálogo abierto con una amplia variedad de voces es un fracaso estrepitoso.

Pero el elemento más novedoso del libro, y el que perimetra el campo para una necesaria conversación (pendiente) en la izquierda, es su aproximación a la relación entre estructura y agencia, entre factores sistémicos y factores personales, entre responsabilidad colectiva y responsabilidad individual. McGarvey es muy consciente -¡cómo no va a serlo con su biografía!- de la influencia que sobre la vida de las personas tienen los factores estructurales:
Por debajo de la especificidad y la singularidad de nuestras vidas individuales tal y como las hemos llevado en el plano subjetivo, corre un camino de pura inevitabilidad del que rara vez nos hemos apartado. [...] Las clases sociales, por encima de todo, siguen constituyendo la principal línea divisoria en nuestra sociedad. En realidad, no se trata tanto de una línea divisoria como de una herida a escala industrial

Sin embargo, hay una clara intencionalidad en su libro, que aspira así a cumplir una función performativa, casi diría que militante: resaltar la capacidad que las personas tenemos, incluso en contextos sociales altamente exclusógenos, de tomar decisiones individuales que produzcan cambios significativos en la vida de cada cual, pero también en la vida de la comunidad. De lo que se trataría es de recuperar la idea de responsabilidad personal, que se ha convertido en el monopolio de la derecha:

Un análisis sistémico centrado en factores externos renuncia de manera imprudente a la oportunidad de explorar el papel que nosotros, como individuos, familias y comunidades, podemos desempeñar en las circunstancias que definen nuestras vidas. Adoptar una posición no solo basada en clamar contra el sistema, sino en examinar nuestras ideas y conductas. [...] Al alentar a las personas a creer que sus problemas inmediatos exceden sus capacidades, se les niega la voluntad individual de la que las priva la pobreza.

Un libro escrito desde la experiencia, que permite plantear debates interesantes.

jueves, 18 de octubre de 2018

Ecotonos y barrios diversos

Leyendo el maravilloso Sueños árticos, de Barry López (Capitán Swing, 2017), descubro el concepto de ecotonos. Observando la vida natural que se desarrolla en los bordes helados del mar glacial, escribe:

"Esta es una particular zona de encuentro, como la frontera de un bosque junto a un claro, o el área de confluencia de las aguas dulces de un estuario con las corrientes salinas del mar, o la margen de un río. La coexistencia de animales pertenecientes a ecosistemas diversos confiere a estas zonas limítrofes un fuerte potencial evolutivo. Aquí, en la rada del Almirantazgo, las criaturas voladoras caminan sobre el hielo. Rompen la superficie del agua al zambullirse para alimentarse. Y los mamíferos marinos la cruzan en sentido contrario cuando salen a respirar. [...] En biología, estas zonas de transición entre dos comunidades distintas reciben el nombre de ecotonos".

Tras la conversación del martes en la Escuela de la Diversidad de Barakaldo, me planteo que los barrios con alta diversidad pueden estar funcionando como una suerte de "sociotonos": imprescindibles zonas de transición entre comunidades humanas diferentes, que se entrecruzan en unos mismos espacios sociales. Hábitats urbanos tan delicados y amenazados como el Ártico, y tan necesitados de reconocimiento y protección como este.
Puede consultarse AQUÍ la presentación que he utilizado.


jueves, 2 de noviembre de 2017

Las elecciones y la elección

Hay quienes creen que las elecciones del 21 de diciembre lo cambian todo: en concreto, se piensa que el simple hecho de su celebración trasladará el marco interpretativo actual del enfrentamiento entre una Cataluña insumisa y un Estado opresor a la realidad de una sociedad catalana diversa en sus opciones de futuro, que ha de aclarar internamente sus aspiraciones de autogobierno y la manera de conseguirlas. En otras palabras, se confía en que las elecciones movilicen a una supuesta sociedad “silenciada”, contraria al soberanismo unilateralista, a la vez que desanimen al soberanismo más radical (participar en las elecciones es aceptar el 155 y traicionar el mandato del 1-O), dividan al soberanismo más pragmático o astuto (Santi Vila versus Oriol Junqueras) y acobarden al catalanismo burgués alarmado por el “voto de los mercados”.

Una encuesta de NC Report, realizada el 23 de octubre, permitía a algún analista confiar en la solución aritmética al problema catalán: si los partidos constitucionalistas lograran 300.000 votos más de los que lograron en las anteriores elecciones de 2015 podrían alcanzar la mayoría absoluta de 68 escaños en el Parlament. Otro sondeo de Sigma Dos, realizado en las mismas fechas, también apunta a la pérdida de mayoría absoluta del independentismo. Pudiera ser así, pero lo cierto es que no resulta fácil pensar en movilizar a mucha más gente de la que votó en las elecciones de 2015, con un récord de participación del 77%. Por otra parte, una encuesta de Metroscopia sigue reflejando una división casi a partes iguales entre constitucionalistas e independentistas, si bien la posición de los segundos varía en función del escenario que se plantea tras la independencia. Y otro estudio del Centro de Estudios de Opinión (CEO) señala que el sí a la independencia obtendría un apoyo del 48,7% de los catalanes (del mayor porcentaje favorable a la separación desde 2014, cuando se comenzó a formular la pregunta), frente al 43,6% que se opondría.

En el fondo, lo que se espera es que las elecciones del 21-D sean las del desempate: que la aritmética electoral resuelva lo que la política no sólo no ha solucionado, sino que ni tan siquiera ha afrontado. ¿Qué va a hacer el Gobierno español cuando el día 22 compruebe que los independentistas seguimos siendo tantos, si no más, como antes?, inquiere un Puigdemont no sé si asilado en Bruselas, pero sí aislado de la realidad de Cataluña. “Tenemos que ganar al secesionismo en las urnas. ¿No querían votar?, pues que voten, hay que trabajar por ganarles en las urnas”, proclamaba una de las intervinientes en la manifestación del 29 de octubre de Societat Civil Catalana. Pero, ¿no es también el secesionismo parte constitutiva de esa misma sociedad civil?

El filósofo vasco Patxi Lanceros ha escrito un libro, El robo del futuro (Los libros de la catarata, 2017), que debería ser de lectura obligatoria para cuantas personas aspiren a gestionar la realidad política, o a interpretarla. “La sociedad –recuerda Patxi Lanceros- es irrepresentable como unidad porque carece de ella. O sólo se presenta como unidad cuando se vuelcan sobre ella los criterios, que en principio le son ajenos, del pueblo o de la nación. […] la sociedad desborda cualquier límite. Hoy la sociedad, relación y comunicación, salta cualquier barrera. Y es esa sociedad indócil, fascinante y conflictiva lo que hay que representar. Sin poder esperar, cabalmente, éxito en la empresa”. De ahí su conclusión: “El reto (y el riesgo) de las instituciones democráticas, que han de adaptar cada vez más y cada vez de forma más acelerada a una sociedad crecientemente compleja, consiste en, precisamente, representar lo irrepresentable. Es decir, reciclar y procesar las ficciones de (la) unidad, las nostalgias de (la) homogeneidad”.

Me temo que de aquí a las elecciones la aspiración a superar de una vez por todas ese “empate infinito” que tan poco gusta a nacionalunanimistas de todo pelaje, tanto de allá como de acá, va a marcar no sólo el tempo preelectoral, sino también el desarrollo tras las mismas. Las elecciones, planteadas como desempate y solución aritmética, van a impedir que abordemos la elección de la que realmente depende nuestro futuro: la elección entre complejidad y homogeneidad. Y que, reconociéndonos en la complejidad irrepresentable como unidad, abramos una conversación sosegada sobre la mejor manera de organizar esta complejidad, que sólo podrá ser federal: “Del lat. foedus, -ĕris, pacto, alianza”.




viernes, 8 de septiembre de 2017

Cataluña, España y sus dinosaurios

Las mayorías corrompen, y las mayorías absolutas corrompen absolutamente. Más aún cuando cualquier mayoría puede ser absoluta hoy, pero no serlo mañana. Es lo que tiene vivir en tiempos de complejidad, liquidez, incertidumbre, transición, caos, riesgo, metamorfosis… Escojan, de entre los muchos que ofrecen las ciencias sociales, el adjetivo que mejor defina en su opinión la época que nos ha tocado vivir: cualquiera de ellos nos advierte de la situación de provisionalidad en la que debemos tomar nuestras decisiones, desde la prudencia, como ingenieros sociales fragmentarios (que diría Popper) y no como omniscientes demiurgos. Lo más seguro es que vete a saber...

Las mayorías absolutas que se olvidan de que la condición de “absolutez” tiene siempre un carácter temporal, coyuntural, dan lugar a decisiones políticas pesadamente legales, pero heridas de legitimidad: como la reforma, con agosticidad y alevosía, del artículo 135 de la Constitución en 2011; o como la aprobación con alevosía, aceleración y nocturnidad, de la ley de Transitoriedad Jurídica.

De lo ocurrido el día 6 en el Parlament lo que menos relevante me parece es todo eso que tanto se ha repetido sobre el respeto a la legalidad vigente, a los procedimientos parlamentarios, a las formas democráticas, etc. Me hacía hasta gracia escuchar una y otra vez, como si se tratara de un argumento definitivo e inapelable, que los letrados del Parlament habían advertido a Forcadell de que tramitar la ley del referéndum era un acto ilegal: ¡cómo si hiciera falta ser experto en derecho administrativo para saberlo! ¡cómo si dichos letrados pudieran, en cuanto tales, concluir otra cosa! ¡cómo si no lo supieran la propia Forcadell, la Mesa del Parlament, el Govern y las diputadas y diputados soberanistas!

El problema no es que un supuesto pueblo movilizado al unísono, constituido en sujeto político soberano, se plante en contra de una institucionalidad que no lo reconoce como tal. ¿Acaso no ha sido así en todos los procesos de autodeterminación nacional? Con más o menos violencia (casi siempre con más), el surgimiento de un nuevo sujeto soberano, desgajado de un cuerpo político más amplio, del que hasta ese momento ha formado parte subordinada, no puede hacerse sin rupturas de la legalidad instituida: no es un acto de evolución, sino de revolución. En fin: que la Revolución Francesa dio lugar al nacimiento del derecho administrativo, el principio de legalidad, la división de poderes o el arbitrio judicial, sí, pero tras hacer pasar al Ancien régime por la igualadora guillotina.

Si el imaginario nacionalista, preñado de unanimismo y consensualidad –“¡Tot el camp es un clam!”-, se correspondiera con la realidad sociopolítica catalana, otro gallo cantaría. Se producirían saltos o quiebras de legalidad, claro que sí, pero cabría esperar que el resultado final sería positivo: una nueva legalidad sustituiría la vieja y un nuevo estado democrático se sumaría a los ya existentes. Pero la ficción de un país oprimido, colonizado, alzado frente a otro país distinto, opresor y colonial, no se sostiene ante la imagen desoladora de un Parlament en el que los escaños de la oposición han quedado vacíos. Cataluña contra Cataluña.


Los problemas de convivencia entre poblaciones que viven entremezcladas en sociedades crecientemente plurales y diversas no se resuelven mediante la secesión. Esta operación de cirugía política pudo servir (y habría que discutirlo mucho, caso por caso) en contextos socioculturales mucho más simples, o más simplificados. Pero en sociedades complejas como la catalana, lo que el cirujano soberanista imagina como una elegante e indolora operación guiada por láser puede acabar como una carnicería, metafóricamente hablando. O no tanto: lo que hizo la diputada de Catalunya Sí que es Pot, Àngels Martínez Castells, al retirar las banderas españolas que, acompañadas de las correspondientes senyeras, colocaron en sus escaños las parlamentarias y parlamentarios del PP, es un ejercicio de mutilación de una parte del cuerpo social catalán. "La mía es la republicana, ésa no la hubiera quitado", ha explicado la pimpante diputada, como si tal cosa fuera un mérito en lugar de una vergüenza. Mantener lo mío, ocultar o eliminar lo que considero ajeno. Limpieza simbólica.

Qué lejos de la sabiduría de aquella otra mujer, Rosa Luxenburgo, esta sí revolucionaria de raza en tiempos nefastos para la revolución, cuando escribió: “La libertad solo para los que apoyan al gobierno, o solo para los miembros de un partido, por numerosos que sean, no es libertad. La libertad siempre es libertad para los que piensan de manera diferente. No a causa de ningún concepto fanático de la «justicia», sino porque todo lo que es instructivo, totalizador y purificante en la libertad política depende de esta característica esencial, y su efectividad desaparece tan pronto como la «libertad» se convierte en un privilegio especial”.

Dicho todo lo anterior, convendría recordar a Monterroso: “Cuando despertó, el dinosaurio todavía estaba allí”. Los dinosaurios, en este caso. Cuando el soberanismo despierte, el dinosaurio de la Cataluña plural, compleja, diversa, multi-identitaria, todavía estará allí, con todas sus banderas. Como estará allí el dinosaurio de la sociedad catalana adulta, autónoma, autogobernada, negadora de cualquier tutela impuesta, cuando quien despierte sea el estatonacionalismo español. Cuando despertemos, no sé cuándo ni cómo, los dinosaurios seguirán estando aquí.

Publicado en EL DIARIO NORTE

ACTUALIZACIÓN:
Impresionante la intervención de Joan Coscubiela. Dignísimo heredero de la tradición de Rosa Luxemburgo. Me siento honrado de compartir con él, además de su discurso, aficiones (montaña) y militancia sindical.

viernes, 15 de julio de 2016

Releyendo a Bauman el día después de la matanza de Niza (y escuchando a Zaz)

Un muñeco junto a una de las víctimas.http://elpais.com/elpais/2016/07/15/album/1468534971_972179.html#1468534971_972179_1468538645


¡Qué seguro, confortable, cálido y amigable sería el mundo si fueran los monstruos y sólo los monstruos quienes perpetraran actos monstruosos!
Daños colaterales, Fondo de Cultura Económica, 2011, p. 182.

Europa fue capaz de vivir y aprendió el arte de vivir con los demás. En Europa, como en ningún otro lugar, "el Otro" es el vecino de la puerta de al lado o al otro lado del pasillo, y los europeos, tanto si les gusta como si no, deben negociar los términos de su vecindad a pesar de las diferencias y la alteridad que los separa.
Ceguera moral (con L. Donskis), Paidós, 2015, p. 238.


Y en esta tensión debemos seguir viviendo. Entre la posibilidad de que el monstruo sea la persona que vive en la puerta de al lado y la necesidad ineludible de reconocer y construir la vecindad a pesar de la alteridad. No dejándonos ganar por el miedo que tantas veces nos lleva a convertirnos en el mismo monstruo al que queremos combatir. No renunciando a mejorar en el arte, tan trabajosamente aprendido, de vivir con los demás, y no sólo con los nuestros.


lunes, 16 de mayo de 2016

Seis días: una excelente novela sobre los disturbios de 1992 en Los Ángeles



Ryan Gattis. Seis días. Seix Barral, Planeta 2016.

Esta novela nos sumerge en los seis días de disturbios que sacudieron a la ciudad de Los Ángeles en 1992, cuando un jurado absolvió a los cuatro agentes de policía que aparecieron en unas grabaciones tomadas por el videoaficionado George Holliday, mientras propinaban una brutal paliza al taxista negro Rodney King.
Un libro excelente. Escrito con el pulso narrativo de los mejores thrillers, la manera en que a lo largo de la obra se entrecruzan las vidas de sus 17 personajes, protagonista cada uno de ellos de un capítulo, es magistral.
Y como escenario Los Ángeles, ciudad icónica, biótopo de replicantes y blade runners, ciudad de cuarzo, sueño y pesadilla americana.

Y luego Los Ángeles tiene otra cosa. Es gigantesco, pero todo el mundo se queda en su pequeña parcela. Hay manzanas enteras donde la gente solamente habla español o etíope, o lo que sea.
Es como si cada raza fuera un boxeador, y cuando pasa eso, cuando uno adopta esa mentalidad, es fácil ver a todos los demás como oponentes, como alguien a quien derrotar, porque, si no, no te llevas la parte que te corresponde. No obtienes tu premio, ¿sabéis?
Y quizá ésa sea la clave, en pocas palabras, como dice la gente.
Agarras a un puñado de personas de todas partes del mundo, las colocas a cada cual en su parcela sin dejarles que se mezclen ni que se comuniquen, y todos se pondrán a competir, porque, joder, en Los Ángeles todo el mundo anda siempre metido en chanchullos.

domingo, 11 de enero de 2015

Defender el hogar del mundo entero


En 1949 el periodista y escritor Elwyn Brooks White publicó en la revista Holiday un ensayo titulado "Here is New York", publicado en castellano en 2003 por la editorial Minúscula. En las páginas finales, White escribe lo siguiente:

“El cambio más sutil que ha experimentado Nueva York es algo de lo que la gente no habla demasiado pero que está en la imaginación de todos. La ciudad, por vez primera en su larga historia, se ha vuelto vulnerable. Una escuadrilla de aviones poco mayor que una bandada de gansos podría poner fin rápidamente a esta isla de fantasía y quemar las torres, derribar los puentes, convertir los túneles del metro en recintos mortales e incinerar a millones. La intimidad con la muerte forma parte ahora de Nueva York: está en el sonido de los reactores en el cielo y en los negros titulares de la última edición. 
Todos los habitantes de las ciudades deben convivir con la testaruda evidencia de la aniquilación; en Nueva York dicha evidencia se concentra aún más, debido a la propia concentración de la ciudad y porque, de entre todos los blancos, Nueva York tiene una prioridad firme y clara. Nueva York debe de ejercer un atractivo irresistible sobre la imaginación de cualquier soñador perturbado que desee desatar la tormenta [...].. 

Esta carrera -la carrera entre los aviones destructores y el batallador Parlamento del Hombre está en la imaginación de todos. La ciudad por fin ilustra a la perfección tanto el dilema universal como la solución general; esta paradoja de acero y piedra es al mismo tiempo el blanco perfecto y la perfecta demostración de la no violencia y la hermandad racial; este blanco airoso que rasca los cielos y se encuentra a mitad de camino con los aviones destructores, hogar del mundo entero y de todas las naciones, capital de todo, alberga las deliberaciones que detendrán a los aviones e impedirán su vuelo...”

Con esa referencia al "batallador Parlamento del Hombre" el autor se está refiriendo al edificio de las Naciones Unidas que se estaba construyendo por entonces en la ciudad.

United Nations during constructionin 1949.

Fotografía: Daily News 

Publicado, recordémoslo, en 1949, estas páginas fueron muy citadas tras los atentados contra las Torres Gemelas del 11 de septiembre de 2001. Las razones son obvias.
Pero a mi me interesa más hoy fijarme en lo que el texto de White tiene de reivindicación de la ciudad diversa, cosmopolita y, sin embargo, convivencial. Como escribe en otro momento:

"La colisión y la mezcla de tantos millones de personas nacidas en el extranjero y que representan tantas razas y credos diferentes convierten Nueva York en un ejemplo permanente del fenómeno de un mundo único. Los ciudadanos de Nueva York son tolerantes no sólo por inclinación sino por necesidad. La ciudad ha de ser tolerante o estallaría en una nube radiactiva de odio y rencor y fanatismo".



Esa misma experiencia de convivencia en la diversidad se refleja también en la novela del nigeriano-americano Teju Cole Ciudad abierta, publicada por Acantilado. Ubicada igualmente en Nueva York, en un momento de la novela el protagonista, un joven psiquiatra de origen nigeriano que trabaja en un hospital de la ciudad, conversa con Faruk, responsable de un concurrido locutorio:

"[...] Entró una clienta. Faruk la saludó con un Ça va? La mujer respondió: Alhamdulillah. Esto está muy concurrido, ya ves. No sólo de gente que envía saludos de Año Nuevo, muchos llaman a su casa por el Eid. Hizo un gesto hacia la pantalla que tenía detrás, con el registro de las llamadas de las doce cabinas en aquel momento: Colombia, Egipto, Senegal, Brasil, Francia, Alemania. Parecía de novela que un grupo de gente tan pequeño pudiera llamar a un espectro de países tan amplio. Viene siendo así desde  hace dos días, dijo Faruk, y es una de las cosas que me gustan de trabajar aquí. Es una prueba de lo que creo: la gente puede vivir junta sin dejar de mantener intactos sus propios valores. Ver tal cantidad de individuos de sitios diferentes me toca la fibra humana y la intelectual. 
[...] Creo a rajatabla en eso, que la gente puede vivir junta, y quiero entender cómo hacerlo posible. Pasa aquí, en esta tienda, a pequeña escala, y lo que quiero es entender cómo puede pasar a una escala mayor".

White fue uno de los más destacados y representativos colaboradores de la revista The New Yorker. Precisamente, esta publicación ha querido homenajear a los mártires de Charlie Hebdo en su último número con una hermosa portada de la ilustradora española Ana Juan..De Nueva York a París: defender la vida en común, hacer de cada ciudad el hogar del mundo entero.