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sábado, 2 de enero de 2021

Nuestra enfermedad: lecciones de libertad en un diario de hospital

Timothy Snyder
Nuestra enfermedad. Lecciones de libertad en un diario de hospital
Traducción de María Luisa Rodríguez Tapia
Galaxia Gutenberg, 2020
 
"La salud es nuestra vulnerabilidad común y nuestra oportunidad compartida de ser más libres juntos. Curar nuestra enfermedad enriquecería la vida, extendería la libertad y nos permitiría buscar la felicidad, solos y juntos, en soledad y en solidaridad. Para ser libres necesitamos estar sanos, y para estar sanos nos necesitamos unos a otros".
 

El 29 de diciembre de 2019, el historiador Timothy Snyder cayó gravemente enfermo. Unos días antes, el 3 de diciembre, mientras impartía una conferencia en Munich, empezó a sentirse mal: él no lo sabía, pero su apéndice había reventado y la infección empezaba a afectar a todo su organismo.

A lo largo de tres meses, entre diciembre de 2019 y marzo de 2020, mientras pasaba por cinco hospitales distintos, fue tomando notas en las que reflexionaba sobre las conexiones entre la salud y la libertad. Su relato de su último ingreso, en un hospital de New Haven, en Connecticut, es un cuento de terror. "Dos semanas antes me habían operado de apendicitis en el mismo hospital, pero no parecía que nadie de urgencias tuviera ganas de ver mi historial informatizado". Tampoco leyeron los informes impresos que llevaba consigo, ni se demoraron unos minutos para hablar con el paciente: "Si hubieran hablado conmigo un poco más, yo les habría podido mostrar mi historial médico de Florida, que indicaba un volumen elevado de enzimas hepáticas, un indicio importante de lo que estaba pasando. Yo había rodeado incluso con un círculo los resultados pertinentes en el papel, pero no conseguí que nadie les prestara atención". Mientras esperaba durante horas en un cubículo, la septicemia iba conquistando su organismo hasta empujarlo al borde mismo de la muerte. Horas de angustia y dos dolorosas e innecesarias punciones lumbares para descartar que se tratara de una meningitis después, finalmente fue intervenido para drenarle el hígado infectado, lo que salvó su vida.

A pesar de todo, Snyder no culpa a las y los sanitarios que le (mal)atendieron. Una noche de sábado en un hospital de urgencias en EEUU es una locura. Pero además, y sobre todo, considera que el problema no está en el comportamiento de las personas concretas sino en un "sistema que hace que los médicos estén siempre agobiados y cometan errores". Su profundo conocimiento de las sociedades europeas, fruto de sus prolongadas estancias en Francia, Austria, Alemania o Inglaterra, le facultan para juzgar muy criticamente el sistema sanitario estadounidense:

"El comienzo de la vida en Estados Unidos es aterrador y lleno de incertidumbres. la atención a las embarazadas es increiblemente desigual y deficiente. Es frecuente que las mujeres negras mueran en el parto, igual que sus bebés. La tasa de mortalidad de los recién nacidos de madres afroamericanas es mayos que la de Albania, Kazajistán, China y otros setenta países. [...] Morimos más jóvenes que en veintitrés países europeos; morimos más jóvenes que en varios países de Asia [...]. En 1980, cuando yo tenía diez años, los estadounidenses vivían por término medio un año menos que los habitantes de otros países de riqueza similar. En 2020, a mis cincuenta años, la diferencia en la esperanza de vida ha pasado a ser de cuatro años. No es que otros países sepan más o tengan mejores médicos. Es que poseen mejores sistemas".

Un sistema de salud víctima de los mismos procesos de mercantilización y neoliberalización que el conjunto de instituciones sociales en EEUU: la pequeña agricultura, la educación, el Estado del Bienestar en su conjunto. "La salud y la vida son valores humanos, no económicos; un mercado no regulado en el sector de la salud de nuestros cuerpos produce enfermedades rentables, más que personas sanas", denuncia Snyder. De ahí su firme y militante defensa de un sistema sanitario público y universal:

"Cuando me dieron el alta en el hospital de New Haven, oí decir a algunos colegas que se asombraban de que mi esposa y yo no hubiéramos pedido ayuda a amigos poderosos cuando estaba en urgencias. Ni se nos hubiera ocurrido. Si es así como funciona el sistema, mal hecho. Si algunos estadounidenses tienen acceso a la asistencia sanitaria gracias al dinero o a la gente que conocen, estarán contentos porque a ellos se les incluye y a otros no. Y ese sentimiento convierte una preocupación humana por la salud en una desigualdad callada pero profunda que debilita la democracia. Cuando todos tienen acceso a una asistencia sanitaria digna a un coste mínimo, como ocurre en casi todo el mundo desarrollado, es más fácil considerar iguales a otros ciudadanos".

Todo esto ha empeorado con la pandemia de coronavirus, a la que dedica la tercera parte del libro. "Un virus no es humano, pero es una forma de medir la humanidad", señala con gran acierto. Desde esta perspectiva, la evaluación del desempeño de EEUU frente a la Covid-19 es, en su opinión, desastrosa. ¿Solo en EEUU? 

Reconocido experto en la historia reciente de Europa, especialmente sobre el Holocausto, la Segunda Guerra Mundial y los regímenes totalitarios, Snyder se eleva sobre su propia experiencia para ofrecernos una profunda reflexión en defensa de los fundamentos institucionales, sociales y morales de las sociedades libres, hoy amenazadas por preocupantes derivas antidemocráticas, y nos invita a recuperar y fortalecer el principio de fraternidad (solidaridad, mutualismo, comunidad, ciudadanía común, interdependencia, reciprocidad) sin el cual ni la igualdad ni la libertad son realmente posibles:

"La paradoja de la libertad es que nadie es libre sin ayuda, La libertad puede ser solitaria, pero exige solidaridad. Un adulto que ha aprendido a ser libre en soledad gozó de solidaridad cuando era niño. Es decir, la libertad es una deuda que se paga y se devuelve durante generaciones".

Una excelente lectura para fortalecernos de cara a este nuevo año.

domingo, 20 de agosto de 2017

Barcelona, t'estimo

Si no recuerdo mal creo que era por 1976 cuando, por primer vez, recorrí La Rambla. Así, con mayúscula y en singular. Luego ya aprendi que había otras ramblas, y hasta he llegado a apreciar casi más la Rambla del Raval, la más joven de las ramblas barcelonesas. Pero por aquel entonces yo tenía 15 años, acompañaba a mi primo Iñaki, que esperaba en el Clinic un trasplante de riñón., y era un pardillo fascinado por el bullicio, la libertad, la diversidad y el canalleo que se respiraba en aquella prodigiosa ciudad. Me enamoré de Barcelona.
Años después, recién licenciado en Sociología, pasé mucho tiempo en la Barcelona pre-olímpica mientras recogía información para mi tesis doctoral. Por entonces, la rambla de Cataluña no desembocaba en el mar, sino en una zona portuaria que impedía imaginar el Mediterráneo.
Tras las Olimpiadas del 92 ha vuelto en muchísimas ocasiones a la ciudad transformada, distinta en apariencia de aquella que conocí en los 70 y 80, pero en el fondo igualmente bulliciosa, progresista, dinámica, culta, divertida. Tengo allí personas, muchas, a las que aprecio y quiero: Maite, Joan, Ismael, Mar, Teodor, Carles, Núria, Xavier...
Mis querencias tiran más hacia lo rural que hacia lo urbano. Pero si alguna ciudad me resulta querida, cercana, propia, esta es, más que ninguna, Barcelona.
El atentado de la Rambla me ha dolido profundamente.
Pero escuchen "La rumba de Barcelona" o  cualquier otra de las canciones del genial Gato Pérez, y sabrán por qué ningún fanatismo podrá doblegar el espíritu libre de esa ciudad.

viernes, 15 de julio de 2016

Releyendo a Bauman el día después de la matanza de Niza (y escuchando a Zaz)

Un muñeco junto a una de las víctimas.http://elpais.com/elpais/2016/07/15/album/1468534971_972179.html#1468534971_972179_1468538645


¡Qué seguro, confortable, cálido y amigable sería el mundo si fueran los monstruos y sólo los monstruos quienes perpetraran actos monstruosos!
Daños colaterales, Fondo de Cultura Económica, 2011, p. 182.

Europa fue capaz de vivir y aprendió el arte de vivir con los demás. En Europa, como en ningún otro lugar, "el Otro" es el vecino de la puerta de al lado o al otro lado del pasillo, y los europeos, tanto si les gusta como si no, deben negociar los términos de su vecindad a pesar de las diferencias y la alteridad que los separa.
Ceguera moral (con L. Donskis), Paidós, 2015, p. 238.


Y en esta tensión debemos seguir viviendo. Entre la posibilidad de que el monstruo sea la persona que vive en la puerta de al lado y la necesidad ineludible de reconocer y construir la vecindad a pesar de la alteridad. No dejándonos ganar por el miedo que tantas veces nos lleva a convertirnos en el mismo monstruo al que queremos combatir. No renunciando a mejorar en el arte, tan trabajosamente aprendido, de vivir con los demás, y no sólo con los nuestros.


lunes, 13 de junio de 2016

Aterpe 1936: memoria y reconocimiento


Este año se cumple el 80 aniversario del inicio de la guerra civil española.
Sin rencor pero con memoria, un año más se realizará un acto en homenaje a las y los combatientes que defendieron la democracia y la libertad que representaba la República.

Este acto de reconocimiento tendrá lugar el próximo Domingo día 19 de Junio a las 13,00 horas en el Monumento ATERPE 1936, en Artxanda.

domingo, 5 de julio de 2015

Garantía de ingresos y lucha contra la exclusión en Europa



El pasado viernes tuve ocasión de compartir la mañana con las personas representantes de la Red Europea de lucha contra la Pobreza y la Exclusión Social (EAPN) que celebraban su Congreso Estratégico en Bilbao.
En un contexto extremadamente complejo, tanto en los espacios más locales como en el conjunto dela Unión Europea, el trabajo de estas organizaciones tiene un enorme valor.
Yo me limité a aportar una breve reflexión. El texto íntegro puede leerse aquí, en ResearchGate, una red social en Internet y una herramienta de colaboración dirigida a personas que hacen ciencia en el marco de cualquier disciplina.
Lo importante es lo que hagamos a partir de ahora.

miércoles, 18 de febrero de 2015

En defensa de la palabra contraria

 

El lunes, día de mi visita semanal a mi librería de cabecera, me encontré con la agradable sorpresa de que Javier ya me había reservado el último librito de quien sabe es uno de mis cuatro o cinco narradores favoritos: el napolitano Erri de Luca.
En esta ocasión se trata de un manifiesto público en el que Erri de Luca de a conocer la demanda presentada contra él por la empresa francesa LTF, constructora del tren de alta velocidad Turín-Lyon. El motivo de esta demanda, admitida a trámite por un tribunal de Turín, son unas palabras del escritor pronunciadas en el transcurso de una entrevista concedida al sitio web Huffington Post, en las que comentando las detenciones de dos jóvenes pertenecientes al movimiento NO.-TAV y la relación establecida por el fiscal jefe de Turín entre este movimiento y el terrorismo, decïa:

Huffington Post: Erri de Luca, ¿tiene razón el fiscal jefe de Turín cuando expresa su temor respecto al terrorismo NO-TAV?
Erri de Luca: Caselli exagera.
H.P.: Tal vez exagere, pero los dos chicos detenidos llevaban en el coche cócteles molotv...
E. de L.: [Sonría irónicamente]... Sí, peligroso material de ferretería. Justo lo que normalmente se entiende como dotación de los grupos terroristas. Me explico mejor: el TAV ha de ser saboteado. para eso precisamente servían las cizallas: son muy útiles para cortar las verjas. Nada de terrorismo.

Erri de Luca reivindica el derecho, la necesidad democrática, a pronunciar y argumentar la palabra contraria.
Yo ya he plasmado mi adhesión en la página solidaridad IOSTOCONERRI. Para lo que haga falta, Erri.



Para saber más:

miércoles, 21 de enero de 2015

Dos sueños de libertad




Malabar



Evasión en el Monte Kenia, editado por XPLORA, es la narración autobiográfica de la fuga "temporal" de un campo de prisioneros durante la II Guerra Mundial con el único objetivo de escalar el Monte Kenia.la segunda cima de África, tyras el Kilimanjaro.
El narrador, Felice Benuzzi, prisionero de guerra italiano en el campamento británico de Nanyuki, preparó junto con otros dos compañeros durante meses un elaborado plan -que incluía la adquisición disimulada de prendas y alimentos o la construcción en secretop de crampones, piolets, clavijas y cuerdas- destinado a coronar la cima del Monte Kenia, plantar en lo alto una bandera italiana y regresar después al campo de prisioneros.
¿Huir de una prisión tan sólo para escalar una montaña? ¿No hubiera sido más razonable intentar llegar a Somalia y, desde allí, volver a territorio italiano? Para Benuzzi y sus compañeros la libertad, seguro, estaba en la montaña.

Yo soy Espartaco


Otro sueño de libertad es que nos presentan en Yo soy Espartaco, de la editorial Capitán Swing.Bueno, en realidad son dos sueños. El primero y más obvio, el que tan bellamente se narra en la película Espartaco, dirigida por Stanley Kubrick y estrenada en 1960. Porque el libro nos introduce en el complicadísimo rodaje de esa película, de la mano de su protagonista y a la vez productor, Kirk Douglas.
Y este es el segundo sueño de libertad: el empeño de Douglas por sacar adelante la película que él quería rodar en un contexto tan tóxico para la libertad de expresión como fue la época del post-macarthismo.
En esta lucha Kirk Douglasse muestra como un auténtico Espartaco de carne y hueso: luchando contra el anti-comunismo rampante para que se aceptara como guionista al represaliado Dalton Trumbo o aguantando las presiones de la ultraderechista Legión Americana.
Reproduzco aquí dos hermosas reflexiones del propio Douglas, una de la introducción y otra del epílogo del libro:

"Cuando hablo con mis nietos sobre la producción de Espartaco, a ellos les parece que les relato un cuento fantástico procedente de una época muy lejana: la década de 1950. Tienen razón. Sucedió hace mucho tiempo. Pero en un mundo en el que un hombre en Túnez es capaz de hacer estallar acontecimientos que derroquen al gobierno de Egipto, la historia de Espartaco adquiere hoy tanta relevancia como la que tenía hace cincuenta años... o hace mil años".

"La lucha por la libertad humana más elemental representada por Espartaco persiste en todo el planeta, desde Siria hasta Irán.
Creo que gran parte de las divisiones que hay en el mundo han sido ocasionadas por la religión, incluso en una época como la de Espartaco, en que se rendía culto a muchos dioses. ¿Cuál es la finalidad de la religión? Después de haber pasado noventa y cinco años en este planeta, he llagado a la conclusión de que la religión debería basarse en una única cosa: ayudar a tus congéneres. Si todo el mundo practicara esa religión, la de ayudar a sus congéneres, los ejércitos desaparecerían de la noche a la mañana. Desaparecerían la injusticia, la intolerancia y la inhumanidad. Y jamás se confeccionarían listas negras. Cuán maravilloso sería ese mundo".

miércoles, 7 de enero de 2015

Algunas (pocas) fronteras bien precisas

"Otro gran problema de hoy -tal vez el problema- consiste en el encuentro, que tiene lugar por primera vez a escala global, entre y con culturas diferentes, que conlleva sistemas de valores diferentes. Por un lado esto implica un gran enriquecimiento, que debe ser acogido con una gran disponibilidad al diálogo, es decir a enriquecerse en el encuentro con el otro, a poner en discusión los propios valores. Por primera vez podría nacer una cultura realmente universal. Por otro lado, como observa Todorov, conlleva la necesidad de delinear algunas (pocas) fronteras bien precisas. Debemos estar dispuestos a discutir muchos de nuestros valores, en los que hemos creído ciegamente, pero es necesario establecer unos pocos precisos y esenciales valores ya no negociables que deben considerarse adquiridos para siempre, y -al menos para nosotros- absolutos. [...]
En el diálogo entre culturas diferentes, que nos enriquecen y nos abren hacia tantas realidades, no es posible discutir sobre algunos valores que consideramos definitivamente adquiridos, como por ejemplo la paridad de derechos independientemente de la pertenencia étnica, sexual, religiosa o nacional. De estos principios ya no se discute".
Claudio Magris, en M. Vargas llosa y C. Magris, La literatura es mi venganza, Anagrama, Barcelona 2014.

Ni de la libertad de expresión y discusión pública, ni de la necesidad de la ironía y el humor, ni de la laicidad, ni, sobre todo, del derecho a la vida.



Je souhaite exprimer ma solidarité avec les travailleurs du Charlie Hebdo et rendre hommage à son courage et à sa détermination dans sa lutte pour la démocratie.


domingo, 2 de marzo de 2014

El vaquero indomable





Tras La Banda de la Tenaza, novela de la que ya hemos hablado aquí,  la editorial Berenice ha publicado una nueva novela de Edward Abbey: El vaquero indomable. Publicada originalmente en 1956 y subtitulada como "Una vieja historia en un tiempo nuevo", narra las peripecias de Jack Burns, un vaquero que se empeña en mantener un estilo de vida libre, ajeno a cualquier norma o regla que no nazca de sí mismo.
Enfrentado a la ley por intentar sacar de la cárcel a su amigo Paul Bondi, profesor de filosofía que se define a sí mismo como un "viejo anarquista jeffersoniano acomodaticio", encarcelado por enfrentarse a la ley de reclutamiento. Pero Bondi , como buen desobediente civil, respeta la Ley, aunque rechace algunas leyes, y no está dispuesto a seguir a su amigo en su plan de escapar de la prisión.
Por ello, Burns acaba huyendo sólo -bueno, con su inseparable yegua Whisky-, perseguido por la policía que intenta impedir que llegue a México. Y hasta aquí puedo contar.

Señalar, eso sí, que Kirk Douglas quedó fascinado por la novela de Abbey, compró los derechos para llevarla al cine y en 1962 protagonizó la película que se estrenó en España con el título de Los valientes andan solos, con guión de Dalton Trumbo y dirigida por David Miller. Hasta que no empecé a leer la novela no recordé que había visto la película hace mucho tiempo. He vuelto a verla, y me ha gustado más incluso que entonces. La pena es que recordé el final, lo que influyó en mi lectura.


martes, 25 de febrero de 2014

Farewell, Jack Edwards

Me ha emocionado leer hoy en EL PAÍS el reportaje de Natalia Junquera sobre el brigadista Jack Edwards, y cómo sus familiares y amigos han dado cumplimiento a su deseo de que sus cenizas vuelen para siempre en el valle del Jarama, donde lucho junto a tantos internacionalistas contra el fascismo que, empezando por España, acabó incendiando toda Europa.
No sé si habrá habido otro conflicto bélico que haya implicado libre y generosamente a tantas personas de tantos lugares del mundo como la Guerra Civil española.
Aunque inglés, internacionalista como era, seguro que Jack Edwards entonaría junto a sus compañeros de armas Viva la Quinta Brigada... como si fuera irlandés:
"Viva la Quinta Brigada, No Pasaran, the pledge that made them fight. Adelante was the cry around the hillside. Let us all remember them tonight". 

 
 Christy Moore - Viva la Quinta Brigada. Live at Barrowland Glasgow


domingo, 26 de enero de 2014

Hijo predilecto de Alonsotegi

Ayer falleció en Poitiers Marcelino Bilbao Bilbao, último superviviente español del campo de concentración de Mauthausen. Los documentales "Españoles en Mathausen""Mauthausen, el deber de recordar"  y "Los esclavos vascos del III Reich" nos aproximan a ese terrible fragmento de historia. En este último documental Marcelino recuerda su propia experiencia, lo mismo que en este otro video.
Miniatura
Marcelino había nacido en Alonsotegi en 1920. Con apenas 16 años se alistó en un batallón de la CNT, alcanzó el grado de teniente y participó en la Batalla del Ebro, donde fue condecorado con la medalla al valor. En 1940 llegó a Mauthausen, donde le inscribieron con el número 4628. 
Esta mañana mi madre recordaba a Marcelino, la casa donde nació, junto a la carretera, y en la que vivió con sus 21 hermanas y hermanos, y cómo aún así su madre (a la que apodaban, ya ves, "la Loba") acogió a un huérfano.
Es una pena que apenas nadie en Alonsotegi conozca la historia de Marcelino. Tal vez ahora, con su muerte, se le de el reconocimiento que merece.


viernes, 29 de octubre de 2010

Marcelino Camacho

"No podemos comprender el por qué de las Comisiones Obreras más que viéndolas como la culminación de un proceso histórico. Nunca insistiremos bastante en que toda lucha es un proceso, y que sin el heroísmo de viejos militantes obreros y las nuevas promociones de éstos, que se jugaban la vida o largos años de prisión, no habríamos podido llegar al nuevo movimiento obrero. La clase obrera ha hecho su camino en condiciones extremadamente duras y es precisamente en las virtudes y defectos de ese pasado glorioso en el que se ha formado el fermento del nuevo movimiento obrero, de las Comisiones Obreras".

(Marcelino Camacho, Charlas en la prisión, Editorial Laia, Barcelona 1976, p. 69)

"Yo creo que he adquirido alguna base de tipo ideológico, alguna base de tipo económico, sociológico, histórico, y, con esas bases, he tratado de comprender los fenómenos y de comprender los errores, y las dificultades, pero no echarme a llorar, sino seguir... Después, el sustrato es el elemento básico. Yo diría que es muy parecido al de los primeros cristianos, de las catacumbas y conste de que yo no soy creyente pero -repito-, siempre repetando mucho a los que tienen esas creencias, como a los que tienen otras ideas, aunque no las apruebe y aunque alguna vez tenga que combatirlas, esa es la verdad. Pero me acuerdo que leyendo yo en la cárcel, leí el 'Quo Vadis'.
'Quo Vadis' explica un poco la vida de los cristianos en las catacumbas y cuáles eran las ideas que mantenían a los cristianos o cuando les lanzaban a las fieras o cuando estaban en las catacumbas y los torturaban... ellos luchaban frente a la esclavitud, porque decían que todos los hombres eran hermanos en Cristo y luchaban por unas ideas más justas, por el ser humano. Así que, luchar por una causa justa, el considerar que no se está sólo, que hay más gente que tú, incluso cuando estás a veces en los calabozos detenido por la policía político social en nuestro país, o los nazis, en Alemania, los que estaban con el nazismo... Saber que al ser justa la causa, no estar solo, saber que finalmente esta causa triunfará, así de simple y así de sencillo".

(Félix Gil, Hay otro socialismo. Conversaciones con Marcelino Camacho, C.C.G.L.-Medios de Comunicación Madrileños, 1989, pp. 129-130)

"La situación exige a la vez nuevos métodos y formas de organización, no sólo las clásicas, sino abrir amplios cauces para lo espontáneo, integrar flexiblemente a las nuevas capas y estratos que nacen de la antigua clase trabajadora, así como reducir sus tendencias corporativas, no olvidando a los sectores marginados de diferentes grupos".

(Marcelino Camacho, Confieso que he vivido. Memorias, Temas de Hoy, Madrid 1990, p. 520)


Y siempre, Josefina...

domingo, 3 de enero de 2010

Seguridad y libertad

El primer ministro británico, Gordon Brown, confirmó hoy la introducción gradual de escáneres corporales en los aeropuertos británicos, entre otras medidas de seguridad para minimizar el riesgo de embarque de explosivos.
En una entrevista con un programa televisivo de la BBC1, Brown insistió en que había que actuar "con rapidez" tras la llamada de alerta que supuso el atentado fallido perpetrado el pasado día de Navidad en un avión con rumbo a Estados Unidos
[PÚBLICO].


¿Puede la libertad ser defendida utilizando tan sólo medios compatibles con ella? La cuestión no es nueva. Hace referencia a una de las tensiones más intensamente presentes en el pensamiento y en la práctica política en Occidente: la tensión entre libertad y seguridad.

En las primeras páginas de su obra Liberalismo y democracia escribe Norberto Bobbio que, en contraposición con el Estado absoluto o autoritario, el presupuesto filosófico del Estado liberal se encuentra en la doctrina de los derechos humanos, de acuerdo con la cual “el hombre, todos los hombres indistintamente, tienen por naturaleza, y por tanto sin importar su voluntad, mucho menos la voluntad de unos cuantos o de uno solo, algunos derechos fundamentales, como el derecho a la vida, a la libertad, a la seguridad, a la felicidad”, derechos que el Estado debe respetar y garantizar. Quiere esto decir que en principio, en teoría, no existe contradicción entre esos dos bienes, la libertad y la seguridad. En teoría, libertad y seguridad se refuerzan mutuamente: soy más libre en la medida en que gozo de mayor seguridad. Y una sociedad de personas libres será, en principio, más segura.

Pero esto es cierto sólo en principio. Sin un mínimo suficiente de seguridad es imposible, en la práctica, la libertad. Por el contrario, la seguridad es, al menos durante un tiempo, perfectamente compatible con la ausencia de libertad. Pensemos en cualquiera de los muchos regímenes autoritarios que en el mundo son o han sido, y en cómo todos ellos han tenido a gala hacer ostentación de la situación de orden público característica de sus sociedades. Además, la libertad supone enfrentarse a determinados riesgos. La libertad es, en un sentido muy profundo, asumir importantes niveles de incertidumbre. De ahí que muchas personas manifiesten, en determinados momentos de su vida o en determinadas coyunturas históricas, un incontrolable miedo a la libertad. De ahí, también, que se muestren dispuestas a reducir los niveles de libertad de sus vidas a cambio de ver incrementados sus niveles de seguridad.

Y el caso es que el desarrollo de la libertad precisa, ya lo hemos dicho, de una seguridad básica, tanto individual como social. Como señalara Aldous Huxley, “la libertad, como todos sabemos, no puede florecer en un país que esté permanentemente en guerra o aun en pie de casi guerra”. Si reducimos la seguridad a su dimensión más fáctica, a la ausencia de violencia física, armada, organizada o no, legalizada o no, entre grupos sociales o entre naciones, debemos reconocer que esta ausencia es una condición absolutamente necesaria, aunque no suficiente, para el desarrollo de la libertad y los demás derechos humanos. La historia más reciente, los últimos años del pasado siglo XX sin ir más lejos, nos ha enseñado (en Somalia, Bosnia, Ruanda, Congo, Kosovo, Afganistán) lo que supone la guerra, en particular esas “guerras harapientas” (tal como las ha definido Ignatieff) en las que se violan hasta las más básicas leyes de la guerra. Cuando la guerra estalla todo lo demás queda necesariamente en suspenso. De ahí el valor intrínseco de la ausencia de violencia, de la seguridad en su sentido más físico.

Sin embargo, el énfasis excesivo en la seguridad (¡ojo!, carecemos de una escala que permita definir cuando este énfasis es excesivo; sólo podemos tomar decisiones ad hoc, en cada situación) puede acabar, paradójicamente, amenazando no sólo a la libertad sino a la seguridad misma.

“Los seres humanos que habitamos el mundo global somos como aquellos desgraciados que trabajaban en las torres y que cinco segundos antes del impacto del primer avión creían que el conflicto entre israelíes y palestinos era una imagen más en las pantallas de la CNN que sólo les concernía indirectamente” (F.A. Iglesias, Twin Towers. El colapso de los estados nacionales). Así es. El 11-S fue el más espectacular ejemplo de que la suerte de la humanidad no se dirime ya en los estrechos márgenes de los estados nación. Sin una visión integral, sin una conciencia de responsabilidad universal, cada vez más viviremos en una situación de riesgo global. Pensar que nuestra seguridad puede construirse al margen del destino del resto de la humanidad no es más que una falacia.

Los aviones del sida, el hambre, la guerra y la injusticia despegan del Sur y vuelan imparables hacia el Norte. La libertad, nuestro bien político más preciado, depende de que todos gocen de seguridad suficiente. En un mundo global, la libertad y seguridad de unos resultan inviables sin las de todos los demás. Esta es la lección que deberíamos aprender.

domingo, 9 de agosto de 2009

Askatasun Etorbidea

"La Avenida de la Libertad ha permanecido cortada hasta que los radicales, que no portaban pancarta alguna, han decidido volver hacia la zona del Boulevard, justo en el momento en el que agentes antidisturbios de la Ertzaintza han llegado a pie al lugar, lo que ha provocado la huida de los manifestantes".

Este párrafo, extraido de la noticia de PUBLICO en la que se informa de la disolución ayer en Donostia de la manifestación convocada por la izquierda abertzale antidemocrática (lo de "radical" no va con ellos) coincidiendo con el inicio de las fiestas de la capital guipuzcoana, es una síntesis perfecta de lo que ha sido y sigue siendo la historia reciente de Euskadi.

El abertzalismo antidemocrático lleva 50 años intentando cortar la Avenida de la Libertad, Askatasun Etorbidea. A ratos lo consiguen, pero sólo a ratos. Afortunadamente, el autogobierno vasco funciona, liberando calles y plazas para que las ocupen una ciudadania que reclama su derecho a vivir en paz y en libertad.

martes, 26 de mayo de 2009

Cuestión de dignidad

Esta tarde, en el Círculo de Bellas Artes de Madrid, Iñigo Lamarca ha presentado su libro Diario de un adolescente gay. Editado por Alberdania, se trata de la traducción al castellano de un libro ya publicado en euskera en 1999 con el título Gay nauzu.

Mientras escuchaba a Iñigo presentar su libro, presentarse a sí mismo, no podía dejar de pensar en otro libro cuya lectura me conmocionó hace ya muchos años, haciéndome plenamente consciente de todo el sufrimiento que ha causado y sigue provocando la homofobia. Me refiero a El pozo de la soledad, de la británica Radclyffe Hall.

Afortunadamente no estamos en 1928. Muchas cosas han cambiado desde aquella época, cuando Hall y su libro fueron juzgados por obscenidad. Sin embargo, como acertadamente ha señalado en la presentación el Defensor del Pueblo, Enrique Múgica Herzog, en España las leyes en favor de la igualdad, en concreto las que combaten la discriminación o la exclusión del espacio de los derechos de cualquier opción sexoafectiva que no sea la heterosexual, han ido por delante de la conciencia social.

Lo planteaba Iñigo Lamarca con rotundidad: en España dos hombres pueden contraer matrimonio, sí, pero ¿pueden pasear tranquilamente por la calle con las manos entrelazadas?

viernes, 8 de mayo de 2009

Es la libertad, estúpidos

"Tener que ver un tricornio en la casa de Juntas ... Esto no pasaba desde el 36". El malestar del PNV por la presencia en la Casa de Juntas de representantes en Euskadi de las Fuerzas de Seguridad del Estado y del Ministerio de Defensa se ha expresado de la peor manera posible. Esa referencia al 36 me parece una afrenta.

Ayer, en Gernika, yo me alegré enormemente de poder saludar personalmente y estrechar la mano de uno de esos representantes de las Fuerzas de Seguridad.

¿Comprenderán algún día los nacionalistas vascos que son precisamente esos que tan despreciativamente relacionan con el franquismo quienes, junto con la Ertzaintza, hacen posible que los no nacionalistas podamos hacer política en este país, si no en libertad, sí al menos con una mínima seguridad?

Su presencia en Gernika simbolizaba para muchísimos vascos justamente lo contrario de lo que el PNV ha querido, torticeramente, transmitir: no la opresión, sino la libertad; no la imposición, sino la posibilidad de expresar las ideas y opiniones de cada cual.

Su falta de sensibilidad resulta estremecedora.