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viernes, 2 de agosto de 2019

Curavacas

Es mi Montaña Análoga y hoy he subido hasta su cima desde Vidrieros. El cielo azuleaba con alegría, pero toda la base del coloso se mantenía en la sombra. He salido a las 8:20 y he regresado al coche a las 13:05. Bien.

 
 

Entre los pastos de Cabriles.
 

Superado el arroyo Cabriles se entra en el reino de las rocas. Cada vez más empinada, la subida es costosa (patinazos y pasos hacia atrás), pero la bajada lo será tanto o más.
 
 

Aún así, la vida se abre camino en este duro entorno.
 
   
Entrando al Callejo Grande. A medida que subo se va estrechando y las paredes y pináculos de conglomerado verdi-negro se ciernen sobre mi.
 
 
 
 Una mirada hacia abajo, al camino recorrido. Ya falta menos.
 
  

También aquí hay vida. La cabra montés (Capra pyrenaica victoriae) parece haberse adaptado perfectamente a este terreno. También parece que toman más distancias que en otras ocasiones.
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 

 Último tramo, antes de pasar a la cara norte.
 

Paso a la cara norte. Desde aquí, tras un breve destrepe, un sendero bien marcado llega haata la cumbre .
  

Cumbre del Curavacas (2.524 m.).
 
 Nada más llegar a la cumbre, de frente, el Espigüete me tienta.
  
 Al fondo, Picos de Europa.
 
En  primer plano se ve la ruta que hice ayer: Coto Redondo, Peña Santa Lucía y Peña Escrita. Al fondo, Peña Redonda.
  
El Hospital y Alto de las Huelgas, dos "dosmiles" empequeñecidos por su poderoso vecino.
  
En el centro de la imagen, Tres Provincias. A la derecha Peña del Infierno y Peña Prieta. En su base, cabecera del amplio valle de Pineda.
 
 Parte del valle.
  
Peñas Malas, Guadañas, Cuartas, Lomas, Tres Provincias, Peña Prieta... Un paraíso montañero.
  
Pozo Curavacas.
 
   

Ahora toca desandar lo andado y descender lo subido.
 
 

Al llegar abajo el Curavacas volvía a mostrar su aspecto más salvaje y oscuro. Para impresionar...
 

sábado, 8 de diciembre de 2018

Mañana de letra pequeña

Aunque familiar, un mismo paisaje cambia cada día en función de la luz, la perspectiva... ¿el estado de ánimo?
He caminado por estas peñas una veintena de veces, en todas las estaciones del año. Conozco bien sus senderos. He disfrutado de sus vistas desde lo alto. Sin embargo, esta mañana me parecía estar recorriéndolas por primera vez.

Escribe John Burroughs en El arte de ver las cosas (Errata Naturae, 2018) que  "uno rara vez se da un paseo sin tropezar con alguna línea de esa letra pequeña en la página de la naturaleza". Se refiere Burroughs a las distintas realidades que podemos observar en la naturaleza: vistosas y evidentes unas, ocultas y desapercibidas otras:
"El libro de la naturaleza es como una página sobrescrita o impresa con caracteres de distintos tamaños y en muchos idiomas diferentes, intercalados y cruzados, y con una gran variedad de notas al pie y referencias. [...] Todos leemos la letra grande con mayor o menor entendimiento, pero solo los estudiosos y los amantes de la naturaleza leen la letra pequeña y las notas al pie. Es un libro que lee mejor el que va mas despacio o incluso el que se eterniza por el camino. El que va corriendo quizá pueda llegar a leer algo...".

Tal vez porque esta mañana he vagado sin rumbo fijo, sin un objetivo definido, la letra pequeña se ha manifestado con particular claridad: las sombras del amanecer, las trazas de los aviones en el cielo, el color ocre del bosque, las grandes cumbres asomándose tras otras más humildes, la fauna esquiva...