miércoles, 7 de octubre de 2015

Mankell



El domingo pasado, ya por la noche, terminaba de leer el último libro de Henning Mankell: Arenas movedizas, publicado, como toda su obra en España, por Tusquets. Leo en su página web un comentario fechado el día 5 en que se dice que Mankell murió "in his sleep early this morning in Göteborg". Murió mientras dormía. Y tengo la profunda impresión de que mientras yo me acercaba al final de su libro, Mankell se aproximaba al final de su vida. Lo cual me vincula muy especialmente al libro y a su autor, al que ya admiraba desde hace mucho tiempo.

Aunque el cáncer está muy presente en esta obra, en realidad el libro no trata de la muerte o de la enfermedad, sino de la vida, de la humanidad, de la esperanza. Y así, he subrayado multitud de fragmentos, como estos:

  • Tenemos que procurar siempre que la esperanza sea más fuerte que la desesperanza. Sin esperanza no hay, en el fondo, supervivencia.
  • Siempre me reafirmaba en la idea de que el ser humano es un ser narrante. Más Homo narrans  que Homo sapiens. En los relatos de los otros nos vemos a nosotros mismos.
  • Todas las revueltas o revoluciones tratan de que los últimos de una sociedad exigen el derecho al deseo y la alegría de vivir.
  • Uno de los pilares de nuestra civilización es la disposición y la voluntad de, motu propio, embarcarse en un bote de salvamento. [Hoy] sigue habiendo voluntarios que dan su vida en diversos contextos.
Las arenas movedizas que dan título al libro son, como explica en el capítulo 4, el símbolo de ese diagnóstico de cáncer que recibió a principios de 2014 como una catástrofe, que al principio tuvo el efecto de paralizarlo completamente, de engullirlo, de sepultarlo, pero de las que pronto consiguió liberarse. Por eso, aunque el cáncer siempre está presente, el libro es en realidad un canto a la vida, a la amistad, al amor, a la memoria.

Mankell pasaba desde hace muchos tiempo la mitad del año en Europa y la otra mitad en África, en Maputo, la capital de Mozambique, donde era desde finales de los Ochenta director artístico del Teatro Avenida. Viviendo, como él mismo decía, "with one foot in the snow and one foot in the sand", con un pie en la nieve y otro en la arena. Su enorme capacidad para conectar culturas, geografías, experiencias y, en definitivas, personas, nace seguramente de esta condición mestiza de afroeuropeo o eurofricano. Recupero aquí lo que respondía en una entrevista en 2013:

Hace una década empecé a utilizar Lampedusa como un símbolo de los problemas de Europa. ¿Cuál es su capital? ¿Londres? ¿París? ¿Bruselas? No, es Lampedusa porque en ella se decide cómo encaramos su futuro. ¿Queremos que sea el continente a cuyas costas llegan los cadáveres de los desamparados? Este drama viene de antiguo, y lo que más asusta es que parece que no ha muerto la suficiente gente para tomar cartas en el asunto. No nos hemos dado cuenta de que África y Europa somos los vecinos más cercanos que se pueda imaginar y que hasta el colonialismo nos llevábamos muy bien. Construyamos puentes, no metafóricos, físicos. Volvamos atrás.
Por eso, cuando se accede a la página web de Henning Mankell, lo primero que vemos es un enorme anuncio de la Agencia de Naciones Unidas para los Refugiados.


El libro se cierra con esta frase: "Nuestra familia es en verdad infinita. Aunque ni siquiera sepamos con quién nos cruzamos en la vida durante un instante brevísimo". Merece la pena cruzarse con este Mankell, felizmente liberado de las arenas movedizas.

domingo, 20 de septiembre de 2015

Nada que esperar



Recomiendo la lectura del libro de Tom Kromer Nada que esperar (Sajalin Editores, 2015).No es una lectura agradable de digerir. La durísima existencia de los miles de mujeres y hombres que durante la Gran Depresión malvivían de la mendicidad y la caridad, sin trabajo ni techo, es narrada sin artificios ni disimulos por alguien que sufrió esa misma vida. El hambre y el frío, la humillación y el desprecio, nos asaltan en cada página. Son contadas las escenas en las que estas vivencias son sustituidas por la compasión, la solidaridad, el reconocimiento y la ayuda. Aunque también las hay, y su excepcionalidad las vuelve preciosas.

Mientras lo leía, no podía evitar pensar en otras escenas actuales, muy alejadas en el tiempo, el espacio y las circunstancias de aquellas que narra el libro de Kromer, pero a las que cabría aplicar tantas de sus reflexiones:

Es de noche y estamos en un campamento de vagabundos. Esta noche el campamento es nuestra casa. Y nuestra casa es un vertedero. Nos rodean montones de latas y botellas rotas. Y entre esos montones han encendido hogueras. A nuestra derecha, un hombre y una mujer se acurrucan junto a las llamas. Y en los brazos de la mujer, un bebé respira con dificultad. Tiene difteria. El bebé tose hasta que la cara se le pone morada. la mujer, que está asustada, lo golpea en la espalda. El bebé se recupera durante unos instantes, pero eso es todo. No se puede curar a un bebé que padece difteria dándole palmadas en la espalda.



De pronto nos llega el sonido de una voces desde el otro lado de las vías. Alguien se está acercando. Levantamos la cabeza. 'Más vagabundos que buscan un fuego para escapar del frío', pensamos. Pero la suerte no nos acompaña. Cuatro hombres avanzan a toda prisa desde las vías. Llevan porras en las manos y pistolas enfundadas a la altura de la cadera. Es la policía. Dios, ¿es que no podemos ni descansar en un apestoso basurero?.



-Tú y yo nos moriremos en uno de estos campamentos -interviene el jorobado-. Esto no va a ir a mejor, sino todo lo contrario. Llevo un periódico en el bolsillo. -El jorobado se da un golpecito en el bolsillo y añade-: Y el editorial de ese periódico dice que desde la depresión la salud de la gente ha mejorado. Dice que, de todos modos, la gente come demasiado y que la depresión además de hacer que se vuelva a creer en Dios, nos está enseñando los verdaderos valores de la vida.
-Farsantes- se queja un vagabundo mientras roe un pedazo de carne medio podrida-, son unos condenados farsantes. Imaginaos al tipo que escribió este artículo. Imaginaos también a su mujer y a sus hijos. Los veo sentados a la mesa, con un criado de uniforme que, a sus espaldas, les sirve lo que le piden. Seguro que se pasan el día arriba y abajo en sus Rolls-Royce. ¿A que no habéis visto nunca a un tipo como ese haciendo cola en un albergue? ¿A que no? Pero el muy desgraciado escribe todas esas tonterías y la gente va y se las lee. Conque los verdaderos valores de la vida, ¿eh? Si ese tipo tiene tantas ganas de creer en Dios, ¿por qué no cambia su Rolls-Royce por un oxidado cubo de hojalata y se pone a la cola? Menudo farsante.



¿Se puede saber quién ha repartido el mundo y se lo ha dado a unos cuantos? ¿Se puede saber qué derecho tiene alguien a decir que ese pedazo de tierra es suyo y que tu no puedes dormir en él?.



La novela Nada que esperar se acompaña de varios relatos cortos. Uno de estos, el titulado "Hombres famélicos", cambia radicalmente el desolador tono de los escritos de Kromer. En este relato, la conciencia socialista, sindicalista y seguramente wobblie (del IWW, Industrial Workers of the World) del autor transforma a esos hungry men (hombres hambrientos) del título en unos angry men, en individuos airados, indignados, conscientes y movilizados para cambiar la realidad:

-Y entonces llegaban los policías con sus porras y los golpeaban en la cabeza hasta que se desplomaban unos encima de otros, y así les resultaba más fácil arrastrarlos al furgón que los esperaba junto a la acera. Pero cuando se los llevaban, otro hombre se subía a la caja de madera y los policías lo atacaban con las porras y le disparaban con sus pistolas, pero las porras no le dejaban marcas y los disparos no le hacían sangrar ni lo herían, y los policías se asustaban porque no habían visto nunca a un hombre así y eso los asustaba. Los ojos negros y los dientes blancos resplandecían al sol, y en Frisco, en LA, en Detroit, en Chicago, en Nueva York y en Misisipi, hombres famélicos, vestidos con harapos descolotidos debido a la sal de su propio sudor, escuchaban delante de las puertas y las ventanas selladas de sus fábricas:
-¡Tenemos la solución! Con nuestras remachadoras construimos puentes y rascacielos. Con nuestras palas excavamos minas, trazamos carreteras y tendimos vías. Nuestro sudor y nuestra sangre están en el campo, en los barcos, en todo lo que nos rodea. Y ahora vamos a recuperarlo. ¡APARTAOS!

Un libro emocionante.


martes, 15 de septiembre de 2015

Estado, nación y nacionalismo

Recupero hoy un artículo que publiqué en 2002 en la revista Claves de razón práctica.
Por aquel entonces en Euskadi sufríamos la insoportable tensión Lizarra-Kursaal. Así lo vivía yo, al menos: sé que había y hay otras interpretaciones de aquellos días.
Ahora es Cataluña la que se asoma a ese escenario.
Y la desestatonacionalización -de Cataluña, de Euskadi, pero sobre todo de España- continua pendiente.

lunes, 24 de agosto de 2015

Firma contra el Acuerdo Transatlántico para el Comercio y la Inversión (TTIP)

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Iniciativa Ciudadana Europea (ICE) contra el TTIP y el CETA

¡¡¡ Firma hasta el 6 de octubre !!! 


Hacemos un llamamiento a las instituciones de la Unión Europea y sus estados miembros para detener las negociaciones con los EEUU sobre el Acuerdo Transatlántico para el Comercio y la Inversión (TTIP) y a no ratificar el Acuerdo Económico y Comercial Global (CETA) con Canadá.porque incluyen partes tan cuestionables como un mecanismo para solucionar las controversias entre inversores y Estados y normas de cooperación regulatoria que representan una amenaza a la democracia y al Estado de Derecho. Queremos prevenir que la legislación en materia de empleo, asuntos sociales, ambientales, de privacidad y de consumo será recortada y los servicios públicos (como el agua) y los bienes culturales serán desregulados en negociaciones no transparentes. 

>> Más información sobre la iniciativa y firma de la misma AQUÍ.

sábado, 22 de agosto de 2015

Daniel Rabinovich: adiós

Ayer falleció Daniel Rabinovich, Neneco, el más travieso de Les Luthiers. Su complicidad con el público era evidente. En el libro que Daniel Samper Pizano dedica al grupo, el propio Rabinovich se describe así:

"Me casé en 1969 con Susana. Soy porteño. También mis hijos Inés y Fernando y mis nietas, Vera y Eugenia. Estudié derecho en la Universidad de Buenos Aires y me recibí de escribano. Actualmente no ejerzo. Amo a Les Luthiers. Lo que más me gusta es actuar en público. Fui deportista y luego engordé, luego adelgacé y volví a ser deportista; ahora deporté y soy adelgacista. Me gusta cantar. También me gusta viajar con el conjunto, conocer nuevos lugares y divertirme con mis amigos y compañeros".

Con nadie me he reído nunca más que con Les Luthiers. Los he visto en directo en ocho ocasiones, los he escuchado en casette, en DVD, tengo todos sus vídeos. Cuando me encuentro con otros lutherianos intercambiamos frases y juegos de palabras de sus diversos espectáculos. ¿Podrán seguir con su trabajo?



Y por si aún hay alguien que no los conoce, dos recomendaciones: la samba AÑORALGIAS y el bolero PERDONALA.

sábado, 15 de agosto de 2015

Quince días de agosto

Que dan para mucho. Además de las tareas de aprovisionamiento, cocina, limpieza, descanso y socialización (o sea, los sagrados poteos de las 13:00 y las 20:00, salvo causa muy justificada).
Agosto de vacaciones, que es lo mismo que decir agosto de lectura y de montaña.

Empezando por la primera:

En el apartado de ficción, hasta ahora he podido leer las novelas El miedo más profundo y El último detalle, de Harlan Coben, ambas editadas por RBA y con el agente deportivo metido a investigador Myron Bolitar como protagonista. Las de Coben son siempre buenas lecturas, con historias bien construidas, tramas complejas moralmente ambiguas y abundantes apuntes sociológicos, como este:

“Wilston está en Massachusets occidental, más o menos a una hora de las fronteras de New Hampshire y Vermont. Todavía pueden verse los restos del pasado, la frecuente representación artística de las ciudades de Nueva Inglaterra con las aceras de ladrillo en espiga, las casas coloniales de madera, las placas de bronce de la sociedad histórica en las fachadas de muchos de los edificios, la iglesia blanca con el tejado a dos aguas en el centro de la ciudad: toda la escena reclamando a gritos la doradas hojas del otoño o una gran nevada. Pero como en todas las demás partes de Estados Unidos, el boom de los centros comerciales está destrozando lo histórico. Las carreteras entre estos pueblos de postal se habían ensanchado a lo largo de los años, como si fuesen culpables de glotonería, para alimentar kas enormes tiendas que ahora las bordeaban. Los centros comerciales se tragaban el carácter personal, todo lo típico, y dejaban en su estela una blandura universal que asolaba las carreteras y caminos de América. De Maine a Minnesota, de carolina del Norte a Nevada, quedaba muy poca textura e individualidad. No había nada más que Home Depot, Office Max y tiendas de descuento.
Por otro lado, llorar por los cambios que el progreso nos impone y anhelar los viejos tiempos hacía que fuese fácil criticar. Más duro era responder a las preguntas de por qué, si estos cambios eran tan malos, todos los lugares y las personas se apresuraban a darles la bienvenida con tanto entusiasmo”.


También he leído la novela Calor helado, de M.J. McGrawth en Ediciones B: un thriller ambientado en el Ártico canadiense, con la cultura inuit como telón de fondo. Y, sobre todo, me he metido de lleno en las 700 páginas de Ángulo de reposo, de Wallace Stegner, otra excelente obra editada por Libros del Asteroide. La memorable epopeya de Susan Burling narrada por su nieto en los años Setenta: “Una dama cuáquera de elevados principios, esposa de un ingeniero de no demasiado éxito al que apoyaste durante años de esperanzas postergadas, viviste en el exilio, lo escribiste, lo dibujaste –New Almadén, Santa Cruz, Leadville, Michoacán, el valle del río Snake, las minas profundas de cuarzo justo debajo de esta casa- y seguiste siendo todo el tiempo una esnob cultural. Incluso cuando viviste en un campamento en un cañón, tus hijos tenían una institutriz, nada menos, sin duda alguna la única en todo Idaho. Lo que tú soñabas para tus hijos era un sueño cultivado en el Este”. Una historia de privaciones y de logros, de lealtades y de sacrificios de descubrimientos y de conexiones permanente. Una gran historia.

En cuanto a ensayo, he podido leer estos días En deuda, de David Graeber (Ariel, 2012), pendiente desde hace un tiempo. Aunque tiene cosas interesantes, me ha costado terminarlo. Creo que le sobran bastantes páginas.

También he leído Nacionalismo banal, de Michael Billig (Capitán Swing, 2014). Su tesis fundamental es que las naciones (y los nacionalismos) se construyen en momentos de crisis, apoteosis, conflicto, sí, pero sobre todo se reproducen y sostienen mediante prácticas banales, cotidianas: “El nacionalismo banal opera con palabras [y prácticas] prosaicas y automáticas que dan por sentada la existencia de las naciones y que, al hacerlo, las inhabitúan. Más que las grandilocuentes expresiones memorables, las palabras pequeñas suministran recordatorios constantes, pero apenas conscientes, de la patria, con lo que hacen inolvidable ‘nuestra’ identidad nacional. […] Las palabras esenciales del nacionalismo banal suelen ser las más pequeñas: ‘nosotros’, ‘esto’ y ‘aquí’…”. Leyendo el libro pensaba en cuanto nacionalismo banal hay detrás del actual nacionalismo épico en Cataluña, habiéndolo hecho posible; y me preocupa pensar que mi “nosotros” cívico pueda estar alimentando esos procesos. Pero también pensaba en la banalización nacionalista que se hace pasar por patriotismo español desde el PP.

Muy interesante el libro de Ildefonso Marqués La movilidad social en España (Los libros de la catarata, 2015). Una excelente y fundamentada crítica del mito meritocrático y la ideología liberal de la igualdad simple de oportunidades.

Muy sugerente también el libro de Marco Revelli Posizquierda. ¿Qué queda de la política en el mundo globalizado? (Trotta, 2015). No tanto su análisis de los “síntomas” de la crisis de las políticas de izquierdas (con su lectura y excelente síntesis de las aportaciones, bien conocidas, de Beck, Giddens, Bauman o Rosanvallon) cuanto por las breves entrevistas contenidas en el libro realizadas a distintos pensadores y activistas italianos, como Massimo Cacciari, Mario Tronti, Sergio Staino, Ilvo Diamanti o el colectivo Wu Ming, con perspectivas y reflexiones tan distintas como estas:
Wu Ming: “Sin la conciencia sobre el conflicto, la izquierda se convierte en un manual para boy scouts, en un esnobismo propio de quien se siente mejor que los demás porque es abierto de mente, políticamente correcto, en una limpieza de la conciencia con detergentes económicos. […] No basta con el virtuosismo individual, no debes cambiar el cubo de la basura en casa, sino cambiar un mundo reducido a cubo de basura. No salvas el pellejo solo, sino solo actuando colectivamente”.
Staino: “’Izquierda’ es una gran sensibilidad natural, una tendencia del corazón humano. ‘Izquierda’ es una disposición mental y ética que precede a la elección política, es el fundamento, la condición necesaria de la política. Es una actitud de bondad fundamental hacia el hombre y el mundo, un sentimiento íntimo de benevolencia. Cualquier otra consideración es fruto de ello. […] Lamentablemente, la búsqueda de la justicia llevada a cabo sin bondad ya la hemos visto en la historia de la izquierda”.

También he encontrado muchas sugerencias en el libro de Terry Eagleton Por qué Marx tenía razón (Península, 2012). Su objetivo, presentar a un Marx sumamente complejo, más allá de la caricaturización que tan a menudo han hecho de su obra tanto adversarios como partidarios. Escrito con su característico estilo fresco y lleno de humor –“Bien es verdad que, como ya hemos visto, el desarrollo espiritual y el material no siempre van de la mano, ni mucho menos. Dólo hay que mirar a Keith Richards para comprobarlo”; “Sin las clases medias que Marx tanto admiraba no poseeríamos nuestra actual herencia de libertad, democracia, derechos civiles, feminismo, republicanismo, progreso científico y otras muchas bondades en nuestro haber (como tampoco acumularíamos en nuestro debe maldiciones como las depresiones económicas, la mano de obra semiesclava, el fascismo, las guerras imperiales y Mel Gibson)”- Eagleton repasa algunas de estas caricaturizaciones que, en su opinión, no hacen justicia a la aportación del filósofo y activista de Tréveris: el marxismo siempre ha fracasado en su aplicación práctica, es una forma de determinismo económico que anula la libertad del individuo, no es más que un sueño utópico, incurre en un materialismo grosero, glorifica la violencia y rechaza la reforma, defiende un Estado autoritario, etc. Aunque creo que Eagleton se pasa en su empeño de reivindicar a Marx cuando lo presenta como un protoecologista y “adalid de la emancipación de las mujeres, la paz mundial, la lucha contra el fascismo o la libertad anticolonial”, el libro contiene análisis muy interesantes, especialmente los capítulos en los que analiza las cuestiones del materialismo, el determinismo y la libertad del individuo.

Y por último (por ahora), he disfrutado enormemente leyendo La coronación del Everest, la crónica sobre el terreno de la gesta de Edmund Hillary y Tenzing Norgay firmada por el periodista de The Times James Morris (Gallo Nero, 2015).

En cuanto a la montaña, durante la semana pasada he tenido la fortuna de subir al Espigüete (2.450 mts., el día 1), Curavacas (2.450, el día 3, acompañado de Asier, Miren y Luis Mari), Pico Murcia (2.341, el día 5) y Peña Prieta (2.575, el día 7).







El día 9, víspera de San Lorenzo, volvimos a sumarnos a la comitiva que desde Cardaño de Arriba sube hasta el collado de Hontanillas para esperar a las y los romeros que vienen desde Portilla de la Reina, en la vertiente leonesa del puerto, para luego bajar todos juntos hasta Cardaño. Es una fiesta muy especial, a la que no falto desde hace ya tres años. En esta ocasión subimos Maite, Jesús, Sama y yo. Como llegamos a Hontanillas con tiempo, mientras esperábamos al grupo de Portilla subimos hasta la cumbre de Peñas Malas (2.279 mts.), que tiene una de las aristas cimeras más hermosas de la Montaña Palentina.







También ha habido tiempo para dar algunos paseos más relajados, buscando fotografiar alguno de los animales característicos de la zona.






Aún quedan unos pocos días, casi hasta que las golondrinas que me saludan cada mañana se preparen para su migración.


miércoles, 29 de julio de 2015

Una diputada foral que no banaliza ni simplifica la cuestión del empleo

Teresa Laespada posa en la ribera de Zorrozaurre.

Excelente la entrevista a Teresa Laespada, diputada foral de Empleo, Inserción Social e Igualdad, que hoy publica EL CORREO. Reproduzco aquí el grueso de sus declaraciones, sobre empleo e inclusión social, en respuesta a las preguntas del periodista Jesús J. Hernández. Pero otros apartados abordados, como la igualdad de género o la inmigración, son también de mucho interés.

- Acaba de llegar y ha comenzado una ronda con agentes sociales.
- Sí, ya hemos estado con CCOO y LAB y nos veremos con los demás sindicatos y la patronal. Se trata de abrir una vía de comunicación para escuchar, sobre todo, a quienes están todos los días en la pelea de la empleabilidad. Les he prometido que tendrán siempre la puerta abierta.
- El empleo sigue siendo una de las mayores preocupaciones de los vizcaínos.
- Sí, es verdad. Lo expresó el propio Unai Rementeria en su investidura: no podemos decir que la economía mejora mientras la gente no tenga trabajo. El empleo, y de calidad, es prioritario para nosotros.
- ¿Qué lectura hace de esa última EPA que apunta una mejoría?
- Hay voces autorizadas que están diciendo que no ha habido tanto una creación del empleo como una distribución. Debemos ir hacia una creación neta, real; no vale con repartir ni dividir las jornadas. Igual hay que replantearse, como en Suecia, pasar de las ocho horas diarias a seis, y los suecos lo plantean sin merma de sueldo. No podemos organizar el empleo como en el siglo XX.
- ¿Porqué?
- Porque decirnos una cosa y la contraria. Apoyamos la automatización y la tecnificación de las empresas y eso evidentemente suprime puestos de trabajo. Es muy posible que de aquí a unos cuantos años no haya empleo para todos. Y hay que ponerse en ese escenario y hacer una reflexión serena. La realidad es muy clara: no va a haber empleo para todos. Por eso es tan importante que los mecanismos de inserción estén vinculados al trabajo. Deben ir en paralelo para fomentar su inclusión y para garantizar la dignidad de todos. ¿Esto supone conformarse con la tasa de paro? No, por Dios. Hay que bajarla como sea.
- ¿Qué planes concretos baraja?
- Me preocupan los mayores de 50 años, los jóvenes, y no es lo mismo uno de 18 que uno de 2S, y las mujeres, que tenemos unas cifras que mejoran menos que las generales.
- «No hay mejor política social que crear empleo». ¿Comparte esa máxima?
- En parte es verdad, pero no completamente. Ojalá fuera así. Desde la revolución industrial, el trabajo es el elemento central de inserción social. Y eso comienza a quebrarse a finales del siglo XX, cuando se nos caen las fábricas de la Margen Izquierda y la tarea de 50.000 la hacen 500. La productividad se dispara, pero nuestra gente se queda en casa. Hay que darle una vuelta a esa idea. ¿El empleo es la mejor inserción social? Estamos todavía en esa ola, pero vamos seguramente hacia una sociedad donde no seguirá siendo así. Por lo que decíamos antes, que no va a haber empleo para todos, lo que no quiere decir que no haya recursos económicos. La presión fiscal y la progresivídad deberán tener en cuenta a esos que entran y salen habitualmente del mercado laboral. Habrá que proteger a esos colectivos.
- ¿Hablamos de subir impuestos?
- Sí. Es que yo no entiendo que se pida bajarlos cuando queremos cada vez mayores cotas de bienestar. Yo quiero una sanidad, una educación y un sistema de protección social magnífico.
- La precariedad hace que, para algunos, trabajar ya no baste.
- Aproximadamente una tercera parte de la RGI en Euskadi se destina a complementar sueldos que no llegan al Salario Mínimo Interprofesional. Más claro no se puede decir. Tenemos trabajadores que se esfuerzan y que no llegan a esos 648 euros. Eso es tremebundo. Gente que trabaja y no puede vivir de su empleo. Hay que presionar para que todo el que trabaje tenga un sueldo digno y viva de él.
- Y eso, ¿cómo se hace?
- Pues supongo que la patronal tendrá algo que decir en esto. No se pueden rebajar más algunos niveles salariales. Para nada. Ni ofrecer trabajos como el que vi el otro día, de un colegio profesional, buscando un profesional cualificado, licenciado, pagando 400 euros por seis horas. Eso no se puede consentir.
- Precisamente en Empleo hemos visto una imagen muy llamativa la semana pasada en Balmaseda y Zalla. ¿Le gusta el sistema del bombo para repartir trabajos?
- No me gusta. Hay que pensar un poco este tipo de sistemas. Aunque se guardaron cuotas de proporcionalidad entre hombres y mujeres, perceptores de la RGI y mayores, hay que perfilar también a las personas. Porque, de lo contrario, parece que tener un empleo es un chollo. No podemos llevar las cosas a esa banalidad. A mí no me gusta. Respeto lo que hizo el concejal de
Balmaseda, que supongo que se encontró con un montón de expedientes, pero creo que era necesaria una actuación más precisa. Si hay varios con el perfil necesario, hay otros criterios  válidos, como que todos los miembros del hogar estén en paro o que alguno tenga  posibilidades de encontrar otro empleo.
- El alcalde de Zalla llegó a asegurar que así se evitaban suspicacias.
- Es que nos ponemos la venda antes que la herida. Como queremos, y es natural, que toda actuación sea transparente, algo que era necesario y que debió llegar antes, pues ahora nos pasamos en transparencia en cosas sin sentido. Esta es una de ellas. No se puede repartir los empleos como churros, porque no lo son. Son el sustento de una familia. Con sinceridad, no me gusta.
- Empleo, Inserción Social e Igualdad. ¿Cuál será su bandera?
- Los derechos de la ciudadanía, el derecho de todos a vivir en plenitud y con calidad de vida. Con un empleo, con apoyos cuando no lo hay, en igualdad desde un concepto de diversidad al que debemos dar el salto, incluyendo la inmigración, la discriminación racial, las diferentes orientaciones sexuales y sin perder de vista la solidaridad con el tercer y cuarto mundo. Un conjunto que habla de la dignidad de las personas. Y sin olvidar que hay casos en que todos esos factores se suman: mujer, inmigrante, sin empleo y en un colectivo desfavorecido.
-También es dramática la imagen de los 'sin techo'.
- Sí. En Inserción Social vamos a buscar pisos, albergues, soluciones para esa gente que está en una grave situación de exclusión social. ¿Seremos capaces de terminar con el 'sinhogarismo' en Bizkaia? Pues a mí me encantaría. Una sociedad avanzada no se puede permitir que la gente viva en la calle. Hay que encontrar la solución y sabemos que no es fácil. Porque no se trata de abrir más albergues. Las condiciones psiquiátricas de algunos hacen difícil trabajar con ellos, la convivencia exige que haya una serie de normas y muchos no logran adaptarse... todo eso sucede pero hay que darles una solución. Como escenario, quizá como sueño, me gustaría que al acabar esta legislatura todas las personas residentes en Bizkaia tuviesen un hogar.