Mostrando entradas con la etiqueta internet. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta internet. Mostrar todas las entradas

lunes, 15 de abril de 2024

Los reyes de la casa

Delphine de Vigan
Los reyes de la casa
Traducción de Pablo Martín Sánchez
Anagrama, 2023 (4ª ed.)

"Aquella niña exhibida de la mañana a la noche, aquella niña a la que podía verse en chándal, en pantalones cortos, con vestido, en pijama, disfrazada de princesa, de sirena o de hada, aquella niña cuya imagen había sido difundida hasta la saciedad, se había esfumado.
Como si una mano invisible hubiese decidido rescatarla súbitamente de las miradas ajenas, de aquel mundo repleto de marcas y símbolos en el que había crecido".


Aunque sólo fuera una historia (más) sobre las consecuencias de la permanente exposición pública de cada vez más aspectos de nuestra vida privada (eso que se ha dado en llamar "extimidad" y que Paula Sibilia analiza certeramente en La intimidad como espectáculo) ya merecería mucho la pena esta novela de Delphine de Vigan. Por la autora, pero también por la trama, una perfecta historia policíaca (con un giro sorprendente) plena de finura sociológica para cartografiar una de las características más definitorias de nuestro tiempo:

"Una época en que era normal que te grabaran incluso antes de nacer. ¿Cuántas ecografías se publicaban cada semana en Instagram o en Facebook? ¿Cuántas fotos de niños, de familias, cuántos selfis? ¿Y si la vida privada no fuese más que un concepto anticuado, obsoleto o, peor incluso, una ilusión? [...]
No había ninguna necesidad de mostrarse para ser visto, seguido, identificado, catalogado, clasificado. La videovigilancia, la trazabilidad de las comunicaciones, de los desplazamientos, de los pagos, la multitud de huellas digitales dejadas por todas partes habían modificado definitivamente nuestra relación con las imágenes, con la intimidad. ¿De qué sirve esconderse si somos tan visibles?, parecía preguntarse toda aquella gente, y probablemente tuvieran razón".

Una novela desasosegante que bucea en el Unheimlich, en esa dimensión siniestra que tantas veces contiene la vida cotidiana y familiar. Que se lee de un tirón y deja un regusto amargo. ¿En eso nos estamos convirtiendo? No será porque nos nos han avisado...

domingo, 17 de diciembre de 2017

¿Neutralidad en la red?

Fuente: http://kaosenlared.net/olvidarse-internet-tal-lo-conocimos-ya-no-sera-servicio-publico-libre-e-igual-acceso/ 

Mucho estaban tardando.

[1] Leo en EL DIARIO: "EEUU se prepara ya para un nuevo paradigma. La neutralidad de la Red ha perdido y las empresas han ganado. La manera de entender las comunicaciones y las nuevas relaciones que se establezcan entre usuarios y proveedores de Internet a partir de este jueves se darán en un marco injusto y viciado por el mercado, los poderes económicos y los intereses políticos". De nuevo paradigma nada: se llama capitalismo, y consiste en la mercantilización de todo lo que pueda transmutarse en beneficio económico privado. O, si se quiere rizar el rizo, se llama acumulación por desposesión. No es Trump, ni son los EE.UU.: es el capitalismo.

[2] Leo en EL MUNDO"En la Unión Europea, la neutralidad de la Red está garantizada por ley, lo que significa que el acceso a internet es un servicio público que no puede ser alterado en función de criterios empresariales". Pues ya podemos ir preparándonos. No será porque en la UE otros servicios públicos no hayan sido "alterados en función de criterios empresariales".
El artículo termina así: "la decisión es un golpe a la innovación en intenet y un intento de proteger a las viejas productoras de contenido - sobre todo en cine y televisión - y a las telefónicas, que han visto sus ingresos estancarse desde la transición del fijo al móvil, primero, y del móvil al smartphone, después. Es, así pues, una apuesta por 'la vieja economía'". Que no, que no es la vieja economía. Que es la economía de siempre, la de antes y la de ahora

[3] En 2011 se hacía público un manifiesto POR LOS DERECHOS CIVILES, LA UNIVERSALIDAD Y NEUTRALIDAD DE LA RED, en el que podemos leer lo siguiente: "La sanidad y la educación universal fueron las dos grandes conquistas sociales del siglo XX. Hoy, la incorporación de la tecnología es esencial para que esa universalidad sea efectiva". No creo posible equiparar salud y educación con acceso a internet, pero la referencia a la universalidad nos ofrece la clave para comprender lo que está ocurriendo. Que no es otra cosa que el desmantelamiento de cualquier principio universalista y su sustitución por criterios de individualización. Lectura muy recomendable: Martin McKee y David Stuckler, Cómo destruir el Estado de Bienestar, Viento Sur, 30/08/2014. Tan sólo sustituye "servicios sanitarios" o "educación" por "acceso a internet".

[4] El artículo de EL DIARIO al que me he referido más arriba termina así: "El Internet que conocemos ya no volverá a ser el mismo. Al menos siempre nos quedará ese magnífico texto de Martin Niemöller que empieza diciendo eso de "primero vinieron a por los comunistas, y yo no hablé porque no era comunista..."
Bien traído lo de Niemöller, pero mal aplicado: 
  • primero vinieron a por los derechos laborales, pero como yo no estaba empleado (o era precaria/o, o creativa/o, o emprendedora/o); 
  • después vinieron a por la educación pública, pero como yo soy de la concertada;
  • luego vinieron a por la sanidad universal, pero como yo tengo seguro privado, o soy joven y tengo salud;
  • más tarde vinieron a por las pensiones, pero como la vejez me pilla muy lejos;
  • ahora han venido a por la red...
No dejaría de ser triste que sea sólo ahora, cuando el acceso a nuestras series favoritas se vea comprometido, cuando nos percatemos de lo que el capitalismo hace con todos los bienes socialmente producidos: privatizarlos. Pero algo es algo. Tal vez con la lucha por defender la neutralidad de la red sea posible fortalecer y extender otra lucha, más importante, por garantizar la efectiva universalidad de todos los derechos sociales. Desde la cuna hasta la tumba.

martes, 13 de junio de 2017

Elecciones, desahucios, Escandinavia, tribus, ciudades (secretas y no), conversación, enseñanza (erótica) y... Enzensberger

Recupero algunas lecturas realizadas hace semanas, que por su diversidad pueden ser de interés para bastantes de las personas que acostumbran acercarse a este blog. Todas son ensayos o trabajos de investigación. De las novelas nos ocuparemos próximamente.


Empezamos con el libro Contra las elecciones. Cómo salvar la democracia (Taurus, Barcelona 2017), del arqueólogo belga David van Reybrouck. Arqueólogo, sí. Y para salvar la democracia de los muchos males que la aquejan (crisis de legitimidad de los responsables políticos, volatilidad electoral, debilitamiento de la capacidad de actuación de las instituciones, etc.), derivados según el autor de su reducción a simple mecanismo de elección periódica de representantes, mira al pasado, concretamente a un sistema como el que se empleaba en la antigua Atenas o en ciudades Estado como Florencia: el sufragio por sorteo, o "demarquía". Aunque, en realidad, su propuesta no es antirrepresentativa, sino "birrepresentativa":
"Hoy en día debemos encaminarnos hacia un modelo birrepresentativo, es decir, una representación popular obtenida tanto por elección como por sorteo. A fin de cuentas ambos sistemas tienen sus cualidades: la experiencia práctica de los políticos profesionales y la libertad de los ciudadanos que no dependen de la reelección. De este modo, el modelo electoral y el aleatorio van de la mano".

El libro esté escrito con un tono ágil, el autor transmite convencimiento y hasta impulsa una iniciativa, denominada G1000, construida en torno a la idea de las "cumbres ciudadanas" como herramienta esencial para redemocratizar la política. Es verdad que el libro peca en ocasiones de simplista: recomiendo leer la atinada reseña crítica de José María Ruiz Soroa publicada en el último número de Revista de Libros. Su crítica de la democracia electoral como mecanismo para salvaguardar a las élites políticas del control popular -fundado sobre el dictum de Montesquieu: "El sufragio por sorteo es propio de la naturaleza de la democracia; el sufragio por elección, de la aristocracia"- será muy aplaudida en estos tiempos de anti-castismo.
Pero más que por sus aciertos y errores desde la perspectiva de la filosofía política, considero que la propuesta de van Reybrouck nos anima a pensar en una democracia que se libere de la tiranía del pensamiento rápido y de la decisión supuestamente definitoria y definitiva, para incorporar lógicas, procedimientos e instituciones que hagan posible la deliberación sosegada y la construcción de propuestas políticas tan complejas, al menos, como las problemáticas a las que deben responder.


Ya desde los trabajos pioneros de la Escuela de Chicago -con sus investigaciones sobre el gueto, los trabajadores nómadas o hobos, los migrantes, las tensiones raciales, la delincuencia juvenil o sobre la vida urbana, en general- en la sociología norteamericana cabe reconocer un estilo muy característico de hacer investigación social: una investigación aplicada, narrativa, que responde a problemas sociales cotidianos y perfectamente observables, con un fuerte sentido normativo y una finalidad práctica.
En esta corriente se incardina el libro de Matthew Desmond Desahuciadas. Pobreza y lucro en la ciudad del siglo XXI (Capitán Swing, Madrid 2017), un estudio de caso de ocho familias empobrecidas afectadas por procesos de desahucio en la ciudad de Milwaukee. Y siguiendo sus vidas, casi siempre trágicas pero también, a ratos, llenas de arrojo y solidaridad, el autor va analizando las políticas públicas que desde los años Ochenta fueron preparando la "cruzada contra la asistencia social" que hoy caracteriza la cultura política de Estados Unidos. Y aquí hay mucho que aprender desde esta Europa (y esta Euskadi) que en ciertas cosas parece tener la tentación de americanizarse, con los discursos sobre el efecto desincentivador de las ayudas sociales y la deriva creciente hacia la activación.
También se esfuerza por vincular la existencia de estas familias pobres con las vidas de los ricos y de las clases medias, pues lo que en el ámbito de la vivienda ha beneficiado a estos, ha perjudicado a los primeros. Dos ejemplos de su reflexión, en este sentido:

"A lo largo de los años, los legisladores de ambos lados del espectro político han reducido la ayuda para vivienda a los pobres y la han incrementado en el caso de los ricos en forma de reducciones fiscales a la compra de vivienda. Hoy en día, el desembolso fiscal para la compra de vivienda supera ampliamente el dedicado a la asistencia para vivienda".

"Si reconocemos que la vivienda es un derecho básico, entonces debemos valorar de otro modo otro derecho: el derecho a lucrarse cuanto sea posible ofreciendo alojamiento a las familias (y especialmente la obtención de beneficios excesivos de los menos afortunados). [...] Explotación. Aquí tenemos una palabra que ha sido eliminada del debate de la pobreza. Es un término que nos habla del hecho de que la pobreza no es solo un producto de los bajos ingresos. Es también un producto de los mercados extractivos".


"El mito de la utopía escandinava". Así se subtitula esta obra de Michael Booth, Gente casi perfecta (Capitán Swing, Madrid 2017). Aunque cualquier persona familiarizada con las novelas de Sjöwall y Wahlöö, Mankell, Nesbo o Indridason, o con series como Bron/Broen, Atrapados y Fortitude, tendrá más que un ligero conocimiento de las muchas sombras que afean las, en tantos sentidos, luminosas sociedades nórdicas, en este libro encontraremos algunas sombras más, no tan horrendas como las que nos presentan la literatura y el cine negros, aunque sí preocupantes: una cierta parálisis del espíritu emprendedor, consecuencia de un complaciente igualitarismo a veces demasiado pequeñoburgués, una altísima huella ecológica, una gran dependencia de las ayudas sociales, la matanza de Utoya (esta sí, horrenda), los partidos anti inmigración...

Sin embargo, lo que se presenta como un libro desmitificador, en realidad se lee casi como un publirreportaje. Alejadas de la perfección, claro que sí, pero bastante atractivas: así son esas gentes y esas sociedades escandinavas. De ahí la conclusión a la que llega Booth:
"En estos momentos, Occidente busca una alternativa al capitalismo desenfrenado que ha asolado nuestras economías, un sistema que quizá evite los extremos del socialismo soviético y el neoliberalismo no regulado estadounidense. En realidad, en lo que a mí respecta, sólo hay un lugar donde fijar la mirada en busca de un modelo ejemplar desde una perspectiva tanto social como económica, y no es Brasil, Rusia ni China. La respuesta la tienen los países escandinavos. Incluso la pequeña Islandia se está recuperando con un crecimiento más alto que el de la mayoría de Europa. Aquí arriba, incluso cuando se equivocan, enseguida descubren cómo enderezar la situación sin que se produzca ningún derramamiento de sangre".

Dan ganas de hacerse islandés.


Triplete de Capitán Swing, una editorial que se ha convertido en pocos años en una referencia esencial para quienes nos movemos en el campo de las ciencias sociales. Se trata de Tribu. Sobre vuelta a casa y pertenencia (Capitán Swing, Madrid 2016), de Sebastian Junger, escritor -es autor de la novela La tormenta perfecta, que inspiró la película del mismo título- y periodista en zonas de conflicto -impresionante su anterior libro, Guerra-.
"¿Cómo te conviertes en adulto en una sociedad que no requiere sacrificios? ¿Cómo te haces un hombre en un mundo que no exige valor?", se pregunta Junger al comienzo del libro. Preguntas incómodas, turbadoras, ambiguas, que estructuran toda su reflexión.
Buscando responder a las mismas el libro nos acerca a la expansión americana hacia el Oeste y al choque de civilizaciones con las sociedades indias, cuya forma de vida atrajo a numerosos occidentales: 
"Algo dice de la naturaleza humana que un sorprendente número de estadounidenses -en su mayoría hombres- acabara uniéndose a la sociedad india en vez de permanecer en la suya propia. Emulaban a los indios, se casaban con ellos, eran adoptados por ellos, y en ocasiones hasta luchaban a su lado. Lo contrario casi nunca ocurrió: los indios casi nunca escapaban para unirse a la sociedad blanca. La emigración siempre pareció ir de lo civilizado a lo tribal, lo que desconcertó a los pensadores occidentales a la hora de explicar semejante rechazo aparente de su sociedad. [...] De entre todas las tentaciones de la vida nativa, una de las más convincentes pudo haber sido su fundamental igualitarismo".

También analiza lo que ocurre en situaciones de combate, o de catástrofe natural, siempre desde el planteamiento de que tales situaciones tienen el potencial de retrotraernos a un momento "tribal", en el que el compromiso colectivo y la identificación de un bien común se vuelven imprescindibles para la supervivencia.
A partir de ahí, Junger aborda el debilitamiento de las relaciones de comunidad, la disminución de los contactos físicos, la disminución de los vínculos, y sus consecuencias, algunas de las cuales resultan de evidente actualidad:
"Los cazadores de subsistencia no son necesariamente más éticos que otra gente; simplemente no pueden mantener comportamientos egoístas porque viven en grupos pequeños donde caso todo está expuesto al escrutinio. Por otro lado, la sociedad moderna es un desorden descontrolado y anónimo donde la gente puede llegar a niveles increíbles de deshonestidad y salirse con la suya sin ser atrapados. Lo que los pueblos tribales considerarían una profunda traición del grupo, la sociedad moderna simplemente lo tilda de fraudeEs de suponer que los cazadores-recolectores tratarían a su versión de banquero deshonesto o estafador de prestaciones sociales con la misma contundencia que a un cobarde. Puede que no le mataran, pero ciertamente se le proscribiría de la comunidad. El hecho de que un grupo de personas pueda costarle a la sociedad estadounidense pérdidas por valor de varios billones de dólares -aproximadamente una cuarta parte del PIB anual- y no sea juzgado por delitos graves demuestra lo completamente des-tribalizado que está el país".

"La belleza y la tragedia del mundo moderno es que elimina muchas situaciones que exigen que la gente demuestre un compromiso con el bien colectivo", lamenta Junger. No dice apenas nada sobre las muchas sombras que la comunidad, la pertenencia y la tribu traen también consigo.  Pero, sin olvidar nada de esto, no esta mal recordarnos también lo que hemos perdido al ganar en autonomía individual.


Cambiamos de editorial y de temática. En La España de las ciudades. El Estado frente a la ciudad urbana (Economía Digital, Barcelona 2017), José María Martí Font nos ofrece un fresco actualizado de la realidad urbana y sus dinámicas disruptivas, que en tantos aspectos superan los límites que acogotan la actuación de los gobiernos estatales y autonómicos:
"Las grandes aglomeraciones urbanas desbordan permanentemente las estructuras de poder jerárquico de las administraciones centrales. Dotarlas de personalidad política e institucional, otorgarles verdaderos mecanismos de autogobierno, concederles capacidad de gestión y autonomía, supondría renunciar a controlarlas".

No se trata sólo, aunque también, de ese "nuevo municipalismo" que en las elecciones locales de 2015 se hizo con las alcaldías de Madrid, Barcelona, Valencia, Zaragoza, A Coruña, Santiago y Cádiz, de las que el autor escribe: "Esta entrada de energía, de aire fresco, está provocando que se hagan políticas que nunca se habían hecho, como las de vivienda [...]. También que se revisen procesos que parecían intocables como el de las privatizaciones de los servicios públicos". El libro no se centra en esas ciudades y sus nuevos gobiernos municipales, sino que se aproxima también a otras, como Vigo, Málaga o, con menos detenimiento, Sevilla, Bilbao o Las Palmas, para imaginar las posibilidades de "otro país posible, una Iberia urbana", fundado sobre el autogobierno de las ciudades.

"Si los alcaldes gobernaran el mundo...", reflexiona Benjamin Barber.



No abandonamos la ciudad. Suketu Mehta escribe La vida secreta de las ciudades (Penguin Random House, Barcelona 2017) distinguiendo entre la "ciudad estadística" y la "ciudad impresionista", para invitarnos a acompañarle en un sugerente viaje por esta segunda. El libro es un canto irrestricto al espíritu urbano y las dinámicas sociales, culturales, económicas y políticas -"Las revoluciones de Oriente Próximo se han producido en ciudades, no en pueblos"- que surgen en todas las ciudades del mundo. Dinamismos que explicarían el hecho de que "por primera vez en la historia, viven más seres humanos en las ciudades que en los pueblos. Nos hemos convertido en una especie urbana. En 1900, el 10 por ciento vivíamos en ciudades; en 2010, el 53 por ciento y, para 2050, cuando seamos nueve mil millones de personas en el planeta, el 75 por ciento habitaremos en ciudades".

Por eso, porque "nada atrae más que el éxito", Suketu Mehta sostiene que "en todo el mundo los aldeanos olvidan a Gandhi y se mudan a grandes ciudades", de manera que "hemos dado la espalda a Thoreau, Tolstói y Gandhi. Si tenemos opción, preferimos edificios, multitudes y calles pavimentadas a espacios abiertos, soledad y árboles; a menudo, por el mero hecho de que son grandes". No es preciso que aclare lo que personalmente, thoreauniano confeso, me duele esta afirmación. Pero es verdad que los datos son los datos, y que la urbanización acelerada del mundo es un hecho. Otra cosa es que los procesos que lo explican se sustenten, exclusiva o principalmente, en razones de elección libre. En mi opinión, junto a muchas, muchísimas, salidas del mundo rural elegidas, hay también muchas expulsiones, muchas personas que simplemente se encuentran con que la vida que desearían llevar se vuelve imposible.

Mehta capta y transmite perfectamente las complejidades de la atractividad urbana: "El atractivo de la ciudad es el tiempo flexible. Comes cuando quieres. Sales a bailar cuando te apetece. Puedes trabajar después de la puesta de sol y dormir en época de cosecha. Ni el sol, ni la luna ni Dios pueden decirte cuándo comer, dormir o trabajar. En algún lugar de la gran ciudad alguien tiene una tienda abierta que te venderá lo que deseas en este preciso instante". Una flexibilidad que, en sus procesos más profundos, significa libertad: "Este es un lugar donde tu casta no importa, donde una mujer puede comer sola en un restaurante sin que la acosen y donde puedes intentar casarte con la persona de tu elección. […] En todas las ciudades del mundo se produce un derrocamiento masivo de tabúes. Una elección masiva".  Pero también supone un alarmante aumento de las incertidumbres, las vulnerabilidades y la precariedad existencial:

"Conocí a una niñera india sin papeles de Nueva York que llevaba una década sin ver a sus hijos. Los había dejado a cargo de los suegros mientras su marido y ella se deslomaban en Nueva York para mandarles dinero, con la esperanza de legalizar algún día su situación y traérselos. Hablaba con ellos todos los domingos. Un día alguien le enseñó las fotos de una boda en su pueblo de la India: «¿Quién es esta?», preguntó, señalando a una adolescente. La persona que le mostraba las fotos la miró con sorpresa. «Es tu hija.» La niñera rompió a llorar".

Un libro breve, más narrativo que analítico, pero lleno de reflexiones sugerentes.



Sherry Turckle, psicóloga del Massachusetts Institute of Tecnology (MIT),  lleva toda su vida profesional dedicada a estudiar los efectos que la interacción con internet, las redes sociales y el entorno digital tienen sobre nuestra vidas. En los Ochenta y Noventa publicó dos libros de referencia, The Second Self: Computers and the Human Spirit (1984), y Life on the Screen: Identity in the Age of the Internet (1995; hay edición en castellano en Paidós, 1997), en los que hacía una lectura esencialmente positiva de las posibilidades que estas tecnologías ofrecen para "doblar" nuestras vidas, para vivir plenamente en dos mundos, el online y el offline, el virtual y el real. En 2012 empieza a revisar esta posición en su libro Alone Together. Why We Expect More from Technology and Less from Each Other (puede escucharse al respecto en castellano su conferencia TED), revisión crítica que ahora profundiza en el libro En defensa de la conversación. El poder de la conversación en la era digital (Ático de los Libros, Barcelona 2017).

Aunque la autora se apresura a declarar que su tesis "no es antitecnología [sino] proconversación", su perspectiva se asemeja ahora a la de autores como Nicholas Carr, de quien ya hemos hablado aquí, que nos alerta contra la superficialización de nuestras vidas como efecto de internet. En esta línea, Turkle advierte -¡ahí es nada!- de que "la tecnología está implicada en un ataque contra la empatía", al desacostumbrarnos de hábitos hasta hace poco tan normales como conversar preferentemente cara a cara -"La conversación cara a cara es el acto más humano, y más humanizador, que podemos realizar. Cuando estamos plenamente presentes ante otro, aprendemos a escuchar. Pero hoy en día buscamos formas de evitar la conversación"-, presentarnos en público sin "editar" permanentemente nuestra imagen ideal y, sobre todo, sin estar sometidos a la tiranía de la interrupción permanente: "Olvidamos lo extraño que se ha vuelto esto, que mucha gente joven ha crecido sin haber experimentado ninguna conversación sin interrupciones en la mesa a la hora de cenar ni durante un paseo con sus padres o con amigos. Siempre han tenido sus teléfonos a mano". Y esto no es algo simplemente curioso o anecdótico, sino que tiene consecuencias importantes:
"El efecto que los teléfonos tienen en nuestras conversaciones en persona es un problema. Los estudios demuestran que la mera presencia de un teléfono sobre la mesa (incluso de un teléfono apagado) cambia aquello sobre lo que la gente habla. Si creemos que nos pueden interrumpir, mantenemos una conversación ligera, centrada en temas que generen poca controversia o intrascendentes. Y las conversaciones con teléfonos a la vista impiden la conexión empática". Resuena aquí la poderosa crítica de Nicholas Carr contra la superficialidad que introduce en nuestras vidas internet, de la que ya nos hicimos eco en este blog hace varios años.

Pero la digitalización parece imparable. De entre los muchos ámbitos analizados por Turkle, destaco en este breve comentario su crítica por la fascinación tecnológica que se ha apoderado del mundo educativo: "Si tratases de diseñar un tecnología educativa perfectamente adaptada a la sensibilidad de la hiperatención, probablemente terminarías utilizando los MOOC", escribe. Frente a esta perspectiva, la autora reivindica con vigor el valor de la clase presencial:

"Si preguntas a aquellas personas que han estudiado durante toda su vida de dónde procede su pasión por aprender, generalmente hablan de un profesor que los inspiró y los marco profundamente. El aprendizaje más potente tiene lugar en el marco de una relación. ¿Qué tipo de relación puedes establecer con un profesor que imparte sus conocimientos desde un pequeño rectángulo en la pantalla del sistema de entrega de contenidos del MOOC? [...].
La clase presencial tiene más virtudes. Obliga al profesor a integrar el contenido y su crítica. Enseña a los estudiantes que ninguna información debe separarse de la oportunidad de debatirla y cuestionarla «en directo». Cuando un buen profesor da clases varias veces a la semana, improvisa partes nuevas de su discurso cada vez. Escriben nuevas secciones una semana o un mes o la noche antes. Adaptan sus clases a los sucesos de actualidad para hacerlas más relevantes. En cambio, una vez se ha preparado el guion para una clase en línea, y ya está filmada, editada y colgada, es difícil, aunque no imposible, que se introduzcan cambios de este tipo. Es lógico pensar que «la mejor versión» de esa clase ya está recogida en el vídeo. 
Cuando el consejero delegado de la iniciativa educativa virtual del MIT mencionó la idea de que un buen actor podría ocupar el lugar de un buen profesor, nadie rechazó la sugerencia de plano; al contrario, la idea dio mucho que hablar en internet. Los estudiantes se quejan de que se aburren. Entonces, ¿qué hay de malo en que la presentación del contenido esté en manos de profesionales de la presentación, como por ejemplo Matt Damon? […] Puesto que un aula virtual no es un espacio de conversación, ¿por qué no utilizar a un actor?".

Al libro le sobran bastantes páginas, hay abundantes repeticiones, pero, en su conjunto, es un libro que deberíamos leer y discutir. O conversar...



Y sobre esto, sobre la importancia de la presencia (física, real, esforzada) en la educación versa el libro de Massimo Recalcati, La hora de clase. Por una erótica de la enseñanza (Anagrama, Barcelona 2016).
En una escuela crecientemente dominada por modelos hipercognitivos, ajenos (incluso hostiles) a cualquier preocupación por los valores, donde las "competencias" más instrumentales y aplicadas son la clave de una educación dirigida por el principio de rendimiento, Recalcati reivindica la importancia vertebral de la hora de clase:
"Uno de los problemas de la Escuela hoy en día es que los docentes se ven oprimidos durante la mayor parte del tiempo por tareas que son completamente ajenas a la actividad didáctica, es decir, a la tarea específica del enseñante. La hora de clase, que debe ser el latido del corazón de la Escuela, se ve marginada por actividades que exceden de la enseñanza en sentido estricto, aplastada bajo la prensa de una evaluación cada vez más reducida a medida".

Una hora de clase que, según el autor, "puede cambiar una vida, dar al destino otra dirección, consagrar para siempre lo que sólo estaba débilmente esbozado". Porque la hora de clase es, sobre todo, una oportunidad para el encuentro y, en ese contexto de encuentro, para el surgimiento de lo inesperado. Algo que no puede ocurrir en el espacio aséptico y previsible de la formación virtual:
"En esta época en la que la horizontalidad infinita y al alcance de la mano de la Red parece desbancar la función del maestro ofreciendo un saber aparentemente sin límites, hay que recordar que ésta no puede conocer el arte del tropiezo, no puede encarnar de ninguna manera el saber que pone a disposición, no puede animar la erótica de aprendizaje, puesto que carece de cuerpo. […] Pensar en transmitir el saber sin tener que pasar por una relación con quien lo encarna es una ilusión, porque no existe didáctica más que dentro de una relación humana. Quienes aspiran a reducir el proceso de aprendizaje y de enseñanza a l transmisión tecnológica y aséptica de la información y ponen sus esperanzas en la definición de metodologías eficientes de asimilación, organización y evaluación del conocimiento, pretenden eliminar la intrusión del cuerpo en la relación didáctica y comenten un error obsesivo en sentido clínico. Creen que es posible separar netamente los afectos de la representación y piensan que con esta separación queda garantizado un saber objetivo e inatacable, un saber capaz de ser dueño del ser".



Y acabamos con lo último de un ensayista clásico, un intelectual de los que ya quedan muy pocos: Hans Magnus Enzensberger y su último trabajo publicado en español, Panóptico (Malpaso, Barcelona 2016). Veinte "ensayos fulminantes" en los que cuestiona con humor los dogmas de la microeconomía, el derecho de autodeterminación, las ideas de crisis y normalidad, el debate entre ciencia y religión o las "neosexualidades contemporáneas". Dos fragmentos.

En el ensayo titulado "Malditas manchas", escribe:
"¿Han observado ustedes que es prácticamente imposible beber una taza de café sin que en su borde, el platillo, la servilleta, la cucharita, el mantel, la blusa o la camisa se forme un reguero, salpicón, manchón, charco o churrete? […] ¿Por qué los filósofos han omitido el problema de la mancha-? El mismo Heráclito apenas si tenía en mente su camisa cuando llegó a la conclusión de que tofo fluía. Esto se debe a una razón muy sencilla. Y es que solían ser otros quienes tenían que lidiar con el ensuciamiento. Correr a secar el charco, a enjuagar el platillo, a lavar la casaca... ¿quiénes lo hacían? Adivinen. No, no eran los filósofos; eran las mujeres. Criadas, lavanderas y chicas de la limpieza se ocupaban de esa tarea [...]".

Y en "Milagros normales":
"Uno espera, por ejemplo, en la parada de la esquina y ocurre el milagro. El autobús viene de verdad. Uno entra en el próximo supermercado y la botella de leche fresca está ahí, dispuesta puntualmente. Uno cruza la calle y no se oye fuego de ametralladora. Suena el timbre y nonos visita el KGB ni el BND ni la mafia sino el cartero griego que, como siempre, es un dechado de solvencia y buen humor. Calificamos tal realidad de normal, aunque es todo menos natural, Para comprenderlo basta con un mínimo de conocimientos históricos y geográficos. Al fin y al cabo, en este país el horror absoluto sólo dista unas pocas décadas y, en otras regiones de la Tierra, sigue a la orden del día. Allí la vida a menudo es como la describió el filósofo inglés Thomas Hobbes: «pobre, tosca, embrutecida y breve». Lo que tenemos ante nosotros cuando nos asomamos a la ventana o salimos a la puerta es, por tanto, un fenómeno excepcional: sumamente improbable y difícil de explicar. ¿Cómo puede darse siquiera una «realidad ordenada» -signifique esto lo qué signifique- en una sociedad que, en una parte nada ínfima, consta de pupilos, trileros, secretarios de Estado en excedencia, asesores inversionistas, frikis publicistas, gurúes del lifestyle, presentadores de espectáculos, artistas de la subvención, agentes de seguridad y cabezas rapadas, personajes que se cuidan de fabricar algo útil?"

Siempre se encuentra algo sugerente en los escritos de Enzensberger.

sábado, 26 de octubre de 2013

Mediaciones y ruido: editoriales, librerías e Internet


Sociofobia




Acabo de terminar el libro de César Rendueles Sociofobia, publicado por Capitan Swing y que hoy reseña Javier Rodríguez Marcos en Babelia. No encuentro link al suplemento cultural de El País, pero aquí puede encontrarse la reseña (gracias).
Joven filósofo y profesor en la Complutense de Madrid. Rendueles desarrolla una crítica del ciberfetichismo actualmente rampante entre las izquierdas tan intempestiva como imprescindible. En otro momento volveré a este libro y a su cuestionamiento del supuesto (y aplaudido) fin de las mediaciones en el nuevo entorno digital, de la suntuaria efervescencia social digital en la que tan a menudo desemboca la denominada sociedad red, de la estrecha y limitada comunidad comunicativa en que se convierten casi siempre las redes sociales. Por ahora, baste con esta afirmación de Rendueles (que no es, en absoluto, un tecnófobo):

Las tecnologías de la comunicación han generado una realidad social disminuida, no aumentada. [...] Internet no ha mejorado nuestra sociabilidad en un entorno postcomunitario, sencillamente ha rebajado nuestras expectativas respecto al vínculo social. Tampoco ha aumentado nuestra inteligencia colectiva, sencillamente nos induce a rebajar el listón de lo que consideramos un comentario inteligente.

Como digo, otro día volveremos a las reflexiones de Rendueles. Por hoy, coincidiendo con la publicación en Territorios, el suplemento cultural de Vocento, de un artículo sobre la función de prescriptores literarios que hoy cumplen las redes sociales, me quedo con una reflexión de Rendueles al respecto:

Volviendo al mundo del libro, la mediación especializada desempeña un papel crucial y difícilmente sustituible.Escuchar una canción pop y decidir si merece la pena es un proceso relativamente rápido. A menudo bastan unos segundos para decidir si un contenido es interesante para nosotros o no.Por eso es factible que mediadores no profesionales puedan sustituir a las discográficas, al menos en algunas de sus funciones. La evaluación de novelas o ensayos es un proceso mucho más lento y complejo. Si cada uno de nosotros como lectores tuviera que elegir qué libros son valiosos de entre toda la oferta potencial de escritores que creen que sus textos deben ser difundidos (algo técnicamente posible), desaparecería la cultura escrita tal y como la conocemos. Las editoriales reducen el ruido, algo para lo que Internet no es precisamente una herramienta muy eficaz.
Los comentarios de los usuarios en Internet han empezado a sustituir a la crítica especializada y a la publicidad como elementos básicos en la construcción del gusto literario. Inicialmente pareció un giro democrático que iba a permitir acabar con la dictadura del mercado y los expertos. Pero la realidad pronto ha arruinado esas expectativas: "desde hace tiempo, la presencia de escritores (o aspirantes a escritor) que emplean seudónimo para elogiar sus propias obras ha sido una costumbre cada vez más extendida en los foros, facilitada por el anonimato de Internet (...) En el lado opuesto, también surgieron los usuarios que, de forma anónima, realizaban críticas despiadadas a libros escritos por gente hacia la que demostraban una obvia animadversión (...) Tanto las reseñas como los puestos en los rankings de Amazon.es o Casadellibro.com se han convertido en parámetros que condicionan el éxito de ventas de los e-books y, por ello, tanto las editoriales como, sobre todo, los escritores auto-editados, han elaborado toda clase de estrategias para hacer que sus libros escalen puestos en dichos ranking". Internet no ha hecho desaparecer ni el negocio del libro ni la crítica especializada, más bien ha convertido la crítica amateur en un oscuro negocio. Hay empresas que ofrecen reseñas en Amazon a cambio de dinero. Por ejemplo, GettingBookReviews.com ofrecía veinte reseñas favorables por quinientos dólares. John Locke, el primer escritor autoeditado que vendió un millón de e-books, contrató los servicios de esta empresa para conseguir hasta trescientas reseñas en distintas plataformas. 

El texto entrecomillado que aparece en este párrafo de Rendueles procede del artículo de Yayo Balbás "Negocio de reseñas 2.0", publicado en Cultura Libre.

miércoles, 29 de febrero de 2012

Twitter, ¿sólo para las cagadas?

Con perdón. Pero es lo que he pensado al leer esta mañana la página 2 de EL PAÍS.
Asunto: El caso de los periodistas bloqueados en la ciudad siria de Homs, sometida a asedio y bombardeos por las tropas de el Aasad y su intento de rescate (fallido).
Protagonista: El presidente-candidato Sarkozy, en plan preelectoralero.
La sucesión de acontecimientos:

1º Buena (aunque falsa) noticia, a bombo y platillo ante periodistas de cuerpo presente: “Estoy feliz de anunciaros que la pesadilla ha terminado. Bouvier tiene fracturas múltiples y ahora podrá recuperarse bien”, afirmó el presidente al nutrido grupo de periodistas que sigue su campaña. Con las horas, se supo que el anuncio de Sarkzoy no se correspondía con la verdad. En realidad, la operación de rescate de Bouvier no había salido bien.

2º Tenue gorgeo disculpatorio: Poco después, Sarkozy admitió su error a través de su cuenta de Twitter oficial: “He sido impreciso y me excuso. No está confirmado que [Bouvier] esté a salvo en Líbano. La situación es extremadamente compleja de analizar”.

domingo, 6 de marzo de 2011

Transmedia: ¿nos volveremos más superficiales?

El pasado 26 de febrero EL PAÍS recogía en su suplemento Babelia un largo artículo firmado por Elisa Silió titulado "Mutaciones literarias", que anunciaba el comienzo de una nueva era en la edición literaria (considero exagerado hablar de una "nueva era literaria"): "Escribir y leer ya no es lo que era. Con algo de retraso, la literatura con extensiones en otros formatos y soportes multimedia y online se extiende en España. Es la evolución de la creación literaria más allá de las fronteras conocidas dando origen al llamado libro transmedia".
El artículo se apoya en algunos ejemplos de literatura transmedia española -como El silencio se mueve, de Fernando Marías- y, sobre todo, en las tesis sobre la convergencia cultural entre viejos y nuevos medios propuestas en 2006 por Henry Jenkins:

"Con convergencia me refiero al flujo de contenidos a través de múltiples plataformas mediáticas, la cooperación entre múltiples industrias mediáticas y el comportamiento migratorio de las audiencias mediáticas, dispuestas a ir casi a cualquier parte en busca del tipo deseado de experiencias de entretenimiento. [...] La convergencia representa un cambio cultural, toda vez que se anima a los consumidoses a buscar nueva información y establecer conexiones entre contenidos mediáticos dispersos".


De entrada, la idea de transmedia resulta atractiva. Un blog es un ejemplo de este tipo de producto comnicativo que aúna e integra texto, imagen, sonido, vínculos con otras obras, y permite la participación del lector.
Pienso en la posibilidad de volver a leer El Señor de los Anillos en formato transmedia y la idea me gusta. Poder acompañar la historia con el visionado de las espectaculares imágenes rodadas por Peter Jackson o de las evocadoras ilustraciones de John Howe, o poder recurrir a las obras que sobre Tolkien han escrito Joseph Pearce o Michael White, cuya lectura nos ayuda a comprender mejor las claves del genial relato.
Sin embargo, el libro de Nicholas Carr Superficiales: ¿Qué está haciendo Internet con nuestras mentes? introduce dudas de calado sobre el en principio atractivo futuro transmedia consecuencia de la convergencia cultural.
Partiendo del repetido aforismo de Marshall McLuhan -"El medio es el mensaje"- Carr se ocupa no de los contenidos que circulan por Internet, sino del estilo de pensamiento que, en su opinión, la propia estructura de la Web exige y produce: "Lo que parece estar haciendo la Web es debilitar mi capacidad de concentración y contemplación. Esté online o no, mi mente espera ahora absorber información de la manera en la que la distribuye la Web: en un flujo veloz de partículas" (p. 19).



Carr hace suya la caracterización del mundo digital como un "ecosistema de tecnologías de la interrupción" (p. 116). "Cuando nos conectamos a la Red -afirma-, entramos en un entorno que fomenta una lectura somera, un pensamiento apresurado y distraído, un pensamiento superficial. Es posible pensar profundamente mientras se navega por la Red, como es posible pensar someramente mientras se lee un libro, pero no es éste el tipo de pensamiento que la tecnología promueve y recompensa" (pp. 143-144). "La Red atrae nuestra atención sólo para dispersarla", advierte Carr. "La Red es, por su mismo diseño, un sistema de interrupción, una máquina pensada para dividir la atención" (p. 162).

En el libro Carr se refiere a una gran cantidad de experimentos e investigaciones que, en su opinión, sustentan su tesis de que en Internet no se lee; como mucho se desarrolla una "actividad de rastreo" a la búsqueda de ese titular, ese resumen o ese concepto que nos sea de utilidad en un momento concreto (pp. 167-168).



Como consecuencia, la manera de leer tradicional, asociada al libro impreso, parece estar en retroceso en el nuevo mundo digital. "Para algunas personas -advierte Carr-, la mera idea de leer un libro se ha vuelto anticuada, incluso algo tonta -como coser tus propias camisas o descuartizar una vaca-." (p. 21). ¿Para qué "perder" tiempo pérdidos entre los anaqueles de una biblioteca si Google me ofrece mucha más información y, sobre todo, mucho mejor dirigida a mis intereses concretos?

El declive de la lectura tradicional no es sino el indicador de un cambio mucho más relevante: el declive de la mente líneal -"calmada, concentrada, sin distracciones"- que se ve desplazada "por una nueva clase de mente que quiere y necesita recibir y diseminar información en estallidos cortos, descoordinados, frecuentemente solapados -cuanto más rápido, mejor-" (p. 22).

La descripción que Carr hace de la colonización de la literatura por esa tecnología intelectual que es la Red resulta desasosegante:

"La tendencia de Internet a transformar todo medio en un medio social surtirá un efecto de gran alcance en las maneras de leer y escribir, esto es, en el lenguaje mismo. Cuando la forma del libro cambió y permitió con ello la lectura en silencio, una de las consecuencias más importantes fue el desarrollo de la escritura privada. Los autores, capaces de suponer que un lector atento y comprometido tanto intelectual como emocionalmente 'aparecería al fin para darles las gracias', traspasaron répidamente los límites del discurso social para comenzar a explorar una riqueza de formas marcadamente literarias, muchas de las cuales no tenían cabida fuera de la página impresa. Esta nueva libertad del escritor privado condujo, como hemos visto, a una explosión experimental que expandió el vocabulario, ensanchó los límites de la sintaxis y aumentó la flexibilidad y la expresividad del lenguaje en general. Ahora que el contexto en que se produce la lectura vuelve a cambiar, de la página privada a la Red comunitaria, los autores volverán a adaptarse. Cada vez serán más los que ajusten sus obras a un medio que el ensayista Caleb Crain describe como gregario, en el cual la gente leerá principalmente 'para experimentar la sensación de pertenencia', más que para ilustrarse o evadirse. Cuando el ámbito social prima sobre el literario, el escritor se ve abocado a descartar la virtud y la experimentación en aras de un estilo inocio pero inmediatamente accesible. La escritura se convertirá en una forma de registrar banales chácharas" (pp. 133-134).

Agobiado, recurro a Alessandro Baricco y a su intento de comprender a esos bárbaros que "respiran con las branquias de Google":

"Los bárbaros utilizan el libro para completar secuencias de sentido que se han generado en otra parte. Lo que rechazan, lo que no les interesa, es el libro que remite, por completo, a la gramática, a la historia, al gusto de la civilización del libro: todo esto lo consideran algo pobre de sentido. No puede insertarse en ninguna secuencia transversal, y por tanto debe de parecerles terriblemente apagado. O por lo menos: no es ése el juego que saben hacer [...] Los bárbaros ienden a leer únicamente los libros cuyas instrucciones de uso se hallan en lugaes que NO son libros".

El debate está servido.

martes, 8 de febrero de 2011

Descargas: Balance (personal y provisional) de un proceso

[I] Rechazada en primera instancia en el Congreso, negociada de nuevo y consensuada con vistas a su previsible aprobación en el Senado, la disposición adicional segunda de la Ley de Economía Sostenible, más conocida como "ley Sinde", es ya un hecho.
No es mi intención volver en este comentario al contenido de la norma en cuestión, ni a sus supuestas consecuencias y desarrollo futuro. Cada cual ha ido manifestando su posición al respecto (internautas organizados y desorganizados, partidos políticos, creadores y artistas, etc.). Ayer mismo el diario PÚBLICO cuestionaba su eficacia. Lo que sea, sonará.
En todo caso, queda pendiente, como señala en sus conclusiones la Subcomisión del Congreso sobre la reforma de la Ley de Propiedad Intelectual, afrontar la revisión sistemática y coherente de la actual LPI o elaborar, en su caso, una nueva LPI que ofrezca soluciones a los principales problemas detectados.
Así pues, los debates de fondo -concepto de propiedad intelectual, gestión colectiva de derechos de autor, dominio abierto, nuevos modelos de negocio, etc.- habrán de ser abordados de nuevo. Espero que acertando en todo aquello en lo que no se haya acertado. Lo que dependerá, en buena medida, de que todos seamos capaces de reconocer los miedos -todos los miedos y los miedos de todos- que alimentan esa alianza de neuróticos a la que me refería en un comentario anterior y que el duelo Savater vs. Savater ha puesto de manifiesto. Porque el miedo no sólo ha estado presente en una ya famosa cena, sino en muchos desayunos, almuerzos y meriendas. Enseguida abundaré en esta cuestión.


[II] Pensando precisamente en ese abordaje (dicho sea lo de "abordaje" sin segundas intenciones) que necesariamente habremos de afrontar en un futuro próximo, me interesa en este momento compartir una reflexión sobre determinados aspectos del proceso que nos ha llevado hasta aquí. Una reflexión breve, provisional y personal.

Desde finales del pasado diciembre hasta hoy mismo he recibido, si no me he despistado en mis cuentas, un total de 113 correos electrónicos relacionados con la disposición adicional segunda de la LES. Envíos masivos, dirigidos a todos los senadores y senadoras.
Diez de esos correos, recibidos todos ellos al principio del periodo señalado, procedían de pequeños creadores o propietarios de videoclubs (antonio, carlos, doni, carmelo, santi, ekain, lucia, francisco, elvis, jorge) que exigían una norma que controle las descargas ilegales y juzgaban la ley Sinde necesaria pero insuficiente. Algunos de ellos se referían expresamente a la iniciativa nolesayudesamandarmealparo, pero cada uno de ellos contaba una historia personal.
El resto de los correos expresaban posturas contrarias a la norma.
Una mayoría de ellos se limitaba a suscribir el siguiente mensaje:

Quería llamar su atención sobre la reintroducción de la "Ley Biden-Sinde" en la Ley de Economía Sostenible, una serie de disposiciones que ha sido elaborada de espaldas al trabajo del parlamento y sin las debidas garantías de eficacia legal y de modelo económico. Desearíamos expresarle la disponibilidad de los ciudadanos a colaborar en una propuesta igualmente urgente pero eficaz para el desarrollo de los artistas y de los emprendedores del sector digital. No tenemos que olvidar que este es un ámbito crucial para salir de la crisis y sería una lástima someterlo a una ley que no beneficia su desarrollo. Por todo esto le pido, por favor, que rechace la Ley "Biden-Sinde" de la Ley de Economía Sostenible.

Otro texto-tipo que también a abundado contenía una curiosa declaración de desafección respecto al Senado, y decía así:

Soy un ciudadano español que no acostumbra a preocuparse por los asuntos que se discuten en el senado, pero el próximo día 18 de enero usted votará en el senado la aprobación de la más que polémica "ley SINDE", la cual vela únicamente por los intereses de la retrógrada industria audiovisual frente a los derechos y libertades de la mayoría de los ciudadanos a los que usted representa y por ello le ruego que vote NO a esta ley.

Lo curioso es que nueve personas han remitido ese mensaje bastantes días después de ese 18 de enero en el que supuestamente se iba a votar la disposición.

Sin embargo, han sido muchos los correos recibidos que contenían reflexiones personales, en algún caso más bien desahogos indignados ("Hola senadores, el pueblo español está muy quemado de ustedes..."- Raul; "Dejar de tocar los cojones a la gente" - Mario; "Voten no a la ley sinde si no queréis terminar de cargaros el país" - Ivan), en otros reflexiones amplias y argumentadas, como las de Miguel, Chema, Juan, Mario, Francisco, Luis Angel, Feliciano, Nicolás, de las que he aprendido unas cuantas cosas y me han ayudado a enriquecer mi propia posición.

[III] Por lo demás, me llama enormemente la atención los miedos que muchos de los mensajes comunican. Más arriba me he referido a este hecho.
Hay quien habla de una ley "que pretende quitarnos lo único que nos queda: la libertad de expresión en internet", y compara a España con "China o Venezuela por poder censurar las páginas que ustedes decidan". Varios consideran que la norma "pretende criminalizar a personas que se descargan películas o música por el mero hecho de hacerlo", convirtiendo en delito el hecho de descarga contenidos protegidos por derecho de autor. Se afirma que "viviremos un GRAN HERMANO en la red", censurando aquellos contenidos que no interesen, se menciona a Hugo Chávez y a la Inquisición. Hay quien escribe -en mayúsculas, como un grito: "SERVIRÁ COMO EXCUSA PARA CERRAR CUALQUIER PÁGINA WEB, BLOG PERSONAL O FORO DE OPINIONES SIN EL PERMISO DE UN JUEZ, Y SIN LA NECESIDAD DE QUE CONTENGA ENLACES DE DESGARGA DE CONTENIDOS PROTEGIDOS". Se juega con las siglas "SS" para denominar a la Sección Segunda de la Comisión de Propiedad Intelectual.
Miedos entrecruzados, miedos como plato único, una dieta única de miedos cuyo reconocimiento resulta imprescindible para intentar desmontarlos.

[IV] Decía que he recibido poco más de un centenar de correos. La verdad es que son muy pocos. En otras ocasiones, en relación a otros temas, hemos recibido bastantes más.
¿Tal vez porque la opinión y la acción referida a este asunto se expresan mediante otros mecanismos? Pudiera ser: de hecho se habla de la irrupción de un nuevo poder internauta que actuaría como un auténtico lobby ante el Gobierno y los partidos políticos.
Pero la representación en el mundo de la acción cívico-política online es muy complicada. Lo es también la construcción de una interlocución eficaz.
Muchas de las personas que firman esos correos se apresuran a afirmar que se representan a sí mismas. Lo que es más importante, en mi opinión: en la mayoría de esos correos se expresa una voluntad y un potencial de acuerdo muy superior al que he encontrado entre algunos de quienes compondrían ese supuesto "poder internauta".
Reconocimiento legitimado, representación testada e interlocución eficaz: claves esenciales para que todo lo que habrá que hacer en los próximos tiempos llegue a buen puerto.

[V] He respondido de manera personalizada a la mayoría de estos correos, particularmente a aquellos que también contenían una reflexión más personal. Siempre lo hago cuando se abordan temas que tienen que ver con mi responsabilidad en el Senado, o cuando son cuestiones que también me preocupan como ciudadano. Hubiese querido responder a todos y cada uno de ellos, pero el mes de enero -ya lo he dicho en otra ocasión- ha sido muy complicado.
Considero en todo caso que cuando una ciudadana o un ciudadano toma la iniciativa de dirigirse a los representantes políticos a través de cualquier medio con el fin de hacerles llegar su opinión o sus demandas, lo menos que deben hacer esos representantes es responder, para que tales iniciativas no se conviertan en mensajes encerrados en una botella arrojados al mar. Por respeto al remitente, pero sobre todo por pedagogía democrática: las nuevas herramientas de comunicación (correo electrónico, blogs) deben servir para reducir la enorme distancia que existe entre la ciudadanía y la política, entre representados y representantes.
Me dicen que mi respuesta ha sido la única que han recibido. Si es así, es un escándalo. Los partidos políticos deben tomarse en serio esta cuestión. No se puede dejar a la ciudadana o al ciudadano con la palabra en la boca, no se puede ignorar su protesta, no se puede hacer oídos sordos a sus demandas.

Por cierto: son pocas, no más de una docena, las personas que responden a mi contestación. Tal vez el entorno online permite inciar debates, pero no es tan adecuado para continuarlos. No lo sé.

[VI] Lo más importante de todo: hay un espacio enorme para el acuerdo. Es preciso mantener ese espacio abierto, cuidarlo con esmero, pues habremos de transitarlo dentro de no mucho tiempo.

Y por el momento aquí lo dejo. Tenía ganas de reflexionar sobre muchos temas, pero este asunto me ha tenido, lo confieso, bloqueado. Volveré a él, pero hay vida más allá y más acá de las descargas, y de esa vida quiero hacerme eco.
Seguiremos hablando.

viernes, 31 de diciembre de 2010

Descargándome

Pido disculpas por la extensión de este comentario, que además no es sino el primero de otros que le seguirán. Pero el tema y mi situación lo exigen.

1. Una historia contada por un idiota, llena de ruido y de furia, que nada significa: a esto se ha visto reducido en España el debate sobre la creación cultural, los derechos de autor y la propiedad intelectual. O a la tragedia cainita de dos payasos con una trompeta. O a una alianza de neuróticos, en la que cada parte realiza propuestas que alimentan los miedos –fundados o no, pero al fin y al cabo miedos- de la otra. O a un juego de suma cero, donde las ganancias de unos sólo pueden sostenerse sobre las pérdidas de otros. O a un dilema del prisionero, situación en la que cada cual persigue su propio interés siguiendo una estrategia de egoísmo racional -minimizar costes, maximizar beneficios- imposibilitando cualquier planteamiento cooperativo y haciendo a la larga imposible un abordaje común del problema.
En este contexto, la iniciativa del presidente de la Academia del Cine me parece tan loable en su voluntad como previsiblemente estéril en sus resultados. Si leemos los comentarios a la crónica de la reunión publicada por EL PAÍS bajo el título “Satisfacción tras la reunión entre internautas y Álex de la Iglesia” lo que vamos a encontrar es mucha insatisfacción y, sobre todo, abundante mala leche; voluntad de escuchar y acordar, poca.
Pese a que pueda resultar estéril en estos momentos, la iniciativa no deja de apuntar en la buena dirección: la de poner todo nuestro esfuerzo al servicio de la tarea de romper esa alianza de neuróticos a la que me he referido antes.





2. España tenía que ser, también en esto, diferente.

En Francia, la Ley 2009-669 de 12 de junio para favorecer la difusión y la protección de la creación en Internet, más conocida como ley Hadopi, faculta a una autoridad administrativa para identificar descargas ilegales, advertir sobre ellas a los usuarios y, tras tres avisos, prevé la suspensión del acceso a Internet por decisión de un juez. En Estados Unidos el FBI cuenta con una unidad especializada en delitos cibernéticos con capacidad para cerrar, en colaboración con la Fiscalía o mediante orden judicial, websites que incurran en delitos contra la propiedad intelectual. Y las multas a quienes se bajan archivos protegidos son desorbitadas.
Así las cosas, en esos dos países el espacio para el encuentro entre gobiernos e internautas es inexistente.


Sin embargo en Francia tienen a Jérémie Zimmermann, cofundador de La Quadrature du Net, que recientemente ha propuesto una contribución creativa o “canon político” que los suscriptores de banda ancha abonarían mensualmente, y que serviría para compensar a los creadores por el intercambio de archivos en las redes P2P:

"Se podría pensar en un porcentaje sobre el precio de la conexión a internet, una especie de canon político para acabar con esta guerra contra el intercambio. Sería una forma de mostrar a los artistas que internet es una oportunidad para ellos.Cada suscriptor con una conexión de banda ancha podría pagar entre tres y diez euros al mes. Se podría hacer un reparto transparente basado en el número de descargas de cada trabajo. Pero recalco que una contribución de este tipo tendría que basarse en la transparencia y limpieza del reparto y, como no, la legalización del intercambio entre particulares".

Y en Estados Unidos tienen a Lawrence Lessig, cuya posición respecto al copyright o al canon digital es crítica, pero razonable.

Aquí tenemos un Gobierno que quiere impulsar una norma que no está concebida para actuar contra los usuarios descargadores. Lo señalaba con mucha claridad la ministra de Cultura en una reciente entrevista. Una norma que no tiene nada que ver ni con "patadas en el módem" (Núria Buenaventura, ICV) ni con "vueltas a la Inquisición" (Esperanza Aguirre, PP).
Recojo el párrafo que me parece clave de la no sé si demasiado bien conocida disposición final segunda de la Ley de Economía Sostenible (p. 55):

La sección [segunda de la Comisión de Propiedad Intelectual] podrá adoptar las medidas para que se interrumpa la prestación de un servicio de la sociedad de la información o para retirar los contenidos que vulneren la propiedad intelectual por parte de un prestador con ánimo de lucro, directo o indirecto, o que haya causado o sea susceptible de causar un daño patrimonial. La ejecución de estos actos, en cuanto pueden afectar a los derechos y libertades garantizados en el artículo 20 de la Constitución, requerirá de la previa autorización judicial, de acuerdo con el procedimiento regulado en el artículo 122 bis de la Ley reguladora de la Jurisdicción Contencioso-Administrativa.
[Por cierto: si todo lo que ha podido conseguir la presión de EEUU es una norma como esta, tan alejada del modelo norteamericano...].

¿Tan lejos está de "la visión desde el otro lado" firmada por Javier de la Cueva, cuando defiende una regulación que no criminalice a los ciudadanos por el uso de la tecnología cotidiana a su alcance?


No sé, me parece que se trata de un planteamiento que deja bastante más espacio para el debate sosegado y para el encuentro que cualquier otra legislación de nuestro entorno. Incluso sobre sus puntos más polémicos: la composición de la Comisión y el papel del juez, que no entraría en el fondo de la cuestión sino tan sólo contemplar si el cierre afecta a derechos fundamentales.
Pero en España no hay un Zimmermann ni un Lessig...

3. Por supuesto que echo en falta un marco ideológico progresista que inspire y acompañe, no tanto a las intervenciones del Gobierno de España, cuanto a las del PSOE.

Nos enfrentamos a una cuestión cuyas dimensiones no se agotan en este aspecto parcial de las descargas ilegales; un aspecto relevante sin duda desde un punto de vista económico, con importantes derivaciones de cultura cívica, pero que no puede cumplir la función de los árboles que nos impiden ver el bosque. Los argumentos que cabría utilizar en esa reflexión más general no son de aplicación –o no lo son de manera inmediata- al caso concreto del control de las descargas. Sin embargo, los argumentos y las soluciones que en base a esos argumentos apliquemos a este caso concreto, sí pueden tener repercusiones de alcance sobre la reflexión general.
El contexto general es el que se refiere a la creciente mercantilización privatizadora de bienes susceptibles, en principio, de ser considerados como fundamentalmente públicos. Se trata de un debate clásico en la historiografía social y en la sociología crítica. Se trata, también, de una cuestión clave a la hora de diferenciar entre las políticas progresistas y las políticas conservadoras.
David Harvey sostiene que el periodo histórico que se inicia desde finales de los Setenta, que hemos denominado como neoliberalismo, ha sido fundamentalmente un proyecto destinado a restaurar el poder de la clase capitalista. Un poder de clase cada vez más fundado no tanto en las prácticas características de la clásica acumulación de capital, sino en nuevas formas de acumulación por desposesión basada en la aplicación inmisericorde de toda suerte de medidas de privatización y de liberalización. [Ya lo hemos comentado en otra ocasión].
Hablamos de una estrategia de acumulación renovada y no nueva pues en esto, como en otros aspectos, el capitalismo globalitario no hace sino recuperar viejas prácticas de apropiación. Harvey se refiere a una de ellas: el cercamiento de tierras comunales que desde el siglo XIV en Gran Bretaña impulsaron muchos grandes señores desalojando a sus arrendatarios y vallando grandes extensiones de terreno dedicado, a partir de ese momento, a la explotación privada. La misma fue tanto un ejercicio de fuerza como de reconstrucción de la legalidad: las primeras ocupaciones fueron posteriormente permitidas, impulsadas y protegidas por medio de diversas leyes (Enclosure Acts) promulgadas por el Parlamento a partir de 1709. La abolición consiguiente de los derechos tradicionales de paso, de pasto y de rastrojo obligó a grandes masas de campesinos a abandonar sus tierras y sus actividades tradicionales. Esta práctica, conocida entre los historiadores como enclosures y ampliamente estudiada, permitió un proceso de acumulación y de formación de capitales que está en la base de la posterior Revolución industrial.
Está referencia está muy presente entre los más lúcidos defensores del dominio abierto. Uno de ellos, James Boyle, ha producido una muy interesante reflexión sobre lo que denomina “el segundo movimiento de cercamiento”, en esta ocasión referido a bienes culturales e intelectuales, a su extracción del domino público y su conversión en mercancías privadas.

Echo en falta esta narrativa como telón de fondo de las aproximaciones que desde el PSOE se están haciendo sobre la cuestión de la creación cultural y la propiedad intelectual.


4. Pero sobre todo echo en falta una inter(nauta)locución un poco menos autocomplaciente, algo más exigente consigo misma y, sobre todo, mucho más respetuosa con quienes mantienen posiciones distintas. A este respecto, recomiendo la lectura del artículo de Quim Monzó titulado El fantasma de la libertad.
Que no se oculte tras justificaciones tan banales como el precio del cine o los dvd.
Que no proclame inconsistencias como esa que sostiene que en el nuevo entorno digital "la diferenciación entre creadores y usuarios se ha desvanecido" [Julio Alonso, fundador de Weblogs S.L.].
Que no aproveche que el debate pasa por WikiLeaks... No se trata de libertad de expresión, ni de la defensa de un dominio público potente, ni de la posibilidad de utilizar obras culturales para re-crearlas. Se trata, simple y llanamente, de poder descargarse Avatar a voluntad.

5. ¿Y la propiedad intelectual? Ay, la propiedad...

La propiedad intelectual puede ser adecuadamente descrita como una mercancía ficticia. Pero de ahí a interpretarla como una mera “ficción” o como una “fantasía” media un trecho. Más aún si de tal interpretación se pretende derivar la imposibilidad de su regulación legal:

"La propiedad intelectual es una ficción. Las leyes pretenden el imposible de que alguien pueda apropiarse de algo inmaterial como quien se apropia de un coche o de una casa. Cerrar la puerta es una forma muy sencilla de impedir a los demás el uso de mi vivienda, pero ¿cómo hacer eso con una canción que no está en ninguna parte y en todos los sitios? Podríamos hacer leyes que dijeran que el aire es una “propiedad especial”, como lo es la intelectual, pero eso no impediría que la práctica común chocara con ese invento legal. Y eso es justo lo que ocurre hoy con la propiedad intelectual: la realidad social vuelve del revés a unas leyes que pretenden proteger un interés que se basa en una fantasía" (David Bravo, Copia este libro, p. 17).

No debe ser muy difícil abrir una puerta y acceder a una vivienda ajena. Pretender fundamentar la crítica a la propiedad intelectual en el hecho de su supuesta vulnerabilidad no parece demasiado edificante: “Lo importante no es si alguien debe apropiarse de lo que produce con su intelecto sino de si puede hacerlo. Si no es así y las leyes pretenden conseguirlo a base de ficciones y muros imaginarios, la realidad social chocará con esa mentira. Los usos cotidianos de una gran parte de la población descubrirán el absurdo de pretender cercar el viento” (Bravo, p. 19).

O se confunde propiedad con posesión cuando se fantasea con las posibilidades del streaming. Es en todo caso la segunda, la posesión, la que se vuelve irrelevante para el consumidor, pero la propiedad no sólo no deja de importar sino que, seguramente, se hace mucho más relevante para el creador.

6. Y qué decir de los nuevos modelos de negocio...

Pago 18 euros por un libro titulado Imagine... no copyright. Contiene reflexiones de interés, aunque su tesis central, que el copyright no es más que una forma de censura de la que deberíamos liberarnos totalmente, se sustenta sobre un endeble armazón argumental. Pero lo más paradójico es el hecho de que sus editores en castellano nos advierten de que “queda prohibida la reproducción parcial o total por cualquier medio de impresión, en forma idéntica, extractada o modificada de esta versión castellana de la obra”.

Y es que no debe ser tan sencillo hacer negocio de otra manera... Y en cualquier caso, nada de esto justificaría que nos apropiemos de lo producido por un productor al que consideramos ineficiente o inadaptado a las nuevas condiciones.

7. Habitamos un mundo en el que cada vez más personas respiran, como señala Alessandro Baricco en su ensayo Los bárbaros, “con las branquias de Google”. No son piratas, o no lo son al modo en que habitualmente utilizamos este concepto como arma arrojadiza en un debate envenenado. Son mutantes, anfibios, bárbaros que, como aquellos feroces norteños cuyo avance hacia Roma ningún limes pudo contener, surfean por la red con tanta pericia como libertad. “Cuando pueden –explica Baricco-, los bárbaros construyen a su imagen los sistemas con los que viajar: la red, por ejemplo. Pero no se les oculta que la mayor parte del terreno que deben recorrer está hecha de gestos que heredan del pasado y de su naturaleza: viejas aldeas. Lo que hacen entonces es modificarlos hasta que se convierten en sistemas de paso: a esto nosotros lo llamamos saqueo. No son piratas, sino bárbaros. Lo cual no los convierte en menos destructivos, aunque sí en menos culpables de la destrucción que provocan a su paso.

Hace una década Jeremy Rifkin nos advertía de que estábamos entrando en la Era del Acceso. Una era en la que debemos navegar entre el Escila de los vigilantes/porteros/cobradores de acceso (gatekeepers) y el Caribdis de los ususarios irresponsables. Respecto de los primeros, Rifkin escribe: "En la era que ahora nace, el poder pertenece a los vigilantes, que controlan tanto el acceso a la cultura popular, como a las redes geográficas y ciberespaciales que expropian, reenvasan y mercantilizan la cultura en forma de experiencias y entretenimiento personal de pago" (p. 236). Respecto de los segundos, formula una pregunta que adquiere visos de advertencia: "¿No podría ser que el cambio de la propiedad al acceso suponga potencialmente minar el sentido de responsabilidad personal que acompaña al poseer?" (p. 179).


8. Porque este es el problema al que ahora nos enfrentamos: el problema del mientras tanto. ¿Cómo nos vamos adaptando todos al nuevo entorno digital?
Lawrence Lessig hace un planteamiento que a mi, personalmente, me gusta y me parece un buen punto de partida para avanzar:

“Una cultura libre apoya y protege a creadores e innovadores. Lo hace directamente concediendo derechos de propiedad intelectual. Pero lo hace también indirectamente limitando el alcance de estos derechos, para garantizar que los creadores e innovadores que vengan mas tarde sean tan libres como sea posible del control por parte del pasado. Una cultura libre no es una cultura sin propiedad [...]. Lo opuesto a una cultura libre es una «cultura del permiso» -una cultura en la cual los creadores logran crear solamente con el permiso de los poderosos o de los creadores del pasado” (Lessig, El código 2.0, p. 18).

No es verdad que la cultura sea un producto abundante. No es verdad que todas y todos nos convirtamos en creadores. No es verdad que cualquier defensa de la propiedad intelectual dañe inmediatamente el dominio público. No es verdad que, en este caso, estén en juego la libertad de expresión o de re-creación cultural. Y sobre todo, no es cierta la inocencia de los consumidores de productos culturales.
Hace falta mucha pedagogía para que lo que hagamos ahora no nos complique aún más todo lo que habremos de hacer en el futuro. Y no clausurar la deliberación con trampantojos y sanbenitos, aunque sean blogosféricos.

Seguiremos comentando...

"Cuando aquellos que creen en la libertad del ciberespacio y en los principios que tal libertad promueve, se niegan a implicarse con el Estado en la búsqueda de la mejor manera de preservar dichas libertades, ello debilita la libertad" (Lessig, El código 2.0, p. 527).

miércoles, 1 de diciembre de 2010

Wiki Wiki

Shakira puso a bailar a todo el mundo con su Waka Waka.
Julian Assange está ahora haciendo bailar a todo el mundo con su Wiki Wiki.

WikiLeaks es, de alguna manera, un Caiga Quien Caiga global.
Si en CQC un grupo de alocados y desvergonzados periodistas vestidos a lo Blues Brothers se dedicaban a mostrar la desnudez del emperador entre la clase política española, la última y masiva filtración de documentos movilizada por WikiLeaks está sirviendo para sacar los colores al gremio de embajadores y diplomáticos, reducidos a la condición de cotillas tomateros con mando en plaza.

martes, 6 de abril de 2010

La muerte como espectáculo

(1) Uno de los libros leídos estos días es La muerte como espectáculo, de la filósofa italiana Michela Marzano.
[Ahora que lo pienso, mis lecturas no han sido demasiado festivas ni vacacionales que digamos: La prosperidad del mal, de Daniel Cohen; Genealogía de los bárbaros, subtitulado "Historia de la inhumanidad", de Roger-Pol Droit; y como lectura ligera, la policíaca El señor del carnaval, de Craig Russell].
Un extracto del libro de Marzano:

"El que está tumbado en el suelo, con los ojos vendados, esperando a ser degollado, ¿es un hombre? Sus verdugos, ¿son hombres? Y los que mirán estos videos con indiferencia o con placer, ¿son hombres?
En el fondo, estas imágenes deleitan a una sociedad en la que se está a favor de los reality-shows y de la revolución digital y ya no se vive más que en el reflejo que se da de uno mismo. Todo puede realizarse, todo puede verse. Las fronteras entre ficción y realidad son cada vez más borrosas; hasta el punto de que el espectador pierde la conciencia de lo real, se acostumbra a todo, tanto a la muerte convertida en espectáculo como a la indiferencia que le sirve de cortejo".

(2) Leo hoy en EL PAÍS la noticia sobre el vídeo de WIKILEAKS en el que se muestra cómo militares estadounidenses matan en Bagdad a un fotógrafo de Reuters en 2007:

Un vídeo publicado por la organización Wikileaks cuestiona la versión oficial ofrecida por el Ejército de EE UU para explicar la muerte de 11 iraquíes en réplica a un supuesto ataque terrorista producido el 12 de julio de 2007 en Bagdad. Entre las víctimas figuran un fotógrafo de la agencia Reuters, Namir Noor-Eldeen, de 22 años, y su conductor, Saeed Chmagh, de 40.
En las imágenes difundidas por el sitio web, que publica informes clasificados y documentos filtrados preservando el anonimato de sus fuentes, se observan disparos contra un grupo de hombres desde la visión de un piloto de un helicóptero Apache.
El vídeo recoge las grabaciones del propio helicóptero, desde el que se aprecia a un grupo de personas desplazándose a pie. El militar alega en el documento que varias personas de este grupo, entre las que figuraban Noor-Eldeen y Chmagh, portan armas y pide permiso para disparar.
En cuanto el objetivo se encuentra a tiro, y pese a que no se aprecia ninguna amenaza y las personas a pie parecen no percatarse de la presencia de las fuerzas norteamericanas, las aeronaves inician una ronda de disparos indiscriminada. Tras ellos, los militares celebran las muertes al grito de "mira esos bastardos muertos" y felicitan por su buena puntería a su compañero.


(3) Lo cierto es que las imágenes son tremendas: el helicóptero filmando desde el aire la calleja de Bagdad; el punto de mira de sus armas fijo sobre el grupo de personas reunidas en una esquina; las balas levantado una enorme polvareda mientras las víctimas son derribadas de un manotazo; Namir corriendo desesperadamente bajo el fuego hasta que es alcanzado; la furgoneta que intenta rescatar a Saaed, herido, también acribillada desde el aire... Y el alborozo de los soldados
Pero, al mismo tiempo, son imágenes tan cinematográficas -o tan videojueguicas- que parecen de ficción.

(4) "Debemos repensar y reconstruir el dique que ayuda a contrarrestar la crueldad bárbara e impedir que la 'realidad-horror' termine un día por compararse con el 'derecho a saber'", concluye Marzano.
Sin duda es lo que pretende la organización Wikileaks. Por eso recomiendo ver las imagenes del video. Recordando que no es un videojuego. En el mismo Namir y Saeed, y otros seres humanos cuyos nombres desconocemos, mueren en directo. Daños colaterales, los llamaron.

martes, 23 de febrero de 2010

Amigos, más o menos

"Yo quiero tener un millón de amigos", cantaba melosamente Roberto Carlos. El brasileño quería cantar su canto, pero no quería cantar solito, quería un coro de pajaritos...
¿Un millón de amigos?
Hoy en EL PAÍS, se preguntan cuántos amigos podemos tener en Internet. El reportaje está construido a partir de un artículo publicado el pasado 8 de febrero en The Times por el antropólogo y psicólogo de la Universidad de Oxford Robin Dumbar, autor del libro How many friends does one person need?.


Según Dunbar, nuestro cerebro no tiene capacidad para gestionar más de 150 amistades. En esto seguimos siendo básicamente primates. Es lo que se conoce como "Dunbar’s Number". El periodista de EL PAÍS lo expone así:

Dunbar sostiene que el tamaño de nuestro cerebro, tras analizar lo que sucede en especies como los simios, no nos permite administrar emocionalmente más de 150 amistades. Por amigo, sostiene, se entiende aquella persona que si le pides dinero, y lo tiene, te lo presta. Son aquellas personas a las que se les envía una tarjeta, no digital, de felicitación navideña. El número de Dunbar parece delimitar una frontera entre aquellas personas con quienes puedes tener relaciones de confianza, reciprocidad y obligación. Más allá se encuentran las muchas personas que se reconocen a simple vista, pero que no se cuenta con ellas en caso de apuro. "Somos capaces de recordar los nombres y rostros de muchos de estos extraños, pero no tenemos importantes historias pasadas con ellos". Para Dunbar incluso la cifra de 150 exige matices. En el círculo sagrado de la amistad apenas cabrían unos cinco, los íntimos. El resto se ubican en otros círculos cada vez más lejos de la intimidad.


Hay quienes cuestionan esta cifra máxima. Particularmente, en la era de internet, donde lo normal es que los Facebook-friends superen con mucho esos 150, alcanzando en ocasiones el millar de "amistades".



Si así fuera, parece que los vascos -y las vascas- fastidiamos la media. El EUSTAT (Instituto Vasco de Estadística) ha hecho pública su Encuesta de Capital Social, según la cual la población vasca cuenta con una media de 22,5 personas a su alrededor entre familiares y amigos, de los cuales una docena formarían el núcleo más próximo.

¿O será que tanto Dunbar como el EUSTAT tienen una idea, digamos que un poquito más rigurosa que Facebook, de lo que es la amistad?