martes, 19 de diciembre de 2017

Otros caminos

Ya están disponibles los cuadernillos resultado del Seminario de reflexión promovido por ALBOAN entre febrero 2016 y febrero 2017, en el que un grupo de 20 personas de diferentes ámbitos (social, universitario, empresas y administración pública) hemos dialogado sobre procesos sociales de cambio que se están dando en la actualidad y de qué manera pueden contribuir a la transformación de la lógica económica generadora de injusticias y desigualdades.
Versión en castellano: https://www.alboan.org/es/multimedia/publicaciones/investigaciones

Lo alternativo: el futuro común deseable y posible

Versión en euskera: https://www.alboan.org/eu/multimedia/publicaciones/investigaciones

domingo, 17 de diciembre de 2017

¿Neutralidad en la red?

Fuente: http://kaosenlared.net/olvidarse-internet-tal-lo-conocimos-ya-no-sera-servicio-publico-libre-e-igual-acceso/ 

Mucho estaban tardando.

[1] Leo en EL DIARIO: "EEUU se prepara ya para un nuevo paradigma. La neutralidad de la Red ha perdido y las empresas han ganado. La manera de entender las comunicaciones y las nuevas relaciones que se establezcan entre usuarios y proveedores de Internet a partir de este jueves se darán en un marco injusto y viciado por el mercado, los poderes económicos y los intereses políticos". De nuevo paradigma nada: se llama capitalismo, y consiste en la mercantilización de todo lo que pueda transmutarse en beneficio económico privado. O, si se quiere rizar el rizo, se llama acumulación por desposesión. No es Trump, ni son los EE.UU.: es el capitalismo.

[2] Leo en EL MUNDO"En la Unión Europea, la neutralidad de la Red está garantizada por ley, lo que significa que el acceso a internet es un servicio público que no puede ser alterado en función de criterios empresariales". Pues ya podemos ir preparándonos. No será porque en la UE otros servicios públicos no hayan sido "alterados en función de criterios empresariales".
El artículo termina así: "la decisión es un golpe a la innovación en intenet y un intento de proteger a las viejas productoras de contenido - sobre todo en cine y televisión - y a las telefónicas, que han visto sus ingresos estancarse desde la transición del fijo al móvil, primero, y del móvil al smartphone, después. Es, así pues, una apuesta por 'la vieja economía'". Que no, que no es la vieja economía. Que es la economía de siempre, la de antes y la de ahora

[3] En 2011 se hacía público un manifiesto POR LOS DERECHOS CIVILES, LA UNIVERSALIDAD Y NEUTRALIDAD DE LA RED, en el que podemos leer lo siguiente: "La sanidad y la educación universal fueron las dos grandes conquistas sociales del siglo XX. Hoy, la incorporación de la tecnología es esencial para que esa universalidad sea efectiva". No creo posible equiparar salud y educación con acceso a internet, pero la referencia a la universalidad nos ofrece la clave para comprender lo que está ocurriendo. Que no es otra cosa que el desmantelamiento de cualquier principio universalista y su sustitución por criterios de individualización. Lectura muy recomendable: Martin McKee y David Stuckler, Cómo destruir el Estado de Bienestar, Viento Sur, 30/08/2014. Tan sólo sustituye "servicios sanitarios" o "educación" por "acceso a internet".

[4] El artículo de EL DIARIO al que me he referido más arriba termina así: "El Internet que conocemos ya no volverá a ser el mismo. Al menos siempre nos quedará ese magnífico texto de Martin Niemöller que empieza diciendo eso de "primero vinieron a por los comunistas, y yo no hablé porque no era comunista..."
Bien traído lo de Niemöller, pero mal aplicado: 
  • primero vinieron a por los derechos laborales, pero como yo no estaba empleado (o era precaria/o, o creativa/o, o emprendedora/o); 
  • después vinieron a por la educación pública, pero como yo soy de la concertada;
  • luego vinieron a por la sanidad universal, pero como yo tengo seguro privado, o soy joven y tengo salud;
  • más tarde vinieron a por las pensiones, pero como la vejez me pilla muy lejos;
  • ahora han venido a por la red...
No dejaría de ser triste que sea sólo ahora, cuando el acceso a nuestras series favoritas se vea comprometido, cuando nos percatemos de lo que el capitalismo hace con todos los bienes socialmente producidos: privatizarlos. Pero algo es algo. Tal vez con la lucha por defender la neutralidad de la red sea posible fortalecer y extender otra lucha, más importante, por garantizar la efectiva universalidad de todos los derechos sociales. Desde la cuna hasta la tumba.

viernes, 15 de diciembre de 2017

El futuro de las pensiones

El consejero de Hacienda y Economía del Gobierno Vasco se apunta al discurso alarmista sobre el futuro de las pensiones públicas. Según acaba de declarar, 2018 supondrá "el fin de la hucha de las pensiones", y como única solución ha propuesto extender el sistema de previsión social complementaria. Extensión que, en su informada opinión, presenta algunas dificultades, como son "un gran desconocimiento entre la ciudadanía" sobre la finalidad y el funcionamiento de estos productos, "la dificultad de mejoras retributivas [que] dificultan el desarrollo del sistema de empleo", así como la "limitada" capacidad de ahorro de amplios colectivos de rentas medias y bajas, "en especial de los más jóvenes", por el "gran impacto de la crisis". Así, todo mezclado. Pero el problema no es el supuesto desconocimiento de este producto financiero, sino la mala calidad del empleo creado en las últimas décadas, y no sólo como consecuencia de la crisis.
El consejero declara que la generalización de este sistema individual de aseguramiento exigiría que cada persona empleada aportara el 6% del salario anual a lo largo de la vida laboral, algo que, según él mismo reconoce, está "lejos de poder hacer realidad ese desideratum, excepto para algún colectivo reducido de población asalariada".
El asunto tiene miga: la crisis del empleo decente pone en riesgo un sistema público de pensiones basado en las cotizaciones de las y los trabajadores, y un alto responsable político plantea como solución un sistema que sólo puede funcionar en el caso de que la mayoría de las y los trabajadores tengan un empleo estable y razonablemente bien remunerado. Pero si así fuera, ¡el sistema público no afrontaría ningún problema!

Hace un año, una gerente de una de estas EPSV declaraba: "El patrimonio conjunto de las EPSV vascas suma unos 22.936 millones, lo que supone el 34% del PIB vasco, muy superior a la media del Estado, pero inferior a la de los sistemas más desarrollados. Pero no es un ahorro generalizado, está muy disperso. Unos tienen mucho y otros cantidades muy pequeñas. No sabemos cuántos ciudadanos tienen una EPSV y algunos tienen más de media docena". ¿Y no es esta distribución tan desigual -¡y opaca!- de un patrimonio tan considerable un problema?

El 26 de octubre participe en una charla sobre el futuro de las pensiones organizada por la asociación vitoriana "POR UNA VIDA DIGNA – BIZITZA DUINAREN ALDE".
No soy, en absoluto, experto en el tema. Más que como sociólogo o científico social, hablo del tema como "todologo" aunque, esos sí, procurando informarme y argumentando mis afirmaciones.
Y hay varias ideas en las que me reafirmo:
  • Las pensiones son un derecho social universal que no deberían, en ningún caso, mercantilizarse.
  • La viabilidad económica de las pensiones no está en cuestión si en el futuro, tal como indican todas las proyecciones, la riqueza socialmente producida va a incrementarse relativamente mucho más que lo que va a aumentar la población.
  • Que las entidades financieras lleven al menos tres décadas anunciando la crisis del sistema público de pensiones es perverso, pero lógico desde la perspectiva del negocio de estas entidades.
  • Lo grave es que algunas fuerzas políticas con altas responsabilidades de gobierno abonen este discurso y renuncien en la práctica a defender y garantizar un derecho social fundamental, permitiendo o incluso alentando su mercantilización.
La presentación utilizada para la exposición puede descargarse aquí. El vídeo de la intervención puede verse aquí.
Agradezco a David Alonso su excelente trabajo técnico a la hora de pilotar la sesión y editar el vídeo, así como sus aportaciones al diálogo.

domingo, 10 de diciembre de 2017

Se atrevieron... ¿y ya está?


Leo en la versión digital de VIENTO SUR un artículo firmado por David Mandel, titulado "Se atrevieron", en el que sostiene que:
[...] el principal legado de la Revolución de Octubre para la izquierda a día de hoy es, en realidad, el menos ambiguo. Puede sintetizarse en dos palabras: "se atrevieron". Con esto quiero decir que los Bolcheviques cumplieron auténticamente con su misión como partido de los trabajadores al organizar tanto la toma revolucionaria del poder político y económico, como su defensa posterior frente a las clases propietarias: proveyeron a los obreros -así como a los campesino- el liderazgo que necesitaban y deseaban.

Considera Mandel que la Revolución de 1917 fue, sobre todo, una respuesta práctica a problemas sociales, políticos y económicos también muy prácticos:
[...] lo que sorprende sobremanera cuando uno estudia la revolución desde abajo es lo poco que los Bolcheviques, y los obreros que les apoyaban, estaban, de hecho, guiados por una ideología, en el sentido de que fuesen una suerte de movimiento milenarista que ambicionase únicamente el socialismo. En realidad y sobre todo, Octubre fue una respuesta práctica a problemas sociales y políticos muy serios y concretos que debían afrontar las clases populares.

Y así, su conclousión:
Este es por tanto el significado del "se atrevieron", como legado de Octubre. Los Bolcheviques, como genuino partido de los trabajadores, actuó de acuerdo a la siguiente máxima: "Fais ce que dois, advienne que pourra" (Haz lo que debas, que acontezca lo que se pueda). Trostky pensaba que esta máxima debía guiar el hacer de todo revolucionario. He tratado de demostrar que este reto no se aceptó a la ligera y que los Bolcheviques no eran aventureros temerarios. Temían la guerra civil, trataron de evitarla, y si ello no fue posible, al menos trataron de limitar su severidad y ganar cierta ventaja en ella.

Todo lo que recuerda Mandel en su artículo (las terribles condiciones históricas en las que se desarrollaron los acontecimientos, el liderazgo de los bolcheviques liderados por Lenin y Trostsky) lo analiza y disecciona Rosa Luxemburgo en La revolución rusa, estudio escrito en 1918, en prisión, meses antes de su asesinato en enero de 1919, y publicado en 1922. Aunque tengo delante la edición que hizo Ayuso en 1978, dentro del volumen II de sus obras escogidas, por comodidad citaré a partir de una de las muchas ediciones digitales que de esta obra existen en internet. Aunque cambia el estilo de la traducción, el contenido no varía.

Comienza Rosa Luxemburgo reconociendo las condiciones históricas particularemente aciagas en las que se afronta la Revolución de Octubre. Aplaude la osadía -"¡Yo osé!"- de sus dirigentes. Pero no se queda en este reconocimiento:

Todos estamos sujetos a las leyes de la historia, y el ordenamiento socialista de la sociedad sólo podrá instaurarse internacionalmente. Los bolcheviques demostraron ser capaces de dar todo lo que se puede pedir a un partido revolucionario genuino dentro de los límites de las posibilidades históricas. No se espera que hagan milagros. Pues una revolución proletaria modelo en un país aislado, agotado por la guerra mundial, estrangulado por el imperialismo, traicionado por el proletariado mundial, sería un milagro. Pero hay que distinguir en la política de los bolcheviques lo esencial de lo no esencial, el meollo de las excrecencias accidentales. En el momento actual, cuando nos esperan luchas decisivas en todo el mundo, la cuestión del socialismo fue y sigue siendo el problema más candente de la época. No se trata de tal o cual cuestión táctica secundaria, sino de la capacidad de acción del proletariado, de su fuerza para actuar, de la voluntad de tomar el poder del socialismo como tal. En esto, Lenin, Trotsky y sus amigos fueron los primeros, los que fueron a la cabeza como ejemplo para el proletariado mundial; son todavía los únicos, hasta ahora, que pueden clamar con Hutten: “¡Yo osé!” Esto es lo esencial y duradero en la política bolchevique. En este sentido, suyo es el inmortal galardón histórico de haber encabezado al proletariado internacional en la conquista del poder político y la ubicación práctica del problema de la realización del socialismo, de haber dado un gran paso adelante en la pugna mundial entre el capital y el trabajo. En Rusia solamente podía plantearse el problema. No podía resolverse. Y en este sentido, el futuro en todas partes pertenece al “bolchevismo”.

Al contrario, considera que, precisamente por las circunstancias en las que se afrontó la revolución, es preciso realizar un análisis en profundidad de la misma, con sus aciertos y errores, sin caer en la mitificación del "se atrevieron":

No caben dudas de que los dirigentes de la Revolución Rusa, Lenin y Trotsky, han dado más de un paso decisivo en su espinoso camino sembrado de toda clase de trampas con grandes vacilaciones interiores y haciéndose una gran violencia. Están actuando en condiciones de amarga compulsión y necesidad, en un torbellino rugiente de acontecimientos. Por lo tanto, nada debe estar más lejos de su pensamiento que la idea de que todo lo que hicieron y dejaron de hacer debe ser considerado por la Internacional como un ejemplo brillante de política socialista que sólo puede despertar admiración acrítica y un fervoroso afán de imitación.

En su libro, recientemente publicado, Bandera roja. Historia política y cultural del comunismo (Crítica 2017), el historiador David Priestland considera que más que hablar de una "revolución bolchevique" es más correcto hacerlo de una "insurrección bolchevique en en seno de una revolución populista radical, cuyos valores fueron respaldados durante un breve periodo de tiempo por los bolcheviques". En efecto, el régimen zarista estaba sometido a un cuestionamiento generalizado. Rosa Luxemburgo lo refleja así:

En el estallido de marzo de 1917, los “cadetes”, es decir la burguesía liberal, estaban a la cabeza de la revolución. La primera oleada ascendente de la marea revolucionaria arrasó con todos y con todo. La Cuarta Duma, producto ultrarreccionario del ultrarreaccionario derecho al sufragio de las cuatro clases, que fue una consecuencia del golpe de Estado, se convirtió súbitamente en un organismo revolucionario. Todos los partidos burgueses, incluyendo los de la derecha nacionalista, de pronto formaron un frente contra el absolutismo. Este calló al primer golpe, casi sin lucha, como un organismo muerto que sólo necesita que se lo toque para caerse. También se liquidó en pocas horas el breve intento de la burguesía liberal de salvar al menos el trono y la dinastía. La arrolladora marcha de los acontecimientos saltó en días y horas distancias que anteriormente, en Francia, llevó décadas atravesar.

En este contexto potencialmente revolucionario, continua Rosa Luxemburgo,
El partido de Lenin fue el único que asumió el mandato y el deber de un verdadero partido revolucionario garantizando el desarrollo continuado de la revolución con la consigna “Todo el poder al proletariado y al campesinado”. De esta manera resolvieron los bolcheviques el famoso problema de “ganar a la mayoría del pueblo”, problema que siempre atormentó como una pesadilla a la socialdemocracia alemana. Como discípulos de carne y hueso del cretinismo parlamentario, estos socialdemócratas alemanes han tratado de aplicar a las revoluciones la sabiduría doméstica de la nursery parlamentaria: para largarse a hacer algo primero hay que contar con la mayoría. Lo mismo, dicen, se aplica a la revolución: primero seamos “mayoría”. La verdadera dialéctica de las revoluciones, sin embargo, da la espalda a esta sabiduría de topos parlamentarios. El camino no va de la mayoría a la táctica revolucionaria, sino de la táctica revolucionaria a la mayoría.

Queda claro el apoyo de la autora a la decisión tomada por Lenin y Trotsky:
La Revolución Rusa no hizo más que confirmar lo que constituye la lección básica de toda gran revolución, la ley de su existencia: o la revolución avanza a un ritmo rápido, tempestuoso y decidido, derriba todos los obstáculos con mano de hierro y se da objetivos cada vez más avanzados, o pronto retrocede de su débil punto de partida y resulta liquidada por la contrarrevolución.

Sin embargo, Rosa Luxemburgo (a quien habría que volver a leer con mucha atención), critica que a esa primera decisión "atrevida" no le acompañara un adecuado diagnóstico de los medios a través de los cuales hacer avanzar la revolución. En concreto, considera que la disolución de la Asamblea Constituyente en noviembre de 1917 es el principio de una deriva que ahora llamaríamos totalitaria. Preistland señala que en las elecciones a dicha Asamblea los bolcheviques obtuvieron 19,9 millones de votos (casi todo el voto obrero y casi la mitad del de los soldados) sobre un total de 48,4 millones. Pero la inmensa mayoría del voto campesino fue para otras fuerzas políticas. Como escribe Rosa Luxemburgo:
Las masas campesinas, votaban por ‘Tierra y libertad’ y elegían como representantes a los comités locales a los que permanecían bajo la bandera de los narodniki [populistas impulsores de una democracia campesina].

El error de Trotsky (auténtico protagonista de la disolución de la Asamblea) fue no darse cuenta de que hacía falta tiempo para que esas masas campesinas conocieran e hicieran suya la propuesta bolchevique, absolutamente ajena a sus existencia hasta ese momento. Y en lugar de trabajar por cambiar su mentalidad en y desde la Asamblea, decidió disolverla:

En lugar de esto, Trotsky extrae de las características específicas de la Asamblea Constituyente que existía en octubre una conclusión general respecto a la inutilidad, durante la revolución, de cualquier representación surgida de elecciones populares universales. [...]
Aquí nos encontramos con un cuestionamiento al “mecanismo de las instituciones democráticas” como tal. A esto debemos objetar inmediatamente que en esa estimación de las instituciones representativas subyace una concepción algo rígida y esquemática a la que la experiencia histórica de toda época revolucionaria contradice expresamente. Según la teoría de Trotsky, toda asamblea electa refleja de una vez y para siempre sólo la mentalidad, madurez política y ánimo propios del electorado justo en el momento en que éste concurre a las urnas [...] Se niega aquí toda relación espiritual viva, toda interacción permanente entre los representantes, una vez que han sido electos, y el electorado. Sin embargo, ¡hasta qué punto lo contradice toda la experiencia histórica! La experiencia demuestra exactamente lo contrario; es decir, que el fluido vivo del ánimo popular se vuelca continuamente en los organismos representativos, los penetra, los guía [...]. ¿Y habrá que renunciar, en medio de la revolución, a esta influencia siempre viva del ánimo y nivel de madurez política de las masas sobre los organismos electos, en favor de un rígido esquema de emblemas y rótulos partidarios? ¡Todo lo contrario! Es precisamente la revolución la que crea, con su hálito ardiente, esa atmósfera política delicada, vibrante, sensible, en la que las olas del sentimiento popular, el pulso de la vida popular, obran en el momento sobre los organismos representativos del modo más maravilloso.

Además del muy limitado "se atrevieron", encontramos aquí un importante legado para quien se plantee transformar la realidad: la valoración que hace Rosa Luxemburgo de las instituciones democráticas, a pesar de todas sus carencias:
Con toda seguridad, toda institución democrática tiene sus límites e inconvenientes, lo que indudablemente sucede con todas las instituciones humanas. Pero el remedio que encontraron Lenin y Trotsky, la eliminación de la democracia como tal, es peor que la enfermedad que se supone va a curar; pues detiene la única fuente viva de la cual puede surgir el correctivo a todos los males innatos de las instituciones sociales. Esa fuente es la vida política activa, sin trabas, enérgica, de las más amplias masas populares.[...]
“Como marxistas —escribe Trotsky— nunca fuimos adoradores fetichistas de la democracia formal.” Es cierto que nunca fuimos adoradores fetichistas de la democracia formal Ni tampoco fuimos nunca adoradores fetichistas del socialismo ni tampoco del marxismo. ¿Se desprende de esto que también debemos tirar el socialismo por la borda...si nos resulta incómodo? ...“Nunca fuimos adoradores fetichistas de la democracia formal.” Lo que realmente quiere decir es: siempre hemos diferenciado el contenido social de la forma política de la democracia burguesa; siempre hemos denunciado el duro contenido de desigualdad social y falta de libertad que se esconde bajo la dulce cobertura de la igualdad y la libertad formales. Y no lo hicimos para repudiar a éstas sino para impulsar a la clase obrera a no contentarse con la cobertura sino a conquistar el poder político, para crear una democracia socialista en reemplazo de la democracia burguesa, no para eliminar la democracia.

Y, sobre todo, el legado de por qué esa valoración de la democracia y sus instituciones:
La libertad sólo para los que apoyan al gobierno, sólo para los miembros de un partido (por numeroso que este sea) no es libertad en absoluto. La libertad es siempre y exclusivamente libertad para el que piensa de manera diferente. No a causa de ningún concepto fanático de la “justicia”, sino porque todo lo que es instructivo, totalizador y purificante en la libertad política depende de esta característica esencial, y su efectividad desaparece tan pronto como la “libertad” se convierte en un privilegio especial.


domingo, 3 de diciembre de 2017

Pensar el futuro demográfico y territorial de España

[1] Según las proyecciones de población publicadas por el Instituto Nacional de Estadística (INE), de aquí a 50 años España será un país envejecido y lleno de hogares unipersonales, que habrá perdido casi 5,4 millones de habitantes sobre los 46,4 millones actuales. Imagino que las alarmas habrán saltado: seremos más viejos, luego necesitaremos más servicios de atención a la dependencia, luego… La buena noticia es que la esperanza de vida en 2065 ascenderá de los actuales 80,26 años actuales en los hombres y los 85,71 años en las mujeres a los 88,60 años para los primeros y los 91,64 para las segundas.
El informe del INE dice también que estos cambios demográficos van a afectar de manera distinta a unas regiones que a otras, y a las zonas urbanas que a las rurales. Si todo sigue igual, el del mundo rural se va a acelerar en los próximos años. Los descensos de población hasta 2031 serán especialmente fuertes en las comunidades autónomas más rurales: Castilla y León, perderá en los próximos tres lustros 262.068 habitantes, uno de cada diez residentes; Galicia registrará un descenso de 230.722 habitantes; Asturias experimentará la mayor caída poblacional, con una reducción de su población en un 11,1%. Por el contrario la Comunidad de Madrid ganará 331.453 habitantes hasta 2031, un 5,2% más. De hecho, entre 2006 y 2015 el 65,57% de los municipios españoles perdió población, y de estos la mayoría fueron localidades con menos de 20.000 vecinas y vecinos empadronados. Como cabía esperar, los movimientos migratorios internos favorecen a los núcleos urbanos y semiurbanos, mejor comunicados y con mayor oferta de servicios públicos, en detrimento de las localidades rurales.


Leo estos informes y me pregunto si, además de alarmas, se habrán encendido algunos cerebros en algún lugar con capacidad de decisión, con el fin de proponer respuestas innovadoras y positivas a estas situaciones. Porque el futuro no está escrito: lo que tenemos son tendencias probables, que debemos gestionar de la manera más inteligente y justa posible. Y yo me pregunto: ¿no habrá nadie pensando que actuar para mantener la población en las zonas rurales puede ser una excelente política para afrontar el envejecimiento de nuestra sociedad?
Un estudio realizado en Irlanda sobre envejecimiento saludable en las comunidades rurales concluye que hay aspectos positivos y negativos en el hecho de envejecer en entornos rurales: entre los positivos señala la existencia de un fuerte sentido de comunidad, de familiaridad y conexión con el territorio, así como la existencia de fuertes redes sociales y familiares; entre los negativos, el déficit de servicios públicos y de opciones de ocio y formación. De hecho, un estudio del IMSERSO titulado "Envejecer en entornos rurales" señalaba hace unos años que prácticamente todas las personas entrevistadas decían mantener contacto diario con sus vecinos y/o amigos.
Lo peor de envejecer es hacerlo en soledad. Lo segundo peor es hacerlo sin servicios sociales esenciales. Lo primero lo combate, en buena medida, el entorno rural, que permite un envejecimiento en relación; lo segundo debería combatirlo la administración, garantizando iguales coberturas básicas en toda la geografía española.

[2] España es un territorio desequilibrado, con algunas pocas ciudades cada vez más grandes en la costa y en el centro, y con un interior afectado por procesos de despoblamiento. ¿Cómo resolver esta situación?
No es fácil, casi parece imposible. Las grandes ciudades acumulan población, pero también servicios públicos, empleos, comunicaciones, oportunidades, y cuanto más grandes se hacen más ventajas acumulan. Por el contrario, las poblaciones más pequeñas van perdiendo población, servicios, oportunidades vitales y económicas, como si de un juego de suma cero se tratara: lo que ganan unas, lo pierden otras. Y no parece muy realista pensar en que este flujo hacia las ciudades pueda revertirse, al menos no de manera significativa. Entre la gran ciudad y el pueblo, este parece condenado a perder siempre.


Una posible solución puede estar en la consolidación de ciudades intermedias que actúen como puentes de conexión entre las zonas rurales y las urbanas, permitiendo a la población rural la oportunidad de acceder a servicios básicos (escuelas, hospitales, administración, mercados). Eso es lo que plantea en su último informe anual el Instituto Internacional de Investigación sobre Políticas Alimentarias (IFPRI, por sus siglas en inglés).
Uno de los autores del informe, José Graziano da Silva, director general de la FAO (agencia de la ONU para la alimentación y la agricultura), lo explicaba así: "Normalmente, cuando miras un mapa, todo está polarizado: están las grandes metrópolis, que organizan el resto. Todo, desde carreteras, trenes y aeropuertos, pasa por un punto central, la metrópoli. Pero entre esta y las zonas rurales hay ciudades intermedias que no reciben mucha atención". Por el contrario, si en estas localidades se desarrollan los mismos servicios educativos, sanitarios y de comunicación que hay en las capitales y otras grandes urbes, se pueden generar nuevos focos de desarrollo que se extiendan alrededor.
De lo que se trata es de no tener que elegir obligatoriamente entre vivir en una ciudad con todas las oportunidades y servicios o en un pueblo sin nada de esto. De lo que se trata es de coser un territorio tanto tiempo desgarrado.

[3] El 27 de enero de 2017, el Consejo de Ministros del Gobierno de España, aprobó un Real Decreto por el que se crea el "Comisionado del Gobierno frente al Reto Demográfico". La responsabilidad de dirigir esta comisión ha recaído en la persona de Edelmira Barreira, nacida en Verín (Ourense) en 1978, licenciada en Ciencias Políticas por la Universidad de Santiago de Compostela, y senadora del PP por su provincia natal.
En este blog hemos hecho referencia, en numerosas ocasiones, a la injusticia histórica que supone el olvido al que la sociedad y las instituciones políticas y económicas han condenado al mundo rural español. Un olvido secular, que ha vuelto casi imposible construirse una vida plena en esa inmensa "España vacía" (como la llama Santiago del Molino) habitada por menos personas que en la misma Laponia ártica (Paco Cerdá). ¿Significa la creación del Comisionado frente al Reto Demográfico que el Estado va a asumir, de una vez por todas, la crisis terminal del mundo rural, despoblado y envejecido, carente de servicios básicos, como si sus habitantes fueran ciudadanas y ciudadanos de segunda? Si así fueran nos encontraríamos ante una excelente noticia.
En colaboración con las distintas Administraciones Públicas, el Comisionado tiene como principal objetivo la elaboración de una Estrategia Nacional frente al Reto Demográfico de naturaleza global y transversal, con especial atención a la situación que sufren "algunas partes del territorio del Estado, donde factores como el mayor grado de envejecimiento, la ruralidad, la dispersión o la insularidad agravan notablemente los desequilibrios demográficos".
Según he podido conocer por la prensa, la comisionada para el Reto Demográfico, Edelmira Barreira, junto con el Secretario de Estado para las Administraciones Territoriales, Roberto Bermúdez de Castro, se han reunido con representantes de la Red de Áreas Escasamente Pobladas del Sur de Europa (SSPA, siglas de su denominación en inglés: Southern Sparsely Populated Areas) para compartir preocupaciones y experiencias relativas a la lucha contra la despoblación rural. Hay ejemplos a seguir, como el que se ha puesto en marcha en las regiones del norte de Suecia y Finlandia y, especialmente, en las Tierras Altas e Islas de Escocia, donde gracias a su apuesta permanente y decidida por el desarrollo rural (Scottish Rural Development Programme) han conseguido invertir un largo proceso de despoblación y deterioro económico.
Es verdad que, en la cultura política española, se lleva mucho eso que se atribuye a Napoleón: "Si quieres solucionar un problema, nombra un responsable; si quieres que el problema perdure, nombra una comisión". No es buena señal que la creación de este Comisionado del Gobierno frente al Reto Demográfico deba evitar, por norma, cualquier incremento del gasto público. Habrá que estar atentos a su desarrollo. Críticamente atentos.

Estas reflexiones han sido publicadas anteriormente y por separado en la revista SEMENTERA


sábado, 2 de diciembre de 2017

Oda al gato


Los animales fueron
imperfectos,
largos de cola, tristes
de cabeza.
Poco a poco se fueron
componiendo,
haciéndose paisaje,
adquiriendo lunares, gracia, vuelo.
El gato,
sólo el gato
apareció completo
y orgulloso:
nació completamente terminado,
camina solo y sabe lo que quiere.

El hombre quiere ser pescado y pájaro,
la serpiente quisiera tener alas,
el perro es un león desorientado,
el ingeniero quiere ser poeta,
la mosca estudia para golondrina,
el poeta trata de imitar la mosca,
pero el gato
quiere ser sólo gato
y todo gato es gato
desde bigote a cola,
desde presentimiento a rata viva,
desde la noche hasta sus ojos de oro.


No hay unidad
como él,
no tienen
la luna ni la flor
tal contextura:
es una sola cosa
como el sol o el topacio,
y la elástica línea en su contorno
firme y sutil es como
la línea de la proa de una nave.
Sus ojos amarillos
dejaron una sola
ranura
para echar las monedas de la noche.

Oh pequeño
emperador sin orbe,
conquistador sin patria,
mínimo tigre de salón, nupcial
sultán del cielo
de las tejas eróticas,
el viento del amor
en la intemperie
reclamas
cuando pasas
y posas
cuatro pies delicados
en el suelo,
oliendo,
desconfiando
de todo lo terrestre,
porque todo
es inmundo
para el inmaculado pie del gato.



Oh fiera independiente
de la casa, arrogante
vestigio de la noche,
perezoso, gimnástico
y ajeno,
profundísimo gato,
policía secreta
de las habitaciones,
insignia
de un
desaparecido terciopelo,
seguramente no hay
enigma
en tu manera,
tal vez no eres misterio,
todo el mundo te sabe y perteneces
al habitante menos misterioso,
tal vez todos lo creen,
todos se creen dueños,
propietarios, tíos
de gatos, compañeros,
colegas,
discípulos o amigos
de su gato.

Yo no.
Yo no suscribo.
Yo no conozco al gato.
Todo lo sé, la vida y su archipiélago,
el mar y la ciudad incalculable,
la botánica,
el gineceo con sus extravíos,
el por y el menos de la matemática,
los embudos volcánicos del mundo,
la cáscara irreal del cocodrilo,
la bondad ignorada del bombero,
el atavismo azul del sacerdote,
pero no puedo descifrar un gato.
Mi razón resbaló en su indiferencia,
sus ojos tienen números de oro.



Pablo Neruda, Navegaciones y regresos, Losada, Buenos Aires 1959

jueves, 30 de noviembre de 2017

¿Aprenderemos?

En la última Feria del Libro Antiguo y de Ocasión de Bilbao encontré una joya: La igualdad, de R.H. Tawney, publicado en 1945 por Fondo de Cultura Económica y traducido al español por Francisco Giner de los Ríos. En sus páginas 320-321 podemos leer lo siguiente:

Se admite hoy generalmente que la crisis financiera  británica de 1931 se debió de modo principal a causas con las cuales tenían poco que ver los gastos públicos en la Gran Bretaña. La City, que había recibido préstamos a corto plazo y los había concedido a largo plazo, no pudo hacer frente a la situación surgida cuando los rumores premonitorios del colapso en la Europa Central hicieron que los saldos extranjeros en Londres volvieran a su lugar de origen. Sin embargo, era evidentemente atractivo adscribir a los gastos exagerados de un gobierno que disgustaba al mundo de los negocios las dificultades resultantes resultantes de las equivocaciones en ese mismo mundo. Viéndose amenazados con el grito de que el país estaba en peligro a consecuencia de una temeraria expansión de los servicios sociales, el gobierno laborista fue incapaz de desafiar la hostilidad de la City o de tomar, sin que se le denunciara como asesino del crédito británico, la medida de abandonar el patrón oro, como hizo su sucesor con el resultado inmediato de ser aclamado como salvador de ese mismo crédito.

¿No nos suena a lo ocurrido en la última crisis de 2008? El marco (ideo)lógico de la derecha es singularmente estrecho, reducido y reiterativo. Tal vez por eso resulta tan exitoso.