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jueves, 9 de octubre de 2025

Devociones

Mary Oliver
Devociones: Poesía reunida
Traducción y prólogo de Andreu Jaume 
Lumen, 2025

Me he negado a vivir
encerrada en la pulcra casa
    de las razones y las pruebas.
El mundo en el que creo y vivo
es más amplio que eso. Y en fin,
    ¿qué hay de malo en quizás?

Nadie creería lo que yo he visto
una vez o dos. Os diré
    esto nada más: 
sólo si hay ángeles en tu mente
    podrás ver uno algún día.


Mary Oliver es una de las presencias habituales en este blog. En alguna de sus anteriores obras ya había podido degustar retazos de su poesía, pero este libro es un festín.

Publicado originalmente en 2017, dos años antes del fallecimiento de la autora, Devociones es más que una antología: es la autobiografía espiritual de Mary Oliver escrita a través de sus poemas. Reúne más de doscientos textos seleccionados por la propia autora, desde sus primeros poemas de 1963 hasta Felicity, su última publicación en 2015, presentados en sentido inverso, como un viaje de regreso hacia los orígenes.

En estas páginas, Mary Oliver convierte la atención al mundo natural en una forma de oración. Los bosques, los animales, las estaciones o un simple rayo de luz se transforman en símbolos de lo sagrado cotidiano. Su poesía invita a detenerse, mirar y agradecer: “prestar atención” es su verbo central, una ética. Con un lenguaje sencillo pero lleno de profundidad, la autora revela que la devoción no está en los templos, sino en la capacidad de asombro ante la vida.

No tienes por qué ser
el iris azul, podrían ser
yerbajos en un descampado, o unas pocas
piedrecillas, tan solo
presta atención, luego remienda

unas cuantas palabras y no intentes
sofisticarlas, esto no es
una competición sino la entrada

a dar las gracias, y un silencio en el que
quizás hable otra voz.

La voz de Mary Oliver es serena, luminosa y compasiva. Cada poema parece dicho al oído, como si la poeta caminara a nuestro lado señalando la belleza de lo pequeño. El conjunto deja una impresión de paz y gratitud, una celebración del vínculo entre la naturaleza y el alma humana. Una invitación a vivir con los ojos abiertos, una cartografía de la atención, la ternura y la trascendencia enraizada en lo simple.

¿Qué países, qué visitas,
     qué pompas
me podrían llenar tan plenamente como los bosques de Blackwater
una mañana soleada o, da lo mismo, bajo la lluvia?

He aquí un asombro: una vez tenía yo veinte años y en
     cada movimiento de mi cuerpo había una deliciosa paz,
y en cada movimiento de la verde tierra había
     un indicio del paraíso,
y ahora tengo sesenta años, y ocurre lo mismo.

Un libro que invita a detenerse, a contemplar, a reconocer el don interior que subyace en cada persona buscadora de luz (o de pájaros, o de luciérnagas). Quien se adentre en estas páginas con calma y atención (siempre la atención) podrá descubrir no solo poemas hermosos, sino un modo de habitar el mundo con gratitud.

Calma, alma mía, sé firme.
Tanto la tierra como el cielo aún miran
aunque el tiempo se desagüe en el reloj,
y tu paso, que era seguro y rápido,
sea de pronto lento.

Bien está que vayas lenta, mas deja
al corazón jugar aún su auténtico papel.
Ama aún como solías, hondamente
y sin paciencia. Que Dios y el mundo
conozcan tu gratitud.
Sepan que el don se ha concedido.

domingo, 27 de abril de 2025

Vita longa

Mary Oliver
Vita longa
Traducción de Regina López Muñoz
Errata naturae, 2025
 
"Y ahí radica la clave, en cómo el mundo, jugoso y pródigo, nos apela a todos y cada uno de nosotros para que creemos una respuesta novedosa y profunda. He aquí la gran pregunta, la que éste nos lanza a bocajarro cada mañana. «Aquí estás, viva. ¿Algún comentario al respecto?». Este libro es mi comentario.
[...] Escribir poesía -para mí, al menos- es una manera de dedicar alabanzas al mundo. En este libro encontrarás, intercalados entre los textos en prosa, unos cuantos poemas. Plantéatelos así, como pequeños aleluyas. No tratan de explicar nada, como hace la prosa. Se limitan a aparecer, sin más, y respiran. Un puñado de lirios, o de chochines, o una trucha entre las sombras misteriosas, el agua helada y los robles sombríos"


Hay libros que no se leen, sino que se caminan, se respiran, se habitan. Así es este libro de Mary Oliver, una colección de ensayos, poemas y pequeños fragmentos que nos invita a avanzar como por un sendero en el bosque: entre claros de sol y espesuras de sombra, entre la contemplación sencilla y la sabiduría más honda. Cada texto es como una piedra lisa encontrada en la orilla de un río: modesta, redonda, pero conteniendo siglos de agua, viento y paciencia.

Mary Oliver escribe desde la experiencia de "saber[s]e bendecida", escribe para corresponder a esta experiencia y, por ello, se pregunta: "¿Cuál es el regalo que debo brindarle al mundo? ¿Cuál la vida que he de vivir?". Porque el mundo, en reciprocidad, espera nuestro interés y cariño:
 
"Los dioses actúan como actúan, no sabemos con qué objetivo, pero esto sí lo entendemos: el mundo no podría hacerse sin el remolino y el torbellino de nuestro más profundo interés y nuestro cariño. Y me refiero al dios del cielo y al del río; no sólo al de la catedral dorada, sino al señor del prado verde, donde la gente se detiene sin prestar mucha atención y se saca fotos; donde los zorzales lanzan sus cantos oscuros; donde los perrillos ladran y brincan , con las orejas aleteando alegremente, mientras corren hacia nosotros".

Uno de los hilos más hermosos del libro es la idea de pertenencia. Mary Oliver no se sitúa fuera del mundo natural, no lo estudia como un objeto separado: sus descripciones no son las de una observadora distante, aunque asombrada, ella es parte de ese mundo, una criatura más entre otras criaturas. Su prosa, aunque cargada de imágenes poderosas, jamás es grandilocuente, nunca se despega del suelo, nunca abandona esa conexión física, táctil, con la vida que late en cada rincón. Y para ello no es preciso emprender largos viajes ni visitar escenarios exóticos:
 
"La gente me pregunta: ¿no te gustaría  ver Yosemite? ¿La bahía de Fundy? ¿La cordillera Brooks? Yo sonrío y respondo: «Claro… algún día», y me voy a mis bosques, mis lagunas, mi puerto inundado de sol, apenas una coma azul en el mapamundi pero, para mí, el emblema de todo. Lo didáctico es lo íntimo, nunca lo general [...].
Uno de los peligros de nuestra presunta era civilizada es que aún no reconocemos ni apreciamos lo suficiente esta conexión entre alma y paisaje, entre nuestras mejores posibilidades y las vistas que nos ofrecen las ventanas de nuestra casa".

Quizá uno de los mayores encantos de este libro sea su humildad. En realidad, es una característica de la escritura de Mary Oliver, que siempre ofrece algo así como un espacio de silencio. Un recordatorio de que la vida, en su forma más extensa y profunda, se compone de momentos breves pero potencialmente inmensos: 
 
"[A] diario recorro mi paisaje, los mismos prados, los mismos bosques y las mismas playas lívidas; me detengo frente al mismo mar azul y festivo donde los vientos invisibles, en las tardes de finales de verano, se enroscan formando espirales enormes y tensas, y las olas se engalanan con sus penachos blancos y comienzan a saltar hacia la orilla, hasta su último desembarco, escandaloso y palpitante. Más veces de las que recuerdo he presenciado tales momentos [...]. [E]s el escenario de lo espiritual; es lo heterogéneo, obediente a un misterio".
 
Un libro para saborear lentamente, como se saborea una caminata al atardecer. Una invitación a vivir con más con más atención, con más gratitud. Mary Oliver nos enseña, sin necesidad de proclamas, que al final, la larga vida es, sobre todo, una cuestión de miradas plenas y de presencias verdaderas.

lunes, 30 de enero de 2023

Horas de invierno

Mary Oliver
Horas de invierno
Traducción de Regina López Muñoz
Errata naturae, 2022

"Diría que existen mil vínculos inquebrantables entre cada uno de nosotros y todo lo demás, y que nuestra dignidad y nuestras posibilidades son todo uno. La estrella más distante y el barro a nuestros pies son parientes; y no es ni decoroso ni juicioso honrar una única cosa o unas pocas cosas y después cerrar la lista. El pino, el leopardo, el río Platte y nosotros mismos: estamos en peligro todos juntos o nos dirigimos hacia un mundo sostenible todos juntos. Somos el destino de los demás".


Poeta sensible y ensayista dotada de una mirada que aúna profundidad y capacidad para transmitir, leer a Mary Oliver es adentrarse en un espacio donde conviven, fecundándose mutuamente, lo orgánico y lo espiritual, lo personal y lo colectivo (a pesar de que la autora dude explícitamente de su identificación como ecologista, duda de la que yo dudo).

Como en su anterior libro, La escritura indómitaincluye poemas propios, aforismos, ensayo, autobiografía, análisis de la poesía de Poe, Frost, Hopkins y Whitman, y observación naturalista. Sobre todo, esto: desde el humilde liquen ("primo querido") hasta los bosques de majestuosos robles negros, no hay nada que se oculte a la mirada encarnada (y encantada) de Mary Oliver.

"Puedes quedarte con las otras palabras: casualidad, suerte, coincidencia, serendipia. Yo me quedo con «gracia». No sé muy bien qué es, pero me la quedo". Yo también me quedo con "gracia": la que experimentas al mirar el mundo, los mundos, con los ojos de Mary Oliver.

martes, 17 de agosto de 2021

La escritura indómita

Mary Oliver
La escritura indómita
Traducción de Regina López Muñoz
Errata naturae, 2021 

"Nadie ha elaborado aún una lista de lugares donde lo extraordinario podría o no suceder. Así y todo, existen indicios. En espacios concurridos, en salones, entre desahogos y comodidades, raramente se halla. A lo extraordinario le gustan los espacios abiertos. Le gusta una mente concentrada".


 
Espacios abiertos y mente concentrada: me identifico absolutamente con esta fórmula. Nunca me he sentido más yo mismo que cuando deambulo por la montaña. Cuanto más abierto el exterior, más profundidad interior.

Poeta y ensayista, en este libro Mary Oliver conjuga a la perfección exterioridad abierta e interioridad concentrada. Reflexiones sobre el trabajo creativo y sus influencias literarias se entremezclan armonicamente con atentas observaciones de la naturaleza a la altura de las de Rachel Carson, Sue Hubbell o Annie Dillard.

"Aprendí a fabricar estanterías y metí libros en mi habitación, los acumulé en abundancia a mi alrededor. Leía de día y hasta bien entrada la noche. Reflexionaba acerca de la perfectibilidad y el deísmo y los adjetivos y las nubes y los zorros. Cerraba mi puerta con llave, desde dentro, saltaba desde el tejado y me internaba en el bosque, fuera día o noche cerrada".

Un libro precioso, para degustar a sorbos lentos