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lunes, 17 de agosto de 2026

Felicity

Mary Oliver
Felicity
Traducción de Nieves García Prados
Valparaíso, 2016

EL REGALO

Estate, mi alma, tranquila y firme.
La tierra y el cielo todavía observan
aunque el tiempo se escurra del reloj
y tu paso, que era seguro y rápido,
se haya convertido en lento.

Así que, sé lenta si tienes que serlo, pero deja
que el corazón interprete su verdad.
Ama todavía como una vez amaste, profundamente
y sin paciencia. Deja que Dios y el mundo
sepan que estás agradecida.
Ese es el regalo que te han dado.


Si Devociones era una antología concebida por la propia Mary Oliver como una suerte de legado poético, Felicity puede leerse como su libro más íntimo y luminoso. Es un poemario atravesado por el amor, pero no por el amor idealizado o sentimental, sino por esa experiencia que, cuando ha alcanzado la madurez, transforma la mirada sobre el mundo. En ese sentido, ambos libros dialogan estrechamente: en Devociones encontramos el recorrido completo de una poeta que hizo de la atención a la naturaleza una forma de espiritualidad; en Felicity esa misma atención permanece, pero ahora gravita alrededor de la presencia de la persona amada.

El libro nace de una circunstancia biográfica muy concreta. Mary Oliver había compartido más de cuarenta años de vida con la fotógrafa Molly Malone Cook. Tras la muerte de esta en 2005, Oliver escribió algunos de sus poemas más conmovedores sobre el duelo, como "Deberíamos estar bien preparados" (Whe should be well prepared)

La manera en que los chorlitos gritan adiós.
La manera en que el zorro muerto sigue mirando hacia abajo en la colina con un ojo abierto.
La manera en que caen las hojas, y luego la larga espera.
La manera en que alguien dice: no nos veremos más.
La manera en que el moho mancha el pastel.
La manera en que la acidez se apodera de la crema.
la manera en que corre el agua del río para no volcer.
La manera en que los días se van para no volver.
La manera en que alguien regresa, mas solo en un sueño.

Felicity, publicado diez años después, no es ya el libro de la pérdida, sino el de la gratitud. No intenta reconstruir el dolor, sino celebrar el milagro de haber amado. De ahí que el título resulte tan preciso: "felicity" no significa únicamente felicidad, sino también dicha, plenitud, una forma de alegría serena que parece reconciliar al ser humano con la existencia. Hay algo profundamente liberador en la manera en que Mary Oliver concibe ese amor. No es posesión, dependencia ni fusión; tampoco responde a los modelos convencionales de la poesía amorosa. Se parece más a una ampliación de la capacidad de asombro. Amar significa aprender a mirar mejor, descubrir una intensidad nueva en las cosas ordinarias, comprender que la belleza del mundo aumenta cuando puede ser compartida. En este sentido, el amor y la contemplación forman parte de una misma experiencia espiritual.

Mary Oliver decidió incluir en Devociones once de los treinta y ocho poemas que componen el poemario Felicity, entre ellos uno de los más hermosos de todos los escritos por la autora, el titulado "El mundo en el que vivo" (The world I live in)

Me he negado a vivir
encerrada en la casa ordenada de
      las razones y evidencias.
El mundo en el que vivo y en el que creo
es más amplio que eso. Y, de todos modos,
      ¿qué tiene de malo el quizás?

No creerías lo que he visto
una o dos veces. Voy a 
      decirte algo:
sólo si hay ángeles en tu cabeza podrás
      algún día, posiblemente, ver alguno.

Creo que, por encima de todo, Felicity es una luminosa reflexión sobre la gratitud. Mary Oliver escribe desde la conciencia de la finitud, sabiendo que toda dicha es frágil y que precisamente esa fragilidad la hace preciosa. La muerte no desaparece del horizonte; al contrario, está siempre presente como aquello que otorga intensidad a la vida. Pero el tono no es elegíaco y predomina una aceptación serena, casi agradecida, que recuerda la mejor tradición contemplativa. Sirvan como ejemplo estas dos maravillas, "Rosas" (Roses) y "Una voz desde no sé dónde" (A voice from I don't know where):

ROSAS

Todo el mundo se hace de vez en cuando
esas preguntas para las que no existe
respuesta: el origen del mundo, la existencia de Dios,
qué sucede cuando se baja el telón
y nada lo detiene, ya no habrá besos,
ni Súper Bowl, ni visitas al centro comercial.

"Rosas salvajes", les dije una mañana.
"¿Tenéis las respuestas? Y si las tenéis,
¿me las daríais?"

Las rosas sonrieron dulcemente. "Perdónanos",
respondieron. "Pero como puedes ver,
justamente ahora estamos totalmente
      ocupadas siendo rosas".


UNA VOZ DESDE NO SÉ DÓNDE

Parece que amas este mundo.
      "Sí", dije, "Este precioso mundo".

¿Y no te importa la mente, que te mantiene
      ocupada todo el tiempo con sus oscuras
      y brillantes preguntas?
      "No, estoy bastante acostumbrada. Ocupada, ocupada
      todo el tiempo".

¿Y no te importa vivir con aquellas preguntas,
      me refiero a las difíciles, a las que nadie puede
      responder?
      "En realidad, son las más interesantes".

¿Y tienes alguna persona en tu vida cuya mano
      quieras apretar?
     "Sí, la tengo".

Seguramente entonces debes de ser muy feliz allí abajoy
      en tu corazón.
      "Sí", dije, "Lo soy".


Un libro pequeño en extensión, pero extraordinariamente coherente y depurado, donde cada poema parece escrito desde la convicción de que la felicidad no consiste en escapar de la vulnerabilidad, sino en haber encontrado, aunque solo sea durante un tiempo, a alguien con quien compartir el asombro de estar vivas.

jueves, 9 de octubre de 2025

Devociones

Mary Oliver
Devociones: Poesía reunida
Traducción y prólogo de Andreu Jaume 
Lumen, 2025

Me he negado a vivir
encerrada en la pulcra casa
    de las razones y las pruebas.
El mundo en el que creo y vivo
es más amplio que eso. Y en fin,
    ¿qué hay de malo en quizás?

Nadie creería lo que yo he visto
una vez o dos. Os diré
    esto nada más: 
sólo si hay ángeles en tu mente
    podrás ver uno algún día.


Mary Oliver es una de las presencias habituales en este blog. En alguna de sus anteriores obras ya había podido degustar retazos de su poesía, pero este libro es un festín.

Publicado originalmente en 2017, dos años antes del fallecimiento de la autora, Devociones es más que una antología: es la autobiografía espiritual de Mary Oliver escrita a través de sus poemas. Reúne más de doscientos textos seleccionados por la propia autora, desde sus primeros poemas de 1963 hasta Felicity, su última publicación en 2015, presentados en sentido inverso, como un viaje de regreso hacia los orígenes.

En estas páginas, Mary Oliver convierte la atención al mundo natural en una forma de oración. Los bosques, los animales, las estaciones o un simple rayo de luz se transforman en símbolos de lo sagrado cotidiano. Su poesía invita a detenerse, mirar y agradecer: “prestar atención” es su verbo central, una ética. Con un lenguaje sencillo pero lleno de profundidad, la autora revela que la devoción no está en los templos, sino en la capacidad de asombro ante la vida.

No tienes por qué ser
el iris azul, podrían ser
yerbajos en un descampado, o unas pocas
piedrecillas, tan solo
presta atención, luego remienda

unas cuantas palabras y no intentes
sofisticarlas, esto no es
una competición sino la entrada

a dar las gracias, y un silencio en el que
quizás hable otra voz.

La voz de Mary Oliver es serena, luminosa y compasiva. Cada poema parece dicho al oído, como si la poeta caminara a nuestro lado señalando la belleza de lo pequeño. El conjunto deja una impresión de paz y gratitud, una celebración del vínculo entre la naturaleza y el alma humana. Una invitación a vivir con los ojos abiertos, una cartografía de la atención, la ternura y la trascendencia enraizada en lo simple.

¿Qué países, qué visitas,
     qué pompas
me podrían llenar tan plenamente como los bosques de Blackwater
una mañana soleada o, da lo mismo, bajo la lluvia?

He aquí un asombro: una vez tenía yo veinte años y en
     cada movimiento de mi cuerpo había una deliciosa paz,
y en cada movimiento de la verde tierra había
     un indicio del paraíso,
y ahora tengo sesenta años, y ocurre lo mismo.

Un libro que invita a detenerse, a contemplar, a reconocer el don interior que subyace en cada persona buscadora de luz (o de pájaros, o de luciérnagas). Quien se adentre en estas páginas con calma y atención (siempre la atención) podrá descubrir no solo poemas hermosos, sino un modo de habitar el mundo con gratitud.

Calma, alma mía, sé firme.
Tanto la tierra como el cielo aún miran
aunque el tiempo se desagüe en el reloj,
y tu paso, que era seguro y rápido,
sea de pronto lento.

Bien está que vayas lenta, mas deja
al corazón jugar aún su auténtico papel.
Ama aún como solías, hondamente
y sin paciencia. Que Dios y el mundo
conozcan tu gratitud.
Sepan que el don se ha concedido.

domingo, 27 de abril de 2025

Vita longa

Mary Oliver
Vita longa
Traducción de Regina López Muñoz
Errata naturae, 2025
 
"Y ahí radica la clave, en cómo el mundo, jugoso y pródigo, nos apela a todos y cada uno de nosotros para que creemos una respuesta novedosa y profunda. He aquí la gran pregunta, la que éste nos lanza a bocajarro cada mañana. «Aquí estás, viva. ¿Algún comentario al respecto?». Este libro es mi comentario.
[...] Escribir poesía -para mí, al menos- es una manera de dedicar alabanzas al mundo. En este libro encontrarás, intercalados entre los textos en prosa, unos cuantos poemas. Plantéatelos así, como pequeños aleluyas. No tratan de explicar nada, como hace la prosa. Se limitan a aparecer, sin más, y respiran. Un puñado de lirios, o de chochines, o una trucha entre las sombras misteriosas, el agua helada y los robles sombríos"


Hay libros que no se leen, sino que se caminan, se respiran, se habitan. Así es este libro de Mary Oliver, una colección de ensayos, poemas y pequeños fragmentos que nos invita a avanzar como por un sendero en el bosque: entre claros de sol y espesuras de sombra, entre la contemplación sencilla y la sabiduría más honda. Cada texto es como una piedra lisa encontrada en la orilla de un río: modesta, redonda, pero conteniendo siglos de agua, viento y paciencia.

Mary Oliver escribe desde la experiencia de "saber[s]e bendecida", escribe para corresponder a esta experiencia y, por ello, se pregunta: "¿Cuál es el regalo que debo brindarle al mundo? ¿Cuál la vida que he de vivir?". Porque el mundo, en reciprocidad, espera nuestro interés y cariño:
 
"Los dioses actúan como actúan, no sabemos con qué objetivo, pero esto sí lo entendemos: el mundo no podría hacerse sin el remolino y el torbellino de nuestro más profundo interés y nuestro cariño. Y me refiero al dios del cielo y al del río; no sólo al de la catedral dorada, sino al señor del prado verde, donde la gente se detiene sin prestar mucha atención y se saca fotos; donde los zorzales lanzan sus cantos oscuros; donde los perrillos ladran y brincan , con las orejas aleteando alegremente, mientras corren hacia nosotros".

Uno de los hilos más hermosos del libro es la idea de pertenencia. Mary Oliver no se sitúa fuera del mundo natural, no lo estudia como un objeto separado: sus descripciones no son las de una observadora distante, aunque asombrada, ella es parte de ese mundo, una criatura más entre otras criaturas. Su prosa, aunque cargada de imágenes poderosas, jamás es grandilocuente, nunca se despega del suelo, nunca abandona esa conexión física, táctil, con la vida que late en cada rincón. Y para ello no es preciso emprender largos viajes ni visitar escenarios exóticos:
 
"La gente me pregunta: ¿no te gustaría  ver Yosemite? ¿La bahía de Fundy? ¿La cordillera Brooks? Yo sonrío y respondo: «Claro… algún día», y me voy a mis bosques, mis lagunas, mi puerto inundado de sol, apenas una coma azul en el mapamundi pero, para mí, el emblema de todo. Lo didáctico es lo íntimo, nunca lo general [...].
Uno de los peligros de nuestra presunta era civilizada es que aún no reconocemos ni apreciamos lo suficiente esta conexión entre alma y paisaje, entre nuestras mejores posibilidades y las vistas que nos ofrecen las ventanas de nuestra casa".

Quizá uno de los mayores encantos de este libro sea su humildad. En realidad, es una característica de la escritura de Mary Oliver, que siempre ofrece algo así como un espacio de silencio. Un recordatorio de que la vida, en su forma más extensa y profunda, se compone de momentos breves pero potencialmente inmensos: 
 
"[A] diario recorro mi paisaje, los mismos prados, los mismos bosques y las mismas playas lívidas; me detengo frente al mismo mar azul y festivo donde los vientos invisibles, en las tardes de finales de verano, se enroscan formando espirales enormes y tensas, y las olas se engalanan con sus penachos blancos y comienzan a saltar hacia la orilla, hasta su último desembarco, escandaloso y palpitante. Más veces de las que recuerdo he presenciado tales momentos [...]. [E]s el escenario de lo espiritual; es lo heterogéneo, obediente a un misterio".
 
Un libro para saborear lentamente, como se saborea una caminata al atardecer. Una invitación a vivir con más con más atención, con más gratitud. Mary Oliver nos enseña, sin necesidad de proclamas, que al final, la larga vida es, sobre todo, una cuestión de miradas plenas y de presencias verdaderas.

lunes, 30 de enero de 2023

Horas de invierno

Mary Oliver
Horas de invierno
Traducción de Regina López Muñoz
Errata naturae, 2022

"Diría que existen mil vínculos inquebrantables entre cada uno de nosotros y todo lo demás, y que nuestra dignidad y nuestras posibilidades son todo uno. La estrella más distante y el barro a nuestros pies son parientes; y no es ni decoroso ni juicioso honrar una única cosa o unas pocas cosas y después cerrar la lista. El pino, el leopardo, el río Platte y nosotros mismos: estamos en peligro todos juntos o nos dirigimos hacia un mundo sostenible todos juntos. Somos el destino de los demás".


Poeta sensible y ensayista dotada de una mirada que aúna profundidad y capacidad para transmitir, leer a Mary Oliver es adentrarse en un espacio donde conviven, fecundándose mutuamente, lo orgánico y lo espiritual, lo personal y lo colectivo (a pesar de que la autora dude explícitamente de su identificación como ecologista, duda de la que yo dudo).

Como en su anterior libro, La escritura indómitaincluye poemas propios, aforismos, ensayo, autobiografía, análisis de la poesía de Poe, Frost, Hopkins y Whitman, y observación naturalista. Sobre todo, esto: desde el humilde liquen ("primo querido") hasta los bosques de majestuosos robles negros, no hay nada que se oculte a la mirada encarnada (y encantada) de Mary Oliver.

"Puedes quedarte con las otras palabras: casualidad, suerte, coincidencia, serendipia. Yo me quedo con «gracia». No sé muy bien qué es, pero me la quedo". Yo también me quedo con "gracia": la que experimentas al mirar el mundo, los mundos, con los ojos de Mary Oliver.

martes, 17 de agosto de 2021

La escritura indómita

Mary Oliver
La escritura indómita
Traducción de Regina López Muñoz
Errata naturae, 2021 

"Nadie ha elaborado aún una lista de lugares donde lo extraordinario podría o no suceder. Así y todo, existen indicios. En espacios concurridos, en salones, entre desahogos y comodidades, raramente se halla. A lo extraordinario le gustan los espacios abiertos. Le gusta una mente concentrada".


 
Espacios abiertos y mente concentrada: me identifico absolutamente con esta fórmula. Nunca me he sentido más yo mismo que cuando deambulo por la montaña. Cuanto más abierto el exterior, más profundidad interior.

Poeta y ensayista, en este libro Mary Oliver conjuga a la perfección exterioridad abierta e interioridad concentrada. Reflexiones sobre el trabajo creativo y sus influencias literarias se entremezclan armonicamente con atentas observaciones de la naturaleza a la altura de las de Rachel Carson, Sue Hubbell o Annie Dillard.

"Aprendí a fabricar estanterías y metí libros en mi habitación, los acumulé en abundancia a mi alrededor. Leía de día y hasta bien entrada la noche. Reflexionaba acerca de la perfectibilidad y el deísmo y los adjetivos y las nubes y los zorros. Cerraba mi puerta con llave, desde dentro, saltaba desde el tejado y me internaba en el bosque, fuera día o noche cerrada".

Un libro precioso, para degustar a sorbos lentos