miércoles, 7 de junio de 2017

Repensar el autogobierno

Ponencia de autogobierno


El pasado día 31, a propuesta del grupo Elkarrekin Podemos,  tuve la oportunidad de comparecer ante la "Ponencia para la actualización del autogobierno de Euskadi" del Parlamento Vasco. En la web del Parlamento se recogen las grabaciones en vídeo de las sesiones de la ponencia. Si alguien está interesado en leer el documento íntegro que preparé para sostener mi intervención, puede hacerlo aquí.
También dejo a continuación las notas del power point que utilicé en la presentación.


Se plantean cuatro ideas:
1. La cuestión del derecho de autodeterminación no es en absoluto tan evidente como el término “derecho” parece indicar.
2. La estatalización del derecho a decidir debe dejar de darse por supuesta: es (muy) problemática.
3. Euskadi puede ser una realidad política por construir, pero no por descubrir: hace mucho tiempo que sabemos cómo somos… y lo que esto puede dar de sí.
4. Re-escalar el autogobierno: el nuevo papel de las ciudades.

[1] La cuestión del derecho de autodeterminación no es en absoluto tan evidente como el término “derecho” parece indicar. 
  • Derecho de autodeterminación y derecho a decidir, sinónimos. 
  • Derecho individual, colectivizable por agregación. 
  • No derecho humano fundamental.
Perspectiva de FERRAJOLI:
  • El derecho de los pueblos a la autodeterminación externa entendido como "derecho al Estado" es inconcebible y autodestructivo 
  • Insostenible en una sociedad mundial cada vez más integrada y en sociedades civiles caracterizadas por la mezcla de culturas y nacionalidades. 
  • Contradice su consideración en la Carta de la ONU como supeditado a a la "paz universal", y fundamento de "relaciones pacíficas entre las naciones"
  • Lo que hace imposible su configuración como "derecho fundamental“ es su no universabilidad, es decir la imposibilidad, en contraste con la noción teórica de este tipo de derechos, de que sea reconocido por igual a todos los pueblos.
  • Las profundas tensiones a las que se está viendo sometido el Estado por arriba (globalización de los riesgos y de las oportunidades) y por abajo (subsidiariedad, eficiencia y representatividad), acabarán por modificar sustancialmente la ecología política en la que la constitución de estados nacionales ha sido la estrategia adaptativa más exitosa. 
  • Sustitución por “objetos políticos no identificados” (OPNIS). 
  • Aspirar a la plena clarificación o identificación de los “objetos políticos” a los que aspiramos no puede llevar sino a la expulsión o a la negación de la complejidad, diversidad, provisionalidad, incertidumbre y experimentación que configuran nuestro zeitgeist
  • Evitar la retrotopía de “volver a Hobbes” (Bauman). 
  • Asumir la metamorfosis del mundo: el imperativo de actuar en campos o espacios de acción cosmopolitizados (Beck).
[2] La estatalización del derecho a decidir debe dejar de darse por supuesta: es (muy) problemática.
  • El derecho de autodeterminación no es un mero instrumento neutral.
  • Estrategia de normalización (banalización).
  • Definición de un demos, de un sujeto político soberano, que posteriormente decidirá sobre su estatuto político. 
  • El derecho de autodefinición, es decir, el derecho a definir “quiénes son los miembros que integran en realidad ese pueblo”, paso esencial en cualquier proceso soberanista. 
  • Riesgos que entraña cualquier operación de categorización o definición de una identidad colectiva en el marco de un proceso de construcción nacional. 
  • Ferrajoli y la “esfera de lo indecidible”: en democracia hay principios que deben estar sustraídos a la decisión de la mayoría. 
  • La modificación de la condición de ciudadanía, cuando entraña riesgos de debilitamiento, limitación o exclusión de esta condición, entraría plenamente en esta esfera de lo indecidible.
  • No es más legítimo, ni más moral, ni más racional, ni más democrático, un Estado español que un Estado catalán o vasco. Puede ser más real, pero esto no es más que el resultado de la historia. 
  • Incomodidad ante quienes pretenden convertir situaciones de hecho, fruto de la historia -como que exista un Estado español pero no un Estado catalán-, en realidades morales: nacionalismo cívico vs. nacionalismo étnico, patriotismo vs. Nacionalismo. 
  • Todo Estado se construye sobre la homogeneización y la exclusión de lo que reducido a la condición de lo extraño. 
  • ¿Qué hacer? ¿aceptar sin más el resultado de la historia y su distribución azarosa de la estatalidad? ¿Aceptar como marco de autogobierno el actual Estado español sólo porque existe y renunciar a un Estado vasco sólo por los riesgos de extranjerización que su construcción comporta?

[3] Euskadi puede ser una realidad política por construir, pero no por descubrir: hace mucho tiempo que sabemos cómo somos… y lo que esto puede dar de sí.
  • Un proceso de construcción nacional debe partir de lo existente. 
  • Estabilidad estructural, y estructurante, de la sociedad vasca. 
  • Euskadi puede ser un país (o una sociedad, o una nación) por construir, pero no por descubrir.
“Muchas veces parece que en Euskadi existe una conspiración de la política contra la sociedad, que hay una cierta obstinación en no querer trasladar al ordenamiento político lo que la sociedad vasca viene diciendo desde hace tiempo. Bueno, desde siempre. Si analizamos la evolución y las tendencias desde hace 30 años, observaremos que ha fracasado absolutamente la misión evangélica orientada a desequilibrar el peso porcentual de los bloques” (Aierdi y Retortillo).









[4] Re-escalar el autogobierno: el nuevo papel de las ciudades.

“Ha habido una dinámica de desafección emocional. Para los ciudadanos de Cataluña es más fácil imaginarse una república nueva que transformar España. Lo entiendo. Me parece legítimo. Pero no es mi proyecto. Eso también es deudor de una representación que para los nacionalismos catalán y vasco ha sido muy productiva, que es ««salvo Euskadi y Catalunya todo en España es una inmensa rémora del franquismo y nunca va a cambiar nada». Y eso, sobre todo, se concentraba en una imagen icónica de una Madrid sin madrileños, una ciudad que era la sede del Partido Popular, la Audiencia Nacional, un cuartelillo y la sede de la conferencia episcopal. Una especie de Madrid terrible, Mordor, del cual cualquier persona se querría independizar. Eso se quiebra un poco cuando en Madrid gobierna Manuela” [Errejón].

“Erijamos en entidad política el municipio y la provincia” [Pi i Margall].
  • Superar el imaginario de la matrioska –un Estado que contiene una nación que contiene un pueblo- para abordar desde otras claves la cuestión del autogobierno. 
  • Espacios donde sea posible la máxima eficacia, la máxima justicia, la máxima democracia y la máxima solidaridad. 
  • Espacios donde ninguna riqueza humana se pierda; espacios, por tanto, también culturales. 
  • Espacios en los que podamos participar en la toma de decisiones, donde los procesos políticos, económicos, tecnológicos, no parezcan incontrolados, sino que en todo momento podamos distinguir sus responsabilidades, evaluar sus consecuencias y reprogramar su dirección y ritmo. 
  • Espacios interrelacionados, comunicados, pues habrá solidaridades, participaciones y eficacias posibles en determinados espacios, pero donde otras, sean imposibles.

domingo, 14 de mayo de 2017

Sobre el futuro del PSOE

Desde EL DIARIO VASCO el jueves me hacían llegar dos preguntas sobre la crisis del PSOE y sus posible evolución futura:
1.- ¿La división que existe actualmente en el PSOE pone en riesgo la propia supervivencia del partido?
2.- ¿En estas circunstancias, el partido está en condiciones de ser alternativa de poder y de pelear por la presidencia del Gobierno?


Esta fue mi respuesta:

1-¿La división que existe actualmente pone en riesgo la propia supervivencia del partido?

No tanto la supervivencia electoral, pero sí la supervivencia política. Tal como funciona el sistema electoral español, y teniendo también en cuenta el peso que la tradición socialista aún tiene en algunas comunidades y en algunos grupos sociales, no creo que el PSOE se enfrente en el corto-medio plazo a un escenario como el griego o el francés, de práctica desaparición electoral. Es probable que el PSOE pueda estabilizarse durante un tiempo en torno al 17-22% de los votos en las elecciones generales, más o menos en función de la evolución de Podemos y de su éxito o fracaso a la hora de estabilizar un espacio de izquierda alternativas, cosa que por ahora no está logrando.
Lo que sí puede provocar la actual división es que ese porcentaje de votos se mantenga en términos relativos, pero con una disminución del número absoluto de sufragios. Dado el clima de “guerracivilismo” en el que se están desarrollando las primarias, si gana Susana Díaz, es probable que afiliados que apoyan a Sánchez decidan marcharse del partido y dejar de votarlo, pero no creo que sean muchos. Tampoco creo que, en este caso, Pedro Sánchez pueda liderar un proyecto escindido del PSOE, ni del tipo Mélenchon (ala izquierda del socialismo francés) ni del tipo Macron (ala social-liberal). Sánchez es un producto típico del aparato partidista, tanto como lo es Díaz. ¿Y si ganara Sánchez? Aunque algún barón ha amagado con irse en tal caso, más bien creo que se produciría una situación parecida a la de Corbyn en Gran Bretaña: apoyado por la militancia, denostado por el aparato laborista, este se sentará a esperar a que las sucesivas derrotas electorales le conviertan en un cadáver político, para volver a tomar las riendas del partido.
La vía de agua por la que el PSOE se va a ir vaciando poco a poco no es tanto consecuencia de la división actual, sino de un conjunto de cambios sociales que afectan al programa socialdemócrata en todo el mundo, y también de un cambio generacional que hace que las y los jóvenes dejen de pensar en los partidos socialistas tradicionales como opción de voto. En este escenario, durante los próximos años podemos asistir a la configuración de un “PSOE zombi”, vivo electoralmente hablando, pero muerto o agonizante desde la perspectiva de su capacidad real de hacer políticas progresistas.

2-¿En estas circunstancias el PSOE está en condiciones de pelear por la presidencia del Gobierno, es decir es capaz de ser alternativa de poder?

Evidentemente, no. Pero, insisto, no tanto por la lucha por el liderazgo entre Susana Díaz y Pedro Sánchez, sino por la ausencia de un proyecto alternativo, que sólo puede sostenerse si se construye combinando dos escalas: la europea, articulando un programa progresista que combata la deriva neoliberal y antidemocrática de la Unión Europea; y la escala local, impulsando liderazgos y prácticas pegadas al terreno (locales, municipalistas) que reconecten la política con las preocupaciones y necesidades de las poblaciones.

Hoy sale en el periódico, algo resumida, junto con las opiniones al respecto de María Silvestre, Luis Castells, Antonio Rivera, Alberto López Basaguren, Luisa Etxenike y Felipe Juaristi. Pueden leerse AQUÍ.

Opiniones ante el riesgo de un PSOE 'zombi'

Cierto, no hago ninguna referencia al tercer candidato. Sin acritud...



sábado, 6 de mayo de 2017

¿Macron para hoy y Le Pen para mañana?

En un artículo de 2002, Daniel Cohn-Bendit analizaba el éxito del Frente Nacional, liderado por Le Pen padre, en las elecciones presidenciales celebradas aquel año en Francia, cuando derrotó al candidato y primer ministro socialista, Lionel Jospin; éxito que obligó a muchos votantes de izquierda a apoyar en la segunda vuelta al candidato conservador, Jacques Chirac, para impedir la llegada al Eliseo de la ultraderecha. Esta era la explicación del otrora “Dany el rojo” y por entonces eurodiputado verde: “Una de las razones, entre otras muchas, que explican nuestra derrota, la derrota de la izquierda plural, es que la gente de abajo tiene la impresión de no ser comprendida por la de arriba”. El abandono de la política de defensa práctica de las clases populares por parte de la socialdemocracia ha dejado el terreno libre para los populistas de extrema derecha.
Son muchas las investigaciones y los análisis que permiten sostener la tesis de la correlación entre sentimiento de desamparo (expresado como desasosiego ante el futuro, pérdida de estatus, miedo a perder la capacidad de cuidar de los suyos, sensación de anomia, etc.) y apoyo a los discursos y las organizaciones populistas de extrema derecha; sentimientos de ansiedad que han permitido a estas organizaciones articular un discurso xenófobo que no se apoya ya en el viejo y desprestigiado racismo biológico, facilitando así su “lavado de cara” e incrementando su potencial de penetración social. Estas organizaciones se convierten en refugio de todos esos angry white men que habitan en barrios degradados de antiguas ciudades industriales hoy en declive.
Alimentado por un sentimiento de abandono y por el resentimiento respecto de otros grupos y de sus representantes políticos que obtienen los beneficios del cambio y se desinteresan por la suerte de los perdedores, una de las fuentes del activismo derechista radical as que denominan frustraciones de rango, “esperanzas normativas frustradas” que afectan a determinados grupos que se consideran a sí mismos “desposeídos” como consecuencia del ascenso social de otros colectivos (mujeres, inmigrantes). En el caso francés, mucho del voto al Frente Nacional es una expresión de aquel viejo “poujadisme” que en la década de 1950 movilizó a pequeños comerciantes, artesanos y campesinos que se sentían los perdedores del proceso de modernización económica.
Las transformaciones económicas que vienen experimentando las sociedades más desarrolladas desde los años Ochenta (la transición desde una economía industrial a otra postindustrial, la globalización y fragmentación de los procesos productivos, la desregulación de las dinámicas económicas) ha tenido consecuencias muy distintas sobre los diferentes grupos sociales, generando nuevas dinámicas de ganadores y perdedores que han transformado los sentimientos de privación relativa y, más en general, las “estructuras de comparación social” entre grupos. Estamos hablando de situaciones objetivas de privación o precarización, claro que sí, pero sobre todo estamos hablando de interpretaciones y vivencias subjetivas de esas situaciones. Como se ha dicho con acierto, la acusación de “racismo” es demasiado grave como para asimilarla, sin más, a cualquier expresión de un sentimiento de agravio comparativo en relación a las personas inmigrantes.
Todos los movimientos populistas se declaran defensores de la “gente olvidada” y del “hombre de la calle”; sus líderes se presentan como “uno más” y han sido enormemente hábiles a la hora de presentarse como “campeones de las causas locales” apoyando a la “gente corriente” que habita en barrios degradados, y como partidos que, frente a la forzada corrección política de las grandes fuerzas tradicionales, “hablan claro”, como habla la gente normal. Esta cercanía a los problemas que preocupan y desasosiegan a las poblaciones que se sienten más afectadas por los procesos de cambio social es una de las principales razones de su éxito. Desde esta perspectiva han sido definidos como “buitres que descienden sobre áreas en las que las organizaciones políticas locales han muerto o agonizan” (Wilks-Heeg). La analogía es perfecta: pero el buitre sólo hace lo que sabe, lo que está en su naturaleza. No hay demasiado misterio en su comportamiento. Lo que debemos explicar es el por qué de esa agonía de los lugares sociales por los que transita la mayoría de la sociedad, de su abandono por las fuerzas políticas progresistas.
“¿En qué barrio vive usted? ¿A qué centro educativo van sus hijos? ¿Qué medio de transporte utiliza para moverse en la ciudad? ¿Qué servicios públicos consume?”. Estas son las preguntas que nos van a hacer cuando reivindiquemos la diversidad etnocultural y defendamos la convivencia intercultural. Cuando nos las hagan los populistas profesionales podremos decir con razón que se trata de peguntas tramposas; pero cuando nos las hagan las personas los votan, tendremos que asumirlas como cuestiones a las que debemos responder. Para combatir el auge del populismo, propondría practicar una “democracia del contacto” entre las personas que comparten un mismo territorio, así como entre estas y sus representantes políticos. Volver a localizar la política. Quienes deseen promover la cohesión comunitaria y proteger a las minorías étnicas de la propaganda populista deben, no sólo atender a los miedos y las inseguridades expresados por los sectores sociales potenciales votantes de los partidos populistas, sino compartir con estos sectores los espacios (barrios, escuelas, servicios públicos) donde desarrollan sus vidas. El populismo anti-inmigración se expresa en muchas ocasiones con el lenguaje típico de los movimientos NIMBY (“no en mi patio trasero”). La reacción más habitual frente a los discursos normativos sobre la diversidad y la convivencia es: “¡Llévatelos a tu casa!”.
El populismo encuentra terreno abonado en aquellos países que se han caracterizado históricamente por una promesa fundacional igualitarista que apuntaba a un horizonte de igualdad radical entre todos sus ciudadanos: es el caso de Francia, por supuesto, pero también el de Estados Unidos; lo es también el de los países escandinavos y el de Holanda. Se trata de tradiciones igualitarias distintas, pero en topas ellas encontramos esa promesa originaria tendente a una sociedad sin privilegios de clase. Sólo a modo de hipótesis: ¿puede ser el populismo, o algunas de sus expresiones, consecuencia de una aspiración hacia la igualdad frustrada? Si así fuera, deberíamos ser capaces de volver a poner la igualdad en el centro de la política, reconectándola con las angustias y los miedos de muchas personas en nuestras sociedades.
Macron ha acusado, con razón, a Le Pen de ser “la gran sacerdotisa del miedo”. Pero se equivoca si cree que el miedo que conjura, celebra y cataliza Le Pen es un mero producto de la manipulación política. ¿Será capaz el futuro presidente de Francia de evitar la crisis del paradigma igualitario que el neoliberalismo revanchista viene impulsando desde los años Ochenta, y que se expresa en las principales políticas económicas y sociales de la Unión Europea? Sinceramente, no confío en que un social-liberal como Macron, con su catecismo productivista y meritocrático, se plantee siquiera contener los procesos económicos que alimentan los miedos y las rabias de una parte creciente de la sociedad francesa. Tras Jean-Marie vino Marine; tras Marine ¿será el momento de Marion Maréchal-Le Pen?

Publicado en EL DIARIO NORTE

domingo, 30 de abril de 2017

1º de Mayo: memoria, solidaridad y lucha



De la última y póstuma obra de Zygmunt Bauman, Retrotopía (Paidós, Barcelona 2017):

Actualmente, nos están empujando con insistencia -y sin demasiada resistencia por nuestra parte, la verdad- hacia atrás, de regreso a comienzos del siglo XIX, cuando a los campesinos de muchos países de Europa, y a los oficiales y artesanos de todos ellos, les fueron expropiados aceleradamente sus medios de producción y, con ellos, su estatus y su capital sociales. A partir de ese momento, vivieron hacinados dentro de los márgenes de una "vida desagradable, brutal y corta", característica de un mundo en el que se libraba una "guerra de todos contra todos": un mundo poblado por otros como ellos mismos, los "miserables", que, como ellos, carecían de rostro y no eran plenamente humanos, y, como ellos también, consideraban su nuevo entorno tan alienante como hostil.
Tardaron muchas décadas en descubrir un interés común entre toda aquella multitud anónima que fichaba todos los días, a la entrada y a la salida de las fábricas del capitalismo temprano: esas décadas fueron el tiempo que les llevó coronar aquel hallazgo con la idea de la "solidaridad" que los introdujo en toda una era de experimentos, intentonas abortadas o muertas antes de nacer, salidas nulas, derrotas y triunfos a corto plazo que almacenamos en nuestra memoria colectiva a largo plazo; y todavía paso más tiempo hasta que inventaron, institucionalizaron y practicaron una acción solidaria sistémica y sistemática dirigida a sustituir la esclavitud por la emancipación.
Pues bien, ahora nos encontramos en una era similar en cuanto al clima dominante. Algunos de nosotros sacamos ánimos para mantener la esperanza de que estén pronto por llegar nuevos y más prometedores comienzos para todos...

Nos vemos mañana.

miércoles, 26 de abril de 2017

El bosque infinito (y dos viajeros por Italia, separados por un siglo)


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Coincidiendo con su visita a Bilbao para participar en el X Festival Gutun Zuria, recomiendo adentrarse en la selvática historia que se recoge en El bosque infinito, de Annie Proulx [Traducción de Carlos Milla Soler. Tusquets. Barcelona, 2016].
A lo largo de sus 840 páginas, Annie Proulx (autora del relato Brokeback Mountain, que inspiró la exitosa película del mismo título) va desarrollando las historias entrecruzadas de Charles Duquet y René Sel, contratados como peones para cortar madera en la remota Canadá, por entonces conocida como Nueva Francia. La historia comienza en 1693 y llega hasta 2013. Huyendo de una existencia miserable, prácticamente esclava, los dos protagonistas tomaran distintos caminos, aunque siempre con los inmensos bosques como escenario principal de sus vidas.
Mientras el primero (americanizado su apellido como "Duke") se convierte en un importante empresario dedicado a la explotación forestal sin freno (siguiendo fielmente la sentencia pronunciada al principio del libro por el hombre para el que deben trabajar: "Ser un hombre es desboscar. No veo los árboles. Veo las coles. Veo los viñedos"), el segundo formará una familia mestiza con una mujer de la tribu mi'kmaq y vivirá su relación con la naturaleza siguiendo ancestrales formas de pensamiento y de vida que, con el paso del tiempo, germinarán en sus descendientes convertidos en militantes de la causa de los bosques:

"No volverá a haber grandes bosques antiguos hasta dentro de miles de años. Ninguno de los presentes veremos madurar nuestro trabajo, pero debemos intentarlo, aunque seamos sólo una o dos personas con plantones en un cubo dedicadas al esfuerzo de recomponer el bosque. Es de una importancia  extrema para todos nosotros los humanos..., no tengo palabras para decir hasta qué punto es importante..., que ayudemos a la Tierra a recuperar la diversidad vital de la cubierta forestal. Y los bosques nos ayudarán. Tienen mucha experiencia en restaurarse a sí mismos".

Y de los recónditos bosques boreales canadienses a la humanizada Italia.
Resultado de imagen de panzini en la tierra de los santosDos paseantes separados por un siglo, cicloturista el uno, cansasuelos el otro, nos invitan a recorrer unos caminos cargados de historia, pero también de naturaleza.

El italiano Alfredo Panzini (1863-1939) narra en el librito En la tierra de los santos y los poetas [Traducción de Pepa Linares. Ardicia Editorial, Madrid 2017] su recorrido en bicicleta desde Rímini, en la costa adríatica, hasta Las Marcas y Umbría, pasando por las tierras donde vivieron, soñaron y crearon personajes de la talla de Leopardi, Dante o Francisco de Asís. Y donde habitan personas que propician encuentros de lo más pintorescos:

"Entonces, una monjita que escuchaba atentamente, suspiró las siguientes palabras:
- Después de la bicicleta, despés del telégrafo sin hilos, después de la luz eléctrica, ¿a dónde iremos a parar?
Y busca en los ojos de los compañeros una respuesta a la pregunta que angustiaba su alma. Un fraile de la orden de los sevitas, el que parecía más autorizado y había comido en proporción, levantó una mano untuosa y sentenció:
- El cerebro del hombre, hija mía, se reducirá tanto que ya no le quedará nada".

Una delicia.

Portada Cansasuelos, Ander Izagirre
Y de un italiano de principios de siglo a un donostiarra de ahora mismo. Ander Izagirre, "periodista con botas", nos regala el libro Cansasuelos. Seis días a pie por los Apeninos [Libros del K.O., Madrid 2015], en el que con tanto humor como sensibilidad nos cuenta su viaje a pie por los Apeninos, entre Bolonia y Florencia.
Abundan las observaciones divertidas, como la reflexión inicial sobre el "pene cacahuetesco" de la musculada estatua de Neptuno en la plaza mayor de Bolonia (y la importancia de la perspectiva) o la historia de la hostería canibal. Pero, sobre todo, encontramos un profundo y emocionado sentimiento de estar caminando sobre las huellas de otras y otros:

"Sin los pasos de los antiguos, que marcaron la primera senda, ahora no sabríamos en qué dirección caminar, por dónde atravesar el bosque, a qué collado subir, a qué río bajar.
En el pórtico de la catedral de Jaca, que tiene mil años, hay una columna con un hueco de medio metro en el fuste. Es un hueco vertical, suavemente curvado y profundo, como si a la columna le hubieran extirpado un riñón enorme. Hace mil años un peregrino acarició la columna y erosionó los primeros átomos de la piedra. Otros lo imitaron. Suelo pensar en el segundo peregrino que acarició la columna: el que repitió el gesto. La repetición de un gesto consolida una huella, confirma un camino. [...]
En la montaña también me gustan los montoncitos de piedras que alguien ha ido apilando, para marcar la dirección correcta en los lugares donde la senda es dudosa. Son señales de desconocidos: y me fío. Me gusta añadir una piedra a esos montones".

Y esto vale, en general, para cualquier circunstancia de la vida.









miércoles, 19 de abril de 2017

El zorro

Unos días (pocos) de montaña y naturaleza.
Además de otras cumbres más modestas, he vuelto a subir al Alto del Tejo (1998 mts.), aunque en esta ocasión desde Triollo. Una ascensión sencilla, sin complicaciones, por un valle hermosísimo, que aún no conocía. Desde la cumbre, el Espigüete se muestra imponente.


También he repetido una de las rutas que más me gustan: la travesía circular que, empezando y terminando en Cardaño de Arriba (1.440 mts.), asciende por el valle de Hontanillas hasta el Alto del Camino a Cardaño (2.115 mts.), pasa por las cumbres de los picos Las Guadañas (2.200 mts.), Cebolleda (2.244 mts.), Las Cuartas (2.451 mts.) y Las Lomas (2.438 mts.), para descender desde aquí hasta Cardaño siguiendo el camino al Pozo Las Lomas.

El camino de Hontanillas, el mismo que hacemos en agosto en la romería de San Lorenzo

Mirando hacia atrás, desde el Pico Cuartas.

Sin que sirva de precedente, autorretrato en la cumbre del Cuartas.

La travesía completa.


En una de las salidas, por fin, he conseguido fotografiar al esquivo zorro.



Vimos Cantábrico y, precisamente, echamos en falta la presencia del raposo. Lo mismo me señaló Paula, allá en Camporredondo. Pero nada que objetar a un documental extraordinario.

Resultado de imagen de Cantábrico joaquin gutierrez
http://www.filmaffinity.com/es/film503745.html 

En otros paseos me he cruzado con los ya familiares ciervos. También he podido sacar algunas hermosas imágenes de una montaña que, más que primaveral, parecía estival.






Y nada más por ahora. Del Tejo al "tajo". Vuelta a la normalidad.

jueves, 30 de marzo de 2017

Luces y sombras del desarraigo

Acabo de recibir el último número de la revista GALDE. Como siempre, lleno de artículos interesantes. Merece la pena apoyarla. Si puedes, suscríbete.



Entre ellos -entre los artículos-  publico un recordatorio de los recientemente fallecidos Todorov y Bauman, de biografías vitales e intelectuales más que similares.



[1] Tzvetan Todorov (Sofía, 1 de marzo de 1939 - París, 7 de febrero de 2017) titula su autobiografía intelectual El hombre desplazado. Como él mismo relata, recién terminados sus estudios universitarios se le presentó la ocasión de realizar una estancia de formación en "Europa":

«Bulgaria –aclara Todorov– no se encuentra, desde luego, en Asia o en África. Pero ese era el nombre que le dábamos a países como Alemania, Italia, Francia o Inglaterra». Era 1963; dos años antes había comenzado a elevarse el Muro que durante casi tres décadas dividiría a Europa. Todorov escogió Francia. Para un joven intelectual búlgaro de aquella época, Francia era realmente otro mundo. Pero aunque acabó siendo su mundo más familiar, Todorov jamás dejó de verse a sí mismo como un hombre esencialmente desarraigado, condición esta desde la que construyó lo más original de su pensamiento: «El hombre desarraigado, arrancado de su marco, de su medio, de su país, sufre al principio, pues es más agradable vivir entre los suyos. Sin embargo, puede sacar provecho de su experiencia. Aprende a dejar de confundir lo real con lo ideal, la cultura con la naturaleza» (El hombre desplazado, Madrid 2008).

La peripecia vital de Zygmunt Bauman (Poznam, 19 de noviembre de 1925 - Leeds, 9 de enero de 2017) es aún más compleja (y dramática) que la de Todorov. Perteneciente a una familia de judíos no practicantes, emigró a Rusia cuando los nazis invadieron Polonia en 1939. Enrolado en el ejército polaco, Bauman combatió en la guerra y le fue otorgada la Cruz Militar al Valor. Su vinculación con el ejército se extendió hasta 1953, año en el que, ostentando el grado militar de mayor, fue expulsado con deshonor por la solicitud de emigración de su padre en la embajada israelí. Profesor de la Universidad de Varsovia desde 1954, Bauman renunció en enero de 1968 a su militancia en el Partido Comunista, en medio de una fuerte campaña antijudía impulsada por el gobierno polaco, que intentaba asociar las protestas estudiantiles a un complot sionista. En marzo de ese año renunció también a la nacionalidad polaca y emprendió la ruta del exilio hasta acabar recalando en Leeds. Al igual que Todorov, esta experiencia configura su forma de analizar el mundo:

«En la actualidad, todos vivimos en movimiento. Muchos cambiamos de lugar: nos mudamos de casa o viajamos entre lugares que no son nuestro hogar. Ya no existen «fronteras naturales» ni lugares evidentes que uno deba ocupar. Donde quiera que nos encontremos en un momento dado, no es posible ignorar que podríamos estar en otra parte, de manera que hay cada vez menos razones para hallarnos en un lugar particular (y de ahí que a veces sentimos un ansia abrumadora de encontrar –de inventar– esa razón). Todos somos viajeros, al menos en un sentido espiritual» (La globalización. Consecuencias humanas, Buenos Aires, 1999).

[2] Esta biografía de desarraigo, junto con su experiencia de nacer y vivir en sociedades cerradas, explica la particular atención que ambos autores han prestado al análisis crítico de los regímenes totalitarios y, sobre todo, a los riesgos de las mentalidades y las culturas totalizantes.
En La experiencia totalitaria (Barcelona 2010) escribe Todorov que si bien «imaginar un ideal en nombre del cual se intenta transformar lo real, concebir una trascendencia que permite criticar el mundo existente para mejorarlo es sin duda un rasgo común a toda la especie humana y no es posible eliminarlo», lo que caracteriza al proyecto totalitario «no es sólo el contenido del ideal propuesto, sino también la estrategia que se elige para imponerlo: controlar totalmente la sociedad y eliminar grupos enteros de la población».
Bauman ha profundizado en esta mentalidad totalitaria en muchas de sus obras, recurriendo a la metáfora del "jardinero":

«El jardinero da por sentado que no habría orden en el mundo si no fuese por sus cuidados y esfuerzos continuados. El jardinero sabe qué tipos de plantas crecerán y cuáles no en la parcela que cuida. Primero elabora en su cabeza la disposición más adecuada y luego procede a convertir en realidad esta imagen sobre la tierra. Impone al terreno su proyecto preconcebido, estimulando el crecimiento de las plantas adecuadas (en la mayoría de los casos, plantas que él mismo ha sembrado o cultivado) y arrancando y destruyendo el resto, ahora rebautizadas como "malas hierbas", cuya presencia no se ha pedido ni se desea» (Tiempos líquidos, Barcelona 2007).

Esta especial atención a los riesgos del totalitarismo, que en el caso de Todorov se ha expresado en su obra en forma de abierta defensa de la Ilustración y su perspectiva humanista (El espíritu de la Ilustración, Barcelona 2008; El jardín imperfecto, Barcelona 1999), lleva a ambos autores a mostrarse particularmente lúcidos y atentos en la detección y denuncia de la "mixofobia", es decir, al rechazo abierto a todo lo que signifique diversidad (concepto que, por cierto, ambos utilizan expresamente en dos de sus obras: Todorov en la ya citada El hombre desplazado; Bauman en Confianza y temor en la ciudad, Barcelona 2006).
Todorov ha profundizado en estas cuestiones en una de sus obras más tempranas, y en mi opinión una de las más destacables: La conquista de América, el problema del otro (México, 1987), así como en otras más recientes (El miedo a los bárbaros, Barcelona 2008). Por su parte, Bauman se ha ocupado específicamente de estas cuestiones en una buena parte de sus trabajos, especialmente a partir de uno de sus libros más imprescindibles: Modernidad y Holocausto (Madrid, 1997). A partir de esta obra, la preocupación por el fenómeno de la "adiaforización", es decir, que cada vez más interacciones humanas queden eximidas de evaluación moral y, por consiguiente, tratadas en la práctica como «moralmente indiferentes», valoradas exclusivamente por su eficiencia a la hora de «dar resultados», se ha convertido en parte esencial de sus reflexiones, como en Vidas desperdiciadas (Barcelona 2005), en Ceguera moral (con L. Donskis, Barcelona 2015) o en su última y casi póstuma obra, publicada en castellano dos meses antes de su fallecimiento, Extraños llamando a la puerta (Barcelona, 2016). El libro se abre con una advertencia ominosa: «Son crecientes las señales de que la opinión pública, confabulada con unos medios ansiosos de audiencia, se está acercando, sin prisa pero sin pausa, al punto de "cansarse de la tragedia de los refugiados"».

[3] Pero, a pesar del carácter de advertencia, a veces casi desesperada, de su obra, ambos pensadores también han sido sensibles y han rastreado los signos de bondad, humanidad y, por ello, esperanza, que cabe encontrar en los seres humanos, y a la que debemos seguir apelando. Bauman lo ha hecho con sus profundas reflexiones sobre la dificultad y necesidad de «amar al prójimo», precepto que considera «el acta de nacimiento de la humanidad» (Amor líquido, Madrid 2005), o con su reivindicación de la exigencia ineludible de reconocernos «guardián de mi hermano» (La sociedad individualizada, Madrid, 2001). En cuanto a Todorov, en varias de sus obras opta por una perspectiva biográfica y se aproxima a la vida de mujeres y hombres que, en situaciones dramáticas (guerras, dictaduras, discriminaciones, etc.) fueron capaces de mantener su integridad como individuos éticos, negándose a someterse a la coacción impuesta por la fuerza o aceptada en silencio por la mayoría de la población. Así lo hace en el ya citado La experiencia totalitaria, también en su última obra, Insumisos (Barcelona 2016), y sobre todo en Memoria del mal, tentación del bien (Barcelona 2002), en cuyo prólogo escribe: «Por mi parte, preferiría que se recordaran, de este siglo sombrío, las luminosas figuras de los pocos individuos de dramático destino y lucidez implacable que siguieron creyendo, a pesar de todo, que el hombre merece seguir siendo el objetivo del hombre».

[4] Tanto Todorov (en 2008) como Bauman (en 2010) fueron distinguidos con el Premio Príncipe de Asturias. Es el colofón casi final a dos biografías fuertemente entreveradas que, sin embargo, discurrieron de espaldas la una a la otra.
No lo afirmaría con total seguridad, pero creo que Bauman tan sólo cita una vez, en todas sus obras, a Todorov: en concreto, lo hace en una de sus obras tardías, Miedo líquido (Barcelona 2007), en la que incluye dos breves referencias al libro de Todorov Memoria del mal, tentación del bien. En cuanto a este último, aunque mi conocimiento de su obra es menor, diría que nunca citó a Bauman.
Curioso. Parece que ambos fueron muy capaces de desarrollar su propio pensamiento y proyectar sus respectivas obras sin tener en cuenta el pensamiento y la obra del otro. Me temo que su ausencia no nos resultará tan fácil de sobrellevar en esta Europa tan necesitada de la lucidez y la humanidad con la que ambos afrontaron su exigente trabajo de reflexión.