viernes, 18 de mayo de 2012

¿Qué ha pasado con lo que había antes de la violencia?

Resumo el planteamiento y el nudo de mi intervención el pasado miércoles en el Congreso sobre Memoria y Convivencia que se celebra estos días en Bilbao Omito el desenlace, porque no sé cuál es (aunque tenga mi hipótesis), pero sobre todo porque me interesa más invitar a reflexionar que proponer una respuesta.

[1] Una decena de reclusos de ETA, autodenominados Presos Comprometidos con el Irreversible Proceso de Paz, casi todos en prisión desde los años 90 condenados a decenas o centenares de años por asesinato, participaron en octubre y noviembre de 2011 en una serie de talleres de debate dentro de la prisión con víctimas, profesores, políticos y periodistas para hablar sobre la violencia, las víctimas y la paz en Euskadi. En un cuestionario sobre la experiencia remitido por el diario El País, estos reclusos hacían la siguiente reflexión: “En nuestro país, la existencia de la violencia ha hecho que viviéramos en mundos estancos, llenos de prejuicios e ideas preestablecidas sobre lo que representaba «el otro». El fin de la violencia tiene que traer consigo, entre otras cosas, un cambio de mentalidad”.

El fin de la violencia tiene que traer consigo un cambio en esas imágenes del “otro”... Es una esperanzadora ilusión. Si ha sido la violencia la que nos ha incapacitado para comprender adecuadamente al otro, su final debería permitirnos desmontar esas ideas estereotipadas, y hacerlo con relativa facilidad. Pero no es así. En realidad, no ha sido la existencia de la violencia la que ha hecho que en Euskadi hayamos vivido en mundos estancos, construidos a partir de imágenes descalificadoras del otro; al revés, ha sido la existencia de esas imágenes prejuiciosas del otro (reflejo invertido de una imagen igualmente prejuiciosa del “nosotros”) la que ha preparado el terreno para la violencia. El prejuicio precede a la violencia, aunque una vez desencadenada esta lo refuerce de una manera radical.
Es necesario distinguir entre la agresividad y la violencia, términos que si bien usualmente se utilizan como si fueran sinónimos, en realidad no lo son: “La primera es una conducta innata que se despliega automáticamente frente a determinados estímulos y se inhibe frente a otros. La violencia, en cambio, es una conducta intencional más que automática que puede dañar, es decir, que es la agresividad deliberada” (Sanmartín). Hablamos de violencia deliberada. Deliberada, sí, en todos los sentidos: intencionada, rumiada durante tiempo, discutida con otros, socializada, aceptada, planificada... La violencia comienza antes, en ocasiones mucho antes, de que se exprese en forma de agresión.
A diferencia de lo que ocurre con la agresión, antes de la violencia hay, siempre, deliberación. Y el resultado esencial de esa deliberación, resultado sin el cual la violencia permanecerá relegada a ese segundo plano oscuro del conocimiento, es siempre una operación de extrañamiento.


[2] No es la violencia la que está al comienzo. La violencia –la violencia de motivación política- está al final de un proceso que empieza con la construcción de un “Nosotros” homogéneo y puro radicalmente confrontado a un “Otros” igualmente homogéneo; antes de la violencia política, como condición necesaria aunque no suficiente de esta, encontramos siempre un ejercicio de estereotipificación que Beck ha conceptualizado con el término de construcción política del extraño. La violencia política se ejerce siempre sobre un Otro estigmatizado, expulsado de la comunidad de reconocimiento, socialmente distante aunque físicamente próximo, definido como amenaza a la coherencia del Nosotros soñado.
Pero hay un segundo paso esencial para poner en marcha el proceso que culmina en la violencia, o en alguna de las expresiones del eliminacionismo: la existencia de un movimiento y un liderazgo político que lo impulse o lo consienta. La acción de estos líderes políticos legitiman la violencia contra los extraños y expanden la zona de aquiescencia en el conjunto de la población hacia las distintas prácticas eliminacionistas. De nuevo, nos encontramos ante una operación del pensamiento.
Antes de ejecutarla, la violencia debe ser elaborada.

[3] El recurso a la violencia como instrumento de lucha política tiene más que ver con la percepción subjetiva de la realidad que con la realidad misma. En mayor medida que los problemas objetivos que en un momento determinado tenga planteados una sociedad, lo que resulta determinante para la aparición de la violencia es el modo como se perciban. Por tanto, la dimensión simbólico-cultural es fundamental para explicar la aparición y la existencia de la violencia. La violencia denominada “política” no es nunca la consecuencia de un problema o un conjunto de problemas políticos, como se sostiene desde un enfoque determinista (de manera que: Problema -->  Violencia), sino que siempre esa violencia ejecutada con intencionalidad política encuentra su sentido en una determinada visión o aprehensión subjetiva de la realidad, visión que construye el problema y en el marco de la cual la respuesta violencia aparece como la única posible (de manera que: Problema --> Visión --> Violencia).
La violencia de ETA no se relaciona necesariamente con ningún problema político, ni siquiera con el problema político derivado de la siempre abierta cuestión de las relaciones: a) entre los habitantes de ese territorio, plural como pocos, que es Euskal Herria o los Países Vasco-Navarros; y b) entre estos, sea cual sea el sistema de relación que finalmente escojan, y los Estados-nación español y francés. En este sentido, el franquismo fue más una condición que una causa de la violencia. En efecto, la decisión de recurrir a la violencia no fue vivida, ni siquiera por sus protagonistas, como algo natural, espontáneo o puramente reflejo. En contra de la mayoría de las interpretaciones al uso, la violencia no apareció como “consecuencia lógica” de un estado de cosas, sino como fruto de la decisión de unas pocas personas Una decisión, por lo demás, fuertemente debatida.
Pero se tomó la decisión de utilizar la violencia y al hacerlo se atravesó la crucial frontera de la muerte (Aranzadi). Y aquí es cuando entra en juego la sangre derramada. “Bastan unas gotas de sangre para contener en su interior toda la memoria del mundo”, recuerda el albanés Ismaíl Kadaré. La sangre. “¿Qué puede parecer más religioso que la sangre derramada en nombre de la línea divisoria aparentemente «absoluta» de la religión?”, se pregunta Gerd Baumann. “Precisamente porque la religión suena tan absoluta –continua- se puede utilizar como una traducción de otras formas de conflicto más relativas”. Esta traducción prepara el camino para la violencia a la vez que bloquea cualquier posibilidad de diálogo político ya que, como afirma Bernardo Atxaga con sintética precisión, “es muy difícil relacionarse con personas que defienden cosas que no son de este mundo”.

[4] El País publicaba ese mismo miércoles un artículo de José Andrés Rojo, titulado En la maraña de la historia, en el que se decía lo siguiente: "Algunas de las mayores barbaries cometidas en el siglo XX se han contado como si fueran el resultado de una patología capaz de inspirar acciones criminales más que como el resultado de decisiones políticas concretas".
La pregunta que en mi opinión debemos hacernos en este momento en Euskadi es muy clara: ¿qué había antes de la violencia terrorista? ¿y qué hay actualmente de todo aquello que había antes de la violencia?

martes, 15 de mayo de 2012

Pacto Social por la Inmigración



Sí, ya lo sé:
- Es demasiado bonito como para ser verdad.
- La mujer no es la que más se parece a las mujeres inmigrantes con las que nos encontramos por la calle.
- Aunque el varón autóctono tampoco es que sea el más habitual.
Lo que sí es absolutamente real es el comportamiento de la niña y del niño.
- ¿No desearíamos animar y proteger este comportamiento con el fin de extenderlo más allá de la infancia?
- ¿No preferiríamos que las mujeres y los hombres de Euskadi, todas y todos, autóctonas o inmigrantes, se parecieran más (en todo) a los protagonistas del video?
- ¿No sería mejor nuestra sociedad si el comportamiento cooperativo, la ayuda mutua, el reconocimiento y la convivencia vencieran al prejuicio y a la incomunicación?

De eso trata este Pacto: de imaginar la Euskadi que deseamos y de hacer lo posible por construirla.

domingo, 13 de mayo de 2012

Escenas de la lucha de clases

[1] EL PAÍS se suma hoy al aniversario del 15M y alimenta de razones la indignación con un amplio reportaje sobre la brecha salarial entre los directivos (sí, la práctica totalidad son "os") de las empresas del Ibex 35 y sus empleadas y empleados. "Una casta a prueba de crisis", lo han titulado. Acertadamente, pues de eso se trata: de una casta autoconstituida en clase dirigente cuyas altísimas remuneraciones no se justifican ni tan siquiera por la creación de valor para los accionistas. Sin embargo, pese al escaso mérito demostrado, pagados de sí mismos, blindan sus contratos y se aseguran indemnizaciones euromillonarias en caso de despido.

[2] También EL CORREO ofrece una buena dosis de encorajinamiento, en este caso con un reportaje sobre las y los ex altos cargos políticos que pasan a la empresa privada con sueldos millonarios. [Busco y rebusco pero no consigo enlazarlo; a ver si mañana está disponible].

[3] Este mismo diario nos cuenta el caso del cofundador de Facebook, Eduardo Saverin, y de los efectos que normalmente provoca tener (mucho) dinero: nacido en Brasil, ciudadano de EE UU desde 1998, ha renunciado a la ciudadanía estadounidense y ha fijado su residencia en Singapur con el fin de pagar menos impuestos. Facebook, ya saben: esa red "social"...

[4] Y así llegamos al patrimonio de Hollande. Sólo diré que es... mucho.

sábado, 12 de mayo de 2012

La verdad está ahí afuera


A la calle, que ya es hora



No entiendo el apoyo de Rubalcaba a la reforma financiera del PP, Y por lo que entiendo de la citada reforma y del conjunto de las impopulares políticas del PP, no comparto ese apoyo.
¿De verdad cree que este Gobierno va a tener en cuenta otros principios, como el de "que se tenga en cuenta no sólo a las entidades sino también a los ciudadanos y las empresas, que son los que tienen su dinero en los bancos y necesitan crédito"?
Leo: "Una de las medidas que el Ejecutivo podría incluir en esa reforma es la creación de bancos malos —donde las entidades puedan refugiar sus activos tóxicos, las pérdidas de la burbuja inmobiliaria, para sanear sus cuentas—. El PSOE es “muy reticente” a esa fórmula, señaló Rubalcaba, porque, “cuando sale lo tóxico, generalmente se envenena el Estado”. “No nos gusta en absoluto”, dijo". Lo leo y  no entiendo el apoyo, ni siquiera de entrada.
Y leo: "Rubalcaba sí insinuó que su partido condicionará el apoyo a la reforma financiera a que el Gobierno se siente a hablar sobre los recortes en sanidad y educación. “El jueves se votan tres decretos leyes: las medidas financieras, los recortes sanitarios y los recortes educativos. Los tres forman parte de la misma hoja de ruta del Gobierno. Y el financiero es muy importante; pero la educación, ni le cuento; y la sanidad, qué le voy a decir”, afirmó. Cuando se le preguntó qué quería decir, añadió: “Lo que hago es enmarcar políticamente la negociación”".
No es tiempo de insinuaciones. Hoy no. ¿No vemos cómo esta la calle?

viernes, 11 de mayo de 2012

Un año de indignación

Empezó hace ya un año. En realidad había empezado mucho antes, pero hace un año empezamos a ser conscientes de ello. Este fin de semana lo recordaremos. ¿Volveremos el lunes a desmontar las tiendas hasta el año que viene? Tal vez. Acaso sea este el destino de todos los nómadas, también de quienes transitan por nuestra sociedad sin poder/saber/querer instalarse. Acaso no sea malo que las tiendas de acampada se alcen y se desmonten una y mil veces. Pero si así ocurriera, que no sea por falta de apoyo o de interés. O por una mala intelección delfenómeno de la indignación, que lo reduce a la reacción de una juventud que siente que su futuro les ha sido expropiado. No. Es el futuro de todas y de todos el que está en juego.
Fernando Vallespín escribe hoy en EL PAÍS:

En algún sitio leí que la actual crisis significa la salida de la historia de la generación del baby boom de los años sesenta, aquellos que tanto hicieron por romper con todo lo anterior, por emanciparse de tantas represiones y atreverse a repensarlo todo. Encumbraron la inquietud juvenil como el paradigma de lo único que merece la pena —I wanna die before I get old, decían The Who—, algo que aún pervive en nuestro imaginario colectivo, sobre todo en la publicidad. Pero al final, estos “hijos de la opulencia”, a medida que se fueron haciendo talluditos, se emborracharon de su propio éxito y del amor al dinero y el estatus. Y contagiaron a quienes vinieron después. Lo peor, sin embargo, es que hicieron de la transgresión un concepto superfluo. Toda subversión de lo existente, aquello en que eran tan expertos, se integraba después en el orden reinante como una parte natural de su evolución; toda discrepancia encontraba al final su hueco de mercado en la sociedad pluralista. Consiguieron que el sistema engullera sus contradicciones sin necesidad de construir algo verdaderamente nuevo.
Ahora entran en la historia de los países desarrollados los “hijos de la escasez”, la generación hipotecada por sus padres. Una parte de ellos se resignará y se adaptará, como hicieron sus mayores; otra se dejará sentir con fuerza y seguro que dará que hablar. De nosotros no han heredado demasiada imaginación, pero ya sabrán apañárselas, con o sin nuestra ayuda. Como decía W. Benjamin en una frase memorable, “solo gracias a los desesperados nos es conservada la esperanza”.

Edoardo Nesi es, como yo, uno de esos "hijos del baby boom". En La historia de mi gente narra la destrucción de sus sueños y de los de sus convecios de Prato, localidad toscana tradicionalmente vinculada a la industria textil víctima de "la progresiva extinción del sistema económico más civilizado que haya conocido el hombre y su reemplazo por un modelo cuyo objetivo es la rentabilidad más elevada sin reparar en costes humanos". Nesi termina su relato manifestándose por las calles de su ciudad, con esta reflexión:

Pero ¿no éramos nosotros la generación X? ¿No éramos gente sin ideas ni ideales, una panda de capullos egoístas y afortunados, criados delante del televisor, que iban a vivir sin siquiera percatarse de su suerte, amos de un mundo ya sin historia, acomodados en un dorado presente sin fin gracias al trabajo de nuestros padres?
¿Y es que nadie debe pedirnos perdón por habernos condenado a ser la primera generación desde hace siglos cuya situación será peor que la de sus padres? ¿Por habernos hecho crear y construir nuestros sacrosantos sueños de bienestar y después habernos dejado sin dinero ni trabajo justo cuando llegaba el momento de vivir esos sueños?
Seguimos avanzando agarrados a nuestra infinita bandera tricolor, los míos y yo, todos sonrientes, todos decididos, todos unidos contra la mala suerte... y a cada paso tengo la impresión de estar mejor. Ahora sé que no viviré en el deslumbrante esplendor fitzeraldiano en que me parecía vivir cuando tenía dieciocho años y sueños ilimitados, y el futuro era un gran regalo brillante, y la vida era ligera y luminosa como la seda, y a mi alrededor cualquiera podía intentar hacerse empresario y sentirse dueño de su futuro, incluso yo. Sé que soy siervo de mis libros y mi familia, y mi destino es escribir. Mientras pueda.
Hoy, sin embargo, quiero seguir caminando junto a los míos. No sé muy bien adónde vamos, pero desde luego no estamos parados.

Como todas las mechas, la de la precarización y la ruptura del vínculo social comenzó prendiendo por su extremo, pero la llama retrocede a toda velocidad hasta consumirla entera, momento en que la bomba hará explosión. La generación más joven ha sido sólo el primer tramo quemado. Por algún lado había que empezar y este era el eslabón más débil. Pero la precariedad y la vulnerabilidad se extiende y rebasa las fronteras intergeneracionales. Y así, perroflautas imberbes y yayoflautas canosos se reconocen avanzando juntos. Ahí están, míralos: en esa calle, en esa plaza por la que tu caminas. Acércate. Únete. Luchan por tu futuro. La mecha de la precarización sigue encendida. También la dela indignación.

jueves, 10 de mayo de 2012

Desbancados

La banca está enladrillada, ¿quién la desenladrillará? El desenladrillador que la desenladrille... el Estado será.
En lugar de permitir la constitución de "bancos malos" yo propongo la elaboración de un censo de banqueros malos.
Falta crédito, sobran bancos.
Claro que, viendo la trayectoria del ministro de Economía y su pasado en Lehman Brothers...

Más allá de coyunturas

[1] Ayer por la mañana celebrábamos una nueva reunión de trabajo del Pacto Social por la Inmigración, en esta ocasión en la sede de Lehendakaritza. Creo que ha sido una reunión muy importante, no sólo por el contenuido de la misma sino también por el lugar en el que se realizó y por la presencia cercana del lehendakari durante la primera parte de la misma. No sé si seremos capaces de hacerlo, pero considero de vital importancia "blindar" el Pacto para que pueda seguir desarrollándose sean cuales sean las coyunturas políticas del futuro inmediato en Euskadi.

[2] Por la tarde participé en el Congreso Internacional Ciudadanía Digital, en Donostia, presentando una primerísima y provisional evaluación del Modelo Vasco de Open Government. También en este caso considero fundamental que el impulso hacia un gobierno, una administracón y, sobre todo, una democracia de "lo común" continue más allá de coyunturas políticas.

[3] Y ya por la noche, de vuelta a casa tras detenerme brevemente en un Bilbao más rojiblanco que nunca, me senté ante el televisor para ver el partido Atletico-Athletic. Sin pasión, no soy nada futbolero, pero si con interés. Y algo extraño ocurrió. Al finalizar el encuentro, me pareció estar asistiendo a una ceremonia más propia del rugby, este sí un deporte que me atráe enormemente como espectador. Ver a Simeone acercarse uno por uno al entrenador y a los jugadores del Athletic, el pasillo de homenaje y sobre todo, las dos aficiones respetándose en una Bucarest rojiblanca y en paz más allá de coyunturas deportivas...