sábado, 26 de marzo de 2011

Secuestrados

Rescate, lo llaman. Con un par. ¿Para qué disimular? El último caso es el de Portugal. El precio de su rescate podría elevarse a los 75.000 millones de euros. Portugal lleva resistiéndose al rescate desde principios de año. Pero alguien parece empeñado en hacerles una oferta que los lusos no puedan rechazar. He leído en algún lugar que el coste de los rescates bancarios y la aplicación de los planes de estímulo asciendía en 2009 a 13 billones de dólares, cifra equivalente al 21,12% del PIB mundial (61,5 billones de dólares), de modo que la intervención pública suponía en aquel momento una carga adicional próxima a los 1.900 dólares por cada ser humano del planeta. Islandia lidera el ranking de esfuerzo público para sostener en pie su banca tras destinar el 76,2% de su PIB a esta tarea, seguido de Irlanda (48,3%), Letonia (33,6%), Hungría (20,6%), Reino Unido (19,3%), Rusia (14,2%), Emiratos Árabes Unidos (12,2%), EEUU (7,3% del PIB), España (5,2%) y Alemania (5,1%).

Rescate, lo llaman: ¿qué necesidad hay de disimular? Rescate, lo llaman, y con razón, puesto que de un secuestro se trata. El secuestro del control democrático de los mercados, el secuestro de la soberanía política de la ciudadanía.

En todo caso, un secuestro evitable si los mismos Estados cuestionados por las agencias de rating toman medidas frente al abusivo e infundado poder de estas. Pues las evaluaciones negativas de estas agencias actúan a la manera de esa primera carta que ETA envía a los empresarios para extorsionarles mediante el mal llamado "impuesto revolucionario".
"Rebajamos tu calificación, con ello enviamos a los mercados señales que te retratan como poco solvente. Toma medidas ya o de lo contrario...". El pizzo mafioso de alcance global.

Un artículo de Javier Ayuso en EL PAÍS de hoy argumenta la necesidad de regular las agencias de rating: "Muchos inversores castigados por quiebras recientes echan de menos que los directivos de las tres principales agencias de rating del mundo (Moody's, Standard and Poor's y Fitch) no hayan reconocido públicamente su error al mantener la máxima calificación a Lehman Brothers, o de otras empresas cotizadas, hasta el día antes de que quebraran. Y lo que más extraña es que estas agencias se hayan pasado ahora al otro lado del péndulo y se dediquen a reducir drásticamente la calificación de la deuda soberana de algunos países europeos (entre ellos, España) en el momento más inoportuno, causando un daño irreparable a sus cuentas públicas, al generar un círculo vicioso: la bajada de rating aumenta el coste de la refinanciación de una deuda que está condenada a crecer exponencialmente. Se impone una regulación europea de estas sociedades que abusan, en muchos casos, de posición de dominio a la hora de ejercer su actividad".

Las agencias de rating tienen una enorme responsabilidad en la extensión del miedo y la desconfianza de "los mercados" hacia las economías de determinados países. Son como los cuervos que señalan la existencia de un cadáver a los buitres, que se encargarán de despedazar el cuerpo con sus poderosos picos, permitiendo así a los primeros disfrutar de su parte de carroña.

El control de estas agencias de calificación están recogido en las medidas 8 y 8bis del Manifiesto de economistas aterrados, consecuencia del cuestionamiento que en el mismo se hace de esa falsa evidencia que sostiene que "los mercados son buenos jueces de la solvencia de los Estados". Como señala el Manifiesto, "la evaluación financiera no es neutra: afecta al objeto medido, compromete y construye el futuro que ella imagina. Así, las agencias de calificación financieras contribuyen en mucho a determinar las tasas de interés en los mercados de obligaciones atribuyendo unas notas cargadas de una gran subjetividad, incluso de una voluntad de alimentar la inestabilidad, fuente de beneficios especulativos. Cuando degradan la calificación de un Estado aumentan la tasa de interés exigida por los actores financieros para adquirir los títulos de la deuda pública de este Estado y aumentan con ello el riesgo de quiebra que ellas han anunciado".

Las medidas que se proponen son las siguientes:
Medida n°8 : No se debe autorizar a las agencias de calificación financiera a influir arbitrariamente en los tipos de interés de los mercados de renta fija por el hecho de disminuir la calificación de un Estado: habría que regular su actividad exigiendo que esa valoración sea el resultado de un calculo económico transparente.
Medida n°8 bis : Liberar a los Estados de la amenaza de los mercados financieros garantizando la compra de los títulos públicos por el Banco Central Europeo (BCE)
.



Ayuso finaliza así su artículo: "En una situación tan delicada como la actual, las agencias de calificación deberían ejercer su función con un plus de responsabilidad y, visto que la autorregulación brilla por su ausencia, se impone una regulación por parte de las autoridades europeas. Si Jean-Claude Juncker, presidente del Eurogrupo, o Jean-Claude Trichet, presidente del Banco Central Europeo, han llegado a calificar de "irracional" la actuación de estas entidades, ¿a qué esperan para proponer una nueva reglamentación sobre su actividad?".
Eso mismo me pregunto yo. Y la respuesta que se me ocurre me intranquliza tanto que prefiero meditarla un poco más.

sábado, 19 de marzo de 2011

En esto estoy con Cáritas más que con Interior

El pasado jueves Cáritas Española presentó su informe La situación social de los inmigrantes acompañados por Cáritas, elaborado a partir de la información recibida de 54 Cáritas Diocesanas. Es, por tanto, un trabajo fundamentalmente elaborado "a pie de calle", recogiendo la opinión y la experiencia de personas que desarrollan actividades de acogida, asistencia y acompañamento en contacto directo y cercano con las peronas inmigrantes.
El informe contiene 11 propuestas destinadas a mejorar las condiciones de vida de las personas inmigrantes, sí, pero creo que sobre todo se trata de propuestas dirigidas a mejorar nuestra propia calidad moral como sociedad:

1. Garantizar el acceso al Padrón Municipal. Es fundamental que el Gobierno vele porque los Ayuntamientos cumplan rigurosamente con lo establecido en la Ley de Bases de Régimen Local, especialmente, en lo que se refiere al empadronamiento de ciudadanos extracomunitarios.
2.
Elaborar un Plan Integral de Lucha contra la trata de seres humanos con fines de explotación laboral, en el que se reconozcan las medidas de protección y los supuestos de personas víctimas, o presuntas víctimas, de explotación laboral, y en cuyo ámbito de aplicación se entienda tanto a personas extranjeras como españolas o comunitarias.
3.
Ratificar la Convención Internacional de las Naciones Unidas sobre la protección de los derechos de todos los trabajadores migrantes y sus familias. Exigimos al Gobierno la ratificación de esta Convención con el objetivo de que nuestro ordenamiento jurídico asuma normas internacionales para un trato justo y sin abusos respecto todas las personas inmigrantes.
4. Modificar la normativa para solucionar el problema del impago de hipotecas. Urge realizar una reforma legislativa de nuestro sistema hipotecario que proteja a las familias de las graves situaciones que están sufriendo en relación con la vivienda y el sobreendeudamiento. Proponemos que se adopte el sistema anglosajón de dación en pago. Asimismo, a corto plazo, se deberá crear una ley de sobreendeudamiento familiar que contemple mecanismos de asesoramiento legal y acompañamiento social para evitar una sobreexposición familiar. Al mismo tiempo, el Gobierno debe arbitrar soluciones para el grave problema de las hipotecas impagadas que afecta en España a miles de ciudadanos extracomunitarios.
5. Habilitar soluciones para los inmigrantes en situación administrativa irregular. El Gobierno debe articular medidas que permitan erradicar las situaciones de vulnerabilidad e indefensión que sufren estas personas como consecuencia de su situación administrativa, promoviendo un paquete de derechos básicos de ciudadanía social que les garantice el acceso en igualdad de condiciones a estos derechos. Será imprescindible promover procedimientos de arraigo y autorizaciones de trabajo provisional, que tomen en cuenta los criterios personales y sociales de las personas para evitar que caigan en la exclusión.
6. Detener las situaciones de irregularidad sobrevenida. Aunque el Gobierno ha expresado en reiteradas ocasiones su intención de evitar en lo posible la irregularidad sobrevenida, el borrador de Reglamento de extranjería, al que reconocemos algunas bondades, nos hace abrigar pocas esperanzas al respecto. En este sentido, se deberían retirar alguna de las exigencias documentales que se incluyen en el citado borrador con respecto a la renovación de algunas autorizaciones (como la de reagrupación familiar). Recordamos, además, que el reglamento no puede ir más allá de lo establecido en la Ley Orgánica, salvo que esta así lo establezca.
7. Velar por el cumplimiento de la ley en los controles selectivos. El Gobierno debe velar por el estricto cumplimiento de la legalidad vigente, asegurando que el control de la migración en situación irregular se realiza dentro de los parámetros legales establecidos. Debemos prevenir sobre uno de los mensajes implícitos que estas prácticas traen consigo yque ponen en peligro la convivencia al asociar inmigración a delito. Es urgente que todos recordemos, una vez más, que encontrarse en situación irregular NO es un delito.
8. Limitar el acceso de las fuerzas de seguridad a los centros de Cáritas. Cáritas supone para muchos ciudadanos, migrantes o no, un lugar de acogida, de refugio, de escucha, de seguridad. No podemos poner en riesgo este principio de intervención. Por tanto, pedimos que las fuerzas y cuerpos de seguridad del Estado accedan a los dispositivos de Cáritas para solicitar información sobre los datos personales de los residentes únicamente en aquellos casos en los que medie una situación de peligro real (excepcional, por tanto) o para intervenir ante una infracción penal (situación individual).
9.
Incrementar la dotación presupuestaria para los servicios destinados a la Integración. Dado que es responsabilidad directa del Estado, resulta prioritario dotar a las Administraciones públicas (autonómicas y locales) de los necesarios recursos económicos para afrontar los retos que plantea la inmigración y para evitar, sobre todo, situaciones de vulnerabilidad o exclusión, e impulsar acciones que aprovechen la diversidad cultural de los inmigrantes como proceso de enriquecimiento para la sociedad.
10. Acuerdo marco por la inmigración. Exigimos que la inmigración deje de ser una cuestión que las fuerzas políticas utilicen para lograr mayores réditos electorales por medio de mensajes discriminatorios, racistas o xenófobos. De cara a las próximas elecciones municipales y autonómicas, solicitamos a todos nuestros representantes que se pongan manos a la obra para impulsar un Acuerdo marco por la Inmigración sobre el que cimentar una sociedad de acogida más plural y cohesionada.
11. Detener las actitudes racistas y xenófobas. En este momento resulta necesario que las Administraciones públicas redoblen sus esfuerzos para revertir la percepción negativa que la ciudadanía tiene sobre la migración, por medio de campañas y acciones que combatan los estereotipos que alimentan acciones de discriminación, racismo y xenofobia, y contribuyan a convertir los barrios de nuestras ciudades en comunidades más acogedoras.


Los puntos 7 y 8 han sido objeto de una especial atención por parte de los medios de comunicación. Prácticamente todos los diarios has destacado la denuncia de Cáritas relativa al incremento de los controles de identificación en locutorios, parques e intercambiadores de transporte público, controles que se han hecho extensivos a los propios centros de acogida de la organización, simplemente por motivos fenotípicos, es decir, atendiendo a rasgos externos de los sujetos que permiten identificarlos como inmigrantes extranjeros.

El Ministerio del Interior ha desmentido la existencia de estos controles de identificación. Lamento tener que decir que en este caso estoy con Cáritas más que con el Ministerio. El próximo martes le haré llegar mi preocupación ante estos hechos.

No es la primera vez que se hacen estas denuncias, incluso por parte del Sindicato Unificado de Policía. Hay pruebas fotográficas (y persecución a quienes las recogen), cualquiera que pasee por una gran ciudad puede ser testigo de estas prácticas (si nos parecen humillantes y arbitrarios los controles de seguridad en los embarques de los aeropuertos, pensemos en lo que supone ser retenido e identificado en plena calle sólo por tu aspecto físico) y el Comité para la Eliminación de la Discriminación Racial de Naciones Unidas ha pedido a España que acabe con los controles de identificación basados en "perfiles étnicos y raciales" que, en la práctica, se traducen en "detenciones indiscriminadas" y "restricción de derechos" de los extranjeros. Hay vídeos y una exposición, Fronteras invisibles, con las fotos de Edu León y Olmo Calvo.

Supongo que en la actitud del Ministerio de Interior encontraremos una mezcla de ejercicio de su responsabilidad contaminada de obsesión securitaria y de populismo, a la que no será ajena la denuncia ciudadana por lo que consideran una "intolerable presencia masiva" de inmigrantes en determinados lugares y momentos.
Pero no podemos caer en eso.

Debemos asumir, por necesidad y por virtud, que la inmigración que va a aumentar la diversidad de nuestra sociedad es un proceso que no se a a detener. Por necesidad, porque se trata de la gran transformación social del siglo XXI, imparable; y por virtud, porque si la afrontamos bien nos va a hacer mejores.
Situarse ante el fenómeno de la inmigración desde el miedo y el rechazo es condenarnos a repetir la historia trágica de Dorian Grey: viviremos la ficción de que no estamos cambiado, hasta que el reflejo horroroso de un retrato corrompido nos ponga en nuestro lugar; demasiado tarde.


Afortunadamente, las cosas parecen ir mejor en relación al punto 10 de la propuesta de Cáritas: que la inmigración deje de ser una cuestión abordada desde criterios burda y estrechamente electorales. Al menos en Euskadi, donde el Parlamento Vasco a hecho pública una declaración institucional con motivo del Día Internacional contra el Racismo y la Xenofobia (que se conmemora el próximo lunes 21 de marzo) en la que, entre otras cosas, se dice lo siguiente:

Somos conscientes de la responsabilidad de los partidos políticos en la generación de discursos y climas sociales. Queremos hacer uso de esa capacidad para alentar la convivencia y la inclusión, y para rechazar con contundencia el racismo y la xenofobia. Deseamos ejercer una labor de pedagogía ciudadana sobre las transformaciones sociales a las que asistimos. Por esta razón, y muy especialmente de cara al periodo previo a las elecciones municipales y forales, nos comprometemos a que por encima de nuestras legítimas diferencias políticas, conduciremos con la máxima responsabilidad los discursos públicos, orientándolos a la creación de un clima de igualdad, convivencia y respeto entre todas las personas que compartimos la condición de vecinos y vecinas de los barrios, pueblos y ciudades de Euskadi.

Que así sea.

miércoles, 16 de marzo de 2011

Un tsunami amenaza la política democrática

La ciencia es pródiga en sugerencias que invitan la reflexión.
Leo hoy en EL PAÍS un amplio reportaje firmado por Alicia Rivera en el que se analiza el fenómeno de los tsunamis.

Aunque pensamos en el tsunami como en una gigantesca ola -algo tiene que ver en este imaginario el cine de catástrofes- el reportaje nos aclara que no se trata de una ola, ni siquiera de una ola monstruosa, sino que es más bien "una riada colosal, una plataforma de agua en movimiento", que sólo se convierte en olas cuando choca con la costa.


Esta naturaleza de los tsunamis explica un hecho curioso, cual es que "en alta mar no se aprecia en los barcos el paso de un tsunami que horas después provocará una terrible destrucción en la costa. Hasta el punto de que hay relatos de pescadores en el Pacífico que no notaron [nada] anormal y al volver a su pueblo lo encontraron arrasado por esas olas". Como señala uno de los expertos consultados para elaborar el reportaje, "en alta mar no se ve la ola, estás como en un mar elevado, pero no se percibe".

Al leer esto se me ha ocurrido pensar que algo parecido puede estar ocurriendo hoy en día con la política.
Cuando uno está en la "alta política" -ocupando un cargo de representación o trabajando en la estructura orgánica de un partido- acaba por no notar nada de lo que puede estar ocurriendo en la política-de-todos-los-días.
El barco sube y baja siguiendo el ritmo de lo que se supone el fluir normal de las olas sin percibir, tal vez, que una colosal riada (de desafección, o de populismo, o de indignación, o de desánimo) avanza imparable bajo el casco.

Lo terrible es que al regresar a tierra...

lunes, 14 de marzo de 2011

¿Nos perderemos otra revolución?

En El refugio de la memoria Tony Judt cuestiona la realidad revolucionaria protagonizada por quienes, como él mismo, estuvieron "allí" -en las calles de las ciudades de Europa occidental- dando forma a aquel mítico Mayo de 1968, completamente ajenos a lo que en ese mismo momento estaba ocurriendo al otro lado del Muro, en la Europa del Este.

"Volviendo la vista atrás -confiesa Judt- no puedo evitar pensar que perdimos una oportunidad. ¿Marxistas? Entonces, ¿por qué no estábamos en Varsovia debatiendo los últimos restos del revisionismo comunista con el gran Leszek Kolakowski y sus alumnos? ¿Rebeldes? ¿De qué causa? ¿A qué precio? Incluso los pocos valientes conocidos míos que tuvieron la mala suerte de pasar una noche presos estuvieron por lo general de vuelta en casa para la hora de comer. ¿Qué sabíamos nosotros del valor que hacía falta para aguantar semanas de interrogatorios en las cárceles de Varsovia, seguidos de sentencias de prisión de uno, dos o tres años a estudiantes que se habían atrevido a pedir las cosas que nosotros dábamos por descontadas?
A pesar de todas nuestras grandilocuentes teorías sobre la historia, no fuimos capaces de darnos cuenta entonces de que nos hallábamos ante uno de sus momentos cruciales".

La revolución, piensa Judt, no se libraba sobre los adoquines de Paris, sino contra los tanques en Praga. Pero fue el primer mayo el que perdura en nuestra memoria, y no la marchitada primavera centroeuropea.

"Nadie debiera sentirse culpable por haber nacido en el lugar adecuado en el momento oportuno. En Occidente fuimos una generación afortunada. No cambiamos el mundo; más bien el mundo, servicialmente, cambio para nosotros. Todo parecía posible: a diferencia de los jóvenes de hoy, nunca dudamos de que tendríamos un trabajo interesante, así que no sentimos la necesidad de desperdiciar nuestro tiempo en algo tan degradante como una 'escuela de negocios?. Muchos de nosotros acabamos trabajando en la educación o en el servicio público. Dedicamos nuestras energías a hablar de lo que no funcionaba en el mundo y cómo cambiarlo. Protestamos contra las cosas que no nos gustaban, y estuvo bien que lo hiciéramos. Al menos desde nuestro punto de vista fuimos una generación revolucionaria. La lástima es que nos perdimos la revolución".

¿Nos estamos perdiendo de nuevo otra revolución?
Me sorprende el escaso interés práctico que las actuales revoluciones árabes han generado entre los movimientos progresistas y transformadores en Occidente.
No hay manifestaciones de solidaridad con las víctimas de la represión en Libia; no ha habido concentraciones en las plazas de nuestras ciudades en comunión con los concentrados en la plaza Tahrir de El Cairo.
¿Será que no sabemos cómo interpretar la revolución árabe?
¿Será que lo que exigen -democracia representativa, libertad de expresión, monarquía parlamentaria, ciudadanía...- nos parecen cosas que damos por descontadas?

jueves, 10 de marzo de 2011

Refugios


Por lo visto llevaba demasiado tiempo sin dirigir mis pasos hacia Malasaña.
El lunes, de manera inesperada, di con uno de esos maravillosos refugios que Madrid, ella misma ciudad-refugio, nos ofrece a los librívoros que la habitamos a tiempo parcial.
Se trata de la libreria TIPOS INFAMES, subtitulada "Libros y vinos".
Y eso es lo que nos encontramos al cruzar sus puertas: libros, bastantes y buenos, vinos -que aún no he catado-, cafés y, sobre todo, un espacio acogedor que invita a demorarse.


Inaugurada el pasado octubre, ya se ha convertido en una de las referencias de mi particular cartografía de la ciudad.
Se añade a otras, como LA BUENA VIDA, "Café del libro", en la que, sí, bastantes libros y alguna cerveza han caído ya.
El librívoro encuentra en esos lugares refugio y alimento. Cuerpo y espíritu se hermanan como si este fuera su estado natural. Se encuentra en ellos como en casa.
El lunes compré en Tipos infames el último libro de Tony Judt, titulado precisamente El refugio de la memoria. Judt forma parte de otra cartografía, de mi cartografía ética y política. En ese libro encuentro esta luminosa reflexión sobre la política y los políticos de la Europa de la posguerra, de quienes destaca su virtud de la austeridad, y su contraste con nuestros días:

La austeridad no era solo una circunstancia económica: aspiraba a fomentar una ética pública [...]. La seriedad moral en la vida pública es como la pornografía: aunque difícil de definir, sabes que lo es cuando la ves. Describe una coherencia entre intención y acción, una ética de responsabilidad política. Toda política es el arte de lo posible. Pero el arte también tiene su ética [...].
Lo contrario de la austeridad no es prosperidad sino luxe et volupté. Hemos sustituido utilidad pública por comercio sin límites, y no esperamos de nuestros líderes aspiraciones mayores. Sesenta años después de que Churchill solo pudiera ofrecer "sangre, esfuerzo, lágrimas y sudor", nuestro muy señor presidente de la guerra -a pesar del hiperventilado moralismo de su retórica- no podía pensar en nada mejor en el despertar del 11 de septiembre de 2001 que en pedirnos seguir de compras. Esta visión empobrecida de la comunidad -"unidos en el consumo"- es todo lo que nos merecemos de los que ahora nos gobiernan. Si queremos mejores gobernantes tendremos que aprender a pedir más de ellos y menos para nosotros. Un poco de austeridad estaría bien.

Pedir más de ellos y menos para nosotros.
La exigencia del ciudadano, no la del cliente, la del consumidor.

La austeridad como refugio para una política distinta. Cuartel de invierno donde recuperar una cierta cordura cívica que alumbre una nueva primavera democrática.

martes, 8 de marzo de 2011

8 de marzo

El momento de las mujeres es ahora, proclama Michelle Bachelet, ex presidenta de Chile y directora de la recién nacida agencia de Naciones Unidas especializada en la mujer.

Ahora, no sólo hoy. Ahora: hoy, ayer, mañana, siempre.
Ya va siendo hora.
Por ellas, por nosotros, por todas y todos.


(Silvio Rodríguez)


Me estremeció la mujer que empinaba a sus hijos
hacia la estrella de aquella otra madre mayor
y como los recogía del polvo teñido
para enterrarlos debajo de su corazón.
Me estremeció la mujer del poeta, el caudillo
siempre a la sombra y llenando un espacio vital.
Me estremeció la mujer que incendiaba los trillos
de la melena invencible de aquel alemán.
Me estremeció la muchacha hija de aquel feroz continente
que se marchó de su casa para otra, de toda la gente.
Me han estremecido un montón de mujeres
mujeres de fuego, mujeres de nieve.
Pero lo que me ha estremecido hasta perder casi el sentido
lo que a mi más me ha estremecido son tus ojitos, mi hija,son tus ojitos divinos.
Me estremeció la mujer que parió once hijos
en el tiempo de la harina y un kilo de pan
y los miró endurecerse mascando carijos.
Me estremeció porque era mi abuela, además.
Me estremecieron mujeres que la historia anotó entre laureles
y otras desconocidas, gigantes que no hay libro que las aguante.
Me han estremecido un montón de mujeres...

domingo, 6 de marzo de 2011

Transmedia: ¿nos volveremos más superficiales?

El pasado 26 de febrero EL PAÍS recogía en su suplemento Babelia un largo artículo firmado por Elisa Silió titulado "Mutaciones literarias", que anunciaba el comienzo de una nueva era en la edición literaria (considero exagerado hablar de una "nueva era literaria"): "Escribir y leer ya no es lo que era. Con algo de retraso, la literatura con extensiones en otros formatos y soportes multimedia y online se extiende en España. Es la evolución de la creación literaria más allá de las fronteras conocidas dando origen al llamado libro transmedia".
El artículo se apoya en algunos ejemplos de literatura transmedia española -como El silencio se mueve, de Fernando Marías- y, sobre todo, en las tesis sobre la convergencia cultural entre viejos y nuevos medios propuestas en 2006 por Henry Jenkins:

"Con convergencia me refiero al flujo de contenidos a través de múltiples plataformas mediáticas, la cooperación entre múltiples industrias mediáticas y el comportamiento migratorio de las audiencias mediáticas, dispuestas a ir casi a cualquier parte en busca del tipo deseado de experiencias de entretenimiento. [...] La convergencia representa un cambio cultural, toda vez que se anima a los consumidoses a buscar nueva información y establecer conexiones entre contenidos mediáticos dispersos".


De entrada, la idea de transmedia resulta atractiva. Un blog es un ejemplo de este tipo de producto comnicativo que aúna e integra texto, imagen, sonido, vínculos con otras obras, y permite la participación del lector.
Pienso en la posibilidad de volver a leer El Señor de los Anillos en formato transmedia y la idea me gusta. Poder acompañar la historia con el visionado de las espectaculares imágenes rodadas por Peter Jackson o de las evocadoras ilustraciones de John Howe, o poder recurrir a las obras que sobre Tolkien han escrito Joseph Pearce o Michael White, cuya lectura nos ayuda a comprender mejor las claves del genial relato.
Sin embargo, el libro de Nicholas Carr Superficiales: ¿Qué está haciendo Internet con nuestras mentes? introduce dudas de calado sobre el en principio atractivo futuro transmedia consecuencia de la convergencia cultural.
Partiendo del repetido aforismo de Marshall McLuhan -"El medio es el mensaje"- Carr se ocupa no de los contenidos que circulan por Internet, sino del estilo de pensamiento que, en su opinión, la propia estructura de la Web exige y produce: "Lo que parece estar haciendo la Web es debilitar mi capacidad de concentración y contemplación. Esté online o no, mi mente espera ahora absorber información de la manera en la que la distribuye la Web: en un flujo veloz de partículas" (p. 19).



Carr hace suya la caracterización del mundo digital como un "ecosistema de tecnologías de la interrupción" (p. 116). "Cuando nos conectamos a la Red -afirma-, entramos en un entorno que fomenta una lectura somera, un pensamiento apresurado y distraído, un pensamiento superficial. Es posible pensar profundamente mientras se navega por la Red, como es posible pensar someramente mientras se lee un libro, pero no es éste el tipo de pensamiento que la tecnología promueve y recompensa" (pp. 143-144). "La Red atrae nuestra atención sólo para dispersarla", advierte Carr. "La Red es, por su mismo diseño, un sistema de interrupción, una máquina pensada para dividir la atención" (p. 162).

En el libro Carr se refiere a una gran cantidad de experimentos e investigaciones que, en su opinión, sustentan su tesis de que en Internet no se lee; como mucho se desarrolla una "actividad de rastreo" a la búsqueda de ese titular, ese resumen o ese concepto que nos sea de utilidad en un momento concreto (pp. 167-168).



Como consecuencia, la manera de leer tradicional, asociada al libro impreso, parece estar en retroceso en el nuevo mundo digital. "Para algunas personas -advierte Carr-, la mera idea de leer un libro se ha vuelto anticuada, incluso algo tonta -como coser tus propias camisas o descuartizar una vaca-." (p. 21). ¿Para qué "perder" tiempo pérdidos entre los anaqueles de una biblioteca si Google me ofrece mucha más información y, sobre todo, mucho mejor dirigida a mis intereses concretos?

El declive de la lectura tradicional no es sino el indicador de un cambio mucho más relevante: el declive de la mente líneal -"calmada, concentrada, sin distracciones"- que se ve desplazada "por una nueva clase de mente que quiere y necesita recibir y diseminar información en estallidos cortos, descoordinados, frecuentemente solapados -cuanto más rápido, mejor-" (p. 22).

La descripción que Carr hace de la colonización de la literatura por esa tecnología intelectual que es la Red resulta desasosegante:

"La tendencia de Internet a transformar todo medio en un medio social surtirá un efecto de gran alcance en las maneras de leer y escribir, esto es, en el lenguaje mismo. Cuando la forma del libro cambió y permitió con ello la lectura en silencio, una de las consecuencias más importantes fue el desarrollo de la escritura privada. Los autores, capaces de suponer que un lector atento y comprometido tanto intelectual como emocionalmente 'aparecería al fin para darles las gracias', traspasaron répidamente los límites del discurso social para comenzar a explorar una riqueza de formas marcadamente literarias, muchas de las cuales no tenían cabida fuera de la página impresa. Esta nueva libertad del escritor privado condujo, como hemos visto, a una explosión experimental que expandió el vocabulario, ensanchó los límites de la sintaxis y aumentó la flexibilidad y la expresividad del lenguaje en general. Ahora que el contexto en que se produce la lectura vuelve a cambiar, de la página privada a la Red comunitaria, los autores volverán a adaptarse. Cada vez serán más los que ajusten sus obras a un medio que el ensayista Caleb Crain describe como gregario, en el cual la gente leerá principalmente 'para experimentar la sensación de pertenencia', más que para ilustrarse o evadirse. Cuando el ámbito social prima sobre el literario, el escritor se ve abocado a descartar la virtud y la experimentación en aras de un estilo inocio pero inmediatamente accesible. La escritura se convertirá en una forma de registrar banales chácharas" (pp. 133-134).

Agobiado, recurro a Alessandro Baricco y a su intento de comprender a esos bárbaros que "respiran con las branquias de Google":

"Los bárbaros utilizan el libro para completar secuencias de sentido que se han generado en otra parte. Lo que rechazan, lo que no les interesa, es el libro que remite, por completo, a la gramática, a la historia, al gusto de la civilización del libro: todo esto lo consideran algo pobre de sentido. No puede insertarse en ninguna secuencia transversal, y por tanto debe de parecerles terriblemente apagado. O por lo menos: no es ése el juego que saben hacer [...] Los bárbaros ienden a leer únicamente los libros cuyas instrucciones de uso se hallan en lugaes que NO son libros".

El debate está servido.