Uno se apoya en la mochila. Porque en el momento en que nos quitamos el peso de nuestros hombros no sabemos enderezarnos enseguida; ¡pues resulta que era el peso lo que antes nos daba seguridad y equilibrio! [George Simmel]
viernes, 19 de febrero de 2010
jueves, 18 de febrero de 2010
Deslegitimar la violencia
EA dice que ya no hay obstáculos para aliarse con la izquierda abertzale. Considera que ha deslegitimado la violencia y allana así el camino a un acuerdo electoral [EL CORREO].

¡Ay, si fuera tan sencillo! Pero no lo es. Deslegitimar la violencia es mucho más. Me asombra la banalización que EA hace de algo tan serio.
Hablamos de deslegitimar la violencia y corremos un grave riesgo: pasar por alto el hecho de que si hablamos de esto es porque previamente la hemos legitimado. La hemos legitimado, sí. Unos mas que otros, otros mas que unos. Pero como sociedad, la hemos legitimado. Eso es lo que hace que sea tan terrible.
La violencia de ETA no es terrible por su magnitud, no es un problema cuantitativo: mata muchísimo más la violencia machista contra las mujeres o la siniestralidad laboral; mata mucho más la conducción irresponsable.
La violencia de ETA es terrible precisamente porque se ha desarrollado en un contexto de franca legitimación social, primero, de tibia complacencia, después, de tímida crítica luego. Y así durante muchos años.
Cada cual la hemos legitimado exactamente hasta el instante en que hemos dejado de hacerlo. Alimentando así la violencia que sólo a partir de ese momento hemos empezado a considerar ilegítima.
DORA: Lo sé. Nos hemos hecho cargo de la desdicha del mundo. El también se había hecho cargo. ¡Qué valor! Pero a veces me digo que es un orgullo que será castigado.
ANNENKOV: Es un orgullo que pagamos con nuestra vida. Nadie puede ir más lejos. Es un orgullo al que tenemos derecho.
DORA: ¿Estamos seguros de que nadie irá más lejos? A veces, cuando escucho a Stepan, siento miedo. Quizá lleguen otros que fundarán su autoridad en nosotros para matar y que no pagarán con sus vidas. [Albert Camus, LOS JUSTOS]
¿Deslegitimar la violencia? Pues bien, para empezar dejemos de hablar de violencia y llamémoslo por su nombre: terrorismo. O como escribió Omos Oz: llamar asesino al asesino:
Por la radio israelí se han oído diversas reacciones a la matanza. El primer ministro y los políticos, incluso los líderes de la derecha del país, han expresado toda su indignación y furia por el asesinato. Aaron Domb, portavoz de los colonos, aunque no alabó la «grave acción», la justificó diciendo que podía entender los motivos para ella. El rabino principal Yisrael Lau también repudió el «derramamiento de sangre» pero evitó usar la palabra «asesinato» quizás porque las víctimas no eran judíos. Entre los conmocionados por la noticia conté a cinco o seis judíos practicantes, todos condenaron «el hecho», algunos incluso usaron duras palabras para hacerlo, pero a ninguno le pareció necesario llamar «asesino» al asesino.
No ya justificar, ni siquiera explicar por razones históricas la violencia. La historia todo lo absuelve al “ponerlo en su lugar”, al contextualizarlo, al permitir una lectura de adelante hacia atrás que acabe por encontrar explicable cualquier acto. Pero si algo salva nuestra humanidad, si algo impide que el papel del ser humano y sus sufrimientos quede obscenamente trivializado, es la negativa a someternos al dictado de la historia. Reivindicar tozudamente nuestra capacidad de juzgar la historia: eso es lo único que impide que todos los hechos, hasta los más bárbaros, queden subsumidos y sublimados en la generosa corriente de la historia.
La historia no puede convertirse en la teodicea que atempere los sufrimientos y otorgue sentido a los sinsentidos. Todo proceso histórico genera incómodos residuos que nadie puede reciclar: las víctimas. Pretender reducirlas a engranaje del proceso histórico, a combustible necesario para el avance social, político o económico, es volver a asesinarlas. Ninguna mejora, ningún avance, puede hacer justicia a las víctimas ni modifica la injusticia y el absurdo de los sufrimientos provocados.
No adjetivar sus muertes de asesinatos políticos. Calificar sus muertes de asesinatos políticos produce el efecto de desviar nuestra atención del asesinato a la política, del sustantivo al adjetivo, de lo sustancial a lo accidental. Calificar el asesinato, adjetivarlo, es pretender convertirlo en otra cosa distinta de lo que es. Pero nada hay más palmario que un asesinato. Nada se parece más a un asesinato que otro asesinato; nada más distinto de cualquier otro hecho humano. Por más que se empeñen, no es un hecho político, es un hecho moral. Recordar la afirmación de Castellio en su heroica lucha contra el tiránico Calvino: “Matar a un hombre no es defender una doctrina, sino matar a un hombre. Cuando los ginebrinos ejecutaron a Servet no defendieron ninguna doctrina, sacrificaron a un hombre. Y no se hace profesión de la propia fe quemando a otro hombre, sino únicamente dejándose quemar uno mismo por esa fe”.
En una alocución pronunciada en 1948 Albert Camus animaba a sus oyentes a "afirmar contra las abstracciones de la historia lo que rebasa a toda historia: la carne, ya sea sufriente, o dichosa". Si la muerte se vuelve abstracta es que la vida también lo ha hecho.
De todo eso se trata cuando hablamos, en serio, de deslegitimar la violencia.

¡Ay, si fuera tan sencillo! Pero no lo es. Deslegitimar la violencia es mucho más. Me asombra la banalización que EA hace de algo tan serio.
Hablamos de deslegitimar la violencia y corremos un grave riesgo: pasar por alto el hecho de que si hablamos de esto es porque previamente la hemos legitimado. La hemos legitimado, sí. Unos mas que otros, otros mas que unos. Pero como sociedad, la hemos legitimado. Eso es lo que hace que sea tan terrible.
La violencia de ETA no es terrible por su magnitud, no es un problema cuantitativo: mata muchísimo más la violencia machista contra las mujeres o la siniestralidad laboral; mata mucho más la conducción irresponsable.
La violencia de ETA es terrible precisamente porque se ha desarrollado en un contexto de franca legitimación social, primero, de tibia complacencia, después, de tímida crítica luego. Y así durante muchos años.
Cada cual la hemos legitimado exactamente hasta el instante en que hemos dejado de hacerlo. Alimentando así la violencia que sólo a partir de ese momento hemos empezado a considerar ilegítima.
DORA: Lo sé. Nos hemos hecho cargo de la desdicha del mundo. El también se había hecho cargo. ¡Qué valor! Pero a veces me digo que es un orgullo que será castigado.
ANNENKOV: Es un orgullo que pagamos con nuestra vida. Nadie puede ir más lejos. Es un orgullo al que tenemos derecho.
DORA: ¿Estamos seguros de que nadie irá más lejos? A veces, cuando escucho a Stepan, siento miedo. Quizá lleguen otros que fundarán su autoridad en nosotros para matar y que no pagarán con sus vidas. [Albert Camus, LOS JUSTOS]
¿Deslegitimar la violencia? Pues bien, para empezar dejemos de hablar de violencia y llamémoslo por su nombre: terrorismo. O como escribió Omos Oz: llamar asesino al asesino:
Por la radio israelí se han oído diversas reacciones a la matanza. El primer ministro y los políticos, incluso los líderes de la derecha del país, han expresado toda su indignación y furia por el asesinato. Aaron Domb, portavoz de los colonos, aunque no alabó la «grave acción», la justificó diciendo que podía entender los motivos para ella. El rabino principal Yisrael Lau también repudió el «derramamiento de sangre» pero evitó usar la palabra «asesinato» quizás porque las víctimas no eran judíos. Entre los conmocionados por la noticia conté a cinco o seis judíos practicantes, todos condenaron «el hecho», algunos incluso usaron duras palabras para hacerlo, pero a ninguno le pareció necesario llamar «asesino» al asesino.
No ya justificar, ni siquiera explicar por razones históricas la violencia. La historia todo lo absuelve al “ponerlo en su lugar”, al contextualizarlo, al permitir una lectura de adelante hacia atrás que acabe por encontrar explicable cualquier acto. Pero si algo salva nuestra humanidad, si algo impide que el papel del ser humano y sus sufrimientos quede obscenamente trivializado, es la negativa a someternos al dictado de la historia. Reivindicar tozudamente nuestra capacidad de juzgar la historia: eso es lo único que impide que todos los hechos, hasta los más bárbaros, queden subsumidos y sublimados en la generosa corriente de la historia.
La historia no puede convertirse en la teodicea que atempere los sufrimientos y otorgue sentido a los sinsentidos. Todo proceso histórico genera incómodos residuos que nadie puede reciclar: las víctimas. Pretender reducirlas a engranaje del proceso histórico, a combustible necesario para el avance social, político o económico, es volver a asesinarlas. Ninguna mejora, ningún avance, puede hacer justicia a las víctimas ni modifica la injusticia y el absurdo de los sufrimientos provocados.
No adjetivar sus muertes de asesinatos políticos. Calificar sus muertes de asesinatos políticos produce el efecto de desviar nuestra atención del asesinato a la política, del sustantivo al adjetivo, de lo sustancial a lo accidental. Calificar el asesinato, adjetivarlo, es pretender convertirlo en otra cosa distinta de lo que es. Pero nada hay más palmario que un asesinato. Nada se parece más a un asesinato que otro asesinato; nada más distinto de cualquier otro hecho humano. Por más que se empeñen, no es un hecho político, es un hecho moral. Recordar la afirmación de Castellio en su heroica lucha contra el tiránico Calvino: “Matar a un hombre no es defender una doctrina, sino matar a un hombre. Cuando los ginebrinos ejecutaron a Servet no defendieron ninguna doctrina, sacrificaron a un hombre. Y no se hace profesión de la propia fe quemando a otro hombre, sino únicamente dejándose quemar uno mismo por esa fe”.
En una alocución pronunciada en 1948 Albert Camus animaba a sus oyentes a "afirmar contra las abstracciones de la historia lo que rebasa a toda historia: la carne, ya sea sufriente, o dichosa". Si la muerte se vuelve abstracta es que la vida también lo ha hecho.
De todo eso se trata cuando hablamos, en serio, de deslegitimar la violencia.
martes, 16 de febrero de 2010
Super móviles del futuro
Mobile World Congress en la Fira de Barcelona.

Teléfonos móviles con geolocalización, de manera que permite saber dónde están tus amigos, y hasta capaces de grabar películas en alta definición. Participar en redes sociales, recibir noticias, leer documentos digitales, conectarse a Internet...

Son las nuevas navajas suizas.
Yo también tuve una: con sus tijeras, su sierra, su sacacorchos...
Pero creo que nunca la utilicé para nada más que no fuera cortar.

domingo, 14 de febrero de 2010
Nuestra tragedia de los comunes
- PP y PSOE, cada vez más lejos de un posible pacto de Estado contra la crisis económica [Cinco días].
- La secretaria general del PP, María Dolores de Cospedal, ha asegurado hoy, sobre la posibilidad de un pacto ante la crisis económica, que el presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, tiene que admitir las propuestas del PP o bien "dejar paso a otros, porque España necesita un cambio de gobierno" [EL PAÍS].
- PSOE y PP se acusan otra vez de no querer llegar a un pacto anticrisis [La Vanguardia].

La tragedia de los comunes es el título de un conocido ensayo publicado en 1968 por el biólogo Garret Hardin:
"La tragedia de los recursos comunes se desarrolla de la siguiente manera. Imagine un pastizal abierto para todos. Es de esperarse que cada pastor intentará mantener en los recursos comunes tantas cabezas de ganado como le sea posible. Este arreglo puede funcionar razonablemente bien por siglos gracias a que las guerras tribales, la caza furtiva y las enfermedades mantendrán los números tanto de hombres como de animales por debajo de la capacidad de carga de las tierras. Finalmente, sin embargo, llega el día de ajustar cuentas, es decir, el día en que se vuelve realidad la largamente soñada meta de estabilidad social. En este punto, la lógica inherente a los recursos comunes inmisericordemente genera una tragedia".
Más allá de su (discutida) aplicación original, la tragedia de los comunes nos permite reflexionar sobre las dificultades a las que se enfrenta una comunidad a la hora de alcanzar acuerdos relativos al uso de recursos compartidos cuando los sujetos prefieren siempre la competencia a la cooperación.
¿Se ha convertido la política española en un pastizal donde cada cual va a lo suyo, preocupado exclusivamente por maximizar sus propias "cabezas de ganado" en el corto plazo, aunque en el largo plazo esta estrategia acabe provocando el agotamiento del "pastizal"?
martes, 9 de febrero de 2010
A propósito del burka
Jean Daniel reflexiona hoy en EL PAÍS sobre el significado del burka. "La cuestión -concluye- no es el velo, sino su significación. Como puede verse en los cuadros de los maestros holandeses e italianos, no hay nada más hermoso que un velo adornando un rostro. Pero entre la tumba itinerante de esas desconocidas y el velo que realzaba la belleza de Benazir Bhutto media el abismo que separa el secreto de las tinieblas y la generosidad de la luz". A pesar de esta posición crítica, Daniel no comparte la prohibición de su uso: "Personalmente, aunque estimo que la sociedad francesa debe expresar claramente su repulsa, tiendo a pensar que la promulgación de una ley destinada a unos cientos de mujeres sería contraproducente".

Una posición parecida es defendida por Sandeep Gopalan el 28 de enero en The New York Times. Gopalan advierte de la ironía que supone pretender combatir la represión que supondría el burka con una prohibición cuyas consecuencias recaen sobre las víctimas, las mujeres. Frente a la prohibición, defiende medidas educativas y una auténtica política de igualdad de oportunidades para que la propia comunidad musulmana descarte voluntariamente esta vestimenta.

Una posición parecida es defendida por Sandeep Gopalan el 28 de enero en The New York Times. Gopalan advierte de la ironía que supone pretender combatir la represión que supondría el burka con una prohibición cuyas consecuencias recaen sobre las víctimas, las mujeres. Frente a la prohibición, defiende medidas educativas y una auténtica política de igualdad de oportunidades para que la propia comunidad musulmana descarte voluntariamente esta vestimenta.
sábado, 6 de febrero de 2010
Holocausto
Ayer, jornada de trabajo en el Instituto de Filosofía del CSIC. Reflexionábamos sobre la naturaleza del Holocausto y la posible vigencia de algunas de sus lógicas más perversas.El Holocausto. ¿Cómo pudo ocurrir algo así, precisamente allí? Son muchas las características que nos llevan a afirmar la excepcional unicidad del Holocausto. La figura de Hitler -icono del mal radical, como ningún otro dictador- no es la menos importante de ellas.
Sin embargo, ¿podemos seguir manteniendo esta perspectiva sobre la excepcionalidad del Holocausto después de haber vivido el siglo de los genocidios?; ¿después del genocidio artesanal y bricoleur, aunque igualmente letal, de Ruanda? ¿Y qué decir del holocausto asiático provocado por Japón, del que Nankín es su mayor exponente?. ¿Y del inmenso catalogo de horrores que, sin distinción de bandos ni banderas, supuso la Segunda Guerra Mundial?
El Holocausto. ¿Un hecho histórico único, específicamente alemán, singular e irrepetible, o un acontecimiento ciertamente extraordinario en sus exageradas dimensiones, pero de ninguna manera único? ¿Excepción o ejemplo? Es la controversia ente dos grandes narrativas sobre el Holocausto: la ideológica-intencionalista (o particularista) y la estructural-funcionalista (o universalista).
Sin entrar en el debate, me convence la reflexión de Enzo Traverso cuando señala que “mucho más que un acontecimiento sin precedentes, Auschwitz constituye una síntesis única de diferentes elementos que se encuentran en otros crímenes o genocidios”.
El Holocausto. ¿Un hecho histórico único, específicamente alemán, singular e irrepetible, o un acontecimiento ciertamente extraordinario en sus exageradas dimensiones, pero de ninguna manera único? ¿Excepción o ejemplo? Es la controversia ente dos grandes narrativas sobre el Holocausto: la ideológica-intencionalista (o particularista) y la estructural-funcionalista (o universalista).
Sin entrar en el debate, me convence la reflexión de Enzo Traverso cuando señala que “mucho más que un acontecimiento sin precedentes, Auschwitz constituye una síntesis única de diferentes elementos que se encuentran en otros crímenes o genocidios”.
Por cierto: “Los nazis convirtieron en sus metas inmediatas lo que habían sido las consecuencias más extremas de cuatro siglos de imperialismo europeo: la desaparición de naciones enteras y la dominación de otras [...] El modelo de Hitler no era la India británica y la autonomía limitada, sino Estados Unidos, donde, en su opinión, los colonos europeos habían conquistado el continente, acabado con los nativos y creado por encima de ellos una nueva sociedad cimentada en la superioridad racial” (Fritzsche, 2009: 152).

“Deseamos que el genocidio haya empezado y haya concluido con el nazismo. Es mucho más tranquilizador que así sea”, advierte Lindqvist. “Remitir al exterminio masivo de los judíos europeos como un caso absolutamente único en el mundo no contribuye en lo más mínimo a la comprensión de los hechos. La prohibición de establecer comparaciones tiene la función de impedirnos aprender algo de lo sucedido”, remacha Sofsky (2004: 74).
martes, 2 de febrero de 2010
Mujeres de Haití
Víctimas entre las víctimas, las mujeres son también la solución en Haití.
Lo explica la enfermera noruega de Médicos sin Fronteras Veronica Gran, en el hospital Saint Catherine del barrio Cité Soleil, rodeada de parturientas en tiendas de campaña. "Unas mujeres no vienen nunca al hospital porque no tienen dinero ni siquiera para el transporte. Otras, porque no saben que el parto es gratis, que no se les va a cobrar nada. Y otras, porque saben que se han priorizado las intervenciones de cirugía sobre el resto de la atención médica. Como ocurre en todas las catástrofes, las principales víctimas han vuelto a ser la gente más débil: las mujeres y los niños".
"Estoy convencida de que al hospital vienen muchas menos mujeres de las que deberían", añade Gran. "Y muchas de las que están viniendo llegan demasiado tarde, sin que se les haya hecho ningún seguimiento médico durante el embarazo. Padecen infecciones de orina, algo que habría sido muy fácil de tratar si se hubiera detectado a tiempo. Pero como no se hace, las probabilidades de que el niño nazca con infecciones son muy altas. Otras llevan sufriendo contracciones en su casa desde hace varios días y en medio de tanto dolor no saben adónde acudir. Cuando llegan aquí traen el bebé muerto dentro de ellas. Otras han venido con la presión muy alta y con anemia y sus hijos han nacido muy pequeños y muy débiles".
"Estoy convencida de que al hospital vienen muchas menos mujeres de las que deberían", añade Gran. "Y muchas de las que están viniendo llegan demasiado tarde, sin que se les haya hecho ningún seguimiento médico durante el embarazo. Padecen infecciones de orina, algo que habría sido muy fácil de tratar si se hubiera detectado a tiempo. Pero como no se hace, las probabilidades de que el niño nazca con infecciones son muy altas. Otras llevan sufriendo contracciones en su casa desde hace varios días y en medio de tanto dolor no saben adónde acudir. Cuando llegan aquí traen el bebé muerto dentro de ellas. Otras han venido con la presión muy alta y con anemia y sus hijos han nacido muy pequeños y muy débiles".
El Programa Mundial de Alimentos (PMA) de la ONU y sus socios, incluyendo a World Vision, tomaron prestado un enfoque que ha dado buenos resultados en otras zonas de desastre. Las agencias se extendieron a lo largo de Puerto Príncipe, distribuyendo cupones que podían ser canjeados por bolsas de arroz en 16 sitios distintos. Dichos cupones fueron otorgados principalmente a mujeres, ancianos y discapacitados. Se permitió que algunos hombres canjearan cupones a nombre de mujeres ocupadas en atender a niños o que no pudieron acudir por alguna otra razón.
"Nuestra experiencia alrededor del mundo es que es más probable que los alimentos sean distribuidos equitativamente en el hogar si son entregados a mujeres", dijo Marcus Prior, portavoz del PMA, en el estadio convertido en un amplio campamento de familias a las que el terremoto dejó sin hogar.
Las autoridades decidieron dar los alimentos a las mujeres porque son las que suelen encargarse más del cuidado de los hijos en la mayoría de los hogares y es menos probable que se comporten en forma agresiva en las filas para recibir ayuda humanitaria. Muchos haitianos estuvieron de acuerdo.
"Nuestra experiencia alrededor del mundo es que es más probable que los alimentos sean distribuidos equitativamente en el hogar si son entregados a mujeres", dijo Marcus Prior, portavoz del PMA, en el estadio convertido en un amplio campamento de familias a las que el terremoto dejó sin hogar.
Las autoridades decidieron dar los alimentos a las mujeres porque son las que suelen encargarse más del cuidado de los hijos en la mayoría de los hogares y es menos probable que se comporten en forma agresiva en las filas para recibir ayuda humanitaria. Muchos haitianos estuvieron de acuerdo.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)













